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"hambrientos" poems
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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May 22, 2014
May 22, 2014 at 9:20 PM UTC
Siento tu ternura allegarse a mi tierra
*Siento tu ternura allegarse a mi tierra, acechar la mirada de mis ojos, huir, la veo interrumpirse, para seguirme hasta la hora de mi silencio absorto y de mi afán de ti. Hela aquí tu ternura de ojos dulces que esperan. Hela aquí, boca tuya, palabra nunca dicha. Siento que se me suben los musgos de tu pena y me crecen a tientas en el alma infinita. Era esto el abandono, y lo sabías, era la guerra oscura del corazón y todos, era la queja rota de angustias conmovidas, y la ebriedad, y el deseo, y el dejarse ir, y era eso mi vida, era eso que el agua de tus ojos llevaba, era eso que en el hueco de tus manos cabía. Ah, mariposa mía y arrullo de paloma, ah vaso, ah estero, ah compañera mía! Te llegó mi reclamo, dímelo, te llegaba, en las abiertas noches de estrellas frías ahora, en el otoño, en el baile amarillo de los vientos hambrientos y las hojas caídas? Dímelo, te llegaba, aullando o cómo, o sollozando, en la hora de la sangre fermentada cuando la tierra crece y se cimbra latiendo bajo el sol que la raya con sus colas de ámbar? Dímelo, me sentiste trepar hasta tu forma por todos los silencios, y todas las palabras? Yo me sentí crecer. Nunca supe hacia dónde. Es más allá de ti. Lo comprendes, hermana? Es que se aleja el fruto cuando llegan mis manos y ruedan las estrellas antes de mi mirada. Siento que soy la aguja de una infinita flecha, y va a clavarse lejos, no va a clavarse nunca, tren de dolores húmedos en fuga hacia lo eterno, goteando en cada tierra sollozos y preguntas. Pero hela aquí, tu forma familiar, lo que es mío, lo tuyo, lo que es mío, lo que es tuyo y me inunda, hela aquí que me llena los miembros de abandono, hela aquí, tu ternura, amarrándose a las mismas raíces, madurando en la misma caravana de frutas, y saliendo de tu alma rota bajo mis dedos como el licor del vino del centro de la uva.* ― Pablo Neruda
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Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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La canción desesperada
Emerge tu recuerdo de la noche en que estoy. El río anuda al mar su lamento obstinado. Abandonado como los muelles en el alba. Es la hora de partir, oh abandonado! Sobre mi corazón llueven frías corolas. Oh sentina de escombros, feroz cueva de náufragos! En ti se acumularon las guerras y los vuelos. De ti alzaron las alas los pájaros del canto. Todo te lo tragaste, como la lejanía. Como el mar, como el tiempo. Todo en ti fue naufragio! Era la alegre hora del asalto y el beso. La hora del estupor que ardía como un faro. Ansiedad de piloto, furia de buzo ciego, turbia embriaguez de amor, todo en ti fue naufragio! En la infancia de niebla mi alma alada y herida. Descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Te ceñiste al dolor, te agarraste al deseo. Te tumbó la tristeza, todo en ti fue naufragio! Hice retroceder la muralla de sombra, anduve más allá del deseo y del acto. Oh carne, carne mía, mujer que amé y perdí, a ti en esta hora húmeda, evoco y hago canto. Como un vaso albergaste la infinita ternura, y el infinito olvido te trizó como a un vaso. Era la negra, negra soledad de las islas, y allí, mujer de amor, me acogieron tus brazos. Era la sed y el hambre, y tú fuiste la fruta. Era el duelo y las ruinas, y tú fuiste el milagro. Ah mujer, no sé cómo pudiste contenerme en la tierra de tu alma, y en la cruz de tus brazos! Mi deseo de ti fue el más terrible y corto, el más revuelto y ebrio, el más tirante y ávido. Cementerio de besos, aún hay fuego en tus tumbas, aún los racimos arden picoteados de pájaros. Oh la boca mordida, oh los besados miembros, oh los hambrientos dientes, oh los cuerpos trenzados. Oh la cópula loca de esperanza y esfuerzo en que nos anudamos y nos desesperamos. Y la ternura, leve como el agua y la harina. Y la palabra apenas comenzada en los labios. Ese fue mi destino y en él viajó mi anhelo, y en él cayó mi anhelo, todo en ti fue naufragio! Oh, sentina de escombros, en ti todo caía, qué dolor no exprimiste, qué olas no te ahogaron! De tumbo en tumbo aún llameaste y cantaste. De pie como un marino en la proa de un barco. Aún floreciste en cantos, aún rompiste en corrientes. Oh sentina de escombros, pozo abierto y amargo. Pálido buzo ciego, desventurado hondero, descubridor perdido, todo en ti fue naufragio! Es la hora de partir, la dura y fría hora que la noche sujeta a todo horario. El cinturón ruidoso del mar ciñe la costa. Surgen frías estrellas, emigran negros pájaros. Abandonado como los muelles en el alba. Sólo la sombra trémula se retuerce en mis manos. Ah más allá de todo. Ah más allá de todo. Es la hora de partir. Oh abandonado!
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Eres tu, quien esta jugando a Dios. De entre todo tu harem de hombres puedes escoger al que mas te satisfaga. Hacer trizas los corazones de mil hombres con tan solo pronunciar ásperas palabras. Tal vez no lo demuestres, pero te encanta la idea de manipular el destino ajeno. Jugar como si fuéramos tus marionetas de carne. Reina de hielo. Amas las vistas de la tundra y su infinito abastecimiento de corazones extirpados. tripas de ángel. Es tu etérea mirada y tu sonrisa pintada de sangre. tu helada presencia. Y de tu séquito de perros hambrientos soy yo el que luce envidiosamente los huesos de las costillas famélico y añejo en promesas rotas. y el que mas te ama. Los demás son perros, esperando un pedazo de tu carne. Ávidos de una segunda oportunidad. Hambrientos de las mas oscuras y carnales intenciones.
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May 21, 2014
May 21, 2014 at 1:21 PM UTC
incansable espera o cansado de esperar.
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el **** complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando la hermosa vida.
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Los amorosos
Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan. Su corazón les dice que nunca han de encontrar, no encuentran, buscan. Los amorosos andan como locos porque están solos, solos, solos, entregándose, dándose a cada rato, llorando porque no salvan al amor. Les preocupa el amor. Los amorosos viven al día, no pueden hacer más, no saben. Siempre se están yendo, siempre, hacia alguna parte. Esperan, no esperan nada, pero esperan. Saben que nunca han de encontrar. El amor es la prórroga perpetua, siempre el paso siguiente, el otro, el otro. Los amorosos son los insaciables, los que siempre -¡qué bueno!- han de estar solos. Los amorosos son la hidra del cuento. Tienen serpientes en lugar de brazos. Las venas del cuello se les hinchan también como serpientes para asfixiarlos. Los amorosos no pueden dormir porque si se duermen se los comen los gusanos. En la obscuridad abren los ojos y les cae en ellos el espanto. Encuentran alacranes bajo la sábana y su cama flota como sobre un lago. Los amorosos son locos, sólo locos, sin Dios y sin diablo. Los amorosos salen de sus cuevas temblorosos, hambrientos, a cazar fantasmas. Se ríen de las gentes que lo saben todo, de las que aman a perpetuidad, verídicamente, de las que creen en el amor como en una lámpara de inagotable aceite. Los amorosos juegan a coger el agua, a tatuar el humo, a no irse. Juegan el largo, el triste juego del amor. Nadie ha de resignarse. Dicen que nadie ha de resignarse. Los amorosos se avergüenzan de toda conformación. Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla, la muerte les fermenta detrás de los ojos, y ellos caminan, lloran hasta la madrugada en que trenes y gallos se despiden dolorosamente. Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, a mujeres que duermen con la mano en el **** complacidas, a arroyos de agua tierna y a cocinas. Los amorosos se ponen a cantar entre labios una canción no aprendida. Y se van llorando, llorando la hermosa vida.
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Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón.Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Caballero errante de los caballeros, varón de varones, príncipe de fieros, par entre los pares, maestro, salud! ¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, entre los aplausos o entre los desdenes, y entre las coronas y los parabienes y las tonterías de la multitud!¡Tú, para quien pocas fueron las victorias antiguas y para quien clásicas glorias serían apenas de ley y razón, soportas elogios, memorias, discursos, resistes certámenes, tarjetas, concursos, y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!Escucha, divino Rolando del sueño, a un enamorado de tu Clavileño, y cuyo Pegaso relincha hacia ti; escucha los versos de estas letanías, hechas con las cosas de todos los días y con otras que en lo misterioso vi.¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma a tientas, con la fe perdida, llenos de congojas y faltos de sol, por advenedizas almas de manga ancha, que ridiculizan el ser de la Mancha, el ser generoso y el ser español!¡Ruega por nosotros, que necesitamos las mágicas rosas, los sublimes ramos de laurel Pro nobis ora, gran señor. ¡Tiembla la floresta de laurel del mundo, y antes que tu hermano vago, Segismundo, el pálido Hamlet te ofrece una flor!Ruega generoso, piadoso, orgulloso; ruega casto, puro, celeste, animoso; por nos intercede, suplica por nos, pues casi ya estamos sin savia, sin brote, sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.De tantas tristezas, de dolores tantos de los superhombres de Nietzsche, de cantos áfonos, recetas que firma un doctor, de las epidemias, de horribles blasfemias de las Academias, ¡líbranos, Señor!De rudos malsines, falsos paladines, y espíritus finos y blandos y ruines, del hampa que sacia su canallocracia con burlar la gloria, la vida, el honor, del puñal con gracia, ¡líbranos, Señor!Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos, con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Ora por nosotros, señor de los tristes que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión! ¡que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón!
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Letanía de nuestro señor don quijote
Rey de los hidalgos, señor de los tristes, que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión; que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón.Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Caballero errante de los caballeros, varón de varones, príncipe de fieros, par entre los pares, maestro, salud! ¡Salud, porque juzgo que hoy muy poca tienes, entre los aplausos o entre los desdenes, y entre las coronas y los parabienes y las tonterías de la multitud!¡Tú, para quien pocas fueron las victorias antiguas y para quien clásicas glorias serían apenas de ley y razón, soportas elogios, memorias, discursos, resistes certámenes, tarjetas, concursos, y, teniendo a Orfeo, tienes a orfeón!Escucha, divino Rolando del sueño, a un enamorado de tu Clavileño, y cuyo Pegaso relincha hacia ti; escucha los versos de estas letanías, hechas con las cosas de todos los días y con otras que en lo misterioso vi.¡Ruega por nosotros, hambrientos de vida, con el alma a tientas, con la fe perdida, llenos de congojas y faltos de sol, por advenedizas almas de manga ancha, que ridiculizan el ser de la Mancha, el ser generoso y el ser español!¡Ruega por nosotros, que necesitamos las mágicas rosas, los sublimes ramos de laurel Pro nobis ora, gran señor. ¡Tiembla la floresta de laurel del mundo, y antes que tu hermano vago, Segismundo, el pálido Hamlet te ofrece una flor!Ruega generoso, piadoso, orgulloso; ruega casto, puro, celeste, animoso; por nos intercede, suplica por nos, pues casi ya estamos sin savia, sin brote, sin alma, sin vida, sin luz, sin Quijote, sin piel y sin alas, sin Sancho y sin Dios.De tantas tristezas, de dolores tantos de los superhombres de Nietzsche, de cantos áfonos, recetas que firma un doctor, de las epidemias, de horribles blasfemias de las Academias, ¡líbranos, Señor!De rudos malsines, falsos paladines, y espíritus finos y blandos y ruines, del hampa que sacia su canallocracia con burlar la gloria, la vida, el honor, del puñal con gracia, ¡líbranos, Señor!Noble peregrino de los peregrinos, que santificaste todos los caminos, con el paso augusto de tu heroicidad, contra las certezas, contra las conciencias y contra las leyes y contra las ciencias, contra la mentira, contra la verdad...¡Ora por nosotros, señor de los tristes que de fuerza alientas y de ensueños vistes, coronado de áureo yelmo de ilusión! ¡que nadie ha podido vencer todavía, por la adarga al brazo, toda fantasía, y la lanza en ristre, toda corazón!
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Viene Viene los dias no se van volando se arrastran Y yo lo anticipo los degrado, los lamento porque vienen? Tan lentos y sigilosos? Como serpiente Te muerden te envenenan tus pobres venas marchitadas por dias sin sanidad sin piedad vagos y explosivos Dias cautalosos dias hambrientos, me piden tiempo? sere yo para darlo? No se no sabes talvez no hay porque? dias cautalosos dias hambrientos Me piden tanto.
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Jan 20, 2015
Jan 20, 2015 at 11:42 PM UTC
Dias
Un cuerpo, un cuerpo solo, sólo un cuerpo, un cuerpo como día derramado y noche devorada; la luz de unos cabellos que no apaciguan nunca la sombra de mi tacto; una garganta, un vientre que amanece como el mar que se enciende cuando toca la frente de la aurora; unos tobillos, puentes del verano; unos muslos nocturnos que se hunden en la música verde de la tarde; un pecho que se alza y arrasa las espumas; un cuello, sólo un cuello, unas manos tan sólo, unas palabras lentas que descienden como arena caída en otra arena… Esto que se me escapa, agua y delicia obscura, mar naciendo o muriendo; estos labios y dientes, estos ojos hambrientos, me desnudan de mí y su furiosa gracia me levanta hasta los quietos cielos donde vibra el instante: la cima de los besos, la plenitud del mundo y de sus formas.
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Iv
Cerrado el horizonte hasta mi puerta y ni menta ni cardo en el camino. Yo me decía a solas: ¡el destino! callé mis truenos y tendime a muerta. En el silencio al fin hubo una incierta, mínima melodía, casi un trino de agua o de flauta, en el vespertino palor como de tierna aurora alerta. Y llegó, ah, llegó lo inesperado y lo irreal. El ensueño no soñado, la libertad de alondras y laureles. En el umbral de paz reconquistada, oteo, sin terror en la mirada hambrientos tigres, jerifaltes crueles.
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Reconquista
De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba. Sin duda todo está muy bien y todo está muy mal, sin duda. Van y vienen los pasajeros, crecen los niños y las calles, por fin compramos la guitarra que lloraba sola en la tienda. Todo está bien, todo está mal. Las copas se llenan y vuelven naturalmente a estar vacías y a veces en la madrugada, se mueren misteriosamente. Las copas y los que bebieron. Hemos crecido tanto que ahora no saludamos al vecino y tantas mujeres nos aman que no sabemos cómo hacerlo. Qué ropas hermosas llevamos! Y qué importantes opiniones! Conocí a un hombre amarillo que se creía anaranjado y a un ***** vestido de rubio. Se ven y se ven tantas cosas. Vi festejados los ladrones por caballeros impecables y esto se pasaba en inglés. Y vi a los honrados, hambrientos, buscando pan en la basura. Yo sé que no me cree nadie. Pero lo he visto con mis ojos. Hay que darse un baño de tumba y desde la tierra cerrada mirar hacia arriba el orgullo. Entonces se aprende a medir. Se aprende a hablar, se aprende a ser. Tal vez no seremos tan locos, tal vez no seremos tan cuerdos. Aprenderemos a morir. A ser barro, a no tener ojos. A ser apellido olvidado. Hay unos poetas tan grandes que no caben en una puerta y unos negociantes veloces que no recuerdan la pobreza. Hay mujeres que no entrarán por el ojo de una cebolla y hay tantas cosas, tantas cosas, y así son, y así no serán. Si quieren no me crean nada. Sólo quise enseñarles algo. Yo soy profesor de la vida, vago estudiante de la muerte y si lo que sé no les sirve no he dicho nada, sino todo.
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No tan alto
De cuando en cuando y a lo lejos hay que darse un baño de tumba. Sin duda todo está muy bien y todo está muy mal, sin duda. Van y vienen los pasajeros, crecen los niños y las calles, por fin compramos la guitarra que lloraba sola en la tienda. Todo está bien, todo está mal. Las copas se llenan y vuelven naturalmente a estar vacías y a veces en la madrugada, se mueren misteriosamente. Las copas y los que bebieron. Hemos crecido tanto que ahora no saludamos al vecino y tantas mujeres nos aman que no sabemos cómo hacerlo. Qué ropas hermosas llevamos! Y qué importantes opiniones! Conocí a un hombre amarillo que se creía anaranjado y a un ***** vestido de rubio. Se ven y se ven tantas cosas. Vi festejados los ladrones por caballeros impecables y esto se pasaba en inglés. Y vi a los honrados, hambrientos, buscando pan en la basura. Yo sé que no me cree nadie. Pero lo he visto con mis ojos. Hay que darse un baño de tumba y desde la tierra cerrada mirar hacia arriba el orgullo. Entonces se aprende a medir. Se aprende a hablar, se aprende a ser. Tal vez no seremos tan locos, tal vez no seremos tan cuerdos. Aprenderemos a morir. A ser barro, a no tener ojos. A ser apellido olvidado. Hay unos poetas tan grandes que no caben en una puerta y unos negociantes veloces que no recuerdan la pobreza. Hay mujeres que no entrarán por el ojo de una cebolla y hay tantas cosas, tantas cosas, y así son, y así no serán. Si quieren no me crean nada. Sólo quise enseñarles algo. Yo soy profesor de la vida, vago estudiante de la muerte y si lo que sé no les sirve no he dicho nada, sino todo.
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Cuando tú duermas sola y olvidada En un angosto féretro, Y la cruz del Señor sobre tu fosa Vele tu último sueño; Cuando a caer empiecen tus mejillas Y gusanos hambrientos Hiervan entre las cuencas de tus ojos, Que tan hermosos fueron; Será el reposo para ti martirio; Será martirio nuevo, E irá tenaz remordimiento horrible A morderte el cerebro. Y aunque la santa cruz tu sueño ampare, Ese remordimiento Irá a tu fosa, donde duermes sola, A remover tus huesos. Seré el Remordimiento. Iré a buscarte De noche, en el silencio; Como una hiena que del día huye Iré a turbar tu sueño; Y con las uñas cavaré la tierra, Y por la ira ciego La cruz que marque tu postrer morada Arrancaré del suelo. ¡Cómo en tu corazón el odio antiguo He de saciar colérico!... ¡Y con qué gozo clavaré las uñas En tu cárdeno seno! A tus lívidas carnes he de unirme, Y me uniré a tus huesos, Como sombrío espectro de venganza, O aborto del infierno. Y a tus oídos, que en lejanos días Mis quejas desoyeron, Diré palabras que, cual hierro ardiente, Quemarán tu cerebro. Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes En mí cruel veneno?» Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas De tus blondos cabellos? ¿No recuerdas la rubia cabellera Que fue cual manto espléndido, Y tus pupilas negras y profundas Con fulgores de incendio? ¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle, Las formas de tu cuerpo? ¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras, Y tu rostro cuan bello? ¡Y yo te amaba! Y a tus pies me viste Y cerraste tu pecho... ¡Y por una mirada de tus ojos Feliz hubiera muerto!» ¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa Levantaré tu cuerpo, Y en la picota lo pondré desnudo Como infamado reo. Mis versos son picota en que a la burla De los hombres te entrego, Picota en que te entrego a la amargura De indecibles tormentos. Morirás otra vez. Te daré muerte Con un martirio lento, Y tu vergüenza -la venganza mía- ¡Pondré en tu frente como estigma eterno!
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El canto del odio
Cuando tú duermas sola y olvidada En un angosto féretro, Y la cruz del Señor sobre tu fosa Vele tu último sueño; Cuando a caer empiecen tus mejillas Y gusanos hambrientos Hiervan entre las cuencas de tus ojos, Que tan hermosos fueron; Será el reposo para ti martirio; Será martirio nuevo, E irá tenaz remordimiento horrible A morderte el cerebro. Y aunque la santa cruz tu sueño ampare, Ese remordimiento Irá a tu fosa, donde duermes sola, A remover tus huesos. Seré el Remordimiento. Iré a buscarte De noche, en el silencio; Como una hiena que del día huye Iré a turbar tu sueño; Y con las uñas cavaré la tierra, Y por la ira ciego La cruz que marque tu postrer morada Arrancaré del suelo. ¡Cómo en tu corazón el odio antiguo He de saciar colérico!... ¡Y con qué gozo clavaré las uñas En tu cárdeno seno! A tus lívidas carnes he de unirme, Y me uniré a tus huesos, Como sombrío espectro de venganza, O aborto del infierno. Y a tus oídos, que en lejanos días Mis quejas desoyeron, Diré palabras que, cual hierro ardiente, Quemarán tu cerebro. Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes En mí cruel veneno?» Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas De tus blondos cabellos? ¿No recuerdas la rubia cabellera Que fue cual manto espléndido, Y tus pupilas negras y profundas Con fulgores de incendio? ¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle, Las formas de tu cuerpo? ¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras, Y tu rostro cuan bello? ¡Y yo te amaba! Y a tus pies me viste Y cerraste tu pecho... ¡Y por una mirada de tus ojos Feliz hubiera muerto!» ¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa Levantaré tu cuerpo, Y en la picota lo pondré desnudo Como infamado reo. Mis versos son picota en que a la burla De los hombres te entrego, Picota en que te entrego a la amargura De indecibles tormentos. Morirás otra vez. Te daré muerte Con un martirio lento, Y tu vergüenza -la venganza mía- ¡Pondré en tu frente como estigma eterno!
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Me pidió que le abrace, me dijo que ya no quería más guerra. Me dijo que estaba desintegrado, desmoronado, desmigado, desecho, triturado, destruido, que se le habia desintegrado el alma. Que su alma estaba en pena, que penando se pasaba de barra en barra, barriendo toda la tristeza que le alberga, entre tragos que no le embriagan, y que solo empinan sus dolencias. Me pidió que lo que lo abrace, que no me desprendiera, que no le soltara, que no le abandonara, que no le hiriera de tal manera, que ya la soledad estaba haciendo patria sobre su vida vacía y seca. Me pidió que lo abrazara. Me pidió una mariposa de esas que hacen alegrar la pansa. Me pidió un beso como pide el fusilado un último deseo. Le dije que respirara. Me tire con él a la grama. Le pedí que me mirara. Le asegure de que la guerra había cesado. Le bese en la frente paulatinamente, mientras, le contaba la triunfante historia de la mariposa que se transforma de oruga en realeza. Lo abrace hasta que vi el espíritu de tristeza brotar de su cuerpo. Lo abrace hasta que el niño asustado tomara confianza. Lo abrace como si estuviese desahuciado. Lo abrace hasta que sentí las cadenas que lo ataban..romperse en mil pedazos. Lo abrace hasta que se sintió hombre de nuevo. Luego hicimos el amor, como lo hicieron Adan y Eva cuando descubrieron sus hambrientos y desnudos cuerpos en su nirvana. LeydisProse 6/6/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 7, 2017
Jun 7, 2017 at 9:45 AM UTC
ABRAZAME
Decían: «Ojú, qué frío»; no «Qué espantoso, tremendo, injusto, inhumano frío». Resignadamente: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... En dónde habrían dejado sus jacas; en dónde habrían dejado su sol, su vino, sus olivos, sus salinas. En dónde habrían dejado su odio... Parecían hechos de indiferencia, pobreza, latigazo .. «Ojú, qué frío». Tiritaban bajo ropas delgadas, telas tejidas para cantar y morir siempre al sol. Y las llevaban para callar y vivir al frío de Ocaña y Burgos, al viento helado del mar del Dueso Los andaluces Estos que están esperando, desde Huelva hasta Jaén desde Jaén a Almería, junto a las plazas de cal y noche, deben de ser hijos de aquéllos Esperan que alguno venga a encerrarlos entre rejas. Como aquéllos, no preguntarán por qué. No se quejarán de nada Ni uno se rebelará. «Las cosas son como son, como siempre han sido, como han de ser mañana. Ojú, qué frío.» Los andaluces. Apenas dejaban sombra, sonido, cuando pasaban. Se borraban sus cabezas. Tan sólo un inmenso frío daba fe de ellos. Y aquella dejadez que rodeaba su fragilidad. Más solos que ninguno. Más hambrientos que ninguno. (Deseaba que odiasen, porque los vivos odian. Los vivos perdonan. El hombre es fuego y es lluvia. Lo hace el odio y el perdón.) Indiferentes: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... Un grano de trigo. Una oliva verde. (Guardad el aliento de la tierra, el parpadeo del sol para ayer, para mañana, para rescataros...) Quiero que despierten del pasado de frío, de los cerrojos del futuro. Todo está tan confuso. Yo no sé si los veo, los recuerdo, los anticipo...                   Hace pocos kilómetros tuve aquí, en mi mano, la madeja de los días. La emoción de los días. Como un padre que olvidó hace tiempo el rostro de los hijos muertos. Y ahora los recuerda. Y ahora vuelve a olvidarlos, unos pocos kilómetros más allá. Olvidados para siempre. Cuántos años hace de esto. O cuántos faltan para esto que hace un momento viví por los caminos... -ojú, qué frío- de Andalucía.
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Los andaluces
Decían: «Ojú, qué frío»; no «Qué espantoso, tremendo, injusto, inhumano frío». Resignadamente: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... En dónde habrían dejado sus jacas; en dónde habrían dejado su sol, su vino, sus olivos, sus salinas. En dónde habrían dejado su odio... Parecían hechos de indiferencia, pobreza, latigazo .. «Ojú, qué frío». Tiritaban bajo ropas delgadas, telas tejidas para cantar y morir siempre al sol. Y las llevaban para callar y vivir al frío de Ocaña y Burgos, al viento helado del mar del Dueso Los andaluces Estos que están esperando, desde Huelva hasta Jaén desde Jaén a Almería, junto a las plazas de cal y noche, deben de ser hijos de aquéllos Esperan que alguno venga a encerrarlos entre rejas. Como aquéllos, no preguntarán por qué. No se quejarán de nada Ni uno se rebelará. «Las cosas son como son, como siempre han sido, como han de ser mañana. Ojú, qué frío.» Los andaluces. Apenas dejaban sombra, sonido, cuando pasaban. Se borraban sus cabezas. Tan sólo un inmenso frío daba fe de ellos. Y aquella dejadez que rodeaba su fragilidad. Más solos que ninguno. Más hambrientos que ninguno. (Deseaba que odiasen, porque los vivos odian. Los vivos perdonan. El hombre es fuego y es lluvia. Lo hace el odio y el perdón.) Indiferentes: «Ojú, qué frío...» Los andaluces... Un grano de trigo. Una oliva verde. (Guardad el aliento de la tierra, el parpadeo del sol para ayer, para mañana, para rescataros...) Quiero que despierten del pasado de frío, de los cerrojos del futuro. Todo está tan confuso. Yo no sé si los veo, los recuerdo, los anticipo...                   Hace pocos kilómetros tuve aquí, en mi mano, la madeja de los días. La emoción de los días. Como un padre que olvidó hace tiempo el rostro de los hijos muertos. Y ahora los recuerda. Y ahora vuelve a olvidarlos, unos pocos kilómetros más allá. Olvidados para siempre. Cuántos años hace de esto. O cuántos faltan para esto que hace un momento viví por los caminos... -ojú, qué frío- de Andalucía.
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Todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final sin embargo hay que vivir como si fuéramos inmortales sabemos que los caballos y los perros tienen las patas sobre la tierra pero no es descartable que en una nochebuena se lancen a volar sabemos que en una esquina no rosada aguarda el ultimátum de la envidia pero en definitiva será el tiempo el que diga dónde es dónde y quién es quién sabemos que tras cada victoria el enemigo regresa buscando más triunfos y que volveremos a ser inexorablemente derrotados vale decir que venceremos sabemos que el odio viene lleno de imposturas pero que las va a perder antes del diluvio o después del carnaval sabemos que el hambre está desnuda desde hace siglos pero también que los saciados responderán por los hambrientos sabemos que la melancolía es un resplandor y sólo eso pero a los melancólicos nadie les quita lo bailado sabemos que los bondadosos instalan cerrojos de seguridad pero la bondad suele escaparse por los tejados sabemos que los decididores deciden como locos o miserables y que mañana o pasado alguien decidirá que no decidan sintetizando / todos sabemos que nada ni nadie habrá de ahorrarnos el final pero así y todo hay que vivir como si fuéramos inmortales
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Como si fuéramos inmortales
Para cubrir los peces del fondo, que agonizan de frío, mis piadosas ondas se cristalizan, y yo, la inquietuela, cuyo perenne móvil es variar, enmudezco, me aduermo, quedo inmóvil. ¡Ah! Tú no sabes como padezco nostalgia de sol bajo esa sábana siempre fría. Tú no sabes la angustia de la ola que inmola Sus ritmos ondulantes de mujer -su sonrisa- al frío, y que se vuelve -mujer de Loth- banquisa: ser banquisa es ser como la estatua de la ola. Tú ignoras esa angustia: mas yo no me rebelo, y ansiosa de que todo en mi Dios sea loado, desprendo radiaciones al bloque de mi hielo, y en vez de azul oleaje soy témpano azulado. Mis crestas en la noche del polo con fanales, reflejo el rosa de las auroras boreales, la luz convaleciente del sol, y con deleites de Seraphita, yergo mi cristalina roca por donde trepan lentas las morsas y la foca, seguidas de lapones hambrientos de su aceite... ¿Ya ves como se acata la voluntad del cielo? Y yo recé: -¡Loemos a Dios, hermano hielo!
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El hielo
Una sonrisa en un pasillo, una lágrima en un verso, los gritos tras mi libro amarillo. Tengo miedo de tus ojos son girasoles hambrientos, despiertos, gigantescos. Me despierta tú indiferencia y me duermo entre tus senos. Aunque no soy tartamudo, tú eres muy linda. Y aunque me preocupas, e intrigas, quiero ahogarme entre tu carne desnuda, sin capas abierta. Despierta.
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Nov 20, 2017
Nov 20, 2017 at 9:05 PM UTC
Intriga // 138
Ah, sí, ya abrí mi casa para todo el que llega, para todo el que pasa. Sobran salud y pan, y, sin embargo, hay algo en esta miel con sabor amargo. Y desdeño mis bienes, estos bienes ganados con sangre y con lamentos, y envidio el hombre sucio que despide los trenes viendo crecer sus hijos alegremente hambrientos.
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Untitled
A los Fuertes admiro, que en las frentes besados                                 Por boca sobrehumana, Soñaron horizontes bellos y dilatados                                 En cumbre soberana; Que el resplandor del genio radiar fulgente vieron                                 En sus noches sombrías; Que supieron de lágrimas, pero también oyeron                                 Todas las armonías; Que en las almas nacidas para el dolor y el llanto                                 Dejaron sacras huellas, Y cayeron vencidos, entre un sueño y un canto,                                 Circundados de estrellas. A los Rebeldes amo, por el dolor mordidos,                                 más que piedad no imploran, y que con fuerte lazo de amor están unidos                                 a todos los que lloran. Amo a aquellos malditos que redimió el Calvario,                                 y en senda de dolores su lábaro llevaron, radiante y solitario,                                 Del pueblo redentores; Y dijeron el himno del porvenir del mundo                                 en glorioso delirio, y marcharon serenos al calabozo inmundo,                                 y firmes al martirio. Pero mi llanto es todo para aquellos vencidos                                 Por la social sevicia, Los Grandes de las Sombras, hambrientos y oprimidos,                                por la ciega Injusticia; Que encorvados pasaron bajo rudas fatigas,                                 Pero que nunca odiaron; que vieron para otros florecer las espigas,                                 y que nunca robaron; Que del dolor esclavos, en su vivir errante,                                 Hiel y llanto apuraron; que sintieron el látigo cruzarles el semblante,                                 pero que no mataron; Que fueron por la vida sin consuelo, y de rudos                                 trabajos siempre en pos, sin sol, sin pan, sin aire, famélicos, desnudos...                                 y creyeron en Dios; Que un jergón en sus noches para dormir tuvieron                                 infecto y miserando, y en el rincón oscuro de un hospital murieron...                                 ¡Y murieron amando!
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Los grandes
A los Fuertes admiro, que en las frentes besados                                 Por boca sobrehumana, Soñaron horizontes bellos y dilatados                                 En cumbre soberana; Que el resplandor del genio radiar fulgente vieron                                 En sus noches sombrías; Que supieron de lágrimas, pero también oyeron                                 Todas las armonías; Que en las almas nacidas para el dolor y el llanto                                 Dejaron sacras huellas, Y cayeron vencidos, entre un sueño y un canto,                                 Circundados de estrellas. A los Rebeldes amo, por el dolor mordidos,                                 más que piedad no imploran, y que con fuerte lazo de amor están unidos                                 a todos los que lloran. Amo a aquellos malditos que redimió el Calvario,                                 y en senda de dolores su lábaro llevaron, radiante y solitario,                                 Del pueblo redentores; Y dijeron el himno del porvenir del mundo                                 en glorioso delirio, y marcharon serenos al calabozo inmundo,                                 y firmes al martirio. Pero mi llanto es todo para aquellos vencidos                                 Por la social sevicia, Los Grandes de las Sombras, hambrientos y oprimidos,                                por la ciega Injusticia; Que encorvados pasaron bajo rudas fatigas,                                 Pero que nunca odiaron; que vieron para otros florecer las espigas,                                 y que nunca robaron; Que del dolor esclavos, en su vivir errante,                                 Hiel y llanto apuraron; que sintieron el látigo cruzarles el semblante,                                 pero que no mataron; Que fueron por la vida sin consuelo, y de rudos                                 trabajos siempre en pos, sin sol, sin pan, sin aire, famélicos, desnudos...                                 y creyeron en Dios; Que un jergón en sus noches para dormir tuvieron                                 infecto y miserando, y en el rincón oscuro de un hospital murieron...                                 ¡Y murieron amando!
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