Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"naranjo" poems
Bajo el naranjo, lava pañales de algodón. Tiene verdes los ojos y violeta la voz. ¡Ay, amor, bajo el naranjo en flor! El agua de la acequia iba llena de sol, en el olivarito cantaba un gorrión. ¡Ay, amor, bajo el naranjo en flor! Luego cuando la Lola gaste todo el jabón, vendrán los torerillos. ¡Ay, amor, bajo el naranjo en flor!
0
2.4k
La lola
¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
0
952
Visión de sevilla
¿Quién te verá, ciudad de manzanilla, amorosa ciudad, la ciudad más esbelta, que encima de una torre llevas puesto: Sevilla? Dolor a rienda suelta: la ciudad de cristal se empaña, cruje. Un tormentoso toro da una vuelta al horizonte y al silencio, y muge. Detrás del toro, al borde de su ruina, la ciudad que viviera bajo una cabellera de mujer soleada, sobre una perfumada cabellera, la ciudad cristalina yace pisoteada. Una bota terrible de alemanes poblada hunde su marca en el jazmín ligero, pesa sobre el naranjo aleteaste: y pesa y hunde su talón grosero un general de vino desgarrado, de lengua pegajosa y vacilante, de bigotes de alambre groseramente astado. Mirad, oíd: mordiscos en las rejas, cepos contra las manos, horrores reluciendo por las cejas, luto en las azoteas, muerte en los sevillanos. Cólera contenida por los gestos, carne despedazada ante la soga, y lágrimas ocultas en los tiestos, en las roncas guitarras donde un pueblo se ahoga. Un clamor de oprimidos, de huesos que exaspera la cadena, de tendones talados, demolidos por un cuchillo siervo de una hiena. Se nubló la azucena, la airosa maravilla: patíbulos y cárceles degüellan los gemidos, la juventud, el aire de Sevilla. Amordazado el ruiseñor, desierto el arrayán, el día deshonrado, tembloroso el cancel, el patio muerto y el surtidos, en medio, degollado. ¿Qué son las sevillanas de claridad radiante y penumbrosa? Mantillas mustias, mustias porcelanas violadas a la orilla de la fosa. Con angustia y claveles oprime sus ventanas la población de abril. La cal se altera eclipsada con rojo zumo humano. Guadalquivir, Guadalquivir, espera: ¡no te lleves a tanto sevillano!
Continue reading...
49
around my seventh year of forked lightning, i remember a storm, an opening of cumulus floodgates extending longer than my forearm. the drowning levels rose, bloomed, and our pond out back spilled over, like so much noble grey from china pots, by the long barn, below naranjo peak, with its namesake a luminary of psychedelic psychiatry and the gestalt, i played myself to exhaustion in a marsh of gods and survival the meadow pulsed; no grass in zephyr-dance, or ambient movement, but for the desperate flopping of fish, silver on silver, ruthless flood displacement, refugees in hostile land. each moment i stayed staring i lost another fish, i knew, and the rain was thinning and i was six, and a gallon bucket was just the right size, and for that afternoon, i grew scales, and gills, fins, i couldn't let them die, or keep suffering, i scooped them up, bucket filled up to my small arms' capacity, and returned them to the pond, making sure the transition was comfortable for them. i only remember now that the others began eating their dead once they could swim and dart past one another. i sloshed and splashed all day to save my kindred fish from a dry slaughter, en masse, only to find them flowing out once more when the rain picked up from its reprieve
0
Mar 3, 2014
Mar 3, 2014 at 9:10 AM UTC
meadowed minnows (maybe, if you call a pond the ocean)
Soy un naranjo rojo o un rojo naranja soy el magma, así dijeron todo acontece aquí, pero todo flota en la superficie la tierra es un lugar tranquilo para vivir,dicen una flor acaba de nacer en Tokio Todo resuena tibio sobre la tierra, pero no bajo ella.
0
Dec 2, 2013
Dec 2, 2013 at 8:17 PM UTC
Diario desde el centro de la Tierra. 1 de diciembre
Naranjo en maceta, ¡qué triste es tu suerte! Medrosas tiritan tus hojas menguadas. Naranjo en la corte, ¡qué pena da verte con tus naranjitas secas y arrugadas!       Pobre limonero de fruto amarillo cual pomo pulido de pálida cera, ¡qué pena mirarte, mísero arbolillo criado en mezquino tonel de madera!       De los claros bosques de la Andalucía, ¿quién os trajo a esta castellana tierra que barren los vientos de la adusta sierra, hijos de los campos de la tierra mía?       ¡Gloria de los huertos, árbol limonero, que enciendes los frutos de pálido oro, y alumbras del ***** cipresal austero las quietas plegarias erguidas en coro;       y fresco naranjo del patio querido, del campo risueño y el huerto soñado, siempre en mi recuerdo maduro o florido de frondas y aromas y frutos cargado!
0
757
A un naranjo y a un limonero
En el naranjo está la estrella. ¡A ver quién puede cojerla! ¡Pronto, venid con las perlas, traed las redes de seda! En el tejado está la estrella. ¡A ver quién puede cojerla! ¡Oh, que olor a primavera su pomo de luz eterna! En los ojos esta la estrella. ¡A ver quién puede cojerla! ¡Por el aire, por la yerba, cuidado, que no se pierda! ¡En el amor está la estrella! ¡A ver quién puede cojerla!
0
583
La estrella venida
¿Qué voy a ponerte a ti: galeras de fantasía, azahar falso, sombra falsa? ¿Qué voy a ponerte a ti, tarde del día catorce, si tú ya lo tienes todo: naranjo sin flor ni fruto, mar sin vela, luz de agosto? En tu perfección parada, inmóvil, así, dejarte salvada de tu pasar, quisiera. ¡Eternidad te pondría!
0
451
29
Fuérame dado remontar el río de los años, y en una reconquista feliz de mi ignorancia, ser de nuevo la frente limpia y bárbara del niño... Volver a ser el arrebol, y el húmedo pétalo, y la llorosa y pulcra infancia que deja el baño por secarse al sol... Entonces, con instinto maternal, me subirías al regazo, para interrogarme, Amor, si eras querida hasta el agua inmanente de tu pozo o hasta el penacho tornadizo y fágil de tu naranjo en flor. Yo, sintiéndome bien en la aromática vecindad de tus hombros y en la limpia fragancia de tus brazos, te diría quererte más allá de las torres gemelas. Dejarías entonces en la bárbara novedad de mi frente el beso inaccesible a mi experiencia licenciosa y fúnebre. ¿Por qué en la tarde inválida, cuando los niños pasan por tu reja, yo no soy una casta pequeñez en tus manos adictas y junto a la eficacia de tu boca?
0
417
Ser una casta pequeñez...
Sobre la falda azul tenía abierto El libro en que leíamos los dos. De los sueños las blancas mariposas Agitaban sus alas en redor, Y la azul primavera en nuestras almas Cantaba, como alondra, su canción. Era una tarde llena de armonías, Y era a la sombra de un naranjo en flor. Leíamos callados, y de pronto En voz baja leí:                               «Siempre un jamás De toda dicha terrenal es tumba. Mañana olvidaréis lo que hoy amáis. Labios que juran, corazón que miente... ¿A qué de humano corazón fiar Si constancia y amor y juramentos Son palabras...  palabras nada más?» Trémula alzó su virginal semblante, Flor de belleza, flor de juventud. «¿Palabras nada más?» murmuró triste, «¡Dime que no es verdad, dímelo tú!» Y llenos ya de lágrimas sus ojos, Donde brillaba del amor la luz, «No leas más... no leas más»,  me dijo, Y rodó el libro de su falda azul.
0
321
Leyendo
Con menta y con llantén llega el Otoño, nuestro Otoño del Sur: verdes limones, gravidez del naranjo, Abril bisoño, últimas uvas dándose encontrones con las primeras, agrias mandarinas. La chaqueta de tweed cobra derecho de maternal auxilio, en las esquinas donde el picante viento está en acecho, y retorna la cálida dulzura de la casa abrigada, la ternura del fuego, de la manta bien tejida, el amor de los seres que guardamos, y la vigencia de los duendes, amos de las menudas gracias de la vida.
0
286
Otoño del sur