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"exceso" poems
Acaso él mismo fuera en parte responsable, Por el afán de parecer un ángel, eterno adolescente, De aquel diminuto familiar en exceso con el mozo, De sabor desdeñoso para el hombre, Con el cual en privado y en público llamaban Unos y otros, amigos como extraños, Con esas peculiares maneras españolas, Al cincuentón obeso en que se convirtiera. En el poeta la espiritual compleja maquinaria De sutil precisión y exquisito manejo Requiere entendimiento, y no tan sólo En quienes al poeta se aproximan Sino también en quien detenta a aquélla. Mas él, siempre movido por el capricho irrazonable del infante, No quiso, tal vez no supo manejarla, Ayudando a los otros, contra él, en el desdén artero. Porque en la cuenta debe entrar la idiosincrasia indígena Que jamás admitiera cómo excelencia puede corresponder a varios: Su fanatismo antes mejor prospera si se concentra en la de uno. Así tantos compadres del Poeta en Residencia, Sin excluir, por su interés en la guerrilla, a éste, Quisieron consignar al olvido su raro don poético, Cuidando de ver en él tan sólo y nada más que a "Manolito" Y callando al poeta admirable que en él hubo.
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Supervivencias tribales en el medio literario
Es preciso ponernos brevemente de acuerdo aquí el buitre es un aura tiñosa y circulante las olas humedecen los pies de las estatuas y hay mulatas en todos los puntos cardinales los autos van dejando tuercas en el camino, los jóvenes son jóvenes de un modo irrefutable aquí el amor transita sabroso y subversivo y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Nada de eso es exceso de ron o de delirio quizá una borrachera de cielo y flamboyanes lo cierto es que esta noche el carnaval arrolla y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Es preciso ponernos brevemente de acuerdo esta ciudad ignora y sabe lo que hace. Cultiva el imposible y exporta los veranos y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Aquí flota el orgullo como una garza invicta, nadie se queda fuera y todo el mundo es alguien. El sol identifica relajos y candores y hay mulatas en todos los puntos cardinales. Como si Marx quisiera bailar el mozambique o fueran abolidas todas las soledades. La noche es un sencillo complot contra la muerte y hay mulatas en todos los puntos cardinales.
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Habanera
Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer...Plural ha sido la celeste historia de mi corazón. Era una dulce niña, en este mundo de duelo y de aflicción.Miraba como el alba pura; sonreía como una flor. Era su cabellera obscura hecha de noche y de dolor.Yo era tímido como un niño. Ella, naturalmente, fue, para mi amor hecho de armiño, Herodías y Salomé...Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer...Y más consoladora y más halagadora y expresiva, la otra fue más sensitiva cual no pensé encontrar jamás.Pues a su continua ternura una pasión violenta unía. En un peplo de gasa pura una bacante se envolvía...En sus brazos tomó mi ensueño y lo arrulló como a un bebé... Y te mató, triste y pequeño, falto de luz, falto de fe...Juventud, divino tesoro, ¡te fuiste para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer...Otra juzgó que era mi boca el estuche de su pasión; y que me roería, loca, con sus dientes el corazón.Poniendo en un amor de exceso la mira de su voluntad, mientras eran abrazo y beso síntesis de la eternidad;y de nuestra carne ligera imaginar siempre un Edén, sin pensar que la Primavera y la carne acaban también...Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer.¡Y las demás! En tantos climas, en tantas tierras siempre son, si no pretextos de mis rimas fantasmas de mi corazón.En vano busqué a la princesa que estaba triste de esperar. La vida es dura. Amarga y pesa. ¡Ya no hay princesa que cantar!Mas a pesar del tiempo terco, mi sed de amor no tiene fin; con el cabello gris, me acerco a los rosales del jardín...Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer... ¡Mas es mía el Alba de oro!
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Canción de otoño en primavera
Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer...Plural ha sido la celeste historia de mi corazón. Era una dulce niña, en este mundo de duelo y de aflicción.Miraba como el alba pura; sonreía como una flor. Era su cabellera obscura hecha de noche y de dolor.Yo era tímido como un niño. Ella, naturalmente, fue, para mi amor hecho de armiño, Herodías y Salomé...Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer...Y más consoladora y más halagadora y expresiva, la otra fue más sensitiva cual no pensé encontrar jamás.Pues a su continua ternura una pasión violenta unía. En un peplo de gasa pura una bacante se envolvía...En sus brazos tomó mi ensueño y lo arrulló como a un bebé... Y te mató, triste y pequeño, falto de luz, falto de fe...Juventud, divino tesoro, ¡te fuiste para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer...Otra juzgó que era mi boca el estuche de su pasión; y que me roería, loca, con sus dientes el corazón.Poniendo en un amor de exceso la mira de su voluntad, mientras eran abrazo y beso síntesis de la eternidad;y de nuestra carne ligera imaginar siempre un Edén, sin pensar que la Primavera y la carne acaban también...Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer.¡Y las demás! En tantos climas, en tantas tierras siempre son, si no pretextos de mis rimas fantasmas de mi corazón.En vano busqué a la princesa que estaba triste de esperar. La vida es dura. Amarga y pesa. ¡Ya no hay princesa que cantar!Mas a pesar del tiempo terco, mi sed de amor no tiene fin; con el cabello gris, me acerco a los rosales del jardín...Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer... ¡Mas es mía el Alba de oro!
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Decir adiós... La vida es eso. Y yo te digo adiós, y sigo... Volver a amar es el castigo de los que amaron con exceso. Amar y amar toda la vida, y arder en esa llama. Y no saber por qué se ama... Y no saber por qué se olvida... Coger las rosas una a una, beber un vino y otro vino, y andar y andar por un camino que no conduce a parte alguna. Buscar la luz que se eterniza, la clara lumbre durarera, y al fin saber que en una hoguera lo que más dura es la ceniza. Sentir más sed en cada fuente y ver más sombra en cada abismo, en este amor que es siempre el mismo, pero que siempre es diferente. Porque en sordo desacuerdo de lo soñado y lo vivido, siempre, del fondo del olvido, nace la muerte de un recuerdo. Y en esa angustia que no cesa, que toca el alma y no la toca, besar la sombra de otra boca en cada boca que se besa...
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La sed insaciable
En los claustros del Alma la herida Yace callada; mas consume hambrienta La vida, que en mis venas alimenta Llama por las medulas extendida. Bebe el ardor hidrópica mi vida, Que ya ceniza amante y macilenta, Cadáver del incendio hermoso, ostenta Su luz en humo y noche, fallecida. La gente esquivo y me es horror el día; Dilato en largas voces ***** llanto Que a sordo mar mi ardiente pena envía. A los suspiros di la voz del canto; La confusión inunda el alma mía; Mi corazón es reino del espanto.
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Persevera en la exageración de su afecto amoroso y en el exceso de su padecer
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Hay un muerto en el cementerio más lejano que se queja tres años porque tiene un paisaje seco en la rodilla; y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase. No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas. Pero no hay olvido, ni sueño: carne viva. Los besos atan las bocas en una maraña de venas recientes y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros. Un día los caballos vivirán en las tabernas y las hormigas furiosas atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas. Otro día veremos la resurrección de las mariposas disecadas y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero, a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato, hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan, donde espera la dentadura del oso, donde espera la mano momificada del niño y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul. No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Pero si alguien cierra los ojos, ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo! Haya un panorama de ojos abiertos y amargas llagas encendidas. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. Ya lo he dicho. No duerme nadie. Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes, abrid los escotillones para que vea bajo la luna las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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Ciudad sin sueño (nocturno del brooklyn bridge)
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Hay un muerto en el cementerio más lejano que se queja tres años porque tiene un paisaje seco en la rodilla; y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase. No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas. Pero no hay olvido, ni sueño: carne viva. Los besos atan las bocas en una maraña de venas recientes y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros. Un día los caballos vivirán en las tabernas y las hormigas furiosas atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas. Otro día veremos la resurrección de las mariposas disecadas y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero, a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato, hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan, donde espera la dentadura del oso, donde espera la mano momificada del niño y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul. No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Pero si alguien cierra los ojos, ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo! Haya un panorama de ojos abiertos y amargas llagas encendidas. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. Ya lo he dicho. No duerme nadie. Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes, abrid los escotillones para que vea bajo la luna las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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Sin haberlo advertido jamás, exceso por turismo y sin agencias de pecho en pecho hacia la madre unánime. Hasta París ahora vengo a ser hijo. Escucha, Hombre, en verdad te digo que eres el Hijo Eterno, pues para ser hermano tus brazos son escasamente iguales y tu malicia para ser padre, es mucha. La talla de mi madre moviéndome por índole de movimiento, y poniéndome serio, me llega exactamente al corazón: pesando cuanto cayera de vuelo con mis tristes abuelos, mi madre me oye en diámetro callándose en altura. Mi metro está midiendo ya dos metros, mis huesos concuerdan en género y en número y el verbo encarnado habita entre nosotros y el verbo encarnado habita, al hundirme en el baño, un alto grado de perfección.
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Lomo de las sagradas escrituras
Ama tu verso, y ama sabiamente tu vida, la estrofa que más vive, siempre es la más vivida. Un mal verso supera la más perfecta prosa, aunque en prosa y en verso digas la misma cosa. Así como el exceso de virtud hace el vicio, el exceso de arte llega a ser artificio. Escribe de tal modo que te entienda la gente, igual si es ignorante que si es indiferente. Cumple la ley suprema de desdeñarlas todas, sobre el cuerpo desnudo no envejecen las modas. Y sobre todo, en arte y vida, sé diverso, pues sólo así tu mente revivirá en tu verso.
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Arte poética
Quiero saber qué tan inmenso es el cielo, caer dormida en la hierba primaveral, colgarme al cuello un prisma. Sentir tanto el calor del sol como el deshielo y llenarme de la vida de tu aliento. Fingir amar a contraluz, fatigarme en exceso. Lejos, en una distancia insondable, yace mi corazón indulgente, y espero, con la luna llena sabiendo mis anhelos, el día en que inerte desespere a tu regreso. Dulce agónico pensamiento, último, vives en mi mente sin reproche.
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Mar 28, 2018
Mar 28, 2018 at 6:15 PM UTC
Marzo
El corazón hemorrágico siempre tiene una excusa para el exceso. Y cuando parece estar al borde de secarse, de alguna forma, sangra un poco más.
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Apr 30, 2018
Apr 30, 2018 at 12:44 AM UTC
Tozudez mortal.
Allá en la oscura hondonada, Del sol a la luz incierta, Se ve la casa desierta En donde vivió mi amada. En medio al maizal tupido, Que se extiende hasta la loma, Parece blanca paloma Que cubre amorosa un nido. Cuando es de noche en la honda Y rumorosa cañada, Voy a la casa olvidada, Como alma en pena que ronda. En el largo corredor Sordo mi paso retumba... Aquello parece tumba Que no embalsama una flor! Y me encamino a su reja Y pongo el oído atento, Y tan sólo escucho el viento Que alza, al pasar, una queja. Bajo cortina de hiedra, Donde con voz de reproche El aura gime en la noche, Se encuentra un banco de piedra, Y en él me siento a traer A mi alma, que arropa el duelo, Aquellas horas de cielo Que nunca habrán de volver; Horas en que ya sin calma, Del amor en el exceso, Temblaba en su labio el beso Y en sus pupilas el alma; Y en que su voz celestial Mi corazón arrullaba, Mientras la noche cantaba En el frondoso maizal. ...¡Oh alma! en vano la nombras, En vano buscas sus rastros!... Serenos brillan los astros, Y el perro ladra en las sombras.
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La ronda de noche
Solían decirme que pensaba muy alto. Me recordaba al dicho de la lengua que se comió el gato. Pero no es la falta de lengua el problema, Ni la falta de palabras, sino un exceso de ellas. 《》 No sé cómo terminar el poema. No sé cómo dejar de sentir pena por ella. Por la chica que conociste y la que ahora toma su lugar. Tampoco sé cómo decir que te extraño; que no quiero que esto se nos haga cantos, que quisiera estar descansando a tu lado. Solo espero que me leas y sepas que hablo de ti, y que me puedas dar tiempo para ser la chica que fui.
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Apr 8, 2020
Apr 8, 2020 at 7:38 PM UTC
La lengua que se comió el gato
Te odio con el odio de la ilusión marchita: ¡Retírate! He bebido tu cáliz, y por eso mis labios ya no saben dónde poner su beso; mi carne, atormentada de goces, muere ahíta. Safo, Crisis, Aspasia, Magdalena, Afrodita, cuanto he querido fuiste para mi afán avieso. ¿En dónde hallar espasmos, en dónde hallar exceso que al punto no me brinde tu perversión maldita? ¡Aléjate! Me invaden vergüenzas dolorosas, sonrojos indecibles del mal, rencores francos, al ver temblar la fiebre sobre tus senos rosas. No quiero más que vibre la lira de tus flancos: déjame solo y triste llorar por mis gloriosas virginidades muertas entre tus muslos blancos.
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Ii
Mientras tú me beses, fluirá amor por mis venas como olas en el mar. Siempre rebosara el cáliz de mi cuerpo de ternura, de premura pasión, de exceso en devoción, de amor con ligaduras, de aprisionante libertades, de reclusorios de fogosidad, de fuegos sin fríos, y escalofríos provocados por el calor de nuestros organismos van dejando mis lirios exhaustos de tanto delirio. Mientras tú me beses, El Mar Muerto tendrá vida, endulzaremos sus aguas salíferas con el flujo empalagoso de nuestros deseos. Mientras tú me beses, podremos cambiar los colores del tiempo como lo hace El Mar Rojo, engañando al sol con sus reflejos. Dejando que solo la Luna pueda ver el índigo en sus remolinos. Mientras tú me beses, mientras nos besemos, mientras haya vida marítima, mientras sea un beso un contracto eterno, mientras el tiempo le pida al destino permiso, mientras haya agua en los ríos, mientras tú seas mío, mientras tú me beses……., seré como agua en tu desierto, humedeciendo tus adentros LeydisProse 12/26/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Feb 20, 2018
Feb 20, 2018 at 1:42 PM UTC
MIENTRAS
«En el gran cielo de la poesía, mejor dicho en la tierra o mundo de la poesía que incluye cielos astros dioses mortales está cantando el ruiseñor de Keats siempre pasa Rimbaud empuñando sus 17 años como la llama de amor viva de San Juan a la Teresa se le dobla el dolor y su caballo triza el polvo enamorado Francisco de Quevedo y Villegas el dulce Garcilaso arde en los infiernos de John Donne de César Vallejo caen caminos para que los pies de la poesía caminen pies que pisan callados como un burrito andino Baudelaire baja un albatros de su reino celeste con el frac del albatros Mallarméva a la fiesta de la nada posible suena el violín de Verlaine en la fiesta de la nada posible recuerda que la sangre es posible en medio de la nada que Girondo liublimará perrinunca lamora y girarán los barquitos de tuñón contra el metal de espanto que abusó a Apollinaire oh Lou que desamaste la eternidad de viaje el palacio del exceso donde entró la sabiduría de Blake el paco urondo que forraba en lamé la felicidad para evitarle fríos de la época mientras Roque Dalton trepaba por el palo mayor de su alma y gritaba».
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Ruiseñores de nuevo