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"dondequiera" poems
Dijo el fulano presuntuoso / hoy en el consulado obtuve el habitual certificado de existencia consta aquí que estoy vivo de manera que basta de calumnias este papel soberbio / irrefutable atestigua que existo si me enfrento al espejo y mi rostro no está aguantaré sereno despejado ¿no llevo acaso en la cartera mi recién adquirido mi flamante certificado de existencia? vivir / después de todo no es tan fundamental lo importante es que alguien debidamente autorizado certifique que uno probadamente existe cuando abro el diario y leo mi propia necrológica me apena que no sepan qu estoy en condiciones de mostrar dondequiera y a quien sea un vigente prolijo y minucioso certificado de existencia existo luego pienso ¿cuántos zutanos andan por la calle creyendo que están vivos cuando en rigor carecen del genuino irremplazable soberano certificado de existencia?
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Certificado de existencia
Porque te tengo y no porque te pienso porque la noche está de ojos abiertos porque la noche pasa y digo amor porque has venido a recoger tu imagen y eres mejor que todas tus imágenes porque eres linda desde el pie hasta el alma porque eres buena desde el alma a mí porque te escondes dulce en el orgullo pequeña y dulce corazón coraza porque eres mía porque no eres mía porque te miro y muero y peor que muero si no te miro amor si no te miro porque tú siempre existes dondequiera pero existes mejor donde te quiero porque tu boca es sangre y tienes frío tengo que amarte amor tengo que amarte aunque esta herida duela como dos aunque te busque y no te encuentre y aunque la noche pase y yo te tenga y no.
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Corazón coraza
y seguíamos con los ojos cerrados sintiendo la fría brisa de diciembre las luces a medianoche recordándome que no estás aquí que no estás acariciando mi cabello y seguíamos faltándonos el respeto por no estar juntos por ser como somos y no permitirnos estar juntos “es cuestión de ocasión” dondequiera y como sea no te dejaré ni por un segundo pensar que la noche muere que la luna brilla y nosotros no estamos juntos mirando las mismas estrellas preguntándonos de dónde vino esto estarás siempre serás parte de mi incluso estando lejos estarás cerca de mí
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Dec 5, 2015
Dec 5, 2015 at 7:49 PM UTC
b.19
Calavera, burlón y algo alocado Siempre Ricaurte fue, pero valiente; Y un día, con Bolívar que iba al frente, Se marchó a Venezuela uniformado. De «San Mateo» brilla el sol. Cercado Se ve el parque. Bolívar, impaciente, Al cerro se lanzó, como demente, Y gritó entonces: «¡Todo está acabado!» Y respondió Ricaurte: «Dondequiera Fama dejando voy de calavera.... Pues verán lo que haré sin gran trabajo». Y fuego al parque le prendió. Subía, Y en las nubes, riéndose, veía Su castillo de pólvora aquí abajo.
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Antonio ricaurte
¿Oís?,  es el cañón.  Mi pecho hirviendo el cántico de guerra entonará, y al eco ronco del cañón venciendo, la lira del poeta sonará. El pueblo ved que la orgullosa frente levanta ya del polvo en que yacía, arrogante en valor, omnipotente, terror de la insolente tiranía.           Rumor de voces siento, y al aire miro deslumbrar espadas, y desplegar banderas; y retumban al son las escarpadas rocas del Pirineo; y retiemblan los muros de la opulenta Cádiz, y el deseo crece en los pechos de vencer lidiando; brilla en los rostros* el marcial contento, y dondequiera generoso acento se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.               Al grito de la patria           volemos, compañeros,           blandamos los aceros           que intrépida nos da.           A par en nuestros brazos           ufanos la ensalcemos           y al mundo proclamemos:           "España es libre ya".               ¡Mirad, mirad en sangre,           y lágrimas teñidos           reír los forajidos,           gozar en su dolor!           ¡Oh!, fin tan sólo ponga           su muerte a la contienda,           y cada golpe encienda           aún más nuestro rencor.               ¡Oh siempre dulce patria           al alma generosa!           ¡Oh siempre portentosa           magia de libertad!           Tus ínclitos pendones           que el español tremola,           un rayo tornasola           del iris de la paz.               En medio del estruendo           del bronce pavoroso,           tu grito prodigioso           se escucha resonar.           Tu grito que las almas           inunda de alegría,           tu nombre que a esa impía           caterva hace temblar.               ¿Quién hay ¡oh compañeros!,           que al bélico redoble           no sienta el pecho noble           con júbilo latir?           Mirad centelleantes           cual nuncios ya de gloria,           reflejos de victoria           las armas despedir. ¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas! Y al mar se lancen con bramido horrendo de la infiel sangre caudalosos ríos, y atónito contemple el océano sus olas combatidas con la traidora sangre enrojecidas. Truene el cañón: el cántico de guerra, pueblos ya libres, con placer alzad: ved, ya desciende a la oprimida tierra, los hierros a romper, la libertad.
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¡guerra!
¿Oís?,  es el cañón.  Mi pecho hirviendo el cántico de guerra entonará, y al eco ronco del cañón venciendo, la lira del poeta sonará. El pueblo ved que la orgullosa frente levanta ya del polvo en que yacía, arrogante en valor, omnipotente, terror de la insolente tiranía.           Rumor de voces siento, y al aire miro deslumbrar espadas, y desplegar banderas; y retumban al son las escarpadas rocas del Pirineo; y retiemblan los muros de la opulenta Cádiz, y el deseo crece en los pechos de vencer lidiando; brilla en los rostros* el marcial contento, y dondequiera generoso acento se alza de PATRIA y LIBERTAD tronando.               Al grito de la patria           volemos, compañeros,           blandamos los aceros           que intrépida nos da.           A par en nuestros brazos           ufanos la ensalcemos           y al mundo proclamemos:           "España es libre ya".               ¡Mirad, mirad en sangre,           y lágrimas teñidos           reír los forajidos,           gozar en su dolor!           ¡Oh!, fin tan sólo ponga           su muerte a la contienda,           y cada golpe encienda           aún más nuestro rencor.               ¡Oh siempre dulce patria           al alma generosa!           ¡Oh siempre portentosa           magia de libertad!           Tus ínclitos pendones           que el español tremola,           un rayo tornasola           del iris de la paz.               En medio del estruendo           del bronce pavoroso,           tu grito prodigioso           se escucha resonar.           Tu grito que las almas           inunda de alegría,           tu nombre que a esa impía           caterva hace temblar.               ¿Quién hay ¡oh compañeros!,           que al bélico redoble           no sienta el pecho noble           con júbilo latir?           Mirad centelleantes           cual nuncios ya de gloria,           reflejos de victoria           las armas despedir. ¡Al arma!, ¡al arma!, ¡mueran los carlistas! Y al mar se lancen con bramido horrendo de la infiel sangre caudalosos ríos, y atónito contemple el océano sus olas combatidas con la traidora sangre enrojecidas. Truene el cañón: el cántico de guerra, pueblos ya libres, con placer alzad: ved, ya desciende a la oprimida tierra, los hierros a romper, la libertad.
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El vago azar o las precisas leyes Que rigen este sueño, el universo, Me permitieron compartir un terso Trecho del curso con Alfonso Reyes. Supo bien aquel arte que ninguno Supo del todo, ni Simbad ni Ulises, Que es pasar de un país a otros países Y estar íntegramente en cada uno. Si la memoria le clavó su flecha Alguna vez, labró con el violento Metal del arma el numeroso y lento Alejandrino o la afligida endecha. En los trabajos lo asistió la humana Esperanza y fue lumbre de su vida Dar con el verso que ya no se olvida Y renovar la prosa castellana. Más allá del Myo Cid de paso tardo Y de la grey que aspira a ser oscura, Rastreaba la fugaz literatura Hasta los arrabales del lunfardo. En los cinco jardines del Marino Se demoró, pero algo en él había Inmortal y esencial que prefería El arduo estudio y el deber divino. Prefirió, mejor dicho, los jardines De la meditación, donde Porfirio Erigió ante las sombras y el delirio El Árbol del Principio y de los Fines. Reyes, la indescifrable providencia Que administra lo pródigo y lo parco Nos dio a los unos el sector o el arco, Pero a ti la total circunferencia. Lo dichoso buscabas o lo triste Que ocultan frontispicios y renombres: Como el Dios del Erígena, quisiste Ser nadie para ser todos los hombres. Vastos y delicados esplendores Logró tu estilo, esa precisa rosa, Y a las guerras de Dios tornó gozosa La sangre militar de tus mayores. ¿Dónde estará (pregunto) el mexicano? ¿Contemplará con el horror de Edipo Ante la extraña Esfinge, el Arquetipo Inmóvil de la Cara o de la Mano? ¿O errará, como Swedenborg quería, Por un orbe más vívido y complejo Que el terrenal, que apenas es reflejo De aquella alta y celeste algarabía? Si (como los imperios de la laca Y del ébano enseñan) la memoria Labra su íntimo Edén, ya hay en la gloria Otro México y otra Cuernavaca. Sabe Dios los colores que la suerte Propone al hombre más allá del día; Yo ando por estas calles. Todavía Muy poco se me alcanza de la muerte. Sólo una cosa sé. Que Alfonso Reyes (Dondequiera que el mar lo haya arrojado) Se aplicará dichoso y desvelado Al otro enigma y a las otras leyes. Al impar tributemos, al diverso Las palmas y el clamor de la victoria: No profane mi lágrima este verso Que nuestro amor inscribe a su memoria.
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In memoriam
El vago azar o las precisas leyes Que rigen este sueño, el universo, Me permitieron compartir un terso Trecho del curso con Alfonso Reyes. Supo bien aquel arte que ninguno Supo del todo, ni Simbad ni Ulises, Que es pasar de un país a otros países Y estar íntegramente en cada uno. Si la memoria le clavó su flecha Alguna vez, labró con el violento Metal del arma el numeroso y lento Alejandrino o la afligida endecha. En los trabajos lo asistió la humana Esperanza y fue lumbre de su vida Dar con el verso que ya no se olvida Y renovar la prosa castellana. Más allá del Myo Cid de paso tardo Y de la grey que aspira a ser oscura, Rastreaba la fugaz literatura Hasta los arrabales del lunfardo. En los cinco jardines del Marino Se demoró, pero algo en él había Inmortal y esencial que prefería El arduo estudio y el deber divino. Prefirió, mejor dicho, los jardines De la meditación, donde Porfirio Erigió ante las sombras y el delirio El Árbol del Principio y de los Fines. Reyes, la indescifrable providencia Que administra lo pródigo y lo parco Nos dio a los unos el sector o el arco, Pero a ti la total circunferencia. Lo dichoso buscabas o lo triste Que ocultan frontispicios y renombres: Como el Dios del Erígena, quisiste Ser nadie para ser todos los hombres. Vastos y delicados esplendores Logró tu estilo, esa precisa rosa, Y a las guerras de Dios tornó gozosa La sangre militar de tus mayores. ¿Dónde estará (pregunto) el mexicano? ¿Contemplará con el horror de Edipo Ante la extraña Esfinge, el Arquetipo Inmóvil de la Cara o de la Mano? ¿O errará, como Swedenborg quería, Por un orbe más vívido y complejo Que el terrenal, que apenas es reflejo De aquella alta y celeste algarabía? Si (como los imperios de la laca Y del ébano enseñan) la memoria Labra su íntimo Edén, ya hay en la gloria Otro México y otra Cuernavaca. Sabe Dios los colores que la suerte Propone al hombre más allá del día; Yo ando por estas calles. Todavía Muy poco se me alcanza de la muerte. Sólo una cosa sé. Que Alfonso Reyes (Dondequiera que el mar lo haya arrojado) Se aplicará dichoso y desvelado Al otro enigma y a las otras leyes. Al impar tributemos, al diverso Las palmas y el clamor de la victoria: No profane mi lágrima este verso Que nuestro amor inscribe a su memoria.
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Vamos mengana a usar la maravilla esa vislumbre que no tiene dueño afila tu delirio / arma tu sueño en tanto yo te espero en la otra orilla si somos lo mejor de los peores gastemos nuestro poco albedrio recupera tu cuerpo / hacelo mío que yo lo aceptare de mil amores y ya que estamos todos en capilla y dondequiera el mundo se equivoca aprendamos la vida boca a boca y usemos de una vez la maravilla.
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Maravilla
Era un ritmo: el que vibra en el espacio como queja inmortal y se levanta y llega del Señor hasta el palacio ¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio se perdió: ¡Como todo lo que canta! Era un ave: su nido en el paraje que habitamos formó; cual filoomela, gorjeaba al amparo del follaje. ¡Un ave! y sacudiendo su plumaje se alejó: ¡como todo lo que vuela! Era un lampo: el flamígero, de plata, que tiende su fulgor en la penumbra de casto amanecer, y se dilata por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata se apagó: ¡como todo lo que alumbra! No fue su muerte conjunción febea ni puesta melancólica de Diana, sino eclipse de Vísper, que recrea los cielos con su luz, y parpadea y cede ante el fulgor de la mañana. Morir cuando la tumba nos reclama, cuando la dicha suspirando quedo: "Adiós", murmura, y se extinguió la llama de la fe, y aunque todo dice: "Ama", responde el corazón: "¡Si ya no puedo!"; cuando solo escuchamos dondequiera del tedio el gran monologar eterno, y en vano desparrama Primavera su florido caudal en la pradera, porque dentro llevamos el invierno, ¡bien está! Mas partir en pleno día, cuando el sol glorifica la jornada, cuando todo en el pecho ama y confía y la vida, Julieta enamorada, nos dice: ¡No te vayas todavía!, y forma la ilusión mundos d'encaje y los troncos de savia están henchidos, y las frondas perfuman el boscaje, y los nidos salpican el frondaje, y las aves arrullan en los nidos, ¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte, ¡oh poeta!, y en vano a tu partida opusieron al par su muro fuerte Amor, más poderoso que la muerte; Juventud, ¡el paladion de la vida! Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta: el cariño a perderos se rebela; entre Dios y vosotros se levanta; mas os vais: ¡como todo lo que canta! os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
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Perlas negras - xl
Era un ritmo: el que vibra en el espacio como queja inmortal y se levanta y llega del Señor hasta el palacio ¡Un ritmo!, y en el cielo de topacio se perdió: ¡Como todo lo que canta! Era un ave: su nido en el paraje que habitamos formó; cual filoomela, gorjeaba al amparo del follaje. ¡Un ave! y sacudiendo su plumaje se alejó: ¡como todo lo que vuela! Era un lampo: el flamígero, de plata, que tiende su fulgor en la penumbra de casto amanecer, y se dilata por el éter. ¡Un lampo! y su luz grata se apagó: ¡como todo lo que alumbra! No fue su muerte conjunción febea ni puesta melancólica de Diana, sino eclipse de Vísper, que recrea los cielos con su luz, y parpadea y cede ante el fulgor de la mañana. Morir cuando la tumba nos reclama, cuando la dicha suspirando quedo: "Adiós", murmura, y se extinguió la llama de la fe, y aunque todo dice: "Ama", responde el corazón: "¡Si ya no puedo!"; cuando solo escuchamos dondequiera del tedio el gran monologar eterno, y en vano desparrama Primavera su florido caudal en la pradera, porque dentro llevamos el invierno, ¡bien está! Mas partir en pleno día, cuando el sol glorifica la jornada, cuando todo en el pecho ama y confía y la vida, Julieta enamorada, nos dice: ¡No te vayas todavía!, y forma la ilusión mundos d'encaje y los troncos de savia están henchidos, y las frondas perfuman el boscaje, y los nidos salpican el frondaje, y las aves arrullan en los nidos, ¡es muy triste, en verdad! Tal fue su suerte, ¡oh poeta!, y en vano a tu partida opusieron al par su muro fuerte Amor, más poderoso que la muerte; Juventud, ¡el paladion de la vida! Ave, ritmo, perfume, luz qu'encanta: el cariño a perderos se rebela; entre Dios y vosotros se levanta; mas os vais: ¡como todo lo que canta! os perdéis: ¡como todo lo que vuela...!
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Tú que piensas que no creo cuando argüimos los dos, no imaginas mi deseo, mi sed, mi hambre de Dios; ni has escuchado mi grito desesperante, que puebla la entraña de la tiniebla invocando al Infinito; ni ves a mi pensamiento, que empañado en producir ideal, suele sufrir torturas de alumbramiento. Si mi espíritu infecundo tu fertilidad tuviese, forjado ya un cielo hubiese para completar su mundo. Pero di, ¿qué esfuerzo cabe en un alma sin bandera que lleva por dondequiera tu torturador ¿quién sabe?; que vive ayuna de fe y, con tenaz heroísmo, va pidiendo a cada abismo y a cada noche un ¿por qué? De todas suertes, me escuda mi sed de investigación, mi ansia de Dios, honda y muda; y hay más amor en mi duda que en tu tibia afirmación.
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La sombra del ala
¿Dónde estará la niña que en aquel lugarejo una noche de baile me habló de sus deseos de viajar, y me dijo su tedio?Gemía el vals por ella, y ella era un boceto lánguido: unos pendientes de ámbar, y un jazmín en el pelo.Gemían los violines en el torpe quinteto... E ignoraba la niña que al quejarse de tedio conmigo, se quejaba con un péndulo.Niña que me dijiste en aquel lugarejo una noche de baile confidencias de tedio: dondequiera que exhales tu suspiro discreto, nuestras vidas con péndulos...Dos péndulos distantes que oscilan paralelos en una misma bruma de invierno.
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Nuestras vidas son péndulos
¡Oh, Siddharta Gautama!, tú tenías razón: las angustias nos vienen del deseo; el edén consiste en no anhelar, en la renunciación completa, irrevocable, de toda posesión; quien no desea nada, dondequiera está bien. El deseo es un vaso de infinita amargura, un pulpo de tentáculos insaciables, que al par que se cortan, renacen para nuestra tortura. El deseo es el padre del esplín, de la hartura, ¡y hay en él más perfidias que en las olas del mar! Quien bebe como el Cínico el agua con la mano, quien de volver la espalda al dinero es capaz, quien ama sobre todas las cosas al Arcano, ¡ése es el victorioso, el fuerte, el soberano... y no hay paz comparable con su perenne paz!
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Renunciación
¡Que tenga yo, Señor, atrevimiento (¿quién me lo oye decir que no se espanta?) de procurar con los pecados míos agotar tu piedad o tu tormento! La lengua se me pega a la garganta; agua a mis ojos falta, a mi voz bríos; nada me desengaña; el mundo me ha hechizado. ¿Dónde podré esconderme de tu saña, sin que el rastro que deja mi pecado, por dondequiera que mis pasos llevo, no me descubra a tu rigor de nuevo?
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Salmo iv
Yo he vivido mi vida: si fue larga o fue corta, si fue alegre o fue triste, ya casi no me importa. Y aquí estoy, esperando. No sé bien lo que espero, si el amor o la muerte, -lo que pase primero. Algo tuve algún día; lo perdí de algún modo, y me dará lo mismo cuando lo pierda todo. Pero no me lamento de mi mala fortuna, pues me queda un palacio de cristal en la luna, y por andar errante, por vivir el momento, son tan buenos amigos mi corazón y el viento. Por eso y otras me deja indiferente, aquí, allá y dondequiera, lo que diga la gente. -¿Trampas?- Pues sí, hice algunas; pero, mal jugador, yo perdí más que nadie con mis trampas de amor. -¿Pecados?- Sí, aunque leves, de esos que Dios perdona, porque, a pesar de todo, Dios no es mala persona. -¿Mentiras?- Dije muchas, y de bello artificio, pero que en un poeta son cosas del oficio. Y en los casos dudosos, si hice bien o mal, ya arreglaremos cuentas en el Juicio Final. Eso es todo. He vivido. La vida que me queda puede tener dos caras, igual que una moneda: una que es de oro puro -la cara del pasado- y otra -la del presente- que es de plomo dorado. Por lo demás, ya es tarde; pero no tengo prisa, y esperaré la muerte con mi mejor sonrisa, y seguiré viviendo de la misma manera, que es vivir cada instante como una vida entera, mientras siguen andando, de un modo parecido, los hombres con el tiempo y el tiempo hacia el olvido.
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Recapitulación