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"hoyo" poems
Y que yo me la llevé al río creyendo que era mozuela, pero tenía marido.Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidón de su enagua me sonaba en el oído, como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos. Sin luz de plata en sus copas los árboles han crecido, y un horizonte de perros ladra muy lejos del río.Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo el cinturón con revólver. Ella sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena yo me la llevé del río. Con el aire se batían las espadas de los lirios.Me porté como quien soy. Como un gitano legítimo. Le regalé un costurero grande de raso pajizo, y no quise enamorarme porque teniendo marido me dijo que era mozuela cuando la llevaba al río.
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La casada infiel
La voz de bronce no hay quien la estrangule: mi voz de bronce no hay quien la corrompa. No puede ser ni que el silencio anule su soplo ejecutivo de pasión y de trompa. Con esta voz templada al fuego vivo, amasada en un bronce de pesares, salgo a la puerta eterna del olivo, y dejo dicho entre los olivares... El río Manzanares, un traje inexpugnable de soldado tejido por la bala y la ribera, sobre su adolescencia de juncos ha colgado. Hoy es un río y antes no lo era: era una gota de metal mezquino, un arenal apenas transitado, sin gloria y sin destino. Hoy es un trinchera de agua que no reduce nadie, nada, tan relampagueante que parece en la carne del mismo sol cavada. El leve Manzanares se merece ser mar entre los mares. Al mar, al tiempo, al sol, a este río que crece, jamás podrás herirlos por más que les dispares. Tus aguas de pequeña muchedumbre, ay río de Madrid, yo he defendido, y la ciudad que al lado es una cumbre de diamante agresor y esclarecido. Cansado acaso, pero no vencido, sale de sus jornadas el soldado. En la boca le canta una cigarra y otra heroica cigarra en el costado. ¿Adónde fue el colmillo con la garra? La hiena no ha pasado a donde más quería. Madrid sigue en su puesto ante la hiena, con su altura de día. Una torre de arena ante Madrid y el río se derrumba. En todas las paredes está escrito: Madrid será tu tumba. Y alguien cavó ya el hoyo de este grito. Al río Manzanares lo hace crecer la vena que no se agota nunca y enriquece. A fuerza de batallas y embestidas, crece el río que crece bajo los afluentes que forman las heridas. Camino de ser mar va el Manzanares: rojo y cálido avanza a regar, además del Tajo y de los mares, donde late un obrero de esperanza. Madrid, por él regado, se abalanza detrás de sus balcones y congojas, grabado en un rubí de lontananza con las paredes cada vez más rojas. Chopos que a los soldados levanta monumentos vegetales, un resplandor de huesos liberados lanzan alegremente sobre los hospitales. El alma de Madrid inunda las naciones, el Manzanares llega triunfante al infinito, pasa como la historia sonando sus renglones, y en el sabor del tiempo queda escrito.
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Fuerza del manzanares
La voz de bronce no hay quien la estrangule: mi voz de bronce no hay quien la corrompa. No puede ser ni que el silencio anule su soplo ejecutivo de pasión y de trompa. Con esta voz templada al fuego vivo, amasada en un bronce de pesares, salgo a la puerta eterna del olivo, y dejo dicho entre los olivares... El río Manzanares, un traje inexpugnable de soldado tejido por la bala y la ribera, sobre su adolescencia de juncos ha colgado. Hoy es un río y antes no lo era: era una gota de metal mezquino, un arenal apenas transitado, sin gloria y sin destino. Hoy es un trinchera de agua que no reduce nadie, nada, tan relampagueante que parece en la carne del mismo sol cavada. El leve Manzanares se merece ser mar entre los mares. Al mar, al tiempo, al sol, a este río que crece, jamás podrás herirlos por más que les dispares. Tus aguas de pequeña muchedumbre, ay río de Madrid, yo he defendido, y la ciudad que al lado es una cumbre de diamante agresor y esclarecido. Cansado acaso, pero no vencido, sale de sus jornadas el soldado. En la boca le canta una cigarra y otra heroica cigarra en el costado. ¿Adónde fue el colmillo con la garra? La hiena no ha pasado a donde más quería. Madrid sigue en su puesto ante la hiena, con su altura de día. Una torre de arena ante Madrid y el río se derrumba. En todas las paredes está escrito: Madrid será tu tumba. Y alguien cavó ya el hoyo de este grito. Al río Manzanares lo hace crecer la vena que no se agota nunca y enriquece. A fuerza de batallas y embestidas, crece el río que crece bajo los afluentes que forman las heridas. Camino de ser mar va el Manzanares: rojo y cálido avanza a regar, además del Tajo y de los mares, donde late un obrero de esperanza. Madrid, por él regado, se abalanza detrás de sus balcones y congojas, grabado en un rubí de lontananza con las paredes cada vez más rojas. Chopos que a los soldados levanta monumentos vegetales, un resplandor de huesos liberados lanzan alegremente sobre los hospitales. El alma de Madrid inunda las naciones, el Manzanares llega triunfante al infinito, pasa como la historia sonando sus renglones, y en el sabor del tiempo queda escrito.
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Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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El mendigo
Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan si doliente pido una limosna por amor de Dios. El palacio, la cabaña           son mi asilo, si del ábrego el furor troncha el roble en la montaña, o que inunda la campaña El torrente asolador. Y a la hoguera me hacen lado los pastores con amor. Y sin pena y descuidado de su cena ceno yo, o en la rica chimenea, que recrea con su olor, me regalo codicioso del banquete suntüoso con las sobras de un señor.Y me digo: el viento brama, caiga furioso turbión; que al son que cruje de la seca leña, libre me duermo sin rencor ni amor.     Mío es el mundo como el aire libre... Todos son mis bienhechores,           y por todos a Dios ruego con fervor; de villanos y señores yo recibo los favores sin estima y sin amor. Ni pregunto quiénes sean, ni me obligo a agradecer; que mis rezos si desean, dar limosna es un deber. Y es pecado la riqueza: la pobreza santidad: Dios a veces es mendigo, y al avaro da castigo, que le niegue caridad.Yo soy pobre y se lastiman todos al verme plañir, sin ver son mías sus riquezas todas, qué mina inagotable es el pedir.     Mío es el mundo: como el aire libre... Mal revuelto y andrajoso,           entre harapos del lujo sátira soy, y con mi aspecto asqueroso me vengo del poderoso, y a donde va, tras él voy. Y a la hermosa que respira cien perfumes, gala, amor, la persigo hasta que mira, y me gozo cuando aspira mi punzante mal olor. Y las fiestas y el contento con mi acento turbo yo, y en la bulla y la alegría interrumpen la armonía mis harapos y mi voz:Mostrando cuán cerca habitan el gozo y el padecer, que no hay placer sin lágrimas, ni pena que no traspire en medio del placer.     Mío es el mundo; como el aire libre... Y para mí no hay mañana,           ni hay ayer; olvido el bien como el mal, nada me aflige ni afana; me es igual para mañana un palacio, un hospital. Vivo ajeno de memorias, de cuidados libre estoy; busquen otros oro y glorias, yo no pienso sino en hoy. Y do quiera vayan leyes, quiten reyes, reyes den; yo soy pobre, y al mendigo, por el miedo del castigo, todos hacen siempre bien.Y un asilo donde quiera y un lecho en el hospital siempre hallaré, y un hoyo donde caiga mi cuerpo miserable al espirar. Mío es el mundo: como el aire libre, otros trabajan porque coma yo; todos se ablandan, si doliente pido una limosna por amor de Dios.
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El no el no inóvulo el no nonato el noo el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan y nooan y plurimono noan al morbo amorfo noo no démono no deo sin son sin **** ni órbita el yerto inóseo noo en unisolo amódulo sin poros ya sin nódulo ni yo ni fosa ni hoyo el macro no ni polvo el no más nada todo el puro no sin no
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El puro no
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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Muerte y juicio
A un niño, a un solo niño que iba para piedra nocturna, para ángel indiferente de una escala sin cielo... Mirad. Conteneos la sangre, los ojos. A sus pies, él mismo, sin vida.   No aliento de farol moribundo, ni jadeada amarillez de noche agonizante, sino dos fósforos fijos de pesadilla eléctrica, clavados sobre su tierra en polvo, juzgándola. Él, resplandor sin salida, lividez sin escape, yacente, juzgándose.   Tizo electrocutado, infancia mía de ceniza, a mis pies, tizo yacente. Carbunclo hueco, ***** desprendido de un ángel que iba para piedra nocturna, para límite entre la muerte y la nada. Tú: yo: niño.   Bambolea el viento un vientre de gritos anteriores al mundo a la sorpresa de la luz en los ojos de los reciennacidos, al descenso de la vía láctea a las gargantas terrestres. Niño.   Una cuna de llamas de norte a sur, de frialdad de tiza amortajada en los yelos, a fiebre de paloma agonizando en el área de una bujía; una cuna de llamas meciéndote las sonrisas, los llantos. Niño.   Las primeras palabras abiertas en las penumbras de los sueños sin nadie, en el silencio rizado de las albercas o en el eco de los jardines, devoradas por el mar y ocultas hoy en un hoyo sin viento. Muertas, como el estreno de tus pies en el cansancio frío de una escalera. Niño. Las flores, sin piernas para huir de los aires crueles, de su espoleo continuo al corazón volante de las nieves y los pájaros, desangradas en un aburrimiento de cartillas y pizarrines. 4 y 4 son 18. Y la X, una K, una H, una J. Niño. En un trastorno de ciudades marítimas sin escrúpulos, de mapas confundidos y desiertos barajados, atended a unos ojos que preguntan por los afluentes del cielo, a una memoria extraviada entre nombres y fechas. Niño. Perdido entre ecuaciones, triángulos, fórmulas y precipitados azules, entre el suceso de la sangre, los escombros y las coronas caídas, cuando los cazadores de oro y el asalto a la banca, en el rubor tardío de las azoteas voces de ángeles te anunciaron la botadura y pérdida de tu alma. Niño. Y como descendiste al fondo de las mareas, a las urnas donde el azogue, el plomo y el hierro pretenden ser humanos, tener honores de vida, a la deriva de la noche tu traje fue dejándote solo. Niño. Desnudo, sin los billetes de inocencia fugados en sus bolsillos, derribada en tu corazón y sola su primera silla, no creíste ni en Venus, que nacía en el compás abierto de tus brazos. ni en la escala de plumas que tiende el sueño de Jacob al de Julio Verne. Niño. Para ir al infierno no hace falta cambiar de sitio ni postura.
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A caballo, Tarumba, hay que montar a caballo para recorrer este país, para conocer a tu mujer, para desear a la que deseas, para abrir el hoyo de tu muerte, para levantar tu resurrección. A caballo tus ojos, el salmo de tus ojos, el sueño de tus piernas cansadas. A caballo en el territorio de la malaria, tiempo enfermo, hembra caliente, risa a gotas. A donde llegan noticias de vírgenes, periódicos con santos, y telegramas de corazones deportivos como una bandera. A caballo, Tarumba, sobre el río, sobre la laja de agua, la vigilia, la hoja frágil del sueño (cuando tus manos se despiertan con nalgas), y el vidrio de la muerte en el que miras tu corazón pequeño. A caballo, Tarumba, hasta el vertedero del sol.
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Untitled
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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(la lluvia)
Ha enmudecido el campo, presintiendo la lluvia. Reaparece en la tierra su primer abandono. La alegría del cielo se desconsuela a veces, sobre un pastor sediento. Cuando la lluvia llama se remueven los muertos. La tierra se hace un hoyo removido, oloroso. Los árboles exhalan su último olor profundo despuestos a morirse. Bajo la lluevia adquiere la voz de los relojes la gravedad, la angustia de la posstrera hora. Reviven las heridas visibles y las otras que sangran hacia dentro. Todo se hace entrañable, reconcentrado, íntimo. Como bajo el subsuelo, bajo el signo lluvioso. Todo, todo parece desear ahora la paz definitiva. Llueve como una sangre transparente, hechizada. Me siento traspasado por la humedad del suelo Que habrá de sujetarme para siempre a la sombra, para siempre a la lluvia. El cielo se desangra pausadamente herido. El verde intensifica la penumbra en las hojas. Los troncos y los muertos se oscurecen aún más por la pasión del agua. Y retoñan las cartas viejas en los rincones que olvido bajo el sol. Los besos de anteayer, las maderas más viejas y resecas, los muertos retoñan cuando llueve. Bodegas, pozos, almas, saben a más hundidos. Inundas, casi sepultados, mis sentimientos, tú, que, brumosa, inmóvil pareces el fantasma de tu fotografía. Música de la lluvia, de la muerte, del sueño, ............................................. Todos los animales, fatídicos, se inclinan debajo de las gotas. Suena en las hojas secas igual que en las esquinas, suena en el mar la lluvia como en un imposible. Suena dentro del surco como en un vientre seco, seco, sordo, baldío. Suena en las hondonadas en los barrancos: suena como una pasión íntima suicidada o ahogada. Suena como las balas penetrando la carne, como el llanto de todos. Redoblan sus tambores, tañe su flauta lenta, su lagrimosa lengua que lame tercamente. Y siempre suena como sobre los ataúdes, los dolores, la nada.
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¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo? A mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo, y exalto             la orilla de tu vientre. Clavellina del valle que provocan tus piernas. Granada que has rasgado de plenitud su boca. Trémula zarzamora suavemente dentada             donde vivo arrojado. Arrojado y fugaz como el pez generoso, ansioso de que el agua, la lenta acción del agua lo devaste: sepulte su decisión eléctrica             de fértiles relámpagos. Aún me estremece el choque primero de los dos; cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas, impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,             nos inspiraba el mar. Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas, dentellada tenaz que siento en lo más hondo, vertiginoso abismo que me recoge, loco             de la lúcida muerte. Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas. Recóndito lucero tras una madreselva hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada             del íntimo destino. En ti tiene el oasis su más ansiado huerto: el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan. De ti son tantos siglos de muerte, de locura             como te han sucedido. Corazón de la tierra, centro del universo, todo se atorbellina, con afán de satélite en torno a ti, pupila del sol que te entreabres             en la flor del manzano. Ventana que da al mar, a una diáfana muerte cada vez más profunda, más azul y anchurosa. Su hálito de infinito propaga los espacios             entre tú y yo y el fuego. Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,             la eternidad la orilla. En ti me precipito como en la inmensidad de un mediodía claro de sangre submarina, mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,             y el clamor se hace hombre. Por ti logro en tu centro la libertad del astro. En ti nos acoplamos como dos eslabones, tú poseedora y yo. Y así somos cadena:             mortalmente abrazados.
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Orillas de tu vientre
¿Qué exaltaré en la tierra que no sea algo tuyo? A mi lecho de ausente me echo como a una cruz de solitarias lunas del deseo, y exalto             la orilla de tu vientre. Clavellina del valle que provocan tus piernas. Granada que has rasgado de plenitud su boca. Trémula zarzamora suavemente dentada             donde vivo arrojado. Arrojado y fugaz como el pez generoso, ansioso de que el agua, la lenta acción del agua lo devaste: sepulte su decisión eléctrica             de fértiles relámpagos. Aún me estremece el choque primero de los dos; cuando hicimos pedazos la luna a dentelladas, impulsamos las sábanas a un abril de amapolas,             nos inspiraba el mar. Soto que atrae, umbría de vello casi en llamas, dentellada tenaz que siento en lo más hondo, vertiginoso abismo que me recoge, loco             de la lúcida muerte. Túnel por el que a ciegas me aferro a tus entrañas. Recóndito lucero tras una madreselva hacia donde la espuma se agolpa, arrebatada             del íntimo destino. En ti tiene el oasis su más ansiado huerto: el clavel y el jazmín se entrelazan, se ahogan. De ti son tantos siglos de muerte, de locura             como te han sucedido. Corazón de la tierra, centro del universo, todo se atorbellina, con afán de satélite en torno a ti, pupila del sol que te entreabres             en la flor del manzano. Ventana que da al mar, a una diáfana muerte cada vez más profunda, más azul y anchurosa. Su hálito de infinito propaga los espacios             entre tú y yo y el fuego. Trágame, leve hoyo donde avanzo y me entierro. La losa que me cubra sea tu vientre leve, la madera tu carne, la bóveda tu ombligo,             la eternidad la orilla. En ti me precipito como en la inmensidad de un mediodía claro de sangre submarina, mientras el delirante hoyo se hunde en el mar,             y el clamor se hace hombre. Por ti logro en tu centro la libertad del astro. En ti nos acoplamos como dos eslabones, tú poseedora y yo. Y así somos cadena:             mortalmente abrazados.
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En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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Al ponerle en la cruz
En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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Traspasada por junio, por España y la sangre, se levanta mi lengua con clamor a llamarte. Campesino que mueres, campesino que yaces en la tierra que siente no tragar alemanes, no morder italianos: español que te abates con la nuca marcada por un yugo infamante, que traicionas al pueblo defensor de los panes: campesino, despierta, español, que no es tarde. Calabozos y hierros, calabozos y cárceles, desventuras, presidios, atropellos y hambres, eso estás defendiendo, no otra cosa más grande. Perdición de tus hijos, maldición de tus padres, que doblegas tus huesos al verdugo sangrante, que deshonras tu trigo, que tu tierra deshaces, campesino, despierta, español, que no es tarde. Retroceden al hoyo que se cierra y se abre, por la fuerza del pueblo forjador de verdades, escuadrones del crimen, corazones brutales, dictadores del polvo, soberanos voraces. Con la prisa del fuego, en un mágico avance, un ejército férreo que cosecha gigantes los arrastra hasta el polvo, hasta el polvo los barre. No hay quien sitie la vida, no hay quien cerque la sangre cuando empuña sus alas y las clava en el aire. La alegría y la fuerza de estos músculos parte como un hondo y sonoro manantial de volcanes. Vencedores seremos, porque somos titanes sonriendo a las balas y gritando: ¡Adelante! La salud de los trigos sólo aquí huele y arde. De la muerte y la muerte sois: de nadie y de nadie. De la vida nosotros, del sabor de los árboles. Victoriosos saldremos de las fúnebres fauces, remontándonos libres sobre tantos plumajes, dominantes las frentes, el mirar dominante, y vosotros vencidos como aquellos cadáveres. Campesino, despierta, español, que no es tarde. A este lado de España esperamos que pases: que tu tierra y tu cuerpo la invasión no se trague.
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Campesino de españa
Traspasada por junio, por España y la sangre, se levanta mi lengua con clamor a llamarte. Campesino que mueres, campesino que yaces en la tierra que siente no tragar alemanes, no morder italianos: español que te abates con la nuca marcada por un yugo infamante, que traicionas al pueblo defensor de los panes: campesino, despierta, español, que no es tarde. Calabozos y hierros, calabozos y cárceles, desventuras, presidios, atropellos y hambres, eso estás defendiendo, no otra cosa más grande. Perdición de tus hijos, maldición de tus padres, que doblegas tus huesos al verdugo sangrante, que deshonras tu trigo, que tu tierra deshaces, campesino, despierta, español, que no es tarde. Retroceden al hoyo que se cierra y se abre, por la fuerza del pueblo forjador de verdades, escuadrones del crimen, corazones brutales, dictadores del polvo, soberanos voraces. Con la prisa del fuego, en un mágico avance, un ejército férreo que cosecha gigantes los arrastra hasta el polvo, hasta el polvo los barre. No hay quien sitie la vida, no hay quien cerque la sangre cuando empuña sus alas y las clava en el aire. La alegría y la fuerza de estos músculos parte como un hondo y sonoro manantial de volcanes. Vencedores seremos, porque somos titanes sonriendo a las balas y gritando: ¡Adelante! La salud de los trigos sólo aquí huele y arde. De la muerte y la muerte sois: de nadie y de nadie. De la vida nosotros, del sabor de los árboles. Victoriosos saldremos de las fúnebres fauces, remontándonos libres sobre tantos plumajes, dominantes las frentes, el mirar dominante, y vosotros vencidos como aquellos cadáveres. Campesino, despierta, español, que no es tarde. A este lado de España esperamos que pases: que tu tierra y tu cuerpo la invasión no se trague.
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Ella llora, ella implora, que la cuides, que la abraces, que la celebres. ¡Ella ya no aguanta! le estás haciendo daño esta humillando su selva, la gente indecente, la indolencia de la gente, la insolencia del rico, la angustia del dolorido, la necesidad de torres de Babel, las guerras que no terminan, las impunidades de pueblos, el despotismo de los reyes. Ella habla y nadie la escucha, entonces sus aguas se escasean, sus mares se violentan, la inmundicia en su fondo la incómoda, y ella las orilla a los que se la impusieron, te da como muestra peces muertos, hace que las aves se queden sin cielo, que el universo enseñe su hoyo ***** Ella llora y nadie se preocupa, entonces, sus colinas se derrumban, destierra los muertos, en los valles no hay espacio pa’ la siembra, sus ríos se convierten en aguas salinas, y ella ya no puede acomodar a tanta gente. Ella manda señales y todos se burlan, entonces ella se traga el indigente, al impertinente, al ateo, y, también al creyente. Ella se sacude por dentro, hace que su piso y el cielo hablen, revuelve las paredes del infierno y se descarga en rayos. Sus sismos se tragan una aldea, es que ya está cansada del maltrato de sus descendientes, los saca de sus casas, los hace temblar de miedo, instiga al viento para que se encienda por dentro. Ella quiere decir algo, ella está hablando, pero nadie la escucha, la ignoran, de ella se burlan, ella se esconde, se llena de rabia, como perdió su voz, arrasa cuando regresa. Ella ya no habla, ella manifiesta su desencanto, y, por más inteligente que sea su pueblo, ¡ella tiene más fuerza!!! ¡Cuida la tierra! LeydisProse 9/21/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Sep 21, 2017
Sep 21, 2017 at 2:16 PM UTC
ELLA LLORA (pero nadie la escucha)
Ella llora, ella implora, que la cuides, que la abraces, que la celebres. ¡Ella ya no aguanta! le estás haciendo daño esta humillando su selva, la gente indecente, la indolencia de la gente, la insolencia del rico, la angustia del dolorido, la necesidad de torres de Babel, las guerras que no terminan, las impunidades de pueblos, el despotismo de los reyes. Ella habla y nadie la escucha, entonces sus aguas se escasean, sus mares se violentan, la inmundicia en su fondo la incómoda, y ella las orilla a los que se la impusieron, te da como muestra peces muertos, hace que las aves se queden sin cielo, que el universo enseñe su hoyo ***** Ella llora y nadie se preocupa, entonces, sus colinas se derrumban, destierra los muertos, en los valles no hay espacio pa’ la siembra, sus ríos se convierten en aguas salinas, y ella ya no puede acomodar a tanta gente. Ella manda señales y todos se burlan, entonces ella se traga el indigente, al impertinente, al ateo, y, también al creyente. Ella se sacude por dentro, hace que su piso y el cielo hablen, revuelve las paredes del infierno y se descarga en rayos. Sus sismos se tragan una aldea, es que ya está cansada del maltrato de sus descendientes, los saca de sus casas, los hace temblar de miedo, instiga al viento para que se encienda por dentro. Ella quiere decir algo, ella está hablando, pero nadie la escucha, la ignoran, de ella se burlan, ella se esconde, se llena de rabia, como perdió su voz, arrasa cuando regresa. Ella ya no habla, ella manifiesta su desencanto, y, por más inteligente que sea su pueblo, ¡ella tiene más fuerza!!! ¡Cuida la tierra! LeydisProse 9/21/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Hace año y medio que pienso en lo mismo. La mirada y los pasos los siento cansados, los hombros me pesan, y no sé si es la mochila o mi pasado. Estoy sobrepuesta, soy una pintura que colgaron para tapar un hoyo en la pared. Hay días buenos, no tan buenos y los malos, pero aunque me sienta alegre siempre en el trasfondo hay un pequeño duende apagando el interruptor, que le gusta estar a oscuras, y que el silencio lo aturde. Por eso mantiene mi voz activa desde atrás de mi cabeza. Y le gusta oír el latido de mi corazón agitado. Cómo quisiera estar de nuevo en el techo de Camilo, y mirar las luces de la ciudad en lugar de las estrellas. Vaciarme. Estoy como una casa abandonada, llena de cosas inservibles. De sueños que no son míos, de cansancio por cargar penas ajenas, y mis ojos lo único que quieren es cerrarse.
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May 26, 2018
May 26, 2018 at 3:07 PM UTC
Diario parte II
GET HER OUT OF THE PIT! Get her out of that pit of unhappiness, where you have condemned her to live. Out of that cave of insecurity! Out of that ditch which defiles and ashamed her. Take out of any pit that denigrates her. Get her out any pit that speaks death to her life! Take her out of that pit of loneliness, you have condemned her to reside in! Pull her out of that pit and bather her! Bathe her in the River Nile. Sanctify her in Christ Jesus! Bathe her with jasmine leaves. Bather her and embalm her with the scent of freedom! Bathe her in blessed and clean flowing water! Dress her, in the fines cotton and silk fibers. Dress her in fibers of happiness. Dress her with lace of purity and kindness. Feed and nourished her being. Prepare for her a sunny picnic facing the ocean. Prepare her a dinner with a full moon. Prepare a delicacy of bliss and joy. Educate her! Educate her in poetry. Help her forget the graves of her captivity in the words of poets who speak; of hope, of love, of the magic of new day, the charm of waking up in gentle arms, tell her about flying in an open sky with missing wings, with broken wings, yet so celestial is the flight that seeks its destiny against all odds! Take her out of that pit! Bathe her! Dress her! Feed her! Educate her! Be the ****** for that woman. Be the ****** for you! But you must ………………………………….GET HER OUT OF THAT PIT! LeydisProse 6/11/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/ Sácala! Sácala del hoyo! Sácala de la fosa de infelicidad donde la has condenado a vivir. Sácala de esa cueva de inseguridad! Sácala de lo que la indigna. Sácala de lo que la avergüenza. Sácala de lo que la denigra. Sácala de las palabra que la rompen. Sácala de la soledad! Sácala y bañala! Báñala en el Río Nilo. Santificála en el nombre de JesusCristo! Báñala en hojas de jazmín Báñala en perfume de libertad! Báñala en agua fluyente, limpia, y bendita! Vístela en algodón y seda. Vístela en fibras de felicidad. Vístela en encajes de pureza. Dale de comer, nutre su ser. Preparele un día soleado frente al mar. Prepárale una cena en una luna llena. Prepárale un manjar de sonrisas. Educala! Educala en la poesía. Ayúdale al olvidar las fosas del cautiverio, en las letras de los que hablan; de esperanza, de la magia de un despertar, del amor en brazos sin maldad, de volar con medias alas, con alas rotas, más ven un cielo destinado para ella. Sácala, Báñala Vístela Dale de comer Educala Se tu una heroína para cada mujer! LeydisProse 6/11/2017
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Jun 12, 2017
Jun 12, 2017 at 12:20 PM UTC
GET HER OUT OF THE PIT!////////Sácala!
GET HER OUT OF THE PIT! Get her out of that pit of unhappiness, where you have condemned her to live. Out of that cave of insecurity! Out of that ditch which defiles and ashamed her. Take out of any pit that denigrates her. Get her out any pit that speaks death to her life! Take her out of that pit of loneliness, you have condemned her to reside in! Pull her out of that pit and bather her! Bathe her in the River Nile. Sanctify her in Christ Jesus! Bathe her with jasmine leaves. Bather her and embalm her with the scent of freedom! Bathe her in blessed and clean flowing water! Dress her, in the fines cotton and silk fibers. Dress her in fibers of happiness. Dress her with lace of purity and kindness. Feed and nourished her being. Prepare for her a sunny picnic facing the ocean. Prepare her a dinner with a full moon. Prepare a delicacy of bliss and joy. Educate her! Educate her in poetry. Help her forget the graves of her captivity in the words of poets who speak; of hope, of love, of the magic of new day, the charm of waking up in gentle arms, tell her about flying in an open sky with missing wings, with broken wings, yet so celestial is the flight that seeks its destiny against all odds! Take her out of that pit! Bathe her! Dress her! Feed her! Educate her! Be the ****** for that woman. Be the ****** for you! But you must ………………………………….GET HER OUT OF THAT PIT! LeydisProse 6/11/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/ Sácala! Sácala del hoyo! Sácala de la fosa de infelicidad donde la has condenado a vivir. Sácala de esa cueva de inseguridad! Sácala de lo que la indigna. Sácala de lo que la avergüenza. Sácala de lo que la denigra. Sácala de las palabra que la rompen. Sácala de la soledad! Sácala y bañala! Báñala en el Río Nilo. Santificála en el nombre de JesusCristo! Báñala en hojas de jazmín Báñala en perfume de libertad! Báñala en agua fluyente, limpia, y bendita! Vístela en algodón y seda. Vístela en fibras de felicidad. Vístela en encajes de pureza. Dale de comer, nutre su ser. Preparele un día soleado frente al mar. Prepárale una cena en una luna llena. Prepárale un manjar de sonrisas. Educala! Educala en la poesía. Ayúdale al olvidar las fosas del cautiverio, en las letras de los que hablan; de esperanza, de la magia de un despertar, del amor en brazos sin maldad, de volar con medias alas, con alas rotas, más ven un cielo destinado para ella. Sácala, Báñala Vístela Dale de comer Educala Se tu una heroína para cada mujer! LeydisProse 6/11/2017
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