"liso" poems
Con laureles del Sur y orégano de Lota
te corono, pequeña monarca de mis huesos,
y no puede faltarte esa corona
que elabora la tierra con bálsamo y follaje.
Eres, como el que te ama, de las provincias verdes:
de allá trajimos barro que nos corre en la sangre,
en la ciudad andamos, como tantos, perdidos,
temerosos de que cierren el mercado.
Bienamada, tu sombra tiene olor a ciruela,
tus ojos escondieron en el Sur sus raíces,
tu corazón es una paloma de alcancía,
tu cuerpo es liso como las piedras en el agua,
tus besos son racimos con rocío,
y yo a tu lado vivo con la tierra.
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La frescura de lo que recién llega, huele a grama mojada por lluvia de anhelos.
Como un “te acuerdas” evoca la duda, realza una emoción y cautiva el corazón.
Las miradas provocan orgasmos, si sabes mirar;
Los besos enloquecen el alma, y el **** entorpece la decencia.
El amor transforma lo banal en perpetuo, la razón en sentimiento.
Recuérdame por favor la forma de tu cintura, aunque me queme las manos al sentirla.
Embriágame otra vez con tu saliva y tu boca, permíteme una vez más volverte loca.
Desnuda mis nervios, desviste los tuyos, y déjalos que juegen al son de nuestros besos.
Cuéntame dónde has estado, pero no pronuncies nada.
Entrégame tu lujuria, dibújala sobre tu piel.
Haz sonar tu voz, sin decir una palabra.
Regálame tu vientre, liso y sedoso.
Confúndeme, dime que no.
Emocióname, dime que si.
Baila para mi.
Curvas.
Baila sobre mi.
Cantos.
Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:08 PM UTC
Vino color de día,
vino color de noche,
vino con pies de púrpura
o sangre de topacio,
vino,
estrellado hijo
de la tierra,
vino, liso
como una espada de oro,
suave
como un desordenado terciopelo,
vino encaracolado
y suspendido,
amoroso,
marino,
nunca has cabido en una copa,
en un canto, en un hombre,
coral, gregario eres,
y cuando menos, mutuo.
A veces
te nutres de recuerdos
mortales,
en tu ola
vamos de tumba en tumba,
picapedrero de sepulcro helado,
y lloramos
lágrimas transitorias,
pero
tu hermoso
traje de primavera
es diferente,
el corazón sube a las ramas,
el viento mueve el día,
nada queda
dentro de tu alma inmóvil.
El vino
mueve la primavera,
crece como una planta la alegría,
caen muros,
peñascos,
se cierran los abismos,
nace el canto.
Oh tú, jarra de vino, en el desierto
con la sabrosa que amo,
dijo el viejo poeta.
Que el cántaro de vino
al beso del amor sume su beso.
Amor mío, de pronto
tu cadera
es la curva colmada
de la copa,
tu pecho es el racimo,
la luz del alcohol tu cabellera,
las uvas tus pezones,
tu ombligo sello puro
estampado en tu vientre de vasija,
y tu amor la cascada
de vino inextinguible,
la claridad que cae en mis sentidos,
el esplendor terrestre de la vida.
Pero no sólo amor,
beso quemante
o corazón quemado
eres, vino de vida,
sino
amistad de los seres, transparencia,
coro de disciplina,
abundancia de flores.
Amo sobre una mesa,
cuando se habla,
la luz de una botella
de inteligente vino.
Que lo beban,
que recuerden en cada
gota de oro
o copa de topacio
o cuchara de púrpura
que trabajó el otoño
hasta llenar de vino las vasijas
y aprenda el hombre oscuro,
en el ceremonial de su negocio,
a recordar la tierra y sus deberes,
a propagar el cántico del fruto.
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Camiseta preta
Camiseta branca
Enrolado
Liso
Eram apenas amigos
Pontas de cigarros
Os dois se encontram
Whiskey e conversar alheias
Tudo o que ela queria era um beijo dele
Era confuso
escuro
E chovia também
Ela ganhou o beijo
Mas perdeu o amor
Jun 24, 2013
Jun 24, 2013 at 6:40 PM UTC
Sulfato olor endulzado
Color verde AZULADO
sensación fuera del tiempo
Tus manos recorren el viento.
Tus ojos color morado.
No perderé tu perfume,
Tu encuentras mis manos
En la mirada de tus labios
Kilómetros tras tu sombra.
Años por segundos,
Palabras para tus oídos
Que entregan mis suspiros.
Inolvidable es tu color...
Te llevo en mi sangre
Gotas del olvido.
Te recuperare mi alivio.
Sombras que nunca olvido
La distancia no es mi amigo
Te encapsuló en el liso
De arándanos cohibidos.
Te hablé sin compromisos
Sirena invisible
Te volví poesía irrompible
Te encuentro verde impredecible.
Felicidad incontable
En vueltas a la luna
Pensando en tu cintura
He recuperado mi locura.
Dec 26, 2014
Dec 26, 2014 at 5:59 AM UTC
Bebo del agua limpia y clara del arroyo
Y vago por los campos teniendo por apoyo
Un gajo de algarrobo liso, fuerte y pulido
Que en sus ramas sostuvo la dulzura de un nido.
Así paso los días, morena y descuidada,
Sobre la suave alfombra de la grama aromada,
Comiendo de la carne jugosa de las fresas
O en busca de fragantes racimos de frambuesas.
Mi cuerpo está impregnado el aroma ardoroso
De los pastos maduros. Mi cabello sombroso
Esparce, al destrenzarlo, olor a sol y a heno,
A salvia, a yerbabuena y a flores de centeno.
¡Soy libre, sana, alegre, juvenil y morena,
Cual si fuera la diosa del trigo y de la avena!
¡Soy casta como Diana
Y huelo a hierba clara nacida en la mañana!
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Adonde el viento, impávido, subleva
torres de luz contra la sangre mía,
tú, billete, flor nueva,
cortada en los balcones del tranvía.
Huyes, directa, rectamente liso,
en tu pétalo un nombre y un encuentro
latentes, a ese centro
cerrado y por cortar del compromiso.
Y no arde en ti la rosa, ni en ti priva
el finado clavel, si la violeta
contemporánea, viva,
del libro que viaja en la chaqueta.
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Patay na an binhi nga akon gin tanom
Na uga an mga gudti nga dahon
Waray na sumaringsing an luyat nga sanga
Mamara na hin duro an tinatamnan nga tuna.
Waray na ka salbar han abono ngan tubig
Nadunot na an lawas nga inuuhaw ha dilig
Waray na paglaom nga bumuklad an biyuos
Nailiw an tuna nga ha iya mga gamut nakagapos
Waray na ak umutro tikang hadto
Gin sunog ko na gihapon an iba nga liso
Ngan pati an tanaman nga minangnuan
Naglarab dida ha butnga han kasirakan.
Bangin dire gud la ak maaram mag tanom
Bangin an gin hatag nga pag tagad kulang gihapon
Sinipat ko nala an adlaw, ngan ha langit humangad
Samtang an hinulid nga binhi, nag dudugo ha akon palad.
🌱
Jan 26, 2025
Jan 26, 2025 at 10:06 PM UTC
Palabras que estás diciendo
-"cariño... siempre...seguro... " -
con voz lenta en gesto quieto.
Ventanas dobles, vidrieras
cerradas, encortinadas,
guillotinan tentaciones.
(Horizontes, aires, rumbos).
El cielo es el techo, todo
del color que tú quisiste,
sin constelación ni guía.
Entreabierta alcoba-tuya,
mía-, renuncias desposa.
Pero más allá de todo
¡qué claro se te ve el sino!
Ni ese zapato de cuento,
de cristal, frágil, altísimo,
ni ese pelo ¡qué domado
plano, doméstico, liso!
me engañan. Ya se estremecen
las tierras que estrenarás,
el horizonte que rompas,
el cielo por donde subas.
Talón al aire te veo,
aquí tan quieta conmigo,
cabellera suelta al viento
-¡manzanas que te echaría!-
y luego
el mito, ascensor antiguo,
que te sube, allá, a la fábula.
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Sin armas. Ni las dulces
sonrisas, ni las llamas
rápidas de la ira.
Sin armas. Ni las aguas
de la bondad sin fondo,
ni la perfidia, corvo pico.
Nada. Sin armas. Sola.
Ceñida en tu silencio.
«Sí» y «no», «mañana» y «cuando»,
quiebran agudas puntas
de inútiles saetas
en tu silencio liso
sin derrota ni gloria.
¡Cuidado!, que te mata
-fría, invencible, eterna-
eso, lo que te guarda,
eso, lo que te salva,
el filo del silencio que tú aguzas.
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Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene
por un anfibio sendero
de cristales y laureles.
El silencio sin estrellas,
huyendo del sonsonete,
cae donde el mar bate y canta
su noche llena de peces.
En los picos de la sierra
los carabineros duermen
guardando las blancas torres
donde viven los ingleses.
Y los gitanos del agua
levantan por distraerse,
glorietas de caracolas
y ramas de pino verde.
Su luna de pergamino
Preciosa tocando viene.
Al verla se ha levantado
el viento que nunca duerme.
San Cristobalón desnudo,
lleno de lenguas celestes,
mira la niña tocando
una dulce gaita ausente.
Niña, deja que levante
tu vestido para verte.
Abre en mis dedos antiguos
la rosa azul de tu vientre.
Preciosa tira el pandero
y corre sin detenerse.
El viento-hombrón la persigue
con una espada caliente.
Frunce su rumor el mar.
Los olivos palidecen.
Cantan las flautas de umbría
y el liso gong de la nieve.
¡Preciosa, corre, Preciosa,
que te coge el viento verde!
¡Preciosa, corre, Preciosa!
¡Míralo por dónde viene!
Sátiro de estrellas bajas
con sus lenguas relucientes.
Preciosa, llena de miedo,
entra en la casa que tiene,
más arriba de los pinos,
el cónsul de los ingleses.
Asustados por los gritos
tres carabineros vienen,
sus negras capas ceñidas
y los gorros en las sienes.
El inglés da a la gitana
un vaso de tibia leche,
y una copa de ginebra
que Preciosa no se bebe.
Y mientras cuenta, llorando,
su aventura a aquella gente,
en las tejas de pizarra
el viento, furioso, muerde.
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