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"distancias" poems
Ves estas manos? Han medido la tierra, han separado los minerales y los cereales, han hecho la paz y la guerra, han derribado las distancias de todos los mares y ríos, y sin embargo cuanto te recorren a ti, pequeña, grano de trigo, alondra, no alcanzan a abarcarte, se cansan alcanzando las palomas gemelas que reposan o vuelan en tu pecho, recorren las distancias de tus piernas, se enrollan en la luz de tu cintura. Para mí eres tesoro más cargado de inmensidad que el mar y su racimos y eres blanca y azul y extensa como la tierra en la vendimia. En ese territorio, de tus pies a tu frente, andando, andando, andando, me pasaré la vida.
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La infinita
Flotante, sin asidero, nadador fuera del agua, voluntario a la deriva, por las horas, por el aire, por el haz de la mañana. Todo fugitivo, todo resbaladizo, se escapa de entre los dedos el mundo, la tierra, la arena. Nubes, velas, gaviotas, espumas, blancuras desvariadas, tiran de mí, que las sigo, que las dejo. ¿Estoy, estaba, estaré? Pero sin ir, sin venir, quieto, flotando en aquí, en allí, en azul. Una alegría que es el filo de la mañana rompe, corta, desenreda nudos, promesas, amarras. Tropeles de sombras ninfas huyendo van de sus cuerpos en islas desenfrenadas. Con su cargamento inútil de recuerdos y de plazos -¡ya no sirven, ya no sirven!- el tiempo leva las anclas. No se le ve ya. Sin tiempo, prisa y despacio lo mismo, ¡qué de prisa, qué despacio juegan los lejos a cercas colgados del verdiazul columpio de las distancias! Su silencio echan a vuelo enmudecidas campanas y cumplen su juramento los horizontes del alba: la vida toda de día, sin lastre, pura, flotando ni en agua, ni en aire, en nada.
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Pienso en un tigre. La penumbra exalta La vasta Biblioteca laboriosa Y parece alejar los anaqueles; Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo, él irá por su selva y su mañana Y marcará su rastro en la limosa Margen de un río cuyo nombre ignora (En su mundo no hay nombres ni pasado Ni porvenir, sólo un instante cierto.) Y salvará las bárbaras distancias Y husmeará en el trenzado laberinto De los olores el olor del alba Y el olor deleitable del venado; Entre las rayas del bambú descifro, Sus rayas y presiento la osatura Baja la piel espléndida que vibra. En vano se interponen los convexos Mares y los desiertos del planeta; Desde esta casa de un remoto puerto De América del Sur, te sigo y sueño, Oh tigre de las márgenes del Ganges. Cunde la tarde en mi alma y reflexiono Que el tigre vocativo de mi verso Es un tigre de símbolos y sombras, Una serie de tropos literarios Y de memorias de la enciclopedia Y no el tigre fatal, la aciaga joya Que, bajo el sol o la diversa luna, Va cumpliendo en Sumatra o en Bengala Su rutina de amor, de ocio y de muerte. Al tigre de los simbolos he opuesto El verdadero, el de caliente sangre, El que diezma la tribu de los búfalos Y hoy, 3 de agosto del 59, Alarga en la pradera una pausada Sombra, pero ya el hecho de nombrarlo Y de conjeturar su circunstancia Lo hace ficción del arte y no criatura Viviente de las que andan por la tierra. Un tercer tigre buscaremos. Éste Será como los otros una forma De mi sueño, un sistema de palabras Humanas y no el tigre vertebrado Que, más allá de las mitologías, Pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo Me impone esta aventura indefinida, Insensata y antigua, y persevero En buscar por el tiempo de la tarde El otro tigre, el que no está en el verso.
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El otro tigre
Pienso en un tigre. La penumbra exalta La vasta Biblioteca laboriosa Y parece alejar los anaqueles; Fuerte, inocente, ensangrentado y nuevo, él irá por su selva y su mañana Y marcará su rastro en la limosa Margen de un río cuyo nombre ignora (En su mundo no hay nombres ni pasado Ni porvenir, sólo un instante cierto.) Y salvará las bárbaras distancias Y husmeará en el trenzado laberinto De los olores el olor del alba Y el olor deleitable del venado; Entre las rayas del bambú descifro, Sus rayas y presiento la osatura Baja la piel espléndida que vibra. En vano se interponen los convexos Mares y los desiertos del planeta; Desde esta casa de un remoto puerto De América del Sur, te sigo y sueño, Oh tigre de las márgenes del Ganges. Cunde la tarde en mi alma y reflexiono Que el tigre vocativo de mi verso Es un tigre de símbolos y sombras, Una serie de tropos literarios Y de memorias de la enciclopedia Y no el tigre fatal, la aciaga joya Que, bajo el sol o la diversa luna, Va cumpliendo en Sumatra o en Bengala Su rutina de amor, de ocio y de muerte. Al tigre de los simbolos he opuesto El verdadero, el de caliente sangre, El que diezma la tribu de los búfalos Y hoy, 3 de agosto del 59, Alarga en la pradera una pausada Sombra, pero ya el hecho de nombrarlo Y de conjeturar su circunstancia Lo hace ficción del arte y no criatura Viviente de las que andan por la tierra. Un tercer tigre buscaremos. Éste Será como los otros una forma De mi sueño, un sistema de palabras Humanas y no el tigre vertebrado Que, más allá de las mitologías, Pisa la tierra. Bien lo sé, pero algo Me impone esta aventura indefinida, Insensata y antigua, y persevero En buscar por el tiempo de la tarde El otro tigre, el que no está en el verso.
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El día de los desventurados, el día pálido se asoma con un desgarrador olor frío, con sus fuerzas en gris, sin cascabeles, goteando el alba por todas partes: es un naufragio en el vacío, con un alrededor de llanto. Porque se fue de tantos sitios la sombra húmeda, callada, de tantas cavilaciones en vano, de tantos parajes terrestres en donde debió ocupar hasta el designio de las raíces, de tanta forma aguda que se defendía. Yo lloro en medio de lo invadido, entre lo confuso, entre el sabor creciente, poniendo el oído en la pura circulación, en el aumento, cediendo sin rumbo el paso a lo que arriba, a lo que surge vestido de cadenas y claveles, yo sueño, sobrellevando mis vestigios morales. Nada hay de precipitado ni de alegre, ni de forma orgullosa, todo aparece haciéndose con evidente pobreza, la luz de la tierra sale de sus párpados no como la campanada, sino más bien como las lágrimas: el tejido del día, su lienzo débil, sirve para una venda de enfermos, sirve para hacer señas en una despedida, detrás de la ausencia: es el color que sólo quiere reemplazar, cubrir, tragar, vencer, hacer distancias. Estoy solo entre materias desvencijadas, la lluvia cae sobre mí, y se me parece, se me parece con su desvarío, solitaria en el mundo muerto, rechazada al caer, y sin forma obstinada.
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Débil del alba
No cantaré ya nunca más. El canto se me ha secado en la garganta. Como una rosa. Ay, misterioso ruiseñor que gorjeabas bajo el agua, que me clavabas en el pecho tu pico: sueño, vida, espada. Se derramaba por el mar mi sangre. Cantar de bienaventuranza. Iluminaba los amaneceres con su doliente luz de plata. Alca carmín y mediodía de oro. Trompas de fuego en la mañana. En cada hojilla de la primavera una menuda y verde daga. Dedos que tañen cuerdas invisibles. Músicas que desnudan al que pasa. Cuánto tesoro derruido en el silencio de tu caja. Ay, mis héroes, mis álamos, mis ríos, mis playas, frutas y distancias. (Ay, Dios mío, sin nombre ya, sin hombre). Ay, enterradas y borradas. Ay. Y podridas. Y dormidas. Y asesinadas. Y apagadas. Las olas que me hundieron hasta el fondo sabían bien lo que arrastraban. Ay, las canciones sin medida. Las medidas sin notas, sin palabras. Ay, las columnas en que puse el peso dulce de mis alas. Y todo: norte y sur, este y oeste, ofrendándome sus campanas, sus instrumentos de cristal, humos, piedras, plumas y almas. Ay, sin medida ya. Fundidas las fronteras y las distancias. Ay, la vida que no venía a ofrecerme su boca grana. Cárcel de hierro, más sin fuego. Piedra sin alas y sin alma. Ay, estíos, otoños, primaveras, inviernos que nacían y pasaban. Ay, gaviotas, alondras, horas, manos, estrellas, peces, ramas. Ay, vida que no viene. Y si venía no había voz para cantarla. No cantaré ya nunca más. El canto se me ha secado en la garganta. Se ha dormido en mi corazón como una rosa.
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El canto seco
No cantaré ya nunca más. El canto se me ha secado en la garganta. Como una rosa. Ay, misterioso ruiseñor que gorjeabas bajo el agua, que me clavabas en el pecho tu pico: sueño, vida, espada. Se derramaba por el mar mi sangre. Cantar de bienaventuranza. Iluminaba los amaneceres con su doliente luz de plata. Alca carmín y mediodía de oro. Trompas de fuego en la mañana. En cada hojilla de la primavera una menuda y verde daga. Dedos que tañen cuerdas invisibles. Músicas que desnudan al que pasa. Cuánto tesoro derruido en el silencio de tu caja. Ay, mis héroes, mis álamos, mis ríos, mis playas, frutas y distancias. (Ay, Dios mío, sin nombre ya, sin hombre). Ay, enterradas y borradas. Ay. Y podridas. Y dormidas. Y asesinadas. Y apagadas. Las olas que me hundieron hasta el fondo sabían bien lo que arrastraban. Ay, las canciones sin medida. Las medidas sin notas, sin palabras. Ay, las columnas en que puse el peso dulce de mis alas. Y todo: norte y sur, este y oeste, ofrendándome sus campanas, sus instrumentos de cristal, humos, piedras, plumas y almas. Ay, sin medida ya. Fundidas las fronteras y las distancias. Ay, la vida que no venía a ofrecerme su boca grana. Cárcel de hierro, más sin fuego. Piedra sin alas y sin alma. Ay, estíos, otoños, primaveras, inviernos que nacían y pasaban. Ay, gaviotas, alondras, horas, manos, estrellas, peces, ramas. Ay, vida que no viene. Y si venía no había voz para cantarla. No cantaré ya nunca más. El canto se me ha secado en la garganta. Se ha dormido en mi corazón como una rosa.
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cuando raf salinger se enamoró o quiso de verdad salió de sí como de un calabozo brilló con propia luz no tuvo tacha ni defecto ni mengua como caballos como vacas al fin de la jornada raf salinger vertía sus aguas en plena soledad fulguró afuera como sol no pálido de cárcel no en guerra "cuidado que me lastimás" decía raf salinger a los hombres de manos ásperas que como niños están cubiertos de miel pero le quitan la victoria el vencedor "oh ángel que te inclinas en la primera mitad" decía raf salinger furioso cavando el viento que le envolvía la trasluz o el revés de los días malos que le comían la verdad "si el coraje consiste en ser prudente" decía raf salinger "si los vestidos significan desnudez y miseria dicha el llanto cadáver curación, te arde amor el odio" decía con gran perdones finalmente todas las ventanitas se cerraron cuando raf salinger murió un calor le creció entre amor y afuera juntándole los dos al solito "ah tiempos no distancias que hay entre mí entre mi calor y mi sol" decía raf salinger casi disuelto ya bajo la sombra que le apagaba el hubo que vivir sobre su gente subió el frecuente olvido peor raf salinger viajaba abrigado por un cuerpo desnudo encontrado o joven
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Lamento por la gente de raf salinger
Savior that momento thou meanest man, thou should knowest if this play it, could I see if I can, how sorrowfull is that time, proclibities in Xibalba, el Popul Vuh y la calma, el examen de Julio, y el invierno de Russia, y la cara de nadie, lo sustantivo y lo exacto, futura experimenta recuerdas mis manos, como no te ignore, controlas mi fé, Adultos se volveran poemas, y los ojos veran atraves de mañanas las terminables distancias de encontrables intructores. Mañana
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Jun 17, 2014
Jun 17, 2014 at 8:58 PM UTC
Le Pierrot Fou
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Diurno doliente
De pasión sobrante y sueños de ceniza un pálido palio llevo, un cortejo evidente, un viento de metal que vive solo, un sirviente mortal vestido de hambre, y en lo fresco que baja del árbol, en la esencia del sol que su salud de astro implanta en las flores, cuando a mi piel parecida al oro llega el placer, tú, fantasma coral con pies de tigre, tú, ocasión funeral, reunión ígnea, acechando la patria en que sobrevivo con tus lanzas lunares que tiemblan un poco. Porque la ventana que el mediodía vacío atraviesa tiene un día cualquiera mayor aire en sus alas, el frenesí hincha el traje y el sueño al sombrero, una abeja extremada arde sin tregua. Ahora, qué imprevisto paso hace crujir los caminos? Qué vapor de estación lúgubre, qué rostro de cristal, y aún más, qué sonido de carro viejo con espigas? Ay, una a una, la ola que llora y la sal que se triza, y el tiempo del amor celestial que pasa volando, han tenido voz de huéspedes y espacio en la espera. De distancias llevadas a cabo, de resentimientos infieles, de hereditarias esperanzas mezcladas con sombra, de asistencias desgarradoramente dulces y días de transparente veta y estatua floral, qué subsiste en mi término escaso, en mi débil producto? De mi lecho amarillo y de mi substancia estrellada, quién no es vecino y ausente a la vez? Un esfuerzo que salta, una flecha de trigo tengo, y un arco en mi pecho manifiestamente espera, y un latido delgado, de agua y tenacidad, como algo que se quiebra perpetuamente, atraviesa hasta el fondo mis separaciones, apaga mi poder y propaga mi duelo.
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Eh mirado aquel mar vagamente tranquilo, siempre en movimiento, Desolado, ciego y viejo, eh visto tus brazos que alcanzan a tocar mis pies Eh visto tu mirada al ver mi cara en el reflejo de tu piel, as dejado flechas en mis poemas y tu frente en mi sangre, yo se que fuimos una vez uno, una vez solo sal, Fragmentos y ahora separados por largas distancias pero unidos por la exótica agua.
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Jun 8, 2014
Jun 8, 2014 at 8:27 AM UTC
Mares
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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New york (oficina y denuncia)
Debajo de las multiplicaciones hay una gota de sangre de pato. Debajo de las divisiones hay una gota de sangre de marinero. Debajo de las sumas, un río de sangre tierna; un río que viene cantando por los dormitorios de los arrabales, y es plata, cemento o brisa en el alba mentida de New York. Existen las montañas, lo sé. Y los anteojos para la sabiduría, lo sé.  Pero yo no he venido a ver el cielo. He venido para ver la turbia sangre, la sangre que lleva las máquinas a las cataratas y el espíritu a la lengua de la cobra. Todos los días se matan en New York cuatro millones de patos, cinco millones de cerdos, dos mil palomas para el gusto de los agonizantes, un millón de vacas, un millón de corderos y dos millones de gallos que dejan los cielos hechos añicos. Más vale sollozar afilando la navaja o asesinar a los perros en las alucinantes cacerías que resistir en la madrugada los interminables trenes de leche, los interminables trenes de sangre, y los trenes de rosas maniatadas por los comerciantes de perfumes. Los patos y las palomas y los cerdos y los corderos ponen sus gotas de sangre debajo de las multiplicaciones; y los terribles alaridos de las vacas estrujadas llenan de dolor el valle donde el Hudson se emborracha con aceite. Yo denuncio a toda la gente que ignora la otra mitad, la mitad irredimible que levanta sus montes de cemento donde laten los corazones de los animalitos que se olvidan y donde caeremos todos en la última fiesta de los taladros. Os escupo en la cara. La otra mitad me escucha devorando, cantando, volando en su pureza como los niños en las porterías que llevan frágiles palitos a los huecos donde se oxidan las antenas de los insectos. No es el infierno, es la calle. No es la muerte, es la tienda de frutas. Hay un mundo de ríos quebrados y distancias inasibles en la patita de ese gato quebrada por el automóvil, y yo oigo el canto de la lombriz en el corazón de muchas niñas. óxido, fermento, tierra estremecida. Tierra tú mismo que nadas por los números de la oficina. ¿Qué voy a hacer, ordenar los paisajes? ¿Ordenar los amores que luego son fotografías, que luego son pedazos de madera y bocanadas de sangre? No, no; yo denuncio, yo denuncio la conjura de estas desiertas oficinas que no radian las agonías, que borran los programas de la selva, y me ofrezco a ser comido por las vacas estrujadas cuando sus gritos llenan el valle donde el Hudson se emborracha con aceite.
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Hoy las cosas se han complicado. Estoy enferma de nuevo y no sé de qué. Pero hoy es diferente. Hoy es un día en el que quiero estar, quiero vivir mi presente. Por primera vez genuinamente me dio miedo la muerte. Hoy estoy acompañada. Hoy verdaderamente siento amor. Voy a luchar por él y saldremos adelante, de las enfermedades y calumnias, de los códigos culturales y las distancias. Hoy no soy una guerrera, soy todo un ejército.
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Aug 5, 2018
Aug 5, 2018 at 11:20 AM UTC
Diario parte III
¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas. Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos. Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez. Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido. ¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí! Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias. ¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
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Hallazgo de la vida
¡Señores! Hoy es la primera vez que me doy cuenta de la presencia de la vida. ¡Señores! Ruego a ustedes dejarme libre un momento, para saborear esta emoción formidable, espontánea y reciente de la vida, que hoy, por la primera vez, me extasía y me hace dichoso hasta las lágrimas. Mi gozo viene de lo inédito de mi emoción. Mi exultación viene de que antes no sentí la presencia de la vida. No la he sentido nunca. Miente quien diga que la he sentido. Miente y su mentira me hiere a tal punto que me haría desgraciado. Mi gozo viene de mi fe en este hallazgo personal de la vida, y nadie puede ir contra esta fe. Al que fuera, se le caería la lengua, se le caerían los huesos y correría el peligro de recoger otros, ajenos, para mantenerse de pie ante mis ojos. Nunca, sino ahora, ha habido vida. Nunca, sino ahora, han pasado gentes. Nunca, sino ahora, ha habido casas y avenidas, aire y horizonte. Si viniese ahora mi amigo Peyriet, les diría que yo no le conozco y que debemos empezar de nuevo. ¿Cuándo, en efecto, le he conocido a mi amigo Peyriet? Hoy sería la primera vez que nos conocemos. Le diría que se vaya y regrese y entre a verme, como si no me conociera, es decir, por la primera vez. Ahora yo no conozco a nadie ni nada. Me advierto en un país extraño, en el que todo cobra relieve de nacimiento, luz de epifanía inmarcesible. No, señor. No hable usted a ese caballero. Usted no lo conoce y le sorprendería tan inopinada parla. No ponga usted el pie sobre esa piedrecilla: uién sabe no es piedra y vaya usted a dar en el vacío. Sea usted precavido, puesto que estamos en un mundo absolutamente inconocido. ¡Cuán poco tiempo he vivido! Mi nacimiento es tan reciente, que no hay unidad de medida para contar mi edad. ¡Si acabo de nacer! ¡Si aún no he vivido todavía! Señores: soy tan pequeñito, que el día apenas cabe en mí! Nunca, sino ahora, oí el estruendo de los carros, que cargan piedras para una gran construcción del boulevard Haussmann. Nunca, sino ahora avancé paralelamente a la primavera, diciéndola: «Si la muerte hubiera sido otra...». Nunca, sino ahora, vi la luz áurea del sol sobre las cúpulas de Sacre-Coeur. Nunca, sino ahora, se me acercó un niño y me miró hondamente con su boca. Nunca, sino ahora, supe que existía una puerta, otra puerta y el canto cordial de las distancias. ¡Dejadme! La vida me ha dado ahora en toda mi muerte.
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Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva Semilleros de nostalgias Y la tristeza sin ojos De la médula del alma. La gran tumba de la noche Su ***** velo levanta Para ocultar con el día La inmensa cumbre estrellada.   ¡Qué haré yo sobre estos campos Cogiendo nidos y ramas Rodeado de la aurora Y llena de noche el alma! ¡Qué haré si tienes tus ojos Muertos a las luces claras Y no ha de sentir mi carne El calor de tus miradas! ¿Por qué te perdí por siempre En aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco Como una estrella apagada.
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Alba
De todos los hermosos paisajes que he vivido, transitar en tu alma es el Edén más bello que pueda visitar. Tu mirada es como el árbol de la vida, me nutre, me inspira. Tu boca es la fibra que va enlazandome en completa alegría. Tus manos, como un dotado carpintero, van construyéndome, moldeandome como hábil albañil van. No se componer versos que inmortalizen lo que por ti siento. Tampoco se escribir sonetos que devuelvan el aliento. Los poemas que he leído no captan la grandiosidad de tu ser. Y los grandes poetas se ofuscan al entender que son completamente incultos a la hora de inventar palabras transcendentes que relaten lo que es este amor, que transciende espacios, intermitente distancias, pasiones aferradas a un beso que justificó el principio y el fin, la faz de la tierra, el universo, el ying y el yang. De nada sirve vivir rodeada de paisajes etéreos, sino son tus ojos lo primero que veo al despertar. De que me sirven las manos, sino puedo tocar la divinidad de tu tibio cuerpo a mi costado? Para que necesito mis labios, sino es para tu nombre pronunciar? Si no puedo alimentarme de tu cuerpo, de tus labios saboreando los jugos de mi debilidad! Es que de todos los hermosos paisajes que he visitado, transitar en tu alma, en tu tus labios, en tu bendito almacén de placer, en esa esencia que destila tu ser. Es que nuestro amor es el Edén más bello que he tenido la dicha de conocer! LeydisProse 8/29/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Sep 18, 2017
Sep 18, 2017 at 11:22 AM UTC
Hermosos paisajes
En los extremos estás de ti, por ellos te busco. Amarte: ¡qué ir y venir a ti misma de ti misma! Para dar contigo, cerca, ¡qué lejos habrá que ir! Amor: distancias, vaivén sin parar. En medio del camino, nada. No, tu voz no, tu silencio. Redondo, terso, sin quiebra, como aire, las preguntas apenas le rizan, como piedras, las preguntas en el fondo se las guarda. Superficie del silencio y yo mirándome en ella. Nada, tu silencio, sí. O todo tu grito, sí. Afilado en el callar, acero, rayo, saeta, rasgador, desgarrador, ¡qué exactitud repentina rompiendo al mundo la entraña, y el fondo del mundo arriba, donde él llega, fugacísimo! Todo, sí, tu grito, sí. Pero tu voz no la quiero.
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Entonces, todavía tu voz me sabrá a luego. Y todavía y luego y siempre serás otra más allá de ti misma, inaccesiblemente... Y siendo tú el mar íntegro, te buscaré en la ola. Entonces, en tus ojos flotará todavía aquella vaga música que rimé con las rosas. Y todavía entonces saldré a escuchar tus ecos a las distancias húmedas de palabras redondas. Entonces, todavía te esperaré... En ti misma esperaré el retorno lírico de tu otra. Y aromaré la brisa del bosque con tu nombre y en la arena del páramo sembraré mi voz ronca... Y la flor, y la piedra, y el árbol, y el sendero, y la raíz, y el ala, y la luz, y la onda me dirán que te vieron pasar como un perfume envuelta en una trémula túnica de palomas... Y la rosa, y la brisa, y la fuente, y el astro, y el pájaro, y el musgo, y la nube, y la fronda me dirán que pasaste cubierta de rocío entre un emocionado vaivén de mariposas! Y en lo hondo de tus besos habrá un temblor de ausencia, y besaré en el polvo la huella de tus corzas; fatigaré el oráculo del pétalo sonoro y beberé el narcótico del pétalo sin sombra. Y entonces, todavía tu voz me sabrá a nunca, y todavía y siempre esperaré a tu otra más allá de ti misma, inaccesiblemente... Y, siendo tú el sol íntegro, te buscaré en la aurora!
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Elegía para entonces
Dijo cervantes que la historia es el depósito de las acciones y yo / salvadas las distancias / creo que es un nomenclátor de expectativas el historiador era para schlegel apenas un profeta que miraba hacia atrás y yo / salvadas las distancias / creo que suele ser estrábico y a veces hipermétrope por su parte el saber congelado sostiene que los pueblos felices nunca tienen historia y como en realidad todos la tienen vaya sacando usted las conclusiones a menudo la historia se vale de utopías algunos aprovechan para erigirle estatuas y luego es consagrada como infancia del mundo o como fotocopia del futuro la historia colecciona pálidos nomeolvides lápidas de homenaje con hollines y mugre y en su amplio muestrario de desdenes figura hasta el humilde que vivió sin codicia la historia está maltrecha / quebrantada hace dos o tres siglos que no ríe que no llora / no habla / acaso porque ahora ya no hay quien le peine las mentiras
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La historia
Que llueva con rabia, sin clemencia. Que apague con furia y aplaque el pavimento allá afuera. La hoja que resiste en el arbusto, que brilla la madrugada. Y que llore las calles y las lave, y limpie, y corroa, y corte, y sane la carne abierta. Que alargue las distancias y las sentencias. Que lapide, inunde y borre cada rincón que fue de nosotros y que, con arrogancia de amantes, le robamos al azar y al destino. Que el cielo llueva el llanto que no he podido llorar. Que restaure la separación de los cuerpos, y ahogue las risas, las miradas y los gestos. Que enfríe el vapor del cuerpo amado y enjuague el sudor del **** tibio. Y entierre las huellas que unieron nuestros caminos. Que traiga el tremor del olvido. Que pudra el amor mal amado del hombre cobarde, del hombre perdido.
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Apr 25, 2025
Apr 25, 2025 at 8:24 PM UTC
Llanto son lluvia
En realidad lo que me duele es la derrota. Los exiliados son inquilinos de la soledad. Pueden corregir su memoria, traicionar, descreer, conciliar, morir, triunfar. En este último caso, se miraron la cara como si fuese suya: estaba llena de traidores, descreídos, conciliadores, muertos, y también de compañeros que murieron con fe y arden bajo la noche y repiten sus nombres y no dejan dormir. Nadie te deja dormir para que veas las distancias. Crujís de huesos, vos. Así sea.
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Xxvi
¡Pronto, la luz, pronto, pronto! Un negror agazapado salta de los horizontes y me confunde la vida. Las seguridades dulces, distancias, perfiles, formas de un revuelo se las lleva. ¡Colores, colores míos, amarillo, verde, rojo, arrebatados cautivos, en cárcel de nueve horas! Aquel paisaje tan firme ¿cómo se rindió tan pronto? ¡Resístete, variedad amada, tú, no te dejes, no me dejes solo en lo ***** raso, uno! Con una vuelta a la llave, en visiones de cien metros, fragmentado, alegre, vivo, los faros me devolvieron al mundo.
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Poema de: Anonymous Poet A partir de hoje vou amar te com silêncio, provocando ausências e inventando distancias, desde hoje vou amar te sem poemas, com muitas poucas ações, e poucas palavras... a partir de hoje vou amar te assim, como tu me amas.
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May 5, 2017
May 5, 2017 at 9:49 AM UTC
Amar
Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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Ii. tres meses
Mi amada se fue a la Muerte, partió al Misterio mi amada; se fue una tarde de invierno; iba pálida, muy pálida. Ella que, por su color, gloriosamente rosada, parecía un ser translúcido iluminado por llama interna...              ¡Qué lividez aquella, la de mi Ana, y qué frialdad! ¡Si tenía hasta las trenzas heladas! ¡Se fue a la Muerte, que es nuestra Madre, nuestra Patria y nuestra sola heredad tras este valle de lágrimas! Hoy hace tres meses justos que se la llevaron trágicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los árboles el viento del Guadarrama. ¡Tres meses de viaje! ¡Nunca fue nuestra ausencia tan larga! Noventa días sin verla, y sin una sola carta... Abismo de los abismos, distancias de las distancias, hondura de las honduras, muralla de las murallas, ¿donde tienes a mi muerta? ¡Dámela! ¡Dámela! ¡Dámela! ¡En vano en la noche lóbrega suena y resuena la aldaba con que llamo a la gran puerta del castillo que se alza en la cima misteriosa de la fúnebre montaña! Cierto, detrás de esa hostil fortaleza, alguien se halla... Se adivina no sé qué, un confuso rumor de almas... De fijo nos oyen, pero nadie nos responde nada, y resuena solamente, con vibraciones metálicas, en los ámbitos inmensos el golpazo de la aldaba. Hoy hace tres meses justos que se la llevaron, tragicamente inmóvil, y recuerdo con qué expresión desolada se plañía entre los arboles el viento del Guadarrama; y recuerdo también que al cruzar por las barriadas de Madrid me sollozó una tétrica gitana: "Señorito, una limosna por la difunta de su arma!"
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¿Cómo no te reconocí? Después de desvelarme décadas imaginando tu gran llegada! Es que no pensé que serias así, tan casual, tan inusual. Cuando te soñaba y te formaba en mis pensamientos pensé que serias lluvia en mi sequia. Te pensé como la lluvia de junio….lenta, refrescante, constante, y serena. Pensé que serias la cosecha de la semilla que vengo cultivando en amores de tierra infértiles. Pensé que reconocería tus manos… Ya que hace tiempo las sentía acariciando mi cuerpo en hemisferios de distancias desconocidas. Tus labios como no los reconocí? Esos labios que tantos bese exasperadamente en luna creciente, cuando llamaba tu nombre sin aun conocerlo… te llame amor, cielo, mi eterno sueño. Te garabateé poemas con letras que no entendía, ya que no formaban parte de mi vocabulario, pero así venían cada una de ellas irrumpiendo mi mente forzándome a componerte versos, baladas y dedicatorias que recitaría el día de tu gran llegada. Hoy se entristece de nuevo mi corazón, ¡es que no te reconocí! Ahora siento que te perdí dos veces; Cuando no aun no te conocía y ahora que no pude reconocerte. Es que llegaste cuando menos me lo esperaba— ya estaba ciega y desahuciada. Cuando hiciste tu gran entrada, con tu casual e inusual manera de robarme sonrisas. Entre tus versos y rimas, tus chistes que me hacían doler la barriga En la forma más absurda me convertí en un espejo para ti. El reflejo vestido de amistad. Para cuando entendí que eras tú al que siempre espere, esa paradójica e insensata manera que nos juega la vida comprendí……………………………………….. que tú no me reconocías a mi!! LeydisProse 11/16
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Jun 14, 2017
Jun 14, 2017 at 10:21 AM UTC
“No te reconocí”
¿Cómo no te reconocí? Después de desvelarme décadas imaginando tu gran llegada! Es que no pensé que serias así, tan casual, tan inusual. Cuando te soñaba y te formaba en mis pensamientos pensé que serias lluvia en mi sequia. Te pensé como la lluvia de junio….lenta, refrescante, constante, y serena. Pensé que serias la cosecha de la semilla que vengo cultivando en amores de tierra infértiles. Pensé que reconocería tus manos… Ya que hace tiempo las sentía acariciando mi cuerpo en hemisferios de distancias desconocidas. Tus labios como no los reconocí? Esos labios que tantos bese exasperadamente en luna creciente, cuando llamaba tu nombre sin aun conocerlo… te llame amor, cielo, mi eterno sueño. Te garabateé poemas con letras que no entendía, ya que no formaban parte de mi vocabulario, pero así venían cada una de ellas irrumpiendo mi mente forzándome a componerte versos, baladas y dedicatorias que recitaría el día de tu gran llegada. Hoy se entristece de nuevo mi corazón, ¡es que no te reconocí! Ahora siento que te perdí dos veces; Cuando no aun no te conocía y ahora que no pude reconocerte. Es que llegaste cuando menos me lo esperaba— ya estaba ciega y desahuciada. Cuando hiciste tu gran entrada, con tu casual e inusual manera de robarme sonrisas. Entre tus versos y rimas, tus chistes que me hacían doler la barriga En la forma más absurda me convertí en un espejo para ti. El reflejo vestido de amistad. Para cuando entendí que eras tú al que siempre espere, esa paradójica e insensata manera que nos juega la vida comprendí……………………………………….. que tú no me reconocías a mi!! LeydisProse 11/16
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