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"contaba" poems
Conocí a un millonario. Era estanciero, rey de llanuras grises en donde se perdían los caballos. Paseábamos su casa, sus jardines, la piscina con una torre blanca y aguas como para bañar a una ciudad. Se sacó los zapatos, metió los pies con cierta severidad sombría en la piscina verde. No sé por qué una a una fue descartando todas sus mujeres. Ellas bailaban en Europa o atravesaban rápidas la nieve en trineo, en Alaska. S. me contó cómo cuando niño vendía diarios y robaba panes. Ahora sus periódicos asaltaban las calles temblorosas, golpeaban a la gente con noticias y decían con énfasis sólo sus opiniones. Tenía bancos, naves, pecados y tristezas. A veces con papel, pluma, memoria, se hundía en su dinero, contaba, sumando, dividiendo, multiplicando cosas, hasta que se dormía. Me parece que el hombre nunca pudo salir de su riqueza -lo impregnaba, le daba aire, color abstracto-, y él se veía adentro como un molusco ciego rodeado de un muro impenetrable. A veces, en sus ojos, vi un fuego frío, lejos, algo desesperado que moría. Nunca supe si fuimos enemigos. Murió una noche cerca de Tucumán. En la catástrofe ardió su poderoso Rolls como cerca del río el catafalco de una religión oscura. Yo sé que todos los muertos son iguales, pero no sé, no sé, pienso que aquel hombre, a su modo, con la muerte dejó de ser un pobre prisionero.
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Oda a un millonario muerto
"Sólo me quiero morir." Me dijo esto con voz quebrada mientras rompía en llanto. Era joven. Se le veía desaliñada y su rostro mostraba la dureza de la vida que ha llevado. Su piel bronceada sudaba bajo el abrasador sol del medio día y su cuerpo temblaba presa del pánico que lentamente se desvanecía. El señor con quien peleaba, un señor de edad avanzada quien amenazaba con golpearla, se había refugiado en su casa al ver que me acercaba e interrumpía su disputa. No se qué sucedía. No se por qué peleaban. No se quiénes eran. Se que él quería dañarla y que yo no lo permitiría. Le pregunté qué sucedía, si estaba bien. "Solo me quiero morir." "No te quieres morir." le contesté, sin saber realmente que decir. Le expliqué que tenía cosas que hacer en ese momento, y me ofrecí a acompañarla hasta donde yo iba. Ella amablemente declinó la oferta, alegando que no tenía dinero para unos medicamentos que necesitaba. Me disculpé por no poderle ayudar más, dado que yo tampoco contaba con mucho dinero. Ella me tomó de la mano, aún con lagrimas en los ojos y la voz quebradiza y me dijo "Ya me has ayudado más de lo que tú crees." Tras decir esto se dio la vuelta y se fue en la dirección opuesta a la mía. Aún no se quién era ni qué fue lo que sucedió, pero se que, quién quiera que fuera, ese día comencé a ver la vida desde una nueva perspectiva.
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Apr 14, 2016
Apr 14, 2016 at 7:32 PM UTC
Sólo me quiero morir.
Creo que nunca dije cuanto me gustabas Nunca  dije lo mucho que te adoraba Las mañanas en mi cama, las tardes en que me abrazabas. Amaba la forma en que cantabas, admiraba como tu cara se iluminaba cuando me hablabas. ¡Y es que la verdad deliraba al contar las pecas en tu espalda! Y tus manos, ¡Oh por todo lo bello, tus manos! Pequeñas y delicadas, perfectas para dibujarlas. Y lo admito, no mentía cuando decía que me encantabas. Pero todas las cosas buenas se acaban. Y ya no contaba tus pecas, ya no esperaba que me abrazaras. Las mañanas eran frías, ya ni en mi cama dormía. Tal vez te fuiste mientras dormía, tal vez ya no me querías. Y pensaba que volverías, pero igual; sabía que eras una mentira.
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Feb 27, 2014
Feb 27, 2014 at 1:13 AM UTC
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Era mi amiga, pero yo la amaba yo la amaba en silencio puramente, y mientras sus amores me contaba yo escuchaba sus frases tristemente. Era mi amiga, pero me gustaba y mi afán era verla a cada instante. Nunca supo el amor que yo albergaba porque siempre me hablaba de su amante. Era mi amiga para todo el mundo porque a nadie mi amor yo confesaba, pero yo la quería muy profundo y forzosamente me callaba. Era mi amiga, y mi cuerpo sentía estremecer si ella me miraba, al oírla junto a mí feliz me hacía mas de este amor ella nunca supo nada y aunque sólo mi amistad yo le ofrecía, era mi amiga, pero yo la amaba.
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Era mi amiga
Extraño las peleas en tu cama, revolcándonos entre cabeceras, besos, y cosquillas; tu voz, entre medio de una risa, preguntando, sin aliento, “no me quieres?” y yo completamente perdida… extraño estar enredada entre tus mas hondos suspiros, en tus brazos firmes, seguros… extraño temblar, el miedo, y tus dulces labios… extraño ser, irreparablemente, la mujer que deseas, a la que susurras tus sueños, tu futuro y lo que eres… amor, extraño como a nada las pestañas que contaba, y despertarte de tu reposo ligero en mis brazos, con mariposas en forma de besos, y alinear las caderas como algún baile de infinita gracia y destreza, como algo innato, universal, natural… y débil, aun que sea este corazón, con todas sus fuerzas, en cada latido te extraña como nadie.
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Jan 8, 2013
Jan 8, 2013 at 12:41 AM UTC
Extraño
Si yo jamás hubiera salido de mi villa, con una santa esposa tendría el refrigerio de conocer el mundo por un solo hemisferio. Tendría, entre corceles y aperos de labranza, a Ella, como octava bienaventuranza. Quizá tuviera dos hijos, y los tendría sin un remordimiento ni una cobardía. Quizá serían huérfanos, y cuidándolos yo, el niño iría de luto, pero la niña no. ¿No me hubieras vivido, tú, que fuiste una aurora, una granada roja de virginales gajos, una devota de María Auxiliadora y un misterio exquisito con los párpados bajos? Hacia tu pie, hermosura y alimento del día, recién nacidos, piando y piando de hambre rodaran los pollitos, como esferas de estambre. Quiero otra vez mis campos, mi villa y mi caballo que en el sol y en la lluvia lanza a mitad del viaje su relincho, penacho gozoso del paisaje. Corazón que en fatigas de vivir vas a nado y que estás florecido, como está la cadera de Venus, y ceniciento cual la madera en que grabó su puño de ánima el condenado: tu tarde será simple, de ejemplar feligrés absorto en el perfume de hogareños panqués y que en la resolana se santigua a las tres. Corazón; te reservo el mullido descanso de la coqueta villa en que el señor mi abuelo contaba las cosechas con su pluma de ganso. La moza me dirá con su voz de alfeñique marchándose al rosario, que le abrace la falda ampulosa, al sonar el último repique. Luego resbalaré por las frutales tapias en recuerdo fanático de mis yertas prosapias. Y si la villa, enfrente de la jocosa luna, me reclama la pérdida de aquel bien que me dio, sólo podré jurarle que con otra fortuna el niño iría de luto, pero la niña no.
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Mi villa
Si yo jamás hubiera salido de mi villa, con una santa esposa tendría el refrigerio de conocer el mundo por un solo hemisferio. Tendría, entre corceles y aperos de labranza, a Ella, como octava bienaventuranza. Quizá tuviera dos hijos, y los tendría sin un remordimiento ni una cobardía. Quizá serían huérfanos, y cuidándolos yo, el niño iría de luto, pero la niña no. ¿No me hubieras vivido, tú, que fuiste una aurora, una granada roja de virginales gajos, una devota de María Auxiliadora y un misterio exquisito con los párpados bajos? Hacia tu pie, hermosura y alimento del día, recién nacidos, piando y piando de hambre rodaran los pollitos, como esferas de estambre. Quiero otra vez mis campos, mi villa y mi caballo que en el sol y en la lluvia lanza a mitad del viaje su relincho, penacho gozoso del paisaje. Corazón que en fatigas de vivir vas a nado y que estás florecido, como está la cadera de Venus, y ceniciento cual la madera en que grabó su puño de ánima el condenado: tu tarde será simple, de ejemplar feligrés absorto en el perfume de hogareños panqués y que en la resolana se santigua a las tres. Corazón; te reservo el mullido descanso de la coqueta villa en que el señor mi abuelo contaba las cosechas con su pluma de ganso. La moza me dirá con su voz de alfeñique marchándose al rosario, que le abrace la falda ampulosa, al sonar el último repique. Luego resbalaré por las frutales tapias en recuerdo fanático de mis yertas prosapias. Y si la villa, enfrente de la jocosa luna, me reclama la pérdida de aquel bien que me dio, sólo podré jurarle que con otra fortuna el niño iría de luto, pero la niña no.
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Me pidió que le abrace, me dijo que ya no quería más guerra. Me dijo que estaba desintegrado, desmoronado, desmigado, desecho, triturado, destruido, que se le habia desintegrado el alma. Que su alma estaba en pena, que penando se pasaba de barra en barra, barriendo toda la tristeza que le alberga, entre tragos que no le embriagan, y que solo empinan sus dolencias. Me pidió que lo que lo abrace, que no me desprendiera, que no le soltara, que no le abandonara, que no le hiriera de tal manera, que ya la soledad estaba haciendo patria sobre su vida vacía y seca. Me pidió que lo abrazara. Me pidió una mariposa de esas que hacen alegrar la pansa. Me pidió un beso como pide el fusilado un último deseo. Le dije que respirara. Me tire con él a la grama. Le pedí que me mirara. Le asegure de que la guerra había cesado. Le bese en la frente paulatinamente, mientras, le contaba la triunfante historia de la mariposa que se transforma de oruga en realeza. Lo abrace hasta que vi el espíritu de tristeza brotar de su cuerpo. Lo abrace hasta que el niño asustado tomara confianza. Lo abrace como si estuviese desahuciado. Lo abrace hasta que sentí las cadenas que lo ataban..romperse en mil pedazos. Lo abrace hasta que se sintió hombre de nuevo. Luego hicimos el amor, como lo hicieron Adan y Eva cuando descubrieron sus hambrientos y desnudos cuerpos en su nirvana. LeydisProse 6/6/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 7, 2017
Jun 7, 2017 at 9:45 AM UTC
ABRAZAME
Te veo y estás tan cerca en el tiempo. Te puedo contar en horas, como contaba ovejas en mis noches insomnes, y aún seguiría despierta para contar los minutos. Te miro, y estás ahí, tan cerca en el espacio que podría abrazarte como hacíamos antes. Mis brazos son largos, pero mis abrazos no te alcanzan, tu corazón me rehuye. Cada segundo que pasa este medio metro que nos separa se hace más largo, como si la expansión del universo tuviese algo en mi contra, como si la vida nos hubiese separado en ausencia de la muerte. La distancia entre corazones se mide en abrazos por segundo. // I see you and you are so close in time. I can count you in hours, like I counted sheep in my insomniac nights, and I would still be awake to count the minutes. I look at you, and you are there, so close in space that I could hug you like we used to do. My arms are long, but my hugs don't reach you, your heart escapes me. Each second passed this half a meter between us grows longer, as if the universe's expansion had something against me, as if life had separated us in absence of death. Distance between hearts is measured in hugs per secod.
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Dec 14, 2018
Dec 14, 2018 at 4:06 AM UTC
La distancia //The distance
desdicha eterna de saber que estás         pero no fuiste que tus palabras no eran más que olas golpeaban mis orillas y volvían al mar pensando en nada y en todo caminaba por la arena con los pies descalzos más el agua se llevaba mis huellas mientras contaba las tuyas como impermeables como permanentes
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Dec 25, 2018
Dec 25, 2018 at 11:34 PM UTC
Untitled
antes me decías: "cierra los ojos, cuenta hasta cien." yo toda ilusionada. yo contaba mucho más.                                       contaba hasta trescientos y tú todavía no estabas.                                             hasta seiscientos decías que vendrías.                                                                      y apareciste, como a los mil. y ahora que estás aquí, ahora te digo: "cierra los ojos, cuenta hasta cien." y yo te prometo, que no te dejaré esperando. La diferencia es que cuando los abras,                                                                       en el cien,                                                                                              yo ya no estaré.
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Jul 30, 2020
Jul 30, 2020 at 1:05 PM UTC
hasta 100.
Al que extraño es al viejo *** del zoo, siempre tomábamos café en el Bois de Boulogne, me contaba sus aventuras en Rhodesia del Sur pero mentía, era evidente que nunca se había movido del Sahara. De todos modos me encantaba su elegancia, su manera de encogerse de hombros ante las pequeñeces de la vida, miraba a los franceses por la ventana del café y decía «los idiotas hacen hijos». Los dos o tres cazadores ingleses que se había comido le provocaban malos recuerdos y aún melancolía, «las cosas que uno hace para vivir» reflexionaba mirándose la melena en el espejo del café. Sí, lo extraño mucho, nunca pagaba la consumición, pero indicaba la propina a dejar y los mozos lo saludaban con especial deferencia. Nos despedíamos a la orilla del crepúsculo, él regresaba a son bureau, como decía, no sin antes advertirme con una pata en mi hombro «ten cuidado, hijo mío, con el París nocturno». Lo extraño mucho verdaderamente, sus ojos se llenaban a veces de desierto pero sabía callar como un hermano cuando emocionado, emocionado, yo le hablaba de Carlitos Gardel.
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Anclao en parís