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"colina" poems
Exiliado soy equilibrista en virgen colina del planeta Gran Cantante . Con un verso de maldicion rompo el candado de la historia . La ley es alambrada, calabozo,cuartel, casa-celda, noche de prostituta, alba del moribundo, theoria del adepto pobre, religiosos empastillados, iglesia drogadicta. Yo el amante del dia absoluto no tengo Visa para la libertad .
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Sep 27, 2011
Sep 27, 2011 at 6:04 AM UTC
No tengo Visa para la libertad
António teu nome, Agricultor, vitivicultor. Apaixonado pela terra, Pelo Douro, pelos Montes. Aquele amor que não se encerra, Dorme na colina, na serra. Colheu tristeza na Guerra Colonial, Amou o Douro e Portugal. Semeou a terra que alegrias lhe traria, Amou seus filhos e sua esposa Maria. Plantou videiras que olhavam o céu estrelado, Fez vinho com amor imaculado. As uvas são um amor para toda a vida, Deus nos ama até na despedida. Olhou para o Rio Douro eTua , E na memória de um povo com glória, Com aquela lágrima que eu sinto agora. Me conforto no horizonte duriense, Hoje, amanhã e sempre. Victor Marques
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Oct 18, 2010
Oct 18, 2010 at 6:47 AM UTC
Última Lágrima....para meu Pai
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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La vida sencilla
Llamar al pan el pan y que aparezca sobre el mantel el pan de cada día; darle al sudor lo suyo y darle al sueño y al breve paraíso y al infierno y al cuerpo y al minuto lo que piden; reír como el mar ríe, el viento ríe, sin que la risa suene a vidrios rotos; beber y en la embriaguez asir la vida, bailar el baile sin perder el paso, tocar la mano de un desconocido en un día de piedra y agonía y que esa mano tenga la firmeza que no tuvo la mano del amigo; probar la soledad sin que el vinagre haga torcer mi boca, ni repita mis muecas el espejo, ni el silencio se erice con los dientes que rechinan: estas cuatro paredes -papel, yeso, alfombra rala y foco amarillento- no son aún el prometido infierno; que no me duela más aquel deseo, helado por el miedo, llaga fría, quemadura de labios no besados: el agua clara nunca se detiene y hay frutas que se caen de maduras; saber partir el pan y repartirlo, el pan de una verdad común a todos, verdad de pan que a todos nos sustenta, por cuya levadura soy un hombre, un semejante entre mis semejantes; pelear por la vida de los vivos, dar la vida a los vivos, a la vida, y enterrar a los muertos y olvidarlos como la tierra los olvida: en frutos… Y que a la hora de mi muerte logre morir como los hombres y me alcance el perdón y la vida perdurable del polvo, de los frutos, y del polvo. Tal sobre el muro rotas uñas graban un nombre, una esperanza, una blasfemia, sobre el papel, sobre la arena, escribo estas palabras mal encadenadas. Entre sus secas sílabas acaso un día te detengas: pisa el polvo, esparce la ceniza, sé ligera como la luz ligera y sin memoria que brilla en cada hoja, en cada piedra, dora la tumba y dora la colina y nada la detiene ni apresura.
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Pulida claridad de piedra diáfana, lisa frente de estatua sin memoria: cielo de invierno, espacio reflejado en otro más profundo y más vacío. El mar respira apenas, brilla apenas. Se ha parado la luz entre los árboles, ejército dormido. Los despierta el viento con banderas de follajes. Nace del mar, asalta la colina, oleaje sin cuerpo que revienta contra los eucaliptos amarillos y se derrama en ecos por el llano. El día abre los ojos y penetra en una primavera anticipada. Todo lo que mis manos tocan, vuela. Está lleno de pájaros el mundo.
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Primavera a la vista
Ontem descia a colina, pelos caminhos da natureza, Foi quem sabe o seu trilho, que me mostrou a beleza, Desde as plantas, ao ar que lá respirei, me maravilhei, Foi nessa viagem que descobri, que ali tudo eu farei! O cheiro a vida e os animais descascados de preconceitos, A paz que se sentia entrar nos seus ninhos, eram preceitos, De cores de luz ardente, onde o sol encoberto de folhas, Mostrava atos ou sentimentos que são nossas escolhas! Não escolho de quem posso gostar, mas escolho preservar, Não luto pelo amor, se não o posso cultivar, porque não ó é, Mas se eu escolher amar entre as folhas eu vou me mostrar, E se estiver por trás delas, alguém, também deixo brilhar. Pois é! É umas mistura de sons e tons, numa bebida alcoólica, Sente-se os cheiros e sabores, escorrendo pela goela, Percorrem-se os melhores encontros, gente acolita, Se não são seus valores, nem são dele, nem são dela! Porém, esta minha caminhada, vale escuro abaixo, Que entre o brilho da estrela do dia mais claro, Se perdi, porque vi, o que não guardei e encaixo, E já vale adentro, hoje teu abraço é o meu amparo! Autor: António Benigno Código do texto: 2013.07.21.02.07
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 5:09 AM UTC
Vale de segredos
Un año antes del día, designado era El mancebo sin tacha, cuyo cuerpo, Perfecto igual en proporción que en alma, Mantenían en delicia, y aprendía A tañer flautas, cortar cañas de humo, Recoger flores, aspirando su aroma, Con gracia cortesana a expresarse y moverse. Estaba luego su jornada exenta De otro cuidado, e iba, ocioso y libre, Por la espalda la cabellera oscura, Ornado de guirnaldas y metales El cuerpo, como el de un dios ungido, Y a su paso los otros en honor le tenían Hasta besar la tierra que pisaba. Veinte días antes del día, desnuda ahora La piel de los perfumes, afeites y resinas, El cabello cortado como aquel de un guerrero, Las galas ya trocadas por más simple atavío, Puro en el cuerpo como puro en la mente, Cuatro doncellas bajo nombres de diosas Para acceso carnal destinadas le eran. Cinco días antes del día, las finales Fiestas le aderezaban, en jardines De la ciudad, el campo, la colina y el lago, Por cuyas aguas iba la falúa entoldada, Con él y sus mujeres, para darle consuelo Antes de desertarle, y en la ribera opuesta Quedaba sólo al fin, sin afectos ni bienes. Sobre cada escalón, en la pirámide del llano, Cada una de las flautas tañidas por el gozo, Rotas entre sus dedos, iban cayendo, Hasta alcanzar el templo de la cima, A cuyo umbral estaba el sacerdote: Como una de sus cañas, allí, rota la vida, Quedaba en su hermosura para siempre.
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El elegido
A veces me siento como un águila en el aire           (de una canción de Pablo Milanés) Unas veces me siento como pobre colina y otras como montaña de cumbres repetidas unas veces me siento como un acantilado y en otras como un cielo azul pero lejano a veces uno es manantial entre rocas y otras veces un árbol con las últimas hojas pero hoy me siento apenas como laguna insomne con un embarcadero ya sin embarcaciones una laguna verde inmóvil y paciente conforme con sus algas sus musgos y sus peces sereno en mi confianza confiado en que una tarde te acerques y te mires te mires al mirarme.
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Estados de ánimo
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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Ceniciento mussolini
Ven a Guadalajara, dictador de cadenas, carcelaria mandíbula de canto: verás la retiradas miedosa de tu hienas, verás el apogeo del espanto. Rumoras provincia de colmenas, la patria del panal estremecido, la dulce Alcarria, amarga como el llanto, amarga te ha sabido. Ven y verás, mortífero bandido, ruedas de tus cañones, banderas de tu ejército, carne de tus soldados, huesos de tus legiones, trajes y corazones destrozados. Una extensión de muertos humeantes: muertos que humean ante la colina, muertos bajo la nieve, muertos sobre los páramos gigantes, muertos junto a la encina, muertos dentro del agua que les llueve. Sangre que no se mueve de convertida en hielo. Vuela sin pluma un ala numerosa, rojo y audaz, que abarca todo el cielo y abre a cada italiano la explosión de una fosa. Un titánico vuelo de aeroplanos de España te vence, te tritura, ansiosa telaraña, con su majestuosa dentadura. Ven y verás sobre la gleba oscura alzarse como un fósforo glorioso, sobreponerse al hambre, levantarse del barro, desprenderse del barro con emoción y brío vívidas esculturas sin reposo, españoles del bronce más bizarro, con el cabello blanco de rocío. Los verás rebelarse contra el frío, de no beber la boca dilatada, mas vencida la sed con la sonrisa: de no dormir extensa la mirada, y destrozada a tiros la camisa. Manda plomo y acero en grandes emisiones combativas, con esa voluntad de carnicero digna de que la entierren las más sucias salivas. Agota las riquezas italianas, la cantidad preciosa de sus seres, deja exhaustas sus minas, sin nadie sus ventanas, desiertos sus arados y mudos sus talleres. Enviuda y desangra sus mujeres: nada podrás contra este pueblo mío, tan sólido y tan alto de cabeza, que hasta sobre la muerte mueve su poderío, que hasta del junco saca fortaleza. Pueblo de Italia, un hombre te destroza: repudia su dictamen con un gesto infinito. Sangre unánime viertes que ni roza, ni da en su corazón de teatro y granito. Tus muertos callan clamorosamente y te indican un grito liberador, valiente. Dictador de patíbulos, morirás bajo el diente de tu pueblo y de miles. Ya tus mismos cañones van contra tus soldados, y alargan hacia ti su hierro los fusiles que contra España tienes vomitados. Tus muertos a escupirnos se levanten: a escupirnos el alma se levanten los nuestros de no lograr que nuestros vivos canten la destrucción de tantos eslabones siniestros.
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Te hubiera dado el mundo, muchacho que surgiste al caer de la luz por tu Conquero, tras la colina ocre, entre pinos antiguos de perenne alegría. ¿Eras emanación del mar cercano? Eras el mar aún más que las aguas henchidas con su aliento, encauzadas en río sobre tu tierra abierta, bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de rotos resplandores. Eras el mar aún más tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo; eres forma primera, eras fuerza inconsciente de su propia hermosura. Y tus labios, de bisel tan terso, eran la vida misma, como una ardiente flor nutrida con la savia ee aquella piel oscura que infiltraba nocturno escalofrío. Si el amor fuera un ala. la incierta hora con nubes desgarradas, el río oscuro y ciego bajo la extraña brisa, la rojiza colina con sus pinos cargados de secretos, te enviaban a mí, a mi afán ya caído, como verdad tangible. Expresión armoniosa de aquel mismo paraje, entre los ateridos fantasmas que habitan nuestro mundo, eras tú una verdad, sola verdad que busco, más que verdad de amor, verdad de vida; y olvidando que sombra y pena acechan de continuo esa cúspide virgen de la luz y la dicha, quise por un momento fijar tu curso ineluctable. creí en ti, muchachillo. Cuando el mar evidente, con el irrefutable sol de mediodía, suspendía mi cuerpo en esa abdicación del hombre ante su dios, un resto de memoria levantaba tu imagen como recuerdo único. Y entonces, con sus luces el violento Atlántico, tantas dunas profusas, tu Conquero nativo, estaban en mí mismo dichos en tu figura, divina ya para mi afán con ellos, porque nunca he querido dioses crucificados, tristes dioses que insultan esa tierra ardorosa que te hizo y deshace.
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A un muchacho andaluz
Te hubiera dado el mundo, muchacho que surgiste al caer de la luz por tu Conquero, tras la colina ocre, entre pinos antiguos de perenne alegría. ¿Eras emanación del mar cercano? Eras el mar aún más que las aguas henchidas con su aliento, encauzadas en río sobre tu tierra abierta, bajo el inmenso cielo con nubes que se orlaban de rotos resplandores. Eras el mar aún más tras de las pobres telas que ocultaban tu cuerpo; eres forma primera, eras fuerza inconsciente de su propia hermosura. Y tus labios, de bisel tan terso, eran la vida misma, como una ardiente flor nutrida con la savia ee aquella piel oscura que infiltraba nocturno escalofrío. Si el amor fuera un ala. la incierta hora con nubes desgarradas, el río oscuro y ciego bajo la extraña brisa, la rojiza colina con sus pinos cargados de secretos, te enviaban a mí, a mi afán ya caído, como verdad tangible. Expresión armoniosa de aquel mismo paraje, entre los ateridos fantasmas que habitan nuestro mundo, eras tú una verdad, sola verdad que busco, más que verdad de amor, verdad de vida; y olvidando que sombra y pena acechan de continuo esa cúspide virgen de la luz y la dicha, quise por un momento fijar tu curso ineluctable. creí en ti, muchachillo. Cuando el mar evidente, con el irrefutable sol de mediodía, suspendía mi cuerpo en esa abdicación del hombre ante su dios, un resto de memoria levantaba tu imagen como recuerdo único. Y entonces, con sus luces el violento Atlántico, tantas dunas profusas, tu Conquero nativo, estaban en mí mismo dichos en tu figura, divina ya para mi afán con ellos, porque nunca he querido dioses crucificados, tristes dioses que insultan esa tierra ardorosa que te hizo y deshace.
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Asida de una rama de neblina dialogo con mi ayer, oro y tormenta. La furia del clavel entre la menta enciende todavía la colina. Mientras la dulce tarde se asordina otra música llega, grave y lenta, a enclaustrarme en sus gritos de tormenta y su olor de jazmines y resina. El ayer... Ah que mundo tan lejano de esta avidez de presa de mi mano, halcón menudo que cazó centellas, ave de paraíso ya perdida, entre la selva muerta de una vida que iluminaron todas las estrellas.
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Oro y tormenta
"lo que hacemos en nuestra vida privada es cosa nuestra" dijeron las Seis Enfermeras Locas del Pickapoon Hospital de Carolina mientras movían sus pechos con una dulzura tan carecida a Bine ¿y si Dios fuera una mujer? alguno dijo ¿y si Dios fuera las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon? dijo alguno ¿y si Dios moviera sus pechos dulcemente? dijo ¿y si Dios fuera una mujer? corrían rumores acerca de las Seis las habían visto salir de hospedajes sospechosos con una mirada triste en la boca las habían visto en una cama del Bat Hotel las habían visto fornicando con sastres zapateros carnicero de toda Pickapoon ¿y acaso Dios no sale de los hospedajes con una mirada triste en la boca? alguno dijo ¿y si Dios fuera una mujer? ¡tetas de Dios! ¡blancos muslos de Dios! ¡lechosos! dijo ¡leche de Dios! gritaba por los techos de toda la ciudad así que lo quemaron hicieron una hoguera alta al pie de la colina del Este y también quemaron a las Seis Enfermeras Locas de Pickapoon todas eran rubias y cada día habían visto a la muerte trabajar eso es todo así acaban con los temblores mortales e inmortales en Carolina y otros sitios de Dios ¿y si Dios fuera una mujer? ¿y si Dios fuera las Seis Enferrneras Locas de Pickapoon? dijo alguno
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Preguntas
Verdor nuevo los espinos tienen ya por la colina, toda de púrpura y nieve en el aire estremecida. Cuántos cielos florecidos les has visto; aunque a la cita ellos serán siempre fieles, tú no lo serás un día. Antes que la sombra caiga, aprende cómo es la dicha ante los espinos blancos y rojos en flor. Vé. Mira.
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Los espinos
La mano de Virgilio se demora sobre una tela con frescura de agua y entretejidas formas y colores que han traído a su Roma las remotas caravanas del tiempo y de la arena. Perdurará en un verso de las Geórgicas. No la había visto nunca. Hoy es la seda. En un atardecer muere un judío crucificado por los negros clavos que el pretor ordenó, pero las gentes de las generaciones de la tierra no olvidarán la sangre y la plegaria y en la colina los tres hombres últimos. Sé de un mágico libro de hexagramas que marca los sesenta y cuatro rumbos de nuestra suerte de vigilia y sueño. ¡Cuánta invención para poblar el ocio! Sé de ríos de arena y peces de oro que rige el Preste Juan en las regiones ulteriores al Ganges y a la Aurora y del hai ku que fija en unas pocas sílabas un instante, un eco, un éxtasis; sé de aquel genio de humo encarcelado en la vasija de amarillo cobre y de lo prometido en la tiniebla. ¡Oh mente que atesoras lo increíble! Caldea que primero vio los astros. Las altas naves lusitanas; Goa. Las victorias de Clive, ayer suicida; Kim y su lama rojo que prosiguen para siempre el camino que los salva. El fino olor del té, el olor del sándalo. Las mezquitas de Córdoba y del Aksa y el tigre, delicado como el nardo. Tal es mi Oriente. Es el jardín que tengo para que tu memoria no me ahogue.
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El oriente
Son de abril las aguas mil. Sopla el viento achubascado, y entre nublado y nublado hay trozos de cielo añil.       Agua y sol. El iris brilla. En una nube lejana, zigzaguea una centella amarilla.       La lluvia da en la ventana y el cristal repiqueteo.       A través de la neblina que forma la lluvia fina, se divisa un prado verde, y un encinar se esfumina, y una sierra gris se pierde.       Los hilos del aguacero sesgan las nacientes frondas, y agitan las turbias ondas en el remanso del Duero.       Lloviendo está en los habares y en las pardas sementeras; hay sol en los encinares, charcos por las carreteras.       Lluvia y sol. Ya se oscurece el campo, ya se ilumina; allí un cerro desparece, allá surge una colina.       Ya son claros, ya sombríos los dispersos caseríos, los lejanos torreones.       Hacia la sierra plomiza van rodando en pelotones nubes de guata y ceniza.
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En abril, las aguas mil
Eu não tenho procurado o amor, Mas espero que ele me ache. Seja na praia, ou na colina. Em dias de chuva ou de Sol, Em uma esquina qualquer. Quem sabe em uma praça. Em algum momento inesperado, Que chegue e me surpreenda. Tal como um presente. Mas eu não vou procurar o amor...
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Mar 4, 2013
Mar 4, 2013 at 9:45 AM UTC
Untitled
Era noite Melodias ecoavam nos *** No instante A presa tornou-se fera Vigia Os índios passeiam À beira da praia Mulher Imaculada de branco Um murmúrio Um gesto Uma partida E os índios continuam No alto da colina
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Feb 15, 2014
Feb 15, 2014 at 3:53 PM UTC
vigía
Na colina sobranceira de tua casa, aí me encontro. Eu, o vento, que geme na negra noite. Mesmo junto a ti, tu não me vês, e é onde passo o dia-a-dia. Esse teu trágico olhar, a olhar-me e sem me ver. Ai quem me dera ser como tu, para me poderes ver, e para te poder murmurar a mais suave das palavras, "AMO-TE".
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Jul 8, 2014
Jul 8, 2014 at 4:53 PM UTC
amo-te
Lejos estaba el agua de mi fiebre. Yo no tenía fuerzas de alcanzar el alto muro, la colina ardiente, el cíngulo del cielo con el mar. me hervía el fuego entre la dura boca andaba entre mi aire el huracán. -Corazón que me fuiste generoso. ¿En lágrimas o sangre no me das un solo sorbo, refrigerio mínimo, más preciso que el pan y que la sal? El rostro amado se borró del círculo y pasaron por él cien rostros más. Vino la niebla y me envolvió piadosa en una bruma ya del más allá. Muchos días después volví a la tierra, triste morada de perpetua sed. A nadie pido agua. Está muy lejos la fuente que me diera de beber. Visión del agua que debió ser mía. Agua, de agua para sed de sed.
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Fiebre
Al olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, con las lluvias de abril y el sol de mayo algunas hojas verdes le han salido.  ¡El olmo centenario en la colina que lame el Duero! Un musgo amarillento le mancha la corteza blanquecina al tronco carcomido y polvoriento.  No será, cual los álamos cantores que guardan el camino y la ribera, habitado de pardos ruiseñores.  Ejército de hormigas en hilera va trepando por él, y en sus entrañas urden sus telas grises las arañas.  Antes que te derribe, olmo del Duero, con su hacha el leñador, y el carpintero te convierta en melena de campana, lanza de carro o yugo de carreta; antes que rojo en el hogar, mañana, ardas en alguna mísera caseta, al borde de un camino; antes que te descuaje un torbellino y tronche el soplo de las sierras blancas; antes que el río hasta la mar te empuje por valles y barrancas,  olmo, quiero anotar en mi cartera la gracia de tu rama verdecida. Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera.
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A un olmo seco
Flauta de sal, ayer; hoy dulce caña en que ya trina una esperanza nueva que ni llovizna ni tristura empaña y ecos de plata por el campo lleva, Estéril es el valle de la saña, y nadie más en él sembrar se atreva. El que dañarme quiera, a sí se daña, que hasta mi ángel en mi frente abreva. Ya tengo dulce pecho en qué apoyarme ya quién la amante sangre quiera darme y quién, con la ancha sombra de la encina mi cuerpo y mi heredad proteja fuerte. Y ya, desafiadora de la muerte he de subir, cantando, la colina.
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Buenaventura1
La lluvia ha dejado goteras en los arboles el trueno ha destruido medio bosque las tres lunas anuncian la noche alumbran a las criaturas, alertan sus voces aullidos de violines despiertan a los habitantes la mujer pantera sale a cazar sangrientos corazones. Pelaje de terciopelo con ligero movimiento acaricia con sus garras el suave viento colmillos crema de afilado marfil que asoman de su rostro violento ensuciando y devorando a un conejo muerto. El olor ha atraído a otros entre la bruma en busca de delicado alimento jaguares en la colina se disputan en un felino enfrentamiento mientras los pájaros huyen y se asustan. Un disparo seco y lento anuncia de los cazadores provenientes del desierto, monstruos de mis adentros escapar de este infierno no merece la pena vivir en mi interior pues todo aquí ya esta muerto, criaturas de los bosques no os lo pedí cuando me hicisteis para siempre vuestro rey ahora viviremos bajo la tierra hasta que la noche llegue. El gruñido del animal rompió el silencio la manada de jaguar con piel de leopardo y alma de cordero huye con desespero se refugian entre las ramas con anhelo entierran su cuerpo en el caliente suelo La orquesta comienza su crescendo Los fogonazos de fuegos golpean el firmamento rebotando y estrellándose contra el riachuelo y las garras de la pantera arañan el rostro del animal-hombre sumiéndolo en un eterno sueño devorado por las fieras. No fue capaz de vivir por siempre. Lluvia de espíritus en el claro del bosque los dioses enfurecidos susurran su nombre la sangre de líquido hierro brota por el suelo el alma de la vida y la muerte alza su vuelo. Dos de las tres lunas permanecen en el cielo mientras dos soles asoman tímidos por las montañas, las flores se balancean haciendo sonar las campanas que son sus semillas el aire es frío y huele a mañanas comienza un día nuevo, se consume el fuego la arena se levanta escurridiza en el desierto y los arboles dejan sus colores morados para otro tiempo. La reina del bosque, la mujer pantera, se refugia junto a sus hermanas en la cueva y la hierba y la maleza tapan los restos del cuerpo despedazado otra presa, pasto de las bestias.
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Dec 27, 2020
Dec 27, 2020 at 7:33 AM UTC
La Pantera
La lluvia ha dejado goteras en los arboles el trueno ha destruido medio bosque las tres lunas anuncian la noche alumbran a las criaturas, alertan sus voces aullidos de violines despiertan a los habitantes la mujer pantera sale a cazar sangrientos corazones. Pelaje de terciopelo con ligero movimiento acaricia con sus garras el suave viento colmillos crema de afilado marfil que asoman de su rostro violento ensuciando y devorando a un conejo muerto. El olor ha atraído a otros entre la bruma en busca de delicado alimento jaguares en la colina se disputan en un felino enfrentamiento mientras los pájaros huyen y se asustan. Un disparo seco y lento anuncia de los cazadores provenientes del desierto, monstruos de mis adentros escapar de este infierno no merece la pena vivir en mi interior pues todo aquí ya esta muerto, criaturas de los bosques no os lo pedí cuando me hicisteis para siempre vuestro rey ahora viviremos bajo la tierra hasta que la noche llegue. El gruñido del animal rompió el silencio la manada de jaguar con piel de leopardo y alma de cordero huye con desespero se refugian entre las ramas con anhelo entierran su cuerpo en el caliente suelo La orquesta comienza su crescendo Los fogonazos de fuegos golpean el firmamento rebotando y estrellándose contra el riachuelo y las garras de la pantera arañan el rostro del animal-hombre sumiéndolo en un eterno sueño devorado por las fieras. No fue capaz de vivir por siempre. Lluvia de espíritus en el claro del bosque los dioses enfurecidos susurran su nombre la sangre de líquido hierro brota por el suelo el alma de la vida y la muerte alza su vuelo. Dos de las tres lunas permanecen en el cielo mientras dos soles asoman tímidos por las montañas, las flores se balancean haciendo sonar las campanas que son sus semillas el aire es frío y huele a mañanas comienza un día nuevo, se consume el fuego la arena se levanta escurridiza en el desierto y los arboles dejan sus colores morados para otro tiempo. La reina del bosque, la mujer pantera, se refugia junto a sus hermanas en la cueva y la hierba y la maleza tapan los restos del cuerpo despedazado otra presa, pasto de las bestias.
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Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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Dec 26, 2020
Dec 26, 2020 at 1:41 PM UTC
16. Vino Rosado (Poema adicional de “El Castillo”)
Me perdí a mi misma en el culo de una botella de vino Me entregué a la luna como si mi vida fuese mística con extrañas mentiras posadas en tus labios Sintiendo electricidad con cada trago y como mi corazón descansa en paz con cada paso. Viendo cosas que preferiría no ver y siendo alguien que no quiero ser. Porque pienso más de lo que debería pensar y bebo más de lo que me gustaría admitir al final del día nunca acabo haciendo lo que le prometí a mi reflejo esa mañana... Bebo más de lo que me gustaría decir bebo tanto que ni siquiera puedo sonreír y cada vez que bebo me olvido de mi, solo y únicamente te pienso a ti... Las aguas calmas de un tranquilo río vino rosado al amanecer, bajo el árbol de la colina siento cada una de las gotas de lluvia que golpean con suavidad contra mi cara estoy de rodillas, contemplando tu sonrisa Expulsé todo el veneno de mi cuerpo solo me quedan las aguas calmas de un tranquilo río Prométemelo, no te puedes ir contigo me siento como nunca me sentí he olvidado todo por lo que alguna vez bebí no recuerdo porque anoche sufrí. Acaricia mi pelo como las hierbas mi cuerpo vino rosado corriendo por tus labios bajo el árbol de la colina. Sé mi espada en la noche, sé mis pájaros cantores. Vino rosado contra la escarcha de hielo resbalando sobre la capa del lago congelado engañando a la escurridiza muerte. Una ligera llovizna peina el prado a lo largo, como una cortina, aunque esté fuera el Sol, aunque no haya nubes en el cielo. La escalera se deshace se me escapa, de entre los dedos, la noche, las aguas vuelven a su cauce y yo vuelvo a intentar olvidarte.
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Do the orchids feel? Even when they are plucked to watch over the eternal rest of the souls? And do the sunflowers lie? Even when they turn their backs to the sun to watch the flapping of some wings? And does the wheat weeps? Even when neither the breezes nor the songs of the birds heed it? And does the forage prays? Even when they see the silver of the sickle and scythe dancing? Are the storms the cry of the earth? For how much it suffers in the summers. In the burning afternoons without air. In the distant oceans. In the deaths of the autumn. Is the moon a lover of the mountain? For it always suckles the hill. She kisses the cheeks of the streams. It illuminates the dark paths. And sings to the strange travelers. //////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////// ¿Y las orquideas sienten? ¿Aún cuando las arrancan para velar el descanso eterno de las almas? ¿Y los girasoles mienten? ¿Aún cuando dan la espalda al sol para ver el batir de unas alas? ¿Y el trigo llora? ¿Aún cuando no le hacen caso ni las brisas ni los cantos de las aves? ¿Y los forrajes oran? ¿Aún cuando ven el plata de la hoz y la guadaña bailando al bies? ¿Serán las tormentas el llanto de la tierra? Pues cuanto sufre en los veranos. En las tardes ardientes sin aire. En los oceános lejanos. En las muertes del otoño. ¿Será la luna amante de la sierra? Pues siempre amamanta a la colina. Besa las mejillas de los riachuelos. Ilumina los caminos oscuros. Y canta a los viajantes extraños.
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Mar 17, 2021
Mar 17, 2021 at 6:01 PM UTC
Somatizing the entity or The prostitution of instinct / Somatizando el ente o La prostitución del instinto
Do the orchids feel? Even when they are plucked to watch over the eternal rest of the souls? And do the sunflowers lie? Even when they turn their backs to the sun to watch the flapping of some wings? And does the wheat weeps? Even when neither the breezes nor the songs of the birds heed it? And does the forage prays? Even when they see the silver of the sickle and scythe dancing? Are the storms the cry of the earth? For how much it suffers in the summers. In the burning afternoons without air. In the distant oceans. In the deaths of the autumn. Is the moon a lover of the mountain? For it always suckles the hill. She kisses the cheeks of the streams. It illuminates the dark paths. And sings to the strange travelers. //////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////////// ¿Y las orquideas sienten? ¿Aún cuando las arrancan para velar el descanso eterno de las almas? ¿Y los girasoles mienten? ¿Aún cuando dan la espalda al sol para ver el batir de unas alas? ¿Y el trigo llora? ¿Aún cuando no le hacen caso ni las brisas ni los cantos de las aves? ¿Y los forrajes oran? ¿Aún cuando ven el plata de la hoz y la guadaña bailando al bies? ¿Serán las tormentas el llanto de la tierra? Pues cuanto sufre en los veranos. En las tardes ardientes sin aire. En los oceános lejanos. En las muertes del otoño. ¿Será la luna amante de la sierra? Pues siempre amamanta a la colina. Besa las mejillas de los riachuelos. Ilumina los caminos oscuros. Y canta a los viajantes extraños.
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