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"gustar" poems
Aquí los antiguos recibían al fuego Aquí el fuego creaba el mundo Al mediodía las piedras se abren como frutos El agua abre los párpados La luz resbala por la piel del día Gota inmensa donde el tiempo se refleja y se sacia A la española el día entra pisando fuerte Un rumor de hojas y pájaros avanza Un presentimiento de mar o mujeres El día zumba en mi frente como una idea fija En la frente del mundo zumba tenaz el día La luz corre por todas partes Canta por las terrazas Hace bailar las casas Bajo las manos frescas de la yedra ligera El muro se despierta y levanta sus torres Y las piedras dejan caer sus vestiduras Y el agua se desnuda y salta de su lecho Más desnuda que el agua Y la luz se desnuda y se mira en el agua Más desnuda que un astro Y el pan se abre y el vino se derrama Y el día se derrama sobre el agua tendida Ver oír tocar oler gustar pensar Labios o tierra o viento entre veleros Sabor del día que se desliza como música Rumor de luz que lleva de la mano a una muchacha Y la deja desnuda en el centro del día Nadie sabe su nombre ni a qué vino Como un poco de agua se tiende a mi costado El sol se para un instante por mirarla La luz se pierde entre sus piernas La rodean mis miradas como agua Y ella se baña en ellas más desnuda que el agua Como la luz no tiene nombre propio Como la luz cambia de forma con el día
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Cerro de la estrella
Hoy estoy en otro lugar, pero ayer quise estar aquí, partí hacia un lugar y llegue antes de tiempo, él tiempo de partir me llego antes que decidiera a donde quería ir, no hubo escape, sólo quería agarrar lo que pensé que sería lo más importante para un viaje a ningún lugar, tú. No estabas al alcance de mi mano y mucho menos de mi corazón, decidí que tendría que partir sin ti, Pero sin ti el viaje no tiene sentido, pues eres el motivo de todo viaje que no realicé, no iré y me quedaré aquí que es donde realmente no quiero estar. Ayer leí lo que hoy escribo, hoy tomo mi café con aroma de ayer y hoy desconozco lo que aprendí. Todo pasara sin importar en el tiempo que suceda. Creer, morir, caer y llorar. Dormir, volar y soñar. Ir, llegar y partir. Ser, estar y existir. Crear, romper y armar. Gustar, querer y amar. Reír, mirar y besar. No importa el verbo, aprende a conjugarlos y a aplicarlos en el párrafo que te toca escribir (o editar) en el libro de título: “vida”.
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Sep 29, 2011
Sep 29, 2011 at 12:26 AM UTC
Verbo.
Hueles a playa, a lo familiar. Hueles a casa, pero hueles a ti. Hueles a que me gustas, a que me quiero acercar. Dos mundos en tu rostro, cada uno con una historia Y cada una me habla de ti. Llenas la habitación con belleza, y al viento le das una infusión de deseo. Vivir tu sonrisa cuando me miras es ganar. Quedar sin otra alternativa mas que sonreír sin saber que me pasa es perder. Pierdo lo mundano, me vuelve a gustar la vida. No eres lo que busco, fuiste lo que ya encontré. Hueles a estar bien, a estar completo. Hueles cuando estás, y hoy no hueles. Hoy los mundos en tu rostro no me cuentan nada, Pues no están aquí. El viento sólo es aire, sin perfume ni emoción. Y esta habitación muere insípida, sola, gris. Hasta que vuelva a mirarte mañana. Y huelas a playa, a lo familiar, a ti. Hasta que vuelva a mirarte de lejos, Y viva en mi la esperanza de conquistarte con mis versos.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:06 PM UTC
Hueles a ti
Niño, vamos a cantar una bonita canción; yo te voy a preguntar, tu me vas a responder: Los ojos, ¿para qué son? -Los ojos son para ver. -¿Y el tacto? -Para tocar. -¿Y el oído? -Para oír. -¿y el gusto? -Para gustar. -¿Y el olfato? -Para oler. -¿El alma? -Para sentir, para querer y pensar.
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Cantos escolares
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más ***** que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colemena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa? Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco... De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
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Contra jaime gil de biedma
De qué sirve, quisiera yo saber, cambiar de piso, dejar atrás un sótano más ***** que mi reputación -y ya es decir-, poner visillos blancos y tomar criada, renunciar a la vida de bohemio, si vienes luego tú, pelmazo, embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes, zángano de colemena, inútil, cacaseno, con tus manos lavadas, a comer en mi plato y a ensuciar la casa? Te acompañan las barras de los bares últimos de la noche, los chulos, las floristas, las calles muertas de la madrugada y los ascensores de luz amarilla cuando llegas, borracho, y te paras a verte en el espejo la cara destruida, con ojos todavía violentos que no quieres cerrar. Y si te increpo, te ríes, me recuerdas el pasado y dices que envejezco. Podría recordarte que ya no tienes gracia. Que tu estilo casual y que tu desenfado resultan truculentos cuando se tienen más de treinta años, y que tu encantadora sonrisa de muchacho soñoliento -seguro de gustar- es un resto penoso, un intento patético. Mientras que tú me miras con tus ojos de verdadero huérfano, y me lloras y me prometes ya no hacerlo. Si no fueses tan puta! Y si yo supiese, hace ya tiempo, que tú eres fuerte cuando yo soy débil y que eres débil cuando me enfurezco... De tus regresos guardo una impresión confusa de pánico, de pena y descontento, y la desesperanza y la impaciencia y el resentimiento de volver a sufrir, otra vez más, la humillación imperdonable de la excesiva intimidad. A duras penas te llevaré a la cama, como quien va al infierno para dormir contigo. Muriendo a cada paso de impotencia, tropezando con muebles a tientas, cruzaremos el piso torpemente abrazados, vacilando de alcohol y de sollozos reprimidos. Oh innoble servidumbre de amar seres humanos, y la más innoble que es amarse a sí mismo!
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Dios del venir, te siento entre mis manos, aquí estás enredado conmigo, en lucha hermosa de amor, lo mismo que un fuego con su aire. No eres mi redentor, ni eres mi ejemplo, ni mi padre, ni mi hijo, ni mi hermano; eres igual y uno, eres distinto y todo; eres dios de lo hermoso conseguido, conciencia mía de lo hermoso. Yo nada tengo que purgar. Toda mi impedimenta no es sino fundación para este hoy en que, al fin, te deseo; porque estás ya a mi lado en mi eléctrica zona, como está en el amor el amor lleno. Tú, esencia, eres conciencia; mi conciencia y la de otros, la de todos con la forma suma de conciencia; que la esencia es lo sumo, es la forma suprema conseguible, y tu esencia está en mí, como mi forma. Todos mis moldes, llenos estuvieron de ti; pero tú, ahora, no tienes molde, estás sin molde; eres la gracia que no admite sostén, que no admite corona, que corona y sostiene siendo ingrave. Eres la gracia libre, la gloria del gustar, la eterna simpatía, el gozo del temblor, la luminaria del clariver, el fondo del amor, el horizonte que no quita nada; la transparencia, dios la transparencia, el uno al fin, dios ahora sólito en el uno mío, en el mundo que yo por ti y para ti he creado.
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La trasparencia dios la trasparencia
De los bosques los acres olores difundidos, cazadora, han inflado tu nariz anhelante, y partes, en tu virgen energía pujante, tendiendo los cabellos hacia atrás esparcidos. De los leopardos haces con los sordos rugidos temblar hasta la noche la Ortigia resonante, entre la orgía saltas, orgía repugnante de perros destrozados, en la yerba tendidos. Y mucho más te place que en el bosque te hiera dura espina, o que diente se clave, o garra fiera, en tus brazos gloriosos por el hierro vengados; Pues la cruel dulzura quieres gustar, oh Diosa, le mezclar, en tus juegos, la púrpura radiosa Con sangre horrible y negra de monstruos degollados.
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Artemis
Una el hombre, El aliento, Tenien hijos, Gustar el oro agua,
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Apr 9, 2015
Apr 9, 2015 at 7:28 PM UTC
El pez espada
Del llanto al beso, en dulce desvarío, Hay apenas un leve calofrío. ¡Cállate! ¿Y qué es un beso? Un juramento Hecho muy cerca, en mudo arrobamiento. Es promesa sin voz, punto rosado De la i de pasión; secreto amado Que hace del labio seductor oído. Es un fugaz instante De infinito y de cielo, con rüido De abeja susurrante. Es comunión de amor que sabe a rosa, Manera de aspirar en dulce calma Del corazón la esencia misteriosa, Y de gustar, sobre la boca, el alma.
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El beso
La edad del Cristo azul se me acongoja porque Mahoma me sigue tiñendo verde el espíritu y la carne roja, y los talla, el beduino y a la hurí, como una esmeralda en un rubí. Yo querría gustar del caldo de habas, mas en la infinidad de mi deseo se suspenden las sílfides que veo como en la conservera las guayabas. La piedra pómez fuera mi amuleto, pero mi humilde sino se contrista porque mi boca se instala en secreto en la feminidad del esqueleto con un crepúsculo de diamantista. Afluye la parábola y flamea y gasto mis talentos en la lucha de la Arabia Feliz con Galilea. Me asfixia, en una dualidad funesta, Ligia, la mártir de pestaña enhiesta, y de Zoraida la grupa bisiesta. Plenitud de cerebro y corazón; oro en los dedos y en las sienes rosas; y el Profeta de cabras se perfila más fuerte que los dioses y las diosas. ¡Oh, plenitud cordial y reflexiva: regateas con Cristo las mercedes de fruto y flor, y ni siquiera puedes tu cadáver colgar en la impoluta atmósfera imantada de una gruta!
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Treinta y tres