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"oscuras" poems
Tengo el pecho lleno de calor, el aire me lo dijo y me canto una canción. Tengo el alma y grita a veces, aveces me oculto entre la gente, no por que tema a mostrarme, es que prefiero pasar inadvertido, para cuando el viento me señale, haberlo antes sorprendido. Las voces en mi mente susurran como las ramas de un arbol, me lo digo a mi mismo, y en mi interior resueno; aveces solo aveces sueño con ella, aún que ya no recuerdo su voz. Aún recuerdo la lluvia, el camino a mi casa, un suspiro, un minuto de alavanza y el dibujo de un sonrisa en mi cara. Si escribo es para romperme en pedazos, para que alguien, tan solo alguien comparta mi canto, por que no quiero volar solo, quiero surcar los cielos con un coro de voces que brillen voces oscuras, otros matices, que sigan mi vuelo o que me muestren el suyo.
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May 18, 2018
May 18, 2018 at 10:34 PM UTC
Me lo dijo el aire
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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Poema 14
Juegas todos los días con la luz del universo. Sutil visitadora, llegas en la flor y en el agua. Eres más que esta blanca cabecita que aprieto como un racimo entre mis manos cada día. A nadie te pareces desde que yo te amo. Déjame tenderte entre guirnaldas amarillas. Quién escribe tu nombre con letras de humo entre las estrellas del sur? Ah déjame recordarte cómo eras entonces, cuando aún no existías. De pronto el viento aúlla y golpea mi ventana cerrada. El cielo es una red cuajada de peces sombríos. Aquí vienen a dar todos los vientos, todos. Se desviste la lluvia. Pasan huyendo los pájaros. El viento. El viento. Yo sólo puedo luchar contra la fuerza de los hombres. El temporal arremolina hojas oscuras y suelta todas las barcas que anoche amarraron al cielo. Tú estás aquí. Ah tú no huyes. Tú me responderás hasta el último grito. Ovíllate a mi lado como si tuvieras miedo. Sin embargo alguna vez corrió una sombra extraña por tus ojos. Ahora, ahora también, pequeña, me traes madreselvas, y tienes hasta los senos perfumados. Mientras el viento triste galopa matando mariposas yo te amo, y mi alegría muerde tu boca de ciruela. Cuanto te habrá dolido acostumbrarte a mí, a mi alma sola y salvaje, a mi nombre que todos ahuyentan. Hemos visto arder tantas veces el lucero besándonos los ojos y sobre nuestras cabezas destorcerse los crepúsculos en abanicos girantes. Mis palabras llovieron sobre ti acariciándote. Amé desde hace tiempo tu cuerpo de nácar soleado. Hasta te creo dueña del universo. Te traeré de las montañas flores alegres, copihues, avellanas oscuras, y cestas silvestres de besos. Quiero hacer contigo lo que la primavera hace con los cerezos.
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*Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán! Lee todo en: Rima LIII - Poemas de Gustavo Adolfo Bécquer http://www.poemas-del-alma.com/rima-liii.htm#ixzz32XxscF4bVolverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán!* ― Gustavo Adolfo Bécquer
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May 23, 2014
May 23, 2014 at 9:57 AM UTC
Volverán las oscuras golondrinas - Rima LIII
*Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán! Lee todo en: Rima LIII - Poemas de Gustavo Adolfo Bécquer http://www.poemas-del-alma.com/rima-liii.htm#ixzz32XxscF4bVolverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales jugando llamarán. Pero aquellas que el vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres... ¡esas... no volverán!. Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas sus flores se abrirán. Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día... ¡esas... no volverán! Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño tal vez despertará. Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate, ¡así... no te querrán!* ― Gustavo Adolfo Bécquer
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Tú que aun sigues profundo implantado en mi piel y prendido en mi pálida memoria bajo la misma corriente mortal, no sebes cuánto desearía que nadie, nadie, nos sujeten las palabras. ¿A quién le escribiré yo ahora, quién me hablará de filosofía y me contará raras historias ? Anoche…me haz vendido una ilusión desnuda, amarga , sin polen, muy atroz y visceral que arde como braza mi garganta y muerde... muerden demasiadas sombras de mis esquinas cóncavas, espacio sin negrura, donde yo me permitía existir callada mezclándome en los espejismos que envolvían suave cada una de mis fracturas. y aunque hayas conspirado en contra de mi razón, de mis puntos cardinales y los eslabones de mis crepúsculos que estaban calmo...te perdono A menudo corazón, el vacío fue el único escape que me salvó de intoxicarme de singulares maniobras oscuras o lo que es peor , seguir la corriente como todos hacen y adaptarme a los discursos narcisistas, a lo cómodo a la farsa. Soy escurridiza, lo sé, pero muy exacta muy carne, muy pecado en mis palabras, indefensa muchas veces, detenida a la orilla de algún terrible miedo aun no curado. No sabes cuánto lamento que ya mi corazón no te pueda abrazar más, ya no siento tus susurros En vano intentaran una y mil veces mis oídos escucharlos pero sé muy bien, que nunca más volverán, no podrán, porque ahora estoy encontrando mi nueva tumba. De:Diario de una Maldita poeta condenada AZUL STRAUSS MARKUART TITULO :Ilusión Desnuda [Poema: Texto completo.] Autora :Azul Strauss M. 10/02/2015 BUENOS AIRES.ARGENTINA ©Copyright –Derecho de Autor Reservado
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Feb 27, 2015
Feb 27, 2015 at 9:50 PM UTC
ILUSIÓN DESNUDA
Tú que aun sigues profundo implantado en mi piel y prendido en mi pálida memoria bajo la misma corriente mortal, no sebes cuánto desearía que nadie, nadie, nos sujeten las palabras. ¿A quién le escribiré yo ahora, quién me hablará de filosofía y me contará raras historias ? Anoche…me haz vendido una ilusión desnuda, amarga , sin polen, muy atroz y visceral que arde como braza mi garganta y muerde... muerden demasiadas sombras de mis esquinas cóncavas, espacio sin negrura, donde yo me permitía existir callada mezclándome en los espejismos que envolvían suave cada una de mis fracturas. y aunque hayas conspirado en contra de mi razón, de mis puntos cardinales y los eslabones de mis crepúsculos que estaban calmo...te perdono A menudo corazón, el vacío fue el único escape que me salvó de intoxicarme de singulares maniobras oscuras o lo que es peor , seguir la corriente como todos hacen y adaptarme a los discursos narcisistas, a lo cómodo a la farsa. Soy escurridiza, lo sé, pero muy exacta muy carne, muy pecado en mis palabras, indefensa muchas veces, detenida a la orilla de algún terrible miedo aun no curado. No sabes cuánto lamento que ya mi corazón no te pueda abrazar más, ya no siento tus susurros En vano intentaran una y mil veces mis oídos escucharlos pero sé muy bien, que nunca más volverán, no podrán, porque ahora estoy encontrando mi nueva tumba. De:Diario de una Maldita poeta condenada AZUL STRAUSS MARKUART TITULO :Ilusión Desnuda [Poema: Texto completo.] Autora :Azul Strauss M. 10/02/2015 BUENOS AIRES.ARGENTINA ©Copyright –Derecho de Autor Reservado
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Existe una ciudad de cuarzo exquisita cuyas rosadas calles yo recorrí siguiendo su sinuosidad caprichosa en ensoñaciones o tiempos de ensueño; contemplé su nimbada altura de sol en un baño de anochecientes tinturas que raro artista podrá nunca pintar. Mis ojos velados de recuerdos hoy reflejan las puertas cerradas, oscuras; los muros, cercantes con custodio rol, que se alzan, fieros y hostiles, ante mí. Yo hago frente, y grito con voz poderosa mas no caen los muros y voy a quedar fuera de la ciudad de cuarzo exquisita.
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Dec 8, 2015
Dec 8, 2015 at 7:42 AM UTC
Ella
Cierra los ojos y a oscuras piérdete bajo el follaje rojo de tus párpados. Húndete en esas espirales del sonido que zumba y cae y suena allá, remoto, hacia el sitio del tímpano, como una catarata ensordecida. Hunde tu ser a oscuras, anégate en tu piel, y más, en tus entrañas ; que te deslumbre y ciegue el hueso, lívida centella, y entre simas y golfos de tiniebla abra su azul penacho el fuego fatuo. En esa sombra líquida del sueño moja tu desnudez; abandona tu forma, espuma que no se sabe quién dejó en la orilla; piérdete en ti, infinita, en tu infinito ser, mar que se pierde en otro mar: olvídate y olvídame. En ese olvido sin edad ni fondo labios, besos, amor, todo, renace: las estrellas son hijas de la noche.
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Olvido
No te amo como si fueras rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego: te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma. Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra. Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, te amo directamente sin problemas ni orgullo: así te amo porque no sé amar de otra manera, sino así de este modo en que no soy ni eres, tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.
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Apr 3, 2013
Apr 3, 2013 at 9:55 PM UTC
Pablo Neruda - 100 Sonetas de amor - xvii
Como revuelven las hojas en el suspiro de la penumbra. Las risas cursan como los ríos que desaparecen en el mar.   Las calles se envejecen con cada minuto infinito. El viento sopla sombras oscuras y gotas de rocío cristalinas, a las rejas puntadas en filas como tantas lanzas. Y el entorno reverbera con llantos callados mientras que el mundo revuelve como las mujeres antiguas que en lotes vacios juntan pábulo.
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Dec 2, 2011
Dec 2, 2011 at 6:02 PM UTC
El Parque (Spanish/Español)
*No te amo como si fueras rosa de sal, topacio o flecha de claveles que propagan el fuego: te amo como se aman ciertas cosas oscuras, secretamente, entre la sombra y el alma. Te amo como la planta que no florece y lleva dentro de sí, escondida, la luz de aquellas flores, y gracias a tu amor vive oscuro en mi cuerpo el apretado aroma que ascendió de la tierra. Te amo sin saber cómo, ni cuándo, ni de dónde, te amo directamente sin problemas ni orgullo: así te amo porque no sé amar de otra manera, sino así de este modo en que no soy ni eres, tan cerca que tu mano sobre mi pecho es mía, tan cerca que se cierran tus ojos con mi sueño.* ― Pablo Neruda
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 9:32 PM UTC
Soneto XVII
Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Ciñe el tirso oloroso, tañe el jocundo címbalo. Una bacante loca y un sátiro afrentoso conjuntan en mi sangre su frenesí amoroso. Atenas brilla, piensa y esculpe Praxiteles, y la gracia encadena con rosas la pasión. ¡Ah de la vida parva, que no nos da sus mieles sino con cierto ritmo y en cierta proporción! ¡Danzad al soplo de Dionisos que embriaga el corazón! La Muerte viene, todo será polvo bajo su imperio: ¡polvo de Pericles, polvo de Codro, polvo de Cimón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... De Hispania fructuosa, de Galia deleitable, de Numidia ardorosa, y de toda la rosa de los vientos que beben las águilas romanas, venid, puras doncellas y ávidas cortesanas. Danzad en delitosos, lúbricos episodios, con los esclavos nubios, con los marinos rodios. Flaminio, de cabellos de amaranto, busca para Heliogábalo en las termas varones de placer... Alzad el canto, reíd, danzad en báquica alegría, y haced brotar la sangre que embriaga el corazón. La Muerte viene -todo será polvo: bajo su imperio- polvo de Lucrecio, polvo de Augusto, polvo de Nerón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Aldeanas del Cauca con olor de azucena; montañesas de Antioquia, con dulzor de colmena; infantinas de Lima, unciosas y augurales, y princesas de México, que es como la alacena familiar que resguarda los más dulces panales; y mozuelos de Cuba, lánguidos, sensuales, ardorosos, baldíos, cual fantasmas que cruzan por unos sueños míos; mozuelos de la grata Cuscatlán -¡oh ambrosía!- y mozuelos de Honduras, donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras; entrad en la danza, en el feliz torbellino: reíd, jugad al son de mi canción: la piña y la guanábana aroman el camino y un vino de palmeras aduerme el corazón. La Muerte viene, todo será polvo: ¡polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar, polvo en la urna, y rota ya la urna, polvo en la ceguedad del aquilón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... La noche es bella en su embriaguez de mieles, la tierra es grata en su cendal de brumas; vivir es dulce, con dulzor de trinos; canta el amor, espigan los donceles, se puebla el mundo, se urden los destinos... ¡Que el jugo de las viñas me alivie el corazón! A beber, a danzar en raudos torbellinos, vano el esfuerzo, estéril la pasión... A ti que me reprochas el arcano sentido del amor que va en mi verso fúlgido y hondo, lúgubre y arcano, te hablo en la triste vanidad del verso: tú en la muerte rendido, yo en la muerte, ni un grito apenas del afán del mundo podrá hallar eco en la oquedad vacía. El polvo reina -EL POLVO, EL IRACUNDO!- Alegría! Alegría! Alegría!
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Balada de la loca alegría
Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Ciñe el tirso oloroso, tañe el jocundo címbalo. Una bacante loca y un sátiro afrentoso conjuntan en mi sangre su frenesí amoroso. Atenas brilla, piensa y esculpe Praxiteles, y la gracia encadena con rosas la pasión. ¡Ah de la vida parva, que no nos da sus mieles sino con cierto ritmo y en cierta proporción! ¡Danzad al soplo de Dionisos que embriaga el corazón! La Muerte viene, todo será polvo bajo su imperio: ¡polvo de Pericles, polvo de Codro, polvo de Cimón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... De Hispania fructuosa, de Galia deleitable, de Numidia ardorosa, y de toda la rosa de los vientos que beben las águilas romanas, venid, puras doncellas y ávidas cortesanas. Danzad en delitosos, lúbricos episodios, con los esclavos nubios, con los marinos rodios. Flaminio, de cabellos de amaranto, busca para Heliogábalo en las termas varones de placer... Alzad el canto, reíd, danzad en báquica alegría, y haced brotar la sangre que embriaga el corazón. La Muerte viene -todo será polvo: bajo su imperio- polvo de Lucrecio, polvo de Augusto, polvo de Nerón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... Aldeanas del Cauca con olor de azucena; montañesas de Antioquia, con dulzor de colmena; infantinas de Lima, unciosas y augurales, y princesas de México, que es como la alacena familiar que resguarda los más dulces panales; y mozuelos de Cuba, lánguidos, sensuales, ardorosos, baldíos, cual fantasmas que cruzan por unos sueños míos; mozuelos de la grata Cuscatlán -¡oh ambrosía!- y mozuelos de Honduras, donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras; entrad en la danza, en el feliz torbellino: reíd, jugad al son de mi canción: la piña y la guanábana aroman el camino y un vino de palmeras aduerme el corazón. La Muerte viene, todo será polvo: ¡polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar, polvo en la urna, y rota ya la urna, polvo en la ceguedad del aquilón! Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac- mi esfuerzo vano -estéril mi pasión- soy un perdido -soy un marihuano- a beber -a danzar al son de mi canción... La noche es bella en su embriaguez de mieles, la tierra es grata en su cendal de brumas; vivir es dulce, con dulzor de trinos; canta el amor, espigan los donceles, se puebla el mundo, se urden los destinos... ¡Que el jugo de las viñas me alivie el corazón! A beber, a danzar en raudos torbellinos, vano el esfuerzo, estéril la pasión... A ti que me reprochas el arcano sentido del amor que va en mi verso fúlgido y hondo, lúgubre y arcano, te hablo en la triste vanidad del verso: tú en la muerte rendido, yo en la muerte, ni un grito apenas del afán del mundo podrá hallar eco en la oquedad vacía. El polvo reina -EL POLVO, EL IRACUNDO!- Alegría! Alegría! Alegría!
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Cómo surges de antaño, llegando, encandilada, pálida estudiante, a cuya voz aún piden consuelo los meses dilatados y fijos. Sus ojos luchaban como remeros en el infinito muerto con esperanza de sueño y materia de seres saliendo del mar. De la lejanía en donde el olor de la tierra es otro y lo vespertino llega llorando en forma de oscuras amapolas. En la altura de los días inmóviles el insensible joven diurno en tu rayo de luz se dormía afirmado como en una espada. Mientras tanto crece a la sombra del largo transcurso en olvido la flor de la soledad, húmeda, extensa, como la tierra en un largo invierno.
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Fantasma
Cuando yo amo amo sin tiempo sin espacio amo muy imperfecto(así me sale) y generalmente por impulso. Amo como un espejo deformado muy desordenada, amo en secreto y bajo la lluvia amo profundo y de verdad con alma corazón y sin razón. Amo con el pensamiento más puro y bajo las tormentas oscuras de las palabras. Amo más allá de toda conspiración y los puñales que las ausencias me clavan . Amo para toda la vida o hasta mañana. ¡Qué gris frío dolor atraviesa entre relámpagos mi vida hoy al darme cuenta que nadie existe en ésta tierra que pueda amar como lo hago yo!.
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Sep 25, 2015
Sep 25, 2015 at 9:25 PM UTC
CUANDO YO AMO
Te quiero porque tienes las partes de la mujer en el lugar preciso y estás completa. No te falta ni un pétalo, ni un olor, ni una sombra. Colocada en tu alma, dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo, leche de luna en las oscuras hojas. Quizás me ves, tal vez, acaso un día, en una lámpara apagada, en un rincón del cuarto donde duermes, soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya que tus ojos, sin ti, se quedan viendo. Quizás me reconoces como una hora antigua cuando a solas preguntas, te interrogas con el cuerpo cerrado y sin respuesta. Soy una cicatriz que ya no existe, un beso ya lavado por el tiempo, un amor y otro amor que ya enterraste. Pero estás en mis manos y me tienes y en tus manos estoy, brasa, ceniza, para secar tus lágrimas que lloro. ¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba. Recoge mi cabeza. Guarda el brazo con que amé tu cintura. No me dejes en medio de tu sangre en esa toalla.
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Autonecrología v
Mañana gris. Contribuye a mi desencanto. Mis pies fríos acarician el asfalto ***** azabache. Así como su mirada. La que se pierde en la mía, profunda y tajante. Esas manchas de color Acarician mi piel y me llenan de pavor. El viento me arrastra. Corrientes oscuras. Ya no siento. Ya no pienso con cordura. Que será de mí es este mundo nuevo. En el que las aves no cantan Ni el amor es sincero. Que será de mí si ya no puedo escucharme. Mi voz no se oye. Mis gritos incansables. Existencia dudosa. Sin libertad, cadenas mordaces. Mi voz no se oye. Porque estoy encerrada. Y no puedo ni quiero escaparme De esta caja hermética que para mí fabricaste. Y no fue culpa de nadie. No intentes hacerme tuya. Las alas me cortaste Sin siquiera proponértelo. Porque mi mirada te pertenece. Mi amor por ti crece. Ansío algún dia volver a volar. Pensamientos oscuros y frialdad. La llovizna infame cae sin cesar. Son como puñaladas en el alma. La lluvia suave se lleva mi pena, Se lleva mi pesar.
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Jan 28, 2015
Jan 28, 2015 at 10:10 PM UTC
Otoño eterno.
En los caminos ensolerados y luminosos, Te veo En las mañanas, frias y blancas, Te busco En el aire dulce, que baja de las montañas azulinas, Te huelo Como el mar del sur, tempestuoso y frio, Te siento. Aquí en mi soledad infinita, como las tardes oscuras, el cielo color a hierro oxidado y ***** como la tinta de un plumero, Te espero.
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Jan 17, 2012
Jan 17, 2012 at 10:03 PM UTC
Pensamientos (Spanish/Español)
Eres tu, quien esta jugando a Dios. De entre todo tu harem de hombres puedes escoger al que mas te satisfaga. Hacer trizas los corazones de mil hombres con tan solo pronunciar ásperas palabras. Tal vez no lo demuestres, pero te encanta la idea de manipular el destino ajeno. Jugar como si fuéramos tus marionetas de carne. Reina de hielo. Amas las vistas de la tundra y su infinito abastecimiento de corazones extirpados. tripas de ángel. Es tu etérea mirada y tu sonrisa pintada de sangre. tu helada presencia. Y de tu séquito de perros hambrientos soy yo el que luce envidiosamente los huesos de las costillas famélico y añejo en promesas rotas. y el que mas te ama. Los demás son perros, esperando un pedazo de tu carne. Ávidos de una segunda oportunidad. Hambrientos de las mas oscuras y carnales intenciones.
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May 21, 2014
May 21, 2014 at 1:21 PM UTC
incansable espera o cansado de esperar.
Tristes calles derechas, agrisadas e iguales, por donde asoma, a veces, un pedazo de cielo, sus fachadas oscuras y el asfalto del suelo me apagaron los tibios sueños primaverales. Cuánto vagué por ellas, distraída, empapada en el vaho grisáceo, lento, que las decora. De su monotonía mi alma padece ahora. -¡Alfonsina! -No llames. Ya no respondo a nada. Si en una de tus casas, Buenos Aires, me muero viendo en días de otoño tu cielo prisionero no me será sorpresa la lápida pesada. Que entre tus calles rectas, untadas de su río apagado, brumoso, desolante y sombrío, cuando vagué por ellas, ya estaba yo enterrada.
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Versos a la tristeza de buenos aires
Trato de escribir en la oscuridad tu nombre. Trato de escribir que te amo. Trato de decir a oscuras todo esto. No quiero que nadie se entere, que nadie me mire a las tres de la mañana paseando de un lado a otro de la estancia, loco, lleno de ti, enamorado. Iluminado, ciego, lleno de ti, derramándote. Digo tu nombre con todo el silencio de la noche, lo grita mi corazón amordazado. Repito tu nombre, vuelvo a decirlo, lo digo incansablemente, y estoy seguro que habrá de amanecer.
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Tu nombre
A las cosas que nunca conoceré, nunca veré, nunca comprenderé ni tocaré ni abrazaré ni amaré les pido perdón por mi pequeñez. A las esquinas oscuras, profundas, tremendas, terribles y hermosas de tu alma, de tu mente, a lo más puro en ti les pido perdón por mi ceguera. A mi espalda, a mi nuca, al interior de mis uñas, a mis ojos y mis pestañas, a mis corvas y al pliege de mis talones les pido perdón por ser yo.
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Dec 20, 2012
Dec 20, 2012 at 1:10 AM UTC
Perdones.
Iremos a buscar hojas de plátano al platanar.       Se alegra el mar. Iremos a buscarlas en el camino, padre de las madejas de lino.       Se alegra el mar. Porque la luna (cumple quince años a pena) se pone blanca, azul, roja, morena.       Se alegra el mar. Porque la luna aprende consejo del mar, en perfume de nardo se quiere mudar.       Se alegra el mar. Siete varas de nardo desprenderé para mi novia de lindo pie.     Se alegra el mar. Siete varas de nardo; sólo un aroma, una sola blancura de pluma de paloma.       Se alegra el mar. Vida -le digo- blancas las desprendí, yo bien lo sé, para mi novia de lindo pie.       Se alegra el mar. Vida -le digo- blancas las desprendí. ¡No se vuelvan oscuras por ser de mí!       Se alegra el mar.
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Se alegra el mar
Volverán las oscuras golondrinas en tu balcón sus nidos a colgar, y otra vez con el ala a sus cristales         jugando llamarán.   Pero aquellas que el  vuelo refrenaban tu hermosura y mi dicha a contemplar, aquellas que aprendieron nuestros nombres...         ¡esas... no volverán!   Volverán las tupidas madreselvas de tu jardín las tapias a escalar, y otra vez a la tarde aún más hermosas         sus flores se abrirán.   Pero aquellas, cuajadas de rocío cuyas gotas mirábamos temblar y caer como lágrimas del día...         ¡esas... no volverán!   Volverán del amor en tus oídos las palabras ardientes a sonar; tu corazón de su profundo sueño         tal vez despertará.   Pero mudo y absorto y de rodillas como se adora a Dios ante su altar, como yo te he querido...; desengáñate,         ¡así... no te querrán!
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Rima liii
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Soliloquio del farero
Cómo llenarte, soledad, Sino contigo misma. De niño, entre las pobres guaridas de la tierra, Quieto en ángulo oscuro, Buscaba en ti, encendida guirnalda, Mis auroras futuras y furtivos nocturnos Y en ti los vislumbraba, Naturales y exactos, también libres y fieles, A semejanza mía, A semejanza tuya, eterna soledad. Me perdí luego por la tierra injusta Como quien busca amigos o ignorados amantes; Diverso con el mundo, Fui luz serena y anhelo desbocado, Y en la lluvia sombría o en el sol evidente Quería una verdad que a ti te traicionase, Olvidando en mi afán Cómo las alas fugitivas su propia nube crean. Y al velarse a mis ojos Con nubes sobre nubes de otoño desbordado La luz de aquellos días en ti misma entrevistos, Te negué por bien poco; Por menudos amores ni ciertos ni fingidos, Por quietas amistades de sillón y de gesto, Por un nombre de reducida cola en un mundo fantasma, Por los viejos placeres prohibidos, Como los permitidos nauseabundos, Útiles solamente para el elegante salón susurrando, En bocas de mentira y palabras de hielo. Por ti me encuentro ahora el eco de la antigua persona Que yo fui, Que yo mismo manché con aquellas juveniles traiciones; Por ti me encuentro ahora, constelados hallazgos, Limpios de otro deseo, El sol, mi dios, la noche rumorosa, La lluvia, intimidad de siempre, El bosque y su alentar pagano, El mar, el mar como su nombre hermoso; Y sobre todos ellos, Cuerpo oscuro y esbelto, Te encuentro a ti, tú, soledad tan mía, Y tú me das fuerza y debilidad Como al ave cansada los brazos de la piedra. Acodado al balcón miro insaciable el oleaje, Oigo sus oscuras imprecaciones, Contemplo sus blancas caricias; Y erguido desde cuna vigilante Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres, Por quienes vivo, aun cuando no los vea; Y así, lejos de ellos, Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres, Roncas y violentas como el mar, mi morada, Puras ante la espera de una revolución ardiente O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista. Tú, verdad solitaria, Transparente pasión, mi soledad de siempre, Eres inmenso abrazo; El sol, el mar, La oscuridad, la estepa, El hombre y su deseo, La airada muchedumbre, ¿Qué son sino tú misma? Por ti, mi soledad, los busqué un día; En ti, mi soledad, los amo ahora.
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Fue la pasada primavera, hace ahora casi un año, En un salón del viejo Temple, en Londres, Con viejos muebles. Las ventanas daban, Tras edificios viejos, a lo lejos, Entre la hierba el gris relámpago del río. Todo era gris y estaba fatigado Igual que el iris de una perla enferma. Eran señores viejos, viejas damas, En los sombreros plumas polvorientas; Un susurro de voces allá por los rincones, Junto a mesas con tulipanes amarillos, Retratos de familia y teteras vacías. La sombra que caía Con un olor a gato, Despertaba ruidos en cocinas. Un hombre silencioso estaba Cerca de mí. Veía La sombra de su largo perfil algunas veces Asomarse abstraído al borde de la taza, Con la misma fatiga Del muerto que volviera Desde la tumba a una fiesta mundana. En los labios de alguno, Allá por los rincones Donde los viejos juntos susurraban, Densa como una lágrima cayendo, Brotó de pronto una palabra: España. Un cansancio sin nombre Rodaba en mi cabeza. Encendieron las luces. Nos marchamos. Tras largas escaleras casi a oscuras Me hallé luego en la calle, Y mi lado, al volverme, Vi otra vez a aquel hombre silencioso, Que habló indistinto algo Con acento extranjero, Un acento de niño en voz envejecida. Andando me seguía Como si fuera solo bajo un peso invisible, Arrastrando la losa de su tumba; Mas luego se detuvo. «¿España?», dijo. «Un nombre. España ha muerto.» Había Una súbita esquina en la calleja. Le vi borrarse entre la sombra húmeda.
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Impresión de destierro