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"ingenuidad" poems
He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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El parque lezama
He ido a ver el parque de Lezama en el atardecer de un día cualquiera, y me he encontrado uno diferente al que por tantos años conociera. Era aquél un jardín ya carcomido por lloviznas y líquenes y amores, flexuoso de raíces y de lianas y envenenado por extrañas flores. Contraluces de manos vagarosas de caricias visibles o furtivas. Generaciones, ¡ay!, que en él buscaron frondas podridas para bocas vivas. Cuando la noche lo llenaba todo y cuajaban en ella las parejas, erguidas en recónditos senderos o desmayadas en las altas rejas. No está siquiera aquel jarrón de bronce en que cierto crepúsculo dorado pusimos los levísimos sombreros y unos versos leímos de Machado. "A ti, Guiomar, esta nostalgia mía..." Y en la tarde agravada tu voz honda estremecía la hoja de los árboles y el cristal de la brisa y de la onda. Era hora de estrella y media luna, de pío agudo, de croar de rana, de guardián gigantesco y solapado y de visera en la pelambre cana. Cada estatua era Venus palpitante, cada palmera recta era el Oriente, mientras afuera el tránsito zumbaba su ventarrón de coches y de gente. Cuando se entrecerraba la corola sobre la dulce gota del estigma, cuando se ahondaban como dos aljibes en mí la ingenuidad y en ti el enigma. Ni la vieja escalera de ladrillos húmedos, desgastados y musgosos. Todo es argamasa y pedregullo y barnices espesos y olorosos. Patricio, enhiesto parque de Lezama cortado y recortado a mi deseo, verdinegro por donde te mirase salvo el halo de oro del Museo: desde un bar arco iris te saludo ahito de café y melancolía, dejo en la silla próxima una rosa y digo tu elegía y mi elegía.
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Melancolía del «ayer»... Sorpresa Triste del corazón que fue cobarde... Un adiós sin motivo, y que nos pesa Cuando volver a la ilusión ya es tarde. Y el alma dice, al recordar un día: «La culpa no fue suya, sino mía». Tal vez, a solas, en el mismo instante, Ya sin que llanto a las pupilas fluya, Dirá en las sombras otra voz distante: «La culpa no fue mía, sino suya». Y las dos voces, en callado giro, Se unirán, en la noche, en un suspiro. Y queda en un azul de lontananza, Sola, una reja, que un rosal enflora, Y lo que fue de dos una esperanza, Ya, para siempre, en el dolor se llora. Y un gemido, que en llanto se disuelve, ¿Diciendo va: «La juventud no vuelve». Y enjugándonos lágrima furtiva, O en las manos oculta la cabeza Vemos que, como sombra pensativa, Se sienta a nuestro lado la Tristeza. Y el alma llora, ante esperanza trunca, Lo que ya al corazón no vuelve nunca. Entonces es el recordar... La ronda De lo pasado: la primera riña, Su dulce voz, su cabellera blonda, Y su adorable ingenuidad de niña; Y triste siente el corazón herido El dolor que nos deja un bien perdido. «¿Dónde estarás?», nos preguntamos. «¿Dónde?» «¿Pasas entre los hombres sonreída, O callado pesar en ti se esconde Si eres mitad acaso de otra vida?». Lejana voz de lo que ya no existe: ¡Cómo nos llegas desolada y triste! «¡Siempre!» decimos, y es la voz sincera; Juramos: «¡Siempre!» y el jurar no es vano; Y no es que el corazón cumplir no quiera Es porque el corazón es barro humano. El corazón ser fiel siempre ambiciona, Mas sin quererlo, siempre nos traiciona. ¿Y para qué culparnos? ¿Y en la vida Para qué disculpar promesa vana? Se dice adiós, y el corazón olvida, Pero también lo olvidarán mañana. El amor al olvido se eslabona, Y en amor, sólo es grande el que perdona.
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La romanza del recuerdo
Melancolía del «ayer»... Sorpresa Triste del corazón que fue cobarde... Un adiós sin motivo, y que nos pesa Cuando volver a la ilusión ya es tarde. Y el alma dice, al recordar un día: «La culpa no fue suya, sino mía». Tal vez, a solas, en el mismo instante, Ya sin que llanto a las pupilas fluya, Dirá en las sombras otra voz distante: «La culpa no fue mía, sino suya». Y las dos voces, en callado giro, Se unirán, en la noche, en un suspiro. Y queda en un azul de lontananza, Sola, una reja, que un rosal enflora, Y lo que fue de dos una esperanza, Ya, para siempre, en el dolor se llora. Y un gemido, que en llanto se disuelve, ¿Diciendo va: «La juventud no vuelve». Y enjugándonos lágrima furtiva, O en las manos oculta la cabeza Vemos que, como sombra pensativa, Se sienta a nuestro lado la Tristeza. Y el alma llora, ante esperanza trunca, Lo que ya al corazón no vuelve nunca. Entonces es el recordar... La ronda De lo pasado: la primera riña, Su dulce voz, su cabellera blonda, Y su adorable ingenuidad de niña; Y triste siente el corazón herido El dolor que nos deja un bien perdido. «¿Dónde estarás?», nos preguntamos. «¿Dónde?» «¿Pasas entre los hombres sonreída, O callado pesar en ti se esconde Si eres mitad acaso de otra vida?». Lejana voz de lo que ya no existe: ¡Cómo nos llegas desolada y triste! «¡Siempre!» decimos, y es la voz sincera; Juramos: «¡Siempre!» y el jurar no es vano; Y no es que el corazón cumplir no quiera Es porque el corazón es barro humano. El corazón ser fiel siempre ambiciona, Mas sin quererlo, siempre nos traiciona. ¿Y para qué culparnos? ¿Y en la vida Para qué disculpar promesa vana? Se dice adiós, y el corazón olvida, Pero también lo olvidarán mañana. El amor al olvido se eslabona, Y en amor, sólo es grande el que perdona.
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Que ingenuidad tenian mis ojos Que brillaban con el propósito Que fue tangible, abundoso Como la fuga de un apósito Hoy soy más de mí que ayer Y incluso más que anteayer He perdido partes de mí Y con ellas he reedificado Me he desarrolado aparte de tí Y una base fluida he encontrado Habia una vez en que yo era la mano que aplastaba Y también era yo la larva que estuvo llevado Pero ya no soy esa mariposa que se mataba Ahora soy el florecido y el liberado Me he soltado Me he encontrado
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Oct 29, 2018
Oct 29, 2018 at 7:00 PM UTC
me he encontrado
Todo lo dije, en llanto y alegría. Lo dije todo, en llama y penitencia, en el clima sombrío de la ausencia y en el agua sin cause que corría. Todo lo dije, como lo diría un perfume, presente sin presencia; y ahora sube a mi voz, agria de ciencia, la ingenuidad de la melancolía. Y he aquí el silencio, en última elocuencia, más clara y más profunda todavía y con más eficacia en su insistencia. Porque lo dije todo, en noche y día, en aptitud de ensueño y de evidencia, y, al decir mi verdad, ya no era mía.
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Todo lo dije