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"cutis" poems
Y que yo me la llevé al río creyendo que era mozuela, pero tenía marido.Fue la noche de Santiago y casi por compromiso. Se apagaron los faroles y se encendieron los grillos. En las últimas esquinas toqué sus pechos dormidos, y se me abrieron de pronto como ramos de jacintos. El almidón de su enagua me sonaba en el oído, como una pieza de seda rasgada por diez cuchillos. Sin luz de plata en sus copas los árboles han crecido, y un horizonte de perros ladra muy lejos del río.Pasadas las zarzamoras, los juncos y los espinos, bajo su mata de pelo hice un hoyo sobre el limo. Yo me quité la corbata. Ella se quitó el vestido. Yo el cinturón con revólver. Ella sus cuatro corpiños. Ni nardos ni caracolas tienen el cutis tan fino, ni los cristales con luna relumbran con ese brillo. Sus muslos se me escapaban como peces sorprendidos, la mitad llenos de lumbre, la mitad llenos de frío. Aquella noche corrí el mejor de los caminos, montado en potra de nácar sin bridas y sin estribos. No quiero decir, por hombre, las cosas que ella me dijo. La luz del entendimiento me hace ser muy comedido. Sucia de besos y arena yo me la llevé del río. Con el aire se batían las espadas de los lirios.Me porté como quien soy. Como un gitano legítimo. Le regalé un costurero grande de raso pajizo, y no quise enamorarme porque teniendo marido me dijo que era mozuela cuando la llevaba al río.
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La casada infiel
Voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir. Voces antiguas que cercan voz de clavel varonil. Les clavó sobre las botas mordiscos de jabalí. En la lucha daba saltos jabonados de delfín. Bañó con sangre enemiga su corbata carmesí, pero eran cuatro puñales y tuvo que sucumbir. Cuando las estrellas clavan rejones al agua gris, cuando los erales sueñan verónicas de alhelí, voces de muerte sonaron cerca del Guadalquivir.   Antonio Torres Heredia, Camborio de dura crin, moreno de verde luna, voz de clavel varonil: ¿Quién te ha quitado la vida cerca del Guadalquivir? Mis cuatro primos Heredias hijos de Benamejí. Lo que en otros no envidiaban, ya lo envidiaban en mí. Zapatos color corinto, medallones de marfil, y este cutis amasado con aceituna y jazmín. ¡Ay Antoñito el Camborio digno de una Emperatriz! Acuérdate de la Virgen porque te vas a morir. ¡Ay Federico García, llama a la Guardia Civil! Ya mi talle se ha quebrado como caña de maíz.   Tres golpes de sangre tuvo y se murió de perfil. Viva moneda que nunca se volverá a repetir. Un ángel marchoso pone su cabeza en un cojín. Otros de rubor cansado, encendieron un candil. Y cuando los cuatro primos llegan a Benamejí, voces de muerte cesaron cerca del Guadalquivir.
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Muerte de antoñito el camborio
Eslavo con respecto a la palmera, alemán de perfil al sol, inglés sin fin, francés en cita con los caracoles, italiano ex profeso, escandinavo de aire, español de pura bestia, tal el cielo ensartado en la tierra por los vientos, tal el beso del límite en los hombros. Mas sólo tú demuestras, descendiendo o subiendo del pecho, bolchevique, tus trazos confundibles, tu gesto marital, tu cara de padre, tus piernas de amado, tu cutis por teléfono, tu alma perpendicular a la mía, tus codos de justo y un pasaporte en blanco en tu sonrisa. Obrando por el hombre, en nuestras pausas, matando, tú, a lo largo de tu muerte y a lo ancho de Un abrazo salubérrimo, vi que cuando comías después, tenías gusto, vi que en tus sustantivos creció yerba. Yo quisiera, por eso, tu calor doctrinal, frío y en barras, tu añadida manera de miramos y aquesos tuyos pasos metalúrgicos, aquesos tuyos pasos de otra vida. Y digo, bolchevique, tomando esta flaqueza en su feroz linaje de exhalación terrestre: hijo natural del bien y del mal y viviendo talvez por vanidad, para que digan, me dan tus simultáneas estaturas mucha pena, puesto que tú no ignoras en quién se me hace tarde diariamente, en quién estoy callado y medio tuerto.
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Salutación angélica
La ciudad imita en cartón, una ciudad de pórfido.Caravanas de montañas acampan en los alrededores.El "Pan de Azúcar" basta para almibarar toda la bahía... El "Pan de Azúcar" y su alambre carril, que perderá el equilibrio por no usar una sombrilla de papel. Con sus caras pintarrajeadas, los edificios saltan unos encima de otros y cuando están arriba, ponen el lomo, para que las palmeras les den un golpe de plumero en la azotea.El sol ablanda el asfalto y las nalgas de las mujeres, madura las peras de la electricidad, sufre un crepúsculo, en los botones de ópalo que los hombres usan hasta para abrocharse la bragueta.¡Siete veces al día, se riegan las calles con agua de jazmín! Hay viejos árboles pederastas, florecidos en rosas té; y viejos árboles que se tragan los chicos que juegan al arco en los paseos. Frutas que al caer hacen un huraco enorme en la vereda; negros que tienen cutis de tabaco, las palmas de las manos hechas de coral, y sonrisas desfachatadas de sandía.Sólo por cuatrocientos mil reis se toma un café, que perfuma todo un barrio de la ciudad durante diez minutos.
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Río de janeiro
It is for the reason we think and think and think, That the finishing line seems to shrink and shrink and shrink. Their trophies and our consolation prizes, we always link To the faces of where it matters not if we stink. We ***** and ***** but never look; Only offer our eyes to reference books, Pay our lives to learn how they sit and smile and dress and cook, When we could carve out crafts of our own on hippocampus walls to hook. Charts and charts of sound waves go farther than needed into the ear, But in this statistic, there are more of those which we are deaf to hear. Then we wonder, perhaps they will listen if we talk our fear through beer. What we cannot, we must preach, so in the morning it’ll all be clear. Putting on several mouths, sincerity seldomly salivates in our tongues. And all we ever scream about, we let clump and clog in our lungs. Our voices, we swallow, then verbalize universal dung. Is that easier than to allow our singularity be hung? To possess such delicate bones under thick coats of flesh and skin, One little sting, we crumble as if our framework isn't as fortified as tin. But sometimes when too stung, we rigidify and our cutis turns lean. Our pores, too open, that even what doesn't exist, we welcome in. And so, we stick to our lifelong work of homemade bibles, And add commandments every time we build stables, Along with valuables from the places in people’s fables. Only us can decide to make room for new tables.
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May 30, 2013
May 30, 2013 at 11:58 PM UTC
Merry-go-round
The cutis anserina raise cold upon your arm The brain dispatches a foretelling chilling alarm It is panic that has you in its grasp I daresay your destiny Though somewhat delayed come at last You focus your frightened gaze rapidly from left to right Wishing the sun break the dawn and begone this haunted night Your inner voice speaks to you Turn round if you dare The hair slowly rises on your neck The cautious self tells you to beware Ring covered fingers icy run up your spine Struggling to remain conscious Your heart is pounding Counting breaths you mark the time Drenched in sweat you stumble headlong into the dark Unaware an actor on the stage merely playing a part Flee as far as you wish and swiftly as you can There is no eluding the touch of fears hand It is panic that has you in its grasp The arms of fate Clutch you to her stone breast and hold you fast They call your name You must bow to the gods And breathe your last All Rights Reserved @ Tammy M. Darby Nov. 25, 2017. I
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Nov 25, 2017
Nov 25, 2017 at 10:24 AM UTC
It is panic that has you in its grasp
Chains rattle through the witching hour And a tense grapnel around her lungs Forcing an overwrought gasp, Beads of sweat moistening her soft skin Glistening under the moonlight That comes in through fragmented glass And the shards of transparency surround her cradling bed. Her sweat shines But not the broken glass, Seemingly invisible, it lures her into a trap. She steps her bare feet down, touching the shrapnel. She shrieks in consternation, Feels blood touching her cutis And a solitary tear runs along her left cheek. She careens her way back on to the mattress And her sanguine feet tag along, Staining the cloth freshly laid out Patterned with flowers and autumn leaves. Afraid to wound herself once more, She quietly sobs herself to sleep And sheds the last tear. Sirens blare and the sun shines ever so bright, A hundred people surround the scene Letting their eyes go wild like the rain And heaving in long breaths. With pierced flesh and a lifeless smile, She went out like a light as she wept her last, And now she's the lurking shadow of the morgue.
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Aug 19, 2014
Aug 19, 2014 at 8:59 AM UTC
Shrapnel Of Transparency
cansado ¡Sí! Cansado de usar un solo bazo, dos labios, veinte dedos, no sé cuántas palabras, no sé cuántos recuerdos, grisáceos, fragmentarios. Cansado, muy cansado de este frío esqueleto, tan púdico, tan casto, que cuando se desnude no sabré si es el mismo que usé mientras vivía. Cansado. ¡Sí! Cansado por carecer de antenas, de un ojo en cada omóplato y de una cola auténtica, alegre, desatada, y no este rabo hipócrita, degenerado, enano. Cansado, sobre todo, de estar siempre conmigo, de hallarme cada día, cuando termina el sueño, allí, donde me encuentre, con las mismas narices y con las mismas piernas; como si no deseara esperar la rompiente con un cutis de playa, ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia, acariciar la tierra con un vientre de oruga, y vivir, unos meses, adentro de una piedra.
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Cansancio
From the cranium to the metatarsals. I dare you to be careful. Or drown me in ****** He went from the femur upwards my symphysis ***** Looking beyond the cutis. Or does he wish to view the pure. Slightly touching with the phalanges pressure building from the carpal. Hiding the face under a parcel. Or is the phase under changes. Cramps in the tarsals going up to the tibia. For him it's a game of trivia. Or is he fighting marshals. He bites down into the clavicle pain and pleasure going to the scapula. He breaths vernacular. He and I are flammable. Bones to break. What a piece of cake.
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Apr 28, 2018
Apr 28, 2018 at 11:56 AM UTC
White mellow bones
Entre un bosque de mástiles, y con sus muelles empavesados de camisas, Chioggia fondea en la laguna, ensangrentada de crepúsculo y de velas latinas. ¡Redes tendidas sobre calles musgosas... sin afeitar! ¡Aire que nos calafatea los pulmones, dejándonos un gusto de alquitrán! Mientras las mujeres se gastan las pupilas tejiendo puntillas de neblina, desde el lomo de los puentes, los chicos se zambullen en la basura del canal. ¡Marineros con cutis de pasa de higo y como garfios los dedos de los pies! Marineros que remiendan las velas en los umbrales y se ciñen con ella la cintura, como con una falda suntuosa y con olor a mar. Al atardecer, un olor a frituras agranda los estómagos, mientras los zuecos comienzan a cantar... Y de noche, la luna, al disgregarse en el canal, finge un enjambre de peces plateados alrededor de una carnaza.
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Chioggia
¡Oh este rayo de sol que a mi alcoba se cuela Como una viva y larga, mágica lentejuela! Oh este rayo de sol que en mi boca se posa Fingiendo que en mis labios ha florido una rosa! ¡Oh este rayo de sol que se acuesta en mi seno, Como una daga fina sobre el cutis moreno! ¡ Oh este rayo de sol que acaso ha acariciado La dulce y taciturna cabeza de mi amado, Que taivez en los labios de mi amante dormido La misma rosa de oro que en mi boca, ha florido! Enredaste sus manos y entibiaste sus sienes Y ahora, ¡todo hechizado por su contacto vienes! Te colgaste a su cuello y llamaste a sus ojos En los que anoche el sueño pusiera sus cerrojos.               Ras o de sol fragante               Que has besado a mi amante! (Y el rayo es como una culebra de deseo Que en mi cuerpo vibrante pone su centelleo).
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Matinal
Yo he besado el capullo de tu boca jugosa, y he bebido en tus besos mieles espirituales, con toda la liturgia de los viejos misales y el arrebato que era mi ansiedad voluptuosa. La caricia divina fue al cabo dolorosa, que se hicieron incendio los paganos rituales, y vi en tus ojos claros llamaradas sensuales, y sentí de tu carne la llamada imperiosa. Y la onda suprema de un estremecimiento tremó en el nácar tibio de tu cutis fragante, y una llama invisible caldeó tu puro aliento. Y sobre tus espaldas vi enroscado un instante el látigo, tan ***** como un remordimiento, que restalló en los aires la Lujuria, triunfante!
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Soneto rojo