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"novia" poems
Mi' Padre' was stabbed in a bar fight. The cantina is the deepest of wells. Mi' Madre' put mi' ropa in la mochila. La pandillas tiene mi' hermano - He fell. Madre' sold her finest of silver To buy maquillaje to color my face. She said, "Better that you should have her" To the man who had come from The United States. Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore. I was but only sixteen. I had never been touched before. There I was in such a new land, Our cothes crumpled on the floor. The whole time I kept my eyes closed. I longed for mi' familia and home. He held me and slumbered when it was over. My tears were hot and I felt so alone. . Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore. I was told to learn to speak English. To abandon the language I knew. I did not speak of my heritage, It was better that I was kept from view. I learned to cook like an American wife, And soon I could speak like the rest. It was difficult, but I learned how to fit in. I even changed the way that I dressed. Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore. These days, I spend keeping shop, When the children are still at the school. They are the heart of my life. They are named Sally and Raul. The nights are the hardest to get through. I still dream of my other life, Before I was given to my husband. But I love him now, I am his wife. But, I remember when - Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore.
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Apr 28, 2015
Apr 28, 2015 at 2:20 AM UTC
Nina Novia
Mi' Padre' was stabbed in a bar fight. The cantina is the deepest of wells. Mi' Madre' put mi' ropa in la mochila. La pandillas tiene mi' hermano - He fell. Madre' sold her finest of silver To buy maquillaje to color my face. She said, "Better that you should have her" To the man who had come from The United States. Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore. I was but only sixteen. I had never been touched before. There I was in such a new land, Our cothes crumpled on the floor. The whole time I kept my eyes closed. I longed for mi' familia and home. He held me and slumbered when it was over. My tears were hot and I felt so alone. . Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore. I was told to learn to speak English. To abandon the language I knew. I did not speak of my heritage, It was better that I was kept from view. I learned to cook like an American wife, And soon I could speak like the rest. It was difficult, but I learned how to fit in. I even changed the way that I dressed. Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore. These days, I spend keeping shop, When the children are still at the school. They are the heart of my life. They are named Sally and Raul. The nights are the hardest to get through. I still dream of my other life, Before I was given to my husband. But I love him now, I am his wife. But, I remember when - Yo era una nina novia. El era un hombre mayor. I wanted to run away fast, go back home, But nothing was there for me anymore.
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Setenta balcones hay en esta casa, setenta balcones y ninguna flor. ¿A sus habitantes, Señor, qué les pasa? ¿Odian el perfume, odian el color? La piedra desnuda de tristeza agobia, ¡Dan una tristeza los negros balcones! ¿No hay en esta casa una niña novia? ¿No hay algún poeta bobo de ilusiones? ¿Ninguno desea ver tras los cristales una diminuta copia de jardín? ¿En la piedra blanca trepar los rosales, en los hierros negros abrirse un jazmín? Si no aman las plantas no amarán el ave, no sabrán de música, de rimas, de amor. Nunca se oirá un beso, jamás se oirá una clave... ¡Setenta balcones y ninguna flor!
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Setenta balcones y ninguna flor
Estoy en túnel Como estoy en boda, detrás De un velo ***** La oscuridad me abraza: mi novia nueva Pero veo una luz Y ¡Corro! ¡Corro! Corro a la luz Pero cuando llego a la luz Veo ¡Matador! ¡Matador! Mi verdugo, vestido en luces Una esponja para las hurras De una gente sanguinaria Veo tu cara y sé: voy a morir hoy Pero si voy a matar es una cosa diferente Para ti nuestro intercambio solo es un juego Para mi es una guerra Si gano será una victoria pírrica Donde seré la pérdida sola: Vivirás para siempre en memoria Yo habré sido solo carne de res Te esconderás detrás De tus amigos montados: Sus banderillas me hacen Parecer como puercoespín Y seré débil cuando me peleas finalmente: El protagonista es un cobarde. Y yo soy el carácter solo quien sabe la verdad: La verdad muere conmigo Mis cuernos no son armas o herramientas Son símbolos del orgullo de la familia mía Un orgullo te diezmas cuando me tomas para deporte Lucho con mi orgullo, mi hoja más afilado Toso y toso y toso Pero no puedo desbancar tu espada Mi espalda es una cadena rota Mi orgullo untado en la arena: Vomito mi sangre para una vez más Para ensuciar tus manos Porque en los ojos de tu familia eres limpio Y eso no puede estar Más lejos de la realidad Entonces, muero Debajo de las luces Escuchando de las gritas de ¡TORO! ¡Toro! toro… La oscuridad es mi novia nueva
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Jun 29, 2013
Jun 29, 2013 at 3:44 PM UTC
Corrida
Me desaciste y me hiciste humano otra vez, con el silencio de una azul rosa y la terminación de una seńal, y la ortografia de tu cuerpo, la ****** que oculta mi novia...
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Jun 10, 2014
Jun 10, 2014 at 5:32 PM UTC
Squared to be circled
Se llama Blanca Novoa La conoci un jueves Fue mi amante mi pasado La puse a un lado Tenia un corazon sencillo Estaba lista bien al tiro Pienso mucho de mi hijo Cuando lo miro, yo suspiro Profundo, respiro auxilio Mi ex novia, un dia fue mia Me trato al cien, muy bien Machin, sin fin los dos, Felizes, pero el cielo triste Me viste, despues te salistes, Nunca supe de ti, Me dejastes al olvido, Bien ahogado y undido, Solo pido, ver a mi jemelito Chikito, el que carga mi Pito con gran sonido, Y mi wuebos colgando, volando te mando si sigues chingando, la neta dejame ver mi chamaco, hoy lo veras te aplaco y te trago como un taco, soy loco no naco, pinchi parajo opaco, regresame a mi nino santiago, lo extrano mucho pero ya es muy tarde, lo secuestraste, te lo llevastes y guardastes, para hirte bien lejos de mi, llevandote mi papi chulo, y despues darme una patada en el culo, me abandonaste, al suelo me tirastes, y me rebatastes mi vida, luego fuego me hechastes, y con lumbreme cuemastes, pero yo se que eres un angel, fuistes  dulce como miel siempre fiel, pero bien herida de los golpes de la vida, del mundo llenando tu corazon oscuro con lagrimas y dolor, tu sangre se lleno de ardor, y te convertistes en serpiente, no fuiste tu tenlo presente, perdiste, lo tengo en mente, eres buena pero al fin el mundo te tumbo a lo profundo rapido en segundos, nomas te pido a mi squinkle, para comprarle su favorito chickle, y darle de comer su gerber, cuidarlo en mis manos, estar con el todos mis anos, mi duele un chingo solo me chupastes mi energia, dejandome una gran herida, fui solo tu bebida, gatorade laid & paid tu emergency aid, me dejastes dormido sin energia, con tu saliva, tan viva, como una divina diva, me sentia bien arriba, pero mas adelante no encontraba salida, perdido escondido super prendido, dame lo que me pertenece, dios me bendicio con mi gallo damelo o sino te lo arrebato!!!
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May 19, 2015
May 19, 2015 at 7:33 PM UTC
Blanca Nieves
Se llama Blanca Novoa La conoci un jueves Fue mi amante mi pasado La puse a un lado Tenia un corazon sencillo Estaba lista bien al tiro Pienso mucho de mi hijo Cuando lo miro, yo suspiro Profundo, respiro auxilio Mi ex novia, un dia fue mia Me trato al cien, muy bien Machin, sin fin los dos, Felizes, pero el cielo triste Me viste, despues te salistes, Nunca supe de ti, Me dejastes al olvido, Bien ahogado y undido, Solo pido, ver a mi jemelito Chikito, el que carga mi Pito con gran sonido, Y mi wuebos colgando, volando te mando si sigues chingando, la neta dejame ver mi chamaco, hoy lo veras te aplaco y te trago como un taco, soy loco no naco, pinchi parajo opaco, regresame a mi nino santiago, lo extrano mucho pero ya es muy tarde, lo secuestraste, te lo llevastes y guardastes, para hirte bien lejos de mi, llevandote mi papi chulo, y despues darme una patada en el culo, me abandonaste, al suelo me tirastes, y me rebatastes mi vida, luego fuego me hechastes, y con lumbreme cuemastes, pero yo se que eres un angel, fuistes  dulce como miel siempre fiel, pero bien herida de los golpes de la vida, del mundo llenando tu corazon oscuro con lagrimas y dolor, tu sangre se lleno de ardor, y te convertistes en serpiente, no fuiste tu tenlo presente, perdiste, lo tengo en mente, eres buena pero al fin el mundo te tumbo a lo profundo rapido en segundos, nomas te pido a mi squinkle, para comprarle su favorito chickle, y darle de comer su gerber, cuidarlo en mis manos, estar con el todos mis anos, mi duele un chingo solo me chupastes mi energia, dejandome una gran herida, fui solo tu bebida, gatorade laid & paid tu emergency aid, me dejastes dormido sin energia, con tu saliva, tan viva, como una divina diva, me sentia bien arriba, pero mas adelante no encontraba salida, perdido escondido super prendido, dame lo que me pertenece, dios me bendicio con mi gallo damelo o sino te lo arrebato!!!
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Mi Chica Española Novia Your body a rose But a full bloom sanctuary Of goodies Por favor me perdon Good deeds I mean Catch My starving lust You a saucy serpent But then a saint Wet my lips a kiss And quench their dryness Hiss Into mine ears your secrets Canndie I mean candidly Woo! I lied,what I meant was candies Shhhhh! Just sweet my tongue your candy And salve my sores For amidst my fantasies I hold a thought Yea,the ****** your lips bring,as you licks Por Dios This Is what the oceans call tender When they row at the banks Violeta The desires you print in mine eyes I mean not the color Lo siento me olvidé You're a scholar,I should know Now Drench me depths But so abyss your Eróticos And dignify mine passions Dignify my decays With the very romance your language cuddles Gracias Mi Chica Española ©Historian E.Lexano
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Nov 25, 2015
Nov 25, 2015 at 4:18 PM UTC
Mi Chica Espanola
Voy a contarte en secreto quién soy yo, así, en voz alta, me dirás quién eres, quiero saber quién eres, cuánto ganas, en qué taller trabajas, en qué mina, en qué farmacia, tengo una obligación terrible y es saberlo, saberlo todo, día y noche saber cómo te llamas, ése es mi oficio, conocer una vida no es bastante ni conocer todas las vidas es necesario, verás, hay que desentrañar, rascar a fondo y como en una tela las líneas ocultaron, con el color, la trama del tejido, yo borro los colores y busco hasta encontrar el tejido profundo, así también encuentro la unidad de los hombres, y en el pan busco más allá de la forma: me gusta el pan, lo muerdo, y entonces veo el trigo, los trigales tempranos, la verde forma de la primavera las raíces, el agua, por eso más allá del pan, veo la tierra, la unidad de la tierra, el agua, el hombre, y así todo lo pruebo buscándote en todo, ando, nado, navego hasta encontrarte, y entonces te pregunto cómo te llamas, calle y número, para que tú recibas mis cartas, para que yo te diga quién soy y cuánto gano, dónde vivo, y cómo era mi padre. Ves tú qué simple soy, qué simple eres, no se trata de nada complicado, yo trabajo contigo, tú vives, vas y vienes de un lado a otro, es muy sencillo: eres la vida, eres tan transparente como el agua, y así soy yo, mi obligación es ésa: ser transparente, cada día me educo, cada día me peino pensando como piensas, y ando como tú andas, como, como tú comes, tengo en mis brazos a mi amor como a tu novia tú, y entonces cuando esto está probado, cuando somos iguales escribo, escribo con tu vida y con la mía, con tu amor y los míos, con todos tus dolores y entonces ya somos diferentes porque, mi mano en tu hombro, como viejos amigos te digo en las orejas; no sufras, ya llega el día, ven, ven conmigo, ven con todos los que a ti se parecen, los más sencillos, ven, no sufras, ven conmigo, porque aunque no lo sepas, eso yo sí lo sé: yo sé hacia dónde vamos, y es ésta la palabra: no sufras porque ganaremos, ganaremos nosotros, los más sencillos, ganaremos, aunque tú no lo creas, ganaremos.
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Oda al hombre sencillo
Voy a contarte en secreto quién soy yo, así, en voz alta, me dirás quién eres, quiero saber quién eres, cuánto ganas, en qué taller trabajas, en qué mina, en qué farmacia, tengo una obligación terrible y es saberlo, saberlo todo, día y noche saber cómo te llamas, ése es mi oficio, conocer una vida no es bastante ni conocer todas las vidas es necesario, verás, hay que desentrañar, rascar a fondo y como en una tela las líneas ocultaron, con el color, la trama del tejido, yo borro los colores y busco hasta encontrar el tejido profundo, así también encuentro la unidad de los hombres, y en el pan busco más allá de la forma: me gusta el pan, lo muerdo, y entonces veo el trigo, los trigales tempranos, la verde forma de la primavera las raíces, el agua, por eso más allá del pan, veo la tierra, la unidad de la tierra, el agua, el hombre, y así todo lo pruebo buscándote en todo, ando, nado, navego hasta encontrarte, y entonces te pregunto cómo te llamas, calle y número, para que tú recibas mis cartas, para que yo te diga quién soy y cuánto gano, dónde vivo, y cómo era mi padre. Ves tú qué simple soy, qué simple eres, no se trata de nada complicado, yo trabajo contigo, tú vives, vas y vienes de un lado a otro, es muy sencillo: eres la vida, eres tan transparente como el agua, y así soy yo, mi obligación es ésa: ser transparente, cada día me educo, cada día me peino pensando como piensas, y ando como tú andas, como, como tú comes, tengo en mis brazos a mi amor como a tu novia tú, y entonces cuando esto está probado, cuando somos iguales escribo, escribo con tu vida y con la mía, con tu amor y los míos, con todos tus dolores y entonces ya somos diferentes porque, mi mano en tu hombro, como viejos amigos te digo en las orejas; no sufras, ya llega el día, ven, ven conmigo, ven con todos los que a ti se parecen, los más sencillos, ven, no sufras, ven conmigo, porque aunque no lo sepas, eso yo sí lo sé: yo sé hacia dónde vamos, y es ésta la palabra: no sufras porque ganaremos, ganaremos nosotros, los más sencillos, ganaremos, aunque tú no lo creas, ganaremos.
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Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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La obra de jehová
Cuando todas las cosas existían sin nombre, bajo el azul intacto de los cielos serenos, Jehová le dio músculos poderosos al hombre, y a la mujer los senos. Esa, sin duda alguna, fue su obra más alta; esa ha sido, sin duda, su más perfecta obra: con ella, a la mujer nada le sobra; sin ella, a la mujer todo le falta. Senos que pugnan por erguir sus conos, rebeldemente erectos tras la tela; senos agudos como dos enconos, como dos rutas blancas que nacen de una estela. Senos que ostentan terciopelos rubios, como la piel de los melocotones, y que fingen minúsculos Vesubios, creciendo horizontales sobre los corazones. Tímidos senos de las colegialas, que, en su gemela redondez de frutos, sugieren temblorosos nacimientos de alas a la salida de los Institutos. Senos de novia casta, traviesamente austeros, que excitan en la sombra los goces solitarios de los adolescentes y de los marineros, de los seminaristas y de los presidiarios. Toscos pechos de aldeana, que estiran los cordones del corpiño; pechos en los que triunfa la carne firme y sana, la incitación del hombre y la salud del niño. Pechos macizos de las solteronas, que, en los hondos escotes del verano, exhiben sus prestigios de inexploradas zonas y su angustia de surco que floreciera en vano. Senos exangües de la obrera, senos de ayunos largos y de higienes precarias; senos que disfrutaron de fugaz primavera sobre los mostradores de madera o entre el resuello de las maquinarias. Senos ajados de la prostituta, que la ruda caricia despojó de su seda, tal como se despoja de corteza una fruta, después de haber pagado por ella una moneda. Senos de extrañas razas y de remotos climas, bajo lunas de nieve, bajo soles de brasa... Senos que son dos inquietantes rimas, senos que son dos temblorosas cimas en la mujer que llega y en la mujer que pasa... Senos que, en el más noble sacrificio, en las maternidades magullaron sus flores, y, en una primavera de artificio, aún logran el consuelo de un esplendor ficticio con la falsa apariencia de los ajustadores. Senos que se alzan sólidos tras la blusa ceñida, o bajo una inconsútil transparencia de encaje; senos que fueron lo mejor de un viaje, y que son, casi siempre, lo mejor de la vida. Sí: hizo bien Jehová, cuando, a la clara fulguración primera de los cielos serenos, le otorgó a la mujer la gloria de los senos, ¡y los ojos al hombre, para que los mirara!
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Tener mente de escritor es probablemente una de las más grandes maldiciones que se le puede concebir a una persona. Primero; comienzas a cuestionar todo a tu alrededor, no pierdes ni un detalle. Ya no es buscar a tu novia, que vive pasando la esquina. Es despertar; ver que el día está algo nublado. Pensar que las nubes grises te gustan y te causan paz y eso te causa cierta bohemia y te da ganas de escribir algo. Ya no es caminar; es andar. Andar viendo el suelo y pensar: "Mis pasos son lentos... a mi alrededor todo es taciturno. Las nubes, oh, dulces nubes. Dulces pero amargas formas que luego destruirán el cielo y mojaran la arena con su transparente sangre". Segundo; no es ver a tu novia esperando en su puerta; es: "Y ahí estaba ella... tan hermosa... tan delicada. Tan irreal que me causaba gozo sólo existir para poder verla a la vuelta de la esquina...". Ahora, imaginemos aplicar éste principio mórbido e involuntario a cada aspecto de la vida. Tener mente de escritor es probablemente una de las más grandes maldiciones que se le puede concebir a una persona.
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Jun 19, 2014
Jun 19, 2014 at 7:20 PM UTC
Mente de escritor.
¡Oh mi Musa! ¡Oh mi novia! ¡Oh mi pálida amada! Cuando el pesar mi corazón agobia, Como aurora me alumbra tu mirada. Del alma tú naciste, Creada en un delirio; Te di griego perfil, mirada triste, Cabellos rubios y color de lirio. Cuando tu pie se mueve Y a mí llegas en calma, Parece que vinieras de la nieve Y demandaras el calor de un alma. Indefinible encanto Hay en tu rostro impreso. Calla en mi alma del amor el canto, Muere en mis labios el ardiente beso. Siempre a mi voz respondes, Y a mí estás tan unida Que ni misterios en tu pecho escondes Ni hay para tí secretos en mi vida. Cuando a mi lado veo Tu faz radiante y bella, No me enciende la llama del deseo: Mi amor es rayo de lejana estrella. Llegas a mí sin ruido En noches estrelladas, Y tu mano en mis manos, al oído Me refieres leyendas y baladas. Y el paseo emprendemos Al rayo de la luna; Y cantando al compás de nuestros remos Bogamos en la diáfana laguna. En selvas rumorosas Te oigo historias secretas: Lo que sueñan las vírgenes hermosas, Lo que sueñan los pálidos poetas. A los silfos dormidos Tú, trémula, apostrofas, Y surgen de los cármenes floridos, Cual mariposas blancas, las estrofas. Y en castillos feudales, De góticas arcadas, Me narras los torneos medioevales Y cuentos de princesas encantadas. Mi Musa es Musa casta, Musa con aureola: Como su amor a mi ternura basta Reina en mi pecho, inmaculada y sola. ¡Oh novia sin engaños! ¡Oh Musa soñadora! Di siempre la canción de los veinte años En el fondo del alma que te adora.
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Mi musa
¡Oh mi Musa! ¡Oh mi novia! ¡Oh mi pálida amada! Cuando el pesar mi corazón agobia, Como aurora me alumbra tu mirada. Del alma tú naciste, Creada en un delirio; Te di griego perfil, mirada triste, Cabellos rubios y color de lirio. Cuando tu pie se mueve Y a mí llegas en calma, Parece que vinieras de la nieve Y demandaras el calor de un alma. Indefinible encanto Hay en tu rostro impreso. Calla en mi alma del amor el canto, Muere en mis labios el ardiente beso. Siempre a mi voz respondes, Y a mí estás tan unida Que ni misterios en tu pecho escondes Ni hay para tí secretos en mi vida. Cuando a mi lado veo Tu faz radiante y bella, No me enciende la llama del deseo: Mi amor es rayo de lejana estrella. Llegas a mí sin ruido En noches estrelladas, Y tu mano en mis manos, al oído Me refieres leyendas y baladas. Y el paseo emprendemos Al rayo de la luna; Y cantando al compás de nuestros remos Bogamos en la diáfana laguna. En selvas rumorosas Te oigo historias secretas: Lo que sueñan las vírgenes hermosas, Lo que sueñan los pálidos poetas. A los silfos dormidos Tú, trémula, apostrofas, Y surgen de los cármenes floridos, Cual mariposas blancas, las estrofas. Y en castillos feudales, De góticas arcadas, Me narras los torneos medioevales Y cuentos de princesas encantadas. Mi Musa es Musa casta, Musa con aureola: Como su amor a mi ternura basta Reina en mi pecho, inmaculada y sola. ¡Oh novia sin engaños! ¡Oh Musa soñadora! Di siempre la canción de los veinte años En el fondo del alma que te adora.
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Te me dijiste que me amas debajo del sauce llorón un día en el verano... Te me dijiste que me amas cuando el cielo fue lo más azul y el viento nos abrazó suavemente... Te me dijiste que me amas cuando me visitaste aquel verano y en un mensaje cuando me dejaste en el fin del verano.. Y no me lo dijiste de nuevo. pero si lo dijiste a la novia que nunca supe que tuviste.
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Nov 4, 2014
Nov 4, 2014 at 10:05 AM UTC
Debajo del sauce llorón
Agua limpia, clara, clara, clara, tan limpia y tan clara que parece cristal, tan clara y tan limpia que yo la deseara convertida en la tela de un vestido nupcial. ¡Qué feliz la novia rubia que lo usara! Tendría que ser buena, hermosa y virginal. ¿Se concibe nada más bello que agua clara transformada en la tela de un vestido nupcial? ¡Qué pena que no haya en nuestro siglo, hadas! Que se hayan concluido todas las encantadas madrinas que creara la fábula oriental. ¡Yo quisiera un vestido hecho con agua clara! ¡Yo quisiera un vestido tal como lo soñara mirando esa corriente que parece cristal!
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La corriente de cristal
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a cada lado disputando tu novia y las abejas. Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.
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Elegía
Yo quiero ser llorando el hortelano de la tierra que ocupas y estercolas, compañero del alma, tan temprano. Alimentando lluvias, caracolas y órganos mi dolor sin instrumento, a las desalentadas amapolas daré tu corazón por alimento. Tanto dolor se agrupa en mi costado, que por doler me duele hasta el aliento. Un manotazo duro, un golpe helado, un hachazo invisible y homicida, un empujón brutal te ha derribado. No hay extensión más grande que mi herida, lloro mi desventura y sus conjuntos y siento más tu muerte que mi vida. Ando sobre rastrojos de difuntos, y sin calor de nadie y sin consuelo voy de mi corazón a mis asuntos. Temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo. No perdono a la muerte enamorada, no perdono a la vida desatenta, no perdono a la tierra ni a la nada. En mis manos levanto una tormenta de piedras, rayos y hachas estridentes sedienta de catástrofes y hambrienta. Quiero escarbar la tierra con los dientes, quiero apartar la tierra parte a parte a dentelladas secas y calientes. Quiero minar la tierra hasta encontrarte y besarte la noble calavera y desamordazarte y regresarte. Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores. Volverás al arrullo de las rejas de los enamorados labradores. Alegrarás la sombra de mis cejas, y tu sangre se irán a cada lado disputando tu novia y las abejas. Tu corazón, ya terciopelo ajado, llama a un campo de almendras espumosas mi avariciosa voz de enamorado. A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero.
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Fulge mi cigarrillo; su luz se limpia en pólvoras de alerta. Y a su guiño amarillo entona un pastorcillo el tamarindo de su sombra muerta. Ahoga en una enérgica negrura, el caserón entero la mustia distinción de su blancura. Pena un frágil aroma de aguacero. Están todas las puertas muy ancianas, y se hastía en su habano carcomido una insomne piedad de mil ojeras. Yo las dejé lozanas; y hoy las telarañas han zurcido hasta en el corazón de sus maderas, coágulos de sombra oliendo a olvido. La del camino, el día que me miró llegar, trémula y triste, mientras que sus dos brazos entreabría, chilló como en un llanto de alegría. Que en toda fibra existe para el ojo que ama, una dormida novia perla, una lágrima escondida. Con no sé qué memoria secretea mi corazón ansioso. -Señora?... -Sí, señor; murió en la aldea; aún la veo envueltita en su rebozo Y la abuela amargura de un cantar neurasténico de paria ¡oh, derrotada musa legendaria! afila sus melódicos raudales bajo la noche oscura: como si abajo, abajo, en la turbia pupila de cascajo de abierta sepultura, celebrando perpetuos funerales, se quebrasen fantásticos puñales. Llueve..., llueve... Sustancia el aguacero, reduciéndolo a fúnebres olores, el humor de los viejos alcanfores que velan tahuashando en el sendero con sus ponchos de hielo y sin sombrero.
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Hojas de ébano
¡Oh, lengua de los cantares! ¡oh, lengua del Romancero! te habló Teresa la mística, te habla el hombre que yo quiero. En ti he arrullado a mi hijo e hice mis cartas de novia. Y en ti canta el pueblo mío el amor, la fe, el hastío, el desengaño que agobia. ¡Lengua en que reza mi madre y en la que dije: ¡Te quiero! una noche americana millonaria de luceros. La más rica, la más bella, la altanera, la bizarra, la que acompaña mejor las quejas de la guitarra. ¡La que amó el Manco glorioso y amó Mariano de Larra! Lengua castellana mía, lengua de miel en el canto, de viento recio en la ofensa, de brisa suave en el llanto. La de los gritos de guerra más osados y más grandes, ¡la que es cantar en España y vidalita en los Andes! ¡Lengua de toda mi raza, habla de plata y cristal, ardiente como una llama, viva cual un manantial!
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Elogio de la lengua castellana
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Acelerando
Aquí, en este momento, termina todo, se detiene la vida. Han florecido luces amarillas a nuestros pies, no sé si estrellas. Silenciosa cae la lluvia sobre el amor, sobre el remordimiento. Nos besamos en carne viva. Bendita lluvia en la noche, jadeando en la hierba, Trayendo en hilos aroma de las nubes, poniendo en nuestra carne su dentadura fresca. Y el mar sonaba. Tal vez fuera su espectro. Porque eran miles de kilómetros los que nos separaban de las olas. Y lo peor: miles de días pasados y futuros nos separaban. Descendían en la sombra las escaleras. Dios sabe a dónde conducían. Qué más daba. «Ya es hoy -dije yo-, ya es hora de volver a tu casa». Ya es hora. En el portal, «Espera», me dijo. Regresó vestida de otro modo, con flores en el pelo. Nos esperaban en la iglesia. «Mujer te doy». Bajamos las gradas del altar. El armonio sonaba. Y un violín que rizaba su melodía empalagosa. Y el mar estaba allí. Olvidado y apetecido tanto tiempo. Allí estaba. Azul y prodigioso. Y ella y yo solos, con harapos de sol y de humedad. «¿Dónde, dónde la noche aquella, la de ayer...?», preguntábamos al subir a la casa, abrir la puerta, oír al niño que salía con su poco de sombra con estrellas, su agua de luces navegantes, sus cerezas de fuego. Y yo puse mis labios una vez más en la mejilla de ella. Besé hondamente. Los gusanos labraron tercamente su piel. Al retirarme lo vi. Qué importa, corazón. La música encendida, y nosotros girando. No: inmóviles. El cáliz de una flor gris que giraba en torno vertiginosa. Dónde la noche, dónde el mar azul, las hojas de la lluvia. Los niños -quiénes son, que hace un instante no estaban-, los niños aplaudieron, muertos de risa: «Qué ridículos, papá, mamá». «A la cama», les dije con ira y pena. Silencio. Yo besé la frente de ella, los ojos con arrugas cada vez más profundas. Dónde la noche aquella, en qué lugar del universo se halla. «Has sido duro con los niños». Abrí la habitación de los pequeños, volaron pétalos de lluvia. Ellos estaban afeitándose. Ellas salían con sus trajes de novia. Se marcharon los niños -¿por qué digo los niños?- con su amor, con sus noches de estrellas, con sus mares azules, con sus remordimientos, con sus cuchillos de buscar pureza bajo la carne. Dónde, dónde la noche aquella, dónde el mar... Qué ridículo todo: este momento detenido, este disco que gira y gira en el silencio, consumida su música...
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Haz traído a mi vida una luz. La cual será muy difícil apagar. Solo tú podrías apagarla, pero, amor mío... no la apagues. Haz sido mi motivación a ser parte de lo que soy ahora mismo. Haz juntado piezas e incluso, haz creado más partes a este rompecabeza. Pues, eso soy yo, un rompecabezas. Mis partes van divididas hacía usted. Eres mi otra mitad, amor. Podría hablar de cuán difícil eres pero, quiero que eso sea para mi nada más. Mi amor es un ser complicado pero dentro de todo eso, hay un ser lleno de luz. Una luz inigualable, mi luz. Jamás te apagues luz de mi vida. Con todo el amor del mundo, Tu novia.
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Jun 28, 2015
Jun 28, 2015 at 1:56 AM UTC
Carta para el amor.
Iremos a buscar hojas de plátano al platanar.       Se alegra el mar. Iremos a buscarlas en el camino, padre de las madejas de lino.       Se alegra el mar. Porque la luna (cumple quince años a pena) se pone blanca, azul, roja, morena.       Se alegra el mar. Porque la luna aprende consejo del mar, en perfume de nardo se quiere mudar.       Se alegra el mar. Siete varas de nardo desprenderé para mi novia de lindo pie.     Se alegra el mar. Siete varas de nardo; sólo un aroma, una sola blancura de pluma de paloma.       Se alegra el mar. Vida -le digo- blancas las desprendí, yo bien lo sé, para mi novia de lindo pie.       Se alegra el mar. Vida -le digo- blancas las desprendí. ¡No se vuelvan oscuras por ser de mí!       Se alegra el mar.
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Se alegra el mar
-Bien puedes amarme aquí, que la luna yo encendí, tú, por ti, sí, tú, por ti.   -Sí, por mí.   -Bien puedes besarme aquí, faro, farol farolera, la más álgida que vi.   -Bueno, sí.   -Bien puedes matarme aquí, gélida novia lunera del faro farolerí.   -Ten. ¿Te di?
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El farolero y su novia
Del bosque en las frondas la brisa callaba, Las flores dormían, la noche era azul, y en torres y cumbres, en selvas y campos, La luna regaba su diáfana luz. Pensando en su amado que lucha en los mares, La pálida virgen intenta dormir, y escucha un acento que pasa y le dice: «María, no llores, no llores por mí». Los ojos entreabre, se yergue en el lecho; «¿Quién es?», dice trémula y empieza a llorar Al ver del marino los ojos sin vida, Sin vida los labios y mustia la faz. «Mi cuerpo, María, ya está bajo el agua... ¡Qué triste es la ausencia, qué triste es morir! De un mar borrascoso las olas me cubren, Mas oye, María, no llores por mí. »Del mar encrespado las olas fingían Montañas enormes que alzó el aquilón. Tres días el barco luchó con las olas, y al fin en las olas el barco se hundió. »Entonces, oyendo del mar el rugido, Volaba mi alma, volaba hasta ti... Pasó la tormenta, mi cuerpo reposa: María, no llores, no llores por mí. »¡Oh virgen!, prepara tu velo de novia. La playa está cerca que el alma soñó, La playa en que se unen por siempre las almas, Do habremos de unirnos por siempre los dos». …Los gallos cantaron; borrose la sombra; El aura en el bosque se oía gemir, y dulce un acento vibraba en los aires: «María, no llores, no llores por mí».
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El sueño de maría
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
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La mujer manchega
La Mancha y sus mujeres... Argamasilla, Infantes Esquivias, Valdepeñas, La novia de Cervantes, y del manchego heroico, el ama y la sobrina (el patio, la alacena, la cueva y la cocina, la rueca y la costura, la cuna y la pitanza), la esposa de don Diego y la mujer de Panza, la hija del ventero, y tantas como están bajo la tierra, y tantas que son y que serán encanto de manchegos y madres de españoles por tierras de lagares, molinos y arreboles.   Es la mujer manchega garrida y bien plantada, muy sobre sí doncella, perfecta de casada.   El sol de la caliente llanura vinariega quemó su piel, mas guarda frescura de bodega su corazón. Devota, sabe rezar con fe para que Dios nos libre de cuanto no se ve. Su obra es la casa -menos celada que en Sevilla, más gineceo y menos castillo que en Castilla-. Y es del hogar manchego la musa ordenadora; alinea los vasares, los lienzos alcanfora; las cuentas de la plaza anota en su diario, cuenta garbanzos, cuenta las cuentas del rosario.   ¿Hay más?  Por estos campos hubo un amor de fuego, dos ojos abrasaron un corazón manchego.   ¿No tuvo en esta Mancha su cuna Dulcinea? ¿No es el Toboso patria de la mujer idea del corazón, engendro e imán de corazones, a quien varón no impregna y aun parirá varones?   Por esta Mancha -prados, viñedos y molinos- que so el igual del cielo iguala sus caminos, de cepas arrugadas en el tostado suelo y mustios pastos como raído terciopelo: por este seco llano de sol y lejanía, en donde el ojo alcanza su pleno mediodía (un diminuto bando de pájaros puntea el índigo del cielo sobre la blanca aldea, y allá se yergue un soto de verdes alamillos, tras leguas y más leguas de campos amarillos), por esta tierra, lejos del mar y la montaña, el ancho reverbero del claro sol de España, anduvo un pobre hidalgo ciego de amor un día -amor nublóle el juicio: su corazón veía-.   Y tú, la cerca y lejos, por el inmenso llano eterna compañera y estrella de Quijano, lozana labradora fincada en tus terrones -oh madre de manchegos y numen de visiones-, viviste, buena Aldonza, tu vida verdadera cuando ta amante erguía su lanza justiciera, y en tu casona blanca ahechando el rubio trigo.Aquel amor de fuego era por ti y contigo.     Mujeres de la Mancha con el sagrado mote de Dulcinea, os salve la gloria de Quijote.
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¡Oh sombra vaga, oh sombra de mi primera novia! Era como el convólvulo -la flor de los crepúsculos-, y era como las teresitas: azul crepuscular. Nuestro amor semejaba paloma de la aldea, grato a todos los ojos y a todos familiar. En aquel pueblo, olían las brisas a azahar. Aún bañan, como a lampos, mi recuerdo: su cabellera rubia en el balcón, su linda hermana Julia, mi melodía incierta... y un lirio que me dio... y una noche de lágrimas... y una noche de estrellas fulgiendo en esas lágrimas en que moría yo... Francisco, hermano de ellas, Juan-de-Dios y Ricardo amaban con mi amor las músicas del río; las noches blancas, ceñidas de luceros; las noches negras, negras, ardidas de cocuyos; el son de las guitarras, y, entre quimeras blondas, el azahar volando... Todos teníamos novia y un lucero en el alba diáfana de las ideas. La Muerte horrible -¡un tajo silencioso!- tronchó la espiga en que granaba mi alegría: ¡murió mi madre!... La cabellera rubia de Teresa me iluminaba el llanto. Después... la vida... el tiempo... el mundo, ¡y al fin, mi amor desfalleció como un convólvulo! No ha mucho, una mañana, trajéronme una carta. ¡Era de Juan-de-Dios! Un poco acerba, ingenua, virilmente resignada: refería querellas del pueblo, de mi casa, de un amigo: «Se casó; ya está viejo y con seis hijos... La vida es triste y dura; sin embargo, se va viviendo... Ha muerto mucha gente: Don David... don Gregorio... Hay un colegio y hay toda una generación nueva. Como cuando te fuiste, hace veinte años, en este pueblo aún huelen las brisas a azahar...» ¡Oh Amor! Tu emblema sea el convólvulo, la flor de los crepúsculos!
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Elegía de un azul imposible
¡Oh sombra vaga, oh sombra de mi primera novia! Era como el convólvulo -la flor de los crepúsculos-, y era como las teresitas: azul crepuscular. Nuestro amor semejaba paloma de la aldea, grato a todos los ojos y a todos familiar. En aquel pueblo, olían las brisas a azahar. Aún bañan, como a lampos, mi recuerdo: su cabellera rubia en el balcón, su linda hermana Julia, mi melodía incierta... y un lirio que me dio... y una noche de lágrimas... y una noche de estrellas fulgiendo en esas lágrimas en que moría yo... Francisco, hermano de ellas, Juan-de-Dios y Ricardo amaban con mi amor las músicas del río; las noches blancas, ceñidas de luceros; las noches negras, negras, ardidas de cocuyos; el son de las guitarras, y, entre quimeras blondas, el azahar volando... Todos teníamos novia y un lucero en el alba diáfana de las ideas. La Muerte horrible -¡un tajo silencioso!- tronchó la espiga en que granaba mi alegría: ¡murió mi madre!... La cabellera rubia de Teresa me iluminaba el llanto. Después... la vida... el tiempo... el mundo, ¡y al fin, mi amor desfalleció como un convólvulo! No ha mucho, una mañana, trajéronme una carta. ¡Era de Juan-de-Dios! Un poco acerba, ingenua, virilmente resignada: refería querellas del pueblo, de mi casa, de un amigo: «Se casó; ya está viejo y con seis hijos... La vida es triste y dura; sin embargo, se va viviendo... Ha muerto mucha gente: Don David... don Gregorio... Hay un colegio y hay toda una generación nueva. Como cuando te fuiste, hace veinte años, en este pueblo aún huelen las brisas a azahar...» ¡Oh Amor! Tu emblema sea el convólvulo, la flor de los crepúsculos!
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La luna segó tres veces su alba cosecha de nardos. Tres veces sobre la mar bailaron fantasmas blancos. La novia espera alisando su largo cabello ***** A veces, peine de plata; a veces, peine de hierro. Le dice al viento: -Ya viene. La flor de la salvia reza: -Yo formé almohada morada para su triste cabeza. La novia espera bordando, en oro, banda de seda. Por el camino una nube espesa, de polvo denso. Por el camino se acerca, enlutado, un mensajero. Pone la rodilla en tierra, besa la mano de reina. La novia mira a lo lejos y grita ansiosa: -¡Ya llega! Por el camino se acerca, sangriento y mudo, un espectro. Hinca la rodilla en tierra, helado la boca besa y lágrimas color sangre caen en las vacías cuencas. La novia cierra los ojos y siente un frío de huesa. Caminante apura el paso y en esa puerta no llames después que tras de los montes se haya dormido la tarde. En ese porche sombrío todas las noches se aman un espectro, que en el pecho tiene sumida una daga, y la novia que en el día peinando el ***** cabello aguarda pálida y triste que regrese el caballero. La noche se lo trae muerto a recostarlo en su pecho.
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Romance de la inútil espera
Vi, debe haber tres días, En las gradas de San Pedro, Una tenebrosa boda, Porque era toda de Negros. Parecía Matrimonio Concertado en el infierno: ***** esposo y negra esposa Y ***** acompañamiento. Sospecho yo que acostados Parecerán sus dos cuerpos, Junto el uno con el otro, Algodones y tintero. Hundíase de estornudos La calle por do volvieron: Que una boda semejante Hace dar más que un pimiento. Iban los dos de las manos Como pudieran dos cuervos, Otros dicen como grajos, Porque a grajos van oliendo. Con humos van de vengarse (Que siempre van de humos llenos) De los que, por afrentarlos, Hacen los labios traseros. Iba afeitada la novia Todo el tapetado gesto Con hollín y con carbón, Y con tinta de sombreros. Tan pobres son que una blanca No se halla entre todos ellos, Y por tener un cornado Casaron a este moreno. Él se llamaba Tomé, Y ella, Francisca del Puerto, Ella esclava, y él es clavo Que quiere hincársele en medio. Llegaron al ***** patio Donde está el ***** aposento, En donde la negra boda Ha de tener ***** efecto. Era una caballeriza, Y estaban todos inquietos, Que los abrasaban pulgas Por perrengues o por perros. A la mesa se sentaron, Donde también les pusieron Negros manteles y platos, Negra sopa y manjar ***** Echóles la bendición Un ***** veintidoseno, Con un rostro de azabache Y manos de terciopelo. Diéronles el vino tinto, Pan, entre mulato y prieto, Carbonada hubo, por ser Tizones los que comieron. Hubo jetas en la mesa Y en la boca de los dueños, Y hongos, por ser la boda De hongos, según sospecho. Trajeron muchas morcillas, Y hubo algunos que de miedo No las comieron, pensando Se comían a sí mesmos. Cuál por morder del mondongo, Se atarazaba algún dedo, Pues sólo diferenciaban En la uña de lo ***** Mas cuando llegó el tocino Hubo grandes sentimientos, Y pringados con pringadas Un rato se enternecieron. Acabaron de comer Y entró un ministro Guineo, Para darles aguamanos Con un coco y un caldero. Por toalla trujo al hombro Las bayetas de un entierro, Laváronse y quedó el agua Para ensuciar todo un Reino. Negros de ellos se sentaron Sobre unos negros asientos, Y en voces negras cantaron También denegridos versos: «Negra es la ventura De aquel casado Cuya Novia es Negra Y el dote en Blanco».
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Boda de negros
Vi, debe haber tres días, En las gradas de San Pedro, Una tenebrosa boda, Porque era toda de Negros. Parecía Matrimonio Concertado en el infierno: ***** esposo y negra esposa Y ***** acompañamiento. Sospecho yo que acostados Parecerán sus dos cuerpos, Junto el uno con el otro, Algodones y tintero. Hundíase de estornudos La calle por do volvieron: Que una boda semejante Hace dar más que un pimiento. Iban los dos de las manos Como pudieran dos cuervos, Otros dicen como grajos, Porque a grajos van oliendo. Con humos van de vengarse (Que siempre van de humos llenos) De los que, por afrentarlos, Hacen los labios traseros. Iba afeitada la novia Todo el tapetado gesto Con hollín y con carbón, Y con tinta de sombreros. Tan pobres son que una blanca No se halla entre todos ellos, Y por tener un cornado Casaron a este moreno. Él se llamaba Tomé, Y ella, Francisca del Puerto, Ella esclava, y él es clavo Que quiere hincársele en medio. Llegaron al ***** patio Donde está el ***** aposento, En donde la negra boda Ha de tener ***** efecto. Era una caballeriza, Y estaban todos inquietos, Que los abrasaban pulgas Por perrengues o por perros. A la mesa se sentaron, Donde también les pusieron Negros manteles y platos, Negra sopa y manjar ***** Echóles la bendición Un ***** veintidoseno, Con un rostro de azabache Y manos de terciopelo. Diéronles el vino tinto, Pan, entre mulato y prieto, Carbonada hubo, por ser Tizones los que comieron. Hubo jetas en la mesa Y en la boca de los dueños, Y hongos, por ser la boda De hongos, según sospecho. Trajeron muchas morcillas, Y hubo algunos que de miedo No las comieron, pensando Se comían a sí mesmos. Cuál por morder del mondongo, Se atarazaba algún dedo, Pues sólo diferenciaban En la uña de lo ***** Mas cuando llegó el tocino Hubo grandes sentimientos, Y pringados con pringadas Un rato se enternecieron. Acabaron de comer Y entró un ministro Guineo, Para darles aguamanos Con un coco y un caldero. Por toalla trujo al hombro Las bayetas de un entierro, Laváronse y quedó el agua Para ensuciar todo un Reino. Negros de ellos se sentaron Sobre unos negros asientos, Y en voces negras cantaron También denegridos versos: «Negra es la ventura De aquel casado Cuya Novia es Negra Y el dote en Blanco».
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