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"extingue" poems
Sonrisas que vienen con el color, historias olvidadas que reviven al alma. Colores, imágenes, música y sentimientos, que cautivan, que encantan, que hipnotizan con los detalles que crean la magia, entretejiendo líneas de ilusión y felicidad, que en un suspiro se extingue, pero que perdura en el recuerdo, corta e inolvidable, es un camino para los sueños.
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Oct 12, 2012
Oct 12, 2012 at 1:00 AM UTC
"De lo sueños..."
Corroeu as paredes da garganta Ficou sem fala pra dizer "eu te amo" Sozinha bêbada na varanda Temendo pela falência de seu âmago. O líquido toca sua boca Atinge seu organismo com um açoite Convidativo, vivo Não exigia nada mais aquela noite. Não sentia mais seu fígado Assim como seu coração Bebida quente que um dia a enlouquecia Hoje lhe extingue a solidão. Se seu rosto é a garrafa, ela quebra na parede Se seu gozo é a bebida, prefere viver com sede Se o sol é a sua presença, só sai a luz do luar. Se rajska quente é a sua ausência, ali vai se afogar.
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Nov 7, 2016
Nov 7, 2016 at 4:58 PM UTC
Rajska quente
La oscuridad de tu mente es un laberinto sin salida, el más minimo rayo de luz se extingue. Enloqueces, te deprimes y las ganas de vivir se anulan.
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Jan 5, 2015
Jan 5, 2015 at 12:35 PM UTC
Mentes.
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur de ligeros paisajes dormidos en el aire, con cuerpos a la sombra de ramas como flores o huyendo en un galope de caballos furiosos. El sur es un desierto que llora mientras canta, y esa voz no se extingue como pájaro muerto; hacia el mar encamina sus deseos amargos abriendo un eco débil que vive lentamente. En el sur tan distante quiero estar confundido. La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta; su niebla misma ríe, risa blanca en el viento. Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
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Quisiera estar solo en el sur
Me descuido en las manos del oscuro formas intangibles amenazan con arrastrar mi cuerpo al olvido                             Tu alma hala con toda su fuerza Guerra negra, marchita, opaca señalo los agravios del pasado me halan me quemo                             anhelo tu llegada pero si siempre estuviste ¿quién eres? Campeón del olimpo matando fieras con tus propias manos del Hades nadie se salva Aborda la balsa rota por el rio del olvido los gritos ahogados rompen los tímpanos del espíritu más la luz aún no se extingue                             tú eres No te extingues, sigues ardiendo mientras llueva                             no te extingues
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Mar 16, 2018
Mar 16, 2018 at 9:55 AM UTC
Quimera
No. No tienen tamaño sus tobillos; no es su espuela suavísima, que da en las dos mejillas. Es la vida no más, de bata y yugo. No. No tiene plural su carcajada, ni por haber salido de un molusco perpetuo, aglutinante, ni por haber entrado al mar descalza, es la que piensa y marcha, es la finita. Es la vida no más; sólo la vida. Lo sé, lo intuyo cartesiano, autómata, moribundo, cordial, en fin, espléndido. Nada hay sobre la ceja cruel del esqueleto; nada, entre lo que dio y tomó con guante la paloma, y con guante, la eminente lombriz aristotélica; nada delante ni detrás del yugo; nada de mar en el océano y nada en el orgullo grave de la célula. Sólo la vida; así: cosa bravísima. Plenitud inextensa, alcance abstracto, venturoso, de hecho, glacial y arrebatado, de la llama; freno del fondo, rabo de la forma. Pero aquello para lo cual nací ventilándome y crecí con afecto y drama propios, mi trabajo rehúsalo, mi sensación y mi arma lo involucran. Es la vida y no más, fundada, escénica. Y por este rumbo, su serie de órganos extingue mi alma y por este indecible, endemoniado cielo, mi maquinaria da silbidos técnicos, paso la tarde en la mañana triste y me esfuerzo, palpito, tengo frío.
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Dos niños anhelantes
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Dormir
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Una vez más, amor, la red del día extingue trabajos, ruedas, fuegos, estertores, adioses, y a la noche entregamos el trigo vacilante que el mediodía obtuvo de la luz y la tierra. Sólo la luna en medio de su página pura sostiene las columnas del estuario del cielo, la habitación adopta la lentitud del oro y van y van tus manos preparando la noche. Oh amor, oh noche, oh cúpula cerrada por un río de impenetrables aguas en la sombra del cielo que destaca y sumerge sus uvas tempestuosas, hasta que sólo somos un solo espacio oscuro, una copa en que cae la ceniza celeste, una gota en el pulso de un lento y largo río.
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Soneto lxxxiv
Me arrancaré, mujer, el imposible amor de melancólica plegaria, y aunque se quede el alma solitaria huirá la fe de mi pasión risible. Iré muy lejos de tu vista grata y morirás sin mi cariño tierno, como en las noches del helado invierno se extingue la llorosa serenata. Entonces, al caer desfallecido con el fardo de todos mis pesares, guardaré los marchitos azahares entre los pliegues del nupcial vestido.
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A un imposible