"inmensidad" poems
Ves estas manos? Han medido
la tierra, han separado
los minerales y los cereales,
han hecho la paz y la guerra,
han derribado las distancias
de todos los mares y ríos,
y sin embargo
cuanto te recorren
a ti, pequeña,
grano de trigo, alondra,
no alcanzan a abarcarte,
se cansan alcanzando
las palomas gemelas
que reposan o vuelan en tu pecho,
recorren las distancias de tus piernas,
se enrollan en la luz de tu cintura.
Para mí eres tesoro más cargado
de inmensidad que el mar y su racimos
y eres blanca y azul y extensa como
la tierra en la vendimia.
En ese territorio,
de tus pies a tu frente,
andando, andando, andando,
me pasaré la vida.
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Margarita está linda la mar,
y el viento,
lleva esencia sutil de azahar;
yo siento
en el alma una alondra cantar;
tu acento:
Margarita, te voy a contar
un cuento:Esto era un rey que tenía
un palacio de diamantes,
una tienda hecha de día
y un rebaño de elefantes,
un kiosko de malaquita,
un gran manto de tisú,
y una gentil princesita,
tan bonita,
Margarita,
tan bonita, como tú.Una tarde, la princesa
vio una estrella aparecer;
la princesa era traviesa
y la quiso ir a coger.La quería para hacerla
decorar un prendedor,
con un verso y una perla
y una pluma y una flor.Las princesas primorosas
se parecen mucho a ti:
cortan lirios, cortan rosas,
cortan astros. Son así.Pues se fue la niña bella,
bajo el cielo y sobre el mar,
a cortar la blanca estrella
que la hacía suspirar.Y siguió camino arriba,
por la luna y más allá;
más lo malo es que ella iba
sin permiso de papá.Cuando estuvo ya de vuelta
de los parques del Señor,
se miraba toda envuelta
en un dulce resplandor.Y el rey dijo: -«¿Qué te has hecho?
te he buscado y no te hallé;
y ¿qué tienes en el pecho
que encendido se te ve?».La princesa no mentía.
Y así, dijo la verdad:
-«Fui a cortar la estrella mía
a la azul inmensidad».Y el rey clama: -«¿No te he dicho
que el azul no hay que cortar?.
¡Qué locura!, ¡Qué capricho!...
El Señor se va a enojar».Y ella dice: -«No hubo intento;
yo me fui no sé por qué.
Por las olas por el viento
fui a la estrella y la corté».Y el papá dice enojado:
-«Un castigo has de tener:
vuelve al cielo y lo robado
vas ahora a devolver».La princesa se entristece
por su dulce flor de luz,
cuando entonces aparece
sonriendo el Buen Jesús.Y así dice: -«En mis campiñas
esa rosa le ofrecí;
son mis flores de las niñas
que al soñar piensan en mí».Viste el rey pompas brillantes,
y luego hace desfilar
cuatrocientos elefantes
a la orilla de la mar.La princesita está bella,
pues ya tiene el prendedor
en que lucen, con la estrella,
verso, perla, pluma y flor.Margarita, está linda la mar,
y el viento
lleva esencia sutil de azahar:
tu aliento.Ya que lejos de mí vas a estar,
guarda, niña, un gentil pensamiento
al que un día te quiso contar
un cuento.
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Aquí estoy con mi pobre cuerpo frente al crepúsculo
que entinta de oros rojos el cielo de la tarde:
mientras entre la niebla los árboles oscuros
se libertan y salen a danzar por las calles.
Yo no sé por qué estoy aquí, ni cuándo vine
ni por qué la luz roja del sol lo llena todo:
me basta con sentir frente a mi cuerpo triste
la inmensidad de un cielo de luz teñido de oro,
la inmensa rojedad de un sol que ya no existe,
el inmenso cadáver de una tierra ya muerta,
y frente a las astrales luminarias que tiñen el cielo,
la inmensidad de mi alma bajo la tarde inmensa.
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El son del viento en la arcada
tiene la clave de mí mismo:
soy una fuerza exacerbada
y soy un clamor de abismo.
Entre los coros estelares
oigo algo mío disonar.
Mis acciones y mis cantares
tenían ritmo particular.
Vine al torrente de la vida
en Santa Rosa de Osos,
una medianoche encendida
en astros de signos borrosos.
Tomé posesión de la tierra,
mía en el sueño y el lino y el pan;
y, moviendo a las normas guerra,
fui Eva... y fui Adán.
Yo ceñía el campo maduro
como si fuera una mujer,
y me enturbiaba un vino oscuro
de placer.
Yo gustaba la voz del viento
como una piñuela en sazón,
y me la comía... con lamento
de avidez en el corazón.
Y, alígero esquife al día,
y a la noche y al tumbo del mar,
bogaba mi fantasía
en un rayo de luz solar.
Iba tras la forma suprema,
tras la nube y el ruiseñor
y el cristal y el doncel y la gema
del dolor.
Iba al Oriente, al Oriente,
hacia las islas de la luz,
a donde alzara un pueblo ardiente
sublimes himnos a lo azul.
Ya, cruzando la Palestina,
veía el rostro de Benjamín,
su ojo límpido, su boca fina
y su arrebato de carmín.
O de Grecia en el día de oro,
do el cañuto le daba Pan,
amaba a Sófocles en el Coro
sonoro que canta el Peán.
O con celo y ardor de paloma
en celo, en la Arabia de Alá
seguía el curso de Mahoma
por la hermosura de Abdalá:
Abdalá era cosa más bella
que lauro y lira y flauta y miel;
cuando le llevó una doncella
¡cien doncellas murieron por él!
... Mis manos se alzaron al ámbito
para medir la inmensidad;
pero mi corazón buscaba ex-ámbito
la luz, el amor, la verdad.
Mis pies se hincaban en el suelo
cual pezuña de Lucifer,
y algo en mí tendía el vuelo
por la niebla, hacia el rosicler...
Pero la Dama misteriosa
de los cabellos de fulgor
viene y en mí su mano posa
y me infunde un fatal amor.
Y lo demás de mi vida
no es sino aquel amor fatal,
con una que otra lámpara encendida
ante el ara del ideal.
Y errar, errar, errar a solas,
la luz de Saturno en mi sien,
roto mástil sobre las olas
en vaivén.
Y una prez en mi alma colérica
que al torvo sino desafía:
el orgullo de ser, ¡oh América!
el Ashaverus de tu poesía...
Y en la flor fugaz del momento
querer el aroma perdido,
y en un deleite sin pensamiento
hallar la clave del olvido;
después un viento... un viento... un viento...
¡y en ese viento, mi alarido!
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Las dulces mensajeras de la tristeza son...
son avecillas negras, negras como la noche.
¡Negras como el dolor!
¡Las dulces golondrinas que en invierno se van
y que dejan el nido abandonado y solo
para cruzar el mar!
Cada vez que las veo siento un frío sutil...
¡Oh! ¡Negras avecillas, inquietas avecillas
amantes de abril!
¡Oh! ¡Pobres golondrinas que se van a buscar
como los emigrantes, a las tierras extrañas,
la migaja de pan!
¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales, con las alas de luto
llegaos hasta mí!
Sostenedme en las alas... Sostenedme y cruzad
de un volido tan sólo, eterno y más eterno
la inmensidad del mar...
¿Sabéis cómo se viaja hasta el país del sol?...
¿Sabéis dónde se encuentra la eterna primavera,
la fuente del amor?...
¡Llevadme, golondrinas! ¡Llevadme! ¡No temáis!
Yo soy una bohemia, una pobre bohemia
¡Llevadme donde vais!
¿No sabéis, golondrinas errantes, no sabéis,
que tengo el alma enferma porque no puedo irme
volando yo también?
¡Golondrinas, llegaos! ¡Golondrinas, venid!
¡Venid primaverales! ¡Con las alas de luto
llegaos hasta mí!
¡Venid! ¡Llevadme pronto a correr el albur!...
¡Qué lástima, pequeñas, que no tengáis las alas
tejidas en azul!
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Te amo porque el sol en esta isla brilla menos que esos ojos tuyos.
Te amo porque la luna es menos tierna que tus caricias.
Te amo porque el océano se queda corto a la inmensidad tuya.
Te amo porque la aurora boreal es menos impresionante que verte.
Te amo porque sueles ser más interesante que uno de mis libros.
Te amo porque todas las cosas antes mencionadas me complementan al igual que tú.
Jul 28, 2014
Jul 28, 2014 at 10:33 PM UTC
Hoy le ha entrado una astilla.
Hoy le ha entrado una astilla cerca, dándole
cerca, fuerte, en su modo
de ser y en su centavo ya famoso.
Le ha dolido la suerte mucho,
todo;
le ha dolido la puerta,
le ha dolido la faja, dándole
sed, aflixión
y sed del vaso pero no del vino.
Hoy le salió a la pobre vecina del aire,
a escondidas, humareda de su dogma;
hoy le ha entrado una astilla.
La inmensidad persíguela
a distancia superficial, a un vasto eslabonazo.
Hoy le salió a la pobre vecina del viento,
en la mejilla, norte, y en la mejilla, oriente;
hoy le ha entrado una astilla.
¿Quién comprará, en los días perecederos,
ásperos,
un pedacito de café con leche,
y quién, sin ella, bajará a su rastro hasta dar luz?
¿Quién será, luego, sábado, a las siete?
¡Tristes son las astillas que le entran
a uno,
exactamente ahí precisamente!
Hoy le entró a la pobre vecina de viaje,
una llama apagada en el oráculo;
hoy le ha entrado una astilla.
Le ha dolido el dolor, el dolor joven,
el dolor niño, el dolorazo, dándole
en las manos
y dándole sed, aflixión
y sed del vaso, pero no del vino.
¡La pobre pobrecita!
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mis ojos emiten luz, irradian para después absorver, como el sonar de los murciélagos.
me hablan historias incompletas sobre los minutos, horas y días pasados, dentro de mi, imagino que puedo ver mas alla.
siento el calor y siento el frío, las gotas de lluvia y los diferentes suelos que piso al caminar.
iluminó las noches y cierro los ojos ante el dia, imagino al sol ir y venir,
recuerdo saltar las bardas, el filo de las rocas en mis dedos, la constante y agresiva mirada de la noche a mi alrededor, envolviendo, vigilando, observando mientras me desplazo de un lado a otro hasta por fin encontrar un lugar para recostar, una piedra de mi tamaño, una superficie grande y plana, que deja mi vista apuntando hacia la inmensidad.
Dec 13, 2014
Dec 13, 2014 at 1:50 AM UTC
Gracias por brindarme esa brisa que me dio todas las respuestas en mis momentos de incertidumbre, por sacar a flote mi lado risueño cuando estoy junto a la inmensidad del mar.
Gracias por bañarme en tu sabiduría al llover & cuando cae la noche cubrirme con tu manto de miel.
Gracias te doy por llevarme lejos & desplomarme en un bosque profundo lleno de libros, por morir varias veces & reverdecer en mi con todo tu encanto.
Gracias te doy por darme el conocimiento & el “don” de amar a cada ser viviente que yace en este lugar.
Puede que mi poema no rime pero está claro que te doy las gracias a ti, madre. Madre de todos & de todo, madre que todo lo puede. Mi madre.
Jul 5, 2014
Jul 5, 2014 at 4:32 PM UTC
¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo?
A mi lecho de ausente me echo como a una cruz
de solitarias lunas del deseo, y exalto
la orilla de tu vientre.
Clavellina del valle que provocan tus piernas.
Granada que has rasgado de plenitud su boca.
Trémula zarzamora suavemente dentada
donde vivo arrojado.
Arrojado y fugaz como el pez generoso,
ansioso de que el agua, la lenta acción del agua
lo devaste: sepulte su decisión eléctrica
de fértiles relámpagos.
Aún me estremece el choque primero de los dos;
cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas,
impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,
nos inspiraba el mar.
Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas,
dentellada tenaz que siento en lo más hondo,
vertiginoso abismo que me recoge, loco
de la lúcida muerte.
Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas.
Recóndito lucero tras una madreselva
hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada
del íntimo destino.
En ti tiene el oasis su más ansiado huerto:
el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan.
De ti son tantos siglos de muerte, de locura
como te han sucedido.
Corazón de la tierra, centro del universo,
todo se atorbellina, con afán de satélite
en torno a ti, pupila del sol que te entreabres
en la flor del manzano.
Ventana que da al mar, a una diáfana muerte
cada vez más profunda, más azul y anchurosa.
Su hálito de infinito propaga los espacios
entre tú y yo y el fuego.
Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro.
La losa que me cubra sea tu vientre leve,
la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,
la eternidad la orilla.
En ti me precipito como en la inmensidad
de un mediodía claro de sangre submarina,
mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,
y el clamor se hace hombre.
Por ti logro en tu centro la libertad del astro.
En ti nos acoplamos como dos eslabones,
tú poseedora y yo. Y así somos cadena:
mortalmente abrazados.
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Reanudo mi día de conejo
mi noche de elefante en descanso.
Y, entre mi, digo:
ésta es mi inmensidad en bruto, a cántaros
éste es mi grato peso,
que me buscará abajo para pájaro
éste es mi brazo
que por su cuenta rehusó ser ala,
éstas son mis sagradas escrituras,
éstos mis alarmados campeñones.
Lúgubre isla me alumbrará continental,
mientras el capitolio se apoye en mi íntimo derrumbe
y la asamblea en lanzas clausure mi desfile.
Pero cuando yo muera
de vida y no de tiempo,
cuando lleguen a dos mis dos maletas,
éste ha de ser mi estómago en que cupo mi lámpara en pedazos,
ésta aquella cabeza que expió los tormentos del círculo en mis pasos,
éstos esos gusanos que el corazón contó por unidades,
éste ha de ser mi cuerpo solidario
por el que vela el alma individual; éste ha de ser
mi ombligo en que maté mis piojos natos,
ésta mi cosa cosa, mi cosa tremebunda.
En tanto, convulsiva, ásperamente
convalece mi freno,
sufriendo como sufro del lenguaje directo del ***
y, puesto que he existido entre dos potestades de ladrillo,
convalezco yo mismo, sonriendo de mis labios.
790
Italia y Alemania dilataron sus velas
de lodo carcomido,
agruparon, sembraron sus luctuosas telas,
lanzaron las arañas más negras de su nido.
Contra España cayeron y España no ha caído.
España no es un grano,
ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades.
España no se abarca con la mano
que arroja en su terreno puñados de crueldades.
Al mar no se lo tragan los barcos invasores,
mientras existe un árbol el bosque no se pierde,
una pared perdura sobre un solo ladrillo.
España se defiende de reveses traidores,
y avanza, y lucha, y muerde
mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo.
Si no se pierde todo no se ha perdido nada.
En tanto aliente un español con ira
fulgurante de espada,
¿se perderá? ¡Mentira!
Mirad, no lo contrario que sucede,
sino lo favorable que promete el futuro,
los anchos porvenires que allá se bambolean.
El acero no cede,
el bronce sigue en su color y duro,
la piedra no se ablanda por más que la golpean.
No nos queda un varón, sino millones,
ni un corazón que canta: ¡soy un muro!,
que es una inmensidad de corazones.
En Euzkadi han caído no sé cuántos leones
y una ciudad por la invasión deshechos.
Su soplo de silencio nos anima,
y su valor redobla en nuestros pechos
atravesando España por debajo y encima.
No se debe llorar, que no es la hora,
hombres en cuya piel se transparenta
la libertad del mar trabajadora.
Quien se para a llorar, quien se lamenta
contra la piedra hostil del desaliento,
quien se pone a otra cosa que no sea el combate,
no será un vencedor, será un vencido lento.
Español, al rescate
de todo lo perdido.
¡Venceré! has de gritar sobre cada momento
para no ser vencido.
Si fuera un grano lo que nos quedara,
España salvaremos con un grano.
La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara
desde un remoto monte cada vez más cercano.
700
"Libremente los besos desde los labios caen
en el mar indomable como perlas inútiles"
-de "Un río, un amor" por Luis Cernuda.
Libremente desde mis labios caigo
en el mar indómito cual ****** piedra.
Ahogo mi amor en penas
que pesan mi cuerpo y me hunden.
Mi amor se pierde en la inmensidad del océano.
Besos caídos, abrazos solitarios, caricias al viento.
Tanto amor tenía por darte, a ti, a todos
mas ahora se pierde
en el abismo
donde mi cuerpo perece.
//
"Freely from my lips the kisses fall
in the unteamable sea like useless pearls"
-from "One river, one love" by Luis Cernuda.
Freely from my lips I fall
into the untamed sea like ****** stones.
I drown my love in pitties
which weight my body and sink me.
My love is lost in the inmensity of the ocean.
Fallen kisses, lonely hugs, caresses to the wind.
So much love I had to give,to you, to everyone
but now it is lost
in the abyss
where my body perishes.
Jul 20, 2018
Jul 20, 2018 at 7:28 AM UTC
‘The Immensity’ by Stuart Williamson
“La Inmensidad”
Salvador’s words
Vast burgeoning watery place
Myriads of small creatures tumbling to the sands
Spent waves already fighting back against the tide
Cemetery walls crumbled in its wake
The bones of long dead fishermen once again felt the air
And a *** the work of human hands
Striped with red around its rim
Cradled within a larger bowl
Exposed for us, and all to see
Left for a thousand years or more
To be held with pleasure once again.
Nov 29, 2017
Nov 29, 2017 at 3:33 PM UTC
Una inmensidad vasta de amor
en la que te encuentras,
rodeado de vida, de ilusión.
Una persona que no escucha el clamor,
en un mundo diminuto,
robando la pasión.
¿En cuál encontrarás la dicha?
Apr 30, 2020
Apr 30, 2020 at 2:46 PM UTC
Duele la piel del ser lejano ausente
bajo la piel que riega la honda pena,
faltan las blancas manos de azucena
y el corazón de heridas se resiente.
Abismos de pasíon Amor presiente
en la insondable noche -azul serena-
porque la amada fue una estrella ajena
que sin saber llegó cuando el poniente.
El largo recorrido fue distancia
para medir la inmensidad desierta
que diluyó el sabor de la fragancia.
Inútilmente la pupila abierta
escruta los rincones de la estancia
porque se fue el Amor estando alerta.
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la del vestido blanco era una tarde unas tetas el mundo
torpemente atacado por cuartos altos grises
jugando a hombre y mujer ya tan temprano
los niños preparaban los actos de la noche esas tetas
de la inclinada a su mujer con alarmas entregas con rumores
de la pasión bajo su miedo y un falo que indicaba las
leyes del varón
tetas dulcísimas o dadas
donde sonaba un piano un espectáculo redondo en su mudez
piano de leche abierta a los terrores de códigos violados
dos niños como un ciego
procuraban sus límites inciertos sus piedras sus fronteras
creaban la tristeza la magnífica que viene del amor
la gran clausura la delicia
carne como una inmensidad
y un silencio de sangre su oleaje contra el tímpano
la ajenidad del mundo
las tías que invitaban a comer
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Cada vez que veo tu rostro me parece ver un bello atardecer.
Cada vez que veo tu rostro me parece ver la inmensidad de un campo lleno de flores.
Hermoso en cada rincon , pacífico en sensación y colorido en todo su esplendor.
Cada vez que veo tu rostro me parece ver un universo de estrellas, capaz de irradiar luz y calidez a quienes lo rodean.
Cada vez que veo tu rostro veo la obra más majestuosa del mejor museo del planeta.
Cada vez que veo tus rostro veo aquello que deseo por siempre admirar.
Cada vez que veo tu rostro veo lo que en mi vida por siempre más voy a amar.
Dec 1, 2024
Dec 1, 2024 at 4:37 PM UTC
Concebir o tratar de imaginar
la cruda inmensidad del universo
es para enloquecerse lentamente
¿qué es después de todo este mundito
en la inconmensurable vastedad?
un piojo / apenas eso /
y marte / ese arrugado territorio
cuya espantosa soledad ya vimos
es otro piojo / un piojo muerto / claro /
al menos nuestro mísero planeta
es sólo un piojo / pero un piojo vivo
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