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"llorado" poems
Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena. Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
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Walking around
Sucede que me canso de ser hombre. Sucede que entro en las sastrerías y en los cines marchito, impenetrable, como un cisne de fieltro navegando en un agua de origen y ceniza. El olor de las peluquerías me hace llorar a gritos. Sólo quiero un descanso de piedras o de lana, sólo quiero no ver establecimientos ni jardines, ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores. Sucede que me canso de mis pies y mis uñas y mi pelo y mi sombra. Sucede que me canso de ser hombre. Sin embargo sería delicioso asustar a un notario con un lirio cortado o dar muerte a una monja con un golpe de oreja. Sería bello ir por las calles con un cuchillo verde y dando gritos hasta morir de frío. No quiero seguir siendo raíz en las tinieblas, vacilante, extendido, tiritando de sueño, hacia abajo, en las tripas mojadas de la tierra, absorbiendo y pensando, comiendo cada día. No quiero para mí tantas desgracias. No quiero continuar de raíz y de tumba, de subterráneo solo, de bodega con muertos, aterido, muriéndome de pena. Por eso el día lunes arde como el petróleo cuando me ve llegar con mi cara de cárcel, y aúlla en su transcurso como una rueda herida, y da pasos de sangre caliente hacia la noche. Y me empuja a ciertos rincones, a ciertas casas húmedas, a hospitales donde los huesos salen por la ventana, a ciertas zapaterías con olor a vinagre, a calles espantosas como grietas. Hay pájaros de color de azufre y horribles intestinos colgando de las puertas de las casas que odio, hay dentaduras olvidadas en una cafetera, hay espejos que debieran haber llorado de vergüenza y espanto, hay paraguas en todas partes, y venenos, y ombligos. Yo paseo con calma, con ojos, con zapatos, con furia, con olvido, paso, cruzo oficinas y tiendas de ortopedia, y patios donde hay ropas colgadas de un alambre: calzoncillos, toallas y camisas que lloran lentas lágrimas sucias.
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tu nombre i've whispered it into the night a million times i've tasted it in mi boca like honey, slow and sweet tu nombre lo sabe la luna i've sung it to the stars to my heart like a lullaby to calm the sea dentro de mí tu nombre lo llevo tatuado en los labios en cada espacio tu nombre i've said it like a prayer lo he llorado se lo he cantado al alma hoping it finds peace tu nombre is in todas las cosas está en everything en el verano and its rain in spring y las flores. tu nombre todo. everything.
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Jan 21, 2018
Jan 21, 2018 at 8:22 PM UTC
tu nombre (your name)
Si para recobrar lo recobrado debí perder primero lo perdido, si para conseguir lo conseguido tuve que soportar lo soportado, si para estar ahora enamorado fue menester haber estado herido, tengo por bien sufrido lo sufrido, tengo por bien llorado lo llorado. Porque después de todo he comprobado que no se goza bien de lo gozado sino después de haberlo padecido. Porque después de todo he comprendido por lo que el árbol tiene de florido vive de lo que tiene sepultado.
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Untitled
Ella era bella y era buena.       ¡Perdonalá, Señor! Él era dulce y era triste       ¡Perdonaló, Señor! Se dormía en sus brazos blancos como una abeja en una flor.       ¡Perdonaló, Señor! Amaba las dulces canciones, ¡ella era una dulce canción!       ¡Perdonalá, Señor! Cuando hablaba era como si alguien hubiera llorado en su voz.       ¡Perdonaló, Señor! Ella decía: -«Tengo miedo. Oigo una voz en lo lejano».       ¡Perdonalá, Señor! Él decía: -«Tu pequeñita mano en mis labios».       ¡Perdonaló, Señor! Miraban juntos las estrellas. No hablaban de amor. Cuando moría una mariposa lloraban los dos.       ¡Perdonalós, Señor! Ella era bella y era buena. Él era dulce y era triste. Murieron del mismo dolor. Perdónalos, Perdónalos,             ¡Perdonalós, Señor!
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Canción de los amantes muertos
dedos de una costa bajo A Poem by Eclipsing Moon-blood red Warning This Poem is rated Mature and may contain material unsuitable for readers under 18. Esta noche estoy llorado para entrelazados los extremidades y influenciadas en mina el toque de dedos rugosas trazar las curvas plumas el aguijón eléctrico de su carne de reunión y de partición como las ondas de una costa bajo una luna creciente deslumbrante y fresco como la brisa violenta. © 2011 Eclipsing Moon-blood red
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Sep 15, 2011
Sep 15, 2011 at 4:05 PM UTC
dedos de una costa bajo
Amada, en esta noche tú te has crucificado sobre los dos maderos curvados de mi beso, y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado, y que hay un viernesanto más dulce que ese beso. En esta noche rara en que tanto me has mirado, la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso. En esta noche de setiembre se ha oficiado mi segunda caída y el más humano beso. Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos; se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura; y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos. Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos; ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura los dos nos dormiremos, como dos hermanitos.
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El poeta a su amada
Tú me dijiste: no lloró mi padre; Tú me dijiste: no lloró mi abuelo; No han llorado los hombres de mi raza, Eran de acero. Así diciendo te brotó una lágrima Y me cayó en la boca... más veneno Yo no he bebido nunca en otro vaso Así pequeño. Débil mujer, pobre mujer que entiende, Dolor de siglos conocí al beberlo; Oh, el alma mía soportar no puede Todo su peso.
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Peso ancestral
Pasan las horas de hastío por la estancia familiar el amplio cuarto sombrío donde yo empecé a soñar.     Del reloj arrinconado, que en la penumbra clarea, el tictac acompasado odiosamente golpea.     Dice la monotonía del agua clara al caer: un día es como otro día; hoy es lo mismo que ayer.     Cae la tarde. El viento agita el parque mustio y dorado... ¡Qué largamente ha llorado toda la fronda marchita!
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Hastío
Te lloré una tarde en viernes Te lloré de forma amarga Pena grande mi alma carga Sentimiento, en mi te ciernes Te lloré en solitario Confinado a un rincón Desahogando el corazón Recorriendo su calvario Te lloré sin hacer ruido El silencio es mi testigo Lágrimas, mi buen amigo Las derramo con descuido Te lloré hacia mis adentros Pues mi pena es mía sola Pena enorme que desola No consuelan los encuentros Te lloré con ojos ciegos Sin mirar a las razones Tontos son dos corazones Que no pasan de los juegos Te lloré con ritmo errante A destiempo y sincopado Estar lejos, ser amado Destino del caminante Te lloré por vez primera Desde hacía muchos meses Te he llorado muchas veces Desde aquella primavera Te lloré hasta no llorar Mi motivo se ha apagado Por vencido no me he dado Pues por siempre te he de amar
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Aug 8, 2016
Aug 8, 2016 at 1:27 PM UTC
Una Tarde en Viernes
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Cuántas noches habré llorado sintiendo un profundo desamor. Tantas veces me he intoxicado con un cigarrillo sanador. Esperé un abrazo que nunca llegó, di más de lo que tenía pero nadie lo vió. Consciente de mí angustia, incapaz de lidiar con ella. A veces, simplemente, la vida me atropella. Y pertenezco a un oscuro y extraño lugar del cual espero algún día poder escapar. Si un día te vas, de antemano lo habré adivinado aunque no admita jamás cuánto te he amado. Una ruta solitaria por la que nadie maneja, largo camino arruinado y no puedes presentar quejas. Y se hace de noche pero no brillan estrellas. Camino sola y se borran mis huellas.
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Feb 25, 2020
Feb 25, 2020 at 8:45 AM UTC
Caminos, huellas y estrellas.
algun dia te olvidaré y ese dia cuando me veas tan feliz y llena de alegría me extrañaras . ahora estoy deprimida y triste y te extraño bien machin . pero algun dia te olvidaré hoy no es ese día pero algun dia me levantare bien chingona como si nunca te hubiera llorado como si nunca perdí el sueño como si nunca tuve pánicos de ansiedad como si nunca te hubíera querido. por ahorita, no es ese día .
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Sep 16, 2018
Sep 16, 2018 at 2:43 AM UTC
el dia
Viento que te vas a donde no puedo         yo ir, ¿no me llevarás? Si tuviera alas, alas como tú, ¡ay, contigo iría por el cielo azul! Porque estoy tan triste que deseara huir. Llévame, ¡oh pampero muy lejos de aquí! Haréme liviana, más de lo que soy, para pesar menos he llorado hoy. Para pesar menos, si preciso es, mi trenza sombría, ¡ay!, me cortaré. Para pesar menos ni he de sonreír cuando al fin me lleves muy lejos de aquí. Lo único, viento, que no puede ser, es que yo a aquel hombre deje de querer. Aunque pese mucho ese amor irá a donde yo vaya. ¿Me podrás llevar?
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Balada del amor triste
Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! Prodigiosas palabras jóvenes para herir los oídos viejos. Maravillosas melodías, cantos inéditos. Hemos cantado todos juntos y hemos llorado en el silencio. Aprendimos muy dura ciencia a costa de los propios sueños. ¡Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! ¡Hemos salvado tan alegres los sombríos presentimientos! Hemos amado cada tallo, cada frío harapo de invierno, cada gota de madrugada con tan loca avidez, sabiendo que éramos carne de una fábula que alguien vivía en el misterio! Tan hermosas canciones! Ráfagas tan ardientes que nos hirieron. Música de astros interiores que nacían en nuestro reino. Flautas tañidas, en la tarde, por las manos vagas del sueño. ¡Y tantas limpias hermosuras como cayeron! Y girar sin fin en el alba con la oscura palabra dentro, con el cantar a flor de vida ignorando el remoto término. ¡Hemos tenido tantas cosas que decir, y no se dijeron! Y miramos cómo en el aire vuela la música sin dueño, sin que podamos apresaría con nuestros torpes instrumentos.
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Lamentación
Los que ciego me ven de haber llorado y las lágrimas saben que he vertido, admiran de que, en fuentes dividido o en lluvias, ya no corra derramado. Pero mi corazón arde admirado (porque en tus llamas, Lisi, está encendido) de no verme en centellas repartido, y en humo ***** y llamas desatado. En mí no vencen largos y altos ríos a incendios, que animosos me maltratan, ni el llanto se defiende de sus bríos. La agua y el fuego en mí de paces tratan; y amigos son, por ser contrarios míos; y los dos, por matarme, no se matan.
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Padece ardiendo y llorando sin que le remedie la oposición de las contrarias calidades
Amada no has querido plasmarte jamás como lo ha pensado mi divino amor. Quédate en la hostia, ciega ,e impalpable como existe Dios. Si he cantado mucho, he llorado más por ti oh mi parábola excelsa de amor, Quédate en el seso y en el mito inmenso de mi corazón! Es la fe, la fragua donde yo quemé, el terroso hierro de tanta mujer; y en un yunque impío te quise pulir. Quédate en la eterna nebulosa, ahí en la multicencia de un dulce noser. Y si no has querido plasmarte jamás en mi metafísica emoción dé amor, deja que me azote como un pecador.
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Para el alma imposible de mi amada
Riéndose, burlándose con claridad del día, se hundió en la noche el niño que quise ser dos veces. No quise más la luz. ¿Para qué?  No saldría más de aquellos silencios y aquellas lobregueces. Quise ser... ¿Para qué?... Quise llegar gozoso al centro de la esfera de todo lo que existe. Quise llevar la risa como lo más hermoso. He muerto sonriendo serenamente triste. Niño dos veces niño: tres veces venidero. Vuelve a rodar por ese mundo opaco del vientre. Atrás, amor. Atrás, niño, porque no quiero salir donde la luz su gran tristeza encuentre. Regreso al aire plástico que alentó mi inconsciencia. Vuelvo a rodar, consciente del sueño que me cubre. En una sensitiva sombra de transparencia, en un íntimo espacio rodar de octubre a octubre. Vientre: carne central de todo lo existente. Bóveda eternamente si azul, si roja, oscura. Noche final en cuya profundidad se siente la voz de las raíces y el soplo de la altura. Bajo tu piel avanzo, y es sangre la distancia. Mi cuerpo en una densa constelación gravita. El universo agolpa su errante resonancia allí, donde la historia del hombre ha sido escrita. Mirar, y ver en torno la soledad, el monte, el mar, por la ventana de un corazón entero que ayer se acongojaba de no ser horizonte abierto a un mundo menos mudable y pasajero. Acumular la piedra y el niño para nada: para vivir sin alas y oscuramente un día. Pirámide de sal temible y limitada, sin fuego ni frescura. No. Vuelve, vida mía. Mas, algo me ha empujado desesperadamente. Caigo en la madrugada del tiempo, del pasado. Me arrojan de la noche. Y ante la luz hiriente vuelvo a llorar desnudo, como siempre he llorado.
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El niño de la noche
Riéndose, burlándose con claridad del día, se hundió en la noche el niño que quise ser dos veces. No quise más la luz. ¿Para qué?  No saldría más de aquellos silencios y aquellas lobregueces. Quise ser... ¿Para qué?... Quise llegar gozoso al centro de la esfera de todo lo que existe. Quise llevar la risa como lo más hermoso. He muerto sonriendo serenamente triste. Niño dos veces niño: tres veces venidero. Vuelve a rodar por ese mundo opaco del vientre. Atrás, amor. Atrás, niño, porque no quiero salir donde la luz su gran tristeza encuentre. Regreso al aire plástico que alentó mi inconsciencia. Vuelvo a rodar, consciente del sueño que me cubre. En una sensitiva sombra de transparencia, en un íntimo espacio rodar de octubre a octubre. Vientre: carne central de todo lo existente. Bóveda eternamente si azul, si roja, oscura. Noche final en cuya profundidad se siente la voz de las raíces y el soplo de la altura. Bajo tu piel avanzo, y es sangre la distancia. Mi cuerpo en una densa constelación gravita. El universo agolpa su errante resonancia allí, donde la historia del hombre ha sido escrita. Mirar, y ver en torno la soledad, el monte, el mar, por la ventana de un corazón entero que ayer se acongojaba de no ser horizonte abierto a un mundo menos mudable y pasajero. Acumular la piedra y el niño para nada: para vivir sin alas y oscuramente un día. Pirámide de sal temible y limitada, sin fuego ni frescura. No. Vuelve, vida mía. Mas, algo me ha empujado desesperadamente. Caigo en la madrugada del tiempo, del pasado. Me arrojan de la noche. Y ante la luz hiriente vuelvo a llorar desnudo, como siempre he llorado.
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Somos el río que invocaste, Heráclito. Somos el tiempo. Su intangible curso acarrea leones y montañas, llorado amor, ceniza del deleite, insidiosa esperanza interminable, vastos nombres de imperios que son polvo, hexámetros del griego y del romano, lóbrego un mar bajo el poder del alba, el sueño, ese pregusto de la muerte, las armas y el guerrero, monumentos, las dos caras de Jano que se ignoran, los laberintos de marfil que urden las piezas de ajedrez en el tablero, la roja mano de Macbeth que puede ensangrentar los mares, la secreta labor de los relojes en la sombra, un incesante espejo que se mira en otro espejo y nadie para verlos, láminas en acero, letra gótica, una barra de azufre en un armario, pesadas campanadas del insomnio, auroras, ponientes y crepúsculos, ecos, resaca, arena, liquen, sueños. Otra cosa no soy que esas imágenes que baraja el azar y nombra el tedio. Con ellas, aunque ciego y quebrantado, he de labrar el verso incorruptible y (es mi deber) salvarme.
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El hacedor
La culpa ha sido tuya. ¡Sí! Tuya. Te lo he dicho, Lo repito, y no niegues que lo hiciste ex profeso, Lo sabes, pues te dejas llevar de tu capricho. Mas no llores, no llores... ¿Qué sacarás con eso? Toma el té. Que esto acabe... Dos horas disputando. Tómate el té; y hablemos de cosa diferente, Porque inmediatamente Me iré, te lo prevengo, si has de seguir llorando. Pero ¿qué es lo que he dicho? ¿Qué tienes? ¿Tu porfía A qué obedece? ¡Sea! Pues bien, la culpa es mía; Mas enjúgate el llanto, ¡Porque has llorado tanto! Y como soy sincero -¿Y para qué callarlo?- te digo que te quiero; Bien lo sabes, lo sabes, amor de mis amores, Bien sabes que te quiero. Pero ¡Por Dios! no llores. Dices... ¿Qué es lo que dices? ¿Dices que te he pegado? ¿Y cómo dices eso? ¡Si yo no te he tocado! ¿En dónde te he hecho daño? ¿Cómo aseguras eso? Déjate de esas cosas... y dame pronto un beso; Y que nuestra disputa quede ya terminada, Que todo esto se acabe... Di: ¿no estás enojada? Cálmate en el instante. Tómate el té. Te ruego... Después te pondrás polvos... cuando venga el sosiego; Y dime que me quieres, que soy tu solo amado, Y toma mi pañuelo, que el tuyo está mojado. ¿Y qué quieres ahora? ¿Un poco más de crema? ¿La polvera?... ¡Señora! ¿Ya lo ves? Y ocultarlo tu corazón no puede, Qué en todas las disputas siempre soy el que cede. Pero tienes hinchados, muy hinchados, los ojos, Y los tienes muy rojos. ¡Vamos! Sonríe ahora; que sonreír te vea, Porque cuando te enojas hasta te pones fea; Y dame un beso pronto, con labio apasionado, Porque ya nuestra riña ¿no es cierto? ha terminado.
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Disputa
La culpa ha sido tuya. ¡Sí! Tuya. Te lo he dicho, Lo repito, y no niegues que lo hiciste ex profeso, Lo sabes, pues te dejas llevar de tu capricho. Mas no llores, no llores... ¿Qué sacarás con eso? Toma el té. Que esto acabe... Dos horas disputando. Tómate el té; y hablemos de cosa diferente, Porque inmediatamente Me iré, te lo prevengo, si has de seguir llorando. Pero ¿qué es lo que he dicho? ¿Qué tienes? ¿Tu porfía A qué obedece? ¡Sea! Pues bien, la culpa es mía; Mas enjúgate el llanto, ¡Porque has llorado tanto! Y como soy sincero -¿Y para qué callarlo?- te digo que te quiero; Bien lo sabes, lo sabes, amor de mis amores, Bien sabes que te quiero. Pero ¡Por Dios! no llores. Dices... ¿Qué es lo que dices? ¿Dices que te he pegado? ¿Y cómo dices eso? ¡Si yo no te he tocado! ¿En dónde te he hecho daño? ¿Cómo aseguras eso? Déjate de esas cosas... y dame pronto un beso; Y que nuestra disputa quede ya terminada, Que todo esto se acabe... Di: ¿no estás enojada? Cálmate en el instante. Tómate el té. Te ruego... Después te pondrás polvos... cuando venga el sosiego; Y dime que me quieres, que soy tu solo amado, Y toma mi pañuelo, que el tuyo está mojado. ¿Y qué quieres ahora? ¿Un poco más de crema? ¿La polvera?... ¡Señora! ¿Ya lo ves? Y ocultarlo tu corazón no puede, Qué en todas las disputas siempre soy el que cede. Pero tienes hinchados, muy hinchados, los ojos, Y los tienes muy rojos. ¡Vamos! Sonríe ahora; que sonreír te vea, Porque cuando te enojas hasta te pones fea; Y dame un beso pronto, con labio apasionado, Porque ya nuestra riña ¿no es cierto? ha terminado.
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Este viaje esta durando tanto mi corazón se ha roto tantas veces que ya ni siquiera siento tu contacto. En 3 días dejo de ser un niño y mentiría si dijese que no me da miedo. Vuelvo al dolor, en cada parte de mi y la tristeza besando de nuevo mis labios la pistola humeante entre las manos. Últimamente siento que la vida ha estado probándome, valorando cuanto valgo, cuanto aguanto. Hoy en la oscuridad recuerdo, mama, las palabras que me dijiste en la cena intentando ser un buen hijo, no solo para ti Al final del día, cierro mis ojos conteniendo saladas lágrimas de desesperación pues se que nada de lo malo que puedas decir salvará mi alma de ti. Quiero que sepas que te defiendo, a capa y a espada, a sangre y carne, con hierro y oro. Acurrucada en el llanto de mi habitación rodeada de un ***** cielo “morir ahora sería una forma sencilla de acabar” Nunca hubo un año como este nunca amé a alguien tanto como a él adicta intento mirarte a los ojos, aunque ya no puedo las razones son obvias A ti, Yo te maldigo te maldigo por darme de tu veneno, los abrazos rotos en la madrugada, te maldigo por no quererme como te quiero, dejándome sola todas las noches. Hablando con mi Dios Se que a veces quieren más los jóvenes a personas erróneas que a ellos mismos. Me das miedo porque me conozco lo suficiente para saber lo que me sucede todas las veces que tu mirada toca la mía No he nacido triste. Conozco los caminos por los que no volveré a pasar En el juicio todos gritan sé que Belcebú tiene ya un destino para mi, La forma en la que percibo a la gente está rota, por eso intento aferrarme a ti antes que dejarte ir. Mama, Los cascabeles sonarán en mi cabeza cada vez, que, para verte, al cielo ascienda con certeza, sé, todas las veces que has llorado yo también lo he hecho en mi cuarto... Hasta que la madera del suelo se ha inflado y agrietado. Me pregunto quien vendrá a cenar mañana He llegado al límite, superando al bien y al mal. Te pido. Llévame en tus brazos, como solías hacer, como si no fuese la primera vez Lo siento. Desciendo a los infiernos y siento que te necesito Señor, déjame entender... Desciendo a los infiernos, estoy cayendo. No se que hacer.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:40 PM UTC
15. Descenso a los Infiernos (Fin)
Este viaje esta durando tanto mi corazón se ha roto tantas veces que ya ni siquiera siento tu contacto. En 3 días dejo de ser un niño y mentiría si dijese que no me da miedo. Vuelvo al dolor, en cada parte de mi y la tristeza besando de nuevo mis labios la pistola humeante entre las manos. Últimamente siento que la vida ha estado probándome, valorando cuanto valgo, cuanto aguanto. Hoy en la oscuridad recuerdo, mama, las palabras que me dijiste en la cena intentando ser un buen hijo, no solo para ti Al final del día, cierro mis ojos conteniendo saladas lágrimas de desesperación pues se que nada de lo malo que puedas decir salvará mi alma de ti. Quiero que sepas que te defiendo, a capa y a espada, a sangre y carne, con hierro y oro. Acurrucada en el llanto de mi habitación rodeada de un ***** cielo “morir ahora sería una forma sencilla de acabar” Nunca hubo un año como este nunca amé a alguien tanto como a él adicta intento mirarte a los ojos, aunque ya no puedo las razones son obvias A ti, Yo te maldigo te maldigo por darme de tu veneno, los abrazos rotos en la madrugada, te maldigo por no quererme como te quiero, dejándome sola todas las noches. Hablando con mi Dios Se que a veces quieren más los jóvenes a personas erróneas que a ellos mismos. Me das miedo porque me conozco lo suficiente para saber lo que me sucede todas las veces que tu mirada toca la mía No he nacido triste. Conozco los caminos por los que no volveré a pasar En el juicio todos gritan sé que Belcebú tiene ya un destino para mi, La forma en la que percibo a la gente está rota, por eso intento aferrarme a ti antes que dejarte ir. Mama, Los cascabeles sonarán en mi cabeza cada vez, que, para verte, al cielo ascienda con certeza, sé, todas las veces que has llorado yo también lo he hecho en mi cuarto... Hasta que la madera del suelo se ha inflado y agrietado. Me pregunto quien vendrá a cenar mañana He llegado al límite, superando al bien y al mal. Te pido. Llévame en tus brazos, como solías hacer, como si no fuese la primera vez Lo siento. Desciendo a los infiernos y siento que te necesito Señor, déjame entender... Desciendo a los infiernos, estoy cayendo. No se que hacer.
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Una noche psicodélica, las paredes sangraban tu nombre, las sábanas lloraban. Si pudiera comprar palabras usaría el dinero de los cigarros para comprar tu nombre, pegarlo de la ventana y ver como se lo lleva la lluvia. Y esta noche, he llorado versos solitarios aunque poco a poco metí tu recuerdo bajo el felpudo. Para no pensarte
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Dec 4, 2017
Dec 4, 2017 at 10:26 PM UTC
Victoria
¡Cuántos, pues, habrán amado como mi alma triste amó... y cuántos habrán llorado como yo! ¡Cuántos habrán padecido lo que padecí, y cuántos habrán perdido lo que perdí! Canté con el mismo canto, lloro con el mismo llanto de los demás, y esta angustia y este tedio ya los tendrán sin remedio los que caminan detrás. Mi libro sólo es, en suma, gotícula entre la bruma, molécula en el crisol del común sufrir, renuevo del Gran Dolor: ¡Nada nuevo bajo el sol! Mas tiene cada berilo su manera de brillar, y cada llanto su estilo peculiar.
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V. "nihil novum..."
Tal vez ya no le importa mi gemido en el indiferente edén callado en que el espíritu desencarnado vive como dormido... Tal vez ni sabe ya cómo he llorado ni cómo he padecido. En profundo quietismo, su alma, que antes me amara de tal modo, se desliza glacial por ese abismo del eterno mutismo, olvidada de sí, de mí, de todo...
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Viii. tal vez...