Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"idilio" poems
Spanish Su idilio fue una larga sonrisa a cuatro labios… En el regazo cálido de rubia primavera Amáronse talmente que entre sus dedos sabios Palpitó la divina forma de la Quimera. En los palacios fúlgidos de las tardes en calma Hablábanse un lenguaje sentido como un lloro, Y se besaban hondo hasta morderse el alma!… Las horas deshojáronse como flores de oro, Y el Destino interpuso sus dos manos heladas… Ah! los cuerpos cedieron, mas las almas trenzadas Son el más intrincado nudo que nunca fue… En lucha con sus locos enredos sobrehumanos Las Furias de la vida se rompieron las manos Y fatigó sus dedos supremos Ananké… English Their idyll was a smile of four lips… In the warm lap of blond spring They loved such that between their wise fingers the divine form of Chimera trembled. In the glimmering palaces of quiet afternoons They spoke in a language heartfelt as weeping, And they kissed each other deeply, biting the soul! The hours fluttered away like petals of gold, Then Fate interposed its two icy hands… Ah! the bodies yielded, but tangled souls Are the most intricate knot that never unfolds… In strife with its mad superhuman entanglements, Life’s Furies rent their coupled hands And wearied your powerful fingers, Ananké*… *Ananké: Goddess (Greek) of Unalterable Necessity
0
3k
El Nudo (The Knot)
Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita la sangre, como flojo cognac, dentro de mí. Dónde estarán sus manos que en actitud contrita planchaban en las tardes blancuras por venir; ahora, en esta lluvia que me quita las ganas de vivir. Qué será de su falda de franela; de sus afanes; de su andar; de su sabor a cañas de mayo del lugar. Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje, y al fin dirá temblando: «Qué frío hay... Jesús!» y llorará en las tejas un pájaro salvaje.
0
1.4k
Idilio muerto
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
0
1.2k
En la plaza de armas
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
Continue reading...
46
Bajo las alas rosa de este laurel florido, Amémonos. El viejo y eterno lampadario De la luna ha encendido su fulgor milenario Y este rincón de hierba tiene calor de nido.   Amémonos. Acaso haya un fauno escondido Junto al tronco del dulce laurel hospitalario Y llore al encontrarse sin amor, solitario, Mirando nuestro idilio frente al prado dormido.   Amémonos. La noche clara, aromosa y mística Tiene no sé qué suave dulzura cabalística. Somos grandes y solos sobre el haz de los campos.   Y se aman las luciérnagas entre nuestros cabellos, Con estremecimientos breves como destellos De vagas esmeraldas y extraños crisolampos.
0
748
Amémonos
Ahora me pregunto si es que toda la vida hemos estado aquí. Pongo, ahora mismo, la mano ante los ojos -qué latido de la sangre en los párpados- y el vello inmenso se confunde, silencioso, a la mirada. Pesan las pestañas. No sé bien de qué hablo. ¿Quiénes son, rostros vagos nadando como en un agua pálida, éstos aquí sentados, con ojos vivientes? La tarde nos empuja a ciertos bares o entre cansados hombres en pijama. Ven. Salgamos fuera. La noche. Queda espacio arriba, más arriba, mucho más que las luces que iluminan a ráfagas tus ojos agrandados. Queda también silencio entre nosotros, silencio               y este beso igual que un largo túnel.
0
739
Idilio en el café
Espera, espera. No marches, espera. Quédate, entreguémonos a este idilio. Espera, quédate, que el esperar nos puede cambiar la suerte. Pueda ser que las aguas cambien nuestro destino, y nos entreguen al más fríos de los fatalismos. Espera, espera, que no es cierto que Ponce de Leon encontró la Fuente de la Juventud. No es cierto que exista una fuente de juventud para el amor. No es cierto que el azar tenga compasión por lo que a su tiempo no se concretó. Espera, que esperar el tiempo correcto para entregarnos a este amor es un error. Pueda ser que sea el tiempo que venza al viento y termine mareando y subyugando las ráfagas de este amor. Espera, quédate, que este amor precisa nuestra inmediata entrega. Que al marcharte, estas sentenciando mi corazón a una larga, permanente, y eterna espera de innegables años sin primaveras, de una soledad avasalladora, intermitente, doblegante, y en un aterrante precipicio de amargura. Espera, quédate, que si marchas, reinara la penumbra de saber que un solo beso, en el preciso momento, hubiese cambiado mi fortuna, y la senectud de la única fuente de la juventud que es el ahora en tu entrega. La fuente de la juventud de este amor …………………….es el hoy y ahora. Por favor no marches. Espera. LeydisProse 5/15/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
0
Jun 3, 2017
Jun 3, 2017 at 9:16 AM UTC
Fuentes sin aguas
De mi ciudad sonora vine al pueblo de tibia somnolencia, donde saben a sal los labios de la aurora. Y traje una dolencia de mis valles, ansiosos de marina transparencia. Cruzaban las angostas cintas de las calles mujeres de aguzados senos y agilidad de música en los talles. Había sol en los rostros morenos; dos ágatas de luz en sus pupilas, y en sus labios melifluos los venenos. En onduladas filas, eran como de cálidas palomas por el limpio tejado de las montañas lilas. Y soñaban en pomas paradisiacas del filtrado jugo, y en un idilio de los vientos con los aromas. Al Señor Nuestro plugo darles líneas de copas transparentes, como se reza un Hugo. Y secaron mis fuentes por esa gota lánguida de un beso en las finas copas de labios adolescentes. Córdoba, cofre de mujeres, dulce embeleso: Les prometí la luz de un arrebol por esa gota lánguida de un beso... ¡Y me dieron el sol!
0
574
Mujeres
Muchachita que eras brevedad, redondez y color, como las esferas que en las rinconeras de una sala ortodoxa mitigan su esplendor... Muchachita hemisférica y algo triste que tus lágrimas púberes me diste, que en el mes del Rosario a mis ojos fingías amapola diciendo avemarías y que dejabas en mi idilio proletario y en mi corbata indigente, cual un aroma dúplice, tu ternura naciente y tu catolicismo milenario... En un día de báquicos desenfrenos, me dicen que preguntas por mí; te evoco tan pequeña, que puedes bañar tus plenos encantos dentro de un poco de licor, porque cabe tu estatua pía en la última copa de la cristalería; y revives redonda, castiza y breve como las esferas que en las rinconeras del siglo diecinueve, amortiguan su gala verde o azul o carmesí, y copian, en la curva que se parece a ti, el inventario de la muerta sala.
0
364
Como las esferas...
Siento tanto frio mi amor, más agradezco todo tu calor, gracias por acogerme en el dolor por amarme con paciencia y pasión. Siento mucha gratitud, contigo me siento en plenitud, te regalo mi juventud, vamos creciendo en amplitud, reemplazando la inquietud con certitud, aflojando la acritud, brindándonos en toda pulcritud, dejando el tumulto y las multitudes, las lasitudes y vicisitudes de la vida, entregarnos cada día, con respeto y valentía, en el cansancio y la apatía, abrazándonos en una banca de madera, reforzando nuestra entrega. Recordándonos que mientras lleguemos tú y yo a ese encuentro, la vida nos continuara sonriendo, porque tú y yo siempre podremos inventarnos otro suspiro, por este nuestro idilio de amor, abrazados en una banca de madera, rodeados por el olor de la tierra, con los pies firmes en suelo y nuestro amor volcando por los cielos. LeydisProse 1/29/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
0
Jan 31, 2018
Jan 31, 2018 at 6:18 PM UTC
UNA BANCA DE MADERA
Cumplo a mediodía con el buen precepto de oír misa entera los domingos, y a estas misas cenitales concurres tú, agudo perfil; cabellera tormentosa, nuca morena, ojos fijos; boca flexible, ávida de lo concienzudo, hecha para dar los besos prolijos y articular la sílaba lenta de un minucioso idilio, y también para persuadir a un agonizante a que diga amén. Figura cortante y esbelta, escapada de una asamblea de oblongos vitrales o de la redoma de un alquimista: ignoras que en estas misas cenitales, al ver, con zozobra, tus ojos nublados en una secuencia de Evangelio, estuve cerca de tu llanto con una solícita condescendencia; y tampoco sabes que eres un peligro armonioso para mi filosofía petulante... Como los dedos rosados de un párvulo para la torre baldía de naipes o dados.
0
353
Boca flexible, ávida
Bajo el árbol redondo de hojas nuevas, en el rústico banco del idilio, ella estalló de pronto en carcajadas como fuente que brota a borbotones. Y estremecido el olvidado banco, como si todo el júbilo del mundo hinchara de vigor sus viejas fibras, hizo saltar mi cuerpo alegremente con renovada furia hacia las nubes.
0
335
Risa