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"exilio" poems
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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Juntos nosotros
Qué pura eres de sol o de noche caída, qué triunfal desmedida tu órbita de blanco, y tu pecho de pan, alto de clima, tu corona de árboles negros, bienamada, y tu nariz de animal solitario, de oveja salvaje que huele a sombra y a precipitada fuga tiránica. Ahora, qué armas espléndidas mis manos, digna su pala de hueso y su lirio de uñas, y el puesto de mi rostro, y el arriendo de mi alma están situados en lo justo de la fuerza terrestre. Qué pura mi mirada de nocturna influencia, caída de ojos obscuros y feroz acicate, mi simétrica estatua de piernas gemelas sube hacia estrellas húmedas cada mañana, y mi boca de exilio muerde la carne y la uva, mis brazos de varón, mi pecho tatuado en que penetra el vello como ala de estaño, mi cara blanca hecha para la profundidad del sol, mi pelo hecho de ritos, de minerales negros, mi frente penetrante como golpe o camino, mi piel de hijo maduro, destinado al arado, mis ojos de sal ávida, de matrimonio rápido, mi lengua amiga blanda del dique y del buque, mis dientes de horario blanco, de equidad sistemática, la piel que hace a mi frente un vacío de hielos y en mi espalda se torna, y vuela en mis párpados, y se repliega sobre mi más profundo estímulo, y crece hacia las rosas en mis dedos, en mi mentón de hueso y en mis pies de riqueza. Y tú como un mes de estrella, como un beso fijo, como estructura de ala, o comienzos de otoño, niña, mi partidaria, mi amorosa, la luz hace su lecho bajo tus grandes párpados dorados como bueyes, y la paloma redonda hace sus nidos blancos frecuentemente en ti. Hecha de ola en lingotes y tenazas blancas, tu salud de manzana furiosa se estira sin límite, el tonel temblador en que escucha tu estómago, tus manos hijas de la harina y del cielo. Qué parecida eres al más largo beso, su sacudida fija parece nutrirte, y su empuje de brasa, de bandera revuelta, va latiendo en tus dominios y subiendo temblando y entonces tu cabeza se adelgaza en cabellos, y su forma guerrera, su círculo seco, se desploma de súbito en hilos lineales como filos de espadas o herencias del humo.
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Qué otro final ha de esperarse Cuando a andar se decide Que no sea el suave extravío De todo aquello considerado propio De todo aquello por lo cual cruzamos De todo lo sido en ocasión alguna Un viento nómada surge como una lengua Suyo es el mundo por quien se hace presente Nos es dada la palabra para cobijar de nombre a lo imposible Nos es dada la voz para imantar de presencia al silencio Nos es dado el pensamiento para sabernos derrotados por lo divino Largo es el aliento de quien anda Puro su extravío Nítida su reconciliación Que cada una de estas pisadas Sea guiada por una luz Igual a la que hace a la tierra Reverdecer desde sus vetas: Por haber raíz es que hay camino ¡No hay cielo que no sea tránsito! Qué otra tierra ha de esperarse Sino la virgen e inacabable Tierra entera del exilio Qué otra visión ha de brotarnos Sino la de quien viaja Atento por su propia soltura Qué otra intuición ha de movernos Sino la de quien libra A sus vislumbres de certeza (Pobreza careciendo de miseria) Que no nos deje marcas la distancia Ni se acepten las sendas de atajo No habrá territorio que retenga Ni signo que nos lleve a guarecer Resistencia: Que sea por esta sed de errancia Por quien ha de ganársele Metros a la casa.
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Oct 15, 2014
Oct 15, 2014 at 9:54 PM UTC
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Tormento de tormenta en el exilio: me llamas con tu voz de boca en llamas. Te quemas, me torturas, te desbocas, loca sota en baraja sin figuras. Auguras un futuro de horas muertas, tuertas, yertas, seguras de su suerte, estrechas en su muerte, hijas de calenturas, de noches sin holgura y sin recuerdos. Acuerdos acometo con extraños; de estaño es la cometa de los cuerdos, arrastrando su vuelo por el barro.
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Nov 30, 2014
Nov 30, 2014 at 1:39 PM UTC
Horas Bajas
Llamamos espejismo A la ilusión en el desierto Pero no al reflejo propio Llamamos espejo A la ilusión multiplicada Y no a la mirada ajena Pon tus pies a la luz Y adéntrate en el desierto De los hombres y mujeres Desconfía de los ojos Cuando veas tu reflejo De frente y ataviado Llámalo espejismo Y que una suave vigilia Te nuble el sueño.
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Feb 4, 2015
Feb 4, 2015 at 11:34 PM UTC
Habla el exilio
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
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En la plaza de armas
Plaza de Armas, plaza de musicales nidos, frente a frente del rudo y enano soportal; plaza en que se confunden un obstinado aroma lírico y una cierta prosa municipal; plaza frente a la cárcel lóbrega y frente al lúcido hogar en que nacieron y murieron los míos; he aquí que te interroga un discípulo, fiel a tus fuentes cantantes y tus prados umbríos. ¿Qué se hizo, Plaza de Armas, el coro de chiquillas que conmigo llegaban en la tarde de asueto del sábado, a tu kiosko, y que eran actrices de muñeca excesiva y de exiguo alfabeto? ¿Qué fue de aquellas dulces colegas que rieron para mí, desde un marco de verdor y de rosas? ¿Qué de las camaradas de los juegos impúberes? ¿Son vírgenes intactas o madres dolorosas? Es verdad, sé el destino casto de aquella pobre pálida, cuyo rostro, como una indulgencia plenaria, miré ayer tras un vidrio lloroso; me ha inundado en recuerdos pueriles la presencia de Ana, que al tutearme decía el «tú» de antaño como una obra maestra, y que hoy me habló con ceremonia forzada; he visto a Catalina, exangüe, al exhibir su maternal fortuna cuando en un cochecillo de blondas y de raso lleva el fruto cruel y suave de su idilio por los enarenados senderos...                                                           Más no sé de todas las demás que viven en exilio. Y por todas quiero. He de saber de todas las pequeñas torcaces que me dieron el gusto de la voz de mujer. ¡Torcaces que cantaban para mí, en la mañana de un día claro y justo! Dime, plaza de nidos musicales, de las actrices que impacientes por salir a la escena del mundo, chuscamente fingían gozosos líos de noviazgos y negros episodios de pena. Dime, Plaza de Armas, de las párvulas lindas y bobas, que vertieron con su mano inconsciente un perfume amistoso en el umbral del alma y una gota del filtro del amor en mi frente. Mas la plaza está muda, y su silencio trágico se va agravando en mí con el mismo dolor del bisoño escolar que sale a vacaciones pensando en la benévola acogida de Abel, y halla muerto, en la sala, al hermano menor.
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Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para la injuria del coplero ganso torno mis brumas cada vez más densas. Para el mohín de los leyente docto marco mis versos de bizarro rictus, (leyente docto: abléptico pedante) tizno mis versos de macabros untos. Para mí... no hago nada, nada, nada, A qué contar a la olvidosa gente si el amor en mi pecho llora o canta? (a la olvidosa gente, es a saber: al aire, al viento, al sol, al río, al mar...) o a qué decir si el alma poesía, -gruña así o grazne la trivial raleaa qué decir si el alma poesía huésped es de mi torre o de mi rúa? Y que (como Villon el su tabardo, su buitre prometeiico Atlas el Sordo, como Nerón la púrpura, y la toga César el Calvo, y ponzoñosa daga el Valentino de mirar buido, y, de la Tour de Nesle precipitado, el saco Buridán, oh Margarita!) yo porto, a más del tirso y la careta, yo porto, en mí, la sombra del fastidio, signo fatal, exilio sin remedio? (como Nerón la púrpura, o la toga César el Calvo, o la siniestra daga el Valentino César, cuando arruga su ceño ante las turbas enemigas!) Un ignorado ritmo, dócil, terso, donde el absurdo corazón esparzo, ¡eso será la impertinente estrofa en que de todo mi desdén se befa, y más de mí!: desdén, sobrio estilete y el más seguro amigo en el combate contra la tribu inulta! ¡Oh Muchedumbre!: qué vales tú, si topas con el Hombre? (y el Hombre, dí, si topa con el Hambre? y Muchedumbre y Hombre con la Hembra?). Para mí no hago nada, nada, nada, ¡sino soñar, sólo vivir la vida! Para mí no hago nada... ¿acaso humo cuando en la pipa blondo aroma quemo, -si en el magín devano las ideas humo también, color de fantasía...-? Para mí no hago nada, nada, sólo soñar, vivir la vida a contrapelo. Sin un sueño de Amor más que divino -por tener de ideal y ser humano que da objeto y razón a mi durar... sin ése Amor, mejor fuérame ser una Sombra en la Sombra: quieto Buda dormitando en la Muerte o en la Vida. Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para ofender la mesocracia ambiente mi risa hago sonar de monte a monte; tizno mis versos de bizarro rictus para el mohín de lo leyente docto; para divertimento de mí mismo trovas pergeño: absurdos y sarcasmos! Y busco algo de ensueño y de aventura dentro la noche...! y doy la vida entera por el Amor, oh tú, sola Mujer! mientras viene el morir!
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Balada de asonancias consonantes o de consonancias disonantes o de simples disonancias
Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para la injuria del coplero ganso torno mis brumas cada vez más densas. Para el mohín de los leyente docto marco mis versos de bizarro rictus, (leyente docto: abléptico pedante) tizno mis versos de macabros untos. Para mí... no hago nada, nada, nada, A qué contar a la olvidosa gente si el amor en mi pecho llora o canta? (a la olvidosa gente, es a saber: al aire, al viento, al sol, al río, al mar...) o a qué decir si el alma poesía, -gruña así o grazne la trivial raleaa qué decir si el alma poesía huésped es de mi torre o de mi rúa? Y que (como Villon el su tabardo, su buitre prometeiico Atlas el Sordo, como Nerón la púrpura, y la toga César el Calvo, y ponzoñosa daga el Valentino de mirar buido, y, de la Tour de Nesle precipitado, el saco Buridán, oh Margarita!) yo porto, a más del tirso y la careta, yo porto, en mí, la sombra del fastidio, signo fatal, exilio sin remedio? (como Nerón la púrpura, o la toga César el Calvo, o la siniestra daga el Valentino César, cuando arruga su ceño ante las turbas enemigas!) Un ignorado ritmo, dócil, terso, donde el absurdo corazón esparzo, ¡eso será la impertinente estrofa en que de todo mi desdén se befa, y más de mí!: desdén, sobrio estilete y el más seguro amigo en el combate contra la tribu inulta! ¡Oh Muchedumbre!: qué vales tú, si topas con el Hombre? (y el Hombre, dí, si topa con el Hambre? y Muchedumbre y Hombre con la Hembra?). Para mí no hago nada, nada, nada, ¡sino soñar, sólo vivir la vida! Para mí no hago nada... ¿acaso humo cuando en la pipa blondo aroma quemo, -si en el magín devano las ideas humo también, color de fantasía...-? Para mí no hago nada, nada, sólo soñar, vivir la vida a contrapelo. Sin un sueño de Amor más que divino -por tener de ideal y ser humano que da objeto y razón a mi durar... sin ése Amor, mejor fuérame ser una Sombra en la Sombra: quieto Buda dormitando en la Muerte o en la Vida. Para el asombro de las greyes planas suelo zurcir abstrusas cantilenas. Para ofender la mesocracia ambiente mi risa hago sonar de monte a monte; tizno mis versos de bizarro rictus para el mohín de lo leyente docto; para divertimento de mí mismo trovas pergeño: absurdos y sarcasmos! Y busco algo de ensueño y de aventura dentro la noche...! y doy la vida entera por el Amor, oh tú, sola Mujer! mientras viene el morir!
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"Manos crispadas me confinan al exilio. Ayúdame a no pedir ayuda." Cuervos negros me prohiben mi alegría. Ayúdame a no pedir ayuda. Armas siniestras, seres aciagos. Ayúdame a no pedir ayuda. Mi muerte se acerca, mi mano se acerca. Ayúdame a no pedir ayuda. Mi pálida reflexión me prohibe la vida. Ayúdame a no pedir ayuda. "Me quieren anochecer, me van a morir. Ayúdame a no pedir ayuda." -"Figuras y silencios" de Alejandra Pizarnik // "Contorted hands confine me to exile. Help me not to ask for help." Black ravens forbid me my happiness. Help me not to ask for help. Sinister weapons, fateful beings. Help me not to ask for help. My death gets closer, my hand gets closer. Help me not to ask for help. Mi pale reflection forbids me my life. Help me not to ask for help. "They want to night me, they are going to die me. Help me not to ask for help." -Extracting the stone of madness, by Alejandra Pizarnik
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Jun 17, 2018
Jun 17, 2018 at 2:46 PM UTC
Figuras y silencios y silencios // Figures and silences and silences.
Laberintos, retruécanos, emblemas, helada y laboriosa nadería, fue para este jesuita la poesía, reducida por él a estratagemas. No hubo música en su alma; sólo un vano herbario de metáforas y argucias y la veneración de las astucias y el desdén de lo humano y sobrehumano. No lo movió la antigua voz de Homero ni esa, de plata y luna, de Virgilio; no vio al fatal Edipo en el exilio ni a Cristo que se muere en un madero. A las claras estrellas orientales que palidecen en la vasta aurora, apodó con palabra pecadora gallinas de los campos celestiales. Tan ignorante del amor divino como del otro que en las bocas arde, lo sorprendió la Pálida una tarde leyendo las estrofas del Marino. Su destino ulterior no está en la historia; librado a las mudanzas de la impura tumba el polvo que ayer fue su figura, el alma de Gracián entró en la gloria. ¿Qué habrá sentido al contemplar de frente los Arquetipos y los Esplendores? quizá lloró y se dijo: Vanamente busqué alimento en sombras y en errores. ¿Qué sucedió cuando el inexorable sol de Dios, La Verdad, mostró su fuego? Quizá la luz de Dios lo dejó ciego en mitad de la gloria interminable. Sé de otra conclusión. Dado a sus temas minúsculos, Gracián no vio la gloria y sigue resolviendo en la memoria laberintos, retruécanos y emblemas.
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Baltasar gracián
Más de una vez me siento expulsado y con ganas de volver al exilio que me expulsa y entonces me parece que ya no pertenezco a ningún sitio a nadie ¿será en indicio de que nunca más podré no ser un exiliado? ¿qué aquí o allá o en cualquier parte siempre habrá alguien que vigile y piense éste a qué viene? y vengo sin embargo tal vez a compartir cansancio y vértigo desamparo y querencia también a recibir mi cuota de rencores mi reflexiva comisión de amor en verdad a qué vengo no lo sé con certeza pero vengo
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Pero vengo
A instancias de mis amigos cuerdos y cautelosos que ya no saben si diagnosticarme prematuro candor o simple chifladura abro el expediente de mi optimismo y uno por uno repaso los datos allá en el paisito quedó mi casa con mi gente mis libros y mi aire desde sus ventanas grandes conmovedoras se ven otras ventanas y otras gentes se oye cómo pasa aullando la muerte son los mismos aullidos verdes y azules son los que acribillaron a mis hermanos los cementerios están lejos pero los hemos acercado con graves excursiones detrás de primaveras y ataúdes y de sueños quebrados y de miradas fijas los calabozos están lejos pero los hemos acercado a nuestro invierno sobre un lecho de odios duermen sin pesadillas muchachos y muchachas que arribaron juntos a la tortura y a la madurez pero hay que aclarar que otras y otros los sueñan noche a noche en las casas oscuras y a la espera la gente la ****** y la silvestre no los filatélicos de hectáreas y vaquitas va al exilio a cavar despacio su nostalgia y en las calles vacías y furiosas queda apenas uno que otro mendigo para ver como pasa el presidente en la cola del hambre nadie habla de fútbol ni de ovnis hay que ahorrar argumentos y saliva y las criaturas que iban a nacer regresan con espanto al confort de la nada ésta es la absurda foja de mi duro optimismo prematuro candor o simple chifladura lo cierto es que debajo de estas calamidades descubro una sencilla descomunal ausencia cuando los diez tarados mesiánicos de turno tratan de congregar la obediente asamblea el pueblo no hace quorum por eso porque falta sin aviso a la convocatoria de los viejos blasfemos porque toma partido por la historia y no tiene vergüenza de sus odios por eso aprendo y dicto mi lección de optimismo y ocupo mi lugar en la esperanza.
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Salutación del optimista
A instancias de mis amigos cuerdos y cautelosos que ya no saben si diagnosticarme prematuro candor o simple chifladura abro el expediente de mi optimismo y uno por uno repaso los datos allá en el paisito quedó mi casa con mi gente mis libros y mi aire desde sus ventanas grandes conmovedoras se ven otras ventanas y otras gentes se oye cómo pasa aullando la muerte son los mismos aullidos verdes y azules son los que acribillaron a mis hermanos los cementerios están lejos pero los hemos acercado con graves excursiones detrás de primaveras y ataúdes y de sueños quebrados y de miradas fijas los calabozos están lejos pero los hemos acercado a nuestro invierno sobre un lecho de odios duermen sin pesadillas muchachos y muchachas que arribaron juntos a la tortura y a la madurez pero hay que aclarar que otras y otros los sueñan noche a noche en las casas oscuras y a la espera la gente la ****** y la silvestre no los filatélicos de hectáreas y vaquitas va al exilio a cavar despacio su nostalgia y en las calles vacías y furiosas queda apenas uno que otro mendigo para ver como pasa el presidente en la cola del hambre nadie habla de fútbol ni de ovnis hay que ahorrar argumentos y saliva y las criaturas que iban a nacer regresan con espanto al confort de la nada ésta es la absurda foja de mi duro optimismo prematuro candor o simple chifladura lo cierto es que debajo de estas calamidades descubro una sencilla descomunal ausencia cuando los diez tarados mesiánicos de turno tratan de congregar la obediente asamblea el pueblo no hace quorum por eso porque falta sin aviso a la convocatoria de los viejos blasfemos porque toma partido por la historia y no tiene vergüenza de sus odios por eso aprendo y dicto mi lección de optimismo y ocupo mi lugar en la esperanza.
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aquí/palabra que fue perro por la caballa que decía/ ya no hay nada que hacer/ está la luz/que tanta sombra hizo/ ¿por eso dolés tanto/ belleza?/¿me pegás como si fuera tu hermanito?/ ¿boca de tu arrabal?/ ¿qué sos?/¿quién sos?/¿decime un poco?/ ya no serás de aquí cuando nos fuimos/ ni me dejás sacar la mano del fuego de no ser/
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Exilio