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"llueve" poems
Hace frio. Llueve. Me gusta Cuando llueve. El agua Baila En las casa. Yo Miro. Escucho A el agua; Yo estoy Feliz. Hoy es Sábado. Y llueve, Siempre. Pero, Yo corro. Yo corro y yo corro Cuando llueve. Llevo Los pantalones cortes Además llueve En sábado. Yo descanso. Yo estoy cansada. “Yo no trabajo más,” yo hablo. Pero yo aprendo, Yo trabajo, siempre. Pero, yo estoy feliz Cuando yo trabajo Porque, me gusta sábado Y llueve, siempre, Y yo bailo con el agua. Canta, el agua. Canta a me. En sábado frio, Nosotros cantamos, El agua y me. Sábado es bueno. Sábado es simpático. Me gusta sábado Cuando el agua y yo Cantamos y bailamos. Pero no me gusta lunes, Martes, miércoles, Jueves, viernes. Porque yo estoy en la casa, No en la escuela. Mi madre, no, mi madrastra Es mala y seria. “No les gustas,” ella habla. “Tú eres débil y pobre. No les gustas,” Ella habla otra vez y otra vez. Pero, en sábado, Yo corro. Porque yo no trabajo Para mi madrastra En la casa mala. Yo corro, cuando Miro una la chica. No ella baila en el agua. No ella canta en el agua. ¿Por qué? Ella mira me. Ella habla, “Hi. My name is Basil.” Yo hablo, “No hablo inglés.” Ella habla, “Ok. Me llamo Basil.” Basil. Un nombre bonito. Basil habla, “¿Cómo te llamas?” Yo hablo, “Catrin.” “Mucho gusto, Catrin” Basil habla. “Igualmente, Basil” Yo hablo, Pero no nosotros paseamos. “¿Estas tu nuevo aquí?” Basil habla. “No,” Yo hablo. “¿Estoy yo tu amiga?” “No.” Ella habla, “¿Por qué?” “El agua es mi amigo uno,” y yo corro. Yo estoy en la casa. No me gusta la casa. No mi madrastra está aquí. Pero, el gato está aquí. Me gusta el gato. Nombre del gato es Licorice. Nosotros descansamos. Yo leo mi libro inglés. Yo práctico mi inglés. “Hello,” yo hablo, “es Hola.” El gato habla, “¡Miau!” Licorice gusta comer. “Paseas con me,” Yo hablo. Él come. Yo miro. Yo miro y yo dibujo. Yo dibujo Licorice. “¿Miau?” Licorice habla. “Está bien, Licorice.” Pero no está bien. Adiós sábado noches. Hoy es domingo y mañana. Mi madrastra no está aquí. Mi madrastra no está aquí sábado noches. Que es bueno. Hoy, yo corro, otra vez. Yo miro la chica otra vez. Basil pasea a me. “¡Tú estás ilegal!” Basil habla. “¿Qué?” yo hablo. Yo miro. “¿Por qué?” yo hablo. Yo estoy triste. Pero el agua baila y canta. Mi casa es en Dallas Texas, Pero yo soy de Chihuahua, México. ¿Soy yo libre? Sí y no Yo soy libre en México. Sí, en Dallas, Yo soy ilegal. Pero cuando yo canto y bailo con el agua, Yo soy Libre.
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Jan 31, 2016
Jan 31, 2016 at 9:42 PM UTC
Ilegal
Hace frio. Llueve. Me gusta Cuando llueve. El agua Baila En las casa. Yo Miro. Escucho A el agua; Yo estoy Feliz. Hoy es Sábado. Y llueve, Siempre. Pero, Yo corro. Yo corro y yo corro Cuando llueve. Llevo Los pantalones cortes Además llueve En sábado. Yo descanso. Yo estoy cansada. “Yo no trabajo más,” yo hablo. Pero yo aprendo, Yo trabajo, siempre. Pero, yo estoy feliz Cuando yo trabajo Porque, me gusta sábado Y llueve, siempre, Y yo bailo con el agua. Canta, el agua. Canta a me. En sábado frio, Nosotros cantamos, El agua y me. Sábado es bueno. Sábado es simpático. Me gusta sábado Cuando el agua y yo Cantamos y bailamos. Pero no me gusta lunes, Martes, miércoles, Jueves, viernes. Porque yo estoy en la casa, No en la escuela. Mi madre, no, mi madrastra Es mala y seria. “No les gustas,” ella habla. “Tú eres débil y pobre. No les gustas,” Ella habla otra vez y otra vez. Pero, en sábado, Yo corro. Porque yo no trabajo Para mi madrastra En la casa mala. Yo corro, cuando Miro una la chica. No ella baila en el agua. No ella canta en el agua. ¿Por qué? Ella mira me. Ella habla, “Hi. My name is Basil.” Yo hablo, “No hablo inglés.” Ella habla, “Ok. Me llamo Basil.” Basil. Un nombre bonito. Basil habla, “¿Cómo te llamas?” Yo hablo, “Catrin.” “Mucho gusto, Catrin” Basil habla. “Igualmente, Basil” Yo hablo, Pero no nosotros paseamos. “¿Estas tu nuevo aquí?” Basil habla. “No,” Yo hablo. “¿Estoy yo tu amiga?” “No.” Ella habla, “¿Por qué?” “El agua es mi amigo uno,” y yo corro. Yo estoy en la casa. No me gusta la casa. No mi madrastra está aquí. Pero, el gato está aquí. Me gusta el gato. Nombre del gato es Licorice. Nosotros descansamos. Yo leo mi libro inglés. Yo práctico mi inglés. “Hello,” yo hablo, “es Hola.” El gato habla, “¡Miau!” Licorice gusta comer. “Paseas con me,” Yo hablo. Él come. Yo miro. Yo miro y yo dibujo. Yo dibujo Licorice. “¿Miau?” Licorice habla. “Está bien, Licorice.” Pero no está bien. Adiós sábado noches. Hoy es domingo y mañana. Mi madrastra no está aquí. Mi madrastra no está aquí sábado noches. Que es bueno. Hoy, yo corro, otra vez. Yo miro la chica otra vez. Basil pasea a me. “¡Tú estás ilegal!” Basil habla. “¿Qué?” yo hablo. Yo miro. “¿Por qué?” yo hablo. Yo estoy triste. Pero el agua baila y canta. Mi casa es en Dallas Texas, Pero yo soy de Chihuahua, México. ¿Soy yo libre? Sí y no Yo soy libre en México. Sí, en Dallas, Yo soy ilegal. Pero cuando yo canto y bailo con el agua, Yo soy Libre.
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A la orilla, de mí ya desprendido, toco la destrucción que en mí se atreve, palpo ceniza y nada, lo que llueve el cielo en su caer oscurecido. Anegado en mi sombra-espejo mido la deserción del soplo que me mueve: huyen, fantasma ejército de nieve, tacto y color, perfume y sed, ruido. El cielo se desangra en el cobalto de un duro mar de espumas minerales; yazgo a mis pies, me miro en el acero de la piedra gastada y del asfalto: pisan opacos muertos maquinales, no mi sombra, mi cuerpo verdadero.
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Crepúsculos de la ciudad
Llueve en el mar: al mar lo que es del mar y que se seque la heredad. ¿La ola no tiene forma? En un instante se esculpe y en otro se desmorona en la que emerge, redonda. Su movimiento es su forma. Las olas se retiran -ancas, espaldas, nucas- pero vuelven las olas -pechos, bocas, espumas-. Muere de sed el mar. Se retuerce, sin nadie, en su lecho de rocas. Muere de sed de aire.
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Frente al mar
La sonrisa que llueve en mi alma, así eres tú, alegrando mis días y llenándolos de esperanza, (Así eres tu). Como el primor del cielo forrándome en nubes que transitan mi cuerpo, algo así eres tú. Como ladrillos que componen mi apasionada fábrica, así eres tú, brasero en mis días más fríos, manantial refrescante de ilusión en mis temporadas de calor, así eres tú. Semilla que germina de mi tierra, Como agua, bautizando mi cosecha, aceite que embalsama mi piel reseca (así eres tú). Como arena que se acuesta con la última ola, así eres tú, la paciente y dulce cuesta del sol en mi panorama, así eres tú.   Salmo que edifica mi espíritu, ensalmando mis días de tristeza y conjurándolos con tus bellas e inolvidables caricias Así eres tú. ¡Mi hombre perfectamente imperfecto! Loma de mis anhelos, vigor de mi boca refresca. La calma cuando pienso en ti en mi vieja mecedora. Estar entre tus brazos es mi mejor sombra, besarnos y abrazarnos sin descanso debajo de aquel árbol de magnolia, vestigios de amor en el suelo dejamos cual árbol su bella flor nos va adornando. Así eres tú, como un poema de Neruda, que me conmueve y me transporta a la luna. Como un verso que encontró su mejor metáfora, Como la energía que logra traspasar las barreras físicas. Así eres tú, mi rayo de sol en un día nublado. Suspiro que alienta mi cuerpo y mi morada, Aquella canción que de niña escuchaba, ya soñando contigo y algún día cantártela. Y si, ¡bendito Dios, que eres tú! LeydisProse 10/18/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Oct 18, 2018
Oct 18, 2018 at 2:36 PM UTC
ERES TÚ
La sonrisa que llueve en mi alma, así eres tú, alegrando mis días y llenándolos de esperanza, (Así eres tu). Como el primor del cielo forrándome en nubes que transitan mi cuerpo, algo así eres tú. Como ladrillos que componen mi apasionada fábrica, así eres tú, brasero en mis días más fríos, manantial refrescante de ilusión en mis temporadas de calor, así eres tú. Semilla que germina de mi tierra, Como agua, bautizando mi cosecha, aceite que embalsama mi piel reseca (así eres tú). Como arena que se acuesta con la última ola, así eres tú, la paciente y dulce cuesta del sol en mi panorama, así eres tú.   Salmo que edifica mi espíritu, ensalmando mis días de tristeza y conjurándolos con tus bellas e inolvidables caricias Así eres tú. ¡Mi hombre perfectamente imperfecto! Loma de mis anhelos, vigor de mi boca refresca. La calma cuando pienso en ti en mi vieja mecedora. Estar entre tus brazos es mi mejor sombra, besarnos y abrazarnos sin descanso debajo de aquel árbol de magnolia, vestigios de amor en el suelo dejamos cual árbol su bella flor nos va adornando. Así eres tú, como un poema de Neruda, que me conmueve y me transporta a la luna. Como un verso que encontró su mejor metáfora, Como la energía que logra traspasar las barreras físicas. Así eres tú, mi rayo de sol en un día nublado. Suspiro que alienta mi cuerpo y mi morada, Aquella canción que de niña escuchaba, ya soñando contigo y algún día cantártela. Y si, ¡bendito Dios, que eres tú! LeydisProse 10/18/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse//
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Hace un mes que te dije No podía esperarte más. Y el abismo entre nosotros tragó: las plumas, los sonidos, y la lengua que querría cantar. Eras un pájaro con ojos cerrados. Las alas de mi mente Golpeaban el aire tranquilo Dónde no podía encontrarte Sino tu canción vacía sin amor. Me encuentro a mí mismo En el campo: me siento muy seca y sola pero sabia. Siempre me llevaban las alas Al norte, afuera, al norte Donde oigo la canción de mi pueblo, De la gente que no me ha dejado Por nada, aunque llueve. Hace un mes que me dio cuenta De otra forma de ser, cercano. Me ha tocado como las suspiras Del árbol que tiene hojas con la riqueza de los ojos cafés del chico distinto aquí: Mirándome, hasta que debo salir. Otra vez salgo con las alas Afuera de lo que conozco Porque, como un pájaro del otoño, El viento fresco me hacen una seña que yo debería olvidarme las hojas y los ojos porque ellos se caen siempre de los árboles a la tierra dura: Mirándome, hasta que te caes también.
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Oct 17, 2012
Oct 17, 2012 at 1:42 AM UTC
Hojas y Ojos
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Silencio
Un día estaré muerta, blanca como la nieve, dulce como los sueños en la tarde que llueve. Un día estaré muerta, fría como la piedra, quieta como el olvido, triste como la hiedra. Un día habré logrado el sueño vespertino, el sueño bien amado donde acaba el camino. Un día habré dormido con un sueño tan largo que ni tus besos puedan avivar el letargo. Un día estaré sola, como está la montaña entre el largo desierto y la mar que la baña. Será una tarde llena de dulzuras celestes, con pájaros que callan, con tréboles agrestes. La primavera, rosa, como un labio de infante, entrará por las puertas con su aliento fragante. La primavera rosa me pondrá en las mejillas -¡la primavera rosa!- dos rosas amarillas... La primavera dulce, la que me puso rosas encarnadas y blancas en las manos sedosas. La primavera dulce que me enseñara a amarte, la primavera misma que me ayudó a lograrte. ¡Oh la tarde postrera que imagino yo muerta como ciudad en ruinas, milenaria y desierta! ¡Oh la tarde como esos silencios de laguna amarillos y quietos bajo el rayo de luna! ¡Oh la tarde embriagada de armonía perfecta: cuán amarga es la vida! ¡Y la muerte qué recta! La muerte justiciera que nos lleva al olvido como al pájaro errante lo acogen en el nido. Y caerá en mis pupilas una luz bienhechora, la luz azul celeste de la última hora. Una luz tamizada que bajando del cielo me pondrá en las pupilas la dulzura de un velo. Una luz tamizada que ha de cubrirme toda con su velo impalpable como un velo de boda. Una luz que en el alma musitará despacio: la vida es una cueva, la muerte es el espacio. Y que ha de deshacerme en calma lenta y suma como en la playa de oro se deshace la espuma.Oh, silencio, silencio... esta tarde es la tarde en que la sangre mía ya no corre ni arde. Oh, silencio, silencio... en torno de mi cama tu boca boca amada dulcemente me llama. Oh silencio, silencio que tus besos sin ecos se pierden en mi alma temblorosos y secos. Oh silencio, silencio que la tarde se alarga y pone sus tristezas en tu lágrima amarga. Oh silencio, silencio que se callan las aves, se adormecen las flores, se detienen las naves. Oh silencio, silencio que una estrella ha caído dulcemente a la tierra, dulcemente y sin ruido. Oh silencio, silencio que la noche se allega y en mi lecho se esconde, susurra, gime y ruega. Oh silencio, silencio... que el Silencio me toca y me apaga los ojos, y me apaga la boca. Oh silencio, silencio... que la calma destilan mis manos cuyos dedos lentamente se afilan...
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Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer? Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal, francamente no se trata de molestar a nadie, es tan sencillo: somos pasajeros. Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros: pasa el mar, se despide la rosa, pasa la tierra por la sombra y por la luz, y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros. Entonces, qué les pasa? Por qué andan tan furiosos? A quién andan buscando con revólver? Nosotros no sabíamos que todo lo tenían ocupado, las copas, los asientos, las camas, los espejos, el mar, el vino, el cielo. Ahora resulta que no tenemos mesa. No puede ser, pensamos. No pueden convencernos. Estaba oscuro cuando llenamos al barco. Estábamos desnudos. Todos llegábamos del mismo sitio. Todos veníamos de mujer y de hombre. Todos tuvimos hambre y pronto dientes. A todos nos crecieron las manos y los ojos para trabajar y desear lo que existe. Y ahora nos salen con que no podemos, que no hay sitio en el barco, no quieren saludarnos, no quieren jugar con nosotros. Por qué tantas ventajas para ustedes? Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido? Aquí no están contentos, así no andan las cosas. No me gusta en el viaje hallar, en los rincones, la tristeza, los ojos sin amor y la boca con hambre. No hay ropa para este creciente otoño y menos, menos, menos para el próximo invierno. Y sin zapatos cómo vamos a dar la vuelta al mundo, a tanta piedra en los caminos? Sin mesa dónde vamos a comer, dónde nos sentaremos si no tenemos silla? Si es una broma triste, decídanse, señores, a terminarla pronto, a hablar en serio ahora. Después el mar es duro. Y llueve sangre.
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El barco
Pero si ya pagamos nuestros pasajes en este mundo por qué, por qué no nos dejan sentarnos y comer? Queremos mirar las nubes, queremos tomar el sol y oler la sal, francamente no se trata de molestar a nadie, es tan sencillo: somos pasajeros. Todos vamos pasando y el tiempo con nosotros: pasa el mar, se despide la rosa, pasa la tierra por la sombra y por la luz, y ustedes y nosotros pasamos, pasajeros. Entonces, qué les pasa? Por qué andan tan furiosos? A quién andan buscando con revólver? Nosotros no sabíamos que todo lo tenían ocupado, las copas, los asientos, las camas, los espejos, el mar, el vino, el cielo. Ahora resulta que no tenemos mesa. No puede ser, pensamos. No pueden convencernos. Estaba oscuro cuando llenamos al barco. Estábamos desnudos. Todos llegábamos del mismo sitio. Todos veníamos de mujer y de hombre. Todos tuvimos hambre y pronto dientes. A todos nos crecieron las manos y los ojos para trabajar y desear lo que existe. Y ahora nos salen con que no podemos, que no hay sitio en el barco, no quieren saludarnos, no quieren jugar con nosotros. Por qué tantas ventajas para ustedes? Quién les dio la cuchara cuando no habían nacido? Aquí no están contentos, así no andan las cosas. No me gusta en el viaje hallar, en los rincones, la tristeza, los ojos sin amor y la boca con hambre. No hay ropa para este creciente otoño y menos, menos, menos para el próximo invierno. Y sin zapatos cómo vamos a dar la vuelta al mundo, a tanta piedra en los caminos? Sin mesa dónde vamos a comer, dónde nos sentaremos si no tenemos silla? Si es una broma triste, decídanse, señores, a terminarla pronto, a hablar en serio ahora. Después el mar es duro. Y llueve sangre.
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Esta tarde llueve como nunca; y no tengo ganas de vivir, corazón. Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser? Viste gracia y pena; viste de mujer. Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo las cavernas crueles de mi ingratitud; mi bloque de hielo sobre su amapola, más fuerte que su "No seas así!" Mis violentas flores negras; y la bárbara y enorme pedrada; y el trecho glacial. Y pondrá el silencio de su dignidad con. óleos quemantes el punto final. Por eso esta tarde, como nunca, voy con este búho, con este corazón. Y otras pasan; y viéndome tan triste, toman un poquito de ti en la abrupta arruga de mi hondo dolor. Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no tengo ganas de vivir, corazón!
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Heces
No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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Después del amor
No pudimos ser. La tierra no pudo tanto. No somos cuanto se propuso el sol en un anhelo remoto. Un pie se acerca a lo claro. En lo oscuro insiste el otro. Porque el amor no es perpetuo en nadie, ni en mí tampoco. El odio aguarda su instante dentro del carbón más hondo. Rojo es el odio y nutrido. El amor, pálido y solo. Cansado de odiar, te amo. Cansado de amar, te odio. Llueve tiempo, llueve tiempo. Y un día triste entre todos, triste por toda la tierra, triste desde mí hasta el lobo, dormimos y despertamos con un tigre entre los ojos. Piedras, hombres como piedras, duros y plenos de encono, chocan en el aire, donde chocan las piedras de pronto. Soledades que hoy rechazan y ayer juntaban sus rostros. Soledades que en el beso guardan el rugido sordo. Soledades para siempre. Soledades sin apoyo. Cuerpos como un mar voraz, entrechocado, furioso. Solitariamente atados por el amor, por el odio. Por las venas surgen hombres, cruzan las ciudades, torvos. En el corazón arraiga solitariamente todo. Huellas sin compaña quedan como en el agua, en el fondo. Sólo una voz, a lo lejos, siempre a lo lejos la oigo, acompaña y hace ir igual que el cuello a los hombros. Sólo una voz me arrebata este armazón espinoso de vello retrocedido y erizado que me pongo. Los secos vientos no pueden secar los mares jugosos. Y el corazón permanece fresco en su cárcel de agosto porque esa voz es el arma más tierna de los arroyos: «Miguel: me acuerdo de ti después del sol y del polvo, antes de la misma luna, tumba de un sueño amoroso». Amor: aleja mi ser de sus primeros escombros, y edificándome, dicta una verdad como un soplo. Después del amor, la tierra. Después de la tierra, todo.
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Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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El soldado y la nieve
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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Busco lugares de tierras negras y frescas Donde plantar mis pies Echar profundas raíces que incluso tormentas no puedan lograr desprender. Pero mis plantas no son para hacer raíces Estas tierras no son fértiles y aquí apenas llueve.
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Apr 10, 2015
Apr 10, 2015 at 6:18 PM UTC
Fértil
Todos han muerto. Murió doña Antonia, la ronca, que hacía pan barato en el burgo. Murió el cura Santiago, a quien placía le saludasen los jóvenes y las mozas, respondiéndoles a todos, indistintamente: «Buenos días, José! Buenos días, María!» Murió aquella joven rubia, Carlota, dejando un hijito de meses, que luego también murió a los ocho días de la madre. Murió mi tía Albina, que solía cantar tiempos y modos de heredad, en tanto cosía en los corredores, para Isidora, la criada de oficio, la honrosísima mujer. Murió un viejo tuerto, su nombre no recuerdo, pero dormía al sol de la mañana, sentado ante la puerta del hojalatero de la esquina. Murió Rayo, el perro de mi altura, herido de un balazo de no se sabe quién. Murió Lucas, mi cuñado en la paz de las cinturas, de quien me acuerdo cuando llueve y no hay nadie en mi experiencia. Murió en mi revólver mi madre, en mi puño mi hermana y mi hermano en mi víscera sangrienta, los tres ligados por un género triste de tristeza, en el mes de agosto de años sucesivos. Murió el músico Méndez, alto y muy borracho, que solfeaba en su clarinete tocatas melancólicas, a cuyo articulado se dormían las gallinas de mi barrio, mucho antes de que el sol se fuese. Murió mi eternidad y estoy velándola.
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La violencia de las horas
Comienzo a dar vueltas visitando un mundo paralelo ese pues... el de los muertos Llueve sobre mí cuando expiro en medio de casi todas mis noches al borde de la desesperación Lo extraño es queeeee la muerte no me afecta Me afecta la agonía el suspirar por los lamentos de este... tu propio suelo Soy un invitado [y no lo niego] pero jamás encontramos la ocasión para bailar en esta: La noche de nuestra muerte [bailamos?]
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Jul 22, 2010
Jul 22, 2010 at 8:55 AM UTC
La noche de nuestra muerte
Fulge mi cigarrillo; su luz se limpia en pólvoras de alerta. Y a su guiño amarillo entona un pastorcillo el tamarindo de su sombra muerta. Ahoga en una enérgica negrura, el caserón entero la mustia distinción de su blancura. Pena un frágil aroma de aguacero. Están todas las puertas muy ancianas, y se hastía en su habano carcomido una insomne piedad de mil ojeras. Yo las dejé lozanas; y hoy las telarañas han zurcido hasta en el corazón de sus maderas, coágulos de sombra oliendo a olvido. La del camino, el día que me miró llegar, trémula y triste, mientras que sus dos brazos entreabría, chilló como en un llanto de alegría. Que en toda fibra existe para el ojo que ama, una dormida novia perla, una lágrima escondida. Con no sé qué memoria secretea mi corazón ansioso. -Señora?... -Sí, señor; murió en la aldea; aún la veo envueltita en su rebozo Y la abuela amargura de un cantar neurasténico de paria ¡oh, derrotada musa legendaria! afila sus melódicos raudales bajo la noche oscura: como si abajo, abajo, en la turbia pupila de cascajo de abierta sepultura, celebrando perpetuos funerales, se quebrasen fantásticos puñales. Llueve..., llueve... Sustancia el aguacero, reduciéndolo a fúnebres olores, el humor de los viejos alcanfores que velan tahuashando en el sendero con sus ponchos de hielo y sin sombrero.
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Hojas de ébano
Llueve... Espera, no duermas, estáte atento a lo que dice el viento y a lo que dice el agua que golpea con sus dedos menudos en los vidrios. Todo mi corazón se vuelve oídos para escuchar a la hechizada hermana, que ha dormido en el cielo, que ha visto el sol de cerca, y baja ahora elástica y alegre de la mano del viento, igual que una viajera que torna a un país de maravilla. ¡Cómo estará de alegre el trigo ondeante! ¡Con qué avidez se esponjará la hierba! ¡Cuántos diamantes colgarán ahora del ramaje profundo de los pinos! Espera, no te duermas. Escuchemos             el ritmo de la lluvia.             Apoya entre mis senos             tu frente taciturna. Yo sentiré el latir de tus dos sienes             palpitantes y tibias, como si fueran dos martillos vivos             que golpearan mi carne. Espera, no te duermas. Esta noche somos los dos un mundo, aislado por el viento y por la lluvia entre la cuenca tibia de una alcoba. Espera, no te duermas. Esta noche somos acaso la raíz suprema de donde debe germinar mañana el tronco bello de una raza nueva
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Noche de lluvia
Gracias, amor, si hiciste que lloviera en el último instante de este día, pues, por ser una lluvia triste y fría, hubo un rayo de sol sobre una hoguera. Gracias, amor, si tu designio era que lloviera del modo que llovía para ofrecerme en una flor tardía todo el perfume de la primavera. Gracias, amor, si no la merecía, gracias, amor, aunque la mereciera; gracias también por la melancolía. Que llueve dentro cuando escampa afuera, y haz que vuelva a llover de esa manera como llueve en mi alma todavía.
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Canción agradecida
Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última. En mi tierra desierta eres la última rosa. Ah silenciosa! Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. Ah silenciosa! He aquí la soledad de donde estás ausente. Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas. Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. Ah silenciosa!
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Poema 8
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Adán y eva ix
-¡Qué fresca es la sombra del plátano! De una hoja de plátano se desprenden infinitas hojas de agua que están descendiendo siempre. Me gustan las hojas verdes, acanaladas, y los racimos, y los retoños unánimes, agudos, como una bandada de peces hacia arriba. ¿Has visto el tronco? Es un panal de agua. Me gusta el platanar con su humedad sombría y derribada, con su lecho en que se pudre el  sol y con sus hojas golpeadas y tranquilas. Me gusta el platanar cuando llueve porque suena sonoramente, porque se alegra como una bestia bañándose y saltando. Me gusta la sombra del plátano y sus pequeños nidos de aire, y el aire dulce y torpe aprendiendo a volar. Me gusta tirarme en el suelo sin raíces y sentir cómo transcurre el agua y quedarme inmóvil, oyendo. Fuimos al mar. ¡Qué miedo tuve y qué alegría. Es un enorme animal inquieto. Golpea y sopla, se enfurece, se calma, siempre asusta. Parece que nos mirara desde dentro, desde lo hondo, con muchos ojos, con ojos iguales a los que tenemos en el corazón para mirar de lejos o en la obscuridad. En un principio nos tiró varias veces. Después Adán se enfureció y se puso a dar de puñetazos a las olas. A mí me dio risa, me quedé en la playa mirando. Adán no podía. Al rato salió cansado, húmedo, y no dijo nada, y se durmió. Entonces me puse a oír el mar. Ya iba obscureciendo. Suena igual que la noche, con un vasto, infinito silencio, con una honda voz. Se extiende su sonido obscuro y nos penetra por todas partes. Es un sonido de agua espesa, de agua que quiere levantarse como un animal herido. De ahora en adelante viviremos a la orilla del mar. Aquí están a la misma altura el sol y el mar, a la misma profundidad las estrellas y los grandes peces. Aprenderemos el mar, Él también tiene sus montañas y sus vastas llanuras, sus pájaros, sus minerales, y su vegetación unánime y difícil. Aprenderemos sus cambios, sus estaciones, su permanencia en el mundo como una enorme raíz, la raíz del árbol de agua que aprieta la tierra, el árbol inmenso que se extiende en el espacio hasta siempre. El mar es bueno y terrible como mi padre. Yo le quiero decir padre mar. Padre mar, sostenme, engéndrame de nuevo en tu corazón. Hazme incorruptible, receptora del mundo, purificadora a pesar.
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Cantan, cantan. ¿Dónde cantan los pájaros que cantan? Llueve y llueve. Aún las casas están sin ramas verdes. Cantan, cantan los pájaros. ¿En dónde cantan los pájaros que cantan? No tengo pájaros en jaula. No hay niños que los vendan. Cantan. El valle está muy lejos. Nada... Nada. Yo no sé dónde cantan los pájaros (y cantan, cantan) los pájaros que cantan.
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Fin de invierno
Salvajes Estas ahí en medio de la multitud, me voy aproximando, ya te estoy besando, ahora estamos solos,  tú estas brillando en la obscuridad con los ojos cerrados en goce, tus labios están liberando energía, sujeto a tus muslos azotamos nuestras frentes y dejamos que se nos derrame un beso. Dos salvajes fieras están librando una batalla. Perfume 03:07 a.m. En este momento inhalo y pienso... Hay polvo a nuestro alrededor brotando debajo de nosotros, que si tuviera luz, nos haría ver en las estrellas. Revolver Estoy sujetando tu cuello como si sujetara un revolver, mi pulgar esta en tu labio y lo acaricio como a tu frente mientras duermes en mi pecho, el otro dedo quiere jalar el gatillo pero no sabe si esta en tu yugular, escondido entre tus cabellos o en algún lugar de tu nuca, una gota de sudor cae... Al mismo tiempo que nosotros, abatidos dejando que todo se moje con nuestra lluvia.
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Sep 2, 2015
Sep 2, 2015 at 8:18 PM UTC
Llueve
Dios no lo sabe, pero yo estoy triste como los viejos pozos en la tarde; triste como el portón de la herrería que hace cien años que no ha abierto nadie. Ya le encuentro sabor de sed al agua, viendo crecer un trigo miserable; y todo se me va con el otoño, pero Dios no lo sabe. Dios no lo sabe, porque está allá arriba, y yo acá abajo, triste a mi manera; yo, que ya sé lo que no dice el viento y de qué modo hay que pisar la yerba. Dios no lo sabe, pero yo lo digo, solo en la noche, solo en la tristeza, y eso que sé que nada cambiaría aunque Dios lo supiera. Yo sé el camino del que sigue andando derechamente hacia ninguna parte, y ese lado del tiempo donde hay nieve para el pequeño amor que llega tarde. Yo sé cómo se cierra cada puerta en el anochecer de cada calle; y sé que hay un sol ***** que da sombra, pero Dios no lo sabe. Yo sé del hacia abajo en las raíces, sin hacia arriba, hacia la primavera; de la lluvia que llueve y ya no es lluvia en la arena que sigue siendo arena. Dios no lo sabe, y nada cambiaría, nada, por más que un día lo supiera. -O tal vez Dios lo sabe, y está triste sin que nadie lo sepa...
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Dios no lo sabe
Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo? Hundiendo va este odio reinante todo cuanto quisiera remontarse directamente vivo. Amar... Pero ¿quién ama? Volar... Pero ¿quién vuela? Conquistaré el azul ávido de plumaje, pero el amor, abajo siempre, se desconsuela de no encontrar las alas que da cierto coraje. Un ser ardiente, claro de deseos, alado, quiso ascender, tener la libertad por nido. Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado. Donde faltaban plumas puso valor y olvido. Iba tan alto a veces, que le resplandecía sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave. Ser que te confundiste con una alondra un día, te desplomaste otros como el granizo grave. Ya sabes que las vidas de los demás son losas con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya. Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas. A través de las rejas, libre la sangre afluya. Triste instrumento alegre de vestir: apremiante tubo de apetecer y respirar el fuego. Espada devorada por el uso constante. Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego. No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas por estas galerías donde el aire es mi nudo. Por más que te debatas en ascender, naufragas. No clamarás.  El campo sigue desierto y mudo. Los brazos no aletean. Son acaso una cola que el corazón quisiera lanzar al firmamento. La sangre se entristece de batirse sola. Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento. Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve como un élitro ronco de no poder ser ala. El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.
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Vuelo
Sólo quien ama vuela. Pero ¿quién ama tanto que sea como el pájaro más leve y fugitivo? Hundiendo va este odio reinante todo cuanto quisiera remontarse directamente vivo. Amar... Pero ¿quién ama? Volar... Pero ¿quién vuela? Conquistaré el azul ávido de plumaje, pero el amor, abajo siempre, se desconsuela de no encontrar las alas que da cierto coraje. Un ser ardiente, claro de deseos, alado, quiso ascender, tener la libertad por nido. Quiso olvidar que el hombre se aleja encadenado. Donde faltaban plumas puso valor y olvido. Iba tan alto a veces, que le resplandecía sobre la piel el cielo, bajo la piel el ave. Ser que te confundiste con una alondra un día, te desplomaste otros como el granizo grave. Ya sabes que las vidas de los demás son losas con que tapiarte: cárceles con que tragar la tuya. Pasa, vida, entre cuerpos, entre rejas hermosas. A través de las rejas, libre la sangre afluya. Triste instrumento alegre de vestir: apremiante tubo de apetecer y respirar el fuego. Espada devorada por el uso constante. Cuerpo en cuyo horizonte cerrado me despliego. No volarás. No puedes volar, cuerpo que vagas por estas galerías donde el aire es mi nudo. Por más que te debatas en ascender, naufragas. No clamarás.  El campo sigue desierto y mudo. Los brazos no aletean. Son acaso una cola que el corazón quisiera lanzar al firmamento. La sangre se entristece de batirse sola. Los ojos vuelven tristes de mal conocimiento. Cada ciudad, dormida, despierta loca, exhala un silencio de cárcel, de sueño que arde y llueve como un élitro ronco de no poder ser ala. El hombre yace. El cielo se eleva. El aire mueve.
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Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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Ceniciento mussolini
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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hemos comido hemos bebido hemos hecho el amor como es debido ¿te puedo hablar oh cuerpo que abrigaste mis furias? hemos andado toda la noche y gemido y gozado y creído en la vida pero mejor callar ahora hay sol y eso es bueno o llueve y es mejor y cantan todos los pajaritos del mundo o todos los pajaritos que nacen vuelan y mueren entre nosotros dos entre nosotros dos
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Hemos comido...
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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(la lluvia)
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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