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"pasaba" poems
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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Aquel el dolor sigue presente, Logró marcar un precedente… Y hoy, hoy sigues mal… Aquel recuerdo esta en tu mente, Como si fuera ayer lo sientes… Y hoy, hoy sigues mal… Confiabas en el tiempo como aliado para sanar tus heridas… Mientras vives encerrado en el recuerdo y no encuentras la salida… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Aquello que pasó, aquel suceso duro te marcó Pensaste que lo habías olvidado pero no Que ya no te afectaba ni pasaba por tu mente Pero volvió a afectarte y todavía está latente… Desde aquel momento has continuado por la vida Esperando que sea el tiempo el que sane las heridas A veces lo has recordado y con nada de templanza Haz pensando en la opción de acudir a la venganza… Si, fue doloroso, no fue nada bueno Pero el resentimiento es similar a un veneno Que gota a gota tomas para no enfrentar la pena Pero termina contigo te destruye y te envenena… Como tóxico que acaba con el alma y corazón Que te presenta el odio como una gran opción Pero al final tú eres quien recibe la aflicción Pues se enfermó tu cuerpo por la falta de perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Perdona y saca todo veneno guardado Permite la salida del rencor acumulado Perdona, reacciona y regresa al presente Lo que pasó se fue ya no lo tengas pendiente Quizás hayas pensado que no hay una razón Que no fuiste culpable de lo de tu corazón… Pero en ocasiones el perdón por algo trágico Habrá que darlo aunque suene ilógico Como aquel caballero que por ti fue mal herido Tomando tu lugar te dio un regalo inmerecido… No suena razonable tampoco apetecible Pero te perdonó y hoy por eso tú eres libre Y que mejor ejemplo que la vida de Jesús Que no tenia que hacerlo; pero en una cruz Llevó toda la culpa que agobió su corazón Pero con todo y eso recibiste su perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...**
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Nov 19, 2014
Nov 19, 2014 at 8:18 PM UTC
El perdon by Alex Zurdo (Forgiveness)
Aquel el dolor sigue presente, Logró marcar un precedente… Y hoy, hoy sigues mal… Aquel recuerdo esta en tu mente, Como si fuera ayer lo sientes… Y hoy, hoy sigues mal… Confiabas en el tiempo como aliado para sanar tus heridas… Mientras vives encerrado en el recuerdo y no encuentras la salida… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Aquello que pasó, aquel suceso duro te marcó Pensaste que lo habías olvidado pero no Que ya no te afectaba ni pasaba por tu mente Pero volvió a afectarte y todavía está latente… Desde aquel momento has continuado por la vida Esperando que sea el tiempo el que sane las heridas A veces lo has recordado y con nada de templanza Haz pensando en la opción de acudir a la venganza… Si, fue doloroso, no fue nada bueno Pero el resentimiento es similar a un veneno Que gota a gota tomas para no enfrentar la pena Pero termina contigo te destruye y te envenena… Como tóxico que acaba con el alma y corazón Que te presenta el odio como una gran opción Pero al final tú eres quien recibe la aflicción Pues se enfermó tu cuerpo por la falta de perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...** Perdona y saca todo veneno guardado Permite la salida del rencor acumulado Perdona, reacciona y regresa al presente Lo que pasó se fue ya no lo tengas pendiente Quizás hayas pensado que no hay una razón Que no fuiste culpable de lo de tu corazón… Pero en ocasiones el perdón por algo trágico Habrá que darlo aunque suene ilógico Como aquel caballero que por ti fue mal herido Tomando tu lugar te dio un regalo inmerecido… No suena razonable tampoco apetecible Pero te perdonó y hoy por eso tú eres libre Y que mejor ejemplo que la vida de Jesús Que no tenia que hacerlo; pero en una cruz Llevó toda la culpa que agobió su corazón Pero con todo y eso recibiste su perdón… **Y te destruye como el veneno que gota a gota llena la tasa… Y la amargura es como un trueno que estremece toda tu casa… Y la venganza entro en acción pero aquí te presento el perdón… "Porque el perdón es…" Es más que un sentimiento, es más que una emoción El tiempo no te ayuda, tuya es la de decisión… Enfrenta ese tormento, y sal de esa prisión Porque no fue tu culpa, otorga el perdón...**
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Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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Romance del rey moro que perdió valencia
Helo, helo por do viene   el moro por la calzada, caballero a la jineta   encima una yegua baya, borceguíes marroquíes   y espuela de oro calzada, una adarga ante los pechos   y en su mano una azagaya. Mirando estaba Valencia,   como está tan bien cercada: -¡Oh, Valencia, oh Valencia,   de mal fuego seas quemada! Primero fuiste de moros   que de cristianos ganada. Si la lanza no me miente,   a moros serás tornada; aquel perro de aquel Cid   prenderélo por la barba, su mujer, doña Jimena,   será de mí cautivada, su hija, Urraca Hernando,   será mi enamorada, después de yo harto de ella   la entregaré a mi compaña. El buen Cid no está tan lejos,   que todo bien lo escuchaba. -Venid vos acá, mi hija,   mi hija doña Urraca; dejad las ropas continas   y vestid ropas de pascua. Aquel moro hi·de·perro   detenédmelo en palabras, mientras yo ensillo a Babieca   y me ciño la mi espada. La doncella, muy hermosa,   se paró a una ventana; el moro, desque la vido,   de esta suerte le hablara: -Alá te guarde, señora,   mi señora doña Urraca. -Así haga a vos, señor,   buena sea vuestra llegada. Siete años ha, rey, siete,   que soy vuestra enamorada. -Otros tantos ha, señora,   que os tengo dentro en mi alma. Ellos estando en aquesto   el buen Cid que se asomaba. -Adiós, adiós, mi señora,   la mi linda enamorada, que del caballo Babieca   yo bien oigo la patada. Do la yegua pone el pie,   Babieca pone la pata. Allí hablará el caballo   bien oiréis lo que hablaba: -¡Reventar debía la madre   que a su hijo no esperaba! Siete vueltas la rodea   alrededor de una jara; la yegua, que era ligera,   muy adelante pasaba hasta llegar cabe un río   adonde una barca estaba. El moro, desque la vido,   con ella bien se holgaba, grandes gritos da al barquero   que le allegase la barca; el barquero es diligente,   túvosela aparejada, embarcó muy presto en ella,   que no se detuvo nada. Estando el moro embarcado,   el buen Cid que llegó al agua, y por ver al moro en salvo,   de tristeza reventaba; mas con la furia que tiene,   una lanza le arrojaba, y dijo: -Recoged, mi yerno,   arrecogedme esa lanza, que quizás tiempo vendrá   que os será bien demandada.
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La bala con nombre designado estallando en la ciudad, me susurró… que todo estaba llegando a su fin. El borracho del colmado me lo advirtió, pero mi vida pasaba muy rápido para tomarme el tiempo de decifrar su dialecto. Ese día, en el que la bala me susurró… conmigo se confesó: “de plomo estoy cargada, pero de ira no tengo una mancha” y la bala se perdió, en el laberinto craneal se desintegró y por una segunda oportunidad nunca regresó.
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Jul 26, 2014
Jul 26, 2014 at 2:02 PM UTC
La Bala
Tenia mis dudas, no lo puedo negar. Pero el sol aun brilla, Mi corazon no te ha dejado de amar. Pense que te alejabas, Que a mi lado no querias estar, Pero me equivocaba, El amor que sientes,      te ha hecho retornar. Seria mentira decir que te olvide, Seria falso profesar la muerte de este amor; Porque la verdad es que te pensé, Y que en mis sueños aun te amé. Respiré de tus memorias, Vivi de tu sonrisa, Y cada momento que pasaba Aunque no estabas aqui, Me traias alegria. Pero no todo se ha perdido, Al fin has regresado. Mi amor, espero que te quedes, Quisiera de nuevo despertar a tu lado. Soy un hombre sencillo, Sin brillantes que ofrecer. Mi corazon entero te entrego Quisiera que este amor pueda florecer. Te ofresco mi vida y mi alma. Te ofresco mi cuerpo y todo mi ser. Porque este amor que por ti siento Jamas lo sentire otra vez.
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Nov 22, 2011
Nov 22, 2011 at 5:19 PM UTC
No Todo se ha Perdido
entendía que era posible que jamas me fueras a entender. todo este tiempo pasaba horas y días esperando el momento en el que de verdad me verías, tal y como soy, tal y lo que te daría, tal y lo que te ofrecía, siempre. y había veces que decía, que estúpida forma de querer, que manera mas arriesgada de esperar, tanto tiempo y sin una señal, y aqui seguia, y para que? y mi voz temblaba, se quedaban atrapadas las palabras en un papel, en una libreta desordenada, en un libro, donde no las fueras a encontrar. pero siempre, siempre retumbaban, cuando sera que fueras a ver? cuando te ibas a dar cuenta? que todo este tiempo aquí siempre he estado, teniendo ni una razón para quedarme? la honestidad de mis palabras te alcanzaron, fue sentir un escalofrió, una felicidad, un alivio, ver, y sentir, que estábamos igual, que estamos por fin juntos. que ganas de llorar, por fin, en fin, esta espera termino, esta paciencia dio fruto en tus ojos, los abriste y por fin, tu boca es mia, tu tiempo es mio, eres mio, por fin, me viste..por fin.
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Mar 7, 2013
Mar 7, 2013 at 12:05 PM UTC
por fin.
Patas de perro con mi primacho Miguel en Pereira, buscando un hotel pa pagar la estancia de una cuartico cerca al centro o a poca distancia del burdel.   Nos tomamos un jugo de caña y como ya tengo la maldita maña, llamamos al Toro porque sin esa hierbita jamás cerraría pestaña Dándole vueltas al centro, esperándolo a él Vi un lindo edificio y le dije a Miguel: "un segundo hermano que me   gustó ese hotel, voy a entrar a   ver si hay cupo" y a cuánto estaba una noche en aquél. Me mira bien serio y me deja pasar quedándose afuera pa disimular. "Buenas tardes caballero, bien pueda... ¿En que le puedo servir?" "Busco un cuartico que mi primo   y yo pensamos quedarnos en   Pereira esta noche, ¿a cuánto   están?" ¿Cómo así? me contesta y como creía que no me había entendido... repiti la encuesta.   Otra vez ....¿Cómo así? En eso momento, que pendejo te cuento, me di cuenta que no era un hotel. De un salón a la izquierda salían los llantos seguidos por un desfile en ***** de luto..... y yo hijueputa ¡"que bruto"! Volteaba a ver si el primo ya sabía que pasaba cuando soltó la gran carcajada.   Huí sin mu decir buscando la risa de Miguel que decía uy... ¿que pasó no es hotel? Pero se la hice también cuando nos recogió el torito y comenzamos a fumar y fumar. Tantos baretos estilo Bob Marley que ya no nos podíamos ver. Cuando se escapó todo el humo Miguel se detuvo antes de casi caer.   Con ojos cruzados y labios babeados empecé a burlarme también.
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Aug 24, 2018
Aug 24, 2018 at 1:06 AM UTC
El hotel de Pereira
Patas de perro con mi primacho Miguel en Pereira, buscando un hotel pa pagar la estancia de una cuartico cerca al centro o a poca distancia del burdel.   Nos tomamos un jugo de caña y como ya tengo la maldita maña, llamamos al Toro porque sin esa hierbita jamás cerraría pestaña Dándole vueltas al centro, esperándolo a él Vi un lindo edificio y le dije a Miguel: "un segundo hermano que me   gustó ese hotel, voy a entrar a   ver si hay cupo" y a cuánto estaba una noche en aquél. Me mira bien serio y me deja pasar quedándose afuera pa disimular. "Buenas tardes caballero, bien pueda... ¿En que le puedo servir?" "Busco un cuartico que mi primo   y yo pensamos quedarnos en   Pereira esta noche, ¿a cuánto   están?" ¿Cómo así? me contesta y como creía que no me había entendido... repiti la encuesta.   Otra vez ....¿Cómo así? En eso momento, que pendejo te cuento, me di cuenta que no era un hotel. De un salón a la izquierda salían los llantos seguidos por un desfile en ***** de luto..... y yo hijueputa ¡"que bruto"! Volteaba a ver si el primo ya sabía que pasaba cuando soltó la gran carcajada.   Huí sin mu decir buscando la risa de Miguel que decía uy... ¿que pasó no es hotel? Pero se la hice también cuando nos recogió el torito y comenzamos a fumar y fumar. Tantos baretos estilo Bob Marley que ya no nos podíamos ver. Cuando se escapó todo el humo Miguel se detuvo antes de casi caer.   Con ojos cruzados y labios babeados empecé a burlarme también.
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Aquí pasaba a pie por estas calles, sin empleo ni puesto Y sin un peso Sólo poetas, putas Pero recordadle cuando tengais puentes de concreto, Grandes turbinas, tractores, plateados graneros, buenos gobiernos. La guardia nacional anda buscando a un hombre un hombre espera esta noche llegar a la frontera el nombre de ese hombre no se sabe hay muchos hombres más enterrados en una zanja El número y el nombre de esos hombres no se sabe. Ni se sabe el lugar ni el número de zanjas. La guardia nacional anda buscando a un hombre Un hombre espera esta noche salir de Nicaragua
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Epitafio para joaquín pasos
¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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La sangre derramada
¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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Adonis esta viejo! El caballo de la region, esta perdiendo la razon quiere aniquilar el Padre del pueblo, pues este le recordo… que no es ya el Adonis que enamoraba por monton. que por su ego y corbardia, anda solo por cabron! Adonis esta viejo, no le fian en la cantina. Ya las mujeres andan corriendo el cuento…. de que ya no es buen amante, que ya ni sirve pa’ comapañia! Adonis esta viejo, se ha mirado al espejo y no le gusta su reflejo. aunque joven se siente por dentro el espejo reflejas su piel plegada, esa pansa bien crecida, y el pelo se le esta raleando, por atrás se ve su calva brillando. Adonis esta viejo, Adonis el mujeriego, Adonis, el que todas la mujeres querian, Adonis, el que sembro alegrias momentarias, Adonis, que no anclo en ningun puerto, Adonis, el que nunca pasaba una noche solo, Adonis se quedo solo y sin su hombria. Adonis no penso, que el tiempo pasaria. Adonis esta viejo y no lo gusta lo que ve en el espejo. LeydisProse 6/13/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 13, 2017
Jun 13, 2017 at 1:54 PM UTC
Adonis esta viejo!!!
Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
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El cuento de margot
Vamos, Margot, repíteme esa historia Que estabas refiriéndole a María, Ya vi que te la sabes de memoria Y debes enseñármela, hija mía. -La sé porque yo misma la compuse. -¿Y así no me la dices? Anda, ingrata. -¡Tengo compuestas diez! -¡Cómo! repuse, ¿Te has vuelto a los seis años literata? -¡No, literata no! pero hago cuentos... -No temas que tal gusto te reproche. -Al ver a mis hermanos tan contentos Yo les compongo un cuento en cada noche. -¿Y cómo dice el que contando estabas? -Es muy triste, papá, ¿qué no lo oíste? -Sólo oí que lloraban y llorabas. -¡Ah! sí, todos lloramos; ¡es muy triste! Imagínate un niño abandonado De grandes ojos de viveza llenos, Rubio, risueño, gordo y colorado -Como mi hermano Juan, ni más ni menos. Figúrate una noche larga y fría, De muda soledad, sin luz alguna, Y ese niño muriendo, en agonía, Encima de la acera, no en la cuna. -¿En las heladas lozas? -Sí, en la acera. Es decir, en la calle... ¡Qué amargura! -Hubo alguien que pasando lo creyera Un olvidado cesto de basura. Yo pasaba, lo vi, bajé mis brazos Queriendo darle maternal abrigo Y envuelto en un pañal hecho pedazos Lo alcé a mi pecho y lo llevé conmigo. Lloraba tanto y tanto el angelito Que ya estaban sus párpados muy rojos... Y a cada nueva queja, a cada grito El alma me sacaba por los ojos. Me lo llevé a mi cama: entre plumones Lo hice dormir caliente y sosegado... ¡Cómo hubo en este mundo corazones capaces de dejarlo abandonado! ¡Ay! yo sé por mi libro de lectura Que estudio en mis mayores regocijos, Que ni los tigres en la selva oscura Dejan abandonados a sus hijos. ¡Pobrecito! yo sé su mal profundo, Le curo como madre toda pena; Parece que este niño en este mundo No es hijo de mujer sino de hiena. De mi colchón en el caliente hueco Duerme para que en lágrimas no estalle; Y llorando Margot, mostró el muñeco Que en cierta noche se encontró en la calle.
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Hubo tantas veces que casi me ahogué cuando era niño, durante lecciones de natación, fiestas de cumpleaños. Así, me da miedo aún bañarme en las piscinas, las playas, los lagos. Me da vergüenza enseñar al mundo mis escamas dolorosas, la piel que teme el calor de la arena, los rayos del sol como si fueran medusas que queman con sus besos. Es que mis heridas, debajo de cuyas cicatrices, siguen ardiendo... Quisiera que de agua yo fuera hecho. En Manila, cuando era estudiante universitaria, y tomaba el bus que por el boulevard Roxas pasaba, podía olvidar de mis problemas, del caos, solo con una mirada a la bahía. Y siempre me preguntaba, ¿podría ser que al mar le doliera su piel de agua? Me acuerdo de cuando en silencio sufría, contra ondas como orilla padecía: el abandono de un amigo a quien quería en secreto, padecía el rechazo de las obras que había escrito, padecía la soledad en esta cruel ciudad... en aquellos momentos pensé en caminar, con piedras pesadas en mis bolsillos y zapatos, despacio, despacio hacía el mar, hacía el fondo... para que por fin se cumpliese mi destino de morir en el agua y su abrazo... Pero a ella, nunca he aprendido odiarla. Y he llegado hasta mares gallegos, hasta Coruña y sus cristales, donde cada mañana le escribo canciones de amor y promesas al océano atlántico. Al agua, un día regresaré, un día en ella, me habré disuelto, sí, yo a mí mismo. Porque es mi destino, yo que llevo alma azulada, el alma de aquel pez anciano que se hizo humano. Cuando un día me pregunte, "¿de dónde vienes?" un amante gallego, le diré que tierra yo no tengo, le diré, "amor, mírame los ojos, su blancura viene de las espumas de los mares filipinos"... y la noche en que me bese los labios y luego la piel, le diré, "amor, sigue, porque las escamas ya no me duelen, ves que del agua ya estoy hecho, de los aguas quietas, ya estoy hecho..."
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Mar 11, 2023
Mar 11, 2023 at 9:31 AM UTC
A Coruña
Hubo tantas veces que casi me ahogué cuando era niño, durante lecciones de natación, fiestas de cumpleaños. Así, me da miedo aún bañarme en las piscinas, las playas, los lagos. Me da vergüenza enseñar al mundo mis escamas dolorosas, la piel que teme el calor de la arena, los rayos del sol como si fueran medusas que queman con sus besos. Es que mis heridas, debajo de cuyas cicatrices, siguen ardiendo... Quisiera que de agua yo fuera hecho. En Manila, cuando era estudiante universitaria, y tomaba el bus que por el boulevard Roxas pasaba, podía olvidar de mis problemas, del caos, solo con una mirada a la bahía. Y siempre me preguntaba, ¿podría ser que al mar le doliera su piel de agua? Me acuerdo de cuando en silencio sufría, contra ondas como orilla padecía: el abandono de un amigo a quien quería en secreto, padecía el rechazo de las obras que había escrito, padecía la soledad en esta cruel ciudad... en aquellos momentos pensé en caminar, con piedras pesadas en mis bolsillos y zapatos, despacio, despacio hacía el mar, hacía el fondo... para que por fin se cumpliese mi destino de morir en el agua y su abrazo... Pero a ella, nunca he aprendido odiarla. Y he llegado hasta mares gallegos, hasta Coruña y sus cristales, donde cada mañana le escribo canciones de amor y promesas al océano atlántico. Al agua, un día regresaré, un día en ella, me habré disuelto, sí, yo a mí mismo. Porque es mi destino, yo que llevo alma azulada, el alma de aquel pez anciano que se hizo humano. Cuando un día me pregunte, "¿de dónde vienes?" un amante gallego, le diré que tierra yo no tengo, le diré, "amor, mírame los ojos, su blancura viene de las espumas de los mares filipinos"... y la noche en que me bese los labios y luego la piel, le diré, "amor, sigue, porque las escamas ya no me duelen, ves que del agua ya estoy hecho, de los aguas quietas, ya estoy hecho..."
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Lago Budi, sombrío, pesada piedra oscura, agua entre grandes bosques insepulta, allí te abrías como puerta subterránea cerca del solitario mar del fin del mundo. Galopábamos por la infinita arena junto a las millonarias espumas derramadas, ni una casa, ni un hombre, ni un caballo, sólo el tiempo pasaba y aquella orilla verde y blanca, aquel océano. Luego hacia las colinas y, de pronto, el lago, el agua dura y escondida, compacta luz, alhaja del anillo terrestre. Un vuelo blanco y ***** los cisnes ahuyentaron largos cuellos nocturnos, patas de cuero rojo, y la nieve serena volando sobre el mundo. Oh vuelo desde el agua equivalente, mil cuerpos destinados a la inmóvil belleza como la transparente permanencia del lago. De pronto todo fue carrera sobre el agua, movimiento, sonido, torres de luna llena, y luego alas salvajes que desde el torbellino se hicieron orden, vuelo, magnitud sacudida, y luego ausencia, un temblor blanco en el vacío.
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El lago de los cisnes
Para siempre te espero De todas a ti te prefiero Mi corazon se enamoro El alma se entrego todo No se que me pasaba Solo sabia que te amaba En serio tuve medio Me cortastes con un fiero Verte tengo mucho miedo Lo presiento no te miento Tu fuerza es como el viento   Invisible pero te siento Anos pasan y no te veo Le pido a dios que ya mero Hasta luego nos vemos Saludos con besos
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Jan 2, 2015
Jan 2, 2015 at 7:21 PM UTC
Las Nieves De Enero
Volví, volvía -con qué poca ilusión- a donde tuve mis raíces, mis recuerdos, mi casa frente al mar, y los árboles plantados por mis manos, pisoteados por los niños, comidos por los animales. Mi casa junto al mar, más solariega que otras, la que fue más hermosa que todas. Con qué poca ilusión volvía. Cárdenas tierras húmedas y soleadas, trigos color de aquellos ojos, pincelada morada sobre lo verde, allá en Vivar del Cid, murallas de olmos negros, amapolas, verdes sombríos por Entrambasmestas, platas de la bahía, con qué poca ilusión pasaba por vosotros. Cómo se puede vaciar así un corazón. Cómo se puede llorar así, por dentro. Frustraciones o muertes nada me arrancó lágrimas desde aquellos aviones los que volaban sobre mí y arrasaban mi mundo sin que arrojasen bombas, ni ametrallasen: sólo con el ruido de sus motores, demasiado terrible para mí entonces y ahora. Qué quedó de mi vida entre sus alas. Qué en la música oída en la noche, la que vestía nuestra desnudez mientras caía el agua cálida, qué gozo, el agua... Qué se hundió por aquellas escaleras precipitadas en la noche. Qué congeló la luna que iluminaba las fachadas. Qué llevó la marea en la playa de octubre. Cómo es posible edificar, reconstruir con tantos materiales disueltos en el tiempo, gastados por la lluvia que no vimos caer... Volví, volvía como ahogado bajo un montón de escombros que fueron mi edificio, mi alcázar, sin una sola lágrima -para qué- que llorar, apoyado en el llanto de otros días, como si sólo con lágrimas de entonces pudiese liberarse este dolor presente que ya no encuentra llanto.
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Carretera
Volví, volvía -con qué poca ilusión- a donde tuve mis raíces, mis recuerdos, mi casa frente al mar, y los árboles plantados por mis manos, pisoteados por los niños, comidos por los animales. Mi casa junto al mar, más solariega que otras, la que fue más hermosa que todas. Con qué poca ilusión volvía. Cárdenas tierras húmedas y soleadas, trigos color de aquellos ojos, pincelada morada sobre lo verde, allá en Vivar del Cid, murallas de olmos negros, amapolas, verdes sombríos por Entrambasmestas, platas de la bahía, con qué poca ilusión pasaba por vosotros. Cómo se puede vaciar así un corazón. Cómo se puede llorar así, por dentro. Frustraciones o muertes nada me arrancó lágrimas desde aquellos aviones los que volaban sobre mí y arrasaban mi mundo sin que arrojasen bombas, ni ametrallasen: sólo con el ruido de sus motores, demasiado terrible para mí entonces y ahora. Qué quedó de mi vida entre sus alas. Qué en la música oída en la noche, la que vestía nuestra desnudez mientras caía el agua cálida, qué gozo, el agua... Qué se hundió por aquellas escaleras precipitadas en la noche. Qué congeló la luna que iluminaba las fachadas. Qué llevó la marea en la playa de octubre. Cómo es posible edificar, reconstruir con tantos materiales disueltos en el tiempo, gastados por la lluvia que no vimos caer... Volví, volvía como ahogado bajo un montón de escombros que fueron mi edificio, mi alcázar, sin una sola lágrima -para qué- que llorar, apoyado en el llanto de otros días, como si sólo con lágrimas de entonces pudiese liberarse este dolor presente que ya no encuentra llanto.
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hay hombres con una historia o dos pero cab calloway tenía otra historia a nadie la podía mostrar y le pesaba más que el Día de la Santa Consolación ¡ah cab calloway hijo! toda sabiduría es poca eso se sabe con los brazos hundidos hasta el codo en la espesa marea se le volvían dulces las mujeres y terribles como un cuento de hadas la Bella Durmiente se la pasaba despertando cómo salir del bosque oscuro cómo salir preguntaba cab calloway "por áhi anda el cansancio haciendo ruidos" decía pero no cab calloway arregló su corazón como una casa puso la mesa y bebió a la salud de todos los vivientes ninguno conocía a cab calloway pero una especie de huno o vos o calor o luz se les caía en la cabeza según cuando cab calloway brindaba de modo que está bien el pajarito está contento salta y salta en la jaula y canta ¡ah cab calloway padre! un día de estos se murió y lo enterraron con sus pies que asistieron respetuosos a toda la ceremonia y después se fueron por el campo y en la pieza de cab calloway lloraban las mujeres cuando las lágrimas se secaron el pajarito se las comió el pajarito está contento salta y salta en la jaula y canta una mujer a lo mejor le abrazaba los pies a cab calloway antes de que se fueran por el campo hundiéndose hasta el codo en la espesa marea ya vueltos dulces dulces
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Lamento por la historia de cab calloway
Por las ondas del mar de unos cabellos un barco de marfil pasaba un día que, humillando sus olas, deshacía los crespos lazos que formaban de ellos; iba el Amor en él cogiendo en ellos las hebras que del peine deshacía cuando el oro lustroso dividía, que éste era el barco de los rizos bellos. Hizo de ellos Amor escota al barco, grillos al albedrío, al alma esposas, oro de Tíbar y del sol reflejos; y puesta de un cabello cuerda al arco, así tiró las flechas amorosas que alcanzaban mejor cuanto más lejos.
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Celso al peine de clavelia
De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba. Sin duda todo está muy bien y todo está muy mal, sin duda. Van y vienen los pasajeros, crecen los niños y las calles, por fin compramos la guitarra que lloraba sola en la tienda. Todo está bien, todo está mal. Las copas se llenan y vuelven naturalmente a estar vacías y a veces en la madrugada, se mueren misteriosamente. Las copas y los que bebieron. Hemos crecido tanto que ahora no saludamos al vecino y tantas mujeres nos aman que no sabemos cómo hacerlo. Qué ropas hermosas llevamos! Y qué importantes opiniones! Conocí a un hombre amarillo que se creía anaranjado y a un ***** vestido de rubio. Se ven y se ven tantas cosas. Vi festejados los ladrones por caballeros impecables y esto se pasaba en inglés. Y vi a los honrados, hambrientos, buscando pan en la basura. Yo sé que no me cree nadie. Pero lo he visto con mis ojos. Hay que darse un baño de tumba y desde la tierra cerrada mirar hacia arriba el orgullo. Entonces se aprende a medir. Se aprende a hablar, se aprende a ser. Tal vez no seremos tan locos, tal vez no seremos tan cuerdos. Aprenderemos a morir. A ser barro, a no tener ojos. A ser apellido olvidado. Hay unos poetas tan grandes que no caben en una puerta y unos negociantes veloces que no recuerdan la pobreza. Hay mujeres que no entrarán por el ojo de una cebolla y hay tantas cosas, tantas cosas, y así son, y así no serán. Si quieren no me crean nada. Sólo quise enseñarles algo. Yo soy profesor de la vida, vago estudiante de la muerte y si lo que sé no les sirve no he dicho nada, sino todo.
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No tan alto
De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba. Sin duda todo está muy bien y todo está muy mal, sin duda. Van y vienen los pasajeros, crecen los niños y las calles, por fin compramos la guitarra que lloraba sola en la tienda. Todo está bien, todo está mal. Las copas se llenan y vuelven naturalmente a estar vacías y a veces en la madrugada, se mueren misteriosamente. Las copas y los que bebieron. Hemos crecido tanto que ahora no saludamos al vecino y tantas mujeres nos aman que no sabemos cómo hacerlo. Qué ropas hermosas llevamos! Y qué importantes opiniones! Conocí a un hombre amarillo que se creía anaranjado y a un ***** vestido de rubio. Se ven y se ven tantas cosas. Vi festejados los ladrones por caballeros impecables y esto se pasaba en inglés. Y vi a los honrados, hambrientos, buscando pan en la basura. Yo sé que no me cree nadie. Pero lo he visto con mis ojos. Hay que darse un baño de tumba y desde la tierra cerrada mirar hacia arriba el orgullo. Entonces se aprende a medir. Se aprende a hablar, se aprende a ser. Tal vez no seremos tan locos, tal vez no seremos tan cuerdos. Aprenderemos a morir. A ser barro, a no tener ojos. A ser apellido olvidado. Hay unos poetas tan grandes que no caben en una puerta y unos negociantes veloces que no recuerdan la pobreza. Hay mujeres que no entrarán por el ojo de una cebolla y hay tantas cosas, tantas cosas, y así son, y así no serán. Si quieren no me crean nada. Sólo quise enseñarles algo. Yo soy profesor de la vida, vago estudiante de la muerte y si lo que sé no les sirve no he dicho nada, sino todo.
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Me pidió que le abrace, me dijo que ya no quería más guerra. Me dijo que estaba desintegrado, desmoronado, desmigado, desecho, triturado, destruido, que se le habia desintegrado el alma. Que su alma estaba en pena, que penando se pasaba de barra en barra, barriendo toda la tristeza que le alberga, entre tragos que no le embriagan, y que solo empinan sus dolencias. Me pidió que lo que lo abrace, que no me desprendiera, que no le soltara, que no le abandonara, que no le hiriera de tal manera, que ya la soledad estaba haciendo patria sobre su vida vacía y seca. Me pidió que lo abrazara. Me pidió una mariposa de esas que hacen alegrar la pansa. Me pidió un beso como pide el fusilado un último deseo. Le dije que respirara. Me tire con él a la grama. Le pedí que me mirara. Le asegure de que la guerra había cesado. Le bese en la frente paulatinamente, mientras, le contaba la triunfante historia de la mariposa que se transforma de oruga en realeza. Lo abrace hasta que vi el espíritu de tristeza brotar de su cuerpo. Lo abrace hasta que el niño asustado tomara confianza. Lo abrace como si estuviese desahuciado. Lo abrace hasta que sentí las cadenas que lo ataban..romperse en mil pedazos. Lo abrace hasta que se sintió hombre de nuevo. Luego hicimos el amor, como lo hicieron Adan y Eva cuando descubrieron sus hambrientos y desnudos cuerpos en su nirvana. LeydisProse 6/6/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 7, 2017
Jun 7, 2017 at 9:45 AM UTC
ABRAZAME
Los de nosotros era un amor incomparable. Nos amábamos con locura enfermiza Él era mi sol, yo era su luna. Pero, juntos no podemos estar. Así como la Luna y Sol son amantes a la distancia a él y a mí, nos pasaba igual. Pero de vez en cuando, coincidimos en un eclipse! Y así quedaba nuestro amor, suspendido en la firmamento hasta el próximo reencuentro. LeydisProse
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 11:41 AM UTC
amantes a la distancia
Se ha apagado el fuego. Queda sólo un blando montón de cenizas, donde estuvo ondulando la llama. Ahí tienes, amigo, hecho porción quieta de polvo liviano, a aquel pino inmenso que nos dio su sombra, fresca y movediza, durante el verano. Tan alto, tan alto, que pasaba el techo de la casa mía. Si hubiera podido guardarlo en dobleces, ni en el arca grande del desván cabría. Y del pino inmenso ya ves lo que queda. Yo, que soy tan pequeña y delgada, ¡qué montón tan chiquito de polvo seré cuando muera!
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Cenizas
En el bosque me encuentro, Triste y solo me siento, bajo la luna, en llanto pego, Solo por el saber que a usted, no la tengo, Una oportunidad, le pido a dios que ella me de. Pero poco a poco, mi esperanza, alejandose se ha ido, y ahora más que triste y sólo, me siento perdido. Mi pecho atravesé con mi espada, Ya que cada segundo, que pasaba en esta vida, Nada valia.
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Dec 6, 2016
Dec 6, 2016 at 4:25 AM UTC
Untitled
Por la sierra, una tarde, pasaba el Campeador. El sol despertaba su flamígera flor, y bruñía la púrpura de su esplendor postrero en la resplandeciente coraza del guerrero. El oro lo cubría de la frente a los pies: su escarcela era de oro, y era de oro su arnés, y un rubí granadino de adorno en la visera, resplancedía menos que su mirada fiera. Soberbiamente erguido con marcial bizarría, no encontrando adversarios ¡con el Sol se batía! Los pastores en lo alto de las altas montañas, al ver pasar al héroe de las rudas hazañas envuelto en su leyenda de osadía y estrago, entre sí murmuraban: "Es el Cid, o es Santiago". Pues con el fanatismo que infunde la victoria unían los dos nombres en una misma gloria. Así, lento, magnífico, arrogante y severo, iba por los caminos el radiante viajero, cuando oyó que del fondo de un barranco surgía la ronca y débil súplica de una voz de agonía. Y allí, tendido en tierra, vio un monstruo repugnante de agarrotadas manos y roído semblante: Un leproso.                   De súbito, el corcel de Rodrigo se encabritó: Tan sórdido y horrible era el mendigo, que temió el noble bruto contaminar sus cascos con rozar solamente aquel montón de ascos. Con un gesto magnánino, el guerrero español, inclinado su bélico penacho tornasol, le ofrece al miserable todo lo que le queda: una moneda de oro y un ademán de seda. Y entonces, al llameante resplandor del ocaso, con incrédulos ojos y vacilante paso, aquella gusanera viviente se incorpora, y cae de rodillas pesadamente, y llora.... Allí, en aquel oscuro recodo del camino, lo maldijo una anciana, lo apedreó un campesino, le fue negada el agua, le fue negado el pan, y soportó en silencio la injuria y el desmán; y ahora un caballero de luciente armadura caritativamente consuela su amargura sin temer el contagio de su inmunda dolencia, y le ofrece a sus llagas una flor de clemencia. Y el monstruo, en un impulso brutalmente sincero, posa sus labios pútridos sobre el guante de acero. El paladín lo mira sin desdén, sin temor, sin cólera: ¡Por algo es el Cid Campeador! Inmóvil y benigno en su dádiva inmensa, el gran Rodrigo Díaz de Vivar algo piensa: ¿Qué sentimientos laten bajo su coraza? De repente, con suave firmeza, lo rechaza; contempla largamente aquel escombro humano, se arranca el guantelete... ¡y le tiende la mano!
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El cid
Por la sierra, una tarde, pasaba el Campeador. El sol despertaba su flamígera flor, y bruñía la púrpura de su esplendor postrero en la resplandeciente coraza del guerrero. El oro lo cubría de la frente a los pies: su escarcela era de oro, y era de oro su arnés, y un rubí granadino de adorno en la visera, resplancedía menos que su mirada fiera. Soberbiamente erguido con marcial bizarría, no encontrando adversarios ¡con el Sol se batía! Los pastores en lo alto de las altas montañas, al ver pasar al héroe de las rudas hazañas envuelto en su leyenda de osadía y estrago, entre sí murmuraban: "Es el Cid, o es Santiago". Pues con el fanatismo que infunde la victoria unían los dos nombres en una misma gloria. Así, lento, magnífico, arrogante y severo, iba por los caminos el radiante viajero, cuando oyó que del fondo de un barranco surgía la ronca y débil súplica de una voz de agonía. Y allí, tendido en tierra, vio un monstruo repugnante de agarrotadas manos y roído semblante: Un leproso.                   De súbito, el corcel de Rodrigo se encabritó: Tan sórdido y horrible era el mendigo, que temió el noble bruto contaminar sus cascos con rozar solamente aquel montón de ascos. Con un gesto magnánino, el guerrero español, inclinado su bélico penacho tornasol, le ofrece al miserable todo lo que le queda: una moneda de oro y un ademán de seda. Y entonces, al llameante resplandor del ocaso, con incrédulos ojos y vacilante paso, aquella gusanera viviente se incorpora, y cae de rodillas pesadamente, y llora.... Allí, en aquel oscuro recodo del camino, lo maldijo una anciana, lo apedreó un campesino, le fue negada el agua, le fue negado el pan, y soportó en silencio la injuria y el desmán; y ahora un caballero de luciente armadura caritativamente consuela su amargura sin temer el contagio de su inmunda dolencia, y le ofrece a sus llagas una flor de clemencia. Y el monstruo, en un impulso brutalmente sincero, posa sus labios pútridos sobre el guante de acero. El paladín lo mira sin desdén, sin temor, sin cólera: ¡Por algo es el Cid Campeador! Inmóvil y benigno en su dádiva inmensa, el gran Rodrigo Díaz de Vivar algo piensa: ¿Qué sentimientos laten bajo su coraza? De repente, con suave firmeza, lo rechaza; contempla largamente aquel escombro humano, se arranca el guantelete... ¡y le tiende la mano!
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"salud salud" decía jack hammerstein se la pasaba saludando a: todos a todos a todos aunque lloraran ensuciando el mantel aunque tuvieran leonas bravas "afuera negra desventura afuera afuera" decía entrando a cada casa y espantándola con la mano como si las desgracias fuesen moscas o mosquitos o insectos y miel la gente en su esplendor "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía jack hammerstein limpiando esos polvos o arrancaba la yerba ya vieja crecida sobre ternuras sobre zapatitos de seda que no hacen ruido en el amor así jack hammerstein de color amarillo como si pasara las noches entre claveles o alelí en realidad tenía una amada que se bañaba en agua clara en realidad tenía una niña/que se bañaba en agua fría y le crecían luces suavidades entrando "qué lindo pelo tienes" le decía jack hammerstein "qué linda frente ojos boca pechos tienes" le decía jack hammerstein "qué lindo pie chiquito río de mármol" "oh muerte que a todos convidás" dijo jack hammerstein ahí la amada estaba bella bella y sobre ella crecía yerba esta vez dando color olor y sombra al pie se acostó jack hammerstein para mirarla subir "afuera desventura afuera afuera" "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía a los traidores bichos negros que le comían corazón "salud salud" decía jack hammerstein no lo pudrió la pena ni la furia se la pasaba saludando a todos y aún arrancándoles yerba pero a su amada no o la miraba subir desde la mesma muerte
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Lamento por las yerbas de jack hammerstein
"salud salud" decía jack hammerstein se la pasaba saludando a: todos a todos a todos aunque lloraran ensuciando el mantel aunque tuvieran leonas bravas "afuera negra desventura afuera afuera" decía entrando a cada casa y espantándola con la mano como si las desgracias fuesen moscas o mosquitos o insectos y miel la gente en su esplendor "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía jack hammerstein limpiando esos polvos o arrancaba la yerba ya vieja crecida sobre ternuras sobre zapatitos de seda que no hacen ruido en el amor así jack hammerstein de color amarillo como si pasara las noches entre claveles o alelí en realidad tenía una amada que se bañaba en agua clara en realidad tenía una niña/que se bañaba en agua fría y le crecían luces suavidades entrando "qué lindo pelo tienes" le decía jack hammerstein "qué linda frente ojos boca pechos tienes" le decía jack hammerstein "qué lindo pie chiquito río de mármol" "oh muerte que a todos convidás" dijo jack hammerstein ahí la amada estaba bella bella y sobre ella crecía yerba esta vez dando color olor y sombra al pie se acostó jack hammerstein para mirarla subir "afuera desventura afuera afuera" "afuera muerte grima dolor peste o barbaridá de la tristeza" decía a los traidores bichos negros que le comían corazón "salud salud" decía jack hammerstein no lo pudrió la pena ni la furia se la pasaba saludando a todos y aún arrancándoles yerba pero a su amada no o la miraba subir desde la mesma muerte
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las aguas de tu vientre cantan al fondo del país/ así estás hecha/ hoy que la lluvia duele en todo el mundo te posás/ ¿dónde escribís tus estaciones?/ ¿las trémulas de tu candor?/ ¡panadera!/ ¡brillás para que nadie sufra!/ ¡amigas compañías que empiezan en tu piel!/ ¡cómo penumbras del furor!/ ¡así a tus pechos viene el ido!/ ¡el que pasaba por tus jugos contra la olvidación!/ ¡apretando los huesitos prestados/
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Las aguas de tu vientre cantan al fondo del país