"mejillas" poems
Una cancion titulada; amor frio tibio...
Soplaba el viento, mire al cielo,
vi tu rostro sonriendome
Se acerca el tiempo,
segui el camino y me perdi.
Soplaba el viento,
me jalo y me derreti en tu bondad
Encontre camino
el camino alfin
Volvi a mirar al cielo
Vi tu rostro sonriendome
Senti una brisa fria y tibia
Al misma vez,
En un istante el mundo cambio
Era tu calor
Era tu amor
Eras tu mi señor
Fueron tus manos las caricias que senti
Y sin persarlo en tus brazos me acoste
Sus labios sobre mis mejillas
Besandome con un padre a su hija
Con amor, sin juzgar,
Con una ternura,
en al cual mi corazon no lo sostubo
y mis ojos sintiron lagrimas bajar
solo al sentir tu amor
tan grande que su vida por mi en la cruz!!!
Sep 9, 2013
Sep 9, 2013 at 6:36 PM UTC
Mujer Misteriosa
Cabello castaño cae por su rostro.
El rosa de sus mejillas resplandece en su blanca piel de porcelana.
Un lunar sobre su labio me roba el aliento.
Levanta la mirada, mujer misteriosa.
Déjame ver de que color son tus ojos.
Desvela el sentimiento de tu mirada.
Levanta la mirada, mujer misteriosa.
¡Los veo! ¡Los veo!
Sus ojos marrones, de mirada penetrante y ladrones de mi corazón.
Mysterious Woman
Her brown hair falling over her face.
The pink on her cheeks shining on her porcelain, white skin.
A beauty spot over her lips takes my breath away.
Raise your eyes, mysterious woman.
Let me see the color of your eyes.
Reveal to me the emotion in your gaze.
Raise your eyes, mysterious woman.
I see them! I see them!
Her penetrating brown eyes, robbers of my heart.
Apr 8, 2014
Apr 8, 2014 at 6:03 PM UTC
Le he encontrado un sentido a mi espera
y éste se forma entre las comillas de tus mejillas.
Jul 19, 2013
Jul 19, 2013 at 1:56 PM UTC
Esa noche soñé,
soñé que me enredaba un aura,
un aura tan cambiante,
donde de ella emanaban cantos, gritos y reclamos,
que al poco rato,
se tornaban en zafiros
¡unos tan malditos!
que me rasgaban la piel como espinas,
ante la insistencia del recuerdo.
De repente,
tu boca insana me despierta,
pero noto
que no era tu boca,
nunca lo fue,
era la sombra,
una tan vil y desalmada,
que hurtó tú cara,
tú cara,
¡Oh, tú cara!
Tan falsa! Tan dañina!
Por la cual, yo,
tan cegada y entorpecida
gritaba en mis adentros:
"Acércate, acércate,
y líbrame de mi pesar"
Luego,
en claridad perfecta,
hay dos sombras, detrás una tercera,
sin yo saber quién es quién,
sobre ellas vuela el pájaro azul,
el símbolo de mi voluntad,
quebrantando los cristales,
que de tu incertidumbre
me arrastró;
La tercera sombra, la más incomprensible,
dispara la flecha,
la que me aniquiló el corazón.
Y esta sombra, sin pensarlo,
se esfumó,
y cuando su voluntad esboza,
vuelve a mí,
para repetir una vez más su maldad.
¡Fue el veneno!
¡Fue la ira!
¡Fue la venganza!
que me dejó sin alma,
que me permitía escuchar
como aquella se perdía,
tan potente, tan fugaz,
al igual que una avalancha.
Poco a poco aprendí a
nunca más darme cosas comunes que anhelan;
sobre todo,
al atacarme en rayo fiero,
el recuerdo que niego,
estableciendo el rojo en mis mejillas,
por la causa injusta
de tu egoísmo descomedido
que me centella en los ojos.
Apr 9, 2015
Apr 9, 2015 at 3:53 AM UTC
Yo, para todo viaje
-siempre sobre la madera
de mi vagón de tercera-,
voy ligero de equipaje.
Si es de noche, porque no
acostumbro a dormir yo,
y de día, por mirar
los arbolitos pasar,
yo nunca duermo en el tren,
y, sin embargo, voy bien.
¡Este placer de alejarse!
Londres, Madrid, Ponferrada,
tan lindos... para marcharse.
Lo molesto es la llegada.
Luego, el tren, al caminar,
siempre nos hace soñar;
y casi, casi olvidamos
el jamelgo que montamos.
¡Oh, el pollino
que sabe bien el camino!
¿Dónde estamos?
¿Dónde todos nos bajamos?
¡Frente a mí va una monjita
tan bonita!
Tiene esa expresión serena
que a la pena
da una esperanza infinita.
Y yo pienso: Tú eres buena;
porque diste tus amores
a Jesús; porque no quieres
ser madre de pecadores.
Mas tú eres
maternal,
bendita entre las mujeres,
madrecita virginal.
Algo en tu rostro es divino
bajo tus cofias de lino.
Tus mejillas
-esas rosas amarillas-
fueron rosadas, y, luego,
ardió en tus entrañas fuego;
y hoy, esposa de la Cruz,
ya eres luz, y sólo luz...
¡Todas las mujeres bellas
fueran, como tú, doncellas
en un convento a encerrarse!...
¡Y la niña que yo quiero,
ay, preferirá casarse
con un mocito barbero!
El tren camina y camina,
y la máquina resuella,
y tose con tos ferina.
¡Vamos en una centella!
1.5k
Duermo, para poder sentir tus manos acariciando mis mejillas. Para ver la delicada sonrisa que me da vida, y para ver el cielo estrellado en tus ojos.
No duermo, porque el dolor que siento al despertar y saber que te has ido me destruye.
No puedo respirar.
Me acostumbre a que tu eras el aire que respiraba.
Y ya no estas.
¿Cómo puedo decirle a mi cuerpo que no te podrá tocar más?
¿Cómo le digo a mi mente que ya no debo pensarte?
¿Cómo le digo a mi corazón que me amas igual, pero tu estas allí y yo acá?
May 28, 2015
May 28, 2015 at 4:01 PM UTC
Un día estaré muerta, blanca como la nieve,
dulce como los sueños en la tarde que llueve.
Un día estaré muerta, fría como la piedra,
quieta como el olvido, triste como la hiedra.
Un día habré logrado el sueño vespertino,
el sueño bien amado donde acaba el camino.
Un día habré dormido con un sueño tan largo
que ni tus besos puedan avivar el letargo.
Un día estaré sola, como está la montaña
entre el largo desierto y la mar que la baña.
Será una tarde llena de dulzuras celestes,
con pájaros que callan, con tréboles agrestes.
La primavera, rosa, como un labio de infante,
entrará por las puertas con su aliento fragante.
La primavera rosa me pondrá en las mejillas
-¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas...
La primavera dulce, la que me puso rosas
encarnadas y blancas en las manos sedosas.
La primavera dulce que me enseñara a amarte,
la primavera misma que me ayudó a lograrte.
¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta
como ciudad en ruinas, milenaria y desierta!
¡Oh la tarde como esos silencios de laguna
amarillos y quietos bajo el rayo de luna!
¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta:
cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta!
La muerte justiciera que nos lleva al olvido
como al pájaro errante lo acogen en el nido.
Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora,
la luz azul celeste de la última hora.
Una luz tamizada que bajando del cielo
me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo.
Una luz tamizada que ha de cubrirme toda
con su velo impalpable como un velo de boda.
Una luz que en el alma musitará despacio:
la vida es una cueva, la muerte es el espacio.
Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma
como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde
en que la sangre mía ya no corre ni arde.
Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama
tu boca boca amada dulcemente me llama.
Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos
se pierden en mi alma temblorosos y secos.
Oh silencio, silencio que la tarde se alarga
y pone sus tristezas en tu lágrima amarga.
Oh silencio, silencio que se callan las aves,
se adormecen las flores, se detienen las naves.
Oh silencio, silencio que una estrella ha caído
dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido.
Oh silencio, silencio que la noche se allega
y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega.
Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca
y me apaga los ojos, y me apaga la boca.
Oh silencio, silencio... que la calma destilan
mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
1.6k
Te veo, mi mirada fijamente se posa en tus ojos, ese par de esferas llenas de una luminosidad atrevida, perversa pero hermosa. Mis ojos acarician lentamente todo el contorno tan bello y fino de tu rostro, tus labios, tu pequeña y fina nariz esas mejillas tersas y blancas como rociadas por un baño de luna, la mejor conjunción poética recreada instintivamente por una naturaleza casi divina.
Dec 24, 2014
Dec 24, 2014 at 2:36 PM UTC
Estuche polvoriento,
¡cuántas anécdotas has guardado!
Refrescas cada memoria,
revives el pasado.
Son asombrosos los sentimientos
forzados a quedarse en el olvido
junto con las personas
que el tiempo se ha llevado consigo.
Estuche polvoriento,
has desatado sonrisas inesperadas,
acentuando mis mejillas,
detonando lumbradas.
Es como hallar una pieza del rompe cabezas,
que durante el arduo camino de la vida,
había quedado extraviada.
¡Qué gratificante momento;
lo que son los recuerdos!
Siento que el vigor me has devuelto,
oh, pequeño estuche polvoriento.
Jun 18, 2015
Jun 18, 2015 at 11:49 AM UTC
Desnúdate
Desnuda tus miedos frente al espejo
deja caer tu cabello cobrizo sobre tus hombros
y tus lágrimas amargas rodar por tus mejillas
Desnuda tus alegrías y tira la ira sobre la cama
que en el piso yazca tu tristeza, a tus pies y bajo el tocador
Desnuda tus pasiones y envuélvete con ellas
palpa tu figura con delicadeza y lujuria
que los besos de otros labios te recuerden que eres pura
Desnúdate en la cama y vístete con el calor de otros brazos
con el roce de otra piel
con la respiración pesada de otros pulmones
y el ritmo de otro corazón
Desnúdate bajo la lluvia con el frío de cada gota
con lágrimas en los ojos
y el dolor familiar de las heridas de antaño
Desnúdate de noche en la oscuridad de tu cuarto
Desnúdate de día y que el sol toque tus piernas
que la sombra busque tus nalgas y haga relucir tus senos
Desnúdate para ti
Desnúdate por ti
Desnúdate al completo y permítete sentir la brisa en tu piel
la tierra en tus pies
el amor en tu corazón
y la vida en tu ser
Jul 13, 2017
Jul 13, 2017 at 2:35 AM UTC
En el balcón, un instante
nos quedamos los dos solos.
Desde la dulce mañana
de aquel día, éramos novios.
-El paisaje soñoliento
dormía sus vagos tonos,
bajo el cielo gris y rosa
del crepúsculo de otoño.-
Le dije que iba a besarla;
bajó, serena, los ojos
y me ofreció sus mejillas,
como quien pierde un tesoro.
-Caían las hojas muertas,
en el jardín silencioso,
y en el aire erraba aún
un perfume de heliotropos.-
No se atrevía a mirarme;
le dije que éramos novios,
...y las lágrimas rodaron
de sus ojos melancólicos.
986
Tienes, como Luzbel, formas tan bellas,
Que eí hombre olvida al verte, enamorado,
Que son tus ojos negros dos estrellas
Veladas por la sombra del pecado.
Y no turbas, hipócrita, el reposo
Del pobre hogar con que tu falta escudas,
Porque a besar te atreves al esposo,
Como besara a Jesucristo Judas.
¡Aun sus flores te dan las primaveras,
Y ya tienes el alma envilecida!
Ya llegarás a ver, aunque no quieras,
El horizonte oscuro de tu vida.
Desdeñas los sagrados embelesos
Del casto hogar de la mujer honrada,
Y audaz ostentas, al vender tus besos,
Las llamas del infierno en tu mirada.
Manchas el suelo que tu planta pisa,
Y manchas lo que tocas con tu mano.
Te dio Lucrecia Borgia su sonrisa,
Y Mesalina su perfil romano.
Brota el deleite de tus labios rojos;
Se aparta la virtud a tu presencia,
Porque negras, más negras que tus ojos,
Tienes, mujer, el alma y la conciencia.
Rosas de abril parecen tus mejillas,
Mármol de Paros tu ondulante seno;
Mas ¡ay! que tan excelsas maravillas
Son de barro no más, no más de cieno.
Reina del mal, tú tienes por diadema
La infamia, que con nada se redime.
¿El pudor? ¡Es un ascua que te quema!
¿El deber? ¡Es un yugo que te oprime!
Tienen las gracias con que al mundo halagas,
Precio vil en mercados repugnantes;
¡Y te envaneces de cubrir tus llagas
Con seda recamada de brillantes!
En este siglo en que el honor campea,
No te ha de perdonar ni el vulgo necio.
Hieren más que las piedras de Judea
Los dardos de la burla y del desprecio.
Mañana, enferma, pobre, abandonada,
De la mundana compasión proscrita;
El Honor, cuando mueras humillada,
Sobre tu losa escribirá: ¡Maldita!
1.1k
Extraño tu mirar...
y,
tu voz, solo la pude escuchar
dos...
Me gustaría descifrar con palabras
lo que tu me haces pensar...
pero, no puedo
ni parar a reflexionar,
lo que tu me haces soñar.
Eres sentimientos encontrados
algunos confusos,
otros son intrusos a mi corazón
que no se apartan de tu resplandor.
Otros son de color azul,
fervientes cabalgantes
de la vida sin tu luz.
Por que no me dejan tocarte,
fuerzas del destino total?
que solo te quiero respirar
Solo te quiero dibujar
con mis dedos de acuarela
deseo colorear
esas mejillas y tu mirar
traerte a este altar
de palabras que recito
cuando pienso
en tu vibrar
Extraño tu mirar y
tu sonreír ocultando
lo que quieres decir...
Sep 3, 2014
Sep 3, 2014 at 11:02 AM UTC
embriagada por lazos de espera
la leche dulce roza mis mejillas
el olor de tu llegada contempla
contempla nuestra huida
[ven a buscarme
tengo tres cosas que buscar en ti
tengo tres razones para huir
la noción del tiempo se pierde
entre lámparas y té caliente
en la cafetería del sur]
embriagada por no querer
formulando respuestas de preguntas
que decidí olvidar
soñando entre hortensias para no dejar
de cortar
Sep 2, 2016
Sep 2, 2016 at 1:19 PM UTC
Cuando en la noche te envuelven
las alas de tul del sueño
y tus tendidas pestañas
semejan arcos de ébano,
por escuchar los latidos
de tu corazón inquieto
y reclinar tu dormida
cabeza sobre mi pecho,
diera, alma mía,
cuanto posea:
¡la luz, el aire
y el pensamiento!
Cuando se clavan tus ojos
en un invisible objeto
y tus labios ilumina
de una sonrisa el reflejo,
por leer sobre tu frente
el callado pensamiento
que pasa como la nube
del mar sobre el ancho espejo,
diera, alma mía,
cuanto deseo:
¡la fama, el oro,
la gloria, el genio!
Cuando enmudece tu lengua
y se apresura tu aliento
y tus mejillas se encienden
y entornas tus ojos negros,
por ver entre sus pestañas
brillar con húmedo fuego
la ardiente chispa que brota
del volcán de los deseos,
diera, alma mía,
por cuanto espero,
la fe, el espíritu,
la tierra, el cielo.
952
Caigo como las hojas,
en esta idea que no es mía,
es mas de la vida que de mí,
el sentarme en este lugar
en otra de esas tardes
en las que el sol brilla, y en la que no estás,
quisiera que estuvieras aquí,
para ser el viento en tu voz, tus mejillas,
tu boca, y en el perfume de tu cuello,
que estés aquí, para ver el sol rebotar en tu cabello,
para ver como tú lo iluminas a él,
Sin embargo estoy aquí solo,
cayendo en la idea, de no dejarte ir sin que te quedes.
Apr 19, 2014
Apr 19, 2014 at 4:37 PM UTC
Al fin, una pulmonía
mató a don ***** y están
las campanas todo el día
doblando por él: ¡din-dan!Murió don ***** un señor
de mozo muy jaranero,
muy galán y algo torero;
de viejo, gran rezador.Dicen que tuvo un serrallo
este señor de Sevilla;
que era diestro
en manejar el caballo
y un maestro
en refrescar manzanilla.Cuando mermó su riqueza,
era su monomanía
pensar que pensar debía
en asentar la cabeza.Y asentóla
de una manera española,
que fue casarse con una
doncella de gran fortuna;
y repintar sus blasones,
hablar de las tradiciones
de su casa,
escándalos y amoríos
poner tasa,
sordina a sus desvaríos.Gran pagano,
se hizo hermano
de una santa cofradía;
el Jueves Santo salía,
llevando un cirio en la mano
-¡aquel trueno!-,
vestido de nazareno.
Hoy nos dice la campana
que han de llevarse mañana
al buen don ***** muy serio,
camino del cementerio.Buen don ***** ya eres ido
y para siempre jamás...
Alguien dirá: ¿Qué dejaste?
Yo pregunto: ¿Qué llevaste
al mundo donde hoy estás?¿Tu amor a los alamares
y a las sedas y a los oros,
y a la sangre de los toros
y al humo de los altares?Buen don ***** y equipaje,
¡buen viaje!...
El acá
y el allá,
caballero,
se ve en tu rostro marchito,
lo infinito:
cero, cero.¡Oh las enjutas mejillas,
amarillas,
y los párpados de cera,
y la fina calavera
en la almohada del lecho!
¡Oh fin de una aristocracia!
La barba canosa y lacia
sobre el pecho;
metido en tosco sayal,
las yertas manos en cruz,
¡tan formal!
el caballero andaluz.
874
En mitad de la noche sombría y tempestuosa,
cuando la raza humana sus fatigas reposa,
alguien toca a mi puerta con tímido reclamo.
-«¿Quién me busca a estas horas? - sobresaltado exclamo-,
Quién perturba el silencio de mis dichas supremas?»
Y una voz me responde: -«Soy un niño; no temas:
Me he extraviado en la noche, y ando errante y hambriento,
bajo el gélido azote de la lluvia y del viento…»
Y yo, compadecido por la súplica incierta,
prendo fuego a mi lámpara y entreabro la puerta.
Y al instante entra un niño de dorados cabellos,
grandes ojos azules de adorables destellos,
frescos labios purpúreos y mejillas de rosa.
Y entra alegre, ágil, frívolo, como una mariposa…
Bajo el brazo derecho trae un arco potente,
y un gajo de amaranto le enguirnalda la frente;
un haz de agudas flechas en su carcaj asoma,
y en su espalda palpitan dos alas de paloma.
Y al ver su desamparo sentí tal pesadumbre,
que sequé sus cabellos al amor de la lumbre,
entibié sus manitas entre mis manos rudas,
y alisé el terciopelo de sus plantas desnudas.
Poco después, el niño de rosadas mejillas
se sintió confortado, y huyó de mis rodillas.
Curioseó por la estancia con pueril regocijo,
escogió una saeta, tendió el arco, y me dijo:
-«Quiero ver si la lluvia me ha dejado inservible mi juguete…»
Y al punto lancé un grito terrible,
pues la rígida flecha se me clavó en el pecho!
El falaz diosecillo palmoteó satisfecho,
se echó al hombro la aljaba, me miró sonriente,
clavó en tierra un extremo de su arco inclemente,
y crispando sus manos en la cuerda tirante,
le arrancó cuatro veces un zumbido vibrante.
-Extranjero: Sonríe… -dijo el niño-. En efecto,
la tensión de mi arco no sufrió desperfecto.
Y en pago a tus bondades, como el más alto don,
perpetuamente herido te dejo el corazón!
898
¡Cómo resbala el agua por mi espalda!
¡Cómo moja mi falda,
Y pone en mis mejillas su frescura de nieve!
Llueve, llueve, llueve,
Y voy, senda adelante,
Con el alma ligera y la cara radiante,
Sin sentir, sin soñar,
Llena de la voluptuosidad de no pensar.
Un pájaro se baña
En una charca turbia. Mi presencia le extraña,
Se detiene... Me mira... Nos sentimos amigos...
¡Los dos amamos muchos cielos, campos y trigos!
Después es el asombro
De un labriego que pasa con su azada en el hombro.
Y la lluvia me cubre
De todas las fragancias que a los setos da octubre.
Y es, sobre mi cuerpo por el agua empapado,
Como un maravilloso y estupendo tocado
De gotas cristalinas, de flores deshojadas
Que vuelcan a mi paso las plantas asombradas.
Y siento, en la vacuidad
Del cerebro sin sueños, la voluptuosidad
Del placer infinito, dulce y desconocido,
De un minuto de olvido.
Llueve, llueve, llueve,
Y tengo, en alma y carne, como un frescor de nieve.
840
Elena despertó a las dos y cinco,
abrió despacio las contraventanas
y el sol de invierno hirió sus ojos
enrojecidos. Apoyada
la frente en el cristal,
miró a la calle: niños con bufandas,
perros. Tres curas
paseaban.
En ese mismo instante,
Dora comenzaba
a ponerse las medias.
Las ligas le dejaban
una marca en los muslos ateridos.
Al encender la radio -«Aída:
marcha nupcial»-,
recordaba palabras
-«Dora, Dorita, te amo»-
a la vez que intentaba
reconstruir el rostro de aquel hombre
que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada,
y leía distraída una moneda:
«Veinticinco pesetas.» «...por la gracia
de Dios.»
(Y por la cama)
Eran las tres y diez cuando Conchita
se estiraba
la piel de las mejillas
frente al espejo. Bostezó. Miraba
su propio rostro con indiferencia.
Localizó tres canas
en la raíz oscura de su pelo
amarillo. Abrió luego una caja
de crema rosa, cuyo contenido
extendió en torno a su nariz. Bostezaba,
y aprovechó aquel gesto
indefinible para
comprobar el estado
de una muela careada
allá en el fondo de sus fauces secas,
inofensivas, turbias, algo hepáticas.
Por otra parte,
también se preparaba
la ciudad.
El tren de las catorce treinta y nueve
alteró el ritmo de las calles. Miradas
vacilantes, ojos
confusos, planteaban
imprecisas preguntas
que las bocas no osaban
formular.
En los cafés, entraban
y salían los hombres, movidos
por algo parecido a una esperanza.
Se decía que aún era temprano. Pero
a las cuatro, Dora comenzaba
a quitarse las medias -las ligas
dejaban una marca
en sus muslos.
Lentas, solemnes, eclesiásticas,
volaban de las torres
palomas y campanas.
Mientras
se bajaba la falda,
Conchita vio su cuerpo
-y otra sombra vaga-
moverse en el espejo
de su alcoba. En las calles y plazas
palidecía la tarde de diciembre. Elena
cerró despacio las contraventanas.
895
No habían cumplido años ni la rosa ni el arcángel.
Todo, anterior al balido y al llanto.
Cuando la luz ignoraba todavía
si el mar nacería niño o niña.
Cuando el viento soñaba melenas que peinar
y claveles el fuego que encender y mejillas
y el agua unos labios parados donde beber.
Todo, anterior al cuerpo, al nombre y al tiempo.
Entonces yo recuerdo que, una vez, en el cielo...Paseaba con un dejo de azucena que piensa,
casi de pájaro que sabe ha de nacer.
Mirándose sin verse a una luna que le hacía espejo el
sueño
y a un silencio de nieve que le elevaba los pies.
A un silencio asomada.
Era anterior al arpa, a la lluvia y a las palabras.
No sabía.
Blanca alumna del aire,
temblaba con las estrellas, con la flor y los árboles.
Su tallo, su verde talle.
Con las estrellas mías
que, ignorantes de todo,
por cavar dos lagunas en sus ojos
la ahogaron en dos mares.
Y recuerdo...
Nada más: muerta, alejarse.También antes,
mucho antes de la rebelión de las sombras,
de que al mundo cayeran plumas incendiadas
y un pájaro pudiera ser muerto por un lirio.
Antes, antes que tú me preguntaras
el número y el sitio de mi cuerpo.
Mucho antes del cuerpo.
En la época del alma.
Cuando tú abriste en la frente sin corona del cielo
la primera dinastía del sueño.
Cuando tú, al mirarme en la nada,
inventaste la primera palabra.
Entonces, nuestro encuentro.Aún los valses del cielo no habían desposado al jazmín y la
nieve,
ni los aires pensado en la posible música de tus cabellos,
ni decretado el rey que la violeta se enterrara en un libro.
No.
Era la era en que la golondrina viajaba
sin nuestras iniciales en el pico.
En que las campanillas y las enredaderas
morían sin balcones que escalar y estrellas.
La era
en que al hombro de un ave no había flor que apoyara la cabeza.
Entonces, detrás de tu abanico, nuestra luna primera.
813
la pajarera de pentecostés
no te acostés no con la parajera
viajaba por la nieve un abanico
leve le daba en la mitad del pájaro
había alcaldes discursos mi sombrero
saludaba galantepenconstés
tus manos sí que usaban guantes crueles
y antes fieles cantaban mis mejillas
las pajarillas aban cantapiés
de pies señores ándales de pies
carancanfúncales carancanfúncales
perro amigo en el bazo y en el tres
así será así fue así es
tres claro tres pelotas así es
claramente cortado de costado
como mi pan sinmigo pero entrado
y alguno cuándo no murmura ves
te robaré en un cab tirado por camellos
reales y la reina de Inglaterra
los vecinos de envidia se arrancaban los cabellos
y nos mandan precisamente a la mierda
pero nosotros vamos directamente a un cielo
donde te como el cuello muy delicadamente
y tú eres un desierto abierto entre dos senos
y yo como un camello te recorro caliente
y después del amor volvemos al amor
y amoramos amamos amemoramos mamos
y las huríes danzan adentro de una flor
y entonces te traiciono inevitablemente
con una hurí que se parece a ti
por que Alá no está institucionalizada
y como yo no quiero serte infiel
y vos tenés la culpa que lo sea
es mejor que te cases con aquél
y te conviertas en una gorda fea
y entonces yo diré en el café del barrio
cuando pases moviendo tu ser y tu no ser:
"pude haber hecho una mujer de esa mujer
si hubiese sido necesario"
770
Sonríele a la luna, que se muere de la envidia
Del brillo de tus ojos y el rubor de tus mejillas;
Sonríele al sol, que no puede del rencor,
Y susurra a tus espaldas que él es mejor.
Sonríele a los astros, que refunfuñan en lo alto,
Que no saben reaccionar ante este error humano,
Que los hace estremecerse allá en el cielo,
Y que no saben qué hacer, con estos celos
Porque hoy los poetas te cantan a ti, linda, y no a ellos.
Nov 25, 2015
Nov 25, 2015 at 10:17 AM UTC
*
Your cheeks are
Roses, my love
Soft and color
Yours and mine
Brush with ardor*
(original in Spanish)
Mejillas Coloridas
*
Tus mejillas son
Rosas, mi amor
Suaves y color
Tuyas y mías
Rozan con ardor*
Sep 10, 2016
Sep 10, 2016 at 1:15 PM UTC
el infierno adorna sus paredes
empiezan bailes y ritos
gotas de sangre rebotan en las mejillas de los malvados
Altísimos altares alzan las siluetas de quienes detestamos
levantamos el rostro para ver
Mientras se ríen y escupen sobre nuestras cabezas
incesantes gritos sirven de cantos
autores los pisoteados
quienes vomitan la culpa
se retuercen como en coreografía
espectáculo duro de ver
pero no aparto la vista
muerte y rabia es lo que se inhala
cada vez que se respira
mientras puñales atraviesan estómagos
rostros y miembros
mientras yo
cierro los ojos y cubro mi nariz
pero aún escucho
Aug 19, 2018
Aug 19, 2018 at 2:01 PM UTC