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"devoto" poems
∆. Solo Sin ti. En aislamiento, interrupción, solo sin ti Veranos pasan por mi ventana sin luz Dos inviernos al año, es un gris confeti Mas tu presencia en mi mente permanece Me has arrebatado, ladrona in fraganti Mi corazón de su trono abenuz Al sentir el auge, supe incontinenti Que de tu abundante cabello de ónice Y tu personalidad me convertí En un fiel devoto bajo mi capuz Y bajo mi capuz yo me prometí Jamás manifestar que de ti fui yo un cómplice. No. No me quedaré abajo ahora Hablaré, lo diré, prepárate Ya he pasado por esta acera Esta vez yo llegaré al final Esta vez no habrá perdedora Por esta vez seré yo el valiente Te diré que el día no dura Con nuestra conexión mental No hace falta ni una palabra. No espero un sí, solo contesta Tú en tu vida y no te preocupes Yo no quiero meter la pata En tus asuntos y problemas Y si me dejas, señorita Entrar en todos tus rincones Prometo no ser un hipócrita Estaré hasta el fin de los días No temas, que soy optimista. Si el corazón Es a tu fruta Soy yo el tazón Esto es la fiesta Nosotros el son.
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May 26, 2013
May 26, 2013 at 10:13 PM UTC
Elusive, Noisy Ode
Haber visto crecer a Buenos Aires, crecer y declinar. Recordar el patio de tierra y la parra, el zaguán y el aljibe. Haber heredado el inglés, haber interrogado el sajón. Profesar el amor del alemán y la nostalgia del latín. Haber conversado en Palermo con un viejo asesino. Agradecer el ajedrez  y el jazmín, los tigres y el hexámetro. Leer a Macedonio Fernández con la voz que fue suya. Conocer las ilustres incertidumbres que son la metafísica. Haber honrado espadas y razonablemente querer la paz. No ser codicioso de islas. No haber salido de mi biblioteca. Ser Alonso Quijano y no atreverme a ser don Quijote. Haber enseñado lo que no sé a quienes sabrán más que yo. Agradecer los dones de la luna y de Paul Verlaine. Haber urdido algún endecasílabo. Haber vuelto a contar antiguas historias. Haber ordenado en el dialecto de nuestro tiempo las cinco o seis metáforas. Haber eludido sobornos. Ser ciudadano de Ginebra, de Montevideo, de Austin y (como todos los hombres) de Roma. Ser devoto de Conrad. Ser esa cosa que nadie puede definir: argentino. Ser ciego. Ninguna de esas cosas es rara y su conjunto me depara una fama que no acabo de comprender.
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La fama
beber de tu fuente, ahogado entre tus ojos tu verdad es la religion de un orate en ciernes beberte lentamente, a tu piel adicto mas alla de pasiones y desdenes, la ferocidad y la ternura el deseo inherente a tus ojos, pegado a mi anquilosado al alma una voz y una vision, en mi oasis de verdades y pesares perdido y encontrado, entre tus manos de artemisa beber de tu fuente, sediento y muriente de tu escensia y como una diosa, yo soy tu ethereo devoto artemisa, que cazaste el alma de leon de un caminante perdido entre becerros, y cazado por la DIOSA a los ojos del padre, y entre sus hijos eres mi artemisa, cazadora de leones entre sueños y visiones, el padre permita y bendiga alejados de mundo, en el reino de los sueños, yacer en tus brazos, sereno en paz alejado de su maldad, perdido en tus ojos grandes, bajo los cielos y frente a la maldad, solo beber de tu fuente mi saciedad y serenidad
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Jun 26, 2017
Jun 26, 2017 at 1:48 AM UTC
la fuente
El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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Un criminal
El acusado es pálido y lampiño. Arde en sus ojos una fosca lumbre, que repugna a su máscara de niño y ademán de piadosa mansedumbre.       Conserva del obscuro seminario el talante modesto y la costumbre de mirar a la tierra o al breviario.       Devoto de María, madre de pecadores, por Burgos bachiller en teología, presto a tomar las órdenes menores.       Fue su crimen atroz. Hartóse un día de los textos profanos y divinos, sintió pesar del tiempo que perdía enderezando hipérbatons latinos.       Enamoróse de una hermosa niña, subiósele el amor a la cabeza como el zumo dorado de la viña, y despertó su natural fiereza.       En sueños vio a sus padres -labradores de mediano caudal- iluminados  del hogar por los rojos resplandores, los campesinos rostros atezados.       Quiso heredar. ¡Oh guindos y nogales del huerto familiar, verde y sombrío, y doradas espigas candeales que colmarán las trojes del estío!.       Y se acordó del hacha que pendía en el muro, luciente y afilada, el hacha fuerte que la leña hacía de la rama de roble cercenada. ................................................................................................       Frente al reo, los jueces con sus viejos ropones enlutados; y una hilera de obscuros entrecejos y de plebeyos rostros: los jurados.       El abogado defensor perora, golpeando el pupitre con la mano; emborrona papel un escribano, mientras oye el fiscal, indiferente, el alegato enfático y sonoro, y repasa los autos judiciales o, entre sus dedos, de las gafas de oro acaricia los límpidos cristales.       Dice un ujier: «Va sin remedio al palo». El joven cuervo la clemencia espera. Un pueblo, carne de horca, la severa justicia aguarda que castiga al malo.
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Aquí gaviota vela, aquí conmigo, luz en canto recién amanecido; dame verde tu aliento rama trino, soñolencia limón bostezo hiedra; embiste mar, embiste mis pupilas y en ritmo azul adéntrate en mis venas, ola tras ola y siempre lejanía, apetencia, voraz de despedida, pero también de rubia resolana, de sol adolescente y marinero, de modorra desnuda, aquí, en la playa. -de espalda femenina y asoleada-, ****** azul remanso, vuelo espuma, horizonte, horizonte, y humareda -algosa cabellera en el recuerdo- junto al fervor devoto de los pinos, azul, ellos también, ya casi cielo, y de cuanto es sustancia y es entrega, milagro permanente, brisa, piedra, cadencia de rompiente en la escollera... y en mí -¡ya para siempre!- hasta la médula.
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Euforia