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"distinta" poems
Siempre es conmovedor el ocaso por indigente o charro que sea, pero más conmovedor todavía es aquel brillo desesperado y final que herrumbra la llanura cuando el sol último se ha hundido. Nos duele sostener esa luz tirante y distinta, esa alucinación que impone al espacio el unánime miedo de la sombra y que cesa de golpe cuando notamos su falsía, como cesan los sueños cuando sabemos que soñamos.
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Afterglow
A veces, mi egoísmo me llena de maldad, y te odio casi hasta hacerme daño a mí mismo: son los celos, la envidia, el asco al hombre, mi semejante aborrecible, como yo corrompido y sin remedio, mi querido hermano y parigual en la desgracia. A veces -o mejor dicho: casi nunca-, te odio tanto que te veo distinta. Ni en corazón ni en alma te pareces a la que amaba sólo hace un instante, y hasta tu cuerpo cambia y es más bello -quizá por imposible y por lejano. Pero el odio también me modifica a mí mismo, y cuando quiero darme cuenta soy otro que no odia, que ama a esa desconocida cuyo nombre es el tuyo, que lleva tu apellido, y tiene, igual que tú, el cabello largo. Cuando sonríes, yo te reconozco, identifico tu perfil primero, y vuelvo a verte, al fin, tal como eras, como sigues siendo, como serás ya siempre, mientras te ame.
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Carta sin despedida
Cantando vas, riendo por el agua, por el aire silbando vas, riendo, en ronda azul y oro, plata y verde, dichoso de pasar y repasar entre el rojo primer brotar de abril, ¡forma distinta, de instantáneas igualdades de luz, vida, color, con nosotros, orillas inflamadas! ¡Qué alegre eres tú, ser, con qué alegría universal eterna! ¡Rompes feliz el ondear del aire, bogas contrario el ondular del agua! ¿No tienes que comer ni que dormir? ¿Toda la primavera es tu lugar? ¿Lo verde todo, lo azul todo, lo floreciente todo es tuyo? ¡No hay temor en tu gloria; tu destino es volver, volver, volver, en ronda plata y verde, azul y oro, por una eternidad de eternidades! Nos das la mano, en un momento de afinidad posible, de amor súbito, de concesión radiante; y, a tu contacto cálido, en loca vibración de carne y alma, nos encendemos de armonía, nos olvidamos, nuevos, de lo mismo, lucimos, un instante, alegres de oro. ¡Parece que también vamos a ser perennes como tú, que vamos a volar del mar al monte, que vamos a saltar del cielo al mar, que vamos a volver, volver, volver por una eternidad de eternidades! ¡Y cantamos, reímos por el aire, por el agua reímos y silbamos! ¡Pero tú no te tienes que olvidar, tú eres presencia casual perpetua, eres la criatura afortunada, el májico ser solo, el ser insombre, el adorado por calor y gracia, el libre, el embriagante robador, que, en ronda azul y oro, plata y verde, riendo vas, silbando por el aire, por el agua cantando vas, riendo!
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Criatura afortunada
Cantando vas, riendo por el agua, por el aire silbando vas, riendo, en ronda azul y oro, plata y verde, dichoso de pasar y repasar entre el rojo primer brotar de abril, ¡forma distinta, de instantáneas igualdades de luz, vida, color, con nosotros, orillas inflamadas! ¡Qué alegre eres tú, ser, con qué alegría universal eterna! ¡Rompes feliz el ondear del aire, bogas contrario el ondular del agua! ¿No tienes que comer ni que dormir? ¿Toda la primavera es tu lugar? ¿Lo verde todo, lo azul todo, lo floreciente todo es tuyo? ¡No hay temor en tu gloria; tu destino es volver, volver, volver, en ronda plata y verde, azul y oro, por una eternidad de eternidades! Nos das la mano, en un momento de afinidad posible, de amor súbito, de concesión radiante; y, a tu contacto cálido, en loca vibración de carne y alma, nos encendemos de armonía, nos olvidamos, nuevos, de lo mismo, lucimos, un instante, alegres de oro. ¡Parece que también vamos a ser perennes como tú, que vamos a volar del mar al monte, que vamos a saltar del cielo al mar, que vamos a volver, volver, volver por una eternidad de eternidades! ¡Y cantamos, reímos por el aire, por el agua reímos y silbamos! ¡Pero tú no te tienes que olvidar, tú eres presencia casual perpetua, eres la criatura afortunada, el májico ser solo, el ser insombre, el adorado por calor y gracia, el libre, el embriagante robador, que, en ronda azul y oro, plata y verde, riendo vas, silbando por el aire, por el agua cantando vas, riendo!
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La misma calidad que el sol de tu país, saliendo entre las nubes: alegre y delicado matiz en unas hojas, fulgor de un cristal, modulación del apagado brillo de la lluvia. La misma calidad que tu ciudad, tu ciudad de cristal innumerable idéntica y distinta, cambiada por el tiempo: calles que desconozco y plaza antigua de pájaros poblada, la plaza en que una noche nos besamos. La misma calidad que tu expresión, al cabo de los años, esta noche al mirarme: la misma calidad que tu expresión y la expresión herida de tus labios. Amor que tiene calidad de vida, amor sin exigencias de futuro, presente del pasado, amor más poderoso que la vida: perdido y encontrado. Encontrado, perdido...
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Amor más poderoso que la vida
Amor mío:                 el tiempo turbulento pasó por mi corazón igual que, durante una tormenta, un río pasa bajo un puente: rumoroso, incesante, lleva lejos hojas y peces muertos, fragmentos desteñidos del paisaje, agonizantes restos de la vida. Ahora, todo ya aguas abajo -luz distinta y silencio-, quedan sólo los ecos de aquel fragor distante, un aroma impreciso a cortezas podridas, y tu imagen entera, inconmovible, tercamente aferrada -como la rama grande que el viento desgajó de un viejo tronco a la borrosa orilla de mi vida.
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Carta
¡Qué pena si este camino fuera de muchísimas leguas y siempre se repitieran los mismos pueblos, la mismas ventas los mismos rebaños, las mismas recuas! ¡Qué pena si esta vida tuviera -esta vida nuestra- mil años de existencia! ¿Quién la haría hasta el fin llevadera? ¿Quién la soportaría toda sin protesta? ¿Quién lee diez siglos en la Historia y no la cierra al ver las mismas cosas siempre con distinta fecha? Los mismos hombres, las mismas guerras, los mismos tiranos, las mismas cadenas, y los mismos farsantes, las mismas sectas ¡y los mismos, los mismos poetas! ¡Qué pena, que sea así todo siempre, siempre de la misma manera!
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¡qué pena!
Éramos dos átomos órbitando en la atmósfera Cada uno dibujando una elíptica distinta Sin pensar que en algún punto a ambos nos uniría Para hacernos uno solo, para fundirnos en vida. Sutilmente nos dejamos llevar por la gravedad Unidos al otro como si se tratase de uno, Elementos separados que pronto sabrían la verdad Y es que los dos nacimos para siempre formar uno.
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Oct 3, 2017
Oct 3, 2017 at 1:58 PM UTC
Su elemento unido.
Mi vista es distinta. Es muy triste y contamina. Me siento cada vez menos viva, derrotada y confundida. Sin saber que hacer, no logro entender aunque aqui todo esta muy bien. Mi mente no deja de correr. Mi mente necesita de calma. Mi mundo siente que se va acabar por que esto ataca. La vida es un proceso. Cada quien construyendo su reto y al mismo tiempo uno siente rincones inciertos. Miro al cielo, pido al mundo repuestas a esto que me esta comiendo. Pero debo escarbar mis adentros. Quiero ser fuerte no dejar de competir.  Esta lucha es solo contra mi. Me siento cansada pero se que lo voy a lograr.
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May 22, 2019
May 22, 2019 at 8:18 PM UTC
Mi vista es distinta
Serán videntes demasiado nadie colindantes opacos orígenes del tedio al ritmo gota topes digo que ingieren el desgano con distinta apariencia Son borra viva cato descompases tirito de la sangre Un poco nubecosa entre sienes de ensayo y algo mucho por cierto indiscernible esqueleteando el aire dados ay en derrumbe hacia el final desvío de ya herbosos durmientes paralelos son estertores malacordes óleos espejismos terrenos milagro intuyo vermes casi llanto que rema de la sangre Sus remordidas grietas laxas fibras orates en desparpada fiebre musito por mi doble son pedales sin olas huecos intransitivos entre burbujas madres grifosones infiero aunque me duela islas sólo de sangre
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Islas sólo de sangre
Volvieron a encontrarse después de muchos años; El, como si evocara tiempos dichosos, y ella Tal cual hilo de plata perdido en los castaños Cabellos, triste y pálida, mas como siempre bella. Como dos alas fueron de una ilusión amada, Pero después la vida los separó inclemente... Se levantan dos olas en una misma rada, Y van, con sus rumores, a playa diferente. Fue en verano, en el parque, frente al mar. La alameda De pinos, como entonces. En vagas lejanías Velas blancas; la tarde con suavidad de seda... Y en un banco sentáronse... el banco de otros días. (Sonaba un organillo bajo la doble fila De árboles rumorosos en vesperal concierto, Y entre el oro y las rosas de la rada tranquila Volaban las gaviotas en la quietud del puerto). «Me encontrarás cambiada», dijo triste. «Conmigo Dura ha sido la vida... muy dura. De nosotros Fue distinta la suerte, que es a veces castigo, Felicidad de unos, y lágrimas dé otros». Y continuó: «La mía... cual tantas... Ilusiones Con su coro de ensueños... tú sabes... sabes cuándo. Promesas, esperanzas, primeras emociones, Después... un alma sola que se quedó esperando». Y él dijo: «Si nacimos para sufrir, si en calma Solamente hay instantes en que el dolor se olvida, ¿Porqué en esos instantes no concentrar el alma Para que alumbren ellos las sombras de la vida?» «¿Recordar?» ella dijo. «¿Qué conseguir podremos De lo que ya no existe, de una ilusión borrada? Si los ojos cerramos, un paraíso vemos, Mas los ojos abrimos, y todo es sombra... y nada». (De nuevo el organillo se oyó. Vals de otros días Conocido por ambos).                                         Bajó los ojos ella, Y dijo melancólica: «Tus manos en las mías.... ¿Te acuerdas?   Una tarde... viéndonos una estrella». «¡Ya lo ves!   ¡El recuerdo!... Tú misma te desdices; Al pasado ¿tu alma no sientes atraída? Evocas lo lejano, dulces tiempos felices, ¡Y niegas que el recuerdo siempre será la vida!» (Sonaba el vals, sonaba, y en la tarde radiosa Iban, bajo los pinos, parejas enlazadas; Y ella y él, recordando su juventud dichosa, Como en risueños días, cruzaron las miradas). Y al separarse, él dijo: «Hay siempre nueva vida, Y el tronco guarda savia por más hojas que pierda». «Tal vez»… ella repuso, «más feliz quien olvida»... Y él dijo pensativo: «Dichoso el que recuerda».
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La romanza del vals
Volvieron a encontrarse después de muchos años; El, como si evocara tiempos dichosos, y ella Tal cual hilo de plata perdido en los castaños Cabellos, triste y pálida, mas como siempre bella. Como dos alas fueron de una ilusión amada, Pero después la vida los separó inclemente... Se levantan dos olas en una misma rada, Y van, con sus rumores, a playa diferente. Fue en verano, en el parque, frente al mar. La alameda De pinos, como entonces. En vagas lejanías Velas blancas; la tarde con suavidad de seda... Y en un banco sentáronse... el banco de otros días. (Sonaba un organillo bajo la doble fila De árboles rumorosos en vesperal concierto, Y entre el oro y las rosas de la rada tranquila Volaban las gaviotas en la quietud del puerto). «Me encontrarás cambiada», dijo triste. «Conmigo Dura ha sido la vida... muy dura. De nosotros Fue distinta la suerte, que es a veces castigo, Felicidad de unos, y lágrimas dé otros». Y continuó: «La mía... cual tantas... Ilusiones Con su coro de ensueños... tú sabes... sabes cuándo. Promesas, esperanzas, primeras emociones, Después... un alma sola que se quedó esperando». Y él dijo: «Si nacimos para sufrir, si en calma Solamente hay instantes en que el dolor se olvida, ¿Porqué en esos instantes no concentrar el alma Para que alumbren ellos las sombras de la vida?» «¿Recordar?» ella dijo. «¿Qué conseguir podremos De lo que ya no existe, de una ilusión borrada? Si los ojos cerramos, un paraíso vemos, Mas los ojos abrimos, y todo es sombra... y nada». (De nuevo el organillo se oyó. Vals de otros días Conocido por ambos).                                         Bajó los ojos ella, Y dijo melancólica: «Tus manos en las mías.... ¿Te acuerdas?   Una tarde... viéndonos una estrella». «¡Ya lo ves!   ¡El recuerdo!... Tú misma te desdices; Al pasado ¿tu alma no sientes atraída? Evocas lo lejano, dulces tiempos felices, ¡Y niegas que el recuerdo siempre será la vida!» (Sonaba el vals, sonaba, y en la tarde radiosa Iban, bajo los pinos, parejas enlazadas; Y ella y él, recordando su juventud dichosa, Como en risueños días, cruzaron las miradas). Y al separarse, él dijo: «Hay siempre nueva vida, Y el tronco guarda savia por más hojas que pierda». «Tal vez»… ella repuso, «más feliz quien olvida»... Y él dijo pensativo: «Dichoso el que recuerda».
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Distinta tú serías a todas las mujeres, Si hacerte y rehacerte, cada vez que lo quieres, El alma no supieras. Lo haces con una nada; Y tu arte es tal, que cada Ocasión que te veo, Me subyugas, y que eres otra mujer yo creo. Tú sabes que en lo vida todo se va gastando, Que nuestro amor es viejo, y es siempre entonces cuando Engaño e ingenio luces, que en ti son inherentes, Y ante mí te presentas con ojos diferentes. El brillo de tu rostro se ve más bello y vivo Entre capa de pieles; con mayor atractivo Renaces de la seda, de un bien cortado traje y de rondas de encaje; Y después... los sombreros. Algo más llamativo En ti siempre descubro. Y eso es, precisamente, Por los grandes sombreros, lo que hace que los ojos Aparezcan más negros, pues ocultan la frente. Porque muy bien comprendes, con tu sabiduría E ingenio despejado, Que debes, cuando observas mi amor ya fatigado, Confeccionarte un alma, que no te conocía. Al verte en ese instante, Los labios te saqueo con mis besos nerviosos, Y tomo tu semblante. En mis manos febriles, y agito tus undosos Cabellos, y me río... más feliz, más amante. Pero cuando los rizos te deshago, y encuentro Tus verdaderos ojos, y el alma reconcentro, Veo que son los mismos. Y cuando febrilmente Agito con los dedos tu rubia cabellera Y asoma tu cabeza revuelta de repente, Reveo con profundo desencanto tu frente, La de la vez primera. ¡Eres tú, la de siempre, pues no has cambiado nada! Y aquella tu alma efímera con mis ósculos trato De reanimar. Mas huye mi ilusión disipada, Y entonces me pareces de tu madre el retrato.
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Almas, modas, etc.
Distinta tú serías a todas las mujeres, Si hacerte y rehacerte, cada vez que lo quieres, El alma no supieras. Lo haces con una nada; Y tu arte es tal, que cada Ocasión que te veo, Me subyugas, y que eres otra mujer yo creo. Tú sabes que en lo vida todo se va gastando, Que nuestro amor es viejo, y es siempre entonces cuando Engaño e ingenio luces, que en ti son inherentes, Y ante mí te presentas con ojos diferentes. El brillo de tu rostro se ve más bello y vivo Entre capa de pieles; con mayor atractivo Renaces de la seda, de un bien cortado traje y de rondas de encaje; Y después... los sombreros. Algo más llamativo En ti siempre descubro. Y eso es, precisamente, Por los grandes sombreros, lo que hace que los ojos Aparezcan más negros, pues ocultan la frente. Porque muy bien comprendes, con tu sabiduría E ingenio despejado, Que debes, cuando observas mi amor ya fatigado, Confeccionarte un alma, que no te conocía. Al verte en ese instante, Los labios te saqueo con mis besos nerviosos, Y tomo tu semblante. En mis manos febriles, y agito tus undosos Cabellos, y me río... más feliz, más amante. Pero cuando los rizos te deshago, y encuentro Tus verdaderos ojos, y el alma reconcentro, Veo que son los mismos. Y cuando febrilmente Agito con los dedos tu rubia cabellera Y asoma tu cabeza revuelta de repente, Reveo con profundo desencanto tu frente, La de la vez primera. ¡Eres tú, la de siempre, pues no has cambiado nada! Y aquella tu alma efímera con mis ósculos trato De reanimar. Mas huye mi ilusión disipada, Y entonces me pareces de tu madre el retrato.
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Se me ocurre que vas a llegar distinta no exactamente más linda ni más fuerte                        ni más dócil                                            ni más cauta tan sólo que vas a llegar distinta como si esta temporada de no verme te hubiera sorprendido a vos también quizá porque sabes como te pienso y te enumero despues de todo la nostalgia existe aunque no lloremos en los andenes fantasmales ni sobre las almohadas de candor ni bajo el cielo opaco yo nostalgio tú nostalgias y como me revienta que él nostalgie tu rostro es la vanguardia tal vez llega primero porque lo pinto en las paredes con trazos invisibles y seguros no olvides que tu rostro me mira como pueblo sonríe y rabia y canta como pueblo y eso te da una lumbre                                         inapagable ahora no tengo dudas vas a llegar distinta y con señales con nuevas                    con hondura                                         con franqueza sé que voy a quererte         sin preguntas sé que vas a quererme         sin respuestas.
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Bienvenida
Tu amor arde en la sombra como una llama lenta, como la luz de un faro, que oscila en la tormenta. Perdida como el aire de la tarde en el trigo, todo lo que me dejas también se va contigo. Perdida como el agua que salta de la fuente, porque siempre es la misma y siempre es diferente; y quizás tú te vas sin saber que te has ido, como un golpe de viento, con un rumbo de olvido. Yo he visto como el árbol recobra lo que pierde, pues por cada hoja seca le brota una hoja verde; pero también el árbol verdemente feliz se seca hasta la copa si muere la raíz. Tu amor se va en la sombra como el agua de un río, pero si el agua es tuya quizás el cauce es mío. Tu amor es una alegre fugacidad de espuma que se nutre del viento y en el viento se esfuma. Pero es como una rama que florece, querida, ver crecer en tus ojos una desconocida: Ésa, recién llegada de tu ensueño o tu hastío, nace en tu corazón, pero viene hacia el mío; y si tú, como el agua que se va de una fuente, siendo siempre la misma, puedes ser diferente, yo, embriagado en tu vino con distinta embriaguez, pensaré que eres otra, ¡para amarte otra vez!
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Canción del amor que se queda
Cada respiración es una canción de amor De izquierda a derecha, nos rebasa Regresaremos al mundo del más allá. A tal destino nadie puede desafiar. Venimos de los cielos Ahí fraternizamos con los Ángeles Al mismo lugar nos elevaremos A esa ciudad, pasando los siete cielos. Estamos por encima de los cielos y trascendemos a los ángeles ¿Por qué deberíamos transigir? La Casa de las Canciones es nuestro destino. Vivamos con buena Fortuna El destino es contradictorio, Alegres a nuestras vidas demos La victoria del orgullo mundano. El dulce aroma de esta brisa Brota del rizo de ese cabello Radiante fantasía sobre sus rodillas Sobre de esa cara gustoso se fija. Las personas son como los dementes Nacen del mar del alma Manténgase a flote muchas lunas Al mar, el demente, controla. Desde ese mar llegó la ola Mientras el barco tomaba forma Del naufragio nadie podría salvarse Volviendo al mar por esa tormenta. Lo que parecía malo, era la gracia la amabilidad estaba en la ira de la ola El amanecer de la conciencia aparece Iluminando ese camino divino. Desde Tabriz comenzó a brillar La Luz de la Verdad, me llama Tu luz que siendo la Distinta Luz Divina, no obstante, conecta todo. Rumi-Divan-e Shams Tomado de la magnífica traducción al inglés de Shahriar Shahriari Vancouver, Canada July 20, 1998
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Jan 30, 2019
Jan 30, 2019 at 1:35 PM UTC
RUMI
Amo esta calle, y amo sus tristes casas en las que se entristecen cumpleaños y bodas, porque esta calle triste, se alegra cuando pasas tú, mujer preferida entre todas. Amo esta calle acaso porque en ella subsiste no sé qué somnolencia de arrabal provinciano. Pero a veces la odio, porque aunque siempre es triste me parece más triste cuando te espero en vano. Y yo bien sé que esta calle nunca podrá ser bella con sus fachadas sucias y sus portales viejos. Pero sé que es distinta cuando pasas por ella y te miro pasar... desde lejos. Por eso amo esta calle de soledad y hastío que ensancha sus aceras para alejar las casas. Mientras te espera en vano mi corazón vacío, ¡que es una calle triste por donde nunca pasas!
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Poema de una calle
Ha mucho tiempo que te soñaba así, vestida de blanco tul, y al alma mía que te buscaba, Ana, ¿qué miras? - le preguntaba como en el cuento de Barba azul. Ha mucho tiempo que presentía tus ojos negros como los vi, y que, en mis horas de nostalgia, la hermana Ana me respondía: "Hay una virgen que viene a ti". Y al vislumbrarte, febril, despierto, tras de la ojiva del torreón, después de haberse movido incierto, como campana que toca a muerto, tocaba a gloria mi corazón. Por fin, distinta me apareciste; vibraron dianas en rededor, huyó callada la Musa triste, y tú llegaste, viste y venciste como el magnífico Emperador. Hoy, mi esperanza que hacia ti corre, que mira el cielo donde tú estés, porque la gloria se le descorre, ya no pregunta desde la torre: Hermana Ana, ¿dime qué ves? Hoy en mi noche tu luz impera, veo tu rostro resplandecer, y en mis ensueños sólo quisiera enarbolarte como bandera, y, a ti abrazado, por ti vencer.
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Perlas negras - lxiv
No pienses que me he rendido, pues no es así. Al contrario, te sigo fuertemente expresando mi amor. En esta forma tan distinta a las previas. Si; me alejo. Mi amor lo merece. El necesita desesperadamente que seas feliz. Aunque de ti viva distante.
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Mar 27, 2021
Mar 27, 2021 at 2:34 AM UTC
Mi amor lo merece
Iba por un túnel oscuro, aferrado a la promesa de la luz, un final que me cambiaría, un final en el que quería creer. Encontrarme no fue fácil ni apresurado, pero tampoco imposible. No todo era sombra, había destellos en mis propios susurros. Cuando me vi en el túnel, me abracé. Me sostuve fuerte y prometí no soltarme. Ahora me entiendo, me acepto, y camino junto a mis pasiones y mis miedos. La vida es distinta. Me siento más fuerte, no solo en cuerpo, sino en mente. Más consciente, más preparado, con ganas de compartir mi voz. Así como lo lees, me encontré. El futuro es incierto, pero si algo tengo claro, es que ya no me perderé.
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Feb 21, 2025
Feb 21, 2025 at 11:19 AM UTC
Me encontré
Se me hiela la voz en la garganta. Mi voz más dulce, con la que solía hablar de amor a solas, se me enfría aprisionando todo lo que canta. ¿O es una voz distinta ésta que tanta tristeza dice que ensombrece al día? En lentos remolinos de agonía mi voz, ceniza densa, se levanta. Fino polvo sutil de mi tristeza conducido en pausados giros quedos a las más nimias cosas por el viento! Todo es ya gris, y tengo la certeza que, de tocarlo todo, vuestros dedos tendrán la mancha de mi desaliento.
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[se me hiela la voz en la garganta]