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"diciembre" poems
La calle se llenó de tomates, mediodía, verano, la luz se parte en dos mitades de tomate, corre por las calles el jugo. En diciembre se desata el tomate, invade las cocinas, entra por los almuerzos, se sienta reposado en los aparadores, entre los vasos, las mantequilleras, los saleros azules. Tiene luz propia, majestad benigna. Debemos, por desgracia, asesinarlo: se hunde el cuchillo en su pulpa viviente, es una roja víscera, un sol fresco, profundo, inagotable, llena las ensaladas de Chile, se casa alegremente con la clara cebolla, y para celebrarlo se deja caer aceite, hijo esencial del olivo, sobre sus hemisferios entreabiertos, agrega la pimienta su fragancia, la sal su magnetismo: son las bodas del día, el perejil levanta banderines, las papas hierven vigorosamente, el asado golpea con su aroma en la puerta, es hora! vamos! y sobre la mesa, en la cintura del verano, el tomate, astro de tierra, estrella repetida y fecunda, nos muestra sus circunvoluciones, sus canales, la insigne plenitud y la abundancia sin hueso, sin coraza, sin escamas ni espinas, nos entrega el regalo de su color fogoso y la totalidad de su frescura.
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Oda al tomate
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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Alucinación en salamanca
¿En dónde estás, por dónde te hallaré, sombra, sombra, sombra?...                     Pisé las piedras, las modelé con sol y con tristeza. Supe que había allí un secreto de paz, un corazón latiendo para mí. Y qué serías, sombra, sombra, sombra; qué nombre, y qué forma, y qué vida serías, sombra. Y cómo podías no ser vida, no tener forma y nombre Sombra: bajo las piedras, bajo tanta mudez -dureza y levedad, oro y hierba-, qué, quién me solicita, qué me dice, de qué modo entenderlo... (no encuentro las llaves). Sombra, sombra, sombra... Cómo entenderlo y nacerlo...                     De pronto, deslumbradoramente, el agua cristaliza en diamante... Una súbita revelación...                           Azul: en el azul estaba, en la hoguera celeste, en la pulpa del día, la clave Ahora recuerdo: he vuelto a Italia. Azul, azul, azul era ésa la palabra (no sombra, sombra, sombra) Recuerdo ya -con qué claridad- lo que he soñado siempre sin sospecharlo. He vuelto a Italia, a la aventura de la serenidad, del equilibrio, de la belleza, la gracia, la medida...                           Por estas plazas que el sol desnuda cada mañana, el alma ha navegado, limpia y ardiente. Pero dime, azul (¿o hablo a la sombra?), qué dimensión le prestas a esta hora mía; quién arrebató las alas a la vida. Y quién fue que yo no sé. Y quién fui el que ha vivido instantes que yo recuerdo ahora. Qué, alma mía, en qué cuerpo, que no era mío, anduvo por aquí, devanando amor, entre oleadas de piedra, entre oleadas encendidas (las olas rompían y embestían contra las torres peñas)... Entre oleadas... Olas... Gris... Olas... Sombra...He vuelto a olvidar la palabra reveladora. Playas... Olas... Sombra... Hubo algo que era armonía, un sitio donde estoy... (sombra, sombra, sombra), donde no estoy. No: la palabra no era sombra. El fulgor del cielo, la piedra rosa, han vuelto a su mudez. Están ante mí. Los contemplo, y, sin embargo, ya no están. El equilibrio, la armonía, la gracia no están. Ay, sombra, sombra (y tanta claridad). Quién disipó el lugar (o el tiempo) que me daba su sangre, el que escondía el lugar (o era el tiempo) no vivido. Y por qué recuerdo lo que ha sido vivido por mi cuerpo y mi alma. Qué hace aquí, por mi memoria, este avión roto, un viejo Junker, bajo la luna de diciembre. La niebla, la escarcha, aquel camino hasta el silencio, aquella mar que estaba anunciando este mismo momento que no es tampoco mío. Quién sabe qué decían las olas de esta piedra. Quién sabe lo que hubiera -antes- dicho esta piedra si yo hubiese acertado la palabra precisa que pudo descuajarla del futuro. Cuál era -ayer- esa palabra nunca dicha. Cuál es esa palabra de hoy, que ha sido pronunciada, que ha ardido al pronunciarla, y que ha sido perdida definitivamente
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Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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El soldado y la nieve
Diciembre ha congelado su aliento de dos filos, y lo resopla desde los cielos congelados, como una llama seca desarrollada en hilos, como una larga ruina que ataca a los soldados. Nieve donde el caballo que impone sus pisadas es una soledad de galopante luto. Nieve de uñas cernidas, de garras derribadas, de celeste maldad, de desprecio absoluto. Muerde, tala, traspasa como un tremendo hachazo, con un hacha de mármol encarnizado y leve. Desciende, se derrama como un deshecho abrazo de precipicios y alas, de soledad y nieve. Esta agresión que parte del centro del invierno, hambre cruda, cansada de tener hambre y frío, amenaza al desnudo con un rencor eterno, blanco, mortal, hambriento, silencioso, sombrío. Quiere aplacar las fraguas, los odios, las hogueras, quiere cegar los mares, sepultar los amores: y se va elevando lentas y diáfanas barreras, estatuas silenciosas y vidrios agresores. Que se derrame a chorros el corazón de lana de tantos almacenes y talleres textiles, para cubrir los cuerpos que queman la mañana con la voz, la mirada, los pies y los fusiles. Ropa para los cuerpos que pueden ir desnudos, que pueden ir vestidos de escarchas y de hielos: de piedra enjuta contra los picotazos rudos, las mordeduras pálidas y los pálidos vuelos. Ropa para los cuerpos que rechazan callados los ataques más blancos con los huesos más rojos. Porque tienen el hueso solar estos soldados, y porque son hogueras con pisadas, con ojos. La frialdad se abalanza, la muerte se deshoja, el clamor que no suena, pero que escucho, llueve. Sobre la nieve blanca, la vida roja y roja hace la nieve cálida, siembra fuego en la nieve. Tan decididamente son el cristal de roca que sólo el fuego, sólo la llama cristaliza, que atacan con el pómulo nevado, con la boca, y vuelven cuanto atacan recuerdos de ceniza.
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Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que soy malo; y no saben del diciembre de ese enero. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Hay un vacío en mi aire metafísico que nadie ha de palpar: el claustro de un silencio que habló a flor de fuego. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Hermano, escucha, escucha... Bueno. Y que no me vaya sin llevar diciembres, sin dejar eneros. Pues yo nací un día que Dios estuvo enfermo. Todos saben que vivo, que mastico... Y no saben por qué en mi verso chirrían, oscuro sinsabor de féretro, luyidos vientos desenroscados de la Esfinge preguntona del Desierto. Todos saben... Y no saben que la luz es tísica, y la Sombra gorda... Y no saben que el Misterio sintetiza... que él es la joroba musical y triste que a distancia denuncia el paso meridiano de las lindes a las Lindes. Yo nací un día que Dios estuvo enfermo, grave.
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Espergesia
y seguíamos con los ojos cerrados sintiendo la fría brisa de diciembre las luces a medianoche recordándome que no estás aquí que no estás acariciando mi cabello y seguíamos faltándonos el respeto por no estar juntos por ser como somos y no permitirnos estar juntos “es cuestión de ocasión” dondequiera y como sea no te dejaré ni por un segundo pensar que la noche muere que la luna brilla y nosotros no estamos juntos mirando las mismas estrellas preguntándonos de dónde vino esto estarás siempre serás parte de mi incluso estando lejos estarás cerca de mí
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Dec 5, 2015
Dec 5, 2015 at 7:49 PM UTC
b.19
Elena despertó a las dos y cinco, abrió despacio las contraventanas y el sol de invierno hirió sus ojos enrojecidos. Apoyada la frente en el cristal, miró a la calle: niños con bufandas, perros. Tres curas paseaban. En ese mismo instante, Dora comenzaba a ponerse las medias. Las ligas le dejaban una marca en los muslos ateridos. Al encender la radio -«Aída: marcha nupcial»-, recordaba palabras -«Dora, Dorita, te amo»- a la vez que intentaba reconstruir el rostro de aquel hombre que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada, y leía distraída una moneda: «Veinticinco pesetas.»  «...por la gracia de Dios.»                               (Y por la cama) Eran las tres y diez cuando Conchita se estiraba la piel de las mejillas frente al espejo. Bostezó. Miraba su propio rostro con indiferencia. Localizó tres canas en la raíz oscura de su pelo amarillo. Abrió luego una caja de crema rosa, cuyo contenido extendió en torno a su nariz. Bostezaba, y aprovechó aquel gesto indefinible para comprobar el estado de una muela careada allá en el fondo de sus fauces secas, inofensivas, turbias, algo hepáticas. Por otra parte, también se preparaba la ciudad. El tren de las catorce treinta y nueve alteró el ritmo de las calles. Miradas vacilantes, ojos confusos, planteaban imprecisas preguntas que las bocas no osaban formular. En los cafés, entraban y salían los hombres, movidos por algo parecido a una esperanza. Se decía que aún era temprano. Pero a las cuatro, Dora comenzaba a quitarse las medias -las ligas dejaban una marca en sus muslos. Lentas, solemnes, eclesiásticas, volaban de las torres palomas y campanas. Mientras se bajaba la falda, Conchita vio su cuerpo -y otra sombra vaga- moverse en el espejo de su alcoba. En las calles y plazas palidecía la tarde de diciembre. Elena cerró despacio las contraventanas.
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Los sábados las prostitutas madrugan mucho para estar dispuestas
Elena despertó a las dos y cinco, abrió despacio las contraventanas y el sol de invierno hirió sus ojos enrojecidos. Apoyada la frente en el cristal, miró a la calle: niños con bufandas, perros. Tres curas paseaban. En ese mismo instante, Dora comenzaba a ponerse las medias. Las ligas le dejaban una marca en los muslos ateridos. Al encender la radio -«Aída: marcha nupcial»-, recordaba palabras -«Dora, Dorita, te amo»- a la vez que intentaba reconstruir el rostro de aquel hombre que se fue ayer -es decir, hoy- de madrugada, y leía distraída una moneda: «Veinticinco pesetas.»  «...por la gracia de Dios.»                               (Y por la cama) Eran las tres y diez cuando Conchita se estiraba la piel de las mejillas frente al espejo. Bostezó. Miraba su propio rostro con indiferencia. Localizó tres canas en la raíz oscura de su pelo amarillo. Abrió luego una caja de crema rosa, cuyo contenido extendió en torno a su nariz. Bostezaba, y aprovechó aquel gesto indefinible para comprobar el estado de una muela careada allá en el fondo de sus fauces secas, inofensivas, turbias, algo hepáticas. Por otra parte, también se preparaba la ciudad. El tren de las catorce treinta y nueve alteró el ritmo de las calles. Miradas vacilantes, ojos confusos, planteaban imprecisas preguntas que las bocas no osaban formular. En los cafés, entraban y salían los hombres, movidos por algo parecido a una esperanza. Se decía que aún era temprano. Pero a las cuatro, Dora comenzaba a quitarse las medias -las ligas dejaban una marca en sus muslos. Lentas, solemnes, eclesiásticas, volaban de las torres palomas y campanas. Mientras se bajaba la falda, Conchita vio su cuerpo -y otra sombra vaga- moverse en el espejo de su alcoba. En las calles y plazas palidecía la tarde de diciembre. Elena cerró despacio las contraventanas.
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Soy un naranjo rojo o un rojo naranja soy el magma, así dijeron todo acontece aquí, pero todo flota en la superficie la tierra es un lugar tranquilo para vivir,dicen una flor acaba de nacer en Tokio Todo resuena tibio sobre la tierra, pero no bajo ella.
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Dec 2, 2013
Dec 2, 2013 at 8:17 PM UTC
Diario desde el centro de la Tierra. 1 de diciembre
Desde que el alba quiso ser alba, toda eres madre. Quiso la luna profundamente llena. En tu dolor lunar he visto dos mujeres, y un removido abismo bajo una luz serena. ¡Qué olor a madreselva desgarrada y hendida! ¡Qué exaltación de labios y honduras generosas! Bajo las huecas ropas aleteó la vida, y se sintieron vivas bruscamente las cosas. Eres más clara. Eres más tierna.  Eres más suave, Ardes y te consumes con más recogimiento. El nuevo amor te inspira la levedad del ave y ocupa los caminos pausados de tu aliento. Ríe, porque eres madre con luna. Así lo expresa tu palidez rendida de recorrer lo rojo; y ese cerezo exhausto que en tu corazón pesa, y el ascua repentina que te agiganta el ojo. Ríe, que todo ríe; que todo es madre leve. Profundidad del mundo sobre el que te has quedado sumiéndose y ahondándote mientras la luna mueve, igual que tú, su hermosa cabeza hacia otro lado. Nunca tan parecida tu frente al primer cielo. Todo lo abres, todo lo alegras, madre, aurora. Vienen rodando el hijo y el sol. Arcos de anhelo te impulsan. Eres madre. Sonríe. Ríe. Llora.
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19 de diciembre de 1937
En la madrugada Existe dios Y como yo Llora  por un amor Que debería haber sido Y nunca lo será
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Dec 25, 2015
Dec 25, 2015 at 6:04 AM UTC
25 Diciembre
Yo soy ese niño repulsivo Yo soy ese niño repulsivo Yo soy ese niño repulsivo Yo soy ese niño repulsivo Yo soy ese niño repulsivo No sé si es mi corazón o son las placas del suelo las que suenan. Tac. Tac Sigo siendo el niño repulsivo sigo atrapado en la bóveda pétrea
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Dec 6, 2013
Dec 6, 2013 at 12:27 AM UTC
Diario desde el centro de la Tierra. 4 de diciembre
Era un diciembre de invierno tocaba su guitarra cuando lo vi por primera vez, la melodía era de esas que te envuelven y te llenan de muchos sentimiento, lo mire y quise recodar la manera de como tocaba aquella guitarra, por que probablemente no lo volvería a ver. Hoy un agosto de otoño volví a verlo y su cabello rizado lucia tan bien como la primera vez.
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Aug 22, 2014
Aug 22, 2014 at 6:20 PM UTC
El chico de la guitarra
Paso a paso. Oh Mujer, el Ángel Guardián de mi corazón Yo te seguiría por el camino de la felicidad Haría enormes sacrificios para unirme a tu camino Te imploro que no tengas ninguna duda Te volveré a encontrar porque te amo mucho, te amo No me importarán todo tipo de problemas Recuerda la hermosa canción de Alain Barrière Yo cruzaré fronteras y romperé barreras Para exhumarte, apreciarte y amarte más Como se ha hecho a lo largo de los siglos Si tú no volviste a mí, si tú no volviste Tú y yo nunca jamás tendremos paz Paso a paso, poco a poco, pequeño y gran paso Tú y yo estaremos juntos bajo un nuevo techo. A pesar de mareas, vientos y huracanes: te amo Y no voy a gritar y vociferar que yo te amo. Mujer, mujer de mi corazón, si no volviste Paso a paso. Yo buscaría en las enciclopedias de secretos Para encontrar la puerta de tu corazón y la llave de tu alma Yo cruzaré valientemente todas las fronteras. ¡Oh Mujer! Mujer de mi ser, estoy listo para ser criticado Castigado, censurado, cañoneado, incluso crucificado y clavado Como se ha hecho a lo largo de los siglos Para resucitar el amor y amarte más Por favor alimenta no, sin duda Ya que estarás sola en mi camino, en mi ruta Si tú no volviste a mí, si tú no volviste Tú y yo nunca jamás tendremos paz Paso a paso, poco a poco, pequeño o gran paso Tú y yo cargaremos juntos la misma cruz. A pesar de la lluvia, el viento y los truenos: te amo Y me reiré, cantaré y sonreiré porque yo te amo. P.D. Homenaje a Alain Bellec (Barrière), un gran cantante y poeta. Traducción de mi poema en francés “Si Tu Ne Me Revenais”. Copyright © diciembre de 2004, Hébert Logerie, Todos los derechos reservados Hébert Logerie es autor de varios libros de poesía.
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Dec 23, 2024
Dec 23, 2024 at 9:03 PM UTC
Si Tú No Volviste
Paso a paso. Oh Mujer, el Ángel Guardián de mi corazón Yo te seguiría por el camino de la felicidad Haría enormes sacrificios para unirme a tu camino Te imploro que no tengas ninguna duda Te volveré a encontrar porque te amo mucho, te amo No me importarán todo tipo de problemas Recuerda la hermosa canción de Alain Barrière Yo cruzaré fronteras y romperé barreras Para exhumarte, apreciarte y amarte más Como se ha hecho a lo largo de los siglos Si tú no volviste a mí, si tú no volviste Tú y yo nunca jamás tendremos paz Paso a paso, poco a poco, pequeño y gran paso Tú y yo estaremos juntos bajo un nuevo techo. A pesar de mareas, vientos y huracanes: te amo Y no voy a gritar y vociferar que yo te amo. Mujer, mujer de mi corazón, si no volviste Paso a paso. Yo buscaría en las enciclopedias de secretos Para encontrar la puerta de tu corazón y la llave de tu alma Yo cruzaré valientemente todas las fronteras. ¡Oh Mujer! Mujer de mi ser, estoy listo para ser criticado Castigado, censurado, cañoneado, incluso crucificado y clavado Como se ha hecho a lo largo de los siglos Para resucitar el amor y amarte más Por favor alimenta no, sin duda Ya que estarás sola en mi camino, en mi ruta Si tú no volviste a mí, si tú no volviste Tú y yo nunca jamás tendremos paz Paso a paso, poco a poco, pequeño o gran paso Tú y yo cargaremos juntos la misma cruz. A pesar de la lluvia, el viento y los truenos: te amo Y me reiré, cantaré y sonreiré porque yo te amo. P.D. Homenaje a Alain Bellec (Barrière), un gran cantante y poeta. Traducción de mi poema en francés “Si Tu Ne Me Revenais”. Copyright © diciembre de 2004, Hébert Logerie, Todos los derechos reservados Hébert Logerie es autor de varios libros de poesía.
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Los ecos que se escuchan desde el centro de la Tierra son solo míos. Estas paredes carbonizadas están bien construidas
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Dec 6, 2013
Dec 6, 2013 at 12:23 AM UTC
Diario desde el centro de la Tierra. 2 de diciembre
Mis llantos ahogados, el pálido cielo, la lluvia viciada, no buscan consuelo.
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Mar 1, 2019
Mar 1, 2019 at 5:17 AM UTC
Dolor y diciembre
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,                 San Silvestre. Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión; y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para                   Salomón. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; y colgada sobre el pecho resplandece la divina               Cruz del Sur. Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco                 del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno el inmenso Sagitario no se cansa de flechar; le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno y le cubre los riñones el vellón azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; doce aljabas cada año para él trae el rey Enero; en la sombra se destaca la figura vencedora                 del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo con sus alas membranosas el murciélago Satán. San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes, del celeste Vaticano se detiene en los umbrales mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes                 inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco donde en triunfo llega Enero, ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco                 y el Arquero.
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Año nuevo
A las doce de la noche, por las puertas de la gloria y al fulgor de perla y oro de una luz extraterrestre, sale en hombros de cuatro ángeles, y en su silla gestatoria,                 San Silvestre. Más hermoso que un rey mago, lleva puesta la tiara, de que son bellos diamantes Sirio, Arturo y Orión; y el anillo de su diestra hecho cual si fuese para                   Salomón. Sus pies cubren los joyeles de la Osa adamantina, y su capa raras piedras de una ilustre Visapur; y colgada sobre el pecho resplandece la divina               Cruz del Sur. Va el pontífice hacia Oriente; ¿va a encontrar el áureo barco donde al brillo de la aurora viene en triunfo el rey Enero? Ya la aljaba de Diciembre se fue toda por el arco                 del Arquero. A la orilla del abismo misterioso de lo Eterno el inmenso Sagitario no se cansa de flechar; le sustenta el frío Polo, lo corona el blanco Invierno y le cubre los riñones el vellón azul del mar. Cada flecha que dispara, cada flecha es una hora; doce aljabas cada año para él trae el rey Enero; en la sombra se destaca la figura vencedora                 del Arquero. Al redor de la figura del gigante se oye el vuelo misterioso y fugitivo de las almas que se van, y el ruido con que pasa por la bóveda del cielo con sus alas membranosas el murciélago Satán. San Silvestre, bajo el palio de un zodíaco de virtudes, del celeste Vaticano se detiene en los umbrales mientras himnos y motetes canta un coro de laúdes                 inmortales. Reza el santo y pontifica; y al mirar que viene el barco donde en triunfo llega Enero, ante Dios bendice al mundo; y su brazo abarca el arco                 y el Arquero.
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Diciembre es esta imagen de la lluvia cayendo con rumor de tren, con un olor difuso a carbonilla y campo. Diciembre es un jardín, es una plaza hundida en la ciudad, al final de una noche, y la visión en fuga de unos soportales. Y los ojos inmensos -tizones agrandados- en la cara morena de una cría temblando igual que un gorrión mojado. En la mano sostiene unos zapatos rojos, elegantes, flamantes como un pájaro exótico. El cielo es ***** y gris y rosa en sus extremos, la luz de las farolas un resto amarillento. Bajo un golpe de lluvia, llorando, yo atravieso, innoble como un trapo, mojado hasta los cuernos.
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Del año malo
Muchachuelo de brazos cetrinos Que vas con tu cesta, Rebosando naranjas pulidas De un caliente color ambarino; Muchachuelo que fuiste a las chacras Y a los árboles amplios trepaste Como yo me trepaba cuando era Una libre chicuela salvaje; Ven acá muchachuelo; yo ansío Que me vuelques tu cesta en la falda. Pide el precio mas alto que quieras. ¡Ah, qué bueno el olor a naranjas! A mi pueblo distante y tranquilo, Naranjales tan prietos rodean, Que en Agosto semeja de oro Y en Diciembre de azahares blanquea. Me críe respirando ese aroma Y aún parece que corre en mi sangre. Naranjitas pequeñas y verdes Siendo niña, enhebraba en collares. Después, lejos llevóme la vida. Me he tornado tristona y pausada. ¡Qué nostalgia tan honda me oprime Cuándo siento el olor a naranjas! Si a otro pago muy lejos del tuyo, Indiecito, algún día te llevan, Y no eres feliz, y suspiras Por volver a tu vieja querencia, Y una tarde en un soplo de viento El sabor a tus montes te asalta, ¡Ya sabrás, indiecito asombrado, Lo que es la palabra "nostalgia".
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El vendedor de naranjas
Yo tuve, en tierra adentro, una novia muy pobre: ojos inusitados de sulfato de cobre. Llamábase María; vivía en un suburbio, y no hubo entre nosotros ni sombra ni disturbio. Acabamos de golpe: su domicilio estaba contiguo a la estación de los ferrocarriles, y ¿qué noviazgo puede ser duradero entre campanadas centrífugas y silbatos febriles? El reloj de su sala desgajaba las ocho; era diciembre, y yo departía con ella bajo la limpidez glacial de cada estrella. El gendarme, remiso a mi intriga inocente, hubo de ser, al fin, forzoso confidente. María se mostraba incrédula y tristona: yo no tenía traza de una buena persona. ¿Olvidarás acaso, corazón forastero, el acierto nativo de aquella señorita que oía y desoía tu pregón embustero? Su desconfiar ingénito era ratificado por los perros noctívagos, en cuya algarabía reforzábase el duro presagio de María. ¡Perdón, María! Novia triste, no me condenes; cuando oscile el quinqué y se abatan las ocho, cuando el sillón te mezca, cuando ululen los trenes, cuando trabes los dedos por detrás de tu nuca, no me juzgues más pérfido que uno de los silbatos que turban tu faena y tus recatos.
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No me condenes
Si, te deje con frio. Si, te deje un vacío. Si, también el corazón partido. Te lo merecías, por tu osadía en jugar conmigo en formarme líos, en robar mí aliento, con tan falsos besos, sin ofrecer oxígeno, sin darme alivio. Si, te deje recuerdos, que te lleguen dentro, que te vuelvan loco . Y en el frio de diciembre, que te desesperen, y que te condenen, a la amargura de la noche oscura, y con apatía a no volver amar nunca. O caso ya te olvidas, como me dolías, como te rogaba, para que me amaras, para que encendieras esa luz que con tanto amor yo te brindaba! Para que desataras mis pasiones malogradas, con un beso largo, con un tierno abrazo, o que permitieras, que te derrumbara todas esas barreras, para calentarte ese corazón que quería mío, Y me lo negaste. Y te cerraste. Y mi corazón hasta lo enterraste en tu pudrición, en tu ambición por ser un Don Juan moderno. Pero mira lo que es la vida, En tu desatino, te robe el oxígeno. Te lo merecías. LeydisProse 11/29/16 https://www.facebook.com/LeydisProse/about/
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Jun 13, 2017
Jun 13, 2017 at 4:17 PM UTC
Si, te deje con frio
Sueño con una Navidad correcta y alegre Nunca sueño con una Navidad blanca o nevada Es muy resbaladizo y traicionero cuando nieva Para ir a la iglesia uso zapatos de cuero Y es fácil caerse y lastimarse No quiero romper tu corazón Al decir que esa blanca Navidad No es un momento divertido o alegre. Pero la misa de medianoche Por supuesto, es un momento feliz. Me encantan los villancicos La música góspel, las decoraciones y cuando doblan las campanas Me encanta una Navidad cálida y alegre en el estado del sol, en Florida Donde sea seco, atractivo y agradable. Es como tener una cita Con la Madre Naturaleza. El clima no es malhumorado ni sombrío Los niños juegan con sus regalos y todos parecen felices No sueño con una Navidad blanca o nevada ¡Oh, Jo, Jo, Jo! Me encanta una Navidad correcta y alegre. PD. Traduccíon de ‘ A Right And Jolly Christmas’ por Hébert Logerie Copyright © diciembre de 2023, Hébert Logerie, Todos los derechos reservados. Hébert Logerie es autor de varias colecciones de poemas.
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Dec 23, 2024
Dec 23, 2024 at 10:35 AM UTC
Una Navidad Correcta Y Alegre
Waning dulcet tones, Waging winds clamour, Trees shedding their garb Taking a chance with the tremor. December, December, December! Brown grass, Gray skies, Hibernating desires, Shorter days, Pauses, sighs and whys. décembre, décembre, décembre! Huddles warm and soothing, Wuthering and whithering away, Cracking fires that once were Only remnants of embers remain. Diciembre, Diciembre, Diciembre! Wintery sun, caressed once The skies await,half awake, wanting, waning, waking, What lies ahead, you mysterious you... दिसंबर, दिसंबर, दिसंबर!
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Dec 1, 2019
Dec 1, 2019 at 6:39 PM UTC
**December**
Mis lágrimas Mi angustia Mi lamento por este alma pérdida Mis miles de recuerdos de ti El dolor Mis gritos Mi corazón tan débil Mi cuerpo sin fuerzas Me atraen a tu puerta, querido Señor No aguanto tanta pérdida Abrazame por favor Quitame el dolor y estas lagrimas Da caricia a mi alma Abre a mis ojos Quita las palpitaciones de mi corazón Extiende tus brazos hacia mi. Ayúdame sentir mejor Colma mi corazón Con tu amor evangélico Envuélveme en tu abrazo amoroso Ayúdame entender "el porqué?" Silencia mis gritos Toca mi corazón Levanta mi vista, Señor Hasta tus cortes celestiales Para ser un testigo Del Plan de Redención Y que me amas Esta es mi oración En tus manos deposito mi confianza Para que algún día yo Contigo y con ellos, puedo morar Escrito por: Jason Cheney Diciembre 11, 2021
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Dec 26, 2021
Dec 26, 2021 at 6:58 AM UTC
Mi Lamento
Y cómo se llama ese mes que está entre Diciembre y Enero? Con qué derecho numeraron las doce uvas del racimo? Por qué no nos dieron extensos meses que duren todo el año? No te engañó la primavera con besos que no florecieron?
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