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"oyes" poems
Me gustas cuando callas porque estas como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas estan llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mia. Mariposa de sueno, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolia. Me gustas cuando callas y estas como distante. Y estas como quejandote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: dejame que me calle con el silencio tuyo. Dejame que te hable tambien con tu silencio claro como una lampara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estas como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. I like you when you are quiet because it is as though you are absent, and you hear me from far away, and my voice does not touch you. It looks as though your eyes had flown away and it looks as if a kiss had sealed your mouth. Like all things are full of my soul You emerge from the things, full of my soul. Dream butterfly, you look like my soul, and you look like a melancoly word. I like you when you are quiet and it is as though you are distant. It is as though you are complaining, butterfly in lullaby. And you hear me from far away, and my voice does not reach you: let me fall quiet with your own silence. Let me also speak to you with your silence Clear like a lamp, simple like a ring. You are like the night, quiet and constellated. Your silence is of a star, so far away and solitary. I like you when you are quiet because it is as though you are absent. Distant and painful as if you had died. A word then, a smile is enough. And I am happy, happy that it is not true.
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Nov 21, 2012
Nov 21, 2012 at 9:05 AM UTC
Me Gustas Cuando Callas/I Like You When You Are Quiet by: Pablo Neruda
Me gustas cuando callas porque estas como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas estan llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mia. Mariposa de sueno, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolia. Me gustas cuando callas y estas como distante. Y estas como quejandote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: dejame que me calle con el silencio tuyo. Dejame que te hable tambien con tu silencio claro como una lampara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estas como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto. I like you when you are quiet because it is as though you are absent, and you hear me from far away, and my voice does not touch you. It looks as though your eyes had flown away and it looks as if a kiss had sealed your mouth. Like all things are full of my soul You emerge from the things, full of my soul. Dream butterfly, you look like my soul, and you look like a melancoly word. I like you when you are quiet and it is as though you are distant. It is as though you are complaining, butterfly in lullaby. And you hear me from far away, and my voice does not reach you: let me fall quiet with your own silence. Let me also speak to you with your silence Clear like a lamp, simple like a ring. You are like the night, quiet and constellated. Your silence is of a star, so far away and solitary. I like you when you are quiet because it is as though you are absent. Distant and painful as if you had died. A word then, a smile is enough. And I am happy, happy that it is not true.
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Amparo ¡qué sola estás en tu casa vestida de blanco! (Ecuador entre el jazmín y el nardo). Oyes los maravillosos surtidores de tu patio, y el débil trino amarillo del canario. Por la tarde ves temblar los cipreses con los pájaros, mientras bordas lentamente letras sobre el cañamazo. Amparo, ¡qué sola estás en tu casa, vestida de blanco! Amparo, ¡y qué difícil decirte: yo te amo!
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Amparo
¿Dónde está la memoria de los días que fueron tuyos en la tierra, y tejieron dicha y dolor y fueron para ti el universo? El río numerable de los años los ha perdido; eres una palabra en un índice. Dieron a otros gloria interminable los dioses, inscripciones y exergos y monumentos y puntuales historiadores; de ti sólo sabemos, oscuro amigo, que oíste al ruiseñor, una tarde. Entre los asfodelos de la sombra, tu vana sombra pensará que los dioses han sido avaros. Pero los días son una red de triviales miserias, ¿y habrá suerte mejor que ser la ceniza, de que está hecho el olvido? Sobre otros arrojaron los dioses la inexorable luz de la gloria, que mira las entrañas y enumera las grietas, de la gloria, que acaba por ajar la rosa que venera; contigo fueron más piadosos, hermano. En el éxtasis de un atardecer que no será una noche, oyes la voz del ruiseñor de Teócrito.
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A un poeta menor de la antología
Me gustas cuando callas porque estás como ausente, y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca. Parece que los ojos se te hubieran volado y parece que un beso te cerrara la boca. Como todas las cosas están llenas de mi alma emerges de las cosas, llena del alma mía. Mariposa de sueño, te pareces a mi alma, y te pareces a la palabra melancolía. Me gustas cuando callas y estás como distante. Y estás como quejándote, mariposa en arrullo. Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza: déjame que me calle con el silencio tuyo. Déjame que te hable también con tu silencio claro como una lámpara, simple como un anillo. Eres como la noche, callada y constelada. Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo. Me gustas cuando callas porque estás como ausente. Distante y dolorosa como si hubieras muerto. Una palabra entonces, una sonrisa bastan. Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.
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Poema 15
Yo la amé, y era de otro, que también la quería. Perdónala Señor, porque la culpa es mía. Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo. Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo mis labios están dulces por ese amor amargo. Ella fue como un agua callada que corría... Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía. Perdónala Señor, tú que le diste a ella su frescura de lluvia y esplendor de estrella. Su alma era transparente como un vaso vacío. Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío. Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera? ¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío sobre la yerba seca y ávida del estío? Traté de rechazarla, Señor, inútilmente, como un surco que intenta rechazar la simiente. Era de otro. Era de otro, que no la merecía, y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía. Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño: Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño. Y ella me dio su amor como se da una rosa, como quien lo da todo, dando tan poca cosa... Una embriaguez extraña nos venció poco a poco: ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco! La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella y me diste los ojos para mirarla a ella. Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde 1 para matar un sueño porque llegaba tarde. 1 Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar 2 y si es culpable un río cuando corre hacia el mar. Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara, que sería un pecado mayor si no la amara. 3 Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella, que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrella, tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre, ¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!
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Poema de la culpa
Yo la amé, y era de otro, que también la quería. Perdónala Señor, porque la culpa es mía. Después de haber besado sus cabellos de trigo, nada importa la culpa, pues no importa el castigo. Fue un pecado quererla, Señor, y, sin embargo mis labios están dulces por ese amor amargo. Ella fue como un agua callada que corría... Si es culpa tener sed, toda la culpa es mía. Perdónala Señor, tú que le diste a ella su frescura de lluvia y esplendor de estrella. Su alma era transparente como un vaso vacío. Yo lo llené de amor. Todo el pecado es mío. Pero, ¿cómo no amarla, si tú hiciste que fuera turbadora y fragante como la primavera? ¿Cómo no haberla amado, si era como el rocío sobre la yerba seca y ávida del estío? Traté de rechazarla, Señor, inútilmente, como un surco que intenta rechazar la simiente. Era de otro. Era de otro, que no la merecía, y por eso, en sus brazos, seguía siendo mía. Era de otro, Señor. Pero hay cosas sin dueño: Las rosas y los ríos, y el amor y el ensueño. Y ella me dio su amor como se da una rosa, como quien lo da todo, dando tan poca cosa... Una embriaguez extraña nos venció poco a poco: ella no fue culpable, Señor... ¡ni yo tampoco! La culpa es toda tuya, porque la hiciste bella y me diste los ojos para mirarla a ella. Toda la culpa es tuya, pues me hiciste cobarde 1 para matar un sueño porque llegaba tarde. 1 Sí. Nuestra culpa es tuya, si es una culpa amar 2 y si es culpable un río cuando corre hacia el mar. Es tan bella, Señor, y es tan suave, y tan clara, que sería un pecado mayor si no la amara. 3 Y, por eso, perdóname, Señor, porque es tan bella, que tú que hiciste el agua, y la flor, y la estrella, tú, que oyes el lamento de este dolor sin nombre, ¡tú también la amarías, si pudieras ser hombre!
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¿te molesta que roa tu techo, tu silencio? Pero dime -si puedes- ¿qué haces, allí, sentado, entre seres ficticios que en vez de carne y hueso tienen letras, acentos, consonantes, vocales? ¿Te halaga, te divierte que te miren, se acerquen, Y den vueltas y vueltas antes de permitirles echarse, como un perro, en tus páginas yertas? Podrá tu pasatiempo ser harto inofensivo; pero alguien que posee los dientes más prolijos, más agrios que los míos, al elegir la víscera que ha de roerte un día -si es que ya no se aloja en una de tus venas-, torna estéril y absurdo ese fútil designio de escamotear la vida. Allí están las ventanas que te dan un pretexto para abrir bien los brazos. Asómate al marítimo bullicio de las calles. ¿No oyes una sirena que llama desde el puerto?...
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Rata - sirena - faústica
Dientes de flores, cofia de rocío, manos de hierbas, tú, nodriza fina, tenme prestas las sábanas terrosas y el edredón de musgos escardados. Voy a dormir, nodriza mía, acuéstame. Ponme una lámpara a la cabecera; una constelación; la que te guste; todas son buenas; bájala un poquito. Déjame sola: oyes romper los brotes... te acuna un pie celeste desde arriba y un pájaro te traza unos compases para que olvides... Gracias. Ah, un encargo: si él llama nuevamente por teléfono le dices que no insista, que he salido...
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Voy a dormir
Ni sé para quién es esta amargura! Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo, y cuelga, como un Cristo ensangrentado, mi bohemio dolor sobre su pecho. El valle es de oro amargo; y el viaje es triste, es largo. Oyes? Regaña una guitarra. Calla! Es tu raza, la pobre viejecita que al saber que eres huésped y que te odian, se hinca la faz con una roncha lila. El valle es de oro amargo, y el trago es largo... largo... Azulea el camino, ladra el río... Baja esa frente sudorosa y fría, fiera y deforme. Cae el pomo roto de una espada humanicida! Y en el mómico valle de oro santo, la brasa de sudor se apaga en llanto! Queda un olor de tiempo abonado de versos, para brotes de mármoles consagrados que hereden la aurífera canción de la alondra que se pudre en mi corazón!
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Oración del camino
-El tronco estaba ardiendo cuando se fue la lluvia. El rayo lo venció y se introdujo en él. Ahora es un rayo manso. Lo tendremos aquí y le daremos de comer hojas y yerbas. Me gusta el fuego. Acércale tu mano poco a poco, te acaricia o te quema, puedes saber hasta dónde llega su amistad. -A mí me gusta porque es rojo y azul  y amarillo, y se mueve en el aire y no tiene forma, y cuando quiere dormir se esconde en la ceniza y vigila con ojitos rojos dentro dentro. ¡Qué simpático! Luego se alza y empieza a buscar, si haya cerca una rama la devora. ¡Me gusta, me gusta! ¡Le cuidaré, no estorba, es tan humilde! -Es orgulloso, pero es bueno. ¿Que té pasa? Te has quedado... -Nada. -Tienes los ojos abiertos y estás dormida. ¿Me oyes? También se ha metido en ti. Lo veo en el fondo de tus ojos, como una culebra, enamorándote. Te quedas quieta mientras él te recorre ávidamente. Giras en torno al fuego sin moverte. Fuego lento, preciso, árbol continuo, nos atraen tus hojas instantáneas, tu tronco permanente. Déjanos estar junto a ti, junto a tu amor hambriento. Creces aniquilando, medida de la destrucción, estatura hacia dentro, duración hacia atrás, tiempo invertido, muerte muriendo, nacimiento. Déjanos estar en tus párpados incesantes, investigar contigo lo que buscas, luz en fuga perpetua, en ti, como tú misma, en nosotros.
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Adán y eva vi
Una música íntima no cesa, porque transida en un abrazo de oro la Caridad con el Amor se besa. ¿Oyes el diapasón del corazón? Oye en su nota múltiple el estrépito de los que fueron y de los que no son. Mis hermanos de todas las centurias reconocen en mí su pausa igual, sus mismas quejas y sus propias furias. Soy la fronda parlante en que se mece el pecho germinal del bardo druida con la selva por diosa y por querida. Soy la alberca lumínica en que nada, como perla debajo de una lente, debajo de las linfas, Scherezada. Y soy el suspirante cristianismo al hojear las bienaventuranzas de la virgen que fue mi catecismo. Y la nueva delicia, que acomoda sus hipnotismos de color de tango al figurín y al precio de la moda. La redondez de la Creación atrueno cortejando a las hembras y a las cosas con un clamor pagano y nazareno. ¡Oh Psiquis, oh mi alma: suena a son moderno, a son de selva, a son de orgía y a son marino, el son del corazón!
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El son del corazón
¡Cae agua de revólveres lavados! Precisamente, es la gracia metálica del agua, en la tarde nocturna en Aragón, no obstante las construidas yerbas, las legumbres ardientes, las plantas industriales. Precisamente, es la rama serena de la química, la rama de explosivos en un pelo, la rama de automóviles en frecuencias y adioses. Así responde el hombre, así, a la muerte, así mira de frente y escucha de costado, así el agua, al contrario de la sangre, es de agua, así el fuego, al revés de la ceniza, alisa sus rumiantes ateridos. ¿Quién va, bajo la nieve? ¿Están matando? No. Precisamente, va la vida coleando, con su segunda soga. ¡Y horrísima es la guerra, solivianta, lo pone a uno largo, ojoso; da tumba la guerra, da caer, da dar un salto extraño de antropoide! Tú lo hueles, compañero, perfectamente, al pisar por distracción tu brazo entre cadáveres; tú lo ves, pues, tocaste tus testículos, poniéndote rojísimo; tú lo oyes en tu boca de soldado natural. Vamos, pues, compañero; nos espera tu sombra apercibida, nos espera tu sombra acuartelada, mediodía capitán, noche soldado raso... Por eso, al referirme a esta agonía, aléjome de mí gritando fuerte: ¡Abajo mi cadáver! ... Y sollozo.
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He callado largamente para escuchar mejor las voces. Tú las conoces, corazón cansado de hogueras y de peces. Tú las has escuchado otras veces. Tú las conoces. Voces que ascienden de las profundidades del mundo submarino de las algas, de los crustáceos, de los tentáculos y las escamas. Voces que aturden enloquecidamente, como el vino. Tú las conoces y las llamas. Tú conoces las voces que dan manos al manco y ojos al ciego. Tú conoces las voces crepitantes de las hogueras del Polo, allí donde la nieve quema mucho más profundamente que el fuego. Tú te acompañas de esas voces para sentirte más solo. He callado largamente como soñando un viaje he callado cálidamente como los cañones después de las batallas; y ahora miro crecer los árboles como un salvaje oh, corazón tumultuoso de esas voces que oyes y callas. Mirar como pasan las nubes siempre es un gran consuelo oh corazón que tanto has aprendido y tanto desconoces. Desdichado del esquimal sordo cuando cruje el deshielo. Triste de aquel que para siempre cerró su corazón a las voces. Las estatuas de sal vienen cantando que han muerto las mariposas pero nada es cierto en la vida, ni siquiera la muerte y aún nutrimos con nuestra sangre la inseguridad de las cosas y también la tribu de sabios se humilla ante el más fuerte. Podrán morir las voces pero nos persiguen sus ecos en la uña que crece y en la superstición del azar. El gran latido de la selva repercute en los troncos secos y en la fugitiva permanencia del tiempo y del mar! Del fondo del crepúsculo llegan hombres cobardemente tristes. El trigo no quiere madurar cuando se afilan las hoces oh, corazón que sólo muriendo puedes comprender que existes, definitivamente sordo a la sana alegría de las voces!
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He callado largamente
He callado largamente para escuchar mejor las voces. Tú las conoces, corazón cansado de hogueras y de peces. Tú las has escuchado otras veces. Tú las conoces. Voces que ascienden de las profundidades del mundo submarino de las algas, de los crustáceos, de los tentáculos y las escamas. Voces que aturden enloquecidamente, como el vino. Tú las conoces y las llamas. Tú conoces las voces que dan manos al manco y ojos al ciego. Tú conoces las voces crepitantes de las hogueras del Polo, allí donde la nieve quema mucho más profundamente que el fuego. Tú te acompañas de esas voces para sentirte más solo. He callado largamente como soñando un viaje he callado cálidamente como los cañones después de las batallas; y ahora miro crecer los árboles como un salvaje oh, corazón tumultuoso de esas voces que oyes y callas. Mirar como pasan las nubes siempre es un gran consuelo oh corazón que tanto has aprendido y tanto desconoces. Desdichado del esquimal sordo cuando cruje el deshielo. Triste de aquel que para siempre cerró su corazón a las voces. Las estatuas de sal vienen cantando que han muerto las mariposas pero nada es cierto en la vida, ni siquiera la muerte y aún nutrimos con nuestra sangre la inseguridad de las cosas y también la tribu de sabios se humilla ante el más fuerte. Podrán morir las voces pero nos persiguen sus ecos en la uña que crece y en la superstición del azar. El gran latido de la selva repercute en los troncos secos y en la fugitiva permanencia del tiempo y del mar! Del fondo del crepúsculo llegan hombres cobardemente tristes. El trigo no quiere madurar cuando se afilan las hoces oh, corazón que sólo muriendo puedes comprender que existes, definitivamente sordo a la sana alegría de las voces!
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Eh vos tatacombo soy yo di no me oyes tataconco soy yo sin vos sin voz aquí yollando con mi yo sólo solo que yolla y yolla y yolla entre mis subyollitos tan nimios micropsíquicos lo sé lo sé         y tanto desde el yo mero mínimo al verme yo harto en todo junto a mis ya muertos y revivos yoes siempre siempre yollando y yoyollando siempre por qué si sos por qué di eh vos no me oyes tatatodo por qué tanto yollar responde                 y hasta cuándo
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Yolleo
La casa, junto al río. Alegre el saloncito. La ventana Sobre el jardín. Aromas. Luz. Estío, Aves en el azul de la mañana. Copiado en grande espejo, se columbra El tocador de mármol de la alcoba Que un claro sol alumbra; Y en la negra caoba Del luciente piano Yergue su aristocracia, Colocado con gracia, Ramo de rosas del jardín cercano. Y salida del baño, en amplia bata Que el seno mal recata, Yace tendida en el sofá, fumando Un cigarrillo y otro, y viendo el humo Subir en espirales. Yo, imitando Su inocente placer, pues también fumo. -¿Y qué piensas hacer? ¿Salir? Supongo Que saldrás, pues no creo Que hoy al «Bosque» no vayas de paseo. Y pensando estarás: «¿Y qué me pongo? ¿Qué sombrero? ¿Qué traje? ¿Y qué sombrilla Llevaré? ¿Blanca o de color de rosa?» Y dirás cual la cosa más sencilla: «¡Bah! Si todo me queda a maravilla», Porque eso sí... Cual nadie vanidosa. ¿Sonríes? Cuántos al pasar tu talle Y tu cara, entre arrobos, Como si fueran bobos Se quedarán mirándote en la calle! ¿Y una cita no tienes? Di, responde. ¿Cita con quién? ¿Y en dónde? Si quieres ir a Armenonville, pidamos Una mesa. ¿No quieres? ¿O a «Perroquet» prefieres Ir esta noche? ¿Vamos o no vamos? ¿O más bien a «Florida» Para ver a la Nasch, como albayalde, Y flaca siempre, y siempre bien vestida Por Lelong o Patou, pero de balde Cual «reclame» de sus casas de costura? No fumes más. No insistas. Te hace daño. ¿Cambiaste la montura Del anillo? ¿A Deauville no vas este año? Una pregunta, nada más, loquilla: Para verte los ojos, frente a frente, Acercaré la silla: La mirada, ¿no sabes?, nunca miente. No son celos. Te digo Que no son celos; pero aquel amigo Con quien te vi en el Bitz.... te lo aseguro, Sí, no son celos, no lo son. Te juro Que celoso no soy... Mas tienes suelto El brazalete... Dime con franqueza, Con franqueza, ¿a salir con él no has vuelto? Apoya sobre mi hombro la cabeza; Mas no cierres los ojos, oye, mira; Dime que todo, todo fue mentira, Que, nunca has sido loca, Y nunca lo serás para engañarme, Y vivirás, y vives, para amarme.... Mas dilo con el alma entre la boca, Dímelo pronto, pronto.... ¿No oyes? ¿Estás dormida?                                           -«Tonto, tonto! Qué tonto eres así, Imitando Toi et moi de Géraldy».
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Intimidades
La casa, junto al río. Alegre el saloncito. La ventana Sobre el jardín. Aromas. Luz. Estío, Aves en el azul de la mañana. Copiado en grande espejo, se columbra El tocador de mármol de la alcoba Que un claro sol alumbra; Y en la negra caoba Del luciente piano Yergue su aristocracia, Colocado con gracia, Ramo de rosas del jardín cercano. Y salida del baño, en amplia bata Que el seno mal recata, Yace tendida en el sofá, fumando Un cigarrillo y otro, y viendo el humo Subir en espirales. Yo, imitando Su inocente placer, pues también fumo. -¿Y qué piensas hacer? ¿Salir? Supongo Que saldrás, pues no creo Que hoy al «Bosque» no vayas de paseo. Y pensando estarás: «¿Y qué me pongo? ¿Qué sombrero? ¿Qué traje? ¿Y qué sombrilla Llevaré? ¿Blanca o de color de rosa?» Y dirás cual la cosa más sencilla: «¡Bah! Si todo me queda a maravilla», Porque eso sí... Cual nadie vanidosa. ¿Sonríes? Cuántos al pasar tu talle Y tu cara, entre arrobos, Como si fueran bobos Se quedarán mirándote en la calle! ¿Y una cita no tienes? Di, responde. ¿Cita con quién? ¿Y en dónde? Si quieres ir a Armenonville, pidamos Una mesa. ¿No quieres? ¿O a «Perroquet» prefieres Ir esta noche? ¿Vamos o no vamos? ¿O más bien a «Florida» Para ver a la Nasch, como albayalde, Y flaca siempre, y siempre bien vestida Por Lelong o Patou, pero de balde Cual «reclame» de sus casas de costura? No fumes más. No insistas. Te hace daño. ¿Cambiaste la montura Del anillo? ¿A Deauville no vas este año? Una pregunta, nada más, loquilla: Para verte los ojos, frente a frente, Acercaré la silla: La mirada, ¿no sabes?, nunca miente. No son celos. Te digo Que no son celos; pero aquel amigo Con quien te vi en el Bitz.... te lo aseguro, Sí, no son celos, no lo son. Te juro Que celoso no soy... Mas tienes suelto El brazalete... Dime con franqueza, Con franqueza, ¿a salir con él no has vuelto? Apoya sobre mi hombro la cabeza; Mas no cierres los ojos, oye, mira; Dime que todo, todo fue mentira, Que, nunca has sido loca, Y nunca lo serás para engañarme, Y vivirás, y vives, para amarme.... Mas dilo con el alma entre la boca, Dímelo pronto, pronto.... ¿No oyes? ¿Estás dormida?                                           -«Tonto, tonto! Qué tonto eres así, Imitando Toi et moi de Géraldy».
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Campesinita que sola Cerca estás del manantial, Pareces una amapola En el dormido trigal. Oyes del agua el correr Y al cristal la frente inclinas. ¿Será que te quieres ver Entre rojas clavellinas? Tu cabellera muy negra Con las espumas contrasta, Y es flor que tu boca alegra Tu leve sonrisa casta. Campesinita que el son De la fuente estás oyendo: Sed tiene mi corazón, Y de sed se está muriendo.
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En la fuente
Dime, del tiempo resonando en tu esfera parcial y dulce no oyes acaso el sordo gemido? No sientes de lenta manera, en trabajo trémulo y ávido, la insistente noche que vuelve? Secas sales y sangres aéreas, atropellado correr ríos, temblando el testigo constata. Aumento oscuro de paredes, crecimiento brusco de puertas, delirante población de estímulos, circulaciones implacables. Alrededor, de infinito modo, en propaganda interminable, de hocico armado y definido el espacio hierve y se puebla. No oyes la constante victoria en la carrera de los seres del tiempo, lento como el fuego, seguro y espeso y hercúleo, acumulando su volumen y añadiendo su triste hebra? Como una planta perpetua aumenta su delgado y pálido hilo mojado de gotas que caen sin sonido en la soledad.
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Trabajo frío
Ahora que ya te fuiste, te diré que te quiero. Ahora que no me oyes, ya no debo callar. Tú seguirás tu vida y olvidarás primero... Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar. Hay un amor tranquilo que dura hasta la muerte, y un amor tempestuoso que no puede durar. Acaso aquella noche no quise retenerte... y ahora estoy recordándote a la orilla del mar. Tú, que nunca supiste lo que yo te quería, quizás entre otros brazos lograrás olvidar... Tal vez mires a otro, igual que a mí aquel día... Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar. El rumor de mi sangre va cantando tu nombre, y el viento de la noche lo repite al pasar. Quizás en este instante tú besas a otro hombre... Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar... Y yo aquí, recordándote, a la orilla del mar...
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Nocturno vii
Oyes en medio del otoño detonaciones amarillas? Por qué razón o sinrazón llora la lluvia su alegría? Qué pájaros dictan el orden de la bandada cuando vuela? De qué suspende el picaflor su simetría deslumbrante?
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Xlvii
Aprisa ¡oh tú que vives! mueve tu paso lento en las yerbas que cubren mi ceniza olvidada, y no huelles las flores que ornen mi tumba helada donde la verde yedra y hormigas subir siento. ¿Oyes? Cruza el arrullo de una paloma el viento, que no sea en la piedra de mi tumba inmolada! Si serme grato quieres, ¡que vuelva a su nidada! Es tan dulce la vicia, y es el morir tormento... ¿No sabes? Bajo el mirlo que enguirnalda mi puerta con mi nupcial corona, triste doblé la frente. Del amor, cerca y lejos, ¡esposa y virgen, muerta! He cerrado los ojos a luz esplendorosa, y ahora sin consuelo, ya habito eternamente del implacable Érebo la noche tenebrosa.
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La joven muerte