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"instantes" poems
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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La casa
Circundada por selvas, bajo el cielo Siempre azulado, nuestra casa era Algo como el plumón y el terciopelo: Un tibio corazón de primavera. Se hablaba quedo en nuestra casa; Cierto que cobijaba tantas aves, Que nos salían las palabras suaves Como si las dijéramos a un muerto. Pero nada era triste: la dulzura Poníamos tan dócil armonía Que hasta el suspiro tenue presentía En sus patios sombreados de verdura. El mármol blanco de los corredores Parecía dormir un sueño largo. Las fuentes compartían su letargo. Soñaban las estatuas con amores. Cedían los sillones blandamente, Como un pecho materno, y era fino, Muy fino el aire, así como divino, Cuando filtraba el oro del poniente. ¡Cómo me acuerdo de la noche aquella En que entré sostenida por tu brazo! Moría casi bajo el doble abrazo De tu mirada y de la noche bella. ¡Moría casi! Me llevaste tierno Por largas escaleras silenciosas Y ni tuve conciencia de las cosas: Era un cuerpo cansado y sin gobierno. No sé cómo llegamos a una estancia. La penumbra interior, los pasos quedos, Tus besos que morían en mis dedos Me tornaron el alma una fragancia. Abriste una ventana: allá, lejano, Plateaba el río y el silencio era Dulce y enorme, y era primavera, Y se movía el río sobre el llano. Caminaba hacia el mar con tal dulzura Que parecía una palabra buena. Iba a darse sin fin; la quieta arena Mirábalo pasar con amargura. Y mi alma también rodó en el río, Se hundió con él en perfumadas frondas, Siguiéndolo hasta el mar cayó en sus ondas, Y suyo fue el divino poderío. Se curvó blanda en el enorme vaso, De allí se desprendió como un suspiro, Ascendió por los buques y el retiro De otras mujeres sorprendió de paso. Subió hasta las ciudades de otro mundo; Dormían todos, todo estaba blanco, Luego vio cada mundo como un banco De arena muerta en el azul profundo. Y desde aquel azul que todo abisma Miró en la tierra esta ventana abierta: ¿Quién era esa criatura medio muerta? Y se bajó a mirar. ¡Y era yo misma! Cuando volvió del viaje, envejecida De tanto haber vagado unos instantes La esperaban tus ojos suplicantes: Se hundió por ellos y encontró la vida. ¿Recuerdas tú? La casa era un arrullo, Un perfume infinito, un nido blando: Nunca se dijo la palabra cuándo. Se decía, muy quedo: mío y tuyo.
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Alta va la luna. Bajo corre el viento.   (Mis largas miradas, exploran el cielo.)   Luna sobre el agua. Luna bajo el viento.   (Mis cortas miradas, exploran el suelo.)   Las voces de dos niñas venían. Sin esfuerzo, de la luna del agua, me fui a la del cielo. Un brazo de la noche entra por mi ventana.   Un gran brazo moreno con pulseras de agua.   Sobre un cristal azul jugaba al río mi alma. Los instantes heridos por el reloj... pasaban. Asomo la cabeza por mi ventana, y veo cómo quiere cortarla la cuchilla del viento.   En esta guillotina invisible, yo he puesto la cabeza sin ojos de todos mis deseos.   Y un olor de limón llenó el instante inmenso, mientras se convertía en flor de gasa el viento. Al estanque se le ha muerto hoy una niña de agua. Está fuera del estanque, sobre el suelo amortajada.   De la cabeza a sus muslos un pez la cruza, llamándola. El viento le dice "niña", mas no puede despertarla.   El estanque tiene suelta su cabellera de algas y al aire sus grises tetas estremecidas de ranas.   Dios te salve. Rezaremos a Nuestra Señora de Agua por la niña del estanque muerta bajo las manzanas.   Yo luego pondré a su lado dos pequeñas calabazas para que se tenga a flote, ¡ay!, sobre la mar salada.
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Nocturnos de la ventana
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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Poema de los besos
Y ante mi abrazo te sentí rendida... y ante tu sumisión, mis besos sabios pusieron a temblar entre tus labios ansias de amor y de placer y vida... Fue un instante no más, uno de esos siglos-instantes que el amor nos brinda, prometiéndole un lauro al que se rinda primero en la batalla de los besos... Lo ves, mujer... No cabe en la materia la espiritualidad de lo insensible; todo es vencido ante el irresistible empujón de la carne y su miseria.... Y te sentí temblar como la fronda al soplo tibio de la brisa vaga, cuando en su trino el ruiseñor divaga y peina el sol su cabellera blonda... Y te sentí temblar como la onda que su quietud sobre la arena apaga, y como el ave que sin rumbo vaga y un circulo invisible traza y ronda. Y te sentí languidecer al peso de mis labios, al peso de un gran beso que perfumó en tus labios a un suspiro, tal como languidece en la laguna un cisne enamorado de la Luna, al no hallarla en el cielo de zafiro... Y te sentí latir, tal como late al manotazo del ciclón la hoja, como en la espada late, humeante y roja, la sangre que bebiera en el combate; tal como el sauce que su frente abate cuando la nube en su aflicción lo moja, o como el oceáno que se enoja y en el escollo solitario bate. Y te sentí vencida, con el lento y anhelado y temido vencimiento del sol, cuando la Noche abre la puerta del ***** templo de su Dios ignoto; y te sentí dormida, como un loto en la serenidad de un agua muerta... Y te sentí anhelante y temblorosa cual la irisada espuma de un torrente; como un lucero en la región silente, insinuando una seña misteriosa; cual la palma que agita, rumorosa, su abanico de jade, lentamente, como despunta en un jardín durmiente el milagro de gracia de una rosa; y cual la cierva cuando la acorrala la jauría, cual ave moribunda que pliega triste su ya inútil ala, y adoré tu sensual melancolía llena de rendición meditabunda, ¡y te sentí profundamente mía!...
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Vienes a mi mente Como un vago recuerdo Deslavado como la ropa De un tendedero Evoco momentos e instantes Pequeños detalles de anhelo Tristes versos que eran mis sueños La melodía de tu presencia El olor de tu guitarra melancólica Que guardo aún en el rincón Me llega desde un lugar lejano El sonido de una dulce canción (¿La recuerdas?) Entre los brazos del tiempo Y las garras del desamor Mi recuerdo se borró de ti No se si me sueñes, pienses, Cantes, maldigas o extrañes ¿Aún soy un trago amargo? ¿Soy parte de un lamento, O de una maldición exhausta? Quizá ya no existo, ni soy ni estoy Tal vez, de verdad me olvidaste.
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Sep 4, 2012
Sep 4, 2012 at 1:06 AM UTC
23:54
Si hubiera de morir dentro de unos instantes, escribiría estas sabias palabras: árbol del pan y de la miel, ruibarbo, cocacola, zonite, cruz gamada. Y me echaría a llorar. Uno puede llorar hasta con la palabra «excusado» si tiene ganas de llorar. Y esto es lo que hoy me pasa. Estoy dispuesto a perder hasta las uñas, a sacarme los ojos y exprimirlos como limones sobre la taza de café. («Te convido a una taza de café con cascaritas de ojo, corazón mío»). Antes de que caiga sobre mi lengua el hielo del silencio, antes de que se raje mi garganta y mi corazón se desplome como una bolsa de cuero, quiero decirte, vida mía, lo agradecido que estoy, por este hígado estupendo que me dejó comer todas tus rosas, el día que entré a tu jardín oculto sin que nadie me viera. Lo recuerdo. Me llené el corazón de diamantes -que son estrellas caídas y envejecidas en el polvo de la tierra- y lo anduve sonando como una sonaja mientras reía. No tengo otro rencor que el que tengo, y eso porque pude nacer antes y no lo hiciste. No pongas el amor en mis manos como un pájaro muerto.
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Aleluya
Um medíocre seixo formado por um aglomerado espalhafato de pulgas flutua e veleja por oceanos saturados de desaproveitas lágrimas amarelo-chumbo nas mais desoladas camadas de sua privativa órbita, em uma intersecção de múltiplos limbos supra-reais, bem entre dois muros de um corredor estreito, escuro e corroborado pelo lodo - sobre o qual, cabe-se dizer, resta imóvel uma pequena patrola laranja de brinquedo, esquecida. Inevitável e também incoerente, Continuar a ser (peleja) "Um equívoco desmistificado; uma perturbação" Os ideais se contrapõem aos já extintos/ Sedimentos navegam eternamente sem rumo/ Inexprimível Sensível/ O oculto que assim permanece/ Pedregulho pulguento perpetuamente a protuberar-se na imensidão dos mares de um ópio por si próprio proferido, ofendendo e perseguindo leis individuais de universo, causando o óbito comum a todos os parciais ínfimos pares de não-instantes, parados. Estarrece-se o lógico pela busca do externo consenso, indiferente a todo gotejar de pia: fundir-se pela semelhança! tornar-se pela simples analogia! Homo-Sutra; Homo-Isso. Homo-Tundra; Homo-Aquilo. **** Sapiens **** Gênio Entrementes, através de seus poros abertos pela alta temperatura, sente por seu corpo, de muitos corpos, a circulação efervescente do mais intenso calor, o sopro de vida hebraico de um cosmos também filisteu, (de tudo aquilo que pode até não estar de todo vivo - ou de todo morto); contradição de um todo-devir também carrasco, mas, em essência, todo-devir de um sorrateiro espaço de tempo do bater de asas de um besouro não mais vivo e nunca catalogado, capturado somente por um pequenino ponteiro vermelho de segundos de um relógio velho, possuído,  em circunstâncias afortunas, por uma avó - ainda hoje vivente - de um tempo atormentado pela tirania e propositalmente esquecido, a proferir não só eternidades-nascedouros e cede ansiada, como, de igual infinita intensidade, a inferir a sublimidade em poderios majestáticos estruturados na mais esplendorosa magia humana, a sua despropria linguagem; ...se apercebe o amontoado, tudo, menos genérico, mesmo não sendo, agora, inseto, nem humano, apenas animal, Que Mantêm-se em correnteza, Metamorfose lavareda.
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Nov 7, 2014
Nov 7, 2014 at 7:55 AM UTC
Sedimento Agonizantardil
Um medíocre seixo formado por um aglomerado espalhafato de pulgas flutua e veleja por oceanos saturados de desaproveitas lágrimas amarelo-chumbo nas mais desoladas camadas de sua privativa órbita, em uma intersecção de múltiplos limbos supra-reais, bem entre dois muros de um corredor estreito, escuro e corroborado pelo lodo - sobre o qual, cabe-se dizer, resta imóvel uma pequena patrola laranja de brinquedo, esquecida. Inevitável e também incoerente, Continuar a ser (peleja) "Um equívoco desmistificado; uma perturbação" Os ideais se contrapõem aos já extintos/ Sedimentos navegam eternamente sem rumo/ Inexprimível Sensível/ O oculto que assim permanece/ Pedregulho pulguento perpetuamente a protuberar-se na imensidão dos mares de um ópio por si próprio proferido, ofendendo e perseguindo leis individuais de universo, causando o óbito comum a todos os parciais ínfimos pares de não-instantes, parados. Estarrece-se o lógico pela busca do externo consenso, indiferente a todo gotejar de pia: fundir-se pela semelhança! tornar-se pela simples analogia! Homo-Sutra; Homo-Isso. Homo-Tundra; Homo-Aquilo. **** Sapiens **** Gênio Entrementes, através de seus poros abertos pela alta temperatura, sente por seu corpo, de muitos corpos, a circulação efervescente do mais intenso calor, o sopro de vida hebraico de um cosmos também filisteu, (de tudo aquilo que pode até não estar de todo vivo - ou de todo morto); contradição de um todo-devir também carrasco, mas, em essência, todo-devir de um sorrateiro espaço de tempo do bater de asas de um besouro não mais vivo e nunca catalogado, capturado somente por um pequenino ponteiro vermelho de segundos de um relógio velho, possuído,  em circunstâncias afortunas, por uma avó - ainda hoje vivente - de um tempo atormentado pela tirania e propositalmente esquecido, a proferir não só eternidades-nascedouros e cede ansiada, como, de igual infinita intensidade, a inferir a sublimidade em poderios majestáticos estruturados na mais esplendorosa magia humana, a sua despropria linguagem; ...se apercebe o amontoado, tudo, menos genérico, mesmo não sendo, agora, inseto, nem humano, apenas animal, Que Mantêm-se em correnteza, Metamorfose lavareda.
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¡Tanto hermoso momento muerto por la costumbre! ¡Tanto instante terrible que luego en la memoria se hunde! Sé que somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Y miro al que yo he sido un instante olvidado de algún día de octubre. Me duele su tristeza: quisiera liberarle de aquella pesadumbre; pero somos la suma de instantes sucesivos que el tiempo no destruye. Aquel que ahora recuerdo seguirá siempre en sombras aun cuando el sol me alumbre. Oh, no poder borrarlo, no poder alegrarlo, darle cielos azules. Mientras esté yo vivo él llenará su instante ciñendo rosas fúnebres. Y cuando yo me muera él seguirá viviendo ciñendo rosas fúnebres. Sé que somos la suma de instantes sucesivos. Ceñimos rosas fúnebres. (Miro: estoy en mi estela, ciñendo rosas fúnebres).
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El momento eterno
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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Alucinación en salamanca
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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La vida es tan sencilla que se explica por sí misma, se basta a sí misma. ¡Mira! Todo está hecho. Todo está ya dado. Nos basta aceptar o quizá -somos humanos- alabar y cantar a lo que nos maquina sin dejarse pensar. Todo está aquí. ¿No lo ves? No hay razón ni más allá. ¡Somos felices! Vivimos los instantes explosivos de alegría o de dolor, de rabia o de amor, y si no es que estamos distraídos, aburridos. No hay nada que esperar. No hay nada que temer. También la muerte llegará cuando nos sea fielmente necesaria y la recibiremos con verdadera ansia. Desde que nacimos nos estamos preparando para que nos consuma.
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La vida es tan sencilla...
escribo mil palabras, y todas dicen lo mismo; letras y letras y letras, y mucho mas horas, y solo me repito: te quiero. y se que pierdo mi tiempo, pierdo mi sueño, gasto mi tinta, desgasto mi alma... yo lo se. pero tengo esta necesidad, de explicarle a las paredes, al aire, de explicar por que y como... se que son sencillos mis versos, y se que sabes que así soy en todo; se que mis letras se pierden, que tal vez no las leerás; así hablo con mi misma, así trato de entenderme: mas allá de explicarte, quiero inmortalizar esto, a ti, a mi en estos instantes que yo se que aunque los vivamos juntos, para ti significan algo completamente diferente que a mi. por eso escribo, para que no olvide lo que tu no recuerdas, para que queden aunque sea mis letras como cenizas, de algo que se incendio dentro de mi.
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Jan 13, 2013
Jan 13, 2013 at 1:42 AM UTC
no se, estoy loca.
Yo no te conocía, tierra; con los ojos inertes, la mano aleteante, lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, aunque, alentar juvenil, sintiera a veces un tumulto sediento de postrarse, como huracán henchido aquí en el pecho; ignorándote, tierra mía, ignorando tu alentar, huracán o tumulto, idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. Bien sé ahora que tú eres quien me dicta esta forma y este ansia; sé al fin que el mar esbelto, la enamorada luz, los niños sonrientes, no son sino tú misma; que los vivos, los muertos, el placer y la pena, la soledad, la amistad, la miseria, el poderoso estúpido, el hombre enamorado, el canalla, son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy; mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles, para llevar tu afán que nada satisface. El amor no tiene esta o aquella forma, no puede detenerse en criatura alguna; todas son por igual viles y soñadoras. Placer que nunca muere beso que nunca muere, sólo en ti misma encuentro, tierra mía. Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos, rizosos o lánguidos como una primavera, sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos que tanto he amado inútilmente, no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra, en la tierra que aguarda, aguarda siempre con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes este mundo divino que ahora es mío, mío como lo soy yo mismo, como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos, como la arena, que al besarla los labios finge otros labios, dúctiles al deseo, hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. Como la arena, tierra, como la arena misma, la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. Tú sola quedas con el deseo, con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío, sino el deseo de todos, malvados, inocentes, enamorados o canallas. Tierra, tierra y deseo. Una forma perdida.
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Los fantasmas del deseo
Yo no te conocía, tierra; con los ojos inertes, la mano aleteante, lloré todo ciego bajo tu verde sonrisa, aunque, alentar juvenil, sintiera a veces un tumulto sediento de postrarse, como huracán henchido aquí en el pecho; ignorándote, tierra mía, ignorando tu alentar, huracán o tumulto, idénticos en esta melancólica burbuja que yo soy a quien tu voz de acero inspirara un menudo vivir. Bien sé ahora que tú eres quien me dicta esta forma y este ansia; sé al fin que el mar esbelto, la enamorada luz, los niños sonrientes, no son sino tú misma; que los vivos, los muertos, el placer y la pena, la soledad, la amistad, la miseria, el poderoso estúpido, el hombre enamorado, el canalla, son tan dignos de mí como de ellos yo lo soy; mis brazos, tierra, son ya más anchos, ágiles, para llevar tu afán que nada satisface. El amor no tiene esta o aquella forma, no puede detenerse en criatura alguna; todas son por igual viles y soñadoras. Placer que nunca muere beso que nunca muere, sólo en ti misma encuentro, tierra mía. Nimbos de juventud, cabellos rubios o sombríos, rizosos o lánguidos como una primavera, sobre cuerpos cobrizos, sobre radiantes cuerpos que tanto he amado inútilmente, no es en vosotros donde la vida está, sino en la tierra, en la tierra que aguarda, aguarda siempre con sus labios tendidos, con sus brazos abiertos. Dejadme, dejadme abarcar, ver unos instantes este mundo divino que ahora es mío, mío como lo soy yo mismo, como lo fueron otros cuerpos que estrecharon mis brazos, como la arena, que al besarla los labios finge otros labios, dúctiles al deseo, hasta que el viento lleva sus mentirosos átomos. Como la arena, tierra, como la arena misma, la caricia es mentira, el amor es mentira, la amistad es mentira. Tú sola quedas con el deseo, con este deseo que aparenta ser mío y ni siquiera es mío, sino el deseo de todos, malvados, inocentes, enamorados o canallas. Tierra, tierra y deseo. Una forma perdida.
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La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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El libro               el vaso el verde obscuramente tallo                                                     el disco lecho de la bella durmiente la música las cosas anegadas en sus nombres decirlas con los ojos                                     en un allá no sé donde clavarlas                   ámpara lápiz retrato esto que veo                           clavarlo como un templo vivo                                         plantarlo como un árbol                             un dios coronarlo                   con un nombre                                                 inmortal irrisoria corona de espinas                                                   ¡Lenguaje! El tallo y su flor inminente                                                   sol-sexo-sol la flor sin sombra                                   la palabra se abre               en un allá sin donde extensión inmaculada transparencia que sostiene a las cosas caídas             por la mirada levantadas                     en un reflejo suspendidas Haz de mundos                           instantes racimos encendidos selvas andantes de astros sílabas errantes                           marea todos los tiempos del tiempo                                               SER una fracción de segundo                                         lámpara lápiz retrato en un aquí no sé donde                                         Un nombre comienza                 asirlo plantarlo decirlo como un bosque pensante                                           encarnarlo Un linaje comienza                                 en un nombre un adán                 como un templo vivo nombre sin sombra                                   clavado como un dios                       en este aquí sin donde ¡Lenguaje!                       Acabo en su comienzo en esto que digo                               acabo SER           sombra de un nombre instantáneo NUNCA SABRÉ MI DESENLACE
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Tumba del poeta
El libro               el vaso el verde obscuramente tallo                                                     el disco lecho de la bella durmiente la música las cosas anegadas en sus nombres decirlas con los ojos                                     en un allá no sé donde clavarlas                   ámpara lápiz retrato esto que veo                           clavarlo como un templo vivo                                         plantarlo como un árbol                             un dios coronarlo                   con un nombre                                                 inmortal irrisoria corona de espinas                                                   ¡Lenguaje! El tallo y su flor inminente                                                   sol-sexo-sol la flor sin sombra                                   la palabra se abre               en un allá sin donde extensión inmaculada transparencia que sostiene a las cosas caídas             por la mirada levantadas                     en un reflejo suspendidas Haz de mundos                           instantes racimos encendidos selvas andantes de astros sílabas errantes                           marea todos los tiempos del tiempo                                               SER una fracción de segundo                                         lámpara lápiz retrato en un aquí no sé donde                                         Un nombre comienza                 asirlo plantarlo decirlo como un bosque pensante                                           encarnarlo Un linaje comienza                                 en un nombre un adán                 como un templo vivo nombre sin sombra                                   clavado como un dios                       en este aquí sin donde ¡Lenguaje!                       Acabo en su comienzo en esto que digo                               acabo SER           sombra de un nombre instantáneo NUNCA SABRÉ MI DESENLACE
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Playa de la Roqueta: Sobre la piedra, contra la nube, Entre los aires estás, conmigo Que invisible respiro amor en torno tuyo. Mas no eres tú, sino tu imagen. Tu imagen de hace años, Hermosa como siempre, sobre el papel, hablándome, Aunque tan lejos yo, de ti tan lejos hoy En tiempo y en espacio. Pero en olvido no, porque al mirarla, Al contemplar tu imagen de aquel tiempo, Dentro de mí la hallo y lo revivo. Tu gracia y tu sonrisa, Compañeras en días a la distancia, vuelven Poderosas a mí, ahora que estoy, Como otras tantas veces Antes de conocerte, solo. Un plazo fijo tuvo Nuestro conocimiento y trato, como todo En la vida, y un día, uno cualquiera, Sin causa ni pretexto aparente, Nos dejamos de ver. ¿Lo presentiste? Yo sí, que siempre estuve presintiéndolo. La tentación me ronda De pensar, ¿para qué todo aquello: El tormento de amar, antiguo como el mundo, Que unos pocos instantes rescatar consiguen? Trabajos del amor perdidos. No. No reniegues de aquello, Al amor no perjures. Todo estuvo pagado, sí, todo bien pagado, Pero valió la pena, La pena del trabajo De amor, que a pensar ibas hoy perdido. En la hora de la muerte (Si puede el hombre para ella Hacer presagios, cálculos), Tu imagen a mi lado Acaso me sonría como hoy me ha sonreído, Iluminando este existir oscuro y apartado Con el amor, única luz del mundo.
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Epílogo
Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
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Acuarimántima viii
Retorno de tal sueño hacia la playa, realizado mi afán. La tierra invoca su ley que mis empeños desvirtúa. Oigo el grito del mar que me penetra, y ansia de paz perenne me extenúa. ¡El mar!, ¡el mar!, ¡el mar!, ¡ambiguo y fuerte! Su espuma brinda a mi ruindad su imperio en astillas de mástiles fallidos. Ráfagas de misterio... Monstruos inconocidos... ¿No brilla, entre la niebla, Acuarimántima? ¿No se oye limpia, trémula canción que pueda, en el aliento desvaído, sonar, aletargar el corazón y pasar? No se oye nada. Silencio y bruma, soplos de lo arcano. La luz mentira, la canción mentira. Solo el rumor de un vago viento vano volando en los velámenes expira. La noche adviene, de mortuorio emblema. Retumba en mi recuerdo mi alarido, mi estéril tiempo en mi inquietud suprema. El trágico dolor ha concluido. Yo soy Maín, el héroe del poema. Florece el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Y no decir, y no tener palabras tan llenas de tu goce vespertino y tu sueño nupcial, ¡oh campesino que cruzas con tus carros rechinantes! En tu ilusión un hálito divino te ha poblado de niños los instantes. Y ver, desde esta cima de ternura y valeroso amor, en toda cosa el Enigma, el Enigma Invïolado. ¡Oh carne!, y tú destilas el pecado, y... y... ¡El enigma por siempre invïolado! Y por toda verdad, saber ahora que brilla el mar, que el monte se estremece, que fulge Sirio en el confín lejano; y que, al frustrarse el giro de mi vida, al giro de la suya grana el grano. La luz mentira. La canción mentira. Que fui por los instintos inmolado ante el ara de un dios; que un soplo frío de lóbrego misterio he suscitado: que un dolor nuevo está en el plectro mío y el plectro en el dolor purificado. Lúgubre viento sopla entre los juncos; los juncos gimen bajo el viento rudo. Cantan en el crepúsculo.
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Horas de pesadumbre y de tristeza paso en mi soledad. Pero Cervantes es buen amigo. Endulza mis instantes ásperos, y reposa mi cabeza.Él es la vida y la naturaleza, regala un yelmo de oros y diamantes a mis sueños errantes. Es para mí: suspira, ríe y reza.Cristiano y amoroso y caballero parla como un arroyo cristalino. ¡Así le admiro y quiero,viendo cómo el destino hace que regocije al mundo entero la tristeza inmortal de ser divino!
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Un soneto a cervantes
Em épocas de instabilidade, Caro navegante... Tenha muita cautela ao escolher teus caminhos. Pois existem portas que, quando abertas... Nunca mais se fecharão. Já outras portas, quando se fecham, Jamais poderão ser abertas novamente. Grande amigo... Há caminhos em que os Espíritos gritam E o sangue se derrama... Caminhos esses por onde o fogo consumidor se alastra E o ímpio se transmuta. Ali a dor é colossal. E cresce a cada passo dado. Onde a guerra é lei. E te fere a todos instantes. A morte será teu guia por estes vales estreitos. Lugar em que abismos devoram os injustos Em que a própria terra engole os fracos E o veneno proferido se multiplica no retorno Afogando os incautos nas marés do próprio sangue. Por ali deve ser o teu andar, filho meu. Não temas. Tais caminhos se cruzarão, um dia Onde não houver mais tempo nem espaço, nobre guerreiro... E os véus ocultos do eterno se abrirão, Para os vitoriosos que se deleitarão Nas glórias do amor infinito.
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Aug 24, 2016
Aug 24, 2016 at 11:44 AM UTC
CONCILIUM
Por diez años su diáfana existencia fue mía. Diez años en mi mano su mano se apoyó, ¡y en sólo unos instantes se me puso tan fría, que por siempre mis besos congeló! ¡Adonde iréis ahora, pobre nidada loca de mis huérfanos besos, si sus labios están cerrados, si hay un sello glacial sobre su boca, si su frente divina se heló bajo su toca, si sus ojos ya nunca se abrirán!
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Iii. sin rumbo
nasce a luz no horizonte, o presente lança um mau olhado. vivo ofuscado, pelo véu constante do discurso libertado, pela devassa loucura que emana dessa essência fria. por meros instantes a felicidade torna-se realidade uma consequência da persistência. e o teu sonho vai ganhar, uma nova forma de estar.
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Aug 4, 2015
Aug 4, 2015 at 5:12 AM UTC
Haja luz
É incrível pensar que quando você se envolve com alguém e deixa esse alguém entrar em sua vida, sua casa, seu lar, você está deixando a energia dela entrar e integrar seu ser, sua casa, seu lar. É incrível como nosso cérebro captura diversos momentos e mais tarde torna-os em memórias que ficam presentes nos ambientes que foram compartilhados por essas pessoas. E quando você experimenta dessa memória nesses ambientes, você se vê presente nela mais uma vez, trazendo a tona tudo o que foi vivido, compartilhado. É incrível, tipo quando eu deito na minha cama (lugar onde acumula muito da nossa energia por ja termos passado variados instantes nela) e revivo cada toque seu, diversos sorrisos involuntários trocados e os seus com essa covinha marcante, carícias em minha pele, relembro aquele famoso cafuné no meu undercut que já cresce um pouco, respiradas profundas seguidas de abraços apertados, imagino e a imagem parece real de novo, retratando aqueles sorrisos que os olhos fazem questão de dar. É incrível como me vejo nesta cena representada por lembranças e me sinto feliz.
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May 21, 2017
May 21, 2017 at 7:57 PM UTC
Relembrar e reviver
sinto frio frio dos teus dedos que percorrem o meu ser calor suspiro esmagas-me o corpo como folha entre as páginas de um livro sinto o suor escorrer do teu peito instantes acordo afinal sou feliz
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Feb 1, 2015
Feb 1, 2015 at 1:44 PM UTC
Imaginação
Volvieron a encontrarse después de muchos años; El, como si evocara tiempos dichosos, y ella Tal cual hilo de plata perdido en los castaños Cabellos, triste y pálida, mas como siempre bella. Como dos alas fueron de una ilusión amada, Pero después la vida los separó inclemente... Se levantan dos olas en una misma rada, Y van, con sus rumores, a playa diferente. Fue en verano, en el parque, frente al mar. La alameda De pinos, como entonces. En vagas lejanías Velas blancas; la tarde con suavidad de seda... Y en un banco sentáronse... el banco de otros días. (Sonaba un organillo bajo la doble fila De árboles rumorosos en vesperal concierto, Y entre el oro y las rosas de la rada tranquila Volaban las gaviotas en la quietud del puerto). «Me encontrarás cambiada», dijo triste. «Conmigo Dura ha sido la vida... muy dura. De nosotros Fue distinta la suerte, que es a veces castigo, Felicidad de unos, y lágrimas dé otros». Y continuó: «La mía... cual tantas... Ilusiones Con su coro de ensueños... tú sabes... sabes cuándo. Promesas, esperanzas, primeras emociones, Después... un alma sola que se quedó esperando». Y él dijo: «Si nacimos para sufrir, si en calma Solamente hay instantes en que el dolor se olvida, ¿Porqué en esos instantes no concentrar el alma Para que alumbren ellos las sombras de la vida?» «¿Recordar?» ella dijo. «¿Qué conseguir podremos De lo que ya no existe, de una ilusión borrada? Si los ojos cerramos, un paraíso vemos, Mas los ojos abrimos, y todo es sombra... y nada». (De nuevo el organillo se oyó. Vals de otros días Conocido por ambos).                                         Bajó los ojos ella, Y dijo melancólica: «Tus manos en las mías.... ¿Te acuerdas?   Una tarde... viéndonos una estrella». «¡Ya lo ves!   ¡El recuerdo!... Tú misma te desdices; Al pasado ¿tu alma no sientes atraída? Evocas lo lejano, dulces tiempos felices, ¡Y niegas que el recuerdo siempre será la vida!» (Sonaba el vals, sonaba, y en la tarde radiosa Iban, bajo los pinos, parejas enlazadas; Y ella y él, recordando su juventud dichosa, Como en risueños días, cruzaron las miradas). Y al separarse, él dijo: «Hay siempre nueva vida, Y el tronco guarda savia por más hojas que pierda». «Tal vez»… ella repuso, «más feliz quien olvida»... Y él dijo pensativo: «Dichoso el que recuerda».
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La romanza del vals
Volvieron a encontrarse después de muchos años; El, como si evocara tiempos dichosos, y ella Tal cual hilo de plata perdido en los castaños Cabellos, triste y pálida, mas como siempre bella. Como dos alas fueron de una ilusión amada, Pero después la vida los separó inclemente... Se levantan dos olas en una misma rada, Y van, con sus rumores, a playa diferente. Fue en verano, en el parque, frente al mar. La alameda De pinos, como entonces. En vagas lejanías Velas blancas; la tarde con suavidad de seda... Y en un banco sentáronse... el banco de otros días. (Sonaba un organillo bajo la doble fila De árboles rumorosos en vesperal concierto, Y entre el oro y las rosas de la rada tranquila Volaban las gaviotas en la quietud del puerto). «Me encontrarás cambiada», dijo triste. «Conmigo Dura ha sido la vida... muy dura. De nosotros Fue distinta la suerte, que es a veces castigo, Felicidad de unos, y lágrimas dé otros». Y continuó: «La mía... cual tantas... Ilusiones Con su coro de ensueños... tú sabes... sabes cuándo. Promesas, esperanzas, primeras emociones, Después... un alma sola que se quedó esperando». Y él dijo: «Si nacimos para sufrir, si en calma Solamente hay instantes en que el dolor se olvida, ¿Porqué en esos instantes no concentrar el alma Para que alumbren ellos las sombras de la vida?» «¿Recordar?» ella dijo. «¿Qué conseguir podremos De lo que ya no existe, de una ilusión borrada? Si los ojos cerramos, un paraíso vemos, Mas los ojos abrimos, y todo es sombra... y nada». (De nuevo el organillo se oyó. Vals de otros días Conocido por ambos).                                         Bajó los ojos ella, Y dijo melancólica: «Tus manos en las mías.... ¿Te acuerdas?   Una tarde... viéndonos una estrella». «¡Ya lo ves!   ¡El recuerdo!... Tú misma te desdices; Al pasado ¿tu alma no sientes atraída? Evocas lo lejano, dulces tiempos felices, ¡Y niegas que el recuerdo siempre será la vida!» (Sonaba el vals, sonaba, y en la tarde radiosa Iban, bajo los pinos, parejas enlazadas; Y ella y él, recordando su juventud dichosa, Como en risueños días, cruzaron las miradas). Y al separarse, él dijo: «Hay siempre nueva vida, Y el tronco guarda savia por más hojas que pierda». «Tal vez»… ella repuso, «más feliz quien olvida»... Y él dijo pensativo: «Dichoso el que recuerda».
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Los que auscultasteis el corazón de la noche, los que por el insomnio tenaz habéis oído el cerrar de una puerta, el resonar de un coche lejano, un eco vago, un ligero ruido...En los instantes del silencio misterioso, cuando surgen de su prisión los olvidados, en la hora de los muertos, en la hora del reposo, ¡sabréis leer estos versos de amargor impregnados!...Como en un vaso vierto en ellos mis dolores de lejanos recuerdos y desgracias funestas, y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores, y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido, y la pérdida del reino que estaba para mí, el pensar que un instante pude no haber nacido, ¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!Todo esto viene en medio del silencio profundo en que la noche envuelve la terrena ilusión, y siento como un eco del corazón del mundo que penetra y conmueve mi propio corazón.
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Nocturno
La vida cotidiana es un instante de otro instante que es la vida total del hombre pero a su vez cuántos instantes no ha de tener ese instante del instante mayor cada hoja verde se mueve en el sol como si perdurar fuera su inefable destino cada gorrión avanza a saltos no previstos cómo burlándose del tiempo y del espacio cada hombre se abraza a alguna mujer como si así aferrara la eternidad en realidad todas estas pertinacias son modestos exorcismos contra la muerte batallas perdidas con ritmo de victoria reos obstinados que se niegan a notificarse de su injusta condena vivientes que se hacen los distraídos la vida cotidiana es también una suma de instantes algo así como partículas de polvo que seguirán cayendo en un abismo y sin embargo cada instante o sea cada partícula de polvo es también un copioso universo con crepúsculos y catedrales y campos de cultivo y multitudes y cópulas y desembarcos y borrachos y mártires y colinas y vale la pena cualquier sacrificio para que ese abrir y cerrar de ojos abarque por fin el instante universo con una mirada que no se avergüence de su reveladora efímera insustituible                       luz.
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Cotidiana i
No tengo miedo nombraros ya con vuestros nombres, cosas vivas, transitorias. (Unidas sois un acorde de la eternidad; dispersas -nota a nota, nombre a nombre, fecha a fecha-, vais muriendo al son del tiempo que corre). No tengo miedo nombraros. Qué importa que no le importen al que viva, cuando yo haya muerto, vuestros nombres. Qué importa que rían cuando escuchen mis sinrazones. Vosotras sois lo que sois para mí: mágico bosque perecedero, campanas que regaláis vuestros sones sólo al que os golpea. Cómo darlos al que no os oye, fundir para sus oídos metal que el instante rompe, metal que funde el instante para un instante del hombre. No tengo miedo nombraros ya con vuestros nombres. Sé que podría fingiros eternidad. Vero adonde elevaros, arrojaros, hundiros en qué horizonte. Por qué arrancaros los pétalos que la lluvia descompone. Mías sois, cosas fugaces, bajo marchitables nombres Actos, instantes que el viento curva, azota, araña, rompe; suma ardiente de relámpagos, rueda de locos colores. Otoños de pensamientos sucesivos, liman, roen vuestra realidad, la esfuman como el sueño en el insomne. Pero sois yo, soy vosotras, astro viejo en vuestro orbe perecedero, almas, alma. Orquesta de ruiseñores, soñáis al alba el recuerdo de vuestro canto de anoche. Nombraros ¿no es poseeros para siempre, cosas, nombres?
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Nombrar perecedero