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"pardos" poems
Mientras camino la acera va golpeándome los pies, el fulgor de las estrellas me va rompiendo los ojos. Se me cae un pensamiento como se cae una mies del carro que tambaleando raya los pardos rastrojos. Oh pensamientos perdidos que nunca nadie recoge, si la palabra se dice, la sensación queda adentro; espiga sin madurar, Satanás le encuentre troje, ¡que yo con los ojos rotos no le busco ni le encuentro! Que yo con los ojos rotos sigo una ruta sin fin... ¿Por qué de los pensamientos, por qué de la vida en vano? Como se muere la música si se deshace el violín, no moveré mi canción cuando no mueva mis manos. Alto de mi corazón en la explanada desierta donde estoy crucificado como el dolor en un verso... Mi vida es un gran castillo sin ventanas y sin puertas y para que tú no llegues por esta senda,                                                               la tuerzo.
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El castillo maldito
Te podrás imaginar la erótica rupestre para quien solo vive por las sensaciones para quien, aún confinado a la déspota tiranía de si mismo nada aporta a su sed de querencias Te podrás imaginar la erótica rupestre que pintan sus trompas de marfil te podrás imaginar el salitre de sus pardos muros en la noche en el ocaso plateado en el rocío helado de la madrugada en el granizo que eriza la piel de la multitud en la indiferencia del chofer en su charla vacía y protocolar en el ahíto evidente de sus palabras en las luces del puente reflejadas sobre tu mirada perdida en el sudor clandestino en el ciego tiento proscripto Te podrás imaginar la erótica rupestre tiznada sobre las sábanas Chet Baker de fondo y el viento meciendo los restos de la ciudad
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Jul 18, 2015
Jul 18, 2015 at 12:31 AM UTC
Conceptos “De una serie inacabada de penosas dedicatorias”
Áspero, el camino entre cerros pardos. Rastreros los vientos, arrancaban altos quejidos de polvo a la tierra triste. En las eras mondas amargos se hacían pimientos secándose. Tu mirar caía con su cuerpo blanco siempre sobre púas, chumberas, picachos, del agrio paisaje erizado. Los ojos, cerrarlos. Pero hablar tampoco. Al salir afuera se torcían todos los deseos candidos. En los labios secos los odios expósitos del aire, esperando, sacaban el filo malo al sí y al no. ¡Qué herir sin querer si decías tú, si decía yo, algo! Hablar tampoco. Dejar al silencio en su forcejeo con ecos distantes de cabras y galgos. Y no pensar nada. Porque las de nunca, centellas, maldades, las desconocidas iras soterradas erguíanse dentro, ya, de ti y de mí. La tarde azuzando nuestros dos destinos, tan juntos, les daba amarguras, polvo, sañas y sequía: armas contra ti, amor de los dos. Sin hablar, sin nada, sentí que ya estábamos frente a frente. Toda desnuda te vi en tu yo más malo. Lo que yo te quise -¡qué tiempo lentísimo!- en minutos rápidos se iba desamando.
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Los pesares ciegos bailotean sobre mí, sobre ti Se regocijan tenues, entre nuestras manos; ocultos Lejos estás, porque así lejos nos condenó el azar Ocultos yacen ya, todos los besos remotos que te pienso dar. No son besos, frío pasar de verbena coloquial Parecen más, en mis oníricos despertares, daños. En visiones hipnagógicas te observo en silencio, Pero en la lucidez de nuestros días, te extraño eterno. Permanecen quietos los malestares Y en éxodo se alejan mis vaguedades emocionales. Estás ahí, como yo aquí. Pero siempre ahí.                                                                                                        Contigo. Lamento de frenesí perpetua, de ojos oscuros Lamento de danzas incautas, de linajes pardos Lamento de huidas nuevas, éxodo de verdades ajenas Lamento de virtudes, de mentiras inverosímiles; mío sólo mío.
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Jul 14, 2017
Jul 14, 2017 at 4:01 AM UTC
Éxodo.
Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.  ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento.  No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores.  Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas.  Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas en alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas,  olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.
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A un olmo seco
Hoy he pasado por un camino triste Donde sólo cantan los sapos y los grillos. Es un camino estéril, reseco, sin orillos De lodo, y que no viste Reborde de cicutas ni de cardos. Me asaltó la garganta un sabor de ceniza. Medrosa, entre mis labios se agazapó la risa. Vi mis dedos rosados como diez huesos pardos, Untados de penumbra, de humedad y de tierra. Y cual si me golpearan las manos del espanto, Huí de aquel camino largo del camposanto Mientras el sol de azufre se acostaba en la sierra.
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El camino del camposanto
En el árbol al otro lado Por el pozo de llantos Camina tu amado. Por el lomo de un gato Sus ojos ingratos De noche son pardos. Puedo decir que lo que escribo Es producto de mi y no de las sustancias No dependo y no dependeré Me lo juro al pájaro en mi garganta. Que cuando llegue el día de mi perecer Antes muerto que buscar creatividad fácil. Por qué yo nací con gafas para ver colores Y destellos en la gente extraordinaria También puedo ver luciérnagas en tus días más oscuros. Por qué de donde nace lo nocturno Yo puedo poner luz y transformarla en magia.
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Oct 7, 2020
Oct 7, 2020 at 1:44 AM UTC
Promesa I