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"pague" poems
Al pie de un roble escarchado donde Belardo el amante desbarató un tosco nido que habían tejido las aves, de breves pasadas glorias, de presentes largos males, así se queja diciendo: quien tal hace, que tal pague. La bella Filis un día, al tiempo que el sol esparce sus rayos por todo el suelo, dorando montes y valles, sintiendo que el corazón se le divide en dos partes, así el [lo] mesmo decía: quien tal hace, que tal pague. Hice a los desdenes guerra, guerra desdenes me hacen; maté a Belardo con celos, celos es bien que me maten. No atendí siendo llamada, agora no me oye nadie; con justa causa padezco: quien tal hace, que tal pague. Desamé a Belardo un tiempo, y el amor para vengarse, quiere que le quiera agora, y que él me olvide y desame. Dejadme, pasiones frescas, frescas pasiones, dejadme vivir para que publique: quien tal hace, que tal pague. No le da pena el rigor del frío tiempo que hace, que el fuego de amor la ampara que dentro en su pecho nace. Dando de coraje voces, que revienta de coraje, dice por momentos Filis: quien tal hace, que tal pague. ¿Do está, Belardo, la fe que prometiste guardarme? más yo la quebré primero, tú puedes de mí quejarte. Diste primero en quererme, yo primero en olvidarte, tú harta disculpa tienes: quien tal hace, que tal pague. Sacó del seno un papel y con mil ansias le abre, y antes de leerle todo le arruga, rompe y deshace diciendo: «Yo soy la causa, no tengo de quién quejarme, quien dio la causa revienta: quien tal hace, que tal pague».
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Untitled
Al pie de un roble escarchado donde Belardo el amante desbarató un tosco nido que habían tejido las aves, de breves pasadas glorias, de presentes largos males, así se queja diciendo: quien tal hace, que tal pague. La bella Filis un día, al tiempo que el sol esparce sus rayos por todo el suelo, dorando montes y valles, sintiendo que el corazón se le divide en dos partes, así el [lo] mesmo decía: quien tal hace, que tal pague. Hice a los desdenes guerra, guerra desdenes me hacen; maté a Belardo con celos, celos es bien que me maten. No atendí siendo llamada, agora no me oye nadie; con justa causa padezco: quien tal hace, que tal pague. Desamé a Belardo un tiempo, y el amor para vengarse, quiere que le quiera agora, y que él me olvide y desame. Dejadme, pasiones frescas, frescas pasiones, dejadme vivir para que publique: quien tal hace, que tal pague. No le da pena el rigor del frío tiempo que hace, que el fuego de amor la ampara que dentro en su pecho nace. Dando de coraje voces, que revienta de coraje, dice por momentos Filis: quien tal hace, que tal pague. ¿Do está, Belardo, la fe que prometiste guardarme? más yo la quebré primero, tú puedes de mí quejarte. Diste primero en quererme, yo primero en olvidarte, tú harta disculpa tienes: quien tal hace, que tal pague. Sacó del seno un papel y con mil ansias le abre, y antes de leerle todo le arruga, rompe y deshace diciendo: «Yo soy la causa, no tengo de quién quejarme, quien dio la causa revienta: quien tal hace, que tal pague».
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Divino dueño mío, si al tiempo de partirme tiene mi amante pecho alientos de quejarse, oye mis penas, mira mis males. Aliéntese el dolor, si puede lamentarse, y a la vista de perderte mi corazón exhale llanto a la tierra, quejas al aire. Apenas tus favores quisieron coronarme, dichoso más que todos, felices como nadie, cuando los gustos fueron pesares. Sin duda el ser dichoso es la culpa más grave, pues mi fortuna adversa dispone que la pague con que a mis ojos tus luces falten, ¡Ay, dura ley de ausencia! ¿quién podrá derogarte, si a donde yo no quiero me llevas, sin llevarme, con alma muerta, vivo cadáver? ¿Será de tus favores sólo el corazón cárcel por ser aun el silencio si quiero que los guarde, custodio indigno, sigilo frágil? Y puesto que me ausento, por el último vale te prometo rendido mi amor y fe constante, siempre quererte, nunca olvidarte.
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Endechas irregulares
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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A mis hijas
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
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habría un par de cosas que decir/ que nadie la lee mucho/ que esos nadie son pocos/ que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y con el asunto de comer cada día/se trata de un asunto importante/recuerdo cuando murió de hambre el tío juan/ decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/ pero el problema fue después/ no había plata para el cajón/ y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo el tío juan parecía un pajarito/ los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/ murmuraban que siempre los están molestando/ que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no pajaritos como el tío juan/especialmente porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/ y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/ y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/ el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el tío juan era así/le gustaba cantar/ y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/ entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/ y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero volviendo a la poesía/ los poetas ahora la pasan bastante mal/ nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/ el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil conseguir el amor de una muchacha/ ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/ que un guerrero haga hazañas para que él las cante/ que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/ y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/ o simplemente los poetas/ o pasaron las dos cosas y es inútil romperse la cabeza pensando en la cuestión/ lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío en las más raras circunstancias/ tío juan después de muerto/yo ahora para que me quierás/
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Sobre la poesía
habría un par de cosas que decir/ que nadie la lee mucho/ que esos nadie son pocos/ que todo el mundo está con el asunto de la crisis mundial/ y con el asunto de comer cada día/se trata de un asunto importante/recuerdo cuando murió de hambre el tío juan/ decía que ni se acordaba de comer y que no había problema/ pero el problema fue después/ no había plata para el cajón/ y cuando finalmente pasó el camión municipal a llevárselo el tío juan parecía un pajarito/ los de la municipalidad lo miraron con desprecio o desdén/ murmuraban que siempre los están molestando/ que ellos eran hombres y enterraban hombres/y no pajaritos como el tío juan/especialmente porque el tío estuvo cantando pío-pío todo el viaje hasta el crematorio municipal/ y a ellos les pareció un irrespeto y estaban muy ofendidos/ y cuando le daban un palmetazo para que se callara la boca/ el pío-pío volaba por la cabina del camión y ellos sentían que les hacía pío-pío en la cabeza/el tío juan era así/le gustaba cantar/ y no veía por qué la muerte era motivo para no cantar/ entró al horno cantando pío-pío/salieron sus cenizas y piaron un rato/ y los compañeros municipales se miraron los zapatos grises de vergüenza/pero volviendo a la poesía/ los poetas ahora la pasan bastante mal/ nadie los lee mucho/esos nadie son pocos/ el oficio perdió prestigio/para un poeta es cada día más difícil conseguir el amor de una muchacha/ ser candidato a presidente/que algún almacenero le fíe/ que un guerrero haga hazañas para que él las cante/ que un rey le pague cada verso con tres monedas de oro/ y nadie sabe si eso ocurre porque se terminaron las muchachas/los almaceneros/los guerreros/los reyes/ o simplemente los poetas/ o pasaron las dos cosas y es inútil romperse la cabeza pensando en la cuestión/ lo lindo es saber que uno puede cantar pío-pío en las más raras circunstancias/ tío juan después de muerto/yo ahora para que me quierás/
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Yo era en mis sueños, don Ramón, viajero del áspero camino, y tú, Caronte de ojos de llama, el fúnebre barquero de las revueltas aguas de Aqueronte. Plúrima barba al pecho te caía. (Yo quise ver tu manquedad en vano). Sobre la negra barca aparecía tu verde senectud de dios pagano. Habla, dijiste, y yo: cantar quisiera loor de tu Don Juan y tu paisaje, en esta hora de verdad sincera. Porque faltó mi voz en tu homenaje, permite que en la pálida ribera te pague en áureo verso mi barcaje.
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A don ramón del valle-inclán