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"dormidos" poems
Y que yo me la llevé al río creyendo que era mozuela, pero tenía marido.Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidón de su enagua me sonaba en el oído, como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos. Sin luz de plata en sus copas los árboles han crecido, y un horizonte de perros ladra muy lejos del río.Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo el cinturón con revólver. Ella sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena yo me la llevé del río. Con el aire se batían las espadas de los lirios.Me porté como quien soy. Como un gitano legítimo. Le regalé un costurero grande de raso pajizo, y no quise enamorarme porque teniendo marido me dijo que era mozuela cuando la llevaba al río.
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La casada infiel
Anoche lloré mientras te recodaba Y recordé las noches que pasamos juntos En las que no tenía que atraer al gato, que ya bastante me odia, hasta mis pies para no tener frío. Anoche recordé también la noche en que dijiste que te irías para siempre y lloré desconsolado. Luego vinieron a mis ojos las lágrimas de aquella otra en la que regresaste, en la que te ayudé a cargar tus maletas, en la que juntos acomodamos mi espacio que se convirtió en nuestro y las palabras dulces que dijimos optimistas sobre el futuro. No pude detenerme hasta recordar todas las noches que despiertos o dormidos pasé tranquilo a tu lado, en las que reímos, en las que bailamos, en las que gozamos, en las que nos conocimos y reencontramos. Las noches en las que te besé, ésas fueron las mejores por sobre todas. Y al final me quebré porque esta noche, como las que sigue, estoy solo. Y me quedo repasando todos esos recuerdos y lloro, te juro que lloro. Pero has de saber que entre lágrimas se escuchan también risas, porqué si hay algo que me hace enteramente feliz, es amarte, es recordarte.
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Jan 23, 2015
Jan 23, 2015 at 2:56 AM UTC
Anoche recordaba
El testigo of the ego, avowal amid amigos Pero sentidos dormidos Seran the death of me though. Querido Mr. Reap Sow do you hear yourself go? Host the dog show of that 'lost hope' An ego weaves abrigos Con todo los gran peligros Morose recallings of your parents belongings- Still longing, still longing Prolonging Belonging in algo Un trago, dos tragos, tres please “to ease the squeeze” of life, they mean “Yeah, of course, duh, hello They're guys with big dough They can play strip shows of words, Pay for pinchos de dolor, por favor! Con calor y sin aguantar.” Tus llantas de Esperanza, Creciendo debajo tu alma, estan puesto en exactitude? Tu attitude; does the longitude and the latitude always point to you?
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Apr 19, 2013
Apr 19, 2013 at 4:43 AM UTC
Ruof.
Primavera que acordas vinhedos adormecidos Hoje fiz uma promessa a mim mesmo que seria escrever para ti: Primavera! Desde menino que me encantas, me envolves, me rejuvenesces…Sim, és tu Primavera que me acordas de sonos bem ou mal dormidos. Com os crescer dos dias parece que tudo cresce de uma forma descontrolada e um infindável colorido permanece aos olhos de quem te acolhe e enaltece. Sim, só poderias ser tu a bendizer todas as rosas campestres que por ti anseiam para comunicar e nos fazer sentir odores, por vezes já esquecidos. Os jardins se enfeitam com violetas, lírios, hortênsias. Os charcos ficam mais esverdeados e alegres, pois as rãs têm mais tempo para cantar. Primavera abençoada que acordas vinhedos durienses adormecidos, que aqueces rio Douro e Tua. Amendoeiras em flor brancas e puras que acolhem abelhas que procuram alimento param se saciar. Nos campos é imensa a alegria de semear sementes que servirão de alimento para tantos seres que não compreendem o poder de nascimento contínuo que existe em todas as Primaveras. Parece que tudo está com disposição de despertar… Parece que tudo ressuscita, que tudo nasce, que tudo vive com maior apego e sintonia com o Deus Criador. Por tudo isto queria também eu ser uma Primavera excelsa e porque não celestial aos olhos de quem nunca teve ou sentiu uma Primavera. Victor Marques
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Feb 24, 2015
Feb 24, 2015 at 8:44 AM UTC
Primavera que despertas
¡Oh mi Musa! ¡Oh mi novia! ¡Oh mi pálida amada! Cuando el pesar mi corazón agobia, Como aurora me alumbra tu mirada. Del alma tú naciste, Creada en un delirio; Te di griego perfil, mirada triste, Cabellos rubios y color de lirio. Cuando tu pie se mueve Y a mí llegas en calma, Parece que vinieras de la nieve Y demandaras el calor de un alma. Indefinible encanto Hay en tu rostro impreso. Calla en mi alma del amor el canto, Muere en mis labios el ardiente beso. Siempre a mi voz respondes, Y a mí estás tan unida Que ni misterios en tu pecho escondes Ni hay para tí secretos en mi vida. Cuando a mi lado veo Tu faz radiante y bella, No me enciende la llama del deseo: Mi amor es rayo de lejana estrella. Llegas a mí sin ruido En noches estrelladas, Y tu mano en mis manos, al oído Me refieres leyendas y baladas. Y el paseo emprendemos Al rayo de la luna; Y cantando al compás de nuestros remos Bogamos en la diáfana laguna. En selvas rumorosas Te oigo historias secretas: Lo que sueñan las vírgenes hermosas, Lo que sueñan los pálidos poetas. A los silfos dormidos Tú, trémula, apostrofas, Y surgen de los cármenes floridos, Cual mariposas blancas, las estrofas. Y en castillos feudales, De góticas arcadas, Me narras los torneos medioevales Y cuentos de princesas encantadas. Mi Musa es Musa casta, Musa con aureola: Como su amor a mi ternura basta Reina en mi pecho, inmaculada y sola. ¡Oh novia sin engaños! ¡Oh Musa soñadora! Di siempre la canción de los veinte años En el fondo del alma que te adora.
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Mi musa
¡Oh mi Musa! ¡Oh mi novia! ¡Oh mi pálida amada! Cuando el pesar mi corazón agobia, Como aurora me alumbra tu mirada. Del alma tú naciste, Creada en un delirio; Te di griego perfil, mirada triste, Cabellos rubios y color de lirio. Cuando tu pie se mueve Y a mí llegas en calma, Parece que vinieras de la nieve Y demandaras el calor de un alma. Indefinible encanto Hay en tu rostro impreso. Calla en mi alma del amor el canto, Muere en mis labios el ardiente beso. Siempre a mi voz respondes, Y a mí estás tan unida Que ni misterios en tu pecho escondes Ni hay para tí secretos en mi vida. Cuando a mi lado veo Tu faz radiante y bella, No me enciende la llama del deseo: Mi amor es rayo de lejana estrella. Llegas a mí sin ruido En noches estrelladas, Y tu mano en mis manos, al oído Me refieres leyendas y baladas. Y el paseo emprendemos Al rayo de la luna; Y cantando al compás de nuestros remos Bogamos en la diáfana laguna. En selvas rumorosas Te oigo historias secretas: Lo que sueñan las vírgenes hermosas, Lo que sueñan los pálidos poetas. A los silfos dormidos Tú, trémula, apostrofas, Y surgen de los cármenes floridos, Cual mariposas blancas, las estrofas. Y en castillos feudales, De góticas arcadas, Me narras los torneos medioevales Y cuentos de princesas encantadas. Mi Musa es Musa casta, Musa con aureola: Como su amor a mi ternura basta Reina en mi pecho, inmaculada y sola. ¡Oh novia sin engaños! ¡Oh Musa soñadora! Di siempre la canción de los veinte años En el fondo del alma que te adora.
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El viento rinde las ramas con los pájaros dormidos. -Abre tres veces el faro su ojo verde-. Calla el grillo. ¡Qué lejos, el huracán pone, uno de otro, los sitios! ¡Qué difícil es lo ficil! ¡Qué cerrados los caminos! Parece que se ha trocado todo. Pero al claror íntimo se ven arenas y flores, donde ayer tarde las vimos.
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Madrugada
He venido para ver semblantes Amables como viejas escobas, He venido para ver las sombras Que desde lejos me sonríen. He venido para ver los muros En el suelo o en pie indistintamente, He venido para ver las cosas, Las cosas soñolientas por aquí. He venido para ver los mares Dormidos en cestillo italiano, He venido para ver las puertas, El trabajo, los tejados, las virtudes De color amarillo ya caduco. He venido para ver la muerte Y su graciosa red de cazar mariposas, He venido para esperarte Con los brazos un tanto en el aire, He venido no sé por qué; Un día abrí los ojos: he venido. Por ello quiero saludar sin insistencia A tantas cosas más que amables: Los amigos de color celeste, Los días de color variable, La libertad del color de mis ojos; Los niñitos de seda tan clara, Los entierros aburridos como piedras, La seguridad, ese insecto Que anida en los volantes de la luz. Adiós, dulces amantes invisibles, Siento no haber dormido en vuestros brazos. Vine por esos besos solamente; Guardad los labios por si vuelvo.
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He venido para ver
Quizá mis lentos ojos no verán más el sur de ligeros paisajes dormidos en el aire, con cuerpos a la sombra de ramas como flores o huyendo en un galope de caballos furiosos. El sur es un desierto que llora mientras canta, y esa voz no se extingue como pájaro muerto; hacia el mar encamina sus deseos amargos abriendo un eco débil que vive lentamente. En el sur tan distante quiero estar confundido. La lluvia allí no es más que una rosa entreabierta; su niebla misma ríe, risa blanca en el viento. Su oscuridad, su luz son bellezas iguales.
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Quisiera estar solo en el sur
Con mi razón apenas, con mis dedos, con lentas aguas lentas inundadas, caigo al imperio de los nomeolvides, a una tenaz atmósfera de luto, a una olvidada sala decaída, a un racimo de tréboles amargos.Caigo en la sombra, en medio de destruidas cosas, y miro arañas, y apaciento bosques de secretas maderas inconclusas, y ando entre húmedas fibras arrancadas al vivo ser de substancia y silencio.Dulce materia, oh rosa de alas secas, en mi hundimiento tus pétalos subo con pies pesados de roja fatiga, y en tu catedral dura me arrodillo golpeándome los labios con un ángel.Es que soy yo ante tu color de mundo, ante tus pálidas espadas muertas, ante tus corazones reunidos, ante tu silenciosa multitud. Soy yo ante tu ola de olores muriendo, envueltos en otoño y resistencia: soy yo emprendiendo un viaje funerario entre sus cicatrices amarillas:soy yo con mis lamentos sin origen, sin alimentos, desvelado, solo, entrando oscurecidos corredores, llegando a tu materia misteriosa. Veo moverse tus corrientes secas, veo crecer manos interrumpidas, oigo tus vegetales oceánicos crujir de noche y furia sacudidos, y siento morir hojas hacia adentro, incorporando materiales verdes a tu inmovilidad desamparada.Poros, vetas, círculos de dulzura, peso, temperatura silenciosa, flechas pegadas a tu alma caída, seres dormidos en tu boca espesa, polvo de dulce pulpa consumida, ceniza llena de apagadas almas, venid a mí, a mi sueño sin medida, caed en mi alcoba en que la noche cae y cae sin cesar como agua rota, y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme, a vuestros materiales sometidos, a vuestras muertas palomas neutrales, y hagamos fuego, y silencio, y sonido, y ardamos, y callemos, y campanas.
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Entrada a la madera
Con mi razón apenas, con mis dedos, con lentas aguas lentas inundadas, caigo al imperio de los nomeolvides, a una tenaz atmósfera de luto, a una olvidada sala decaída, a un racimo de tréboles amargos.Caigo en la sombra, en medio de destruidas cosas, y miro arañas, y apaciento bosques de secretas maderas inconclusas, y ando entre húmedas fibras arrancadas al vivo ser de substancia y silencio.Dulce materia, oh rosa de alas secas, en mi hundimiento tus pétalos subo con pies pesados de roja fatiga, y en tu catedral dura me arrodillo golpeándome los labios con un ángel.Es que soy yo ante tu color de mundo, ante tus pálidas espadas muertas, ante tus corazones reunidos, ante tu silenciosa multitud. Soy yo ante tu ola de olores muriendo, envueltos en otoño y resistencia: soy yo emprendiendo un viaje funerario entre sus cicatrices amarillas:soy yo con mis lamentos sin origen, sin alimentos, desvelado, solo, entrando oscurecidos corredores, llegando a tu materia misteriosa. Veo moverse tus corrientes secas, veo crecer manos interrumpidas, oigo tus vegetales oceánicos crujir de noche y furia sacudidos, y siento morir hojas hacia adentro, incorporando materiales verdes a tu inmovilidad desamparada.Poros, vetas, círculos de dulzura, peso, temperatura silenciosa, flechas pegadas a tu alma caída, seres dormidos en tu boca espesa, polvo de dulce pulpa consumida, ceniza llena de apagadas almas, venid a mí, a mi sueño sin medida, caed en mi alcoba en que la noche cae y cae sin cesar como agua rota, y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme, a vuestros materiales sometidos, a vuestras muertas palomas neutrales, y hagamos fuego, y silencio, y sonido, y ardamos, y callemos, y campanas.
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Oh, tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora cuando el alma no arde, Cuando rosas no tengo para hacerte con ellas Una alegre guirnalda salpicada de estrellas? Oh tú, de la palabra dulce como el murmullo Del agua de la fuente; dulce como el arrullo De la torcaza; dulce como besos dormidos Sobre dos manos pálidas protectoras de nidos. Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa Y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta Y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa Como un cielo nublado que de pronto se irisa. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora Cuando he sido vencida por llama destructora, Cuando he sido arrasada por el fuego divino Y voy, cegada y triste, por un ***** camino? Yo quiero, Dios de dioses, que me hagan nueva toda. Que me tejan con lirios; me sometan a poda Las manos del Misterio; que me resten maleza. Tus labios no se hicieron para curar tristeza. Para tus labios, agua de una pureza suma. Para tus labios, copas de cristal y la espuma Blanquísima de un alma que no sepa de abejas, Ni de mieles, ni sepa de las flores bermejas. Para tus manos, esas que nunca amortajaron; Para tus ojos, esos, los que nunca lloraron; Para tus sueños, sueños como cisnes de oro; Para que tus pupilas persiguieran mis rastros, Oh si luego mis pétalos que estrujaran tus manos, Adquirieran por magia poderes sobrehumanos Y hechos luz se aferraran a la luz de los astros Para que tus pupilas persiguieran mis rastros. Bienvenida la muerte que al sorberme me dieras; Bienvenido tu fuego que agosta primavera; Bienvenido tu fuego que mata los rosales: Que todas las corolas se acerquen a tus males. Oh tú, a quien idolatro por sobre la existencia, Oh tú, por quien deseo renovada mi esencia, ¿Por qué has llegado ahora cuando no he de lograr El divino suplicio de verme deshojar?...
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¡oh, tú!
Oh, tú que me subyugas. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora cuando el alma no arde, Cuando rosas no tengo para hacerte con ellas Una alegre guirnalda salpicada de estrellas? Oh tú, de la palabra dulce como el murmullo Del agua de la fuente; dulce como el arrullo De la torcaza; dulce como besos dormidos Sobre dos manos pálidas protectoras de nidos. Oh tú, que con tus manos puedes tomar mi testa Y hacerle brotar flores como un árbol en fiesta Y hacer que entre mis labios se arquee la sonrisa Como un cielo nublado que de pronto se irisa. ¿Por qué has llegado tarde? ¿Por qué has venido ahora Cuando he sido vencida por llama destructora, Cuando he sido arrasada por el fuego divino Y voy, cegada y triste, por un ***** camino? Yo quiero, Dios de dioses, que me hagan nueva toda. Que me tejan con lirios; me sometan a poda Las manos del Misterio; que me resten maleza. Tus labios no se hicieron para curar tristeza. Para tus labios, agua de una pureza suma. Para tus labios, copas de cristal y la espuma Blanquísima de un alma que no sepa de abejas, Ni de mieles, ni sepa de las flores bermejas. Para tus manos, esas que nunca amortajaron; Para tus ojos, esos, los que nunca lloraron; Para tus sueños, sueños como cisnes de oro; Para que tus pupilas persiguieran mis rastros, Oh si luego mis pétalos que estrujaran tus manos, Adquirieran por magia poderes sobrehumanos Y hechos luz se aferraran a la luz de los astros Para que tus pupilas persiguieran mis rastros. Bienvenida la muerte que al sorberme me dieras; Bienvenido tu fuego que agosta primavera; Bienvenido tu fuego que mata los rosales: Que todas las corolas se acerquen a tus males. Oh tú, a quien idolatro por sobre la existencia, Oh tú, por quien deseo renovada mi esencia, ¿Por qué has llegado ahora cuando no he de lograr El divino suplicio de verme deshojar?...
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Flores crecen en nuestro cielo, donde el amor baila a la luz de la luna de los sueños. Mi querida, besa la noche nuestra despedida para despertar la llama del mañana y sanar a los vivos cuando nos quedemos dormidos.
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Jul 30, 2017
Jul 30, 2017 at 5:19 AM UTC
la nuestra.
Te extraño. Te extraño muchísimo. Te extraño desde el día en que dejaste de quererme, que no necesariamente fue cuando me terminaste. Te extraño más en las noches, cuando voy a bajar a cenar; a veces sola, a veces con mis papás. Te extraño a ti, a las cervezas que te tomabas, a las películas que veíamos, al espacio del sofá que ocupabas, a las cotufas que quemaba y a las que te quedaban ricas. Extraño los días que nos quedábamos dormidos después de comer y los que no también. Extraño escucharte; escucharte cuando hablabas de todo y cuando hablabas de nada. Escucharte escribiendo, aunque no dijeras ni una palabra. Extraño que me asustes, que me fastidies, que me suenes los dedos, la frente. Extraño que me avises, extraño abrirte la puerta, extraño molestarme porque siempre te ibas temprano y porque nunca me avisabas. Ahora, cómo me hace falta que te quedes aunque sea hasta las 8:30 acá para que me des el poquito de cariño y atención que me dabas. Siempre me sentí importante contigo, aunque capaz dentro de tus tantas cosas nunca fui una prioridad. Aprendí a valorar el poquito tiempo que me regalabas y los momenticos chiquitos que me robaba durante el día. A veces también extraño sentirme culpable por ocuparte tanto, porque sé que siempre tenías algo más importante que hacer. Después de escribir tan poquito creo que te extraño más. Extraño al --- de España. Extraño tus recuerdos. Extraño tus helados sorpresa, los primeros chocolates que me trajiste una noche y las últimas galletas que me bajaste del Ávila sin ganas. Extraño invitarte al cine aunque no te gustara. Extraño tus abrazos, creo que es lo que más extraño. Empecé a extrañarte el día en que empecé a pensar cuándo y cómo tenía que decirte que te quería. Cuando tenía que pensarlo dos veces antes de besarte, abrazarte, escribirte, preguntarte. Desde entonces te extraño tanto, y cada vez más.
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Jul 3, 2018
Jul 3, 2018 at 7:45 PM UTC
Extrañarte tanto
Te extraño. Te extraño muchísimo. Te extraño desde el día en que dejaste de quererme, que no necesariamente fue cuando me terminaste. Te extraño más en las noches, cuando voy a bajar a cenar; a veces sola, a veces con mis papás. Te extraño a ti, a las cervezas que te tomabas, a las películas que veíamos, al espacio del sofá que ocupabas, a las cotufas que quemaba y a las que te quedaban ricas. Extraño los días que nos quedábamos dormidos después de comer y los que no también. Extraño escucharte; escucharte cuando hablabas de todo y cuando hablabas de nada. Escucharte escribiendo, aunque no dijeras ni una palabra. Extraño que me asustes, que me fastidies, que me suenes los dedos, la frente. Extraño que me avises, extraño abrirte la puerta, extraño molestarme porque siempre te ibas temprano y porque nunca me avisabas. Ahora, cómo me hace falta que te quedes aunque sea hasta las 8:30 acá para que me des el poquito de cariño y atención que me dabas. Siempre me sentí importante contigo, aunque capaz dentro de tus tantas cosas nunca fui una prioridad. Aprendí a valorar el poquito tiempo que me regalabas y los momenticos chiquitos que me robaba durante el día. A veces también extraño sentirme culpable por ocuparte tanto, porque sé que siempre tenías algo más importante que hacer. Después de escribir tan poquito creo que te extraño más. Extraño al --- de España. Extraño tus recuerdos. Extraño tus helados sorpresa, los primeros chocolates que me trajiste una noche y las últimas galletas que me bajaste del Ávila sin ganas. Extraño invitarte al cine aunque no te gustara. Extraño tus abrazos, creo que es lo que más extraño. Empecé a extrañarte el día en que empecé a pensar cuándo y cómo tenía que decirte que te quería. Cuando tenía que pensarlo dos veces antes de besarte, abrazarte, escribirte, preguntarte. Desde entonces te extraño tanto, y cada vez más.
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la poesía debe ser hecha por todos y no por uno, dijo esas cosas solamente las puede decir un francés rengo que nadie sabe que hizo en la comuna de parís nadie sabe si se murió o no pudo todos se acuerdan de cuando tocaba el piano hasta altas horas del almita molestando a los vecinos que después tenían que ir a trabajar y se iban de la pensión mal dormidos pensando en la madre del pianoeta o poenista hablando pestes de ella cada vez que tropezaban con las piedras o los fríos de las calles de parís lo peor es que tenía un acorde en la cabeza y no se lo podían sacar se la pasaban fundiendo hierro soplando vidrio y no se podían sacar el acorde del rengo el rengo les había hecho un acorde en la cabeza y por allí pasaban furias, mañanitas, agüeros una vez a un ferroviario le paso un pajarito por ahí el pajarito volaba al futuro con un papel que decía futuro en el pico la cuestión es que los vecinos del rengo tenían cara de piano en la mitad del atardecer caían músicas de ellos o teclas de oro donde empezaba el horizonte una mujer bellísima cantaba en la cabeza de los vecinos del rengo que en realidad no era francés más bien era uruguayo solamente a un uruguayo se le puede ocurrir que la poesía debe ser hecha por todos       y no por uno que es como decir que la tierra es de todos y no solamente de uno que el sol no es de uno que el amor es de todos y de nadie       como el aire y la muerte es de todos       y la vida no tiene dueño conocido vos no eras rengo l'autréamont lo que pasó es que dejaste Uruguay se te cayó un pedazo que toca el piano y no deja dormir
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Siempre la poesía
la poesía debe ser hecha por todos y no por uno, dijo esas cosas solamente las puede decir un francés rengo que nadie sabe que hizo en la comuna de parís nadie sabe si se murió o no pudo todos se acuerdan de cuando tocaba el piano hasta altas horas del almita molestando a los vecinos que después tenían que ir a trabajar y se iban de la pensión mal dormidos pensando en la madre del pianoeta o poenista hablando pestes de ella cada vez que tropezaban con las piedras o los fríos de las calles de parís lo peor es que tenía un acorde en la cabeza y no se lo podían sacar se la pasaban fundiendo hierro soplando vidrio y no se podían sacar el acorde del rengo el rengo les había hecho un acorde en la cabeza y por allí pasaban furias, mañanitas, agüeros una vez a un ferroviario le paso un pajarito por ahí el pajarito volaba al futuro con un papel que decía futuro en el pico la cuestión es que los vecinos del rengo tenían cara de piano en la mitad del atardecer caían músicas de ellos o teclas de oro donde empezaba el horizonte una mujer bellísima cantaba en la cabeza de los vecinos del rengo que en realidad no era francés más bien era uruguayo solamente a un uruguayo se le puede ocurrir que la poesía debe ser hecha por todos       y no por uno que es como decir que la tierra es de todos y no solamente de uno que el sol no es de uno que el amor es de todos y de nadie       como el aire y la muerte es de todos       y la vida no tiene dueño conocido vos no eras rengo l'autréamont lo que pasó es que dejaste Uruguay se te cayó un pedazo que toca el piano y no deja dormir
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Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
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Casi égloga
Con las primeras luces de la aurora viene el lechero a la contigua casa. Se acercan tintineando las esquilas de un par de vacas con sus ternerillos y un ruido seco, familiar, menudo, hacen contra la piedra las pezuñas. Con tanta claridad veo la escena como si fuera de cristal mi cuarto. Llega el lechero y su impaciente dedo oprime el timbre repetidas veces. De pronto siento sobre mi cabeza en el piso de arriba caer dos pies: Dos pies desnudos, firmes, decididos, que al arrojarse de la cama al suelo subir han hecho por las finas piernas un estremecimiento delicioso. Es Amarilis, la mayor, que tiene nombre de hierbas, para mi alegría. Apartando las crías, implacable, ha empezado a ordeñar el de la boina. El hilo blanco de la henchida ubre a la vasija de metal apunta y al rebotar en el estrecho fondo levanta un eco cantarín que luego al crecer de la espuma se ensordece. Ya baja apresurada la escalera, frotándose los ojos, mi vecina. Debe estar hermosa con el pelo todo aplastado aún de la almohada y con las leves ropas del estío puestas, al despertar, de cualquier forma. No atina a abrir la complicada puerta, tiene las manos flojas, como torpes, de ese segundo sueño que persiste por la mañana en los dormidos miembros. Oigo un doble ¡buen día! Y a la jarra que presenta Amarilis, el buen vasco trasiega poco a poco el dulce líquido mientras envuelve a la turbada niña en un mirar jocundo y prolongado. Se oye de nuevo el tintinear de plata y el ruido de pezuñas que se aleja. Sube Amarilis diligentemente a hervir la leche para sus hermanos.
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I so yearn to ring, Chimes that waken sleeping hearts, And lift them skyward. Like Keats and Shelley, Wordsworth, Coleridge, and Blake, Or Whitman and Poe. Sadly my chimes are, Like a cracked church bell struck by, Leaves in a wind storm. __________________________________ Anhelo Tanto Sonar Anhelo tanto sonar, Campanas que despierten a corazones dormidos, Y los exalten hacia el cielo. Como Keats y Shelley, Wordsworth, Coleridge, Blake, O Whitman y Poe. Tristemente mis campanadas suenan, Como hojas batidas por una tormenta, En contra de una campana de iglesia agrietada.
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Apr 20, 2020
Apr 20, 2020 at 1:13 AM UTC
I So Yearn to Ring / Anhelo Tanto Sonar
Espinas, vidrios rotos, enfermedades, llanto asedian día y noche la miel de los felices y no sirve la torre, ni el viaje, ni los muros: la desdicha atraviesa la paz de los dormidos, el dolor sube y baja y acerca sus cucharas y no hay hombre sin este movimiento, no hay natalicio, no hay techo ni cercado: hay que tomar en cuenta este atributo. Y en el amor no valen tampoco ojos cerrados, profundos lechos lejos del pestilente herido, o del que paso a paso conquista su bandera. Porque la vida pega como cólera o río y abre un túnel sangriento por donde nos vigilan los ojos de una inmensa familia de dolores.
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Soneto lv
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Dormir
¡Yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir!... ¿Sabes?: el sueño es un estado de divinidad. El que duerme es un dios... Yo lo que tengo, amigo, es gran deseo de dormir. El sueño es en la vida el solo mundo nuestro, pues la vigilia nos sumerge en la ilusión común, en el océano de la llamada «Realidad». Despiertos vemos todos lo mismo: vemos la tierra, el agua, el aire, el fuego, las criaturas efímeras... Dormidos cada uno está en su mundo, en su exclusivo mundo: hermético, cerrado a ajenos ojos, a ajenas almas; cada mente hila su propio ensueño (o su verdad: ¡quién sabe!) Ni el ser más adorado puede entrar con nosotros por la puerta de nuestro sueño. Ni la esposa misma que comparte tu lecho y te oye dialogar con los fantasmas que surcan por tu espíritu mientras duermes, podría, aun cuando lo ansiara, traspasar los umbrales de ese mundo, de tu mundo mirífico de sombras. ¡Oh, bienaventurados los que duermen! Para ellos se extingue cada noche, con todo su dolor el universo que diariamente crea nuestro espíritu. Al apagar su luz se apaga el cosmos. El castigo mayor es la vigilia: el insomnio es destierro del mejor paraíso... Nadie, ni el más feliz, restar querría horas al sueño para ser dichoso. Ni la mujer amada vale lo que un dormir manso y sereno en los brazos de Aquel que nos sugiere santas inspiraciones. .. «El día es de los hombres; mas la noche, de los dioses», decían los antiguos. No turbes, pues, mi paz con tus discursos, amigo: mucho sabes; pero mi sueño sabe más...  ¡Aléjate! No quiero gloria ni heredad ninguna: yo lo que tengo, amigo, es un profundo deseo de dormir...
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Amor mío, al cerrar esta puerta nocturna te pido, amor, un viaje por oscuro recinto: cierra tus sueños, entra con tu cielo en mis ojos, extiéndete en mi sangre como en un ancho río. Adiós, adiós, cruel claridad que fue cayendo en el saco de cada día del pasado, adiós a cada rayo de reloj o naranja, salud oh sombra, intermitente compañera! En esta nave o agua o muerte o nueva vida, una vez más unidos, dormidos, resurrectos, somos el matrimonio de la noche en la sangre. No sé quién vive o muere, quién reposa o despierta, pero es tu corazón el que reparte en mi pecho los dones de la aurora.
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Soneto lxxxii
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
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La casa paterna
¡Imposible olvidarte, de la infancia querida, y los primeros sueños, dulce y quieta morada! ¡Casa de nuestros padres, siempre fuiste en la vida La de mayor encanto... siempre la más amada! Aquí el papel que cubre la alcoba silenciosa, El papel desteñido donde al caer el día Las guirnaldas contábamos, guirnaldas color rosa, Con ojos impregnados de honda melancolía. Allá, en la Nochebuena, con ánimo impaciente, El zapato poníamos, junto a aquella ventana. ¡Cuántos dulces recuerdos despierta en nuestra mente, Recuerdos familiares, el son de una campana! Allá donde la tarde vierte su luz escasa, Dio los primeros pasos la adorada hermanita; en todos los rincones y cuartos de la casa viven gratas memorias de dulzura infinita. Se encuentra como entonces el hogar. Solamente se mira en los espejos una tristeza ignota, Por haber recogido mustia la faz doliente De abuelas melancólicas en una edad remota. Todo está como entonces en somnolienta calma, y en la luz que la noche vecina ha amortiguado Parece que el encanto se eterniza en el alma del hogar venturoso que el tiempo no ha cambiado. Sillones de otros tiempos en donde las abuelas nos acostaban siempre cansados y dormidos; sillones ya pasados de moda, con sus telas marchitas y sus viejos bordados desteñidos; Muebles que siempre guardan el puesto acostumbrado En salones y alcobas; conocidos rumores; Jardín con nuestras huellas; viñedo y emparrado; Santa casa paterna, casa de mis mayores; ¡Quién podría olvidaros, sombras de tiempos idos, hogar en donde vive nuestra alma prisionera, sobre todo, si tantos ataúdes queridos Hemos visto, entre lágrimas, bajar por la escalera!
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si alguna vez, te pierdo, o si te me pierdes, espero acordarme de tus cuerdas hipnotizantes. de tus notas hipnóticas, tus resonancias disonantes, y tus harmonías etéreas que calman mi miseria al igual también, mi amor. espero acordarme de absolutamente todo. el momento malo al igual que el bueno. esperando nuestro amor humano que esté, a través de su divinidad, lleno y repleto del río rojo que sale de este lugar mágico, como el jardín de Adan y Eva. aquí contigo en este río. me encontrarás entre sus piedras, dónde te esperare con mis pies en el agua y entre tus tiernas piernas sembrare mi orgullo final. un final grande y grave, como tu nota musical en su fin orquestal. el estar contigo, es un bienestar al olvido de sufrimientos vividos, tu voz, al estar en mi oído, lava el odio del niño tenido del nido, y en sus alas hay hilos reviviendo los dones dormidos. reviviendo mis sentimientos hacia una vida buena, y el poder de volar. el poder de vivir, y el privilegio de poder compartirme contigo sin tener que fingir. - melancholicreator
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Jul 16, 2025
Jul 16, 2025 at 8:47 PM UTC
adán y eva
Me impongo la costosa penitencia de no mirarte en días y días, porque mis ojos cuando por fin te miren, se aneguen en tu esencia como si naufragasen en un golfo de púrpura, de melodía y de vehemencia. Pasa el lunes, y el martes, y el miércoles... Yo sufro tu eclipse, ¡oh creatura solar!, mas en mi duelo el afán de mirarte se dilata como una profecía; se descorre cual velo paulatino; se acendra como miel; se aquilata como la entraña de las piedras finas; y se aguza como el llavín de la celda de amor de un monasterio en ruinas. Tú no sabes la dicha refinada que hay en huirte, que hay en el furtivo gozo de adorarte furtivamente, de cortejarte más allá de la sombra, de bajarse el embozo una vez por semana, y exponer las pupilas, en un minuto fraudulento, a la mancha de púrpura de tu deslumbramiento. En el bosque de amor, soy cazador furtivo; te acecho entre dormidos y tupidos follajes, como se acecha un ave fúlgida; y de estos viajes por la espesura, traigo a mi aislamiento el más fúlgido de los plumajes: el plumaje de púrpura de tu deslumbramiento.
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La mancha de púrpura
¡Qué hermosa muestra eres, cielo azul del día, a los despiertos ojos, de lo despierto! ¡Qué ejemplo hermoso eres, cielo azul nocturno, a los ojos dormidos, de lo que sueña!
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El dechado
El viento rinde las ramas con los pájaros dormidos, y el faro le abre tres veces su ojo verde. Calla el grillo. ¡Qué lejos, el huracán deja, uno de otro los sitios! ¡Qué difícil es lo fácil! ¡Qué cerrados los caminos! Parece que se ha mudado todo. Pero al fulgor íntimo se ven arenas y flores donde ayer tarde las vimos.
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La luz segura
¡Qué bien están los muertos, ya sin calor ni frío, ya sin tedio ni hastío! Por la tierra cubiertos, en su caja extendidos, blandamente dormidos... ¡Qué bien están los muertos con las manos cruzadas, con las bocas cerradas! ¡Con los ojos abiertos, para ver el arcano que yo persigo en vano! ¡Qué bien estás, mi amor, ya por siempre exceptuada de la vejez odiada, del verdugo dolor...; inmortalmente joven, dejando que te troven su trova cotidiana los pájaros poetas que moran en las quietas tumbas, y en la mañana, donde la Muerte anida, saludan a la vida!
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Ix. ¡qué bien están los muertos!