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"cobre" poems
Bella, como en la piedra fresca del manantial, el agua abre un ancho relámpago de espuma, así es la sonrisa en tu rostro, bella. Bella, de finas manos y delgados pies como un caballito de plata, andando, flor del mundo, así te veo, bella. Bella, con un nido de cobre enmarañado en tu cabeza, un nido color de miel sombría donde mi corazón arde y reposa, bella. Bella, no te caben los ojos en la cara, no te caben los ojos en la tierra. Hay países, hay ríos en tus ojos, mi patria está en tus ojos, yo camino por ellos, ellos dan luz al mundo por donde yo camino, bella. Bella, tus senos son como dos panes hechos de tierra cereal y luna de oro, bella. Bella, tu cintura la hizo mi brazo como un río cuando pasó mil años por tu dulce cuerpo, bella. Bella, no hay nada como tus caderas, tal vez la tierra tiene en algún sitio oculto la curva y el aroma de tu cuerpo, tal vez en algún sitio, bella. Bella, mi bella, tu voz, tu piel, tus uñas, bella, mi bella, tu ser, tu luz, tu sombra, bella, todo eso es mío, bella, todo eso es mío, mía, cuando andas o reposas, cuando cantas o duermes, cuando sufres o sueñas, siempre, cuando estás cerca o lejos, siempre, eres mía, mi bella, siempre.
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Bella
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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Oda al libro (1)
Libro, cuando te cierro abro la vida. Escucho entrecortados gritos en los puerros. Los lingotes del cobre cruzan los arenales, bajan a Tocopilla. Es de noche. Entre las islas nuestro océano palpita con sus peces, Toca los pies, los muslos, las costillas calcáreas de mi patria. Toda la noche pega en sus orilla; y con la luz del día amanece cantando como si despertara una guitarra. A mí me llama el golpe del océano. A mí me llama el viento, y Rodríguez me llama, José Antonio, recibí un telegrama del sindicato «Mina» y ella, la que yo amo (no les diré su nombre), me espera en Bucalemu. Libro, tú no has podido empapelarme, no me llenaste de tipografía, de impresiones celestes, no pudiste encuadernar mis ojos, salgo de ti a poblar las arboledas con la ronca familia de mi canto, a trabajar metales encendidos o a comer carne asada junto al fuego en los montes. Amo los libros exploradores, libros con bosque o nieve, profundidad o cielo, pero odio el libro araña en donde el pensamiento fue disponiendo alambre venenoso para que allí se enrede la juvenil y circundante mosca. Libro, déjame libre. Yo no quiero ir vestido de volumen, yo no vengo de un tomo, mis poemas no han comido poemas, devoran apasionados acontecimientos, se nutren de intemperie, extraen alimento de la tierra y los hombres. Libro, déjame andar por los caminos con polvo en los zapatos y sin mitología; vuelve a tu biblioteca, yo me voy por las calles. He aprendido la vida de la vida, el amor lo aprendí de un solo beso, y no pude enseñar a nadie nada sino lo que he vivido, cuanto tuve en común con otros hombres, cuanto luché con ellos: cuanto expresé de todos en mi canto.
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Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierra, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada, las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
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Pequeña américa
Dios -¿de dónde sacaste para encender el cielo este maravilloso crepúsculo de cobre? Por él supe llenarme de alegría de nuevo, y la mala mirada supe tornarla noble. Entre las llamaradas amarillas y verdes se alumbró el lampadario de un sol desconocido que rajó las azules llanuras del oeste y volcó en las montañas, sus fuentes y sus ríos. Dame la maga fiesta, Dios, déjala en mi vida, dame los fuegos tuyos para alumbrar la tierra, deja en mi corazón tu lámpara encendida y yo seré el aceite de su lumbre suprema. Y me iré por los campos en la noche estrellada con los brazos abiertos y la frente desnuda, cantando aires ingenuos con las mismas palabras que en la noche se dicen los campos y la luna.
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Dame la maga fiesta
Bajo la luna llena, que es una oblea de cobre, Vagamos taciturnos en un éxtasis vago, Como sombras delgadas que se deslizan sobre Las arenas de bronce de la orilla del lago. Silencio en nuestros labios una rosa ha florido ¡Oh, si a mi amante vencen tentaciones de hablar!, La corola, deshecha, como un pájaro herido, Caerá, rompiendo el suave misterio sublunar. ¡Oh dioses, que no hable! ¡Con la venda más fuerte que tengáis en las manos, su acento sofocad! ¡Y si es preciso, el manto de piedra de la muerte para formar la venda de su boca, rasgad! Yo no quiero que hable. Yo no quiero que hable. Sobre el silencio éste, ¡qué ofensa la palabra! ¡Oh lengua de ceniza! ¡Oh lengua miserable, No intentes que ahora el sello de mis labios te abra! Baja la luna-cobre, taciturnos amantes, Con los ojos gimamos, con los ojos hablemos. Serán nuestras pupilas dos lenguas de diamantes Movidas por la magia de diálogos supremos.
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Las lenguas de diamante
Palavra inerte chamada amor Na esperança, no sentimento multicolor, A palavra inerte chamada amor, Os santos são todos fiéis, Os casados até nem usam anéis, As montanhas esverdeadas que por amor meditam, Pensadores sem nada dizer parece que gritam, O deslumbrante e inerte amor tudo compromete, O sapo canta amor no lago que o fortalece. A noite cobre o céu sem pudor, Do peito jorra e sai amor, As nuvens de um branco censurado, Pecado nunca confessado. O amor inerte parece que tem asas, Os salgueiros estão lá com folhas salpicadas, O inerte amor tem penumbra e também tem luz, Eu sinto o balançar que oscilando que seduz. Victor Marques
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Apr 8, 2013
Apr 8, 2013 at 5:17 AM UTC
Palavra inerte chamada amor
CORDEL TROVADO * Antonio Cabral Filho - Rj * Meu bisavô João Cabral Padrasto do meu avô, Não sabe quanto é legal Me orgulhar de quem eu sou. * Meu avô “ José Cabral “ É José Pedro da Silva, Mas acabou como tal Pelas graças da mãe diva. * Meu pai honra meu avô, São CABRAIS de alto renome. Seus legados dão valor A quem tem Cabral no nome. * ANTONIO CABRAL DA SILVA, Que no Cavaco dedilha, Espero que a lira sirva De base na redondilha. * ANTONIO CABRAL é homem, Pois homem tem que ser homem. Quem não tem verve de ANTONIO, Tire o Cabral do seu nome. * Sou ANTONIO CABRAL FILHO, Que em vossa presença emigra; Do pinto que não quer milho João Cabral que lho diga. * Sei que não fez porque qui-lo, Mas o Antonio Cabral, Assim, solteiro, sem FILHO, Não sou eu nem o LEGAL. * Todo CABRAL é parente, Com raízes além mar, Tem cara de boa gente, Mas é bom não descuidar... * Antonio fui batizado Por glória da devoção, Mas CABRAL é meu legado Pela pura tradição. * Aquele que nasce ANTONIO Não se dobra pelo cobre, Pois vem de filão idôneo E tem espírito nobre. ***
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Jan 30, 2015
Jan 30, 2015 at 9:43 PM UTC
Cordel Trovado * Antonio Cabral Filho - Rj/Brasil
O pó queima o nariz, O álcool aquece o corpo, A música acolhe, O sangue jorra. A ultima imagem, O ultimo cheiro, O último sentimento, Dor. Uma veste de sangue a cobre, Olhos vermelhos escondem a paranóia, Um punhal brilhante reflete o medo. Um soco no espelho, Um último beijo, Julieta, Julieta, Não se vá. Romeu, Romeu, Um punhal resolveu, Piscina escarlate, Seu sangue é combate. Veludo frio, Coração congelado, Toque caloroso, Olhar vidrado. Romeu, Romeu, Você lembra do dia que ela morreu?
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Nov 5, 2014
Nov 5, 2014 at 2:24 PM UTC
Música alta, cocaína, álcool e sangue
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Canto a españa
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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Canción de sergio stepansky
En el recodo de todo camino la vida me depare el bravo amor: y un vaso de aguardiente, ajenjo o vino, de arak o ***** o kirsch, o de ginebra; 1 un verso libre -audaz como el azor-, una canción, un perfume calino, un grifo, un gerifalte un búho, una culebra...       (y el bravo amor, el bravo amor, el bravo amor!) En el recodo de cada calleja la vida me depare el raro albur: 2 -con el tabardo roto, con la cachimba vieja y el chambergo agorero y el buido reojo, vagar so la alta noche de enlutecido azur: 3 murciélago macabro, sortílega corneja, ambular, divagar, discurrir al ritmo del antojo...       (y el raro albur, el raro albur, el raro albur!) En el recodo de todo sendero la vida me depare a esa mujer: y un horizonte para mi sed de aventurero, una música honda para surcar sus ondas, un corto día, un lento amanecer, 4 un lastrado silencio hosco y austero, la soledad, de pupilas redondas...       (y esa mujer, esa mujer, esa mujer!) En el recodo de cada vereda la vida me depare el ebrio azar: absorto ante el miraje que en mis ojos se enreda vibre yo -Prometeo de mi tontura pávida-; ante mis ojos fulvos, fulja el cobre del mar: su canto, en mis oídos mi grito acallar pueda! y exalte mi delirio su furia fría y ávida... 5       (el ebrio azar, el ebrio azar el ebrio azar!) Y en el recodo de todo camino la vida me depare un bel morir: 6 despéineme un balazo del pecho el vello fino, destrice un tajo acerbo mi sien osada y frágil: 7 -de mi cansancio el terco ir y venir: la fábrica de ensueños -tesoro de Aladino-, mi vida turbia y tarda, mi ilusión tensa y ágil...-       (un bel morir, un bel morir, un bel morir!)
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Caminhos sentidos de vivência, Olhar meigo de criança, Sentir só o presente, o sol que aquece, Dia novo que sempre se esquece. Rosto da vida, do amor, do momento. Planície que se estende no horizonte, Penedo se ergue no cimo do monte, Legado do ser, do pensamento. Sentir o calor com os lábios semi-abertos, Procura de carinhos e afectos, Ternura tua com eterna leveza, Arco-íris cobre-me com tua pureza. 27 De Novembro de 2008 Grande abraço. Victor Marques
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Dec 10, 2009
Dec 10, 2009 at 10:20 PM UTC
Caminhos sentidos...
Mais um dia cansativo Com a tarde inteira para dormir Um pouco de descanso seria o remédio Numa fusão de tudo da-se o tédio Daí algo fica estranho Você sabe que não está normal Uma movimentação, um chororô Uma energia ruim cobre o meu ciclo E então, alguns baques na minha janela Algo de ruim teria acontecido Não sabia que com ela Então levanto de um cochilo pela tarde E alguns amigos me avisam Que a pessoa mais amada corria perigo Numa aventura jovem O perigo vem Não olha para quem, mas bate com força Numa aventura jovem Um sonho se vai E sem olhar para trás Se transforma numa forca Cada erro uma consequência Mas a esperança não acaba Positivo deve-se pensar Com  um acerto forma-se a palavra Uma moto, uma estrada, um acidente E tudo vira de ponta a cabeça E agora? O que será? Só o tempo pode nos responder Se depender da minha torcida Ela irá viver.
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Nov 9, 2015
Nov 9, 2015 at 9:20 PM UTC
Sobre o que será
Poeta ayer, hoy triste y pobre filósofo trasnochado, tengo en monedas de cobre el oro de ayer cambiado.   Sin placer y sin fortuna, pasó como una quimera mi juventud, la primera... la sola, no hay más que una: la de dentro es la de fuera.   Pasó como un torbellino, bohemia y aborrascada, harta de coplas y vino, mi juventud bien amada.   Y hoy miro a las galerías del recuerdo, para hacer aleluyas de elegías desconsoladas de ayer.   ¡Adiós, lágrimas cantoras, lágrimas que alegremente brotabais, como en la fuente las limpias aguas sonoras!   ¡Buenas lágrimas vertidas por un amor juvenil, cual frescas lluvias caídas sobre los campos de abril!   No canta ya el ruiseñor de cierta noche serena; sanamos del mal de amor que sabe llorar sin pena.   Poeta ayer, hoy triste y pobre filósofo trasnochado, tengo en monedas de cobre el oro de ayer cambiado.
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Coplas mundanas
Y vendrán tus monstruos a buscarte, Escondidos en la solapa del pasado, Recordando aquellos tiempos escaseados, Donde existías sin necesidad de responsabilizarte, Y vendrán tus monstruos a buscarte, Todos ecos de tus gritos y tus golpes, Alhajados con mil manillas de cobre, Donde hay llaves que abren lo menos deseado, Y vendrán todos tus monstruos a buscarte, Desde el más pequeño y recóndito rincón, ¿Te recuerdas cuando te decías campeón? Ahora vives haciéndole ofrendas al amor Esperando que te vuelvan lo invencible Y vendrán tus monstruos a enamorarte, Pegándote los labios al oído, Repitiendo cada prosa ya olvidada, Con la que te hacías decir que eras un dios: Los demás no valían nada. Y vendrán tus monstruos a devorarte, Como punto final de breve historia, Llegaran mofándose de tu gloria, Y no tendrás más que callar Y volverte una memoria.
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Sep 25, 2018
Sep 25, 2018 at 11:15 PM UTC
Monstruos, un réquiem a la injusticia.
Se ven desde las barandas, por el monte, monte, monte, mulos y sombras de mulos cargados de girasoles. Sus ojos en las umbrías se empañan de inmensa noche. En los recodos del aire, cruje la aurora salobre. Un cielo de mulos blancos cierra sus ojos de azogue dando a la quieta penumbra un final de corazones. Y el agua se pone fría para que nadie la toque. Agua loca y descubierta por el monte, monte, monte. San Miguel lleno de encajes en la alcoba de su torre, enseña sus bellos muslos, ceñidos por los faroles. Arcángel domesticado en el gesto de las doce, finge una cólera dulce de plumas y ruiseñores. San Miguel canta en los vidrios; efebo de tres mil noches, fragante de agua colonia y lejano de las flores. El mar baila por la playa, un poema de balcones. Las orillas de la luna pierden juncos, ganan voces. Vienen manolas comiendo semillas de girasoles, los culos grandes y ocultos como planetas de cobre. Vienen altos caballeros y damas de triste porte, morenas por la nostalgia de un ayer de ruiseñores. Y el obispo de Manila, ciego de azafrán y pobre, dice misa con dos filos para mujeres y hombres. San Miguel se estaba quieto en la alcoba de su torre, con las enaguas cuajadas de espejitos y entredoses. San Miguel, rey de los globos y de los números nones, en el primor berberisco de gritos y miradores.
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San miguel
¿Qué hemos de hacer nosotros los negros que no sabemos ni leer? Fregar escupideras en los grandes hoteles encerar y barrer manejar ascensores en el Gran Club servirles de beber o hacer que el cadillac sea más lujoso vistiendo la librea de chofer. Tenemos la respuesta siempre lista: en París "oui, monsieur" y en Georgia, en Lousiana o en Virginia un eterno "yes sir..." Los negros, pobres negros de este mundo ¿qué cosa hemos de hacer debiendo de comer todos los días (y a veces sin comer)? Bajar la testa reverente y a lo mismo de ayer. Hasta que llega un blanco y "nos descubre" nos mete al ring y aquí comienza para mal de males el principio del fin Footing, training, sombra; saco, pera, soga; upper cuta hook cross. Duchazos, masajes, fotos, reportajes. ¡Okey, boss...! El cañaveral de mi lejana tierra me dio estos fuertes bíceps. Los buques cargueros de todos los muelles me dieron envidiable complexión. Y corriendo, voceando millones de diarios fortalecí muslo pierna y pie. Ahora, en el Madison Square Garden de New York, dice mi manager: ¡No whisky! ¡No tobacco! ¡No girls! (No money) Negros acomodadores ubican a los blancos en ring side. Perder esta pelea significa volver con ellos: Con Blackie de Maniatan. Con Brown de Alabama Con "Nando" Rodríguez de Puerto Rico ...y entonces no whiksy no tobacco no girls no money and ¡knock-out! My challenger es ***** como yo Si pierde le espera lo mismo                           (Aquí los únicos que nunca pierden son nuestros managers y el promotor). Comienza el round, voy hacia el centro -en este plan voy a perder- este es el round numero trece ¡voy a demostrarle quién es quién! Me está llevando hacia una esquina, si caigo aquí me cuentan diez. ¡Virgen del Cobre estoy perdido! No puedo ver No... pue.. do... ver... La gente aplaude al que me mata El referee no dice "break". Que mi mujer no sepa nada... Mi nombre es BENNY "KID" PARET.
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Muerte en el ring
¿Qué hemos de hacer nosotros los negros que no sabemos ni leer? Fregar escupideras en los grandes hoteles encerar y barrer manejar ascensores en el Gran Club servirles de beber o hacer que el cadillac sea más lujoso vistiendo la librea de chofer. Tenemos la respuesta siempre lista: en París "oui, monsieur" y en Georgia, en Lousiana o en Virginia un eterno "yes sir..." Los negros, pobres negros de este mundo ¿qué cosa hemos de hacer debiendo de comer todos los días (y a veces sin comer)? Bajar la testa reverente y a lo mismo de ayer. Hasta que llega un blanco y "nos descubre" nos mete al ring y aquí comienza para mal de males el principio del fin Footing, training, sombra; saco, pera, soga; upper cuta hook cross. Duchazos, masajes, fotos, reportajes. ¡Okey, boss...! El cañaveral de mi lejana tierra me dio estos fuertes bíceps. Los buques cargueros de todos los muelles me dieron envidiable complexión. Y corriendo, voceando millones de diarios fortalecí muslo pierna y pie. Ahora, en el Madison Square Garden de New York, dice mi manager: ¡No whisky! ¡No tobacco! ¡No girls! (No money) Negros acomodadores ubican a los blancos en ring side. Perder esta pelea significa volver con ellos: Con Blackie de Maniatan. Con Brown de Alabama Con "Nando" Rodríguez de Puerto Rico ...y entonces no whiksy no tobacco no girls no money and ¡knock-out! My challenger es ***** como yo Si pierde le espera lo mismo                           (Aquí los únicos que nunca pierden son nuestros managers y el promotor). Comienza el round, voy hacia el centro -en este plan voy a perder- este es el round numero trece ¡voy a demostrarle quién es quién! Me está llevando hacia una esquina, si caigo aquí me cuentan diez. ¡Virgen del Cobre estoy perdido! No puedo ver No... pue.. do... ver... La gente aplaude al que me mata El referee no dice "break". Que mi mujer no sepa nada... Mi nombre es BENNY "KID" PARET.
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Las piquetas de los gallos cavan buscando la aurora, cuando por el monte oscuro baja Soledad Montoya. Cobre amarillo, su carne, huele a caballo y a sombra. Yunques ahumados sus pechos, gimen canciones redondas. Soledad, ¿por quién preguntas sin compaña y a estas horas? Pregunte por quien pregunte, dime: ¿a ti qué se te importa? Vengo a buscar lo que busco, mi alegría y mi persona. Soledad de mis pesares, caballo que se desboca, al fin encuentra la mar y se lo tragan las olas. No me recuerdes el mar, que la pena negra, brota en las tierras de aceituna bajo el rumor de las hojas. ¡Soledad, qué pena tienes! ¡Qué pena tan lastimosa! Lloras zumo de limón agrio de espera y de boca. ¡Qué pena tan grande! Corro mi casa como una loca, mis dos trenzas por el suelo, de la cocina a la alcoba. ¡Qué pena! Me estoy poniendo de azabache carne y ropa. ¡Ay, mis camisas de hilo! ¡Ay, mis muslos de amapola! Soledad: lava tu cuerpo con agua de las alondras, y deja tu corazón en paz, Soledad Montoya. Por abajo canta el río: volante de cielo y hojas. Con flores de calabaza, la nueva luz se corona. ¡Oh pena de los gitanos! Pena limpia y siempre sola. ¡Oh pena de cauce oculto y madrugada remota!
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Romance de la pena negra
Yo sólo soy un hombre débil, un espontáneo que nunca tomó en serio los sesos de su cráneo. A medida que vivo ignoro más las cosas; no sé ni por qué encantan las hembras y las rosas, Sólo estuve sereno, como en un trampolín, para saltar las nuevas cinturas de las Martas y con dedos maniáticos de sastre, medir cuartas a un talle de caricias ideado por Merlín. Admiro el universo como un azul candado, gusto del cristianismo porque el Rabí es poeta, veo arriba el misterio de un único cometa y adoro en la Mujer el misterio encarnado. Quiero a mi siglo; gozo de haber nacido en él; los siglos son en mi alma rombos de una pelota para la dicha varia y el calosfrío cruel en que cesa la media y lo crudo se anota. He oído la rechifla de los demonios sobre mis bancarrotas chuscas de pecador ****** y he mirado a los ángeles y arcángeles mojar con sus lágrimas de oro mi vajilla de cobre. Mi carne es combustible y mi conciencia parda; efímeras y agudas refulgen mis pasiones cual vidrios de botella que erizaron la barda del gallinero, contra los gatos y ladrones. ¡Oh, Rabí, si te dignas, está bien que me orientes: he besado mil bocas, pero besé diez frentes! Mi voluntad es labio y mi beso es el rito... ¡Oh, Rabí, si te dignas, bien está que me encauces; como el can de San Roque, ha estado mi apetito con la vista en el cielo y la antorcha en las fauces!
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El perro de san roque
Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca. Ni el odio soterraño. Ni la envidia bajuna, ni la ambición acezante, de embaïdor atuendo, ni el logrero además, al sesgo, sinuöso,         penetró en la bicoca. Ni la saña virulenta (no la iracundia hiendo, no transito la insidia: vuelo ingrávido); ni pueril amargura (nútrome de inasibles)         penetró en la bicoca. Lo que vozna o que grazna, rahez, ávido; lo que repta, serpea, húmido, yerto; lo que exhibe su pus o su laceria,         no penetró en la bicoca. Prometeo y su buitre, ni Jesús en el huerto, (Job non me peta: ¡oh gafo Jeremías!) ni la nenia (el dolor me topó estoico)         penetró en la bicoca. Platino de las noches, similor de los días; cobre de los crepúsculos; la hecha cuotidiana; la gris tragedia fonje que desuela o inunda,         no penetró en la bicoca. Ni, plácido, el frescor lustral de la mañana al espíritu libre del inútil pequeño mester, y ni la tarde sin menester minúsculo,         penetró en la bicoca. Ni la noche del fértil sueño; ni el tras-sueño -hórrido amanecer para absurdos oficios- de la aventura lauta sin la próxima angustia,         penetró en la bicoca. Libertad ni Ocio próvido ni Holganza… (ásperas sicios sin Moisés aqüifice cuando la roca toca…) (¿tú quoque jeremítico?) La palinodia imbele         no penetro en la bicoca. Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca.
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Estancias
Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca. Ni el odio soterraño. Ni la envidia bajuna, ni la ambición acezante, de embaïdor atuendo, ni el logrero además, al sesgo, sinuöso,         penetró en la bicoca. Ni la saña virulenta (no la iracundia hiendo, no transito la insidia: vuelo ingrávido); ni pueril amargura (nútrome de inasibles)         penetró en la bicoca. Lo que vozna o que grazna, rahez, ávido; lo que repta, serpea, húmido, yerto; lo que exhibe su pus o su laceria,         no penetró en la bicoca. Prometeo y su buitre, ni Jesús en el huerto, (Job non me peta: ¡oh gafo Jeremías!) ni la nenia (el dolor me topó estoico)         penetró en la bicoca. Platino de las noches, similor de los días; cobre de los crepúsculos; la hecha cuotidiana; la gris tragedia fonje que desuela o inunda,         no penetró en la bicoca. Ni, plácido, el frescor lustral de la mañana al espíritu libre del inútil pequeño mester, y ni la tarde sin menester minúsculo,         penetró en la bicoca. Ni la noche del fértil sueño; ni el tras-sueño -hórrido amanecer para absurdos oficios- de la aventura lauta sin la próxima angustia,         penetró en la bicoca. Libertad ni Ocio próvido ni Holganza… (ásperas sicios sin Moisés aqüifice cuando la roca toca…) (¿tú quoque jeremítico?) La palinodia imbele         no penetro en la bicoca. Lo que sopló el tifón contra la roca, lo que aventó el simún contra la duna, lo que el viento esparció por la ensenada,         no penetró en la bicoca.
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Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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Mayo
Vierte el humo doméstico en la aurora su sabor a rastrojo; y canta, haciendo leña, la pastora un salvaje aleluya!                                         Sepia y rojo. Humo de la cocina, aperitivo de gesta en este bravo amanecer. El último lucero fugitivo lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor, ¡oh celeste zagal trasnochador! se duerme entre un jirón de rosicler. Hay ciertas ganas lindas de almorzar, y beber del arroyo, y chivatear! Aletear con el humo allá, en la altura; o entregarse a los vientos otoñales en pos de alguna Ruth sagrada, pura, que nos brinde una espiga de ternura bajo la hebraica unción de los trigales! Hoz al hombro calmoso, acre el gesto brioso, va un joven labrador a Irichugo. Y en cada brazo que parece yugo se encrespa el férreo jugo palpitante que en creador esfuerzo cuotidiano chispea, como trágico diamante, a través de los poros de la mano que no ha bizantinado aún el guante. Bajo un arco que forma verde aliso, ¡oh cruzada fecunda del andrajo! pasa el perfil macizo de este Aquiles incaico del trabajo. La zagala que llora su yaraví a la aurora, recoge ¡oh Venus pobre! frescos leños fragantes en sus desnudos brazos arrogantes esculpidos en cobre. En tanto que un becerro, perseguido del perro, por la cuesta bravía corre, ofrendando al floreciente día un himno de Virgilio en su cencerro! Delante de la choza el indio abuelo fuma; y el serrano crepúsculo de rosa, el ara primitiva se sahúma en el gas del tabaco. Tal surge de la entraña fabulosa de epopéyico huaco, mítico aroma de broncíneos lotos, el hilo azul de los alientos rotos!
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La mano de Virgilio se demora sobre una tela con frescura de agua y entretejidas formas y colores que han traído a su Roma las remotas caravanas del tiempo y de la arena. Perdurará en un verso de las Geórgicas. No la había visto nunca. Hoy es la seda. En un atardecer muere un judío crucificado por los negros clavos que el pretor ordenó, pero las gentes de las generaciones de la tierra no olvidarán la sangre y la plegaria y en la colina los tres hombres últimos. Sé de un mágico libro de hexagramas que marca los sesenta y cuatro rumbos de nuestra suerte de vigilia y sueño. ¡Cuánta invención para poblar el ocio! Sé de ríos de arena y peces de oro que rige el Preste Juan en las regiones ulteriores al Ganges y a la Aurora y del hai ku que fija en unas pocas sílabas un instante, un eco, un éxtasis; sé de aquel genio de humo encarcelado en la vasija de amarillo cobre y de lo prometido en la tiniebla. ¡Oh mente que atesoras lo increíble! Caldea que primero vio los astros. Las altas naves lusitanas; Goa. Las victorias de Clive, ayer suicida; Kim y su lama rojo que prosiguen para siempre el camino que los salva. El fino olor del té, el olor del sándalo. Las mezquitas de Córdoba y del Aksa y el tigre, delicado como el nardo. Tal es mi Oriente. Es el jardín que tengo para que tu memoria no me ahogue.
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El oriente
Evocación tropical. Cielo añil. Cañaveral, chillón de urracas y loros. Río profundo, sol cobre, que deja flotando sobre las arenas leves oros. Y la delicia suprema de la selva, mientras quema la siesta todas sus ascuas en los ardientes ribazos. Y la suprema delicia de la más casta impudicia: dormir desnuda en tus brazos.
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Verso impersonal
¿Qué es aquello que reluce por los altos corredores? Cierra la puerta, hijo mío, acaban de dar las once. En mis ojos, sin querer, relumbran cuatro faroles. Será que la gente aquélla estará fregando el cobre. Ajo de agónica plata la luna menguante, pone cabelleras amarillas a las amarillas torres. La noche llama temblando al cristal de los balcones, perseguida por los mil perros que no la conocen, y un olor de vino y ámbar viene de los corredores. Brisas de caña mojada y rumor de viejas voces, resonaban por el arco roto de la media noche. Bueyes y rosas dormían. Solo por los corredores las cuatro luces clamaban con el fulgor de San Jorge. Tristes mujeres del valle bajaban su sangre de hombre, tranquila de flor cortada y amarga de muslo joven. Viejas mujeres del río lloraban al pie del monte, un minuto intransitable de cabelleras y nombres. Fachadas de cal, ponían cuadrada y blanca la noche. Serafines y gitanos tocaban acordeones. Madre, cuando yo me muera, que se enteren los señores. Pon telegramas azules que vayan del Sur al Norte. Siete gritos, siete sangres, siete adormideras dobles, quebraron opacas lunas en los oscuros salones. Lleno de manos cortadas y coronitas de flores, el mar de los juramentos resonaba, no sé dónde. Y el cielo daba portazos al brusco rumor del bosque, mientras clamaban las luces en los altos corredores.
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Muerto de amor
En estos hiperbólicos minutos en que la vida sube por mi pecho como una marea de tributos onerosos, la plétora de vida se resuelve en renuncia capital y en miedo se liquida. Mi sufrimiento es como un gravamen de rencor, y mi dicha como cera que se derrite siempre en jubileos, y hasta mi mismo amor es como un tósigo que en la raíz del corazón prospera. Cobardemente clamo, desde el centro de mis intensidades corrosivas, a mi parroquia, el ave moderada, a la flor quieta y a las aguas vivas. Yo quisiera acogerme a la mesura, a la estricta conciencia y al recato de aquellas cosas que me hicieron bien... Anticuados relojes del Curato cuyas pesas de cobre se retardaban, con intención pura, por aplazarme indefinidamente la primera amargura. Obesidad de aquellas lunas que iban rodando, dormilonas y coquetas, por un absorto azul sobre los árboles de las banquetas. Fatiga incierta de un incierto piano en que un tema llorón se decantaba, con insomnio y desgano, en favor del obtuso centinela y contra la salud del hortelano. Santos de piedra que en el atrio exponen su casulla de piedra a la herejía del recio temporal. Garganta criolla de Carmen García que mandaba su canto hasta las calles envueltas en perfume vegetal. Cromos bobalicones, colgados por estímulo a la mesa, y que muestran sandías y viandas con exageraciones pictóricas; exánimes gallinas, y conejos en quienes no hizo sangre lo comedido de los perdigones. Canteras cuyo vértice poroso destila el agua, con paciente escrúpulo, en el monjil reposo del comedor, a cada golpe neto con que las gotas, simples y tardías, acrecen el caudal noches y días. Acudo a la justicia original de todas estas cosas; mas en mi pecho siguen germinando las plantas venenosas, y mi violento espíritu se halla nostálgico de sus jaculatorias y del pío metal de su medalla.
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El minuto cobarde
En estos hiperbólicos minutos en que la vida sube por mi pecho como una marea de tributos onerosos, la plétora de vida se resuelve en renuncia capital y en miedo se liquida. Mi sufrimiento es como un gravamen de rencor, y mi dicha como cera que se derrite siempre en jubileos, y hasta mi mismo amor es como un tósigo que en la raíz del corazón prospera. Cobardemente clamo, desde el centro de mis intensidades corrosivas, a mi parroquia, el ave moderada, a la flor quieta y a las aguas vivas. Yo quisiera acogerme a la mesura, a la estricta conciencia y al recato de aquellas cosas que me hicieron bien... Anticuados relojes del Curato cuyas pesas de cobre se retardaban, con intención pura, por aplazarme indefinidamente la primera amargura. Obesidad de aquellas lunas que iban rodando, dormilonas y coquetas, por un absorto azul sobre los árboles de las banquetas. Fatiga incierta de un incierto piano en que un tema llorón se decantaba, con insomnio y desgano, en favor del obtuso centinela y contra la salud del hortelano. Santos de piedra que en el atrio exponen su casulla de piedra a la herejía del recio temporal. Garganta criolla de Carmen García que mandaba su canto hasta las calles envueltas en perfume vegetal. Cromos bobalicones, colgados por estímulo a la mesa, y que muestran sandías y viandas con exageraciones pictóricas; exánimes gallinas, y conejos en quienes no hizo sangre lo comedido de los perdigones. Canteras cuyo vértice poroso destila el agua, con paciente escrúpulo, en el monjil reposo del comedor, a cada golpe neto con que las gotas, simples y tardías, acrecen el caudal noches y días. Acudo a la justicia original de todas estas cosas; mas en mi pecho siguen germinando las plantas venenosas, y mi violento espíritu se halla nostálgico de sus jaculatorias y del pío metal de su medalla.
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Nada me has dado y para ti mi vida deshoja su rosal de desconsuelo, porque ves estas cosas que yo miro, las mismas tierras y los mismos cielos, porque la red de nervios y de venas que sostiene tu ser y tu belleza se debe estremecer .al beso puro del sol, del mismo sol que a mí me besa. Mujer, nada me has dado y sin embargo a través de tu ser siento las cosas: estoy alegre de mirar la tierra en que tu corazón tiembla y reposa. Me limitan en vano mis sentidos -dulces flores que se abren en el viento- porque adivino el pájaro que pasa y que mojó de azul tu sentimiento. Y sin embargo no me has dado nada, no se florecen para mí tus años, la cascada de cobre de tu risa no apagará la sed de mis rebaños. Hostia que no probó tu boca fina, amador del amado que te llame, saldré al camino con mi amor al brazo como un vaso de miel para el que ames. Ya ves, noche estrellada, canto y copa en que bebes el agua que yo bebo, vivo en tu vida, vives en mi vida, nada me has dado y todo te lo debo.
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Mujer, nada me has dado