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"cuestas" poems
Es algo formidable que vio la vieja raza: robusto tronco de árbol al hombro de un campeón salvaje y aguerrido, cuya fornida maza blandiera el brazo de Hércules, o el brazo de Sansón.Por casco sus cabellos, su pecho por coraza, pudiera tal guerrero, de Arauco en la región, lancero de los bosques, Nemrod que todo caza, desjarretar un toro, o estrangular un león.Anduvo, anduvo, anduvo. Le vio la luz del día, le vio la tarde pálida, le vio la noche fría, y siempre el tronco de árbol a cuestas del titán.«¡El Toqui, el Toqui!» clama la conmovida casta. Anduvo, anduvo, anduvo.  La aurora dijo: «Basta», e irguióse la alta frente del gran Caupolicán.
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Caupolicán
¡Mecánica sincera y peruanísima la del cerro colorado! ¡Suelo teórico y práctico! ¡Surcos inteligentes; ejemplo: el monolito y su cortejo! ¡Papales, cebadales, alfalfares, cosa buena! ¡Cultivos que integra una asombrosa jerarquía de útiles y que integran con viento los mujidos, las aguas con su sorda antigüedad! ¡Cuaternarios maíces, de opuestos natalicios, los oigo por los pies cómo se alejan, los huelo retomar cuando la tierra tropieza con la técnica del cielo! ¡Molécula exabrupto! ¡Atomo terso! ¡Oh campos humanos! ¡Solar y nutricia ausencia de la mar, y sentimiento oceánico de todo! ¡Oh climas encontrados dentro del oro, listos! ¡Oh campo intelectual de cordillera, con religión, con campo, con patitos! ¡Paquidermos en prosa cuando pasan y en verso cuando páranse! ¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno! ¡Oh patrióticos asnos de mi vida! ¡Vicuña, descendiente nacional y graciosa de mi mono! ¡Oh luz que dista apenas un espejo de la sombra, que es vida con el punto y, con la línea, polvo y que por eso acato, subiendo por la idea a mi osamenta! ¡Siega en época del dilatado molle, del farol que colgaron de la sien y del que descolgaron de la barreta espléndida! ¡Angeles de corral, aves por un descuido de la cresta! ¡Cuya o cuy para comerlos fritos con el bravo rocoto de los temples! (¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!) ¡Leños cristianos en gracia al tronco feliz y al tallo competente! ¡Familia de los líquenes, especies en formación basáltica que yo respeto desde este modestísimo papel! ¡Cuatro operaciones, os sustraigo para salvar al roble y hundirlo en buena ley! ¡Cuestas in infraganti! ¡Auquénidos llorosos, almas mías! ¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo, y Perú al pie del orbe; yo me adhiero! ¡Estrellas matutinas si os aromo quemando hojas de coca en este cráneo, y cenitales, si destapo, de un solo sombrerazo, mis diez templos! ¡Brazo de siembra, bájate, y a pie! ¡Lluvia a base del mediodía, bajo el techo de tejas donde muerde la infatigable altura y la tórtola corta en tres su trino! ¡Rotación de tardes modernas y finas madrugadas arqueológicas! ¡Indio después del hombre y antes de él! ¡Lo entiendo todo en dos flautas y me doy a entender en una quena! ¡Y lo demás, me las pelan!...
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Telúrica y magnética
¡Mecánica sincera y peruanísima la del cerro colorado! ¡Suelo teórico y práctico! ¡Surcos inteligentes; ejemplo: el monolito y su cortejo! ¡Papales, cebadales, alfalfares, cosa buena! ¡Cultivos que integra una asombrosa jerarquía de útiles y que integran con viento los mujidos, las aguas con su sorda antigüedad! ¡Cuaternarios maíces, de opuestos natalicios, los oigo por los pies cómo se alejan, los huelo retomar cuando la tierra tropieza con la técnica del cielo! ¡Molécula exabrupto! ¡Atomo terso! ¡Oh campos humanos! ¡Solar y nutricia ausencia de la mar, y sentimiento oceánico de todo! ¡Oh climas encontrados dentro del oro, listos! ¡Oh campo intelectual de cordillera, con religión, con campo, con patitos! ¡Paquidermos en prosa cuando pasan y en verso cuando páranse! ¡Roedores que miran con sentimiento judicial en torno! ¡Oh patrióticos asnos de mi vida! ¡Vicuña, descendiente nacional y graciosa de mi mono! ¡Oh luz que dista apenas un espejo de la sombra, que es vida con el punto y, con la línea, polvo y que por eso acato, subiendo por la idea a mi osamenta! ¡Siega en época del dilatado molle, del farol que colgaron de la sien y del que descolgaron de la barreta espléndida! ¡Angeles de corral, aves por un descuido de la cresta! ¡Cuya o cuy para comerlos fritos con el bravo rocoto de los temples! (¿Cóndores? ¡Me friegan los cóndores!) ¡Leños cristianos en gracia al tronco feliz y al tallo competente! ¡Familia de los líquenes, especies en formación basáltica que yo respeto desde este modestísimo papel! ¡Cuatro operaciones, os sustraigo para salvar al roble y hundirlo en buena ley! ¡Cuestas in infraganti! ¡Auquénidos llorosos, almas mías! ¡Sierra de mi Perú, Perú del mundo, y Perú al pie del orbe; yo me adhiero! ¡Estrellas matutinas si os aromo quemando hojas de coca en este cráneo, y cenitales, si destapo, de un solo sombrerazo, mis diez templos! ¡Brazo de siembra, bájate, y a pie! ¡Lluvia a base del mediodía, bajo el techo de tejas donde muerde la infatigable altura y la tórtola corta en tres su trino! ¡Rotación de tardes modernas y finas madrugadas arqueológicas! ¡Indio después del hombre y antes de él! ¡Lo entiendo todo en dos flautas y me doy a entender en una quena! ¡Y lo demás, me las pelan!...
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Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Canto a españa
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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La sangre derramada
¡Que no quiero verla! Dile a la luna que venga, que no quiero ver la sangre de Ignacio sobre la arena. ¡Que no quiero verla! La luna de par en par. Caballo de nubes quietas, y la plaza gris del sueño con sauces en las barreras. ¡Que no quiero verla! Que mi recuerdo se quema. ¡Avisad a los jazmines con su blancura pequeña! ¡Que no quiero verla! La vaca del viejo mundo pasaba su triste lengua sobre un hocico de sangres derramadas en la arena, y los toros de Guisando, casi muerte y casi piedra, mugieron como dos siglos hartos de pisar la tierra. No. ¡Que no quiero verla! Por las gradas sube Ignacio con toda su muerte a cuestas. Buscaba el amanecer, y el amanecer no era. Busca su perfil seguro, y el sueño lo desorienta. Buscaba su hermoso cuerpo y encontró su sangre abierta. ¡No me digáis que la vea! No quiero sentir el chorro cada vez con menos fuerza; ese chorro que ilumina los tendidos y se vuelca sobre la pana y el cuero de muchedumbre sedienta. ¡Quién me grita que me asome! ¡No me digáis que la vea! No se cerraron sus ojos cuando vio los cuernos cerca, pero las madres terribles levantaron la cabeza. Y a través de las ganaderías, hubo un aire de voces secretas que gritaban a toros celestes mayorales de pálida niebla. No hubo príncipe en Sevilla que comparársele pueda, ni espada como su espada ni corazón tan de veras. Como un río de leones su maravillosa fuerza, y como un torso de mármol su dibujada prudencia. Aire de Roma andaluza le doraba la cabeza donde su risa era un nardo de sal y de inteligencia. ¡Qué gran torero en la plaza! ¡Qué buen serrano en la sierra! ¡Qué blando con las espigas! ¡Qué duro con las espuelas! ¡Qué tierno con el rocío! ¡Qué deslumbrante en la feria! ¡Qué tremendo con las últimas banderillas de tiniebla! Pero ya duerme sin fin. Ya los musgos y la hierba abren con dedos seguros la flor de su calavera. Y su sangre ya viene cantando: cantando por marismas y praderas, resbalando por cuernos ateridos, vacilando sin alma por la niebla, tropezando con miles de pezuñas como una larga, oscura, triste lengua, para formar un charco de agonía junto al Guadalquivir de las estrellas. ¡Oh blanco muro de España! ¡Oh ***** toro de pena! ¡Oh sangre dura de Ignacio! ¡Oh ruiseñor de sus venas! No. ¡Que no quiero verla! Que no hay cáliz que la contenga, que no hay golondrinas que se la beban, no hay escarcha de luz que la enfríe, no hay canto ni diluvio de azucenas, no hay cristal que la cubra de plata. No. ¡¡Yo no quiero verla!!
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Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra madre con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales!Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que está en su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera, aquella de la trenza; la calavera, aquella de la vida!¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin ***** si la madre España cae -digo, es un decir-, salid, niños, del mundo; id a buscarla!...
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Xiv
Niños del mundo, si cae España -digo, es un decir- si cae del cielo abajo su antebrazo que asen, en cabestro, dos láminas terrestres; niños, ¡qué edad la de las sienes cóncavas! ¡qué temprano en el sol lo que os decía! ¡qué pronto en vuestro pecho el ruido anciano! ¡qué viejo vuestro 2 en el cuaderno!¡Niños del mundo, está la madre España con su vientre a cuestas; está nuestra madre con sus férulas, está madre y maestra, cruz y madera, porque os dio la altura, vértigo y división y suma, niños; está con ella, padres procesales!Si cae -digo, es un decir- si cae España, de la tierra para abajo, niños ¡cómo vais a cesar de crecer! ¡cómo va a castigar el año al mes! ¡cómo van a quedarse en diez los dientes, en palote el diptongo, la medalla en llanto! ¡Cómo va el corderillo a continuar atado por la pata al gran tintero! ¡Cómo vais a bajar las gradas del alfabeto hasta la letra en que nació la pena!Niños, hijos de los guerreros, entre tanto, bajad la voz que España está ahora mismo repartiendo la energía entre el reino animal, las florecillas, los cometas y los hombres. ¡Bajad la voz, que está en su rigor, que es grande, sin saber qué hacer, y está en su mano la calavera, aquella de la trenza; la calavera, aquella de la vida!¡Bajad la voz, os digo; bajad la voz, el canto de las sílabas, el llanto de la materia y el rumor menos de las pirámides, y aun el de las sienes que andan con dos piedras! ¡Bajad el aliento, y si el antebrazo baja, si las férulas suenan, si es la noche, si el cielo cabe en dos limbos terrestres, si hay ruido en el sonido de las puertas, si tardo, si no veis a nadie, si os asustan los lápices sin ***** si la madre España cae -digo, es un decir-, salid, niños, del mundo; id a buscarla!...
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¡Ay si pudiéramos abrir los ojos y ver el agua desnuda y libre, virgen de historia, agua que mueve nuestros molinos cada mañana! ¡Ay si pudiéramos no ver la carga que trae a cuestas! Carga que abruma nuestras espaldas: Todo el pasado, todo el futuro… ¡Ay si pudiéramos mirar el agua, Desnuda y libre, virgen de historia, Agua que mueve nuestros molinos Cada mañana!...
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Agua
Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse, y hay ganas de morir, combatido por dos aguas encontradas que jamás han de istmarse. Hay ganas: de un gran beso que amortaje a la Vida, que acaba en el áfrica de una agonía ardiente, suicida! Hay ganas de... no tener ganas. Señor; a ti yo te señalo. con el dedo deicida: hay ganas de no haber tenido corazón. La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios, curvado en tiempo, se repite, y pasa:  pasa: a cuestas con la espina dorsal del Universo. Cuando, las sienes tocan su lúgubre tambor... cuando me duele el sueño grabado en un puñal, hay ganas de quedarse plantado en este verso!
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Los anillos fatigados
Soy hija del llano. Nunca vi montañas, Hace pocos años que conozco el mar Y vivo soñando con raros países Y vivo acosada del ansia de andar. ¡Tanto que tenemos luego que estar quietos, Tanto que más tarde hay que reposar, Y desperdiciamos la hora presente Y nos contentamos sólo con soñar! ¡Ay, los caminitos en ásperas cuestas, Serpentinas claras sobre las montanas! ¿No han de hollarlos nunca mis pies andariegos? ¿No he de ir yo nunca por tierras extrañas? ¿Nunca mis pupilas, hartas de llanuras, Han de mirar cerca las cumbres soñadas? ¿Qué es lo que me guardan los dioses herméticos? ¿Qué, en mi canastilla, pusieron las hadas? ¡Ay, noches de insomnio, de agrio descontento, De interrogaciones vanas e impacientes! ¡A veces parece que tañen campanas Y a veces, Dios mío, que silban serpientes!
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Ansia
Un libro quedó al borde de su cintura muerta, un libro retoñaba de su cadáver muerto. Se llevaron al héroe, y corpórea y aciaga entró su boca en nuestro aliento; sudamos todos, el hombligo a cuestas; caminantes las lunas nos seguían; también sudaba de tristeza el muerto. Y un libro, en la batalla de Toledo, un libro, atrás un libro, arriba un libro, retoñaba del cadáver. Poesía del pómulo morado, entre el decirlo y el callarlo, poesía en la carta moral que acompañara a su corazón. Quedóse el libro y nada más, que no hay insectos en la tumba, y quedó al borde de su manga el aire remojándose y haciéndose gaseoso, infinito. Todos sudamos, el hombligo a cuestas, también sudaba de tristeza el muerto y un libro, yo lo vi sentidamente, un libro, atrás un libro, arriba un libro retoñó del cadáver ex abrupto.
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Ix
Simplemente desperté                      Todo era extraño. No me ubicaba      Ni en tiempo                         O espacio. Todo desordenado          Y desconectado.           Llevaba la vida a cuestas           Cicatrices y heridas que el tiempo no curaba.           Dolor en el alma           Recuerdos pesados y punzantes.                    Oscuridad.
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Aug 24, 2018
Aug 24, 2018 at 10:23 AM UTC
Oscuridad
El suertero que grita "La de a mil", contiene no sé qué fondo de Dios. Pasan todos los labios. El hastío despunta en una arruga su ya no. Pasa el suertero que atesora, acaso nominal, como Dios, entre panes tantálicos, humana impotencia de amor. Yo le miro al andrajo. Y él pudiera darnos el corazón; pero la suerte aquella que en sus manos aporta, pregonando en alta voz, como un pájaro cruel, irá a parar adonde no lo sabe ni lo quiere este bohemio dios. Y digo en este viernes tibio que anda a cuestas bajo el sol: por qué se habrá vestido de suertero la voluntad de Dios!
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La de a mil
Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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Promesa
Oh novia imposible, tan casta y hermosa, tan pura y tan buena,         que tarde por tarde en la muda ventana me esperas y envejeces ansiando que pronto         termine mi ausencia, me verás cuando pasen los años, retornar por la mustia vereda         y con inquietudes         llamar a tu puerta; que en la austera quietud de tu alcoba donde todas las cosas conversan         de escenas pasadas,         de dichas pretéritas, hallarán sempiterno reposo         mis fúnebres penas; y tus manos surcadas de arrugas me **** las caricias postreras,         caricias que saben         a miel de tristeza,         caricias que saben         a miel de colmenas, pero no de colmenas sabrosas que gusta la vida cuando es primavera sino miel en que endulzan sus males         las almas enfermas cuando ya la existencia tramonta         y la noche eterna         de las decepciones su abanico de sombras despliega, y el amor es tan sólo un ocaso de santas memorias, de ilusiones muertas.         Oh novia imposible,         tan pura y tan buena,         en estos renglones hallarás mi sagrada promesa         de ir a tus brazos         que amantes me esperan.         Llegado a tus lares, al volver a la casa risueña         en que envejeciendo         meditas mi ausencia, ungirán las heridas de tu alma         mis frases ingenuas         mis versos antiguos, al hablarte en la alcoba discreta que el dolor peculiar de otros días en su ambiente amoroso conserva. Volveré... mas hoy no, que es preciso dar también al cariño una tregua, y por eso de todos mis lutos         la cruz llevo a cuestas sin que alumbre la luz de tus ojos         mi árida senda.         La sola ventura que en la vía penosa me resta es creer que al llamar a tu casa mi mano de viejo que débil golpea, no hallará a mi piadoso reclamo         cerradas las puertas. No desmayes: espera y confía: que buscando la dicha perpetua de hospedar mi ternura en tu casa me verás, apoyado en la reja, una tarde sombría de invierno retornar por la mustia vereda         para que se cumpla         la antigua promesa,         y llena de canas         la triste cabeza,         llamar a tu alma,         tocar a tu puerta.
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cuando pasabas con tu otoño a cuestas mayo por mi ventana y hacías señales con la luz de las hojas finales ¿qué me querías decir mayo? ¿porqué eras triste o dulce en tu tristeza? nunca lo supe pero siempre había un hombre solo entre los oros de la calle pero yo era ese niño detrás de la ventana cuando pasabas mayo como abrigándome los ojos y el hombre sería yo ahora que recuerdo La soledad, sus cuervos, sus perros, sus pedazos
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Otro mayo
¿Habrá en el mundo vacas más benignas que éstas? Se anuncian con un claro cencerro matinal, y en las ruidosas puertas de hoteles y pensiones, al pie de las crías flacas, se dejan ordeñar. Viven en pobres tambos, pacen escasa hierba, entre piedra y arena, tamarisco y cardal; pero siempre rebosan medio litro de leche para los niños tristes que envía la ciudad. Y, su misión cumplida, se van sin un mugido, subiendo cuestas agrias con lenta majestad. Mas yo sé cómo sigo, ellas no saben nada, su campaneo de oro por la orilla del mar.
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Vacas