Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"envuelve" poems
Yo quiero ser la otra: La que escondes de noche, La de paseos en coche, La de cosas prohibidas, Quiero ser la querida: Por siempre tu derroche, Cómplice en tus huidas, La que lame tus heridas Y sabe mirarte a los ojos (Cuando ni tú mismo te reconoces,) Jamás ser la oficial, Ni la de la silla presidencial, Ni la santísima catedral, Yo: Yo quiero ser templo escondido, En medio de la sombra del suplicio, A donde llegas hambriento y cansado A ofrecer tu sacrificio, Tu amor Sin derechos, ni beneficios... Caemos lentamente al precipicio, Donde dicen que de allá uno jamás vuelve, Una sombra roja nos envuelve, Dicen que ahí es donde los pecados se absuelven, Ahí, donde te conocí, En ese bar de mala muerte, De la mano de aquel con el alma rota... Yo quiero ser la otra.
0
Oct 3, 2016
Oct 3, 2016 at 4:11 AM UTC
La Otra
Levanten sus copas que hoy la suerte se cierne a la botella Dionisio pagó con sangre el trago amargo de la pérdida. Laureada la seda que envuelve el óbito de tu destino, sobre el tinto que ateza de luto tu pecho atribulan sus enemigos en la cómplice oscuridad de un bar olvidado que arrulla en secreto la muerte bajo un mar de Ginebra Que aguarda entre mentiras al íntimo ritual que sienta el pulso y añeja el vértigo de tus palabras Petaca en mano que enciende tu aliento desgaja tus venas de oporto y ron y pinta de sanguinos matices la náusea ... que apacigua el lamento de tu Ménade solitaria que entre espectros alcoholizados maldice el acre juicio del azar Danza macabra que funde sus lenguas profanas, en la misma apática letanía Maldita esa noche de julio parda como el veneno que rezuman tus vísceras parda como la trama endeble que corrompe tu hígado enfermo Maldita la sed en tus ojos vidriosos negros como el nectar que escancian la Nísiades en la viña de tu cárdena mortaja. Maldito el recuerdo que aún te ve Sentado con beoda inocencia donde van a morir las ratas y un perro viejo sella con vos su pródigo pacto secuaz Que entre pitada y pitada escapan a vos en susurros los versos del turco Jayyam batiendo suspiros al aire flotando en castillos de alquitrán Que pensando en la muerte borracho y con voz cansada solías preguntar ¿Habrá allí una pizca de lima que bese el salitre de sus dedos renegridos?
0
Jul 12, 2015
Jul 12, 2015 at 1:31 PM UTC
Elegía a Nefú
El deseo se envuelve En una red de mentiras, La lujuria se disfraza De amor en las noches Y confundo tu calor Con mi fantasía. Olvido el color del olvido En tu seductor aroma, Y finjo por un momento, Pues el futuro me asusta. Mi pasión arde, Evaporando el dolor En caricias vacias, Besos sin sabor Y palabras que no escucho. Las suplicas de deseo Esconden mi inllenable vacio. Es que una noche basta Para engañar al anhelo, Una sonrisa diferente Esconde la anterior, Llevandose en su aliento El dolor que la primera dejo.
0
Sep 29, 2014
Sep 29, 2014 at 12:39 AM UTC
Caricias Vacias
si con tus manos escribieras la vida de un campesino de alma y risa en una de esas podrias decir todo lo que sentis en el corazon todo lo nuevo y lo viejo entendido de una a secas y tan verde que estalla en flores de nieve de perfumes de seda y miel serena verdadera pero esa nube blanca que te envuelve que te ciega y te aleja de la vida y muere en una oscura y vacia cueva de susurros, de lamentos de soledad y miedo miente nunca fue tan triste el universo del hombre ---------------------------------------------------------- if with your hands you would write live of a peasant of soul and laughter somewhere you could say everything you feel in the heart everything new and old understood at once just dry and so green that bursts in snow flowers of silk and serene honey perfume true but that white cloud that wraps yourself that makes you blind and away from life and dies in a dark and empty cave of whispers and laments of loneliness and fear lies never was so sad the universe of the man
0
Feb 2, 2012
Feb 2, 2012 at 6:17 PM UTC
nunca fue tan triste el universo del hombre
La calva prematura brilla sobre la frente amplia y severa; bajo la piel pálida tersura se trasluce la fina calavera.       Mentón agudo y pómulos marcados por trazos de un punzón adamantino; y de insólita púrpura manchados los labios que soñara un florentino.       Mientras la boca sonreír parece, los ojos perspicaces, que un ceño pensativo empequeñece, miran y ven, profundos y tenaces.       Tiene sobre la mesa un libro viejo donde posa la mano distraída. Al fondo de la cuadra, en el espejo, una tarde dorada está dormida.       Montañas de violeta y grasientos breñales, la tierra que ama el santo y el poeta, los buitres y las águilas caudales.       Del abierto balcón al blanco muro va una franja de sol anaranjada que inflama el aire, en el ambiente obscuro que envuelve la armadura arrinconada.
0
979
Fantasía iconográfica
Soy un alma desnuda en estos versos, Alma desnuda que angustiada y sola Va dejando sus pétalos dispersos. Alma que puede ser una amapola, Que puede ser un lirio, una violeta, Un peñasco, una selva y una ola. Alma que como el viento vaga inquieta Y ruge cuando está sobre los mares, Y duerme dulcemente en una grieta. Alma que adora sobre sus altares, Dioses que no se bajan a cegarla; Alma que no conoce valladares. Alma que fuera fácil dominarla Con sólo un corazón que se partiera Para en su sangre cálida regarla. Alma que cuando está en la primavera Dice al invierno que demora: vuelve, Caiga tu nieve sobre la pradera. Alma que cuando nieva se disuelve En tristezas, clamando por las rosas(*) con que la primavera nos envuelve. Alma que a ratos suelta mariposas A campo abierto, sin fijar distancia, Y les dice: libad sobre las cosas. Alma que ha de morir de una fragancia De un suspiro, de un verso en que se ruega, Sin perder, a poderlo, su elegancia. Alma que nada sabe y todo niega Y negando lo bueno el bien propicia Porque es negando como más se entrega. Alma que suele haber como delicia Palpar las almas, despreciar la huella, Y sentir en la mano una caricia. Alma que siempre disconforme de ella, Como los vientos vaga, corre y gira; Alma que sangra y sin cesar delira Por ser el buque en marcha de la estrella.
0
1.1k
Alma desnuda
Nudo cabeza de turco que envuelve el alma y estos pies de tierra. Atándome como si fuera cuerdas de guitarra y tu el mástil y cuerpo que resuena como pan de cada dia. El calor que busco en la regadera las mijas de galletas en la alacena, Me hacen sentir que no estoy solo que aun vives conmigo. El maniquí que ocupa tu silla, la puerta abierta por si algún día regresas mi oído atento a cualquier voz que suena. Delirio entre sueños nudos en cada parte de mi cuerpo que asfixian mi alma y enredan mi amor. Buscar solución y sumergir mi cabeza en agua fria para despertarme y darme cuenta que cuando no estas surgen mis más terribles pesadillas.
0
Dec 19, 2017
Dec 19, 2017 at 3:44 PM UTC
XXVIII
¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
0
928
Xiv
¡Ya viene el cortejo! ¡Ya viene el cortejo!  Ya se oyen los claros clarines, la espada se anuncia con vivo reflejo; ya viene, oro y hierro, el cortejo de los paladines.Ya pasa debajo los arcos ornados de blancas Minervas y Martes, los arcos triunfales en donde las Famas erigen sus largas trompetas la gloria solemne de los estandartes, llevados por manos robustas de heroicos atletas. Se escucha el ruido que forman las armas de los caballeros, los frenos que mascan los fuertes caballos de guerra, los cascos que hieren la tierra y los timbaleros, que el paso acompasan con ritmos marciales. ¡Tal pasan los fieros guerreros debajo los arcos triunfales!Los claros clarines de pronto levantan sus sones, su canto sonoro, su cálido coro, que envuelve en su trueno de oro la augusta soberbia de los pabellones. Él dice la lucha, la herida venganza, las ásperas crines, los rudos penachos, la pica, la lanza, la sangre que riega de heroicos carmines la tierra; de negros mastines que azuza la muerte, que rige la guerra.Los áureos sonidos anuncian el advenimiento triunfal de la Gloria; dejando el picacho que guarda sus nidos, tendiendo sus alas enormes al viento, los cóndores llegan. ¡Llegó la victoria!Ya pasa el cortejo. Señala el abuelo los héroes al niño. Ved cómo la barba del viejo los bucles de oro circunda de armiño. Las bellas mujeres aprestan coronas de flores, y bajo los pórticos vense sus rostros de rosa; y la más hermosa sonríe al más fiero de los vencedores. ¡Honor al que trae cautiva la extraña bandera honor al herido y honor a los fieles soldados que muerte encontraron por mano extranjera!     ¡Clarines! ¡Laureles!Los nobles espadas de tiempos gloriosos, desde sus panoplias saludan las nuevas coronas y lauros -las viejas espadas de los granaderos, más fuertes que osos, hermanos de aquellos lanceros que fueron centauros-. Las trompas guerreras resuenan: de voces los aires se llenan...-A aquellas antiguas espadas, a aquellos ilustres aceros, que encaman las glorias pasadas... Y al sol que hoy alumbra las nuevas victorias ganadas, y al héroe que guía su grupo de jóvenes fieros, al que ama la insignia del suelo materno, al que ha desafiado, ceñido el acero y el arma en la mano, los soles del rojo verano, las nieves y vientos del gélido invierno, la noche, la escarcha y el odio y la muerte, por ser por la patria inmortal, ¡saludan con voces de bronce las trompas de guerra que tocan la marcha triunfal!...
Continue reading...
56
Cristo dijo que allí donde nos reuniésemos en su nombre, estaría Él en medio de nosotros. No es, pues, extraño que aquella noche misteriosa en que hablábamos de Él con unción cordial, de su inmensa alma diáfana, de su ternura grande como el universo, de su espíritu de sacrificio incomparable, del sabor místico de su caridad, que nos penetra y nos envuelve, Él se presentara de pronto, suavemente, en el corro. Lejos de sorprendernos, su aparición divina nos pareció natural. Quizá no se trataba propiamente de una aparición; más bien le sentíamos dentro de nosotros; pero la realidad de su presencia era absoluta, imponente, superior a toda convicción. En vez de turbarnos, experimentamos todos un bienestar infinito. Cristo nos bendijo y, sonriéndonos, con aquella indecible sonrisa, nos preguntó: -¿Qué deseáis que os dé antes de volver al padre? -Señor -dijo Rafael-, deseo que me perdones mis pecados. -Perdonados están -respondió Jesús, siempre sonriendo. -Yo, Señor -dijo Gabriel-, ansío estar contigo... -Pronto estarás -replicó Cristo amorosamente-. Y tú -me preguntó-, ¿qué quieres, hijo? Iba a decirte algo de mi muerta; pero no sé por qué, al ver la expresión divina de su rostro, comprendí que no era preciso decirle nada; que los muertos estaban en paz en su seno, junto a su corazón, y que todas las cosas que sucedían eran paternalmente dispuestas o reparadas. -Qué anhelas, hijo? -repitió Jesús, y yo respondí: -Señor, ¿qué puedo anhelar, si todo está bien? Yo sólo deseo que se haga en mí tu voluntad... Cristo me miró con ternura (¡qué mirada de éxtasis!); pasó su mano translúcida por mis cabellos... Después se alejó sonriendo, como había venido.
0
765
I. la aparición
Cristo dijo que allí donde nos reuniésemos en su nombre, estaría Él en medio de nosotros. No es, pues, extraño que aquella noche misteriosa en que hablábamos de Él con unción cordial, de su inmensa alma diáfana, de su ternura grande como el universo, de su espíritu de sacrificio incomparable, del sabor místico de su caridad, que nos penetra y nos envuelve, Él se presentara de pronto, suavemente, en el corro. Lejos de sorprendernos, su aparición divina nos pareció natural. Quizá no se trataba propiamente de una aparición; más bien le sentíamos dentro de nosotros; pero la realidad de su presencia era absoluta, imponente, superior a toda convicción. En vez de turbarnos, experimentamos todos un bienestar infinito. Cristo nos bendijo y, sonriéndonos, con aquella indecible sonrisa, nos preguntó: -¿Qué deseáis que os dé antes de volver al padre? -Señor -dijo Rafael-, deseo que me perdones mis pecados. -Perdonados están -respondió Jesús, siempre sonriendo. -Yo, Señor -dijo Gabriel-, ansío estar contigo... -Pronto estarás -replicó Cristo amorosamente-. Y tú -me preguntó-, ¿qué quieres, hijo? Iba a decirte algo de mi muerta; pero no sé por qué, al ver la expresión divina de su rostro, comprendí que no era preciso decirle nada; que los muertos estaban en paz en su seno, junto a su corazón, y que todas las cosas que sucedían eran paternalmente dispuestas o reparadas. -Qué anhelas, hijo? -repitió Jesús, y yo respondí: -Señor, ¿qué puedo anhelar, si todo está bien? Yo sólo deseo que se haga en mí tu voluntad... Cristo me miró con ternura (¡qué mirada de éxtasis!); pasó su mano translúcida por mis cabellos... Después se alejó sonriendo, como había venido.
Continue reading...
15
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
0
690
A mis hijas
Mi tristeza es un mar; tiene su bruma Que envuelve densa mis amargos días; Sus olas son de lágrimas; mi pluma Está empapada en ellas, hijas mías. Vosotras sois las inocentes flores Nacidas de ese mar en la ribera; La sorda tempestad de mis dolores Sirve de arrullo a vuestra edad primera. Nací para luchar; sereno y fuerte Cobro vigor en el combate rudo; Cuando pague mi audacia con la muerte, Caeré cual gladiador sobre mi escudo. Llévenme así a vosotras; de los hombres Ni desdeño el poder ni el odio temo; Pongo todo mi honor en vuestros nombres Y toda el alma en vuestro amor supremo. Para salir al mundo vais de prisa. ¡Ojalá que esa vez nunca llegara! Pues hay que ahogar el llanto con la risa, Para mirar al mundo cara a cara. No me imitéis a mí: yo me consuelo con abrir más los bordes de mi herida; Imitad en lo noble a vuestro abuelo: ¡Sol de virtud que iluminó mi vida! Orad y perdonad; siempre es inmensa Después de la oración la interna calma, Y el ser que sabe perdonar la ofensa Sabe llevar a Dios dentro del alma. Sea vuestro pecho de bondades nido, No ambicionéis lo que ninguno alcanza, Coronad el perdón con el olvido Y la austera virtud con la esperanza. Sin dar culto a los frívolos placeres Que la pureza vuestra frente ciña, Buscad alma de niña en las mujeres Y buscad alma de ángel en la niña. Nadie nace a la infamia condenado, Nadie hereda la culpa de un delito, Nunca para ser siervas del pecado Os disculpéis clamando: estaba escrito. ¡Existir es luchar! No es infelice Quien luchando, de espinas se corona; Abajo, todo esfuerzo se maldice, Arriba, toda culpa se perdona. Se apaga la ilusión cual lumbre fatua Y la hermosura es flor que se marchita; La mujer sin piedad es una estatua Dañosa al mundo y del hogar proscrita. No fijéis en el mal vuestras pupilas Que víbora es el mal que todo enferma, Y haced el bien para dormir tranquilas Cuando yo triste en el sepulcro duerma. Nunca me han importado en este suelo Renombre, aplausos, oropeles, gloria: Procurar vuestro bien, tal es mi anhelo; Amaros y sufrir tal es mi historia. Cuando el sol de mi vida tenga ocaso Recordad mis consejos con ternura, Y en cada pensamiento, en cada paso, Buscad a Dios tras de la inmensa altura. Yo anhelo que, al morir, por premio santo, Tengan de vuestro amor en los excesos: Las flores de mi tumba vuestro llanto, Las piedras de mi tumba vuestros besos.
Continue reading...
64
Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a  retoñar. Perla que en el humo se disuelve, peregrina de la emoción, la ilusión que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón. Vanamente, pretenderemos dar a una rosa mustia color. Así tampoco logramos dar nueva vida a un muerto amor. Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a  retoñar. Cuando el amor se siente extraño en el pecho, ya no es amor, y retenerlo es un engaño que tortura al engañador... Déjalo ir... deja vacío ese hueco en  tu corazón, en las cenizas de tu hastío pon la brasa de otra ilusión... Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a retoñar... Muerto está el amor al que envuelve en llamas la imaginación: La ilusión que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón. Es ley amarga de la vida de todo sueño despertar: Sobre las huellas de una huida es inútil querer soñar... Así, triste, pero sumisa, aceptando el dolor, mujer, di adiós con tu mejor sonrisa a lo que nunca ha de volver... Enigma que si se resuelve nos desencanta, es la pasión: La ilusión que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón... Juntemos, pues, las manos frías, y digamos una oración por las pasadas alegrías y por la actual desilusión. Y con humilde voz, pidamos pronto consuelo a este dolor, por lo mucho que nos amamos en lo breve de nuestro amor... Como la mar, no vuelve al río su agua, la ilusión, una vez que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón. Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a retoñar!... Hay que vivir, hay que olvidar...
0
629
Canción al olvido
Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a  retoñar. Perla que en el humo se disuelve, peregrina de la emoción, la ilusión que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón. Vanamente, pretenderemos dar a una rosa mustia color. Así tampoco logramos dar nueva vida a un muerto amor. Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a  retoñar. Cuando el amor se siente extraño en el pecho, ya no es amor, y retenerlo es un engaño que tortura al engañador... Déjalo ir... deja vacío ese hueco en  tu corazón, en las cenizas de tu hastío pon la brasa de otra ilusión... Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a retoñar... Muerto está el amor al que envuelve en llamas la imaginación: La ilusión que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón. Es ley amarga de la vida de todo sueño despertar: Sobre las huellas de una huida es inútil querer soñar... Así, triste, pero sumisa, aceptando el dolor, mujer, di adiós con tu mejor sonrisa a lo que nunca ha de volver... Enigma que si se resuelve nos desencanta, es la pasión: La ilusión que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón... Juntemos, pues, las manos frías, y digamos una oración por las pasadas alegrías y por la actual desilusión. Y con humilde voz, pidamos pronto consuelo a este dolor, por lo mucho que nos amamos en lo breve de nuestro amor... Como la mar, no vuelve al río su agua, la ilusión, una vez que se va, no vuelve jamás a nuestro corazón. Aquel amor que se nos fuera no lo debemos recordar: Árbol que muere en primavera ya nunca vuelve a retoñar!... Hay que vivir, hay que olvidar...
Continue reading...
61
La noche está soñando que es azul. Todo duerme. Un pájaro medita un trino nuevo. Y yo, en la paz nocturna, no me atrevo a moverme, porque temo que el éxtasis se rompa si me muevo. Mi corazón palpita en la distancia y asciende en espirales hacia un astro que ignoro. Un vaho de silencio me envuelve de fragancia, y me dicta las sílabas de una estrofa de oro. Estoy solo en la noche. El tiempo ya no existe. Nada existe en la noche, que no existe tampoco. Yo solo existo. Yo, que por ser loco y triste, puedo soñar despierto para morirme un poco...
0
492
Nocturno v
Yo sé bien que te acercas. (He oído a mi espalda rozar sordamente la hierba. Parece que rompes la luz a tu paso). Yo sé bien que te acercas. Yo sé bien que tú solo entre todos podrías así demostrarnos que has vuelto. Aunque te estés preguntando por qué no te miro a los ojos. Acaso te creas que he muerto una noche en que tú todavía no habías dejado tu reino. Yo sé bien que te acercas. Debía salirte al encuentro, preguntarte si vienes cansado del largo camino... Pero yo estoy mirando en las aguas el cielo, ya roto, mi imagen, ya rota, y temo que tú, así, comprendas que es rotos como hay que mirarnos, huyendo en el tiempo, cayendo a otras manos que no son las nuestras, para ver la alegría madura y saber que el destino se cumple. Yo sé bien que te acercas. A mi espalda te siento y no quiero mirarte. Yo no quiero que puedas saber por mis ojos el hondo secreto. yo no quiero que pierdas la mágica luz que has traído a la tierra, aquel grave ademán que tenías allí (¡cuando yo estaba allí!), aquel sueño constante que daba misterio a tu gesto y que hoy mismo te envuelve y anuncia aunque estés muy distante. Yo sé bien que te acercas y no quiero mirarte. Porque temo que tú no comprendas y me llames igual que lo hacías apagando la brisa y el mar en tu reino lejano.
0
577
El recién llegado
Al caer la tarde, absorto Tras el cristal, el niño mira Llover. La luz que se ha encendido En un farol contrasta La lluvia blanca con el aire oscuro. La habitación a solas Le envuelve tibiamente, Y el visillo, velando Sobre el cristal, como una nube, Le susurra lunar encantamiento. El colegio se aleja. Es ahora La tregua, con el libro De historias y de estampas Bajo la lámpara, la noche, El sueño, las horas sin medida. Vive en el seno de su fuerza tierna, Todavía sin deseo, sin memoria, El niño, y sin presagio Que afuera el tiempo aguarda Con la vida, al acecho. En su sombra ya se forma la perla.
0
492
Niño tras un cristal
Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
0
583
Casi égloga
Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
Continue reading...
44
Dulce miel, esa de tu boca, que arropa mi piel desatando una furia peligrosa. Como dulce caramelo te comes mis deseos, tus labios tienen el calor preciso para derretirme en tu regodeo. Mi sal no te asusta pues tu miel en mi piel me envuelve en dulzura. Tú mi dulce jinete, dulce complemento para esta amazona, versado en jadear mi cuerpo y, en tus brazos pierdo…toda mi bravura. Confeccionas lentamente el cocido de mi pasión, elevando mis respiros.., desnivelando mi intuición. Como dulce caramelo elasticidad soy en tus manos moldeando mi cuerpo a tu agrado. Dulce y salada, tierna y antojada, Me subes la mirada-confirmándome “Que tú eres quien manda”. Tú suculenta y acaramelada boca me derrite en ensueños, y, evidenciada siempre quedo…. cuando el azúcar de mi piel deja rastros en tu cuerpo. LeydisProse 2/14/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
0
Feb 20, 2018
Feb 20, 2018 at 10:44 AM UTC
Contigo...puro caramelo
Los que auscultasteis el corazón de la noche, los que por el insomnio tenaz habéis oído el cerrar de una puerta, el resonar de un coche lejano, un eco vago, un ligero ruido...En los instantes del silencio misterioso, cuando surgen de su prisión los olvidados, en la hora de los muertos, en la hora del reposo, ¡sabréis leer estos versos de amargor impregnados!...Como en un vaso vierto en ellos mis dolores de lejanos recuerdos y desgracias funestas, y las tristes nostalgias de mi alma, ebria de flores, y el duelo de mi corazón, triste de fiestas.Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido, y la pérdida del reino que estaba para mí, el pensar que un instante pude no haber nacido, ¡y el sueño que es mi vida desde que yo nací!Todo esto viene en medio del silencio profundo en que la noche envuelve la terrena ilusión, y siento como un eco del corazón del mundo que penetra y conmueve mi propio corazón.
0
435
Nocturno
De falsas astrologías, de costumbres un tanto lúgubres, vertidas en lo inacabable y siempre llevadas al lado, he conservado una tendencia, un sabor solitario. De conversaciones gastadas como usadas maderas, con humildad de sillas, con palabras ocupadas en servir como esclavos de voluntad secundaria, teniendo esa consistencia de la leche, de las semanas muertas, del aire encadenado sobre las ciudades. Quién puede jactarse de paciencia más sólida? La cordura me envuelve de piel compacta de un color reunido como una culebra: mis criaturas nacen de un largo rechazo: ay, con un solo alcohol puedo despedir este día que he elegido, igual entre los días terrestres. Vivo lleno de una sustancia de color común, silenciosa como una vieja madre, una paciencia fija como sombra de iglesia o reposo de huesos. Voy lleno de esas aguas dispuestas profundamente, preparadas, durmiéndose en una atención triste. En mi interior de guitarra hay un aire viejo, seco y sonoro, permanecido, inmóvil, como una nutrición fiel, como humo: un elemento en descanso, un aceite vivo: un pájaro de rigor cuida mi cabeza: un ángel invariable vive en mi espada.
0
474
Sabor
Así estás todavía de pie bajo la lluvia, bajo la clara lluvia de una noche de invierno. De pie bajo la lluvia me llega tu sonrisa; de pie bajo la lluvia te encuentra mi recuerdo. Siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, con un polvo de estrellas muriendo en tus cabellos. Y tu voz, que nacía del fondo de tus ojos, y tus manos cansadas que se iban en el viento... Y aquel cielo de plomo y el rumor de los árboles, y la hoja aquella que te cayó en el seno... y el rocío nocturno dormido en tus pestañas, y engarzando diamantes en tu vestido ***** Así estás todavía lejanamente cerca, desde tu lejanía de sombra y de silencio... Mi corazón te llama de pie bajo la lluvia; de pie bajo la lluvia te acercas en el sueño. La vida es tan pequeña que cabe en una noche. -Quizás fue que en la sombra me encontré con tu beso-. Y por eso me envuelve, de pie bajo la lluvia, el sabor de tu boca y el olor de tu cuerpo. Sí. Me has dejado triste. Porque pienso que acaso ya no estarás conmigo cuando llueva de nuevo; y no he de verte entonces de pie bajo la lluvia, con las manos temblando de frío y de deseo. Pero, aunque habrá otras noches cargadas de perfumes, y otras mujeres, y otras, a lo largo del tiempo, siempre he de recordarte de pie bajo la lluvia, bajo la lluvia clara de una noche de invierno.
0
423
Nocturno vi
Soy trigueña y traviesa, jueguetona y coqueta, como el trigal soy un mundo, que te envuelve en sus granos, que te devuelve el ánimo, que sopla a tu oído sonetos y poesías, que te alivian la vida y te llenan de alegría. Soy trigueña y fruta divina, saben mis besos a melocotón, sé derretirme en la mirada de mi amado como se disuelve en la boca el algodón azucarado. Soy trigueña y agraciada, en el amor nunca he sido frugal siempre me he entregado de más, porque a la tumba no quiero llegar con el cuerpo carente de experiencia y el amor que mi amado debí entregar. Soy trigueña y risueña, mi pelo es reposo de las mariposas, y ha sido un inmenso placer moler todo lo que me causa pena. Si soy trigueña y cómo el trigo en mi juventud mi juicio fue verde, y al madurar se reflejan en mi sonrisa, los ambarinos rayos del sol. Si soy trigueña y cómo el trigo ya se está revelando en mi cuello la madurez, mas todo los que he aprendido, todo lo que he recolectado en el trigal de mis años, que se ha cultivado en mi tallo (que es mi mente y mi cuerpo), y han migrado las espigas (lecciones), haciendo el viaje hacia la razón, y hoy por hoy son todas esas espigas, cosechas de mi labor. Como trigo maduro aprendí, que no permito, ¡Que mis raíces la corten oblicuamente con la uña! Todavía soy trigueña!! LeydisProse 1/11/2018 https://m.facebook.com/LeydisProse/
0
Jan 15, 2018
Jan 15, 2018 at 2:06 PM UTC
Trigueña y como el trigo
Como un ala negra tendí mis cabellos             sobre tus rodillas. Cerrando los ojos su olor aspiraste             diciéndome luego: -¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos? ¿Con ramas de sauces te atas las trenzas? ¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras porque acaso en ellas exprimiste un zumo retinto y espeso de moras silvestres? ¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve! Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas. ¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:             -¡Ninguno, ninguno! Te amo y soy joven, huelo a primavera. Este olor que sientes es de carne firme, de mejillas claras y de sangre nueva. ¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo las mismas fragancias de la primavera!
0
408
Como la primavera
En su llama mortal la luz te envuelve. Absorta, pálida doliente, así situada contra las viejas hélices del crepúsculo que en torno a ti da vueltas. Muda, mi amiga, sola en lo solitario de esta hora de muertes y llena de las vidas del fuego, pura heredera del día destruido. Del sol cae un racimo en tu vestido oscuro. De la noche las grandes raíces crecen de súbito desde tu alma, y a lo exterior regresan las cosas en ti ocultas, de modo que un pueblo pálido y azul de ti recién nacido se alimenta. Oh grandiosa y fecunda y magnética esclava del círculo que en ***** y dorado sucede: erguida, trata y logra una creación tan viva que sucumben sus flores, y llena es de tristeza.
0
402
Poema 2