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"delgada" poems
on tall trees (en arboles altos) they begin as small white flowers (empiezan como flores pequeñas y blancas) with five petals (con cinco petalos) and a sweet smell (y un olor dulce) ready in summer (estan listos en el verano) smooth skin (piel suave) colorful skin (piel lleno de color) red, orange, yellow, green (rojo, anaranjado, amarillo, verde) single pit in the middle (una semilla en el medio) sweet flavor (sabor dulce) soft or firm (blando o firme) the knife breaks the thin surface (el cuchillo rompe la superficie delgada) and reveals a golden sun (y revela un sol dorado) a sun (un sol) bright (brillante) shining (radiante) and glorious (y glorioso) i like mangos (me gusta mangos) mango juice (jugo de mango) mango smoothies (batidos de mangos) mango ice cream (helado de mango) i have a candle (tengo un cirio) that smells like (que huele como) mangos (mangos) it’s one of my favorite smells (es uno de mis olores favoritos) in the entire world (en todo el mundo) when i think of (cuando yo pienso en) mangos (mangos) i think of (yo pienso en) summer (el verano) my happy place (mi lugar feliz) my paradise (mi paraiso)
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Feb 5, 2015
Feb 5, 2015 at 10:55 PM UTC
ode to the mango (oda al mango)
Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierra, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada, las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
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Pequeña américa
Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
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En ti la tierra
Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Nov 2, 2014
Nov 2, 2014 at 12:24 PM UTC
Untitled
Fue bueno verte recordar el sentido de todo esto que llevo solo cuando te tengo al frente puedo entenderlo el resto del tiempo es solo pensar, extrañarte, racionalizar el instante en que puedo sentir tus labios tu piel tu cuerpo no puedo describirlo llámalo como quieras pero recorrería el mundo entero y viviría mil vidas mas solo para poder sentirlo de nuevo Cielo somos algo de otro mundo pero en todo esto no caben dudas ni miedos ni incertidumbre ni inseguridad y no me entiendas mal pero es algo difícil despertar cuando nos une un camino duro un abismo que cruzar y una linea muy delgada sobre la cual caminar ayer después de que te fuiste subí a la montaña estaba desconsolado vacío extraño lleno de conflictos, de ruido, de venenos te encontré en nuevo lugar en los colores en el aire ligero en ese cielo que era como un mar ***** lleno de luces embarcaciones con destinos venideros caminos, contornos como posibilidades historias que vivimos o viviremos puertos que nos esperan personas que fuimos y que seremos ese frío que sentía no estaba ahí de verdad era solo tu ausencia era solo miedo de despertar de tu despertar porque por un momento estuve convencido de estar dentro de tu sueño de sentir como tus ojos se cierran y de estar navegando sobre ese mar mientras tus manos dibujan los rasgos de esa pintura, la misma que tus ojos reflejan sigo de pie en esa montaña sobre nubes y abismos sigo sintiendo frío perdido entre esos caminos esperando el día en que aparezcas de nuevo sin dudas sin incertidumbre sin miedo y yo pueda al fin cerrar los ojos y compartir el sueño dibujar tus rasgos tomar tu mano y contemplar en esa misma montaña como esa noche se vuelve día como el azul inunda el cielo y el frío es vencido y la muerte es vencida y el reflejo de nuestros ojos no sea mas una pintura incompleta sino una vida entera de sueños, mares, montañas abismos y colores
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Abeja blanca zumbas -ebria de miel- en mi alma y te tuerces en lentas espirales de humo. Soy el desesperado, la palabra sin ecos, el que lo perdió todo, y el que todo lo tuvo. Última amarra, cruje en ti mi ansiedad última. En mi tierra desierta eres la última rosa. Ah silenciosa! Cierra tus ojos profundos. Allí aletea la noche. Ah desnuda tu cuerpo de estatua temerosa. Tienes ojos profundos donde la noche alea. Frescos brazos de flor y regazo de rosa. Se parecen tus senos a los caracoles blancos. Ha venido a dormirse en tu vientre una mariposa de sombra. Ah silenciosa! He aquí la soledad de donde estás ausente. Llueve. El viento del mar caza errantes gaviotas. El agua anda descalza por las calles mojadas. De aquel árbol se quejan, como enfermos, las hojas. Abeja blanca, ausente, aún zumbas en mi alma. Revives en el tiempo, delgada y silenciosa. Ah silenciosa!
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Poema 8
Desnuda eres tan simple como una de tus manos, lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente, tienes líneas de luna, caminos de manzana, desnuda eres delgada como el trigo desnudo. Desnuda eres azul como la noche en Cuba, tienes enredaderas y estrellas en el pelo, desnuda eres enorme y amarilla como el verano en una iglesia de oro. Desnuda eres pequeña como una de tus uñas, curva, sutil, rosada hasta que nace el día y te metes en el subterráneo del mundo como en un largo túnel de trajes y trabajos: tu claridad se apaga, se viste, se deshoja y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
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Soneto xxvii
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Tango del viudo
Oh Maligna, ya habrás hallado la carta, ya habrás llorado de furia, y habrás insultado el recuerdo de mi madre llamándola perra podrida y madre de perros, ya habrás bebido sola, solitaria, el té del atardecer mirando mis viejos zapatos vacíos para siempre, y ya no podrás recordar, mis enfermedades, mis sueños nocturnos, mis comidas sin maldecirme en voz alta como si estuviera allí aún, quejándome del trópico, de los coolies coringhis, de las venenosas fiebres que me hicieron tanto daño y de los espantosos ingleses que odio todavía. Maligna, la verdad, qué noche tan grande, qué tierra tan sola! He llegado otra vez a los dormitorios solitarios, a almorzar en los restaurantes comida fría, y otra vez tiro al suelo los pantalones y las camisas, no hay perchas en mi habitación, ni retratos de nadie en las paredes. Cuánta sombra de la que hay en mi alma daría por recobrarte, y qué amenazadores me parecen los nombres de los meses, y la palabra invierno qué sonido de tambor lúgubre tiene. Enterrado junto al cocotero hallarás más tarde el cuchillo que escondí allí por temor de que me mataras, y ahora repentinamente quisiera oler su acero de cocina acostumbrado al peso de tu mano y al brillo de tu pie: bajo la humedad de la tierra, entre las sordas raíces, de los lenguajes humanos el pobre sólo sabría tu nombre, y la espesa tierra no comprende tu nombre hecho de impenetrables substancias divinas. Así como me aflige pensar en el claro día de tus piernas recostadas como detenidas y duras aguas solares, y la golondrina que durmiendo y volando vive en tus ojos, y el perro de furia que asilas en el corazón, así también veo las muertes que están entre nosotros desde ahora, y respiro en el aire la ceniza y lo destruido, el largo, solitario espacio que me rodea para siempre. Daría este viento del mar gigante por tu brusca respiración oída en largas noches sin mezcla de olvido, uniéndose a la atmósfera como el látigo a la piel del caballo. Y por oírte orinar, en la oscuridad, en el fondo de la casa, como vertiendo una miel delgada, trémula, argentina, obstinada, cuántas veces entregaría este coro de sombras que poseo, y el ruido de espadas inútiles que se oye en mi alma, y la paloma de sangre que está solitaria en mi frente llamando cosas desaparecidas, seres desaparecidos, substancias extrañamente inseparables y perdidas.
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Acusado por los críticos literarios de realista, mis parientes en cambio me atribuyen el defecto contrario;                                               afirman que no tengo sentido alguno de la realidad. Soy para ellos, sin duda, un funesto espectáculo: analistas de textos, parientes de provincias, he defraudado a todos, por lo visto; ¡qué le vamos a hacer! Citaré algunos casos: Ciertas tías devotas no pueden contenerse, y lloran al mirarme. Otras mucho más tímidas me hacen arroz con leche, como cuando era niño, y sonríen contritas, y me dicen:                                                 qué alto, si te viese tu padre…, y se quedan suspensas, sin saber qué añadir. Sin embargo, no ignoro que sus ambiguos gestos disimulan una sincera compasión irremediable que brilla húmedamente en sus miradas y en sus piadosos dientes postizos de conejo. Y no sólo son ellas. En las noches, mi anciana tía Clotilde regresa de la tumba para agitar ante mi rostro sus manos sarmentosas y repetir con tono admonitorio: ¡Con la belleza no se come! ¿Qué piensas que es la vida? Por su parte, mi madre ya difunta, con voz delgada y triste, augura un lamentable final de mi existencia: manicomios, asilos, calvicie, blenorragia. Yo no sé qué decirles, y ellas vuelven a su silencio. Lo mismo, igual que entonces. Como cuando era niño.                           Parece que no ha pasado la muerte por nosotros.
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Así parece
Acusado por los críticos literarios de realista, mis parientes en cambio me atribuyen el defecto contrario;                                               afirman que no tengo sentido alguno de la realidad. Soy para ellos, sin duda, un funesto espectáculo: analistas de textos, parientes de provincias, he defraudado a todos, por lo visto; ¡qué le vamos a hacer! Citaré algunos casos: Ciertas tías devotas no pueden contenerse, y lloran al mirarme. Otras mucho más tímidas me hacen arroz con leche, como cuando era niño, y sonríen contritas, y me dicen:                                                 qué alto, si te viese tu padre…, y se quedan suspensas, sin saber qué añadir. Sin embargo, no ignoro que sus ambiguos gestos disimulan una sincera compasión irremediable que brilla húmedamente en sus miradas y en sus piadosos dientes postizos de conejo. Y no sólo son ellas. En las noches, mi anciana tía Clotilde regresa de la tumba para agitar ante mi rostro sus manos sarmentosas y repetir con tono admonitorio: ¡Con la belleza no se come! ¿Qué piensas que es la vida? Por su parte, mi madre ya difunta, con voz delgada y triste, augura un lamentable final de mi existencia: manicomios, asilos, calvicie, blenorragia. Yo no sé qué decirles, y ellas vuelven a su silencio. Lo mismo, igual que entonces. Como cuando era niño.                           Parece que no ha pasado la muerte por nosotros.
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Delgada               línea pura de corazón sonoro, eres la claridad cortada al vuelo: cantando sobrevives: todo se irá menos tu forma. No sé si el llanto ronco que de ti se desploma, tus toques de tambor, tu                                     enjambre de alas, será de ti lo mío, o si eres en silencio más decididamente arrobadora, sistema de paloma o de cadera, molde que de su espuma resucita y aparece, turgente, reclinada y resurrecta rosa. Debajo de una higuera, cerca del ronco y raudo Bío Bío, guitarra, saliste de tu nido como un ave y a unas manos morenas entregaste las citas enterradas, los sollozos oscuros, la cadena sin fin de los adioses. De ti salía el canto, el matrimonio que el hombre consumó con su guitarra, los olvidados besos, la inolvidable ingrata, y así se transformó                             la noche entera en estrellada caja de guitarra, temblando el firmamento con su copa sonora y el río sus infinitas cuerdas afinaba arrastrando hacia el mar una marea pura de aromas y lamentos. Oh soledad sabrosa con noche venidera, soledad como el pan terrestre, soledad con un río de guitarras! El mundo se recoge en una sola gota de miel, en una estrella, todo es azul entre las hojas, toda la altura temblorosa                                     canta. Y la mujer que toca la tierra y la guitarra lleva en su voz el duelo y la alegría de la profunda hora. El tiempo y la distancia caen a la guitarra: somos un sueño, un canto entrecortado: el corazón campestre se va por los caminos a caballo: sueña y sueña la noche y su silencio, canta y canta la tierra y su guitarra.
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Oda a la guitarra
Delgada               línea pura de corazón sonoro, eres la claridad cortada al vuelo: cantando sobrevives: todo se irá menos tu forma. No sé si el llanto ronco que de ti se desploma, tus toques de tambor, tu                                     enjambre de alas, será de ti lo mío, o si eres en silencio más decididamente arrobadora, sistema de paloma o de cadera, molde que de su espuma resucita y aparece, turgente, reclinada y resurrecta rosa. Debajo de una higuera, cerca del ronco y raudo Bío Bío, guitarra, saliste de tu nido como un ave y a unas manos morenas entregaste las citas enterradas, los sollozos oscuros, la cadena sin fin de los adioses. De ti salía el canto, el matrimonio que el hombre consumó con su guitarra, los olvidados besos, la inolvidable ingrata, y así se transformó                             la noche entera en estrellada caja de guitarra, temblando el firmamento con su copa sonora y el río sus infinitas cuerdas afinaba arrastrando hacia el mar una marea pura de aromas y lamentos. Oh soledad sabrosa con noche venidera, soledad como el pan terrestre, soledad con un río de guitarras! El mundo se recoge en una sola gota de miel, en una estrella, todo es azul entre las hojas, toda la altura temblorosa                                     canta. Y la mujer que toca la tierra y la guitarra lleva en su voz el duelo y la alegría de la profunda hora. El tiempo y la distancia caen a la guitarra: somos un sueño, un canto entrecortado: el corazón campestre se va por los caminos a caballo: sueña y sueña la noche y su silencio, canta y canta la tierra y su guitarra.
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Delgada y sinuosa como la cuerda mágica. Rubia y rauda:                                 dardo y milano. Pero también inexorable rompehielos. Senos de niña, ojos de esmalte. Bailó en todas las terrazas y sótanos, contempló un atardecer en San José, Costa Rica, durmió en las rodillas de los Himalayas, fatigó los bares y las sabanas de áfrica. A los veinte dejó a su marido por una alemana; a los veintiuno dejó a la alemana por un afgano; a los cuarenta y cinco vive en Proserpina Court, int. 2, Bombay. Cada mes, en los días rituales, llueven sapos y culebras en la casa, los criados maldicen a la demonia y su amante parsi apaga el fuego. Tempestad en seco.                                             El buitre blanco picotea su sombra.
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Golden lotuses - 2
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas, el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas, hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos y tu boca que tiene la sonrisa del agua. Un sol ***** y ansioso se te arrolla en las hebras de la negra melena, cuando estiras los brazos. Tú juegas con el sol como con un estero y él te deja en los ojos dos oscuros remansos. Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca. Todo de ti me aleja, como del mediodía. Eres la delirante juventud de la abeja, la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga. Mi corazón sombrío te busca, sin embargo, y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada. Mariposa morena dulce y definitiva como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
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Poema 19
Se ha apagado el fuego. Queda sólo un blando montón de cenizas, donde estuvo ondulando la llama. Ahí tienes, amigo, hecho porción quieta de polvo liviano, a aquel pino inmenso que nos dio su sombra, fresca y movediza, durante el verano. Tan alto, tan alto, que pasaba el techo de la casa mía. Si hubiera podido guardarlo en dobleces, ni en el arca grande del desván cabría. Y del pino inmenso ya ves lo que queda. Yo, que soy tan pequeña y delgada, ¡qué montón tan chiquito de polvo seré cuando muera!
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Cenizas
En el silencio transparente el día reposaba: la transparencia del espacio era la transparencia del silencio. La inmóvil luz del cielo sosegaba el crecimiento de las yerbas. Los bichos de la tierra, entre las piedras, bajo la luz idéntica, eran piedras. El tiempo en el minuto se saciaba. En la quietud absorta se consumaba el mediodía. Y un pájaro cantó, delgada flecha. Pecho de plata herido vibró el cielo, se movieron las hojas, las yerbas despertaron... Y sentí que la muerte era una flecha que no se sabe quién dispara y en un abrir los ojos nos morimos.
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El pájaro
Los ojos se me fueron detrás una morena que pasó. Era de nácar ***** era de uvas moradas, y me azotó la sangre con su cola de fuego. Detrás de todas me voy. Pasó una clara rubia como una planta de oro balanceando sus dones. Y mi boca se fue como con una ola descargando en su pecho relámpagos de sangre. Detrás de todas me voy. Pero a ti, sin moverme, sin verte, tú distante, van mi sangre y mis besos, morena y clara mía, alta y pequeña mía, ancha y delgada mía, mi fea, mi hermosura, hecha de todo el oro y de toda la plata, hecha de todo el trigo y de toda la tierra, hecha de toda el agua de las olas marinas, hecha para mis brazos, hecha para mis besos, hecha para mi alma.
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El inconstante
Coronad a la escoba de laurel, mirto, rosa. Es el héroe entre aquellos que afrontan la basura. Para librar del polvo sin vuelo cada cosa bajó, porque era palma y azul, desde la altura. Su ardor de espada joven y alegre no reposa. Delgada de ansiedad, pureza, sol, bravura, azucena que barre sobre la misma fosa, es cada vez más alta, más cálida, más pura. Nunca: la escoba nunca será crucificada, porque la juventud propaga su esqueleto que es una sola flauta muda, pero sonora. Es una sola lengua sublime y acordada. Y ante su aliento raudo se ausenta el polvo quieto. Y asciende una palmera, columna hacia la aurora.
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Ascensión de la escoba
En la orilla del aire (¿qué decir, qué hacer?) hay todavía una mujer. En el monte, extendida sobre la yerba, si buscamos bien: una mujer. Bajo el agua, en el agua, abre, enciende los ojos, mírala bien. Algas, ramas de peces, ojo de náufragos, flautas de té, le cantan, la miran bien. En las minas, perdida, delgada, sombra también, raíces de plata obscura le dan de beber. A tu espalda, en donde estés, si vuelves rápido a ver la ves. En el aire hay siempre oculta como una hoja en un árbol, una mujer.
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En la orilla del aire
Tendida, piedra hecha de mediodía, ojos entrecerrados donde el blanco azulea, entornada sonrisa. Te incorporas a medias y sacudes tu melena de *** Luego te tiendes, delgada estría de lava en la roca, rayo dormido. Mientras duermes te acaricio y te pulo, hacha esbelta, flecha con que incendio la noche. El mar combate allá lejos con espadas y plumas.
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Relámpago en reposo
Qué distancia en metros redondos hay entre el sol y las naranjas? Quién despierta al sol cuando duerme sobre su cama abrasadora? Canta la tierra como un grillo entre la música celeste? Verdad que es ancha la tristeza, delgada la melancolía?
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Xxix
No dormía: vagaba en ese limbo en que cambian de forma los objetos, misteriosos espacios que separan       la vigilia del sueño. Las ideas que en ronda silenciosa daban vueltas en torno a mi cerebro, poco a poco en su danza se movían       con un compás más lento. De la luz que entra al alma por los ojos los párpados velaban el reflejo; mas otra luz el mundo de visiones       alumbraba por dentro. En este punto resonó en mi oído un rumor semejante al que en el templo vaga confuso al terminar los fieles       con un Amén sus rezos. Y oí como una voz delgada y triste que por mi nombre me llamó a lo lejos, ¡y sentí olor de cirios apagados,       de humedad y de incienso! Entró la noche y del olvido en brazos caí cual piedra en su profundo seno. Dormí y al despertar exclamé: -¡Alguno       que yo quería ha muerto!
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Rima lxxi
¡Ay luna nueva, fresquita como una hilacha del día, que en el cielo azul y claro la tarde dejó perdida! ¡Ay luna recién llegada, que en el fondo del aljibe pareces una pestaña Caída en el agua triste! Voy a pedirte una gracia... (Dicen que es bueno pedirla cuando la luna es así, delgada y recién nacida). Ampárame con tu embrujo esta pálida sonrisa, que después de tanto tiempo vuelve a prestarme la dicha. Haz que ella crezca contigo y que me alumbre la cara, como tú, cuando semejas Una medalla dorada. Luna fina de Setiembre, sobre el mar y sobre el campo: ¡sé cordial a mi dulzura como lo fuiste a mi llanto!
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Luna fina