"mieles" poems
Amigo, llévate lo que tú quieras,
penetra tu mirada en los rincones,
y si así lo deseas yo te doy mi alma entera
con sus blancas avenidas y sus canciones.Amigo -con la tarde haz que se vaya
este inútil y viejo deseo de vencer,
Bebe en mi cántaro si tienes sed.
Amigo -con la tarde haz que se vaya
este deseo mío de que todo rosal
me pertenezca,
Amigo,
si tienes hambre come de mi pan.Todo, amigo, lo he hecho para ti. Todo esto
que sin mirar verás en mi estancia desnuda:
todo esto que se eleva por los muros derechos
-como mi corazón- siempre buscando altura.
Te sonríes -amigo... ¡Qué importa! Nadie sabe
entregar en las manos lo que se esconde adentro,
pero yo te doy mi alma, ánfora de mieles suaves,
y todo te lo doy... Menos aquel recuerdo...
...Que en mi heredad vacía aquel amor perdido,
es una rosa blanca, que se abre en silencio...
1.6k
Tú me quieres alba,
Me quieres de espumas,
Me quieres de nácar.
Que sea azucena
Sobre todas, casta.
De perfume tenue.
Corola cerrada.
Ni un rayo de luna
Filtrado me haya.
Ni una margarita
Se diga mi hermana.
Tú me quieres nívea,
Tú me quieres blanca,
Tú me quieres alba.
Tú que hubiste todas
Las copas a mano,
De frutos y mieles
Los labios morados.
Tú que en el banquete
Cubierto de pámpanos
Dejaste las carnes
Festejando a Baco.
Tú que en los jardines
Negros del Engaño
Vestido de rojo
Corriste al Estrago.
Tú que el esqueleto
Conservas intacto
No sé todavía
Por cuáles milagros,
Me pretendes blanca
(Dios te lo perdone),
Me pretendes casta
(Dios te lo perdone),
Me pretendes alba.
Huye hacia los bosques;
Vete a la montaña;
Límpiate la boca;
Vive en las cabañas;
Toca con las manos
La tierra mojada;
Alimenta el cuerpo
Con raíz amarga;
Bebe de las rocas;
Duerme sobre escarcha;
Renueva tejidos
Con salitre y agua;
Habla con los pájaros
Y lévate al alba.
Y cuando las carnes
Te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
En ellas el alma
Que por las alcobas
Se quedó enredada,
Entonces, buen hombre,
Preténdeme blanca,
Preténdeme nívea,
Preténdeme casta.
1.4k
Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber -a danzar al son de mi canción...
Ciñe el tirso oloroso, tañe el jocundo címbalo.
Una bacante loca y un sátiro afrentoso
conjuntan en mi sangre su frenesí amoroso.
Atenas brilla, piensa y esculpe Praxiteles,
y la gracia encadena con rosas la pasión.
¡Ah de la vida parva, que no nos da sus mieles
sino con cierto ritmo y en cierta proporción!
¡Danzad al soplo de Dionisos que embriaga el corazón!
La Muerte viene, todo será polvo
bajo su imperio: ¡polvo de Pericles,
polvo de Codro, polvo de Cimón!
Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber -a danzar al son de mi canción...
De Hispania fructuosa, de Galia deleitable,
de Numidia ardorosa, y de toda la rosa
de los vientos que beben las águilas romanas,
venid, puras doncellas y ávidas cortesanas.
Danzad en delitosos, lúbricos episodios,
con los esclavos nubios, con los marinos rodios.
Flaminio, de cabellos de amaranto,
busca para Heliogábalo en las termas
varones de placer... Alzad el canto,
reíd, danzad en báquica alegría,
y haced brotar la sangre que embriaga el corazón.
La Muerte viene -todo será polvo:
bajo su imperio- polvo de Lucrecio,
polvo de Augusto, polvo de Nerón!
Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber -a danzar al son de mi canción...
Aldeanas del Cauca con olor de azucena;
montañesas de Antioquia, con dulzor de colmena;
infantinas de Lima, unciosas y augurales,
y princesas de México, que es como la alacena
familiar que resguarda los más dulces panales;
y mozuelos de Cuba, lánguidos, sensuales,
ardorosos, baldíos,
cual fantasmas que cruzan por unos sueños míos;
mozuelos de la grata Cuscatlán -¡oh ambrosía!-
y mozuelos de Honduras,
donde hay alondras ciegas por las selvas oscuras;
entrad en la danza, en el feliz torbellino:
reíd, jugad al son de mi canción:
la piña y la guanábana aroman el camino
y un vino de palmeras aduerme el corazón.
La Muerte viene, todo será polvo:
¡polvo de Hidalgo, polvo de Bolívar,
polvo en la urna, y rota ya la urna,
polvo en la ceguedad del aquilón!
Mi vaso lleno -el vino del Anáhuac-
mi esfuerzo vano -estéril mi pasión-
soy un perdido -soy un marihuano-
a beber -a danzar al son de mi canción...
La noche es bella en su embriaguez de mieles,
la tierra es grata en su cendal de brumas;
vivir es dulce, con dulzor de trinos;
canta el amor, espigan los donceles,
se puebla el mundo, se urden los destinos...
¡Que el jugo de las viñas me alivie el corazón!
A beber, a danzar en raudos torbellinos,
vano el esfuerzo, estéril la pasión...
A ti que me reprochas el arcano
sentido del amor que va en mi verso
fúlgido y hondo, lúgubre y arcano,
te hablo en la triste vanidad del verso:
tú en la muerte rendido, yo en la muerte,
ni un grito apenas del afán del mundo
podrá hallar eco en la oquedad vacía.
El polvo reina -EL POLVO, EL IRACUNDO!-
Alegría! Alegría! Alegría!
1.5k
Vengo a expresar mi desazón suprema
y a perpetuarla en la virtud del canto.
Yo soy Maín, el héroe del poema,
que vio, desde los círculos del día,
regir el mundo una embriaguez y un llanto.
¡Armonía! ¡Oh profunda, oh abscóndita Armonía!
Y velaré mi arduo pensamiento
sotto il velame degli versi strani,
fastuoso, de pompas seculares;
perfecta en sí la estrofa del lamento
y a impulso de los ritmos estelares.
Columpia el mar su cauda nacarina,
e imbuida en la clámide del río
pasa en la bruma fúlgida la carne de la ondina.
Grana el campo nutricio, fluyen mieles,
una deidad inflama las horas con su llama
y loa el día azul un coro de donceles.
Romero: ¿no rebosa el corazón
por la noche de sombras evocadas,
por la tierra de arrugas trabajadas,
del Tiempo y el Espacio la múltiple emoción?
Brilla en las lejanías invioladas
vaga ciudad, e! viento da en los juncos,
los juncos gimen bajo el viento rudo...
Romero, ¡que se vierta el corazón!
y la ternura y la tristeza mía
canten en el crepúsculo: ¡Armonía!
Yo, Rey del reino estéril de las lágrimas,
yo, Rey del reino vacuo de las rimas,
con mis canciones ebrias
que un son nocturno hechiza
y con mis voces pávidas,
anuncio las cavernas del Enigma.
En mis siete dolores primarios se resume,
como en alejandrino paradigma,
la escala del dolor que el mal asume.
Tenebrosa, recóndita Armonía...
Mi numen, fuerte, no es aquel tan puro
como el cerrado corazón de un monte;
pero sobre sus ruinas de inocencias
haré brillar, ebrio del dolor puro,
una gota de luz del corazón del monte.
1.1k
Y te di el olor
De todas mis dalias y nardos en flor.
Y te di el tesoro,
De las ondas minas de mis sueños de oro.
Y te di la miel,
Del panal moreno que finge mi piel.
¡Y todo te di!
Y como una fuente generosa y viva para tu alma fui.
Y tú, dios de piedra
Entre cuyas manos ni la yedra medra;
Y tú, dios de hierro,
Ante cuyas plantas velé como un perro,
Desdeñaste el oro, la miel y el olor.
¡Y ahora retornas, mendigo de amor,
A buscar las dalias, a implorar el oro,
A pedir de nuevo todo aquel tesoro!
Oye, pordiosero:
Ahora que tú quieres es que yo no quiero.
Si el rosal florece,
Es ya para otro que en capullos crece.
Vete, dios de piedra,
Sin fuentes, sin dalias, sin mieles, sin yedra.
Igual que una estatua,
A quien Dios bajara del plinto, por fatua.
¡Vete, dios de hierro,
Que junto a otras plantas se ha tendido el perro!
1.1k
Sol de siesta en toda la campiña verde...
Rezonga una noria no sé dónde. Muerde
un ave la calma que da el aura reina.
Bajo unos perales, una vaca peina
con su sonrosada lengua, la testuz
de otra, que masticas hierba con pajuz.
Frente de una olmeda blanca de palomas
un pruno destila transparentes gomas.
Baten los trigales rúbeos ababoles.
Alcahaces abiertos son de verderoles
los chinescos huertos colmados de nieves
de azahares de luna, como esquilas breves,
donde son badajos de mieles bermejas
millones zumbantes de áticas abejas.
Arde el polvo fino de un recto camino
al pie de una sierra como un torbellino
de piedra. En el agua de un turbio arroyuelo
del sol perseguido y ungido del cielo,
abrevo el sediento y dócil hatajo.
Luego, silencioso, lo pongo debajo
de las sombras móviles de un cañar umbrío...
Soledad de sendas... Clarid de un río...
Llevo hasta mi labio mi fresca siringa:
de armoniosa música la siesta se pringa.
Mas me canso del pagano instrumento.
y echado en el césped, cara al firmamento
que parece un amplio e inflamado horno,
el sueño buscando, la mirada entorno.
...Entre los follajes, a los que se acopla,
el dios Pan. Su grato caramillo sopla...
909
Bajo sus lomos rojos, en la oscura caoba,
Tus libros duermen. Sigo los últimos autores:
Otras formas me atraen, otros nuevos colores
Y a tus fiestas paganas la corriente me roba.
Gozo de estilos fieros anchos dientes de loba.
De otros sobrios, prolijos cipreses veladores.
De otros blancos y finos - columnas bajo flores.
De otros ácidos y ocres tempestades de alcoba.
Ya te había olvidado y al azar te retomo,
Y a los primeros versos se levanta del tomo
Tu fresco y fino aliento de mieles olorosas.
Amante al que se vuelve como la vez primera:
Eres la boca dulce que allá, en la primavera,
Nos licuara en las venas todo un bosque de rosas.
862
Sol de siesta en toda la campiña verde...
Rezonga una noria no sé dónde. Muerde
un cantar la calma que en el aire reina.
Bajo unos perales, una vaca peina
con su cimbreante lengua la testuz
de otra, que mordisca hierba con pajuz.
Frente de unos olmos blancos de palomas
un pruno destila transparentes gomas.
Baten los trigales rúbeos ababoles.
Jaulas destapadas son de verderoles
los gozosos huertos colmados de nieves
de azahares de plata como esquilas breves,
donde son badajos de mieles bermejas
millones sonantes de áticas abejas.
Duerme el polvo ardiente de un recto camino.
Álzase una sierra como un torbellino.
En los correntales de un fino arroyuelo
del sol encendido y untado de cielo,
abreva sediento mi pulido atajo.
Luego, silencioso, se tiende debajo
de las sombras móviles de un cañar umbrío...
Soledad de tierras... Claridad de un río...
Llevo hasta mis labios mi clara siringa:
de armoniosa música la siesta se pringa.
Mas presto me canso del tosco instrumento.
y echado en el césped, cara al firmamento
que parece un ancho e inflamado horno,
buscando a Morfeo, la mirada entorno.
...Entre los follajes, a los que se acopla,
el dios Pan. Su grato caramillo sopla...
849
cuando gallagher bentahm murió
se produjo un extraño fenómeno:
a las vecinas les creció el odio como si hubiera aumentado la papa
feroces y rapaces comenzaron a insultar su memoria
como si el deber obligación o tarea de gallagher bentham
fuera ser inmortal
siendo que él se preocupaba cuidadosamente
de vivir imperfecto a fin de no irritar a los dioses
jamás se cuidó de ser bueno sin ganas
pecó y gozó como los mil diablos
que sin duda lo habitaban de noche
y lo obligaban a escribir versos sacrílegos
en perjuicio de su alma
así
creció famoso por su desparpajo y sus caricias
"ahí va gallagher bentham el desgraciado malparido" decían
las vecinas con su hijos
y lo mostraban con el dedo
pero de noche soñaban con él
de noche una extraña nube o mano o seda
se les metía en la garganta soñando con él
¡ah gallagher bentham gran padre!
pueblos enteros habría fundado nada más con su hijos
de haberlos querido tener
de no haber sido por los versos
que no piden de comer y es de lo poco que tienen a favor
de modo que murió nomás y la gente
desconcertada por la falta de ejemplo del mal ejemplo
o con la sensación de haber perdido algo de su libertad
designó representantes que entrevistaron a gallagher bentham
y por más preguntas que le hicieron
sólo escucharon el ruido de abejas en su cuerpo
como si estuviera haciendo miel
o más versos en otra cosa siempre
es difícil saber porqué el vecidnario de Spoker Hill llegó a odiarlo
así
lo descuartizaron una mañana de otoño para alegría de los chicos
no hubo más nubes en garganta de mujer
ni desquites feroces en la cama con marido extrañado
o hasta sueños de las más delicadas que llenaban la noche
y hacían girar el viento y llover
todos los arbolitos de Spoker Hill se secaron
menos el tábano real que volaba y volaba
alrededor de gallagher bentham o sus últimas mieles.
854
Cuando el silencio canta
con su mejor sollozo,
con su peor susurro,
un día, soy poeta
de ojazos amarillos.
Otro día, sarcástico
bufón de ojos azules
-áridos, fríos, duros-:
seco gelasmo-burla,
torva pirueta-guiño.
Otro día, mis ojos,
los mis ojos sardónices,
los mis ojos sardónicos
zabúllense en los tuyos:
en tus ojos de mieles
-sobre tumbos de algas
de relente marino-.
741
El alma traigo ebria de aroma de rosales
y del temblor extraño que dejan los caminos...
A la luz de la luna las vacas maternales
dirigen tras mi sombra sus ojos opalinos.
Pasan con sencillez hacia la cumbre,
rumiando simplemente las hierbas del vallado;
o bien bajo los árboles con clara mansedumbre
se aduermen al arrullo del aire sosegado.
Y en la quietud augusta de la noche mirífica,
como sutil caricia de trémulos pinceles,
del cielo florecido la claridad magnífica
fluye sobre la albura de sus lustrosas pieles.
Y yo discurro en paz, y solamente pienso
en la virtud sencilla que mi razón impetra;
hasta que, en elación el ánimo suspenso,
gozo la sencillez que viene y me penetra.
Sencillez de las bestias sin culpa y sin resabio;
sencillez de las aguas que apuran su corriente;
sencillez de los árboles... ¡Todo sencillo y sabio,
Señor, y todo justo, y sobrio, y reverente!
Cruzando las campiñas, tiemblo bajo la gracia
de esta bondad augusta que me llena...
¡Oh dulzura de mieles! ¡Oh grito de eficacia!
¡Oh manos que vertisteis en mi espíritu
la sagrada emoción de la noche serena!
Como el varón que sabe la voz de las mujeres
en celo, temblorosas cuando al amor incitan,
yo sé la plenitud en que todos los seres
viven de su virtud, y nada solicitan.
Para seguir viviendo la vida que me resta
haced mi voluntad templada, y fuerte y noble,
oh virginales cedros de lírica floresta,
oh próvidas campiñas, oh generoso roble.
Y haced mi corazón fuerte como vosotros
del monte en la frecuencia.
Oh dulces animales que, no sabiendo nada,
bajo la carne sabéis la antigua ciencia
de estar oyendo siempre la soledad sagrada.
778
Oh, tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado tarde?
¿Por qué has venido ahora cuando el alma no arde,
Cuando rosas no tengo para hacerte con ellas
Una alegre guirnalda salpicada de estrellas?
Oh tú, de la palabra dulce como el murmullo
Del agua de la fuente; dulce como el arrullo
De la torcaza; dulce como besos dormidos
Sobre dos manos pálidas protectoras de nidos.
Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa
Y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta
Y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa
Como un cielo nublado que de pronto se irisa.
¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora
Cuando he sido vencida por llama destructora,
Cuando he sido arrasada por el fuego divino
Y voy, cegada y triste, por un ***** camino?
Yo quiero, Dios de dioses, que me hagan nueva toda.
Que me tejan con lirios; me sometan a poda
Las manos del Misterio; que me resten maleza.
Tus labios no se hicieron para curar tristeza.
Para tus labios, agua de una pureza suma.
Para tus labios, copas de cristal y la espuma
Blanquísima de un alma que no sepa de abejas,
Ni de mieles, ni sepa de las flores bermejas.
Para tus manos, esas que nunca amortajaron;
Para tus ojos, esos, los que nunca lloraron;
Para tus sueños, sueños como cisnes de oro;
Para que tus pupilas persiguieran mis rastros,
Oh si luego mis pétalos que estrujaran tus manos,
Adquirieran por magia poderes sobrehumanos
Y hechos luz se aferraran a la luz de los astros
Para que tus pupilas persiguieran mis rastros.
Bienvenida la muerte que al sorberme me dieras;
Bienvenido tu fuego que agosta primavera;
Bienvenido tu fuego que mata los rosales:
Que todas las corolas se acerquen a tus males.
Oh tú, a quien idolatro por sobre la existencia,
Oh tú, por quien deseo renovada mi esencia,
¿Por qué has llegado ahora cuando no he de lograr
El divino suplicio de verme deshojar?...
786
Con tu hímnica espada de diamantes,
derrótame al dragón, fuego y azufre,
redime al ser de mieles que le sufre,
no desampares, fiel, alucinantes
de azúcar, azucenas, ámbar tierno
en azulada costa, amable vida.
Defiéndeme, mi azor. estío, invierno,
noches de cyclamor y amanecida,
con tu yermo de ámbar, y el escudo
lapislázuli claro, cielo al pecho.
Combáteme, oh mi azor, a trasgo impuro
y a hechiceras sin leyes ni derecho.
Signo tienes del ángel, en tu muro
y en sustancia de arcángel estás hecho.
643
Tu boca jugosa y fragante.
Su risa coqueta reía.
Tan fresca la risa fluía,
que su agua la fuente sonante
por ti detenía...
Tu boca reía... tu boca,
que tiene humedad de ambrosía,
que tanto promete y provoca:
Tu boca de miel y armonía,
reía...
Y vino una abeja dorada,
de mieles ansiosa,
y quiso, creyéndola rosa,
posarse en tu boca encarnada,
fragante y jugosa...
Y en tanto la abeja volaba
buscando la miel de la rosa,
riendo una risa nerviosa,
tu boca el ataque esquivaba
medrosa...
Tu boca reía y gemía
de angustia. La abeja de oro,
en pos de la rosa que huía,
ritmaba su vuelo sonoro.
Y, al cabo, la abeja
posóse en tu boca riente:
Tu risa fue grito doliente,
fue queja...
Decidme, señora, si es justa
la cólera vuestra;
decir si merezco esta adusta
mirada que ira demuestra.
Al ver vuestro aprieto, un instante,
quedóse mi mente perpleja:
¡No había manera galante
de darle muerte a la abeja!
Verdad que os besé; pero en eso
no hay sombra de culpa:
Matar una abeja de un beso,
tal beso disculpa.
No fue, mi señora, osadía,
besar vuestros labios, rosados:
La abeja me hirió en su agonía:
Miradme los labios hinchados.
Cierto es que bendigo
a la abeja traidora,
mas, ved cuánto sufro, en castigo
de haberos besado, señora.
Reíd vuestra risa nerviosa,
reíd vuestra risa coqueta;
que ría la boca jugosa,
que ría la húmeda rosa
que adora el poeta...
Reíd y pensad un instante
si el beso una injuria refleja:
¿Había otro modo galante
de darle muerte a la abeja?
690
Oh, primavera de las amapolas,
Tú que floreces para bien mi casa,
Luego que enjoyes las corolas,
Pasa.
Beso, la forma más voraz del fuego,
Clava sin miedo tu endiablada espuela,
Quema mi alma, pero luego,
Vuela.
Risa de oro que movible y loca
Sueltas el alma, de las sombras, presa,
En cuanto asomes a la boca,
Cesa.
Lástima blanda del error amante
Que a cada paso el corazón diluye,
Vuelca tus mieles y al instante,
Huye.
Odio tremendo, como nada fosco,
Odio que truecas en puñal la seda,
Odio que apenas te conozco,
Queda.
613
Sacude las épicas eras
un loco viento festival.
Ah yeguayeguaa!...
Como un botón en primavera
se abre un relincho de cristal.
Revienta la espiga gallarda
bajo las patas vigorosas.
Ah yeguayeguaa!...
¡Por aumentar la zalagarda
trillarían las mariposas!
Maduros trigos amarillos,
campos expertos en donar.
Ah yeguayeguaa!...
Hombres de corazón sencillo.
¿Qué más podemos esperar?
Éste es el fruto de tu ciencia,
varón de la mano callosa.
Ah yeguayeguaa!...
¡Sólo por falta de paciencia
las copihueras no dan rosas!
Sol que cayó a racimos sobre el llano,
ámbar del sol, quiero adorarte en todo:
en el oro del trigo y de las manos
que lo hicieran gavillas y recodos.
Ámbar del sol, quiero divinizarte
en la flor, en el grano y en el vino.
Amor sólo me alcanza para amarte:
¡para divinizarte, hazme divino!
Que la tierra florezca en mis acciones
como en el jugo de oro de las viñas,
que perfume el dolor de mis canciones
como un fruto olvidado en la campiña.
Que trascienda mi carne a sembradura
ávida de brotar por todas partes,
que mis arterias lleven agua pura,
¡agua que canta cuando se reparte!
Yo quiero estar desnudo en las gavillas,
pisado por los cascos enemigos,
yo quiero abrirme y entregar semillas
de pan, ¡yo quiero ser de tierra y trigo!
Yo di licores rojos y dolientes
cuando trilló el Amor mis avenidas:
ahora daré licores de vertiente
y aromaré los valles con mi herida.
Campo, dame tus aguas y tus rocas,
entiérrame en tus surcos, o recoge
mi vida en las canciones de tu boca
como un grano de trigo de tus trojes...
Dulcifica mis labios con tus mieles,
¡campo de recónditos panales!
Perfúmame a manzanas y laureles,
desgráname en los últimos trigales...
Lléname el corazón de cascabeles,
¡campo de los lebreles pastorales!
Rechinan por las carreteras
los carros de vientres fecundos.
Ah yeguayeguaa!...
¡La llamarada de las eras
es la cabellera del mundo!
Va un grito de bronce removiendo
las bestias que trillan sin tregua
en un remolino tremendo...
Ah yeguayeguaa!...
501
Esquilones de plata
Llevan los bueyes.
-¿Dónde vas, niña mía,
De sol y nieve?
-Voy a las margaritas
Del prado verde.
-El prado está muy lejos
Y miedo tiene.
-Al airón y a la sombra
Mi amor no teme.
-Teme al sol, niña mía,
De sol y nieve.
-Se fue de mis cabellos
Ya para siempre.
-Quién eres, blanca niña.
¿De dónde vienes?
-Vengo de los amores
Y de las fuentes.
Esquilones de plata
Llevan los bueyes.
-¿Qué llevas en la boca
Que se te enciende?
-La estrella de mi amante
Que vive y muere.
-¿Qué llevas en el pecho
Tan fino y leve?
-La espada de mi amante
Que vive y muere.
-¿Qué llevas en los ojos,
***** y solemne?
-Mi pensamiento triste
Que siempre hiere.
-¿Por qué llevas un manto
***** de muerte?
-¡Ay, yo soy la viudita
Triste y sin bienes!
Del conde del Laurel
De los Laureles.
-¿A quién buscas aquí
Si a nadie quieres?
-Busco el cuerpo del conde
De los Laureles.
-¿Tú buscas el amor,
Viudita aleve?
Tú buscas un amor
Que ojalá encuentres.
-Estrellitas del cielo
Son mis quereres,
¿Dónde hallaré a mi amante
Que vive y muere?
-Está muerto en el agua,
Niña de nieve,
Cubierto de nostalgias
Y de claveles.
-¡Ay! caballero errante
De los cipreses,
Una noche de luna
Mi alma te ofrece.
-Ah Isis soñadora.
Niña sin mieles
La que en bocas de niños
Su cuento vierte.
Mi corazón te ofrezco,
Corazón tenue,
Herido por los ojos
De las mujeres.
-Caballero galante,
Con Dios te quedes.
-Voy a buscar al conde
De los Laureles...
-Adiós mi doncellita,
Rosa durmiente,
Tú vas para el amor
Y yo a la muerte.
Esquilones de plata
Llevan los bueyes.
-Mi corazón desangra
Como una fuente.
485
Yo he besado el capullo de tu boca jugosa,
y he bebido en tus besos mieles espirituales,
con toda la liturgia de los viejos misales
y el arrebato que era mi ansiedad voluptuosa.
La caricia divina fue al cabo dolorosa,
que se hicieron incendio los paganos rituales,
y vi en tus ojos claros llamaradas sensuales,
y sentí de tu carne la llamada imperiosa.
Y la onda suprema de un estremecimiento
tremó en el nácar tibio de tu cutis fragante,
y una llama invisible caldeó tu puro aliento.
Y sobre tus espaldas vi enroscado un instante
el látigo, tan ***** como un remordimiento,
que restalló en los aires la Lujuria, triunfante!
407
Oh Soria, cuando miro los frescos naranjales
cargados de perfume, y el campo enverdecido,
abiertos los jazmines, maduros los trigales,
azules las montañas y el olivar florido;
Guadalquivir corriendo al mar entre vergeles;
y al sol de abril los huertos colmados de azucenas,
y los enjambres de oro, para libar sus mieles
dispersos en los campos, huir de sus colmenas;
yo sé la encina roja crujiendo en tus hogares,
barriendo el cierzo helado tu campo empedernido;
y en sierras agrias sueño -¡Urbión, sobre pinares!
¡Moncayo blanco, al cielo aragonés, erguido!-Y pienso: Primavera, como un escalofrío
irá a cruzar el alto solar del romancero,
ya verdearán de chopos las márgenes del río.¿Dará sus verdes hojas el olmo aquel del Duero?Tendrán los campanarios de Soria sus cigüeñas,
y la roqueda parda más de un zarzal en flor;
ya los rebaños blancos, por entre grises peñas,
hacia los altos prados conducirá el pastor. ¡Oh, en el azul, vosotras, viajeras golondrinas
que vais al joven Duero, rebaños de merinos,
con rumbo hacia las altas praderas numantinas,
por las cañadas hondas y al sol de los caminos
hayedos y pinares que cruza el ágil ciervo,
montañas, serrijones, lomazos, parameras,
en donde reina el águila, por donde busca el cuervo
su infecto expoliario; menudas sementeras
cual sayos cenicientos, casetas y majadas
entre desnuda roca, arroyos y hontanares
donde a la tarde beben las yuntas fatigadas,
dispersos huertecillos, humildes abejares!... ¡Adiós, tierra de Soria; adiós el alto llano
cercado de colinas y crestas militares,
alcores y roquedas del yermo castellano,
fantasmas de robledos y sombras de encinares! En la desesperanza y en la melancolía
de tu recuerdo, Soria, mi corazón se abreva.Tierra de alma, toda, hacia la tierra mía,
por los floridos valles, mi corazón te lleva.
411
Amor, estoy preparando nuestro hogar para tu regreso.
Con calma y paciencia estoy llenando nuestro espacio con coloridos arcoíris de pasión, amor, paz, y comprensión.
Silbando una canción en conjunto con las aves,
voy despolvando todo lo que puede conllevar a amargos tragos.
La tina la he llenado con agua bendita.
Quiero que cuando entres por esa puerta.....estés en paz con la vida.
Ven que te espero con ansias.
Ven, vamos a jugar con el tiempo,
volvamos hoy a ser traviesos,
volvamos a besarnos bajo ramas de cerezos,
volvamos a inventar nuevos besos en versos escritos con pétalos de rosas.
Ven amor,
que el tiempo no es tiempo,
me ha dicho que esta de nuestro lado,
solo tenemos que acordar…..en aprovecharlo al máximo.
Ven, que te siento un fuego interino que clama tu cuerpo junto al mío.
Ven,
estoy quemando incienso,
quiero incendiar tu alma,
con caricias al intemperie,
llenarte de mis mieles,
jugar con tus hermosos vellos,
mi bello caballero,
mi hombre perfectamente imperfecto,
tu mi galán, mi gavilán de cuentos,
que le cuentas a mi alma las mejores fábulas en cada beso.
Ven,
que he guardado para ti,
los espacios más limpios de cuerpo y de mi alma.
Ven,
hoy nos amaremos hasta el alba.
LeydisProse
6/23/2017
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 9:35 AM UTC
Bendita la herida que llaga mi planta,
Bendita la angustia que borró mi risa.
Mi boca es más pura desde que no canta
Y mis pies llagados andan más de prisa.
Bendita la saya de burda arpillera
Que en mi piel dibuja pardas rozaduras.
Hoy soy más dichosa que lo que antes era
Entre mis tapices y mis colgaduras.
Benditos los negros brazaletes largos
De la cuerda ruda que hirió mis muñecas.
Me saben a mieles los jugos amargos
Y en éxtasis beso mis dos manos secas.
Carroña yo he hecho del cuerpo menguado
Que con siete inmundos chacales dormía.
Los siete chacales rojos del pecado
Que pasée triunfante por Alejandría.
Estiércol yo he hecho de la carne loca
Que en largas orgías fatigó su nardo.
¡Y hoy un lirio de oro floreció en mi boca
Y a mis pies, sumiso, se ovilló un leopardo!
A mi alma pura por la penitencia,
Ha llegado el soplo claro de la gracia.
¡Y un rosal se eleva de mi pestilencia
Y un halo corona mi cabeza lacia!
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Muy cerca de mi ocaso, yo te bendigo, vida,
porque nunca me diste ni esperanza fallida,
ni trabajos injustos, ni pena inmerecida;
porque veo al final de mi rudo camino
que yo fui el arquitecto de mi propio destino;
que si extraje la miel o la hiel de las cosas,
fue porque en ellas puse hiel o mieles sabrosas:
cuando planté rosales, coseché siempre rosas.
...Cierto, a mis lozanías va a seguir el invierno:
¡mas tú no me dijiste que mayo fuese eterno!
Hallé sin duda largas noches de mis penas;
mas no me prometiste tú sólo noches buenas;
y en cambio tuve algunas santamente serenas...
Amé, fui amado, el sol acarició mi faz.
¡Vida, nada me debes! ¡Vida, estamos en paz!
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