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"mueran" poems
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano , por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y abierto me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Apr 6, 2015
Apr 6, 2015 at 12:21 AM UTC
Estoico Sufrimiento
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano , por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y abierto me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano ... por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y hambriento me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Jan 28, 2015
Jan 28, 2015 at 10:52 PM UTC
Ignorancia
Hoy me siento triste y despojado me siento tan infeliz, tan desolado no puedo creer que el destino me prohíba tenerte a mi lado. Una tras otra, cada noche espero tu promesa esperando a que me des una carta o un mensaje pero en vano ... por un momento contigo, mi alma reza sin saber si en realidad tu piensas en mi, sin saber si tu das el mas mínimo suspiro por mi ser o mi existencia. Estoy solo, de nuevo, en esta noche de impotencia preguntándole a mi corazón la razón de esta locura que no me deja ni pensar ni vivir sin tu presencia. Cada vez que me niegas tus amistosas palabras siento como una daga mi pecho atraviesa tan profundo y tan doloroso como unas tijeras que cortan los lazos de mi amor hacia tu gentileza. Las noche sin ti es un interminable tormento sangra mi corazón herido y hambriento me siento tan solo sin ti, tan frió, tan muerto, sin ti me quedo sin aliento y con ganas de que este sea mi ultimo momento. No puedo sacarte de mi pensamiento, tan fuerte siento sobre ti que mi cuerpo sufre en silencio por esa jugarreta del destino y mi intenso remordimiento de no haber actuado antes y de haber perdido la oportunidad de ganar tu corazón y tu aprecio. No sabes las ganas que tengo de oír tus palabras susurrarme en el oído, aunque me llenes el alma con falsa esperanza para que después esos sueños mueran en el olvido. Tus recuerdos y tus fotos me lastiman el alma al pensar que tus sonrisas yo no puedo experimentarlas el dolor estará dentro de mi hasta el día en que tu te intereses en mi o hasta el momento en que yo me olvide de ti.. En la ventana miro la cuidad muerta, tan solitaria como mi alma que grita por tu cariño pero tu solo le cierras la puerta sin saber que lo único que quiero es cumplir mi destino. He llevado mi sufrimiento a las calles de mi pensamiento se ven como un paisaje desolado, tan frías y tan turbulentas, al final de un callejón en mi mente veo como tu me huyes y sufro al sentir como mis ojos se llenan de lagrimas sangrientas. Tu silencio ha esculpido mi llanto el viento frío que ha dejado mí aliento, esta noche he querido llorarte, pero solo he conseguido esperarte. Tengo tantas ganas y deseos de llamarte pero tengo tanto miedo de molestarte y decirte que te quiero. Si pudiera hacer que me entendieras o que por un momento esta desesperación sintieras, el sufrimiento que mi corazón experimenta al sentir como el amor aumenta pero la persona que se quiere ni siquiera lo enfrenta.. Tonto es el corazón, que al saber que aunque no hay razón sigue queriendo con tanta pasión sin importar el dolor causado por el desamor.
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Manuel del Río, natural de España, ha fallecido el sábado 11 de mayo, a consecuencia de un accidente. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada a las 9,30 en St. Francis. Es una historia que comienza con sol y piedra, y que termina sobre una mesa, en D'Agostino, con flores y cirios eléctricos. Es una historia que comienza en una orilla del Atlántico. Continúa en un camarote de tercera, sobre las olas -sobre las nubes- de las tierras sumergidas ante Poseidón. Halla en América su término con una grúa y una clínica, con una esquela y una misa cantada, en la iglesia de St. Francis. Al fin y al cabo, cualquier sitio da lo mismo para morir: el que se aroma de romero, el tallado en piedra o en nieve, el empapado de petróleo. Da lo mismo que un cuerpo se haga piedra, petróleo, nieve, aroma. Lo doloroso no es morir acá o allá...                   Requiem æternam, Manuel del Río. Sobre el mármol en D'Agostino, pastan toros de España, Manuel, y las flores (funeral de segunda, caja que huele a abetos del invierno) cuarenta dólares. Y han puesto unas flores artificiales entre las otras que arrancaron al jardín... Libera me domine de morte æterna... Cuando mueran James o Jacob verán las flores que pagaron Giulio o Manuel... Ahora descienden a tus cumbres garras de águila. Dies irae. Lo doloroso no es morir Dies illa acá o allá; sino sin gloria...                       Tus abuelos fecundaron la tierra toda, la empaparon de la aventura. Cuando caía un español se mutilaba el Universo. Los velaban no en D'Agostino Funeral Home, sino entre hogueras, entre caballos y armas. Héroes para siempre. Estatuas de rostro borrado. Vestidos aún sus colores de papagayo, de poder y de fantasía. Él no ha caído así. No ha muerto por ninguna locura hermosa. (Hace mucho que el español muere de anónimo y cordura, o en locuras desgarradoras entre hermanos: cuando acuchilla pellejos de vino derrama sangre fraterna). Vino un día porque su tierra es pobre. El Mundo, Liberanos Domine, es patria. Y ha muerto. No fundó ciudades. No dio su nombre a un mar. No hizo más que morir por diecisiete dólares (él los pensaría en pesetas). Requiem æternam. Y en D'Agostino lo visitan los polacos, los irlandeses, los españoles, los que mueren en el week-end.                         Requiem æternam. Definitivamente todo ha terminado. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada por su alma.                   Me he limitado a reflejar aquí una esquela de un periódico de New York. Objetivamente. Sin vuelo en el verso. Objetivamente. Un español como millones de españoles. No he dicho a nadie que estuve a punto de llorar.
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Réquiem
Manuel del Río, natural de España, ha fallecido el sábado 11 de mayo, a consecuencia de un accidente. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada a las 9,30 en St. Francis. Es una historia que comienza con sol y piedra, y que termina sobre una mesa, en D'Agostino, con flores y cirios eléctricos. Es una historia que comienza en una orilla del Atlántico. Continúa en un camarote de tercera, sobre las olas -sobre las nubes- de las tierras sumergidas ante Poseidón. Halla en América su término con una grúa y una clínica, con una esquela y una misa cantada, en la iglesia de St. Francis. Al fin y al cabo, cualquier sitio da lo mismo para morir: el que se aroma de romero, el tallado en piedra o en nieve, el empapado de petróleo. Da lo mismo que un cuerpo se haga piedra, petróleo, nieve, aroma. Lo doloroso no es morir acá o allá...                   Requiem æternam, Manuel del Río. Sobre el mármol en D'Agostino, pastan toros de España, Manuel, y las flores (funeral de segunda, caja que huele a abetos del invierno) cuarenta dólares. Y han puesto unas flores artificiales entre las otras que arrancaron al jardín... Libera me domine de morte æterna... Cuando mueran James o Jacob verán las flores que pagaron Giulio o Manuel... Ahora descienden a tus cumbres garras de águila. Dies irae. Lo doloroso no es morir Dies illa acá o allá; sino sin gloria...                       Tus abuelos fecundaron la tierra toda, la empaparon de la aventura. Cuando caía un español se mutilaba el Universo. Los velaban no en D'Agostino Funeral Home, sino entre hogueras, entre caballos y armas. Héroes para siempre. Estatuas de rostro borrado. Vestidos aún sus colores de papagayo, de poder y de fantasía. Él no ha caído así. No ha muerto por ninguna locura hermosa. (Hace mucho que el español muere de anónimo y cordura, o en locuras desgarradoras entre hermanos: cuando acuchilla pellejos de vino derrama sangre fraterna). Vino un día porque su tierra es pobre. El Mundo, Liberanos Domine, es patria. Y ha muerto. No fundó ciudades. No dio su nombre a un mar. No hizo más que morir por diecisiete dólares (él los pensaría en pesetas). Requiem æternam. Y en D'Agostino lo visitan los polacos, los irlandeses, los españoles, los que mueren en el week-end.                         Requiem æternam. Definitivamente todo ha terminado. Su cadáver está tendido en D'Agostino Funeral Home. Haskell. New Jersey. Se dirá una misa cantada por su alma.                   Me he limitado a reflejar aquí una esquela de un periódico de New York. Objetivamente. Sin vuelo en el verso. Objetivamente. Un español como millones de españoles. No he dicho a nadie que estuve a punto de llorar.
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Amor mío; tan mío... estamos juntos. Juntos desde la ropa a las raíces. Juntos desde el otoño a las nubes grises. Desde los latidos a las caderas. Desde un simple segundo hasta una compleja vida entera. Estamos juntos. Juntos los dos. Y le repetí: "Ven conmigo" como si me muriera. Y no se dio cuenta que en mi boca la luna se desangraba por ella. Y le recité mil poemas y le rogué que no se fuera. Mientras que en su boca el sol se apagaba y las estrellas en el cielo formaban hileras. Ni separados por trenes o ciudades. Ni por mares o muertes o adversidades. Estamos juntos. Juntos los dos. Quédate luna. Quédate sol. Y mueran en nosotros ésta noche; que ésta noche estamos juntos los dos.
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Jun 12, 2014
Jun 12, 2014 at 3:39 PM UTC
Juntos
Yo no paro hasta que todos mueran Los ultimos que cuedan Del satanas tienen que murir Todos esos malvados tienen que sufrir El machete, con un balazo en el cachete Los mando pa su muerte la tumba Los ahogo con una funda en silencio Se mueren despacio dia tras dia cayendo Estos cobardes les buelo la mazeta Como el rey azteca, les saco el corazon Por ser culo mamon, el pendejo cabron Soy un maestro chingon, estes mi canton Para siempre sera, hoy y manana lo veras Te lo puedo comprovar no soy esclavo Pero si un bago, so ponte a un lado Porque estas bien lejos del clavo Hechate para tras porque te dejo enterrado Por dejabo, ah carrajo eres un pinchi chango Vete a comer un mango, pinchi tango caprisun, you better run and go have some fun, before I lay your *** out with this laser gun, leave you fast asleep, you should listen to your peeps, porfavor hasme el favor Cuitate la a chingada, ya me encabronastes Mi mente me corruptistes y borastes Mucha intelligencia que cargaba guardada Pero te voy a lanzar con la plebada Lista y armada, para una buena chingisa Te den un buen banio, y buena vaniada
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May 19, 2015
May 19, 2015 at 3:13 PM UTC
Hasta Que Acabe Con Todos Mis Enemigos
A la cálida vida que transcurre canora con garbo de mujer sin letras ni antifaces, a la invicta belleza que salva y que enamora, responde, en la embriaguez de la encantada hora, un encono de hormigas en mis venas voraces. Fustigan el desmán del perenne hormigueo el pozo del silencio y el enjambre del ruido, la harina rebanada como doble trofeo en los fértiles bustos, el Infierno en que creo, el estertor final y el preludio del nido. Mas luego mis hormigas me negarán su abrazo y han de huir de mis pobres y trabajados dedos cual se olvida en la arena un gélido bagazo; y tu boca, que es cifra de eróticos denuedos, tu boca, que es mi rúbrica, mi manjar y mi adorno, tu boca, en que la lengua vibra asomada al mundo como réproba llama saliéndose de un horno, en una turbia fecha de cierzo gemebundo en que ronde la luna porque robarte quiera, ha de oler a sudario y a hierba machacada, a droga y a responso, a pabilo y a cera. Antes de que deserten mis hormigas, Amada, déjalas caminar camino de tu boca a que apuren los viáticos del sanguinario fruto que desde sarracenos oasis me provoca. Antes de que tus labios mueran, para mi luto, dámelos en el crítico umbral del cementerio como perfume y pan y tósigo y cauterio.
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Hormigas
¿Oís?,  es el cañón.  Mi pecho hirviendo el cántico de guerra entonará, y al eco ronco del cañón venciendo, la lira del poeta sonará. El pueblo ved que la orgullosa frente levanta ya del polvo en que yacía, arrogante en valor, omnipotente, terror de la insolente tiranía.           Rumor de voces siento, y al aire miro deslumbrar espadas, y desplegar banderas; y retumban al son las escarpadas rocas del Pirineo; y retiemblan los muros de la opulenta Cádiz, y el deseo crece en los pechos de vencer lidiando; brilla en los rostros* el marcial contento, y dondequiera generoso acento se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.               Al grito de la patria           volemos, compañeros,           blandamos los aceros           que intrépida nos da.           A par en nuestros brazos           ufanos la ensalcemos           y al mundo proclamemos:           "España es libre ya".               ¡Mirad, mirad en sangre,           y lágrimas teñidos           reír los forajidos,           gozar en su dolor!           ¡Oh!, fin tan sólo ponga           su muerte a la contienda,           y cada golpe encienda           aún más nuestro rencor.               ¡Oh siempre dulce patria           al alma generosa!           ¡Oh siempre portentosa           magia de libertad!           Tus ínclitos pendones           que el español tremola,           un rayo tornasola           del iris de la paz.               En medio del estruendo           del bronce pavoroso,           tu grito prodigioso           se escucha resonar.           Tu grito que las almas           inunda de alegría,           tu nombre que a esa impía           caterva hace temblar.               ¿Quién hay ¡oh compañeros!,           que al bélico redoble           no sienta el pecho noble           con júbilo latir?           Mirad centelleantes           cual nuncios ya de gloria,           reflejos de victoria           las armas despedir. ¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas! Y al mar se lancen con bramido horrendo de la infiel sangre caudalosos ríos, y atónito contemple el océano sus olas combatidas con la traidora sangre enrojecidas. Truene el cañón: el cántico de guerra, pueblos ya libres, con placer alzad: ved, ya desciende a la oprimida tierra, los hierros a romper, la libertad.
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¡guerra!
¿Oís?,  es el cañón.  Mi pecho hirviendo el cántico de guerra entonará, y al eco ronco del cañón venciendo, la lira del poeta sonará. El pueblo ved que la orgullosa frente levanta ya del polvo en que yacía, arrogante en valor, omnipotente, terror de la insolente tiranía.           Rumor de voces siento, y al aire miro deslumbrar espadas, y desplegar banderas; y retumban al son las escarpadas rocas del Pirineo; y retiemblan los muros de la opulenta Cádiz, y el deseo crece en los pechos de vencer lidiando; brilla en los rostros* el marcial contento, y dondequiera generoso acento se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.               Al grito de la patria           volemos, compañeros,           blandamos los aceros           que intrépida nos da.           A par en nuestros brazos           ufanos la ensalcemos           y al mundo proclamemos:           "España es libre ya".               ¡Mirad, mirad en sangre,           y lágrimas teñidos           reír los forajidos,           gozar en su dolor!           ¡Oh!, fin tan sólo ponga           su muerte a la contienda,           y cada golpe encienda           aún más nuestro rencor.               ¡Oh siempre dulce patria           al alma generosa!           ¡Oh siempre portentosa           magia de libertad!           Tus ínclitos pendones           que el español tremola,           un rayo tornasola           del iris de la paz.               En medio del estruendo           del bronce pavoroso,           tu grito prodigioso           se escucha resonar.           Tu grito que las almas           inunda de alegría,           tu nombre que a esa impía           caterva hace temblar.               ¿Quién hay ¡oh compañeros!,           que al bélico redoble           no sienta el pecho noble           con júbilo latir?           Mirad centelleantes           cual nuncios ya de gloria,           reflejos de victoria           las armas despedir. ¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas! Y al mar se lancen con bramido horrendo de la infiel sangre caudalosos ríos, y atónito contemple el océano sus olas combatidas con la traidora sangre enrojecidas. Truene el cañón: el cántico de guerra, pueblos ya libres, con placer alzad: ved, ya desciende a la oprimida tierra, los hierros a romper, la libertad.
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De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
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Discurso a los jóvenes
De vosotros, los jóvenes, espero no menos cosas grandes que las que realizaron vuestros antepasados. Os entrego una herencia grandiosa: sostenedla. Amparad ese río de sangre, sujetad con segura mano el tronco de caballos viejísimos, pero aún poderosos, que arrastran con pujanza el fardo de los siglos pasados. Nosotros somos estos que aquí estamos reunidos, y los demás no importan. Tú, Piedra, hijo de Pedro, nieto de Piedra y biznieto de Pedro, esfuérzate para ser siempre piedra mientras vivas, para ser Pedro Petrificado Piedra Blanca, para no tolerar el movimiento para asfixiar en moldes apretados todo lo que respira o que palpita. A ti, mi leal amigo, compañero de armas, escudero, sostén de nuestra gloria, joven alférez de mis escuadrones de arcángeles vestidos de aceituna, sé que no es necesario amonestarte: con seguir siendo fuego y hierro, basta. Fuego para quemar lo que florece. Hierro para aplastar lo que se alza. Y finalmente, tú, dueño del oro y de la tierra poderoso impulsor de nuestra vida, no nos faltes jamás. Sé generoso con aquéllos a los que necesitas, pero guarda, expulsa de tu reino, mantenlos más allá de tus fronteras, déjalos que se mueran, si es preciso, a los que sueñan, a los que no buscan más que luz y verdad, a los que deberían ser humildes y a veces no lo son, así es la vida. Si alguno de vosotros pensase yo le diría: no pienses. Pero no es necesario. Seguid así, hijos míos, y yo os prometo paz y patria feliz, orden, silencio.
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No saben. ¡Perdonadlos! No saben lo que han hecho, lo que hacen, por qué matan, por qué hieren las piedras, masacran los paisajes... No saben. No lo saben... No saben por qué mueren. Se nutren, se han nutrido de hediondas imposturas, de cancerosos miasmas, de vocablos sin pulpa, sin carozo, sin jugo, de negras reses de humo, de canciones en pasta, de pasionales sombras con voces de ventrílocuo. Viven entre lo fétido, una inquietud de orzuelo, de vejiga pletórica, de urticaria florida que cultiva el ayuno, el sudor estancado, la iniquidad encinta. No creen. No creen en nada más que en el moco hervido. en el ideal, chirriante, de las aplanadoras, en las agrias arcadas que atormentan al éter, en todas las mentiras que engendran las matrices de plomo derretido el papel embobado y en bobina. Son blandos, son de sebo, de corrompido sebo triturado por engranajes sádicos, por ruidos asesinos, por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo, para hundirles sus uñas de raíces cuadradas y dotarlos de un alma de trapo de cocina. Sólo piensan en cifras, en fórmulas, en pesos, en sacarle provecho hasta a sus excrementos. Escupen las veredas, escupen los tranvías, para eludir las horas y demostrar que existen. No pueden rebelarse. Los empuja la inercia, el terror, el engaño, las plumas sobornadas, los consorcios sin **** que ha parido la usura y que nunca se sacian de fabricar cadáveres. Se niegan al coloquio del agua con las piedras. Ignoran el misterio del gusano, del aire. Ven las nubes, la arena, y no caen de rodillas. No quedan deslumbrados por vivir entre venas. Sólo buscan la dicha en las suelas de goma. Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo. Son capaces de todo con tal de no escucharse, con tal de no estar solos. ¿Cómo, cómo sabrían lo que han hecho, lo que hacen? ¿Algo tiene de extraño que deserten del asco, de la hiel, del cansancio? Sólo puede esperarse que defiendan el plomo, que mueran por el guano, que cumplan la proeza de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo, para que el hambre extienda sus tapices de esparto y desate su bolsa ahíta de calambres. Son ferozmente crueles. Son ferozmente estúpidos... pero son inocentes. ¡Hay que compadecerlos!
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Hay que compadecerlos
No saben. ¡Perdonadlos! No saben lo que han hecho, lo que hacen, por qué matan, por qué hieren las piedras, masacran los paisajes... No saben. No lo saben... No saben por qué mueren. Se nutren, se han nutrido de hediondas imposturas, de cancerosos miasmas, de vocablos sin pulpa, sin carozo, sin jugo, de negras reses de humo, de canciones en pasta, de pasionales sombras con voces de ventrílocuo. Viven entre lo fétido, una inquietud de orzuelo, de vejiga pletórica, de urticaria florida que cultiva el ayuno, el sudor estancado, la iniquidad encinta. No creen. No creen en nada más que en el moco hervido. en el ideal, chirriante, de las aplanadoras, en las agrias arcadas que atormentan al éter, en todas las mentiras que engendran las matrices de plomo derretido el papel embobado y en bobina. Son blandos, son de sebo, de corrompido sebo triturado por engranajes sádicos, por ruidos asesinos, por cuanto escupitajo se esconde en el anónimo, para hundirles sus uñas de raíces cuadradas y dotarlos de un alma de trapo de cocina. Sólo piensan en cifras, en fórmulas, en pesos, en sacarle provecho hasta a sus excrementos. Escupen las veredas, escupen los tranvías, para eludir las horas y demostrar que existen. No pueden rebelarse. Los empuja la inercia, el terror, el engaño, las plumas sobornadas, los consorcios sin **** que ha parido la usura y que nunca se sacian de fabricar cadáveres. Se niegan al coloquio del agua con las piedras. Ignoran el misterio del gusano, del aire. Ven las nubes, la arena, y no caen de rodillas. No quedan deslumbrados por vivir entre venas. Sólo buscan la dicha en las suelas de goma. Si se acercan a un árbol no es más que para mearlo. Son capaces de todo con tal de no escucharse, con tal de no estar solos. ¿Cómo, cómo sabrían lo que han hecho, lo que hacen? ¿Algo tiene de extraño que deserten del asco, de la hiel, del cansancio? Sólo puede esperarse que defiendan el plomo, que mueran por el guano, que cumplan la proeza de arrasar lo que encuentren y exterminarlo todo, para que el hambre extienda sus tapices de esparto y desate su bolsa ahíta de calambres. Son ferozmente crueles. Son ferozmente estúpidos... pero son inocentes. ¡Hay que compadecerlos!
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se supone que es sencillo el olvido mediante días, semanas, meses de esfuerzo y distracción y seamos justos; un par de días solamente han transcurrido he dado luz a exorbitantes cantidades de tabaco industrialmente empaquetado que en el resto de mi vida ni siquiera me gusta como sabe, ni como las propiedades afectan mi conciencia y mi equilibrio solamente que, al saborear el humo y verlo desde lejos sin que nadie lo contemple logro una fúnebre réplica de las mariposas que en algún día lluvioso de agosto plantaste en mis entrañas "¡oh mariposas, espero nunca mueran!" clamaba un yo casi tan ingenuo como idealista: unos cuántos meses atrás tu contagiosa alegría y empatía tu calurosa caricia, delicada pero confiada, en ninguna noche me volverá a encontrar a pesar de que la noche más fría sea incertidumbre, añoro tu felicidad la dualidad de mi deseo es clara mi corazón es roto por la distópica fantasía de que tu sonrisa alegre la mañana de alguien más pero ¿es inevitable, no?
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Mar 10, 2021
Mar 10, 2021 at 2:09 PM UTC
te extraño hoy más que ayer pero ayer fue un día más cercano a verte que hoy
Pues me hacéis casamentero, Ángela de Mondragón, escuchad de vuestro esposo las grandezas y el valor. Él es un Médico honrado, por la gracia del Señor, que tiene muy buenas letras en el cambio y el bolsón. Quien os lo pintó cobarde no lo conoce, y mintió, que ha muerto más hombres vivos que mató el Cid Campeador. En entrando en una casa tiene tal reputación, que luego dicen los niños: «Dios perdone al que murió». Y con ser todos mortales los Médicos, pienso yo que son todos venïales, comparados al Dotor. Al caminante, en los pueblos se le pide información, temiéndole más que a la peste de si le conoce, o no. De Médicos semejantes hace el Rey nuestro Señor bombardas a sus castillos, mosquetes a su escuadrón. Si a alguno cura, y no muere, piensa que resucitó, y por milagro le ofrece la mortaja y el cordón. Si acaso estando en su casa oye dar algún clamor, tomando papel y tinta escribe: «Ante mí pasó». No se le ha muerto ninguno de los que cura hasta hoy, porque antes que se mueran los mata sin confesión. De envidia de los verdugos maldice al Corregidor, que sobre los ahorcados no le quiere dar pensión. Piensan que es la muerte algunos; otros, viendo su rigor, le llaman el día del juicio, pues es total perdición. No come por engordar, ni por el dulce sabor, sino por matar la hambre, que es matar su inclinación. Por matar mata las luces, y si no le alumbra el sol, como murciégalo vive a la sombra de un rincón. Su mula, aunque no está muerta, no penséis que se escapó, que está matada de suerte que le viene a ser peor. Él, que se ve tan famoso y en tan buena estimación, atento a vuestra belleza, se ha enamorado de vos. No pide le deis más dote de ver que matáis de amor, que en matando de algún modo para en uno sois los dos. Casaos con él, y jamás vïuda tendréis pasión, que nunca la misma muerte se oyó decir que murió. Si lo hacéis, a Dios le ruego que os gocéis con bendición; pero si no, que nos libre de conocer al Dotor.
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Romance satírico
Pues me hacéis casamentero, Ángela de Mondragón, escuchad de vuestro esposo las grandezas y el valor. Él es un Médico honrado, por la gracia del Señor, que tiene muy buenas letras en el cambio y el bolsón. Quien os lo pintó cobarde no lo conoce, y mintió, que ha muerto más hombres vivos que mató el Cid Campeador. En entrando en una casa tiene tal reputación, que luego dicen los niños: «Dios perdone al que murió». Y con ser todos mortales los Médicos, pienso yo que son todos venïales, comparados al Dotor. Al caminante, en los pueblos se le pide información, temiéndole más que a la peste de si le conoce, o no. De Médicos semejantes hace el Rey nuestro Señor bombardas a sus castillos, mosquetes a su escuadrón. Si a alguno cura, y no muere, piensa que resucitó, y por milagro le ofrece la mortaja y el cordón. Si acaso estando en su casa oye dar algún clamor, tomando papel y tinta escribe: «Ante mí pasó». No se le ha muerto ninguno de los que cura hasta hoy, porque antes que se mueran los mata sin confesión. De envidia de los verdugos maldice al Corregidor, que sobre los ahorcados no le quiere dar pensión. Piensan que es la muerte algunos; otros, viendo su rigor, le llaman el día del juicio, pues es total perdición. No come por engordar, ni por el dulce sabor, sino por matar la hambre, que es matar su inclinación. Por matar mata las luces, y si no le alumbra el sol, como murciégalo vive a la sombra de un rincón. Su mula, aunque no está muerta, no penséis que se escapó, que está matada de suerte que le viene a ser peor. Él, que se ve tan famoso y en tan buena estimación, atento a vuestra belleza, se ha enamorado de vos. No pide le deis más dote de ver que matáis de amor, que en matando de algún modo para en uno sois los dos. Casaos con él, y jamás vïuda tendréis pasión, que nunca la misma muerte se oyó decir que murió. Si lo hacéis, a Dios le ruego que os gocéis con bendición; pero si no, que nos libre de conocer al Dotor.
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