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"febril" poems
mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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Dec 15, 2014
Dec 15, 2014 at 2:43 AM UTC
PERORATA DE LOSER
mediante la obscuridad , escondes el deseo , tu imagen de fria e inalcanzable , contrasta con la humedad  perceptible entre tus piernas . bajo el relieve , el pliegue erogeno , en tu ropa intima , tu piel erizada bajo mis dedos tibios y decididos .   la reaccion  aterida de tu piel erizandose , al mirar el fuego en mis ojos . el vaticinio del desden post coitum , la humedad en mi pelvis , tu aroma en torno al tornillo que sostiene mi vida , la humedad en mi pelvis , rastro de tu cabalgata en mi regazo agradecido . lo lascivo de tus ojos  sosteniendo mi mirada , recorrer con mis dedos , las inperfeciones de tu piel lo imposible de tu belleza , la certeza de tu deseo , la febril mirada el eco en mi cabeza , que repite una cantinela , la perorata del perdedor buscando certeza , el garre firme de tus manos , sosteniendo las mias el eco en mi cabeza que repite ,  LUCKY ******* , COMO UN MANTRA DE FUERZA . repitiendo ecos de torzion , lazos de deseo entre vistazos de tus ojos bellos , ecos del perdedor , para tener un recuerdo de ese momento de esa fantasia . tu ferocidad  contrasta con lo frio de tu piel , y la frialdad con que diriges tus ojos como laser . mediante la obscuridad que despliegas para esconder el deseo postumo . ahogados los clamores de tu ****** ,  vuelves al juego , donde la indiferencia y la frialdad son tu  moneda de cambio . solo que en tus ojos , llevas aun rastros del fuego que sacas de mi alma de mis entrañas de mis genitales , asi te llevas lo mejor de mi , mi semilla mi sudor y mi alma , entre tus piernas y en tus uñas un poco de mi piel , y en tu mente mi recuerdo , el eco funesto de haber amado y seguir amando a un loser ,
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Gira la negra, gira la luna, gira la negra luna, sobre sí propia, gira la negra luna de ebonita, gira la negra luna de ebonita -sobre sí propia- y canta: -¡Bah! ¡Canciones! Y músicas abstractas...! Y, lo que canta, es la Música Viva! Oye el Viaje de Invierno, de Franz Schubert, y el Rey de los Alisos, y El Doble y Ganímedes y Ante el mar, y de Schumann, Amores de un poeta, y de Dupare, Invitación al viaje y La vida anterior..., y de Chopín, Preludios y Nocturnos: tú, soñador romántico; tú, doliente elegíaco. Oye la voz serena, la voz profunda oye de Bach -añosa encina, inmensurable selva, órgano él mismo y templo de la harmonía-: tú, sereno y profundo. Y de Mozart el diáfano y sortílego, y de Haydn y Franck, la cortesana y la mística voz, inconfundibles, tú, gustador de lo pulcro y etéreo. Los Cánticos y Danzas de la Muerte, y Sin sol, de Musorgski, tú, angustiado, febril, hiperestésico; y Borís Godunov, Borís Godunov, oye, (bárbara gesta, miedo, sangre, lujuria y fausto) tú, Sátrapa en los sueños... Y, catador sutil de quintaesencias, gusta la mediatinta debussyana, pesquisidora de inusados timbres y lontanos acordes, 1 en un dorado ambiente de calígine. Y, borracho de lumbres y colores, Óye, de Rímski, Antar y Xeherazada y el Gallo de oro -vértigo y lascivia-: mas, si de ritmos ebrio, tú, frenético danzarín, danza todas las furias de Stravínski -del sabio y del bufón mezcladas dósis-: fino humor ricos timbres, forma clara 2 (sobria, o en concertado cataclismo). Y oye, en la noche, y en Tristán e Iseo, la voz vigía de Brangane, plena de lo fatal, o el corno quejumbroso; si no los Funerales de Sigfrido; o el Tránsito al Valhalla, milagroso tumulto. Y tú, plasmado en bronce, los vastos himnos oye, óye las soberanas sinfonías con que la voz del Sordo el orbe nutre! Las acendradas síntesis: sonatas y quátuors, insólito prodigio, filtros puros: la Misa en re, misterio panteísta, denso peán a la Naturaleza! Y el trágico clangor de Coriolano...: oye la voz del Indomado Prometeo, oye la voz del Sordo, oye la voz del Sordo! Gira la negra luna, gira sobre sí propia, gira la negra luna de ebonita, gira la negra luna de ebonita -sobre sí propia- y canta: -Bah! Ficciones! Y músicas abstractas...! Y, lo que canta, es la Música Misma!
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Suite de la luna negra
Gira la negra, gira la luna, gira la negra luna, sobre sí propia, gira la negra luna de ebonita, gira la negra luna de ebonita -sobre sí propia- y canta: -¡Bah! ¡Canciones! Y músicas abstractas...! Y, lo que canta, es la Música Viva! Oye el Viaje de Invierno, de Franz Schubert, y el Rey de los Alisos, y El Doble y Ganímedes y Ante el mar, y de Schumann, Amores de un poeta, y de Dupare, Invitación al viaje y La vida anterior..., y de Chopín, Preludios y Nocturnos: tú, soñador romántico; tú, doliente elegíaco. Oye la voz serena, la voz profunda oye de Bach -añosa encina, inmensurable selva, órgano él mismo y templo de la harmonía-: tú, sereno y profundo. Y de Mozart el diáfano y sortílego, y de Haydn y Franck, la cortesana y la mística voz, inconfundibles, tú, gustador de lo pulcro y etéreo. Los Cánticos y Danzas de la Muerte, y Sin sol, de Musorgski, tú, angustiado, febril, hiperestésico; y Borís Godunov, Borís Godunov, oye, (bárbara gesta, miedo, sangre, lujuria y fausto) tú, Sátrapa en los sueños... Y, catador sutil de quintaesencias, gusta la mediatinta debussyana, pesquisidora de inusados timbres y lontanos acordes, 1 en un dorado ambiente de calígine. Y, borracho de lumbres y colores, Óye, de Rímski, Antar y Xeherazada y el Gallo de oro -vértigo y lascivia-: mas, si de ritmos ebrio, tú, frenético danzarín, danza todas las furias de Stravínski -del sabio y del bufón mezcladas dósis-: fino humor ricos timbres, forma clara 2 (sobria, o en concertado cataclismo). Y oye, en la noche, y en Tristán e Iseo, la voz vigía de Brangane, plena de lo fatal, o el corno quejumbroso; si no los Funerales de Sigfrido; o el Tránsito al Valhalla, milagroso tumulto. Y tú, plasmado en bronce, los vastos himnos oye, óye las soberanas sinfonías con que la voz del Sordo el orbe nutre! Las acendradas síntesis: sonatas y quátuors, insólito prodigio, filtros puros: la Misa en re, misterio panteísta, denso peán a la Naturaleza! Y el trágico clangor de Coriolano...: oye la voz del Indomado Prometeo, oye la voz del Sordo, oye la voz del Sordo! Gira la negra luna, gira sobre sí propia, gira la negra luna de ebonita, gira la negra luna de ebonita -sobre sí propia- y canta: -Bah! Ficciones! Y músicas abstractas...! Y, lo que canta, es la Música Misma!
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A luz febril da infância rompe pelo milharal dourado. O Rei Sol adormece, para lá do âmbito, para lá do Fim dos Tempos. Não será a última vez. *** The feverish light of infancy strikes deep in thru the golden cornfields. Her sun souled feet won’t stand still - they rave the sand of endless seas. No life, no death, just the ride in between. Once upon a time the gods made us and we made them.
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Aug 25, 2015
Aug 25, 2015 at 8:44 PM UTC
DONDE SE ERGUEM OS TEMPLOS / THE PROPHECY
Amor, bésame en la boca!, préstame tus finas manos... Amor:  si mi labio toca tu labio...                                                   Amor: tus ojos arcanos                                                   ponlos en mis tristes ojos...                                                   Amor, y dame tus manos                                                   pálidas... Amor: suple a mis despojos vida, con una mirada no más, de tus grandes ojos verdes...                                                   Amor, amor, adorada:                                                   bésame, dame tus manos,                                                   y quémame en tu mirada                                                   febril!
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Rimas
Y vuelvo a encontrarme contigo, tan fría , tan blanca, tan vacía. Las palabras se cruzan, se enredan, vacilan, se arrastran. De un lado a otro en agonía febril, gruñendo y gimiendo, gritando en silencio. Ocultas bajo la mirada de nadie, bajo la mirada del universo.
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Jul 4, 2014
Jul 4, 2014 at 1:00 PM UTC
Hoja en blanco
I No intervalo do incessante Para lá do perceptível emaranhado numa zona incerta quando a noite é mais de trevas E um quarto bem estreito é exageradamente infindo ora ali o oniromante De outrora letargo de outro nome alcunhado que agora desperto aprende a dormir recônditos respiros rebuliços arredores vasos sanguíneos coléricas vozes vislumbra o enfermo sem remédio sem cura Um quadro preto um naufrágio II Jaz adormecido em cama de pedras com colcha de espinhos Lá dentro avenidas movimentadas sussurram verdades cheias de  agudos ângulos, retos, obtusos com vértices nas curvas semicirculares Um rompante inaudível turbilhões de incertezas de vozes cegas emergindo da fresta tenebrosa que brilha o **** cobiçado de seios de coxas de longos cabelos loiros de pele negra de pele vermelha de pele amarela peles tão alvas quanto a neve Uma avalanche de inseguranças Correntes de ferro enferrujadas que rasgam a carne com tétano e o sangue escorre num rio plácido repleto de peixes e tartarugas de ondinas e sereias onde banham as musas que cantam o canto de Morfeu como eólia lira que entorpece e inspira o oniromante que ali adormeceu III No sonho de um sonho há um sonho esquecido guardado a sete fechos no fundo inflexível de imagens arquetípicas de desejos obscuros de visões aterradoras de um jovem bem febril devagar vai adentrando nessa estranha entrelinha qual razão do desconexo desconstrói o findo dia tenazes vozes em seus ouvidos reproduzidas como brados brotam atroadas de estrondosas trovejadas Neste tempo sem um tempo há tempos transcorrido inesperados fragmentos reprimidos e esquecidos Por frações de um instante trafegando entre a memória dos dias das noites do futuro do passado e das histórias Clareiam-se como cruz como carga no caminho Cultuando a culpa a luz jaz oculta na cova deslembrada Estreitos fios a lumiar o teto escuro tomam forma entrelaçada da aurora Rompe o limiar do céu noturno E abre os olhos pra não perder a hora �
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Dec 26, 2016
Dec 26, 2016 at 5:59 AM UTC
Alucinações Hipnagógicas
I No intervalo do incessante Para lá do perceptível emaranhado numa zona incerta quando a noite é mais de trevas E um quarto bem estreito é exageradamente infindo ora ali o oniromante De outrora letargo de outro nome alcunhado que agora desperto aprende a dormir recônditos respiros rebuliços arredores vasos sanguíneos coléricas vozes vislumbra o enfermo sem remédio sem cura Um quadro preto um naufrágio II Jaz adormecido em cama de pedras com colcha de espinhos Lá dentro avenidas movimentadas sussurram verdades cheias de  agudos ângulos, retos, obtusos com vértices nas curvas semicirculares Um rompante inaudível turbilhões de incertezas de vozes cegas emergindo da fresta tenebrosa que brilha o **** cobiçado de seios de coxas de longos cabelos loiros de pele negra de pele vermelha de pele amarela peles tão alvas quanto a neve Uma avalanche de inseguranças Correntes de ferro enferrujadas que rasgam a carne com tétano e o sangue escorre num rio plácido repleto de peixes e tartarugas de ondinas e sereias onde banham as musas que cantam o canto de Morfeu como eólia lira que entorpece e inspira o oniromante que ali adormeceu III No sonho de um sonho há um sonho esquecido guardado a sete fechos no fundo inflexível de imagens arquetípicas de desejos obscuros de visões aterradoras de um jovem bem febril devagar vai adentrando nessa estranha entrelinha qual razão do desconexo desconstrói o findo dia tenazes vozes em seus ouvidos reproduzidas como brados brotam atroadas de estrondosas trovejadas Neste tempo sem um tempo há tempos transcorrido inesperados fragmentos reprimidos e esquecidos Por frações de um instante trafegando entre a memória dos dias das noites do futuro do passado e das histórias Clareiam-se como cruz como carga no caminho Cultuando a culpa a luz jaz oculta na cova deslembrada Estreitos fios a lumiar o teto escuro tomam forma entrelaçada da aurora Rompe o limiar do céu noturno E abre os olhos pra não perder a hora �
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Possuído por uma raiva febril segui para lá do abismo maldizendo todo o ser que um dia me fez sofrer. Perdi a fé no homem, perdi a fé no Deus e entreguei todos os meus sonhos nas mãos da megera e fugi para lá dos meus sonhos. Perdi a fé nas orações do homem, nas acções do homem e condenei ao fracasso cada passo desmedido e tresloucado. Odiei. Odiei cada ser que outrora conheci. Fui traído. Condenei os “amigos” que outrora possui. Desisti de procurar a razão. Desacreditei na amizade . . . Desacreditei no amor . . . E desisti! Será loucura odiar a humanidade só porque uma donzela não dançou a valsa da vida contigo?
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Jan 7, 2014
Jan 7, 2014 at 3:15 AM UTC
loucura
¡Agua, no huyas de la sed, detente! Detente, oh claro insomnio, en la llanura de este sueño sin párpados que apura el idioma febril de la corriente. No el tierno simulacro que te miente, entre rumores, viva; no, madura, ama la sed esa tensión de hondura con que saltó tu flecha de la fuente. Detén, agua, tu prisa, porque en tanto te ciegue el ojo y te estrangule el canto, dictar debieras a la muerte zonas; que por tu propia muerte concebida, sólo me das la piel endurecida ¡oh movimiento, sierpe! que abandonas.
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Presencia y fuga
Prolóngase tu doncellez como una vacua intriga de ajedrez. Torneada como una reina de cedro, ningún jaque te despeina. Mis peones tantálicos al rondarte a deshora, fracasan en sus ímpetus vandálicos. La lámpara sonroja tu balcón; despilfarras el tiempo y la emoción. Yo despilfarro, en una absurda espera, fantasía y hoguera. En la velada incompatible, frústrase el yacimiento espiritual y de nuestras arterias el caudal. Los pródigos al uso que vengan a nosotros a aprender cómo se dilapida todo el ser. Tu destino y el mío, contrapuestos, vuelcan el apogeo de la vida febril e insomne que se va, en la ida de un cofre que rebosa y se malgasta en una fecha ociosa. Las monedas excomulgadas de nuestro adulto corazón caen al vacío, con lúgubre opacidad, cual si cayera una irreparable sordera. Y frente al ínclito derroche de los tesoros que atesora el yacimiento de las almas, algo muy hondo en mí, se escandaliza y llora.
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Despilfarras el tiempo
¡Con ella, todo; sin ella, nada! Para qué viajes, cielos, paisajes, ¡Qué importan soles en la jornada! Qué más me da la ciudad loca, la mar rizada, el valle plácido, la cima helada, ¡si ya conmigo mi amor no está! Que más me da... Venecias, Romas, Vienas, Parises: bellos sin duda; pero copiados en sus celestes pupilas grises, ¡en sus divinos ojos rasgados! Venecias, Romas, Vienas, Parises, qué más me da vuestra balumba febril y vana, si de mi brazo no va mi Ana, ¡si ya conmigo mi amor no está! Qué más me da... Un rinconcito que en cualquier parte me    preste abrigo; un apartado refugio amigo donde pensar; un libro austero que me conforte; una esperanza que sea norte de mi penar, y un apacible morir sereno, mientras más pronto más dulce y bueno: ¡qué mejor cosa puedo anhelar!
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Vii. ¿qué más me da?
Cordero tranquilo, cordero que paces tu grama y ajustas tu ser a la eterna armonía: hundiendo en el lodo las plantas fugaces huí de mis campos feraces un día... Ruiseñor de la selva encantada que preludias el orto abrileño: a pesar de la fúnebre muerte, y la sombra, y la nada, yo tuve el ensueño. Sendero que vas del alcor campesino a perderte en la azul lontananza: los dioses me han hecho un regalo divino: la ardiente esperanza. Espiga que mecen los vientos, espiga que conjuntas el trigo dorado: al influjo de soplos violentos, en las noches de amor, he temblado. Montaña que el sol transfigura. Tabor al febril mediodía, silente deidad en la noche estilífera y pura: ¡nadie supo en la tierra sombría mi dolor, mi temblor, mi pavura! Y vosotros, rosal florecido, lebreles sin amo, luceros, crepúsculos, escuchadme esta cosa tremenda: ¡He Vivido! He vivido con alma, con sangre, con nervios, con músculos, y voy al olvido...
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Elegía de septiembre
A bruma carnívora e ameaçadora Enreda cousas furiosas, degrada os rios Em histerismo tortuoso dos campos sombrios No relógio que encrava a besta afora O sangue regela, crânio funéreo estoura Entoando cânticos gemedores aos navios Retumba meus cabelos em ais bravios Como cristal, febril, uma vigília fria e aterradora Vazeia o corpo anêmico morto sob rapistro Aos paradoxais lábios, bela vastidão complexa Docemente sangra e chora ferida ao medo Ó eterna! Esbravejando um fulgor sinistro Na dualidade catastrófica da quimera desconexa Falta às florestas como fruto que desvai cedo
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Aug 30, 2018
Aug 30, 2018 at 12:32 AM UTC
Lívida
Por las esquinas vagas de los sueños, Alta la madrugada, fue conmigo Tu imagen bien amada, como un día En tiempos idos, cuando Dios lo quiso. Agua ha pasado por el río abajo, Hojas verdes perdidas llevó el viento Desde que nuestras sombras vieron quedas Su afán borrarse con el sol traspuesto. Hermosa era aquella llama, breve Como todo lo hermoso: luz y ocaso. Vino la noche honda, y sus cenizas Guardaron el desvelo de los astros. Tal jugador febril ante una carta, Un alma solitaria fue la apuesta Arriesgada y perdida en nuestro encuentro; El cuerpo entre los hombres quedó en pena. ¿Quién dice que se olvida? No hay olvido. Mira a través de esta pared de hielo Ir esa sombra hacia la lejanía Sin el nimbo radiante del deseo. Todo tiene su precio. Yo he pagado El mío por aquella antigua gracia; Y así despierto, hallando tras mi sueño Un lecho solo, afuera yerta el alba.
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Tristeza del recuerdo
Boca que arrastra mi boca: boca que me has arrastrado: boca que vienes de lejos a iluminarme de rayos. Alba que das a mis noches un resplandor rojo y blanco. Boca poblada de bocas: pájaro lleno de pájaros. Canción que vuelve las alas hacia arriba y hacia abajo. Muerte reducida a besos, a sed de morir despacio, das a la grama sangrante dos fúlgidos aletazos. El labio de arriba el cielo y la tierra el otro labio. Beso que rueda en la sombra: beso que viene rodando desde el primer cementerio hasta los últimos astros. Astro que tiene tu boca enmudecido y cerrado hasta que un roce celeste hace que vibren sus párpados. Beso que va a un porvenir de muchachas y muchachos, que no dejarán desiertos ni las calles ni los campos. ¡Cuánta boca enterrada, sin boca, desenterramos! Beso en tu boca por ellos, brindo en tu boca por tantos que cayeron sobre el vino de los amorosos vasos. Hoy son recuerdos, recuerdos, besos distantes y amargos. Hundo en tu boca mi vida, oigo rumores de espacios, y el infinito parece que sobre mí se ha volcado. He de volverte a besar, he de volver, hundo, caigo, mientras descienden los siglos hacia los hondos barrancos como una febril nevada de besos y enamorados. Boca que desenterraste el amanecer más claro con tu lengua. Tres palabras, tres fuegos has heredado: vida, muerte, amor. Ahí quedan escritos sobre tus labios.
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La boca
Me besaba mucho; como si temiera irse muy temprano... Su cariño era inquieto, nervioso.                               Yo no comprendía tan febril premura. Mi intención grosera nunca vio muy lejos...                                   ¡Ella presentía! Ella presentía que era corto el plazo, que la vela herida por el latigazo del viento, aguardaba ya..., y en su ansiedad quería dejarme su alma en cada abrazo, poner en sus besos una eternidad.
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V. me besaba mucho
En el campo de trigo, entre amapolas Y altas espigas el soldado yace. No lo han hallado aún sus compañeros, Y solo expira, pálido y exangüe. Dos días hace que cayó. Los cuervos Graznando rompen la quietud del aire, Y con ojos vidriosos ve el soldado De sus heridas destilar la sangre. Febril, en su combate con la muerte, Y devorado por la sed y el hambre, Trata de erguirse con supremo esfuerzo, Y otra vez dobla la cabeza exánime. Y mientras que sus ojos, que se extinguen, Ven del cielo los pálidos celajes, Sueña, y su último sueño se ilumina Con radiosas visiones inefables... En el áureo trigal brillan las hoces, Y a la luz del crepúsculo radiante, Mientras la voz del Ángelus parece Que se extiende en los ámbitos del valle, Vuelve su aldea a ver, la amada aldea, Con la infinita paz de sus hogares... ¡Adiós, oh Patria, adiós!... y el alma rinde Mientras se borra en el azul la tarde.
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Muerte en el trigal
Melancólicamente, en tu faz contraída                                                       reflejando el dolor, piensas en lo monótona que transcurre tu vida                                                       sin placer, sin amor... Entristecida miras que duplica el espejo                                                       tu estatuaria triunfal, porque te ves desnuda, sin que esboce le reflejo                                                       a un amante ideal... ¡Y te encuentras muy sola en tu lecho impoluto,                                                       tu lecho virginal! Y en tu alma, la pena prende un jirón de luto,                                                       un paño funeral... En tus noches insomnes, todo tu ser se agita                                                       por el ansia sensual, y lentamente mira que tu faz se marchita,                                                       pobre rosa otoñal... En tus desesperadas horas, cuando palpita                                                       y arde tu carne de mujer soberbia y vehemente, quisieras ser maldita                                                       sacerdotisa del placer, y, sumisa al instinto pagano en ti despierto,                                                       amar hasta desfallecer... ¡y no hay una caricia para tu desconcierto,                                                       ni un gran abrazo te hace arder! Pide una mano trémula que la estruje y arranque                                                       la flor de tu virginidad, y, como un loto abierto en la paz de un estanque,                                                       lloras tu inmensa soledad... ¡Cuántas veces entornas los ojos dulcemente,                                                       y, en azul embriaguez, sueñas en que te inician en el misterio ardiente                                                       una y otra vez!... Y tus dedos, que piensas, febril que son ajenos,                                                       una caricia divinal. Ponen sobre las combas sedeñas de tus senos,                                                       con lentitudes de ritual... Y contemplan tu ardor vibrante, condenada                                                       a la esterilidad, y sientes que le besa la boca descarnada                                                       de la fatalidad... ¡Y en vano! El frío lecho donde suspiras sola,                                                       sabe de tu dolor, y ante un ara quimérica tu juventud se inmola,                                                       igual que una áurea flor... Pobre rosa estrujada, virgen entristecida:                                                       Fundado en tu pavor al ver lo estérilmente que se te va la vida,                                                       sin placer, sin amor!...
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Rosa del otoño
Melancólicamente, en tu faz contraída                                                       reflejando el dolor, piensas en lo monótona que transcurre tu vida                                                       sin placer, sin amor... Entristecida miras que duplica el espejo                                                       tu estatuaria triunfal, porque te ves desnuda, sin que esboce le reflejo                                                       a un amante ideal... ¡Y te encuentras muy sola en tu lecho impoluto,                                                       tu lecho virginal! Y en tu alma, la pena prende un jirón de luto,                                                       un paño funeral... En tus noches insomnes, todo tu ser se agita                                                       por el ansia sensual, y lentamente mira que tu faz se marchita,                                                       pobre rosa otoñal... En tus desesperadas horas, cuando palpita                                                       y arde tu carne de mujer soberbia y vehemente, quisieras ser maldita                                                       sacerdotisa del placer, y, sumisa al instinto pagano en ti despierto,                                                       amar hasta desfallecer... ¡y no hay una caricia para tu desconcierto,                                                       ni un gran abrazo te hace arder! Pide una mano trémula que la estruje y arranque                                                       la flor de tu virginidad, y, como un loto abierto en la paz de un estanque,                                                       lloras tu inmensa soledad... ¡Cuántas veces entornas los ojos dulcemente,                                                       y, en azul embriaguez, sueñas en que te inician en el misterio ardiente                                                       una y otra vez!... Y tus dedos, que piensas, febril que son ajenos,                                                       una caricia divinal. Ponen sobre las combas sedeñas de tus senos,                                                       con lentitudes de ritual... Y contemplan tu ardor vibrante, condenada                                                       a la esterilidad, y sientes que le besa la boca descarnada                                                       de la fatalidad... ¡Y en vano! El frío lecho donde suspiras sola,                                                       sabe de tu dolor, y ante un ara quimérica tu juventud se inmola,                                                       igual que una áurea flor... Pobre rosa estrujada, virgen entristecida:                                                       Fundado en tu pavor al ver lo estérilmente que se te va la vida,                                                       sin placer, sin amor!...
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Pasó con su madre. ¡Qué rara belleza! ¡Qué rubios cabellos de trigo garzul! ¡Qué ritmo en el paso! ¡Qué innata realeza de porte! ¡Qué formas bajo el fino tul...! Pasó con su madre. Volvió la cabeza: ¡me clavó muy hondo su mirada azul! Quedé como en éxtasis...                                         Con febril premura, «¡Síguela!», gritaron cuerpo y alma al par. ...Pero tuve miedo de amar con locura, de abrir mis heridas, que suelen sangrar, ¡y no obstante toda mi sed de ternura, cerrando los ojos, la dejé pasar!
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Cobardía
Ha mucho tiempo que te soñaba así, vestida de blanco tul, y al alma mía que te buscaba, Ana, ¿qué miras? - le preguntaba como en el cuento de Barba azul. Ha mucho tiempo que presentía tus ojos negros como los vi, y que, en mis horas de nostalgia, la hermana Ana me respondía: "Hay una virgen que viene a ti". Y al vislumbrarte, febril, despierto, tras de la ojiva del torreón, después de haberse movido incierto, como campana que toca a muerto, tocaba a gloria mi corazón. Por fin, distinta me apareciste; vibraron dianas en rededor, huyó callada la Musa triste, y tú llegaste, viste y venciste como el magnífico Emperador. Hoy, mi esperanza que hacia ti corre, que mira el cielo donde tú estés, porque la gloria se le descorre, ya no pregunta desde la torre: Hermana Ana, ¿dime qué ves? Hoy en mi noche tu luz impera, veo tu rostro resplandecer, y en mis ensueños sólo quisiera enarbolarte como bandera, y, a ti abrazado, por ti vencer.
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Perlas negras - lxiv