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"latido" poems
La puerta como siempre abierta mi latido que mueve los ríos de sangre y tu al otro lado de la calle. Volverte a ver desato huracanes, lleno estos pulmones y amarro mis ilusiones. Volverte a ver fue pasajero, fue como un beso robado, una foto lejana. Estabas frente aquella puerta azul, donde te espere tantas noches, donde deje mi columna abandonada y el cuaderno de versos que los mortales no comprenden, pero que nuestro amor un día los vio nacer. Volverte a ver fue deseo fue odio, fue rabia, rabia de saber que no me puedo acercar por vergüenza, por falta de agallas por falta de palabras. ¿serán los versos el arma de un cobarde? y ¿me hace marica llorarte poemas? Volverte a ver fue inmenso y lleno de emoción fue recuerdo y también amor, fue sentir al sol abrazándome mientras me decía que aún puedo respirar. Y que sin dolor no existió amor... no existió aquella criatura de rubí.
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May 16, 2017
May 16, 2017 at 2:41 AM UTC
Volverte ver
En la mañana sale el sol, despertamos con una ilusión, ver a nuestra isla ser una nación, lucharemos por nuestra tierra después de la puesta del sol. Ya es de noche, reina la oscuridad, vestidos de negros, jamás nos verán, con las sombras nos confundirán y cuando menos lo esperan muy tarde será, porque ya pronto tendremos nuestra libertad. Mi pueblo está cansado de ser oprimido, y ustedes invasores pagarán por lo que ha sucedido, nuestra tierra la han destruido pero de nuestro corazón se siente un latido, aún no estamos en el olvido. Nuestra cultura quisiste eliminar, pero la mancha de plátano es difícil de borrar, armados con fusiles y machetes iremos a luchar, y en esta noche la muerte de Filiberto y Albizu vamos a vengar, ya pronto la supremacía americana va a terminar, por fin mi pueblo podrá respirar. Escrito por: Yamil Rosario Vázquez (16-feb-2012) Este poema es dedicado a todas las personas que en sus vidas han puesto un granito de arena para lograr la independencia de Puerto Rico, y a aquellos que han muerto luchando por ella. En especial a: Pedro Albizu Campos, Filiberto Ojeda Ríos, Ramón Emeterio Betances, y los a los estudiantes de la Universidad de Puerto Rico recinto de Río Piedras.
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Feb 18, 2012
Feb 18, 2012 at 4:59 PM UTC
Todo pueblo merece ser libre
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Oda a la araucaria araucana
Alta sobre la tierra te pusieron, dura, hermosa araucaria de los australes montes, torre de Chile, ***** del territorio verde, pabellón del invierno, nave de la fragancia. Ahora, sin embargo, no por bella te canto, sino por el racimo de tu especie, por tu fruta cerrada, por tu piñón abierto. Antaño, antaño fue cuando sobre los indios se abrió como una rosa de madera el colosal puñado de tu puño, y dejó sobre la mojada tierra los piñones: harina, pan silvestre del indomable Arauco. Ved la guerra: armados los guerreros de Castilla y sus caballos de galvánicas crines y frente a ellos el grito de los desnudos héroes, voz del fuego, cuchillo de dura piedra parda, lanzas enloquecidas en el bosque, tambor, tambor sagrado, y adentro de la selva el silencio, la muerte replegándose, la guerra. Entonces, en el último bastión verde, dispersas por la fuga, las lanzas de la selva se reunieron bajo las araucarias espinosas. La cruz, la espada, el hambre iban diezmando la familia salvaje. Terror, terror de un golpe de herraduras, latido de una hoja, viento, dolor y lluvia. De pronto se estremeció allá arriba la araucaria araucana, sus ilustres raíces, las espinas hirsutas del poderoso pabellón tuvieron un movimiento ***** de batalla: rugió como una ola de leones todo el follaje de la selva dura y entonces cayó una marejada de piñones: los anchos estuches se rompieron contra la tierra, contra la piedra defendida y desgranaron su fruta, el pan postrero de la patria. Así la Araucanía recompuso sus lanzas de agua y oro, zozobraron los bosques bajo el silbido del valor resurrecto y avanzaron las cinturas violentas como rachas, las plumas incendiarias del Cacique: piedra quemada y flecha voladora atajaron al invasor de hierro en el camino. Araucaria, follaje de bronce con espinas, gracias te dio la ensangrentada estirpe, gracias te dio la tierra defendida, gracias, pan de valientes, alimento escondido en la mojada aurora de la patria: corona verde, pura madre de los espacios, lámpara del frío territorio, hoy dame tu luz sombría, la imponente seguridad enarbolada sobre tus raíces y abandona en mi canto la herencia y el silbido del viento que te toca, del antiguo y huracanado viento de mi patria. Deja caer en mi alma tus granadas para que las legiones se alimenten de tu especie en mi canto. Árbol nutricio, entrégame la terrenal argolla que te amarra a la entraña lluviosa de la tierra, entrégame tu resistencia, el rostro y las raíces firmes contra la envidia, la invasión, la codicia, el desacato. Tus armas deja y vela sobre mi corazón, sobre los míos, sobre los hombros de los valerosos, porque a la misma luz de hojas y aurora, arenas y follajes, yo voy con las banderas al llamado profundo de mi pueblo! Araucaria araucana, aquí me tienes!
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Preguntaréis: Y dónde están las lilas? Y la metafísica cubierta de amapolas? Y la lluvia que a menudo golpeaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros? Os voy a contar todo lo que me pasa. Yo vivía en un barrio de Madrid, con campanas, con relojes, con árboles. Desde allí se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero.                                           Mi casa era llamada la casa de las flores, porque por todas partes estallaban geranios: era una bella casa con perros y chiquillos.                                   Raúl, te acuerdas? Te acuerdas, Rafael?                                 Federico, te acuerdas debajo de la tierra, te acuerdas de mi casa con balcones en donde la luz de junio ahogaba flores en tu boca?                                                                 Hermano, hermano! Todo eran grandes voces, sal de mercaderías, aglomeraciones de pan palpitante, mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua como un tintero pálido entre las merluzas: el aceite llegaba a las cucharas, un profundo latido de pies y manos llenaba las calles, metros, litros, esencia aguda de la vida,                           pescados hacinados, contextura de techos con sol frío en el cual la flecha se fatiga, delirante marfil fino de las patatas, tomates repetidos hasta el mar. Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre. Bandidos con aviones y con moros, bandidos con sortijas y duquesas, bandidos con frailes negros bendiciendo venían por el cielo a matar niños, y por las calles la sangre de los niños corría simplemente, como sangre de niños. Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo seco mordería escupiendo, víboras que las víboras odiaran! Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarse para ahogaros en una sola ola de orgullo y de cuchillos! Generales traidores: mirad mi casa muerta, mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón. Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles venid a ver la sangré por las calles, venid a ver la sangre por las calles!
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Explico algunas cosas
Preguntaréis: Y dónde están las lilas? Y la metafísica cubierta de amapolas? Y la lluvia que a menudo golpeaba sus palabras llenándolas de agujeros y pájaros? Os voy a contar todo lo que me pasa. Yo vivía en un barrio de Madrid, con campanas, con relojes, con árboles. Desde allí se veía el rostro seco de Castilla como un océano de cuero.                                           Mi casa era llamada la casa de las flores, porque por todas partes estallaban geranios: era una bella casa con perros y chiquillos.                                   Raúl, te acuerdas? Te acuerdas, Rafael?                                 Federico, te acuerdas debajo de la tierra, te acuerdas de mi casa con balcones en donde la luz de junio ahogaba flores en tu boca?                                                                 Hermano, hermano! Todo eran grandes voces, sal de mercaderías, aglomeraciones de pan palpitante, mercados de mi barrio de Argüelles con su estatua como un tintero pálido entre las merluzas: el aceite llegaba a las cucharas, un profundo latido de pies y manos llenaba las calles, metros, litros, esencia aguda de la vida,                           pescados hacinados, contextura de techos con sol frío en el cual la flecha se fatiga, delirante marfil fino de las patatas, tomates repetidos hasta el mar. Y una mañana todo estaba ardiendo y una mañana las hogueras salían de la tierra devorando seres, y desde entonces fuego, pólvora desde entonces, y desde entonces sangre. Bandidos con aviones y con moros, bandidos con sortijas y duquesas, bandidos con frailes negros bendiciendo venían por el cielo a matar niños, y por las calles la sangre de los niños corría simplemente, como sangre de niños. Chacales que el chacal rechazaría, piedras que el cardo seco mordería escupiendo, víboras que las víboras odiaran! Frente a vosotros he visto la sangre de España levantarse para ahogaros en una sola ola de orgullo y de cuchillos! Generales traidores: mirad mi casa muerta, mirad España rota: pero de cada casa muerta sale metal ardiendo en vez de flores, pero de cada hueco de España sale España, pero de cada niño muerto sale un fusil con ojos, pero de cada crimen nacen balas que os hallarán un día el sitio del corazón. Preguntaréis por qué su poesía no nos habla del sueño, de las hojas, de los grandes volcanes de su país natal? Venid a ver la sangre por las calles venid a ver la sangré por las calles, venid a ver la sangre por las calles!
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El es…. no lo se, tal vez es el aroma de aquel café con vainilla ese día blanco; ese instante que dio vueltas en mi cabeza y el ni en cuenta….tal vez es el sabor a tequila y el latido de su corazón y el piso frió…tal vez es sabor a menta, o una canción punk…o tal vez es el dolor que me gusta mas, o el placer que duele tanto….tal vez es el amor de mi vida, o otra historia que contar….tal vez es su altura, la forma que se sienta, su cuerpo largo y yo tan pequeña…tal vez es sus ojos, sus pestañas, su nariz…tal vez es su dolor, y el mio, tal vez es su debilidad, y la mía…tal vez es una cerveza y un cigarrillo nervioso, o un buen whisky para relajar…. quizás sea simplemente ese ultimo beso, pasión, calor…..tal vez es el sueño que ya no me llega, las horas sin dormir…tal vez sea cada lagrima que callo, tal vez. Tal vez, el es simplemente un anhelo mas.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:54 AM UTC
El es.
vuelve a acariciar mi cara y rómpeme ya de verdad no me importa tú seguirás y yo me quedaré aquí con miles de pedazos de lo que solía ser mi persona con miles de sueños y esperanzas con un corazón roto una mente destrozada un impulso un latido nada
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May 12, 2017
May 12, 2017 at 1:07 AM UTC
descenso
I guess it should be expected from me To still try looking for you in songs Where have you gone? You never warned me I'd feel this lonely Octavio Octavio, it is likely you're just another name Faceless, traceless Like the stars in my dreams I'm all bones, you're all sheets Haunt me in the realm of dreams, te lo pido Cariño Do you understand this Spanglish tongue? Can you feel the latido of my anxious heart? Octavito, chiquitito If there was a time of pastel pinks and blues And yellow ribbons If there was a time of citrus and lime And air-drying linen If there were days of tu y yo Birds and bees Half-creaked windows And shaky knees I'd like to visit those days, mi gansito Is there an us in the summer Some summers from now? The shortest nights, the longest season Is there any way to tell? I'd like to know, amorcito Octavio, mi pan dulce Mi corazon de papel, mi pajarito You exist sweetly in my thoughts If no place else
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Jul 11, 2017
Jul 11, 2017 at 3:16 AM UTC
Sometimes I write letters and poems to people who may or may not exist. This one is for Octavio, whoever he is.
Me pides que me orille, hacia el contorno del sitio me estaciono en la sombra, en la cadencia de tus pensamientos en un latido te descubres, se sienten tus ojos como espejos como reflejo de explosiones que a mí, me descubren el juego me tocas la sien con tus manos, calmando ansiedad de veneno respiras de cerca y en tus ojos, dibujas el plan que me descubre que me redime con furia en tu sirviente de instinto con movimientos despacios, recorro el altar de tu cuerpo tu piel dorada es atacada por vientos que se apropian no te importa el invierno, pues tu calor de locura nos llena el espacio de rojos, de suciedades que borran que destierran las reglas que nos impiden ahogarnos enajenar los impulsos con vanidades lascivas tus movimientos que sobran, que satisfacen tu ego a mí no me importa, estás encima de mi cuerpo yo sólo me limito a observarte, a tocarte los espacios aquellos lugares que buscan que los levante del sueño.
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Sep 5, 2012
Sep 5, 2012 at 12:31 AM UTC
Pasajero
No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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Oct 11, 2014
Oct 11, 2014 at 11:05 PM UTC
No estoy seguro qué es lo que comienza. Los gallos avivan al cosmos lo alientan a latir, a expresarse como el fuego avivado alienta al corazón a agitar su latido.                                (marea de circunstancias                    heme aquí, postrado en el oleaje                                 muriéndome por nadar) El vacío deja caer sus moldes de reloj para que la vastedad suceda: comienza, sí, la aventura el juego circular la alta-experiencia fallida la confusión de nombrar          sin decir lo correcto. Nombrar y mal|decir, maldefinir, malvivir. Se entona un habla sin provecho un habla sin adagio. La expresión se desgaja: sus trozos se evaporan con la neblina parecen esferas sufriendo de aplanamiento. La claridad se enrarece: mueren los magos creadores se colman de caídas sin conciencia                       y paracaídas sin usar. Sobrevivo aquí, en la marea del error                    a u s e n t e d e s e n t i d o laberinto lúdico laberinto del que olvido su carácter de juego. Malnombro mi estado: me pierdo. Volver ¿a dónde? ¿Ayudaría la luz                  a nombrar de nuevo? Volver a la luz perder la palabra desposeer                  comenzar. ¿Comenzar por la luz, terminar restituidos en la más seglar de las gnosis? ¿Terminar como estrella que alumbra el signo como estrella que devela el sentido oscuro? Bifurcación múltiple ramales pletóricos ah, las nervaduras del árbol metafísico ah, la oquedad de la oferta. ¿A dónde van a dar los caminos que, sumiso, veo abrirse ante mi?
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Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas,cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, y calculo por eso con técnica qué puedo. Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros.Tal es mi poesía: poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
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La poesía es un arma cargada de futuro
Cuando ya nada se espera personalmente exaltante, mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia, fieramente existiendo, ciegamente afirmado, como un pulso que golpea las tinieblas,cuando se miran de frente los vertiginosos ojos claros de la muerte, se dicen las verdades: las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.Se dicen los poemas que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados, piden ser, piden ritmo, piden ley para aquello que sienten excesivo.Con la velocidad del instinto, con el rayo del prodigio, como mágica evidencia, lo real se nos convierte en lo idéntico a sí mismo.Poesía para el pobre, poesía necesaria como el pan de cada día, como el aire que exigimos trece veces por minuto, para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan decir que somos quien somos, nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno. Estamos tocando el fondo.Maldigo la poesía concebida como un lujo cultural por los neutrales que, lavándose las manos, se desentienden y evaden. Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.Hago mías las faltas.  Siento en mí a cuantos sufren y canto respirando. Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas personales, me ensancho.Quisiera daros vida, provocar nuevos actos, y calculo por eso con técnica qué puedo. Me siento un ingeniero del verso y un obrero que trabaja con otros a España en sus aceros.Tal es mi poesía: poesía-herramienta a la vez que latido de lo unánime y ciego. Tal es, arma cargada de futuro expansivo con que te apunto al pecho.No es una poesía gota a gota pensada. No es un bello producto. No es un fruto perfecto. Es algo como el aire que todos respiramos y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.Son palabras que todos repetimos sintiendo como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado. Son lo más necesario: lo que no tiene nombre. Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.
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Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Canto a españa
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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que bonita es la soledad contigo sin necesidad de tener nada mas que unas bocinas y dos CDs pasamos horas enteras queriéndonos, aprendiéndonos, mirándonos… no faltaba ni sobraba nada, cada suspiro en su lugar, y cada beso sin estorbar. y al ritmo de una guitarra melancólica, tu respiración competía con el latido de tu corazón, ahí, sobre mi vientre, y retumbaba de mi ombligo hasta las puntas de los dedos.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:44 AM UTC
tarde de soledad contigo
Coleccionamos canciones en el baúl del alma, seducimos a la vida con una mirada, somos actores de nuestro guión. ¿que es poesía? no lo se... ¿que poeta define su poesía? ¡Que lo cante el pueblo! ¡y que me cuente! Nos enamoramos de versos, de gente, de gestos y a veces solo por ser bellos, pero... ¿que queremos probar? ¿que nos hace humanos? creo... ¡hay algo! es una atracción, natural e instintiva hacia personas extraordinarias, variantes únicos, momentos lucidos sueños vueltos realidad. Y partimos de los surreal de los sueños simbólicos, de los viajes astrales hacia ningún lugar. Los sueños que se repiten y se repiten sin dejar nada claro, un mensaje olvidado, una voz del pasado, un recuerdo o un mal sueño. Un beso que parece ser cierto, tu piel desnuda contra la luna, un hombre que se ahoga en su propia soledad y volvemos al mundo para respirar, enamorarnos jugar, aprender y vivir, seguir filmando, seguir escribiendo los versos robados de tu ausencia; contar historias para volver a encerrarme conmigo mismo. Oír la canción triste leer y llora. Beber café y vino. Despertar, correr y ver el amanecer. Aquí estoy escuchando tu latido, enamorándome de tus destellos imprevistos, de los detalles que te hacen anormal de las caricias que expulsa tu voz, de lo que nos hace humanos imperfectos perfectos, por lo mismo de ser distintos, de cantar distinto, de portar alma, de temer a perderla, de ser valientes de fallar y tener suerte. ¡Y se me equivoco! ¡que venga el pueblo! ¡y que me lo cante!
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Sep 24, 2017
Sep 24, 2017 at 3:50 AM UTC
Colección de Canciones
Coleccionamos canciones en el baúl del alma, seducimos a la vida con una mirada, somos actores de nuestro guión. ¿que es poesía? no lo se... ¿que poeta define su poesía? ¡Que lo cante el pueblo! ¡y que me cuente! Nos enamoramos de versos, de gente, de gestos y a veces solo por ser bellos, pero... ¿que queremos probar? ¿que nos hace humanos? creo... ¡hay algo! es una atracción, natural e instintiva hacia personas extraordinarias, variantes únicos, momentos lucidos sueños vueltos realidad. Y partimos de los surreal de los sueños simbólicos, de los viajes astrales hacia ningún lugar. Los sueños que se repiten y se repiten sin dejar nada claro, un mensaje olvidado, una voz del pasado, un recuerdo o un mal sueño. Un beso que parece ser cierto, tu piel desnuda contra la luna, un hombre que se ahoga en su propia soledad y volvemos al mundo para respirar, enamorarnos jugar, aprender y vivir, seguir filmando, seguir escribiendo los versos robados de tu ausencia; contar historias para volver a encerrarme conmigo mismo. Oír la canción triste leer y llora. Beber café y vino. Despertar, correr y ver el amanecer. Aquí estoy escuchando tu latido, enamorándome de tus destellos imprevistos, de los detalles que te hacen anormal de las caricias que expulsa tu voz, de lo que nos hace humanos imperfectos perfectos, por lo mismo de ser distintos, de cantar distinto, de portar alma, de temer a perderla, de ser valientes de fallar y tener suerte. ¡Y se me equivoco! ¡que venga el pueblo! ¡y que me lo cante!
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Extraño las peleas en tu cama, revolcándonos entre cabeceras, besos, y cosquillas; tu voz, entre medio de una risa, preguntando, sin aliento, “no me quieres?” y yo completamente perdida… extraño estar enredada entre tus mas hondos suspiros, en tus brazos firmes, seguros… extraño temblar, el miedo, y tus dulces labios… extraño ser, irreparablemente, la mujer que deseas, a la que susurras tus sueños, tu futuro y lo que eres… amor, extraño como a nada las pestañas que contaba, y despertarte de tu reposo ligero en mis brazos, con mariposas en forma de besos, y alinear las caderas como algún baile de infinita gracia y destreza, como algo innato, universal, natural… y débil, aun que sea este corazón, con todas sus fuerzas, en cada latido te extraña como nadie.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:41 AM UTC
Extraño
Y de pronto notar que era imposible, que los nervios me dilataban, que te buscaba, y aveces nos encontrábamos en el mismo lugar…. Pero lo mejor fue encontrarte esa noche, que entre los demás, se sintiera la noche solo nuestra, en un piso de escenario, con aliento de tequila, y canciones de amor, unidos bajo el latido de tu corazón, y aun en esa nube pensando, “esto no es real…” Despertar al otro dia, medio adolorida por amanecer sola y preguntandome si de veras sucedio?
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:53 AM UTC
Obra.
El humo azul, azul, entre mis dedos, inscribiendo en el aire su delirio y mal llovido a espesos lagrimones, ese arrítmico trote desvalido, enlutando los sueños, los balcones; mientras ya en el recuerdo el tiempo muerto, aquí voraz insecto, noche en celo, latido de persiana o ritmo grillo, es también clara senda que bordea bajo pinos la tarde y la ladera, para luego perderse entre azoteas o en la turbia corriente de estas venas, de gustos recatados y viajeros, que riega caracoles donde suena la muerta voz sepulta en la madera o el rumor interior de la penumbra que sustentan mis huesos, junto al humo y a cuanto no comprendo y me circunda: débil hoja dormida que despierta y suspira, se queja, se da vuelta, balbuceo de cielo en desamparo. ni mis pálidas uñas ¡tan siquiera!; mientras vuelvo a tu encuentro azar, memoria, en busca de callejas marineras que en plena resolana de naranjas bajaban, con sus redes, a una playa, o en los labios ya un gusto a madrugada -¿qué recuerdo se asoma a esa ventana?- me aproximo a mujeres amapola -¿por qué, por qué amapola?- entre zaguanes de aliento canallesco y voz gastada, tan cerca, en este instante, entre la borra nocturna, aquí también, ¡y tan amarga! -allá lejos, ¿por qué siempre amapola?- ya casi colindando con la aurora.
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Nocturno
Galerías del alma... ¡El alma niña! Su clara luz risueña; y la pequeña historia, y la alegría de la vida nueva...  ¡Ah, volver a nacer, y andar camino, ya recobrada la perdida senda!  Y volver a sentir en nuestra mano aquel latido de la mano buena de nuestra madre... Y caminar en sueños por amor de la mano que nos lleva.     En nuestras almas todo por misteriosa mano se gobierna. Incomprensibles, mudas, nada sabemos de las almas nuestras.  Las más hondas palabras del sabio nos enseñan lo que el silbar del viento cuando sopla o el sonar de las aguas cuando ruedan.
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Renacimiento
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Diurno doliente
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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Dúo de amor
En el hondo silencio de la noche serena se dilata un lejano perfume de azucena, y aquí, bajo los dedos de seda de la brisa, mi corazón se ensancha como en una sonrisa... Y yo sé que el silencio tiene un ritmo profundo donde palpita un eco del corazón del mundo, un corazón inmenso que late no sé dónde, pero que oye el latido del mío, y me responde... El corazón que sientes latir en derredor, es un eco del tuyo, que palpita de amor. El corazón del mundo no es ilusorio: Existe. Pero, para escucharlo, es preciso estar triste; triste de esa tristeza que no tiene motivo, en esta lenta muerte del dolor de estar vivo. La vida es un rosal cuando el alma se alegra, pero, cuando está triste, da una cosecha negra. El amor es un río de luz entre la sombra, y santifica el labio pecador que lo nombra. Sólo el amor nos salva de esta gran pesadumbre, levantando el abismo para trocarlo en cumbre. Sólo el amor nos salva del dolor de la vida, como una flor que nace de una rama caída; pues si la primavera da verdor a la rama, el corazón se llena de aroma, cuando ama. Amar es triste a veces, más triste todavía que no amar. El amor no siempre es alegría. Tal vez, por eso mismo, es eterno el amor: porque, al dejarnos tristes, hace dulce el dolor. Amar es la tristeza de aprender a morir. Amar es renacer. No amar, es no vivir. El amor es a veces lo mismo que una herida, y esa herida nos duele para toda la vida. Si cierras esa herida tu vida queda muerta. Por eso, sonriendo, haz que siempre esté abierta; y si un día ella sola se cierra de repente, tú, con tus propias manos, ábrela nuevamente. Desdichada alegría que nace del dolor. De un dolor de la rama también nace la flor. Pero de esa flor efímera, como todas, se mustia, y la rama se queda contraída de angustia. Cada hoja que cae deja el sitio a otra hoja, y así el amor -resumen de toda paradoja- renace en cada muerte con vida duradera; porque decir amor, es decir primavera. Primavera del alma, primavera florecida que deja un misterioso perfume en nuestra vida. Primavera del alma, de perpetuo esplendor, que convierte en sonrisa la mueca del dolor. Primavera de ensueño que nos traza un camino en la intrinca selva donde acecha el destino. Primavera que canta si el huracán la azota y que da nuevo aliento tras de cada derrota. Primavera magnánima, cuyo verdor feliz rejuvenece el árbol seco hasta la raíz... Amor es la ley divina de plenitud humana; dolor que hoy nos agobia y añoramos mañana... Eso es amor, y amando, también la vida es eso: ¡Dos almas que se duermen a la sombra de beso!
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Despierta, tiemblo al mirarte; dormida, me atrevo a verte; por eso, alma de mi alma, yo velo mientras tú duermes.   Despierta, ríes, y al reír tus labios     inquietos me parecen relámpagos de grana que serpean     sobre un cielo de nieve.   Dormida, los extremos de tu boca     pliega sonrisa leve, suave como el rastro luminoso     que deja un sol que muere.                           ¡Duerme!   Despierta, miras y al mirar tus ojos     húmedos resplandecen como la onda azul en cuya cresta     chispeando el sol hiere.   Al través de tus párpados, dormida,     tranquilo fulgor vierten, cual derrama de luz, templado rayo,     lámpara transparente.                           ¡Duerme!   Despierta, hablas y al hablar vibrantes     tus palabras parecen lluvia de perlas que en dorada copa     se derrama a torrentes.   Dormida, en el murmullo de tu aliento     acompasado y tenue, escucho yo un poema que mi alma     enamorada entiende.                           ¡Duerme!   Sobre el corazón la mano me he puesto porque no suene su latido y de la noche turbe la calma solemne.   De tu balcón las persianas cerré ya porque no entre el resplandor enojoso de la aurora y te despierte.                           ¡Duerme!
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Rima xxvii
Ahora me pregunto si es que toda la vida hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo, la mano ante los ojos -qué latido de la sangre en los párpados- y el vello inmenso se confunde, silencioso, a la mirada. Pesan las pestañas. No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son, rostros vagos nadando como en un agua pálida, éstos aquí sentados, con ojos vivientes? La tarde nos empuja a ciertos bares o entre cansados hombres en pijama. Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio arriba, más arriba, mucho más que las luces que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados. Queda también silencio entre nosotros, silencio               y este beso igual que un largo túnel.
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Idilio en el café
Voy a cerrar los ojos en voz baja voy a meterme a tientas en el sueño. En este instante el odio no trabaja para la muerte que es su pobre dueño la voluntad suspende su latido y yo me siento lejos, tan pequeño que a Dios invoco, pero no le pido nada, con tal de compartir apenas este universo que hemos conseguido por las malas y a veces por las buenas. ¿Por qué el mundo soñado no es el mismo que este mundo de muerte a manos llenas? Mi pesadilla es siempre el optimismo: me duermo débil, sueño que soy fuerte, pero el futuro aguarda. Es un abismo. No me lo digan cuando me despierte.
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Hasta mañana
y al ritmo de una guitarra melancólica, tu respiración competía con el latido de tu corazón, ahí, sobre mi vientre, y retumbaba de mi ombligo hasta las puntas de los dedos.
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Jan 12, 2013
Jan 12, 2013 at 12:04 AM UTC
pasaje
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Carta
El palomar de las cartas abre su imposible vuelo desde las trémulas mesas donde se apoya el recuerdo, la gravedad de la ausencia, el corazón, el silencio. Oigo un latido de cartas navegando hacia su centro. Donde voy, con las mujeres y con los hombres me encuentro, malheridos por la ausencia, desgastados por el tiempo. Cartas, relaciones, cartas: tarjetas postales, sueños, fragmentos de la ternura, proyectados en el cielo, lanzados de sangre a sangre y de deseo a deseo. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. En un rincón enmudecen cartas viejas, sobres viejos, con el color de la edad sobre la escritura puesto. Allí perecen las cartas llenas de estremecimientos. Allí agoniza la tinta y desfallecen los pliegos, y el papel se agujerea como un breve cementerio de las pasiones de antes, de los amores de luego. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra, que yo te escribiré. Cuando te voy a escribir se emocionan los tinteros: los negros tinteros fríos se ponen rojos y trémulos, y un claro calor humano sube desde el fondo ***** Cuando te voy a escribir, te van a escribir mis huesos: te escribo con la imborrable tinta de mi sentimiento. Allá va mi carta cálida, paloma forjada al fuego, con las dos alas plegadas y la dirección en medio. Ave que sólo persigue, para nido y aire y cielo, carne, manos, ojos tuyos, y el espacio de tu aliento. Y te quedarás desnuda dentro de tus sentimientos, sin ropa, para sentirla del todo contra tu pecho. Aunque bajo la tierra mi amante cuerpo esté, escríbeme a la tierra que yo te escribiré. Ayer se quedó una carta abandonada y sin dueño, volando sobre los ojos de alguien que perdió su cuerpo. Cartas que se quedan vivas hablando para los muertos: papel anhelante, humano, sin ojos que puedan serlo. Mientras los colmillos crecen, cada vez más cerca siento la leve voz de tu carta igual que un clamor inmenso. La recibiré dormido, si no es posible despierto. Y mis heridas serán los derramados tinteros, las bocas estremecidas de rememorar tus besos, y con su inaudita voz han de repetir: te quiero.
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Hace año y medio que pienso en lo mismo. La mirada y los pasos los siento cansados, los hombros me pesan, y no sé si es la mochila o mi pasado. Estoy sobrepuesta, soy una pintura que colgaron para tapar un hoyo en la pared. Hay días buenos, no tan buenos y los malos, pero aunque me sienta alegre siempre en el trasfondo hay un pequeño duende apagando el interruptor, que le gusta estar a oscuras, y que el silencio lo aturde. Por eso mantiene mi voz activa desde atrás de mi cabeza. Y le gusta oír el latido de mi corazón agitado. Cómo quisiera estar de nuevo en el techo de Camilo, y mirar las luces de la ciudad en lugar de las estrellas. Vaciarme. Estoy como una casa abandonada, llena de cosas inservibles. De sueños que no son míos, de cansancio por cargar penas ajenas, y mis ojos lo único que quieren es cerrarse.
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May 26, 2018
May 26, 2018 at 3:07 PM UTC
Diario parte II