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"llueva" poems
A la víbora, víbora de la mar, de la mar, Por aquí pueden pasar. Los de adelante corren mucho, Los de atrás se quedarán, Tras, tras, tras. Una Mejicana, que frutas vendía, Ciruelas, chabacanos, melón y sandía. Verbena, verbena, Jardín de matatena. Que llueva, que llueva, La Virgen de la cueva. Campanita de oro, Déjame pasar, con todos mis hijos, Menos éste de atrás, tras, tras, tras, Será melón, será sandia Será la vieja del otro día! El puente esta quebrado que lo manden componer Con cascaras de huevo y pedazos de oropel pel, pel, pel, pel
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Jun 8, 2014
Jun 8, 2014 at 11:56 AM UTC
Vibora de la mar
Llamarada de ayer, ceniza ahora, ya todo será en vano, como fijar el tiempo en una hora o retener el agua en una mano. Ah, pobre amor tardío, es tu sombra no más lo que regresa, porque si el vaso se quedó vacío nada importa que esté sobre la mesa. Pero quizás mañana, como este gran olvido es tan pequeño, pensaré en ti, cerrando una ventana, abriendo un libro o recordando un sueño... Tu amor ya está en mi olvido, pues, como un árbol en la primavera, si florece después de haber caído, no retoña después de ser hoguera; pero el alma vacía se complace evocando horas felices, porque el árbol da sombra todavía, después que se han secado sus raíces; y una ternura nueva me irá naciendo, como el pan del trigo: Pensar en ti una tarde, cuando llueva, o hacer un gesto que aprendí contigo. Y un día indiferente, ya en olvido total sobre mi vida, recordaré tus ojos de repente, viendo pasar a una desconocida...
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Tercer poema de la despedida
Desde este mismo instante seremos dos extraños por estos pocos días, quién sabe cuántos años... Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido, uno de esos que nadie confiesa haber leído. Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso, tu bajarás los ojos y apretarás el paso, y yo, discretamente, me cambiaré de acera, o encenderé un cigarro, como si no te viera... Seremos dos extraños desde este mismo instante y pasarán los meses, y tendrás otro amante: Y como eres bonita, sentimental y fiel, quizás, andando el tiempo, te casarás con él. Y ya, más que un esposo será como un amigo, aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo, y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha, se te empañen los ojos, al llegar una fecha. Acaso, cuando llueva, recordarás un día en que estuvimos juntos y en que también llovía. Y quizás no te pongas nunca más aquel traje de terciopelo verde, con adornos de encaje. O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta, cuando dobles la almohada con mano soñolienta. Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa, de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa. ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta que abanica al marido cuando ronca su siesta: Tras fregar los platos y de tender las camas, te pasarás las noches sacando crucigramas... Y así, años y años, hasta que, finalmente, te morirás un día, como toda la gente. Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre, y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre. Y no me importa quién pase después por un sendero, si me queda el orgullo de haber sido el primero. Y el vaso que embriagara mi ilusión y mi hastío, aunque esté en otra mano seguirá siendo mío. Por eso puedes irte mi pobre soñadora, pues si el reloj se para no detiene la hora, y tú serás la misma de las noches aquellas aunque cierres los ojos por no ver las estrellas.
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Elegía lamentable
Desde este mismo instante seremos dos extraños por estos pocos días, quién sabe cuántos años... Yo seré en tu recuerdo como un libro prohibido, uno de esos que nadie confiesa haber leído. Y así mañana, al vernos en la calle, al ocaso, tu bajarás los ojos y apretarás el paso, y yo, discretamente, me cambiaré de acera, o encenderé un cigarro, como si no te viera... Seremos dos extraños desde este mismo instante y pasarán los meses, y tendrás otro amante: Y como eres bonita, sentimental y fiel, quizás, andando el tiempo, te casarás con él. Y ya, más que un esposo será como un amigo, aunque nunca le cuentes que has soñado conmigo, y aunque, tras tu sonrisa, de mujer satisfecha, se te empañen los ojos, al llegar una fecha. Acaso, cuando llueva, recordarás un día en que estuvimos juntos y en que también llovía. Y quizás no te pongas nunca más aquel traje de terciopelo verde, con adornos de encaje. O harás un gesto mío, tal vez sin darte cuenta, cuando dobles la almohada con mano soñolienta. Y domingo a domingo, cuando vayas a Misa, de tu casa a la Iglesia, perderás tu sonrisa. ¿Qué más puedo decirte? Serás la esposa honesta que abanica al marido cuando ronca su siesta: Tras fregar los platos y de tender las camas, te pasarás las noches sacando crucigramas... Y así, años y años, hasta que, finalmente, te morirás un día, como toda la gente. Y voces que aún no existen sollozarán tu nombre, y cerrarán tus ojos los hijos de otro hombre. Y no me importa quién pase después por un sendero, si me queda el orgullo de haber sido el primero. Y el vaso que embriagara mi ilusión y mi hastío, aunque esté en otra mano seguirá siendo mío. Por eso puedes irte mi pobre soñadora, pues si el reloj se para no detiene la hora, y tú serás la misma de las noches aquellas aunque cierres los ojos por no ver las estrellas.
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Me descuido en las manos del oscuro formas intangibles amenazan con arrastrar mi cuerpo al olvido                             Tu alma hala con toda su fuerza Guerra negra, marchita, opaca señalo los agravios del pasado me halan me quemo                             anhelo tu llegada pero si siempre estuviste ¿quién eres? Campeón del olimpo matando fieras con tus propias manos del Hades nadie se salva Aborda la balsa rota por el rio del olvido los gritos ahogados rompen los tímpanos del espíritu más la luz aún no se extingue                             tú eres No te extingues, sigues ardiendo mientras llueva                             no te extingues
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Mar 16, 2018
Mar 16, 2018 at 9:55 AM UTC
Quimera
No hace falta que llueva como llueve este día, y, sin embargo, llueve desde el amanecer. Si hay rosas y retoños, ¿para qué llovería? Si ya todo florece, ¿qué más va a florecer? Llueve obstinadamente y en la calle vacía las gotas de la lluvia son pasos de mujer. Pero cierro los ojos y llueve todavía, y al abrirlos de nuevo no deja de llover. Yo sé que no hace falta que llueva, pero llueve. Y recuerdo una tarde maravillosa y breve, que fue maravillosa porque llovía así... Y es tan triste, tan triste, la lluvia en mi ventana, que casi me pregunto, dulce amiga lejana, si no estará lloviendo para que piense en ti.
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Soneto lloviendo
Que llueva con rabia, sin clemencia. Que apague con furia y aplaque el pavimento allá afuera. La hoja que resiste en el arbusto, que brilla la madrugada. Y que llore las calles y las lave, y limpie, y corroa, y corte, y sane la carne abierta. Que alargue las distancias y las sentencias. Que lapide, inunde y borre cada rincón que fue de nosotros y que, con arrogancia de amantes, le robamos al azar y al destino. Que el cielo llueva el llanto que no he podido llorar. Que restaure la separación de los cuerpos, y ahogue las risas, las miradas y los gestos. Que enfríe el vapor del cuerpo amado y enjuague el sudor del **** tibio. Y entierre las huellas que unieron nuestros caminos. Que traiga el tremor del olvido. Que pudra el amor mal amado del hombre cobarde, del hombre perdido.
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Apr 25, 2025
Apr 25, 2025 at 8:24 PM UTC
Llanto son lluvia
Así estás todavía de pie bajo la lluvia, bajo la clara lluvia de una noche de invierno. De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa; de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo. Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos. Y tu voz, que nacía del fondo de tus ojos, y tus manos cansadas que se iban en el viento... Y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles, y la hoja aquella que te cayó en el seno... y el rocío nocturno dormido en tus pestañas, y engarzando diamantes en tu vestido ***** Así estás todavía lejanamente cerca, desde tu lejanía de sombra y de silencio... Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia; de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño. La vida es tan pequeña que cabe en una noche. -Quizás fue que en la sombra me encontré con tu beso-. Y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia, el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo. Sí. Me has dejado triste. Porque pienso que acaso ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo; y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia, con las manos temblando de frío y de deseo. Pero, aunque habrá otras noches cargadas de perfumes, y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo, siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, bajo la lluvia clara de una noche de invierno.
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Nocturno vi
No creo que sea dejar ir, pero tampoco quedarse, como dar algo que no tienes, pero ¿cómo no darlo todo? ¿Qué forma le das al tiempo, esa geometría que encaje contigo pero sin llegar al egoísmo o al olvido exterior? Encontrar alguna señal o sinfonía entre los enredos de una lengua que al final no quiere hablar o tratar de enredárnosla para remisir. Pero al percibir esa conexión jamás tactada, que te hace darte sentir como si vives realmente por primera vez, como si sintieras que vives otra vez Tampoco es dejar ir si regué todo este campo con mi sudor, tanto que, si me voy, por más que el suelo grite que es mío, el cielo refleje mis ojos y la brisa empape mi aroma, si alguien más está aquí cuando no esté ni mi sombra, al final nunca fue mío. Por más camino y por más verde, nunca fue mío. Lo florecí, yo lo regué de mí, pero antes de mí ya estaba. Ya había brisa, ya había cielo y ya había tierra. Quedarse… pero las brasas del sol adhieren mi piel al suelo. Por más lunas, nuble o llueva, siempre regresa al amanecer. Siempre llega el día a derretir mi reloj que marca mi horario. ¿Qué geometría le pondré ahora al tiempo? ¿Qué tenía que vestir? ¿Quién soy yo? Soy de este verde, este cielo con mis pupilas y esta brisa de mí… pero ¿quién soy yo ahora? ¿Quién era yo antes de sudar esto hasta que germinara, antes de que mi piel se adheriera al suelo? Irme, pero sin mi piel, sin mis ojos, dejar el viento que refrescaba mis noches, sin mi aroma, pero sin tener que esperar a que los vapores llegaran a tapar el sol. Pero bueno… ¿Entender a la lengua o tratar de enredármela yo? ¿La lengua quiere que la entienda?
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Aug 11, 2025
Aug 11, 2025 at 3:11 PM UTC
Cómo escribirle un poema a alguien que no sabe leer
No creo que sea dejar ir, pero tampoco quedarse, como dar algo que no tienes, pero ¿cómo no darlo todo? ¿Qué forma le das al tiempo, esa geometría que encaje contigo pero sin llegar al egoísmo o al olvido exterior? Encontrar alguna señal o sinfonía entre los enredos de una lengua que al final no quiere hablar o tratar de enredárnosla para remisir. Pero al percibir esa conexión jamás tactada, que te hace darte sentir como si vives realmente por primera vez, como si sintieras que vives otra vez Tampoco es dejar ir si regué todo este campo con mi sudor, tanto que, si me voy, por más que el suelo grite que es mío, el cielo refleje mis ojos y la brisa empape mi aroma, si alguien más está aquí cuando no esté ni mi sombra, al final nunca fue mío. Por más camino y por más verde, nunca fue mío. Lo florecí, yo lo regué de mí, pero antes de mí ya estaba. Ya había brisa, ya había cielo y ya había tierra. Quedarse… pero las brasas del sol adhieren mi piel al suelo. Por más lunas, nuble o llueva, siempre regresa al amanecer. Siempre llega el día a derretir mi reloj que marca mi horario. ¿Qué geometría le pondré ahora al tiempo? ¿Qué tenía que vestir? ¿Quién soy yo? Soy de este verde, este cielo con mis pupilas y esta brisa de mí… pero ¿quién soy yo ahora? ¿Quién era yo antes de sudar esto hasta que germinara, antes de que mi piel se adheriera al suelo? Irme, pero sin mi piel, sin mis ojos, dejar el viento que refrescaba mis noches, sin mi aroma, pero sin tener que esperar a que los vapores llegaran a tapar el sol. Pero bueno… ¿Entender a la lengua o tratar de enredármela yo? ¿La lengua quiere que la entienda?
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