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"olvida" poems
Cierra la boca, Mi dulce criatura. Estas hambriento Lo puedo notar. Mas hoy no hay comida y, yo lo presiento, No la habrá en un tiempo más. Cantaré un rato,  si eso es de ayuda Siéntate quieto en éste lugar. Olvida el hambre y duerme profundo Sueña que en un banquete estás. Basta comida, música viva Corre y ve con el general. Dile que en casa los niños suplican Por una mordida                       Del más simple pan... *********translation Close your mouth, My sweet child You are hungry,   And I can tell. But today,  there is no food And I can just feel it, There won't be For another long while. I'll sing a while, if that helps a little Sit down still. Right  here,  beside me. Forget the hunger, sleep peacefully Dream that you are in a feast.   So much food, and lovely music Run to speak to the General. Tell him,  back home the children are begging For just one bite                  Of the plainest bread
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Sep 8, 2014
Sep 8, 2014 at 10:17 PM UTC
Holodomor (hunger)
Diabetes, babe Why can’t you be kind to me? I appreciate your sweetness and all. Setting my life on “reset” And making me feel like **** Diabetes, my love Can you please be nice to me? Give me a few more years to live Stop making my mouth dry Stop making ‘ama cry Diabetes, chiquito Tratame bien corazon, No me metas tentacion Por que de ver los tamales, El pozole, el salpicon Se me olvida que el suicidio Se esconde en un chicharron Diabetes, mi rey Anda pues no te hagas wey Que la dieta sea mi amiga Librame de la fatiga Y de la azucar maligna Diabetes, Let me live I want to eat cheesecake again Life without sugar is lame And equal is not so great Diabetes, babe Let me be…
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Jan 19, 2014
Jan 19, 2014 at 3:12 AM UTC
Diabetes babe
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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El seminarista de los ojos negros
Desde la ventana de un casucho viejo abierta en verano, cerrada en invierno por vidrios verdosos y plomos espesos, una salmantina de rubio cabello y ojos que parecen pedazos de cielo, mientas la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Baja la cabeza, sin erguir el cuerpo, marchan en dos filas pausados y austeros, sin más nota alegre sobre el traje ***** que la beca roja que ciñe su cuello, y que por la espalda casi roza el suelo.Un seminarista, entre todos ellos, marcha siempre erguido, con aire resuelto. La negra sotana dibuja su cuerpo gallardo y airoso, flexible y esbelto. Él, solo a hurtadillas y con el recelo de que sus miradas observen los clérigos, desde que en la calle vislumbra a lo lejos a la salmantina de rubio cabello la mira muy fijo, con mirar intenso. Y siempre que pasa le deja el recuerdo de aquella mirada de sus ojos negros. Monótono y tardo va pasando el tiempo y muere el estío y el otoño luego, y vienen las tardes plomizas de invierno.Desde la ventana del casucho viejo siempre sola y triste; rezando y cosiendo una salmantina de rubio cabello ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.Pero no ve a todos: ve solo a uno de ellos, su seminarista de los ojos negros; cada vez que pasa gallardo y esbelto, observa la niña que pide aquel cuerpo marciales arreos.Cuando en ella fija sus ojos abiertos con vivas y audaces miradas de fuego, parece decirla:  -¡Te quiero!, ¡te quiero!, ¡Yo no he de ser cura, yo no puedo serlo! ¡Si yo no soy tuyo, me muero, me muero! A la niña entonces se le oprime el pecho, la labor suspende y olvida los rezos, y ya vive sólo en su pensamiento el seminarista de los ojos negros.En una lluviosa mañana de inverno la niña que alegre saltaba del lecho, oyó tristes cánticos y fúnebres rezos; por la angosta calle pasaba un entierro.Un seminarista sin duda era el muerto; pues, cuatro, llevaban en hombros el féretro, con la beca roja por cima cubierto, y sobre la beca, el bonete ***** Con sus voces roncas cantaban los clérigos los seminaristas iban en silencio siempre en dos filas hacia el cementerio como por las tardes al ir de paseo.La niña angustiada miraba el cortejo los conoce a todos a fuerza de verlos... tan sólo, tan sólo faltaba entre ellos... el seminarista de los ojos negros.Corriendo los años, pasó mucho tiempo... y allá en la ventana del casucho viejo, una pobre anciana de blancos cabellos, con la tez rugosa y encorvado el cuerpo, mientras la costura mezcla con el rezo, ve todas las tardes pasar en silencio los seminaristas que van de paseo.La labor suspende, los mira, y al verlos sus ojos azules ya tristes y muertos vierten silenciosas lágrimas de hielo.Sola, vieja y triste, aún guarda el recuerdo del seminarista de los ojos negros...
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Los suspiros son aire y van al aire. Las lágrimas son agua y van al mar. Dime, mujer, cuando el amor se olvida,         ¿sabes tú adónde va?
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Rima xxxviii
Sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar cuantas veces yo estoy afligida esperando palabra de aliento pero es raro el momento que encuentras alguien que tenga consuelo es mas facil hallar desaliento y tristeza en la boca del hombre por que hay hombres que cuyas palabras son como golpes de espada sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar eso es ue ahy muchos que hablan bonito pero nunca hacenn nada es mas facil hallar desaliento y tristeza en la boca del hombre por que hay hombres que cuyas palabras son como golpes de espada sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar sigue adelante sigue que no te importe nada olvida el que diran pues los demas no te van a ayudar
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Nov 3, 2015
Nov 3, 2015 at 3:19 AM UTC
Pahola Marino - Sigue Adelante
Quiero que sepas una cosa. Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan. Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco. Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado. Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra. Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.
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Si tú me olvidas
Era verde el silencio, mojada era la luz, temblaba el mes de Junio como una mariposa y en el austral dominio, desde el mar y las piedras, Matilde, atravesaste el mediodía. Ibas cargada de flores ferruginosas, algas que el viento sur atormenta y olvida, aún blancas, agrietadas por la sal devorante, tus manos levantaban las espigas de arena. Amo tus dones puros, tu piel de piedra intacta, tus uñas ofrecidas en el sol de tus dedos, tu boca derramada por toda la alegría, pero, para mi casa vecina del abismo, dame el atormentado sistema del silencio, el pabellón del mar olvidado en la arena.
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Soneto xl
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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La vida sencilla
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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Hora de soledad y de melancolía, en que casi es de noche y casi no es de día. Hora para que vuelva todo lo que se fue, hora para estar triste, sin preguntar por qué. Todo empieza a morir cuando nace el olvido. Y es tan dulce buscar lo que no se ha perdido. Y es tan agria esta angustia terriblemente cierta de un gran amor dormido que de pronto despierta. Viendo pasar las nubes se comprende mejor que así como ellas cambian, va cambiando el amor, y aunque decimos: «Todo se olvida, todo pasa...», en las cenizas, a veces nos sorprende una brasa. Porque es triste creer que se secó una fuente, y que otro beba el agua que brota nuevamente; o una estrella apagada que vuelve a ser estrella, y ver que hay otros ojos que están fijos en ella. Decimos: «Todo pasa, porque todo se olvida», y el recuerdo entristece lo mejor de la vida. Apenas ha durado para amarte y perderte este amor que debía durar hasta la muerte. Fugaz como el contorno de una nube remota, tu amor nace en la espiga muriendo en la gaviota. Tu amor, cuando era mío, no me pertenecía. Hoy, aunque vas con otro, quizás eres más mía. Tu amor es como el viento que cruza de repente: Ni se ve, ni se toca, pero existe y se siente. Tu amor es como un árbol que renunció a su altura, pero cuyas raíces abarcan la llanura. Tu amor es como un viaje por el sueño de un loco, 1 porque nunca comienza ni termina tampoco. 1 Tu amor me negó siempre lo poco que pedí, y hoy me da esta alegría de estar triste por ti. Y, aunque creí olvidarte, pienso en ti todavía, cuando, aún sin ser de noche, dejó de ser de día.
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Poema para el crepúsculo
Hora de soledad y de melancolía, en que casi es de noche y casi no es de día. Hora para que vuelva todo lo que se fue, hora para estar triste, sin preguntar por qué. Todo empieza a morir cuando nace el olvido. Y es tan dulce buscar lo que no se ha perdido. Y es tan agria esta angustia terriblemente cierta de un gran amor dormido que de pronto despierta. Viendo pasar las nubes se comprende mejor que así como ellas cambian, va cambiando el amor, y aunque decimos: «Todo se olvida, todo pasa...», en las cenizas, a veces nos sorprende una brasa. Porque es triste creer que se secó una fuente, y que otro beba el agua que brota nuevamente; o una estrella apagada que vuelve a ser estrella, y ver que hay otros ojos que están fijos en ella. Decimos: «Todo pasa, porque todo se olvida», y el recuerdo entristece lo mejor de la vida. Apenas ha durado para amarte y perderte este amor que debía durar hasta la muerte. Fugaz como el contorno de una nube remota, tu amor nace en la espiga muriendo en la gaviota. Tu amor, cuando era mío, no me pertenecía. Hoy, aunque vas con otro, quizás eres más mía. Tu amor es como el viento que cruza de repente: Ni se ve, ni se toca, pero existe y se siente. Tu amor es como un árbol que renunció a su altura, pero cuyas raíces abarcan la llanura. Tu amor es como un viaje por el sueño de un loco, 1 porque nunca comienza ni termina tampoco. 1 Tu amor me negó siempre lo poco que pedí, y hoy me da esta alegría de estar triste por ti. Y, aunque creí olvidarte, pienso en ti todavía, cuando, aún sin ser de noche, dejó de ser de día.
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Vamos a gozar el sol distribuyendo sus rayos como los abrazos tiernos de la amada que hacen olvidar penas o pesares de la jornada. Disfrutemos el verano lo mismo que gozamos el inverno cuando las gotas de la lluvia ayudan a crecer los barbechos. No nos quejemos de la pobreza cuando creamos que ella consiste en a falta de dinero. Condolámonos más bien de la miseria cuando está en la falta de valor en el alma para enfrentar cada día penosas tareas. Corramos más bien a disfrutar del nacimiento y renovación de la mañana cuando se llena de colores el alba, no sea que nos suceda como a aquel que sólo desea atesorar riqueza: pierde el gusto por lo elemental, pues tiene la creencia en que todo se consigue con algo de metal; se le olvida que lo esencial es tener un poco de pan en la mesa y, al menos, el agua viva del fresco manantial. Vamos a gozar el sol o el invierno sin imprecaciones para el uno o el otro porque ellos siempre igual llegan para pobres o poderosos. (Jorge Gómez A. Julio de 1994)
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Jun 20, 2012
Jun 20, 2012 at 12:56 PM UTC
LAS COSAS QUE SE OLVIDAN
Cada uno va caminando por la vida tratando de resolver su dolor; sanando su ardiente herida se olvida del futuro y anhelante ardor. El pensamiento volando ingrávido cual mariposa temerosa en busca de luz tenue o fugaz. escapándose cuando el corazón es frágil movido por vendavales de temor o mares de calma o seguridad. A veces piensa porque vive, otras, vive porque piensa sin recordar que la circunstancia lo asiste para vivir la vida en el minuto que pertinaz resiste los arteros golpes de la aflicción o se alegra con la elemental felicidad del día. Jorge Gómez A. 1978
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Sep 27, 2013
Sep 27, 2013 at 12:41 AM UTC
PÉNDULO CARTESIANO
En medio del camino de la Vida... dijo Dante. Su verso se convierte: En medio del camino de la Muerte.Y no hay que aborrecer a la ignorada emperatriz y reina de la Nada. Por ella nuestra tela esta tejida, y ella en la copa de los sueños vierte un contrario nepente: ¡ella no olvida!
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Thanatos
Melancolía del «ayer»... Sorpresa Triste del corazón que fue cobarde... Un adiós sin motivo, y que nos pesa Cuando volver a la ilusión ya es tarde. Y el alma dice, al recordar un día: «La culpa no fue suya, sino mía». Tal vez, a solas, en el mismo instante, Ya sin que llanto a las pupilas fluya, Dirá en las sombras otra voz distante: «La culpa no fue mía, sino suya». Y las dos voces, en callado giro, Se unirán, en la noche, en un suspiro. Y queda en un azul de lontananza, Sola, una reja, que un rosal enflora, Y lo que fue de dos una esperanza, Ya, para siempre, en el dolor se llora. Y un gemido, que en llanto se disuelve, ¿Diciendo va: «La juventud no vuelve». Y enjugándonos lágrima furtiva, O en las manos oculta la cabeza Vemos que, como sombra pensativa, Se sienta a nuestro lado la Tristeza. Y el alma llora, ante esperanza trunca, Lo que ya al corazón no vuelve nunca. Entonces es el recordar... La ronda De lo pasado: la primera riña, Su dulce voz, su cabellera blonda, Y su adorable ingenuidad de niña; Y triste siente el corazón herido El dolor que nos deja un bien perdido. «¿Dónde estarás?», nos preguntamos. «¿Dónde?» «¿Pasas entre los hombres sonreída, O callado pesar en ti se esconde Si eres mitad acaso de otra vida?». Lejana voz de lo que ya no existe: ¡Cómo nos llegas desolada y triste! «¡Siempre!» decimos, y es la voz sincera; Juramos: «¡Siempre!» y el jurar no es vano; Y no es que el corazón cumplir no quiera Es porque el corazón es barro humano. El corazón ser fiel siempre ambiciona, Mas sin quererlo, siempre nos traiciona. ¿Y para qué culparnos? ¿Y en la vida Para qué disculpar promesa vana? Se dice adiós, y el corazón olvida, Pero también lo olvidarán mañana. El amor al olvido se eslabona, Y en amor, sólo es grande el que perdona.
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La romanza del recuerdo
Melancolía del «ayer»... Sorpresa Triste del corazón que fue cobarde... Un adiós sin motivo, y que nos pesa Cuando volver a la ilusión ya es tarde. Y el alma dice, al recordar un día: «La culpa no fue suya, sino mía». Tal vez, a solas, en el mismo instante, Ya sin que llanto a las pupilas fluya, Dirá en las sombras otra voz distante: «La culpa no fue mía, sino suya». Y las dos voces, en callado giro, Se unirán, en la noche, en un suspiro. Y queda en un azul de lontananza, Sola, una reja, que un rosal enflora, Y lo que fue de dos una esperanza, Ya, para siempre, en el dolor se llora. Y un gemido, que en llanto se disuelve, ¿Diciendo va: «La juventud no vuelve». Y enjugándonos lágrima furtiva, O en las manos oculta la cabeza Vemos que, como sombra pensativa, Se sienta a nuestro lado la Tristeza. Y el alma llora, ante esperanza trunca, Lo que ya al corazón no vuelve nunca. Entonces es el recordar... La ronda De lo pasado: la primera riña, Su dulce voz, su cabellera blonda, Y su adorable ingenuidad de niña; Y triste siente el corazón herido El dolor que nos deja un bien perdido. «¿Dónde estarás?», nos preguntamos. «¿Dónde?» «¿Pasas entre los hombres sonreída, O callado pesar en ti se esconde Si eres mitad acaso de otra vida?». Lejana voz de lo que ya no existe: ¡Cómo nos llegas desolada y triste! «¡Siempre!» decimos, y es la voz sincera; Juramos: «¡Siempre!» y el jurar no es vano; Y no es que el corazón cumplir no quiera Es porque el corazón es barro humano. El corazón ser fiel siempre ambiciona, Mas sin quererlo, siempre nos traiciona. ¿Y para qué culparnos? ¿Y en la vida Para qué disculpar promesa vana? Se dice adiós, y el corazón olvida, Pero también lo olvidarán mañana. El amor al olvido se eslabona, Y en amor, sólo es grande el que perdona.
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Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre; en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar. Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo para siempre duerma en paz.Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida, y el marinero allí olvida la tormenta que pasó; allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo, allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor.Soy melancólico sauce que su ramaje doliente inclina sobre la frente que arrugara el padecer, y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía mientras el ala sombría bate el olvido sobre él.Soy la virgen misteriosa de los últimos amores, y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor, y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía; no doy placer ni alegría, más es eterno mi amor.En mi la ciencia enmudece, en mi concluye la duda y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad; y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano cuando al fin abre mi mano la puerta a la eternidad.Ven y tu ardiente cabeza entre mis manos reposa; tu sueño, madre amorosa; eterno regalaré; ven y yace para siempre en blanca cama mullida, donde el silencio convida al reposo y al no ser.Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza; mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó; mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias, y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión.Cierre mi mano piadosa tus ojos al blanco sueño, y empape suave beleño tus lágrimas de dolor. Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos, apagando los latidos de tu herido corazón.
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Canción de la muerte
Débil mortal no te asuste mi oscuridad ni mi nombre; en mi seno encuentra el hombre un término a su pesar. Yo, compasiva, te ofrezco lejos del mundo un asilo, donde a mi sombra tranquilo para siempre duerma en paz.Isla yo soy del reposo en medio el mar de la vida, y el marinero allí olvida la tormenta que pasó; allí convidan al sueño aguas puras sin murmullo, allí se duerme al arrullo de una brisa sin rumor.Soy melancólico sauce que su ramaje doliente inclina sobre la frente que arrugara el padecer, y aduerme al hombre, y sus sienes con fresco jugo rocía mientras el ala sombría bate el olvido sobre él.Soy la virgen misteriosa de los últimos amores, y ofrezco un lecho de flores, sin espina ni dolor, y amante doy mi cariño sin vanidad ni falsía; no doy placer ni alegría, más es eterno mi amor.En mi la ciencia enmudece, en mi concluye la duda y árida, clara, desnuda, enseño yo la verdad; y de la vida y la muerte al sabio muestro el arcano cuando al fin abre mi mano la puerta a la eternidad.Ven y tu ardiente cabeza entre mis manos reposa; tu sueño, madre amorosa; eterno regalaré; ven y yace para siempre en blanca cama mullida, donde el silencio convida al reposo y al no ser.Deja que inquieten al hombre que loco al mundo se lanza; mentiras de la esperanza, recuerdos del bien que huyó; mentiras son sus amores, mentiras son sus victorias, y son mentiras sus glorias, y mentira su ilusión.Cierre mi mano piadosa tus ojos al blanco sueño, y empape suave beleño tus lágrimas de dolor. Yo calmaré tu quebranto y tus dolientes gemidos, apagando los latidos de tu herido corazón.
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Vivir es caminar breve jornada, Y muerte viva es, Lico, nuestra vida, Ayer al frágil cuerpo amanecida, Cada instante en el cuerpo sepultada: Nada, que siendo, es poco, y será nada En poco tiempo, que ambiciosa olvida, Pues de la vanidad mal persuadida Anhela duración, Tierra animada. Llevada de engañoso pensamiento, Y de esperanza burladora y ciega, Tropezará en el mismo monumento, Como el que divertido el Mar navega, Y sin moverse vuela con el viento, Y antes que piense en acercarse, llega.
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Descuido del divertido vivir, a quien la muerte llega impensada
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Adúltera
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas, Que eí hombre olvida al verte, enamorado, Que son tus ojos negros dos estrellas Veladas por la sombra del pecado. Y no turbas, hipócrita, el reposo Del pobre hogar con que tu falta escudas, Porque a besar te atreves al esposo, Como besara a Jesucristo Judas. ¡Aun sus flores te dan las primaveras, Y ya tienes el alma envilecida! Ya llegarás a ver, aunque no quieras, El horizonte oscuro de tu vida. Desdeñas los sagrados embelesos Del casto hogar de la mujer honrada, Y audaz ostentas, al vender tus besos, Las llamas del infierno en tu mirada. Manchas el suelo que tu planta pisa, Y manchas lo que tocas con tu mano. Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa, Y Mesalina su perfil romano. Brota el deleite de tus labios rojos; Se aparta la virtud a tu presencia, Porque negras, más negras que tus ojos, Tienes, mujer, el alma y la conciencia. Rosas de abril parecen tus mejillas, Mármol de Paros tu ondulante seno; Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas Son de barro no más, no más de cieno. Reina del mal, tú tienes por diadema La infamia, que con nada se redime. ¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema! ¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime! Tienen las gracias con que al mundo halagas, Precio vil en mercados repugnantes; ¡Y te envaneces de cubrir tus llagas Con seda recamada de brillantes! En este siglo en que el honor campea, No te ha de perdonar ni el vulgo necio. Hieren más que las piedras de Judea Los dardos de la burla y del desprecio. Mañana, enferma, pobre, abandonada, De la mundana compasión proscrita; El Honor, cuando mueras humillada, Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
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Quise tocar el gozo primitivo, batir mis alas, trasponer la linde y volver, al origen, desde el fin de mi juventud, para sentirme vivo. Quise reverdecer el viejo olivo de la paz, pero el alma se me rinde. ¿Quién es sin su dolor? ¿Quién que no brinde, sin pena, su ayer libre a su hoy cautivo? Y ¿quién se adueñará de la armonía universal, si rompe, nota a nota, grano a grano, el racimo, los acordes? ¿Quién se olvida que es cuna y tumba, día y noche, honda raíz y flor que brota, luz, sombra, vida y muerte hasta los bordes?
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Armonía
Quiero que tomes mi mano y me sigas, pero no me preguntes a donde si no la magia se iría. Quiero que viajemos mil lunas en una noche, solo acostados mientras nuestras manos se juntan con algunos roces. Quiero que la espontaneidad brote, que me tires a la cama, me desvistas y me tomes. Quiero que me consumas, que en una noche me hagas mil veces tuya. Quiero ser esa mujer, la que saca lo mejor de ti pero jamás olvida el hombre que solías ser. Quiero que me regales todas tus sonrisas, prometo guárdalas en una caja para cuando me sienta triste abrirla. Quiero que seas y ser. Quiero una larga y plena vida junto al amor de mi vida.
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Jun 6, 2014
Jun 6, 2014 at 12:11 AM UTC
Para el
No puede ser, no lo creo, Que te he desatendido Tanto tiempo, A veces pasan los días Como si fuesen solo minutos, Pero no creas que te he olvidado Aunque no estés en mi cabeza Siempre estás en mi corazón, Bajo llave bajo candado Como en una de esas cajas fuertes Para los relojes, las pistolas, las joyas Todo lo valioso, porque eso eres tú Lo más valioso para mí, y si no me crees Pues intentaré demostrártelo nuevamente Como cada nuevo día le demuestra al mundo Que no lo olvida por la noche, ¿Acaso no le deja una luz prendida En la luna hasta al amanecer? Así espero queden estas palabras Clavadas como las luces que ponen Las personas en el caminito hacia sus casas, Cuando tus días se oscurecen, recuérdalas… © okpoet
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Feb 19, 2013
Feb 19, 2013 at 10:47 PM UTC
Recuérdalas...
A la cálida vida que transcurre canora con garbo de mujer sin letras ni antifaces, a la invicta belleza que salva y que enamora, responde, en la embriaguez de la encantada hora, un encono de hormigas en mis venas voraces. Fustigan el desmán del perenne hormigueo el pozo del silencio y el enjambre del ruido, la harina rebanada como doble trofeo en los fértiles bustos, el Infierno en que creo, el estertor final y el preludio del nido. Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo y han de huir de mis pobres y trabajados dedos cual se olvida en la arena un gélido bagazo; y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos, tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno, tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo como réproba llama saliéndose de un horno, en una turbia fecha de cierzo gemebundo en que ronde la luna porque robarte quiera, ha de oler a sudario y a hierba machacada, a droga y a responso, a pabilo y a cera. Antes de que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca a que apuren los viáticos del sanguinario fruto que desde sarracenos oasis me provoca. Antes de que tus labios mueran, para mi luto, dámelos en el crítico umbral del cementerio como perfume y pan y tósigo y cauterio.
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Hormigas
Y entonces me pegó como una de esas cosas que no te esperas, directo en lo que les gusta llamar corazón, en el que has estado revolviendo y resolviendo últimamente. ¿Cómo es que no te vas de mi mente? Y vaya que me he estado hundiendo en la densidad de la necesidad de huir de esta ciudad, pero apareces y me congelo. Es tu nombre, tu voz, tu esencia, tu confusión. Mi confusión. Se me olvida la depresión, la represión. Que te quiero como posesión pero sin serlo, te quiero cerca y te quiero lejos. Te quiero aquí o allá. Qué fácil se me hace darlo todo cuando se trata de ti, y qué difícil soltar tan poco cuando se trata de ti. ¿Ves mis contradicciones? Que si es contigo, yo voy. Y si es sin ti, yo dudo y dudo y dudo. Ni la más clara de mis decisiones ni el más grande de mis anhelos topan el suelo en la balanza de mis prioridades si viene a dar contigo. Si comienza con tu nombre, termina con el mío, y si comienza con el mío, me las arreglo de que tú conmigo. ¿Trotar mundos? Con vos, solo si somos dos. ¿Trotar mundos? Con voz, sólo si somos dos.
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Jun 18, 2014
Jun 18, 2014 at 6:04 PM UTC
Untitled
Tranquila deambula, Rapidamente levanta la vista Al escuchar su nombre "Ya no pienso en él" Dice con evidente nervio. Por atras oculto Bajo el matorral de gente Con un ramo de rosas Deja caer una lagrima Con nuca y ramo de confusion Como testigos, olvida el ojalá. El tiempo se vuelve juez, Y el rechazo la condena
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Nov 4, 2014
Nov 4, 2014 at 10:49 PM UTC
El Ramo
De Francia partió la niña,   de Francia la bien guarnida, íbase para París,   do padre y madre tenía. Errado lleva el camino,   errada lleva la guía, arrimárase a un roble   por esperar compañía. Vio venir un caballero   que a París lleva la guía. La niña, desque lo vido,   de esta suerte le decía: -Si te place, caballero,   llévesme en tu compañía. -Pláceme, dijo, señora,   pláceme, dijo, mi vida. Apeóse del caballo   por hacerle cortesía; puso la niña en las ancas   y él subiérase en la silla. En el medio del camino   de amores la requería. La niña, desque lo oyera,   díjole con osadía: -Tate, tate, caballero,   no hagáis tal villanía, hija soy de un malato   y de una malatía, el hombre que a mi llegase   malato se tornaría. El caballero, con temor,   palabra no respondía. A la entrada de París   la niña se sonreía. -¿De qué vos reís, señora?   ¿De qué vos reís, mi vida? -Ríome del caballero   y de su gran cobardía: ¡tener la niña en el campo   y catarle cortesía!Caballero, con vergüenza,   estas palabras decía: -Vuelta, vuelta, mi señora,   que una cosa se me olvida. La niña, como discreta,   dijo: -Yo no volvería, ni persona, aunque volviese,   en mi cuerpo tocaría: hija soy del rey de Francia   y la reina Constantina, el hombre que a mí llegase   muy caro le costaría.
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Romance de la hija del rey de francia
Tras de la reja abierta entre los muros, La tierra negra sin árboles ni hierba, Con bancos de madera donde allá en la tarde Se sientan silenciosos unos viejos. En torno están las casas, cerca hay tiendas, Calles por las que juegan niños, y los trenes Pasan al lado de las tumbas. Es un barrio pobre. Como remiendos de las fachadas grises, Cuelgan en las ventanas trapos húmedos de lluvia. Borradas están ya las inscripciones De las losas con muertos de dos siglos, Sin amigos que les olvide, muertos Clandestinos. Mas cuando el sol despierta, Porque el sol brilla algunos días de junio, En lo hondo algo deben sentir los huesos viejos. Ni una hoja ni un pájaro. La piedra nada más. La tierra. ¿Es el infierno así? Hay dolor sin olvido, Con ruido y miseria, frío largo y sin esperanza. Aquí no existe el sueño silencioso De la muerte, que todavía la vida Se agita entre estas tumbas, como una prostituta Prosigue su negocio bajo la noche inmóvil. Cuando la sombra cae desde el cielo nublado Y el humo de las fábricas se aquieta En polvo gris, vienen de la taberna voces, Y luego un tren que pasa Agita largos ecos como bronce iracundo. No es el juicio aún, muertos anónimos. Sosegaos, dormid; dormid, si es que podéis. Acaso Dios también se olvida de vosotros.
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Cementerio en la ciudad
me juro mil veces en vano que no te dirigiré ni una mirada, ni una palabra pero sin pensarlo ahí estamos otra vez, con solo verte llegar se me olvidan las horas esperando una señal, una palabra, una mirada; se me olvida que ayer no dormí, por querer de almohada tus costillas; que hoy no comí, por querer probar tus labios, que mañana no viviré, por querer vivir en ti… y todo eso se me escapa, al tenerte otra vez aquí, y sin pensarlo, vuelvo a soñar, saborear y respirar.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:47 AM UTC
Vuelvo