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"conchas" poems
To : Derek Walcott La mujer , el amor , la revolucion . El Tridente , Poseidon , el mar . Esto ve el poeta dentro de las estrellas conchas asirenadas y la matriz de los versos : soles femeninos y lunas masculinas dioses blancos y negros y a la bandera de Barbados con el Tridente de sus ojos sobre la brisa marina y dentro de la profundidad de la historia saludar Caribbe Estoy Aqui 19 . 10 . 2000
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Sep 27, 2011
Sep 27, 2011 at 6:30 AM UTC
Caribbe Estoy Aqui
Vi en las costas de Trinidad conchas nereidoasirenadas tejer sus cabellos , cantar Rege los peces en Jamaica al amor en Carthagena , madurar como mango a los poetas del Sur bailar Cumbia Y vi en sus ojos la revolucion alrededor de la estatua de Bolivar . 19.10.2000
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Feb 27, 2012
Feb 27, 2012 at 10:38 PM UTC
[ Vi en las costas de Trinidad ]
A beleza do mar… Numa praia estou á beira do mar, Vejo gaivotas a voar. Sozinho e cheio de areias, Avisto golfinhos e sereias. A noite é sedutora, Pergunta tu a alguém, Não tenho ninguém, O mar também chora. As ondas, as conchas e o mar azul, Imensidão, e eterno infinito, Cântico do velho Saul… Estou perdido, não existo! É Maravilhoso e mesmo bom, As ondas tem seu tom, As algas marinhas, Esverdeadas como vinhas. Oh…tormento de corações, Vaguear nas ilusões… OH …MAR …terno amigo, ÉS parecido comigo. Victor Marques
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Jun 29, 2010
Jun 29, 2010 at 2:42 AM UTC
A beleza do Mar
Pétalas são berço para te embalar Lindas flores com eternos odores, Escrita em prosa e verso, Amor dado em excesso, Pétala no chão para teus amores. Rebanhos sem dono, As pétalas muitos vaidosas, Jardins com cheiro do medronho, Pétalas roxas e cheirosas. Conchas e seus colares, Pétalas para namorares, Campos de pedras seculares, Rosas de muitos altares. Victor Marques
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Dec 10, 2012
Dec 10, 2012 at 11:20 AM UTC
Pétalas são berço para te embalar
Un instante vacío de acción puede poblarse solamente de nostalgia o de vino. Hay quien lo llena de palabras vivas, de poesía (acción de espectros, vino con remordimiento). Cuando la vida se detiene, se escribe lo pasado o lo imposible para que los demás vivan aquello que ya vivió (o que no vivió) el poeta. El no puede dar vino, nostalgia a los demás: sólo palabras. Si les pudiese dar acción... La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa. La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar: da apariencia de vida a lo inmóvil, a lo paralizado. Y el leño que arde, las conchas que las olas traen o llevan, el papel que arrebata el viento, destellan una vida momentánea entre dos inmovilidades. Pero los que están vivos, los henchidos de acción, los palpitantes de nostalgia o vino, esos... felices, bienaventurados, porque no necesitan las palabras, como el caballo corre, aunque no sople el viento, y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar, y el hombre llora, y canta, proyecta y edifica, aun sin el fuego. Me acuerdo de los árboles de Dublín. (Imaginar y recordar se superponen y confunden; pueblan, entrelazados, un instante vacío con idéntica emoción. Imaginar y recordar...) Me acuerdo de los árboles de Dublín... Alguien los vive y los recuerdo yo. De los árboles caen hojas doradas sobre el asfalto de Madrid. Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros, acarician mis manos, quisieran exprimirme el corazón. No sé si lo consiguen... Imaginar y recordar... Hay un momento que no es mío, no sé si en el pasado, en el futuro, si en lo imposible... Y lo acaricio, lo hago presente, ardiente, con la poesía. No sé si lo recuerdo o lo imagino. (Imaginar y recordar me llenan el instante vacío). Me asomo a la ventana. Fuera no es Dublín lo que veo, sino Madrid. Y, dentro, un hombre sin nostalgia, sin vino, sin acción, golpeando la puerta. Es un espectro que persigue a otro espectro del pasado: el espectro del viento, de la mar, del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro que pueda hacer que cante, hacer que vibre su corazón, para sentirse vivo.
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Teoría y alucinación de dublín
Un instante vacío de acción puede poblarse solamente de nostalgia o de vino. Hay quien lo llena de palabras vivas, de poesía (acción de espectros, vino con remordimiento). Cuando la vida se detiene, se escribe lo pasado o lo imposible para que los demás vivan aquello que ya vivió (o que no vivió) el poeta. El no puede dar vino, nostalgia a los demás: sólo palabras. Si les pudiese dar acción... La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar. Hace vibrar árboles, ropas, abrasa espigas, hojas secas, acuna en su oleaje los objetos que duermen en la playa. La poesía es como el viento, o como el fuego, o como el mar: da apariencia de vida a lo inmóvil, a lo paralizado. Y el leño que arde, las conchas que las olas traen o llevan, el papel que arrebata el viento, destellan una vida momentánea entre dos inmovilidades. Pero los que están vivos, los henchidos de acción, los palpitantes de nostalgia o vino, esos... felices, bienaventurados, porque no necesitan las palabras, como el caballo corre, aunque no sople el viento, y vuela la gaviota, aunque esté seco el mar, y el hombre llora, y canta, proyecta y edifica, aun sin el fuego. Me acuerdo de los árboles de Dublín. (Imaginar y recordar se superponen y confunden; pueblan, entrelazados, un instante vacío con idéntica emoción. Imaginar y recordar...) Me acuerdo de los árboles de Dublín... Alguien los vive y los recuerdo yo. De los árboles caen hojas doradas sobre el asfalto de Madrid. Crujen bajo mis pies, sobre mis hombros, acarician mis manos, quisieran exprimirme el corazón. No sé si lo consiguen... Imaginar y recordar... Hay un momento que no es mío, no sé si en el pasado, en el futuro, si en lo imposible... Y lo acaricio, lo hago presente, ardiente, con la poesía. No sé si lo recuerdo o lo imagino. (Imaginar y recordar me llenan el instante vacío). Me asomo a la ventana. Fuera no es Dublín lo que veo, sino Madrid. Y, dentro, un hombre sin nostalgia, sin vino, sin acción, golpeando la puerta. Es un espectro que persigue a otro espectro del pasado: el espectro del viento, de la mar, del fuego -ya sabéis de qué hablo-, espectro que pueda hacer que cante, hacer que vibre su corazón, para sentirse vivo.
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Sou Eu… Procuro um produto acabado ou inacabado, Sinto um dado já passado. Sem perícia, engenho ou norte, Sou fruto do amor e sorte. Em mim sinto furacões adormecidos, Fascinado pelo paraíso dos sentidos, Navego no oceano de um novo mundo, Conchas num mar sem fundo. Histórias bonitas e trocas de olhares, Sentir odores alegres, peculiares. Me apaixonam as flores primaveris, Sou aquilo que Deus criou e Quis. Victor Marques
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Dec 4, 2012
Dec 4, 2012 at 7:23 AM UTC
Sou eu
Tardan las cartas y son poco para decir lo que uno quiere. Después pasan los años, y la vida (demasiado confusa para explicar por carta) nos hará más perdidos. Los unos en los otros, iguales a las sombras al fondo un pasillo desvayéndonos, viviremos de luz involuntaria pero sólo un instante, porque ya el recuerdo será como un puñado de conchas recogidas, tan hermoso en sí mismo que no devuelve nunca las palmeras felices y el mar trémulo. Todo fue hace minutos: dos amigos hemos visto tu rostro terriblemente serio queriendo sonreír.                             Has desaparecido. Y estamos los dos solos y en silencio, en medio de este día de domingo, bellísimo de mayo, con matrimonios jóvenes y niños excitados que gritaban al levantarse tu avión. Ahora las montañas parecen más cercanas. Y, por primera vez, pensamos en nosotros. A solas con tu imagen, cada cual se conoce por este sentimiento de cansancio, que es dulce -como un brillo de lágrimas que empaña la memoria de estos días, esta extraña semana. Y el mal que nos hacemos, como el que a ti te hicimos, lo inevitablemente amargo de esta vida en la que siempre, siempre, somos peores que nosotros mismos, acaso resucite un viejo sueño sabido y olvidado. El sueño de ser buenos y felices. Porque sueño y recuerdo tienen fuerza para obligar la vida, aunque sean no más que un límite imposible. Si este mar de proyectos y tentativas naufragadas, este torpe tapiz a cada instante tejido y destejido, esta guerra perdida, nuestra vida, da de sí alguna vez un sentimiento digno, un acto verdadero, en él tu estarás para siempre asociado a mi amigo y a mí. No te habremos perdido.
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En una despedida
Tardan las cartas y son poco para decir lo que uno quiere. Después pasan los años, y la vida (demasiado confusa para explicar por carta) nos hará más perdidos. Los unos en los otros, iguales a las sombras al fondo un pasillo desvayéndonos, viviremos de luz involuntaria pero sólo un instante, porque ya el recuerdo será como un puñado de conchas recogidas, tan hermoso en sí mismo que no devuelve nunca las palmeras felices y el mar trémulo. Todo fue hace minutos: dos amigos hemos visto tu rostro terriblemente serio queriendo sonreír.                             Has desaparecido. Y estamos los dos solos y en silencio, en medio de este día de domingo, bellísimo de mayo, con matrimonios jóvenes y niños excitados que gritaban al levantarse tu avión. Ahora las montañas parecen más cercanas. Y, por primera vez, pensamos en nosotros. A solas con tu imagen, cada cual se conoce por este sentimiento de cansancio, que es dulce -como un brillo de lágrimas que empaña la memoria de estos días, esta extraña semana. Y el mal que nos hacemos, como el que a ti te hicimos, lo inevitablemente amargo de esta vida en la que siempre, siempre, somos peores que nosotros mismos, acaso resucite un viejo sueño sabido y olvidado. El sueño de ser buenos y felices. Porque sueño y recuerdo tienen fuerza para obligar la vida, aunque sean no más que un límite imposible. Si este mar de proyectos y tentativas naufragadas, este torpe tapiz a cada instante tejido y destejido, esta guerra perdida, nuestra vida, da de sí alguna vez un sentimiento digno, un acto verdadero, en él tu estarás para siempre asociado a mi amigo y a mí. No te habremos perdido.
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Cuando se hallaba el mundo a punto de que el prodigio sucediese. Cuando las horas esperaban que unas manos las exprimiesen. Cuando las ramas opulentas daban su sombra a nuestras frentes. Cuando en el mundo se morían todos los tristes y los débiles. Cuando el soñar, el sentir hondo, cuando el beber ávidamente la luz, la brisa, el agua, el aire, eran primero que la muerte. Cuando las tardes solitarias, cuando los árboles más verdes, cuando las conchas de colores a nuestras madres sonrientes, a nuestras novias de ojos grises como la escama de los peces. Cuando eran pena y alegría nuestros amables timoneles y no existía otro paisaje que el que alzaba su luna enfrente: mundo que abría cada día sus lejanías, frutalmente. (¿Eras así, tan sin palabras Primaverales que te expresen? ¿Tan de elementos terrenales: arena, piedra, hierba, nieve? ¿Nombres de tiempos, de lugares deshojados diariamente: Piélagos, Hoces, Montes Claros, octubre, enero, abril, noviembre?) Yo no te pinto otros colores que los colores que tú tienes. ¿Eras así, mi paraíso, rumor del agua cuando llueve, hacha que hiere la madera, fuego que incendia la hoja verde? Yo no me acuerdo ya de aquello. Un día tuve que perderte. Cuando se hallaba el mundo a punto de que el prodigio sucediese, Cuando tenía cada instante un ritmo nuevo y diferente cada estación sus ubres llenas, rebosantes de blanca leche...
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Entonces
Sobre tu nave -un plinto verde de algas marinas, de moluscos, de conchas, de esmeralda estelar, capitán de los vientos y de las golondrinas, fuiste condecorado por un golpe de mar. Por ti los litorales de frentes serpentinas desenrollan, al paso de tu arado, un cantar: -Marinero, hombre libre que los mares declinas, dinos los radiogramas de tu estrella Polar. Buen marinero, hijo de los llantos del norte, limón del mediodía, bandera de la corte espumosa del agua, cazador de sirenas; todos los litorales amarrados del mundo pedimos que nos lleves en el surco profundo de tu nave, a la mar, rotas nuestras cadenas.
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A un capitán de navío
Nadie supo su nombre: Era un solo ojo gris y una pipa apagada Doscientos años antes, hubiéramos creído que era un viejo pirata. Su casa, frente al mar, era apenas un techo y una tapia. A veces parecía menos viejo, hablando de tormentas y de islas lejanas… No, no, ya no hay tesoros; yo lo sé bien… -decía y suspiraba-. El humo de la estufa lo hizo toser de pronto, cuando quemó sus mapas. Buscador de tesoros, le crecieron las manos en el pico y la pala. Cien años removiendo litorales de olvido y nunca encontró nada... Cuando murió, en un sueño, la canción del domingo movía las campanas. Se quedó para siempre con las manos vacías. Su pipa estaba rota debajo de la hamaca. El cementerio de pescadores era un muro de conchas al final de la playa. Aquella noche subió el mar. Fueron sesenta cruces humildes bajo el agua. Y dijo el cura: Hay que enterrarlo aquí, en el patio de su casa. (Sin su pipa en la boca parecía más viejo. Yo le eché en un bolsillo su cuchara de plata). Algo tembló en su mano, al olor de la tierra y el ruido de las palas. Y nosotros cavábamos la fosa, con el largo de un remo con el ancho de un ancla. Y sabedlo: allá abajo, Miska, el grumete cojo, vio una cosa oxidada. Y era un cofre, sabedlo: ¡Y fue un fulgor de joyas cuando saltó la tapa! Cien años removiendo litorales de olvido, y nunca encontró nada. -No, no, ya no hay tesoros; yo lo sé bien... decía y suspiraba… Oh, nadie como él, nadie, conocía las grutas de las islas lejanas. Y estaba allí, sabedlo: ¡allí, en el patio de su casa! Nadie supo su nombre: era un solo ojo gris y una pipa apagada.
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Balada del buscador de tesoros
Nadie supo su nombre: Era un solo ojo gris y una pipa apagada Doscientos años antes, hubiéramos creído que era un viejo pirata. Su casa, frente al mar, era apenas un techo y una tapia. A veces parecía menos viejo, hablando de tormentas y de islas lejanas… No, no, ya no hay tesoros; yo lo sé bien… -decía y suspiraba-. El humo de la estufa lo hizo toser de pronto, cuando quemó sus mapas. Buscador de tesoros, le crecieron las manos en el pico y la pala. Cien años removiendo litorales de olvido y nunca encontró nada... Cuando murió, en un sueño, la canción del domingo movía las campanas. Se quedó para siempre con las manos vacías. Su pipa estaba rota debajo de la hamaca. El cementerio de pescadores era un muro de conchas al final de la playa. Aquella noche subió el mar. Fueron sesenta cruces humildes bajo el agua. Y dijo el cura: Hay que enterrarlo aquí, en el patio de su casa. (Sin su pipa en la boca parecía más viejo. Yo le eché en un bolsillo su cuchara de plata). Algo tembló en su mano, al olor de la tierra y el ruido de las palas. Y nosotros cavábamos la fosa, con el largo de un remo con el ancho de un ancla. Y sabedlo: allá abajo, Miska, el grumete cojo, vio una cosa oxidada. Y era un cofre, sabedlo: ¡Y fue un fulgor de joyas cuando saltó la tapa! Cien años removiendo litorales de olvido, y nunca encontró nada. -No, no, ya no hay tesoros; yo lo sé bien... decía y suspiraba… Oh, nadie como él, nadie, conocía las grutas de las islas lejanas. Y estaba allí, sabedlo: ¡allí, en el patio de su casa! Nadie supo su nombre: era un solo ojo gris y una pipa apagada.
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Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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Gautama cristo
Los nombres de Dios y en particular de su representante llamado Jesús o Cristo, según textos y bocas, han sido usados, gastados y dejados a la orilla del río de las vidas como las conchas vacías de un molusco. Sin embargo, al tocar estos nombres sagrados y desangrados, pétalos heridos, saldos de los océanos del amor y del miedo, algo aún permanece: un labio de ágata, una huella irisada que aún tiembla en la luz. Mientras se usaban los nombres de Dios por los mejores y por los peores, por los limpios y por los sucios, por los blancos y los negros, por ensangrentados asesinos y por las víctimas doradas que ardieron en ****** mientras Nixon con las manos de Caín bendecía a sus condenados a muerte, mientras menos y menores huellas divinas se hallaron en la playa, los hombres comenzaron a estudiar los colores, el porvenir de la miel, el signo del uranio, buscaron con desconfianza y esperanza las posibilidades de matarse y de no matarse, de organizarse en hileras, de ir más allá, de ilimitarse sin reposo. Los que cruzamos estas edades con gusto a sangre, a humo de escombros, a ceniza muerta, y no fuimos capaces de perder la mirada, a menudo nos detuvimos en los nombres de Dios, los levantamos con ternura porque nos recordaban a los antecesores, a los primeros, a los que interrogaron, a los que encontraron el himno que los unió en la desdicha y ahora viendo los fragmentos vacíos donde habitó aquel nombre sentimos estas suaves sustancias gastadas, malgastadas por la bondad y por la maldad.
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Atada al mar Andrómeda lloraba, los nácares abriéndose al rocío, que en sus conchas cuajado en cristal frío, en cándidos aljófares trocaba. Besaba el pie, las peñas ablandaba humilde el mar, como pequeño río, volviendo el sol la primavera estío, parado en su cénit la contemplaba. Los cabellos al viento bullicioso, que la cubra con ellos le rogaban, ya que testigo fue de iguales dichas, y celosas de ver su cuerpo hermoso, las nereidas su fin solicitaban, que aún hay quien tenga envidia en las desdichas.
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De andrómeda
Marineros, ¿por qué le dais a la tierra lo que no es suyo y se lo quitáis al mar? ¿Por qué le habéis enterrado, marineros, si era un soldado del mar? Su frente encendida, un faro; ojos azules, carne de iodo y de sal. Murió allá arriba, en el puente, en su trinchera, como un soldado del mar; con la rosa de los vientos en la mano deshojando la estrella de navegar. ¿Por qué le habéis enterrado, marineros? ¡Y en una tierra sin conchas! ¡¡En la playa negra!! ... Allá, en la ribera siniestra del otro mar; ¡Nueva York! -piedra, cemento y hierro en tempestad-. Donde el ojo ciclópeo del gran faro que busca a los ahogados no puede llegar; donde se acaban las torres y los puentes; donde no se ve ya la espuma altiva de los rascacielos; en los escombros de las calles sórdidas que rompen en el último arrabal; donde se vuelve la culebra sombría de los elevados a meterse otra vez en la ciudad... Allí, la arcilla opaca de los cementerios, marineros, allí habéis enterrado al capitán. ¿Por qué le habéis enterrado, marineros, por qué le habéis enterrado, si murió como el mejor capitán, y su alma -viento, espuma y cabrilleo- está ahí, entre la noche y el mar...?
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Elegía
Mientras no estás, tengo confesiones que hacer. Y mientras estoy aquí, también tengo unas preguntas que hacer. Estoy esperando tu regreso, ¿tú también estás esperando el mío? ¿Crees que el verano también extraño el invierno y el frío? ¿Crees que la luna extraña el mar, por eso sigue tirando de las mareas? ¿Son las conchas las lágrimas de la luna? ¿Son las olas el sonido de sus gritos y peleas? Estoy esperando que vuelvas, ¿O tú también estás esperando mi llegada? ¿Crees que Dios también extraño el mundo tranquilo y vacío? ¿Crees que el sol extraño al mundo, es por eso que hay flores y frutas? ¿Son las flores los besos del sol? ¿Y son los frutos la prueba de su amor? ¿Crees que de todos modos Dios ama tanto el mundo desordenado, que nos dio a su hijo y la luna y por eso pintó los colores de verano para el mundo? ¿Crees que Dios te ama tanto, por eso te creó perfectamente, nos dio la vida y el sol y por eso me creó para ti, no el es justo? Mientras espero tu regreso, yo haré vuelto a nacer. Y cuando estés aquí, no tendremos más que placer.
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Mar 30, 2024
Mar 30, 2024 at 8:28 AM UTC
Sábado de Gloria
Después que te conocí, Todas las cosas me sobran: El Sol para tener día, Abril para tener rosas. Por mi bien pueden tomar Otro oficio las Auroras, Que yo conozco una luz Que sabe amanecer sombras. Bien puede buscar la noche Quien sus Estrellas conozca, Que para mi Astrología Ya son oscuras y pocas. Gaste el Oriente sus minas Con quien avaro las rompa, Que yo enriquezco la vista Con más oro a menos costa. Bien puede la Margarita Guardar sus perlas en conchas, Que Búzano de una Risa Las pesco yo en una boca. Contra el Tiempo y la Fortuna Ya tengo una inhibitoria: Ni ella me puede hacer triste, Ni él puede mudarme un hora. El oficio le ha vacado A la Muerte tu persona: A sí misma se padece, Sola en ti viven sus obras. Ya no importunan mis ruegos A los cielos por la gloria, Que mi bienaventuranza Tiene jornada más corta. La sacrosanta Mentira Que tantas Almas adoran, Busque en Portugal vasallos, En Chipre busque Coronas. Predicaré de manera Tu belleza por Europa, Que no haya Herejes de Gracias, Y que adoren en ti sola.
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Halla en la causa de su amor todos los bienes
No, no me basta, no. Ni ese azul en delirio celeste sobre mí, cúspide de lo azul. Ni esa reiteración cantante de la ola, espumas afirmando, síes, síes sin fin. Ni tantos irisados primeros de las nubes -ópalo, blanco y rosa-, tan cansadas de cielo que duermen en las conchas. No, no me bastan, no. Colmo, tensión extrema, suma de la belleza el mundo, ya no más. Y yo más. Más azul que el azul alto. Más afirmar amor, querer, que el sí y el sí y el sí. La tarde, ya en el límite de dar, de ser, agota sus reservas: gozos, colores, triunfos; me descubre los fondos de mares y de glorias, se estira, vibra, tiembla, no puede más.  Lo sé, se va a romper si yo le grito esto que ya le estoy gritando irremisiblemente a golpes: «Tú, ya no más; yo, más».
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Ha pasado la siesta y la hora del Poniente se avecina, y hay ya frescor en esta costa que el sol del Trópico calcina. Hay un suave alentar de aura marina y el Occidente finge una floresta que una llama de púrpura ilumina.Sobre la arena dejan los cangrejos la ilegible escritura de sus huellas. Conchas color de rosa y de reflejos áureos, caracolillos y fragmentos de estrellas de mar forman alfombra sonante al paso en la armoniosa orilla. Y cuando Venus brilla, dulce, imperial amor de la divina tarde, creo que en la onda suena o son de lira, o canto de sirena. Y en mi alma otro lucero, como el de Venus, arde.
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Vesperal
Ó Deusa vestida de espumas cuja pele traz a leveza de plumas transbordando pelos poros cas- catas e inundas de prazer Ó Afrodite de múltipla alma e ser és teu parecer a explosão calma quando teu corpo naufraga mare- sias ao entardecer Devotos entregam maçãs e ostras conchas, flores tantas nos votos eternos epítetos e formas canta- rolam ao mar teus fogos Ó amor que aceita a todos seja nos ritos, mortais ou monstros de mulheres e homens lava os cora- ções aflitos e mudos Ó Cípria e Safo, elevarão o amor que há em tudo [inspirada na métrica do fragmento 2d. de Sappho]
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Oct 27, 2019
Oct 27, 2019 at 8:27 PM UTC
Afrodite Sapphica