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"enloquecen" poems
La frescura de lo que recién llega, huele a grama mojada por lluvia de anhelos. Como un “te acuerdas” evoca la duda, realza una emoción y cautiva el corazón. Las miradas provocan orgasmos, si sabes mirar; Los besos enloquecen el alma, y el **** entorpece la decencia. El amor transforma lo banal en perpetuo, la razón en sentimiento. Recuérdame por favor la forma de tu cintura, aunque me queme las manos al sentirla. Embriágame otra vez con tu saliva y tu boca, permíteme una vez más volverte loca. Desnuda mis nervios, desviste los tuyos, y déjalos que juegen al son de nuestros besos. Cuéntame dónde has estado, pero no pronuncies nada. Entrégame tu lujuria, dibújala sobre tu piel. Haz sonar tu voz, sin decir una palabra. Regálame tu vientre, liso y sedoso. Confúndeme, dime que no. Emocióname, dime que si. Baila para mi. Curvas. Baila sobre mi. Cantos.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:08 PM UTC
Reencuentro
A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
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Escorial
A medida que nos aproximamos las piedras se van dando mejor. Desnudo, anacorético, las ventanas idénticas entre sí, como la vida de sus monjes, el Escorial levanta sus muros de granito por los que no treparán nunca los mandingas, pues ni aún dentro de novecientos años. hallarán una arruga donde hincar sus pezuñas de azufre y pedernal. Paradas en lo alto de las chimeneas, las cigüeñas meditan la responsabilidad de ser la única ornamentación del monasterio, mientras el viento que reza en las rendijas ahuyenta las tentaciones que amenazan entrar por el tejado. Cencerro de las piedras que pastan en los alrededores, las campanas de la iglesia espantan a los ángeles que viven en su torre y suelen tomarlos de improviso, haciéndoles perder alguna pluma sobre el adoquinado de los patios. ¡Corredores donde el silencio tonifica la robustez de las columnas! ¡Salas donde la austeridad es tan grande, que basta una sonrisa de mujer para que nos asedien los pecados de Bosch y sólo se desbanden en retirada al advertir que nuestro guía es nuestro propio arcángel, que se ha disfrazado de guardián! Los visitantes, la cabeza hundida entre los hombros (así la Muerte no los podrá agarrar como se agarra a un gato), descienden a las tumbas y al pudridero, y al salir, perciben el esqueleto de la gente con la misma facilidad con que antes les distinguían la nariz. Cuando una luna fantasmal nieva su luz en las techumbres, los ruidos de las inmediaciones adquieren psicologías criminales, y el silencio alcanza tal intensidad, que se camina como si se entrara en un concierto, y se contienen las ganas de toser por temor a que el eco repita nuestra tos hasta convencernos de que estamos tuberculosos. ¡Horas en que los perros se enloquecen de soledad y en las que el miedo hace girar las cabezas de las lechuzas y de los hombres, quienes, al enfrentarnos, se persignan bajo el embozo por si nosotros fuéramos Satán!
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Madrugada dispersa …sin esencia Ella llegó a mi vida robándola… cuando al fin no la necesito Aunque ningún ser trate de vivir …sin esencia Evolucioné de repente me transformé en un ser definido inmune… a cualquiera de los problemas Oscuros obstáculos que se alejan cuando voy tras de ti tratando de asimilar el estilo de tu hurto Miradas vacías que me enloquecen demasiado robando cada pedazo del pasado que capturas con tu encanto Tarea fácil para usted ladrona Que perturba mis amaneceres llevándose todo mi sueño llevándose todo aquello que me deja vivir ahora Siguiendo con ella …robándose la esencia
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Jul 22, 2010
Jul 22, 2010 at 8:51 AM UTC
Le voleur de mon essence
¿Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula. Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. Una manzana entera pero en mitá del campo expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda conversaron un truco; el almacén rosado floreció en un compadre, ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. El primer organito salvaba el horizonte con su achacoso porte, su habanera y su ****** El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN, algún piano mandaba tangos de Saborido. Una cigarrería sahumó como una rosa el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
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Fundación mítica de buenos aires
¿Y fue por este río de sueñera y de barro que las proas vinieron a fundarme la patria? Irían a los tumbos los barquitos pintados entre los camalotes de la corriente zaina. Pensando bien la cosa, supondremos que el río era azulejo entonces como oriundo del cielo con su estrellita roja para marcar el sitio en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron. Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron por un mar que tenía cinco lunas de anchura y aún estaba poblado de sirenas y endriagos y de piedras imanes que enloquecen la brújula. Prendieron unos ranchos trémulos en la costa, durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo, pero son embelecos fraguados en la Boca. Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo. Una manzana entera pero en mitá del campo expuesta a las auroras y lluvias y suestadas. La manzana pareja que persiste en mi barrio: Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga. Un almacén rosado como revés de naipe brilló y en la trastienda conversaron un truco; el almacén rosado floreció en un compadre, ya patrón de la esquina, ya resentido y duro. El primer organito salvaba el horizonte con su achacoso porte, su habanera y su ****** El corralón seguro ya opinaba YRIGOYEN, algún piano mandaba tangos de Saborido. Una cigarrería sahumó como una rosa el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres, los hombres compartieron un pasado ilusorio. Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente. A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires: La juzgo tan eterna como el agua y el aire.
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No es cosa de pecar, es pecado no pecar conmigo… de no besarnos, de no aprobarnos, de dejar este sentimiento como se deja un vicio; con calculación, con presura, con odio y sin ternura. No es cosa de pecar, es falta de valentía, de osadía, de interponer mil excusas para encubrir nuestra falta de brío. Te repito lo que te grite aquel día, ¡“si me vas a besar..que sea para idolatrarte”! para impresionarte, para encarcelarte, para enjaularte en sentimientos no indecorosos. Si el sentimiento de culpa te está corroyendo pues, ven conmigo a confesarte, faltaba más, ¡seguro que te absuelvo! con un beso que perdona, con un abrazo que implora, con una mirada que conmueve, con un roce que enternece, con unas manos que enloquecen. Si vas a pecar…ven, arrepiente conmigo, reprenderé tu forma básica de amar, te enseñare acatar las reglas de un amor sin ordenanzas; un amor en confianza, un amor sin penuria, un amor en renovante abundancia. No hay nada más que hablar, si quieres pecar, si necesitas arrepentirte, si quieres absolución, si necesitas de mi religión, aquí estoy yo..dispuesta y libre!!! LeydisProse 10/6/2017 https://www.facebook.com/LeydisProse/
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Oct 6, 2017
Oct 6, 2017 at 11:06 PM UTC
Por si quieres pecar (hazlo conmigo)
Los árboles filtran un ruido de ciudad. Caminos que se enrojecen al abrazar la rechonchez de los parterres. Idilios que explican cualquiera negligencia culinaria. Hombres anestesiados de sol, que no se sabe si se han muerto. La vida aquí es urbana y es simple. Sólo la complican: Uno de esos hombres con bigotes de muñeco de cera, que enloquecen a las amas de cría y les ordeñan todo lo que han ganado con sus ubres. El guardián con su bomba, que es un Manneken-Pis. Una señora que hace gestos de semáforo a un vigilante, al sentir que sus mellizos se están estrangulando en su barriga.
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Plaza