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"claras" poems
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
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Nocturno (Nocturne)
Spanish Fuera, la noche en veste de tragedia solloza Como una enorme viuda pegada a mis cristales. Mi cuarto:… Por un bello milagro de la luz y del fuego Mi cuarto es una gruta de oro y gemas raras: Tiene un musgo tan suave, tan hondo de tapices, Y es tan vívida y cálida, tan dulce que me creo Dentro de un corazón… Mi lecho que está en blanco es blanco y vaporoso Como flor de inocencia, Como espuma de vicio! Esta noche hace insomnio; Hay noches negras, negras, que llevan en la frente Una rosa de sol… En estas noches negras y claras no se duerme. Y yo te amo, Invierno! Yo te imagino viejo, Yo te imagino sabio, Con un divino cuerpo de marmól palpitante Que arrastra como un manto regio el peso del Tiempo… Invierno, yo te amo y soy la primavera… Yo sonroso, tú nievas: Tú porque todo sabes, Yo porque todo sueño… …Amémonos por eso!… Sobre mi lecho en blanco, Tan blanco y vaporoso como flor de inocencia, Como espuma de vicio, Invierno, Invierno, Invierno, Caigamos en un ramo de rosas y de lirios! English Outside the night, dressed in tragedy, sighs Like an enormous widow fastened to my windowpane. My room… By a wondrous miracle of light and fire My room is a grotto of gold and precious gems: With a moss so smooth, so deep its tapestries, And it is vivid and hot, so sweet I believe I am inside a heart… My bed there in white, is white and vaporous Like a flower of innocence. Like the froth of vice! This night brings insomnia; There are black nights, black, which bring forth One rose of sun… On these black and clear nights I do not sleep. And I love you, Winter! I imagine you are old, I imagine you are wise, With a divine body of beating marble Which drags the weight of Time like a regal cloak… Winter, I love you and I am the spring… I blush, you snow: Because you know it all, Because I dream it all… We love each other like this!… On my bed all in white, So white and vaporous like the flower of innocence, Like the froth of vice, Winter, Winter, Winter, We fall in a cluster of roses and lilies!
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La cosa va así: no sé cómo nombrar este libro, como si nombrar esto fuera la hipérbole de la hermandad, no temerle a lo cierto, pasar del alimento cotidiano al polvo de un paisaje, saltar por lo sencillo de la imagen de un pájaro blanco que irrumpe sin respeto, a lo que nunca supe. Escribir es escribir lo que no se sabe, por lo demás, un impulso que tienta definir la sonrisa de alguien, con la estampa accesible de un nombre propio. Pero la cosa va así amor: no sé cómo nombrar este libro, susceptible todo desde lo nada, por eso el tema del clima, árboles totales, victorias contundentes de insectos, lo que contiene decir un niño ambiguo: para alguien la carcajada, para otro el asco, para alguien más, horas claras, semanas marcadas para siempre-nunca. Al escribir tenemos reservas, al ver de frente tenemos reservas, al poner el pie derecho pensando en las serpientes tenemos reservas, al dormir al lado de algún desconocido tenemos reservas. Al menos hoy, al no saber cómo darle nombre a esto que ha ocurrido, mientras los truenos marcan distancia y certidumbre.
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Jan 17, 2012
Jan 17, 2012 at 10:06 PM UTC
viaje al centro de la tierra
Vosotras, las familiares, inevitables golosas, vosotras, moscas vulgares, me evocáis todas las cosas.¡Oh, viejas moscas voraces como abejas en abril, viejas moscas pertinaces sobre mi calva infantil!¡Moscas del primer hastío en el salón familiar, las claras tardes de estío en que yo empecé a soñar!Y en la aborrecida escuela, raudas moscas divertidas, perseguidas por amor de lo que vuela,-que todo es volar-, sonoras rebotando en los cristales en los días otoñales... Moscas de todas las horas,de infancia y adolescencia, de mi juventud dorada; de esta segunda inocencia, que da en no creer en nada,de siempre... Moscas vulgares, que de puro familiares no tendréis digno cantor: yo sé que os habéis posadosobre el juguete encantado, sobre el librote cerrado, sobre la carta de amor, sobre los párpados yertos de los muertos.Inevitables golosas, que ni labráis como abejas, ni brilláis cual mariposas; pequeñitas, revoltosas, vosotras, amigas viejas, me evocáis todas las cosas.
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Las moscas
O desenho inscrito sobe a forma de sinais, Que percorrem o mapa secreto desse corpo, Onde no olhar se vêm certezas divinais, Mais secreto é saber que alimentas o meu horto! O dilema repleto de infindáveis caminhos, Onde a escuridão que existira se esfumou, Nossos dizeres tornam-se atos e miminhos, Essas dúvidas são claras e o tempo levou! Como tu eu sinto que o melhor é mesmo acreditar, Soltar-me no vento e explorar o sentimento quente, Que chegou recheado de sonhos e contornos de cativar, É porém o desenho do teu rosto que guardo tão presente! Presente tão bom, presente que Deus me enviou no caminho, Posso mesmo confiar que tenho vontade de ir pela avenida, Nem tão pouco, nem tão perto a luz do fundo eu imagino, Mas o alimento que trouxeste e que a ti vai deixando com vida! Segue nas minhas veias na esperança de te poder hoje e sempre olhar, Apertar-te nos braços e encontrar o meu, em tempos já distante Norte, E hoje aperto em minha mão a bússola que me trouxeste em passaporte, Para o vão da felicidade, de que hoje quero acreditar, e comigo, a ti levar! Autor: António Benigno Para ti Lili…
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Aug 31, 2013
Aug 31, 2013 at 9:58 AM UTC
Esse sinal que é teu
Oh grandes símbolos misteriosos Outrora por vós fascinado fui Mas a dúvida por minhas veias ainda flui como águas correntes de rios fervorosos Queria respostas evidentes e claras Banhem-nos, rogo, em frias águas Pois as humanas mentes ignaras São perdidas na ilusão que as afaga O que somos é pura hipnose Quero ver com meus próprios olhos a gnose Daquilo que a ciência não provou Imploro, então, por saber quem de fato sou! Provei do doce, o ácido veneno que meu corpo em febre rejeitou Meus olhos relutam em ver o que é pleno E já não sei o que de mim restou Acorde-me deste pesadelo de ilusão Quero sentido, e lógica, e verdade Mas rezo também por libertação Há um fantasma que nos rouba a sanidade Não posso crer que diante de todas as possibilidades da matéria Possa existir algo tão patético quanto o homem Grandes e sábios são os vermes e bactérias Que sem questionar, nossas putrefatas entranhas consomem Não sofrem, não se rendem, nem se gabam, ou se vendem De onde nasce nossa vontade? O despertar da hipnose é não crer, Não sentir, observe o que se vê Ações são previsíveis e morta está a liberdade Somos símbolos, e a tudo simbolizamos Despersonalizado nos desvendo Livres de pecados realizamos O fim da roda de tormentos Rouba-me um beijo e eu lhe mostrarei algo que só posso me recordar Não mais sinto, eu sei mas me resta saborear As lembranças do doce-amargo que do meu corpo já se foi
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Aug 14, 2014
Aug 14, 2014 at 6:30 PM UTC
Simbolos
Fue domingo en las claras orejas de mi burro, de mi burro peruano en el Perú (Perdonen la tristeza) Mas hoy ya son las once en mi experiencia personal, experiencia de un solo ojo, clavado en pleno pecho, de una sola burrada, clavada en pleno pecho, de una sola hecatombe, clavada en pleno pecho. Tal de mi tierra veo los cerros retrasados, ricos en burros, hijos de burros, padres hoy de vista, que tornan ya pintados de creencias, cerros horizontales de mis penas. En su estatua, de espada, Voltaire cruza su capa y mira el zócalo, pero el sol me penetra y espanta de mis dientes incisivos un número crecido de cuerpos inorgánicos. Y entonces sueño en una piedra verduzca, diecisiete, peñasco numeral que he olvidado, sonido de años en el rumor de aguja de mi brazo, lluvia y sol en Europa, y ¡cómo toso! ¡cómo vivo! ¡cómo me duele el pelo al columbrar los siglos semanales! Y cómo, por recodo, mi ciclo microbiano, quiero decir mi trémulo, patriótico peinado.
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Fue domingo en las claras orejas de mi burro...
Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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Lo que esperamos
Tardará, tardará. Ya sé que todavía los émbolos, la usura, el sudor, las bobinas seguirán produciendo, al por mayor, en serie, iniquidad, ayuno, rencor, desesperanza; para que las lombrices con huecos pórtasenos, las vacas de embajada, los viejos paquidermos de esfínteres crinudos, se sacien de adulterios, de diamantes, de caviar, de remedios. Ya sé que todavía pasarán muchos años para que estos crustáceos del asfalto y la mugre se limpien la cabeza, se alejen de la envidia, no idolatren la seña, no adoren la impostura, y abandonen su costra de opresión, de ceguera, de mezquindad, de bosta. Pero, quizás, un día, antes de que la tierra se canse de atraernos y brindarnos su seno, el cerebro les sirva para sentirse humanos, ser hombres, ser mujeres, -no cajas de caudales, ni perchas desoladas-, someter a las ruedas, impedir que nos maten, comprobar que la vida se arranca y despedaza los chalecos de fuerza de todos los sistemas; y descubrir, de nuevo, que todas las riquezas se encuentran en nosotros y no bajo la tierra. Y entonces... ¡Ah! ese día abriremos los brazos sin temer que el instinto nos muerda los garrones, ni recelar de todo, hasta de nuestra sombra; y seremos capaces de acercarnos al pasto, a la noche, a los ríos, sin rubor, mansamente, con las pupilas claras, con las manos tranquilas; y usaremos palabras sustanciosas, auténticas; no como esos vocablos erizados de inquina que babean las hienas al instarnos al odio, ni aquellos que se asfixian en estrofas de almíbar y fustigada clara de huevo corrompido; sino palabras simples, de arroyo, de raíces, que en vez de separarnos nos acerquen un poco; o mejor todavía, guardaremos silencio para tomar el pulso a todo lo que existe y vivir el milagro de cuanto nos rodea, mientras alguien nos diga, con una voz de roble, lo que desde hace siglos esperamos en vano.
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Soy hija del llano. Nunca vi montañas, Hace pocos años que conozco el mar Y vivo soñando con raros países Y vivo acosada del ansia de andar. ¡Tanto que tenemos luego que estar quietos, Tanto que más tarde hay que reposar, Y desperdiciamos la hora presente Y nos contentamos sólo con soñar! ¡Ay, los caminitos en ásperas cuestas, Serpentinas claras sobre las montanas! ¿No han de hollarlos nunca mis pies andariegos? ¿No he de ir yo nunca por tierras extrañas? ¿Nunca mis pupilas, hartas de llanuras, Han de mirar cerca las cumbres soñadas? ¿Qué es lo que me guardan los dioses herméticos? ¿Qué, en mi canastilla, pusieron las hadas? ¡Ay, noches de insomnio, de agrio descontento, De interrogaciones vanas e impacientes! ¡A veces parece que tañen campanas Y a veces, Dios mío, que silban serpientes!
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Ansia
Caídos sí, no muertos, ya postrados titanes, están los hombres de resuelto pecho sobre las más gloriosas sepulturas: las eras de las hierbas y los panes, el frondoso barbecho, las trincheras oscuras. Siempre serán famosas estas sangres cubiertas de abriles y de mayos, que hacen vibrar las dilatadas fosas con su vigor que se decide en rayos. Han muerto como mueren los leones: peleando y rugiendo, espumosa la boca de canciones, de ímpetu las cabezas y las venas de estruendo. Héroes a borbotones, no han conocido el rostro a la derrota, y victoriosamente sonriendo se han desplomado en la besana umbría, sobre el cimiento errante de la bota y el firmamento de la gallardía. Una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde. Bajo el gran resplandor de un mediodía sin mañana y sin tarde, unos caballos que parecen claros, aunque son tenebrosos y funestos, se llevan a estos hombres vestidos de disparos a sus inacabables y entretejidos puestos. No hay nada ***** en estas muertes claras. Pasiones y tambores detengan los sollozos. Mirad, madres y novias, sus transparentes caras: la juventud verdea para siempre en sus bozos.
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Nuestra juventud no muere
Resuena en tus palabras un difuso clamor de verdades oscuras, cuando me las encuentro.                                                               Rompen en mi memoria, siempre sonoras, firmes, claras, como las olas de un mar poderoso que sumerge y levanta, sin devolver ni arrebatar nunca del todo, una realidad turbia y mutilada: el tiempo, el tiempo ido.                                                                 A su conjuro, entre gotas de sal y luz de agua, con el tiempo yo mismo, restos recuperados de mí mismo vuelven y configuran un fantasma que dibuja en el aire el viejo gesto -casi olvidado ya- de la esperanza. No todo se ha perdido;                                                         vienen a mi memoria siempre tus palabras -claras, firmes, sonoras- trayéndola, llevándola.Una voz era paz, o luz, o acaso era fuego esa voz; todavía llama. O era viento tal vez: ved la alta rama del olmo aún temblorosa tras su paso. Era roja esa voz en el ocaso; cuando la noche sus horrores trama, vuelve su resplandor: sangre que clama al cielo ese de los hombres, raso. Impaciente de paz, y luminosa, ardiente, airada, entera y verdadera, era dura esa voz: todavía dura airosa y alta, como si tal cosa -alzarse en estos tiempos- nada fuera. Admirad, ya hecha estatua, su estatura.
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Dos homenajes a blas de otero
Laberintos, retruécanos, emblemas, helada y laboriosa nadería, fue para este jesuita la poesía, reducida por él a estratagemas. No hubo música en su alma; sólo un vano herbario de metáforas y argucias y la veneración de las astucias y el desdén de lo humano y sobrehumano. No lo movió la antigua voz de Homero ni esa, de plata y luna, de Virgilio; no vio al fatal Edipo en el exilio ni a Cristo que se muere en un madero. A las claras estrellas orientales que palidecen en la vasta aurora, apodó con palabra pecadora gallinas de los campos celestiales. Tan ignorante del amor divino como del otro que en las bocas arde, lo sorprendió la Pálida una tarde leyendo las estrofas del Marino. Su destino ulterior no está en la historia; librado a las mudanzas de la impura tumba el polvo que ayer fue su figura, el alma de Gracián entró en la gloria. ¿Qué habrá sentido al contemplar de frente los Arquetipos y los Esplendores? quizá lloró y se dijo: Vanamente busqué alimento en sombras y en errores. ¿Qué sucedió cuando el inexorable sol de Dios, La Verdad, mostró su fuego? Quizá la luz de Dios lo dejó ciego en mitad de la gloria interminable. Sé de otra conclusión. Dado a sus temas minúsculos, Gracián no vio la gloria y sigue resolviendo en la memoria laberintos, retruécanos y emblemas.
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Baltasar gracián
Era una noche De primavera, Azul el cielo, La luna en llena, Abajo flores, Arriba estrellas, Mi hogar completo, Yo, muy contenta, Y tú, mi amante, Junto a mi puerta, De pie esperaste La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión ciega, Te di en un beso Mi vida entera. Lo que dijimos Dicho se queda: Amor sin nube, Constancia eterna. Unir las almas, Callar las penas, Y al fin juntarnos Sobre la tierra, Sin romper nunca Nuestras cadenas... Una casita Blanca y modesta, Único adorno De una pradera; Con fuentes claras, Con flores nuevas, Con dulces nidos De aves parleras; Y allí jugando Las horas muertas Dos angelitos Que hermanos fueran: Frente muy blanca, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas! Era una noche De enero, eterna: El aire helado, Las aves yertas, Las fuentes mudas. Las flores secas, Mi nogar muy triste, Mi madre muerta, Y en torno suyo La blanca cera Lanzando débil Su luz siniestra; Y yo, velando Con honda pena, Oí en la torre Sonar muy lentas Las campanadas, Que un tiempo fueran Las escogidas Con dicha inmensa Para cumplirnos La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión trémula, Te di en un beso La vida entera... ¿Por qué olvidaste Mi pasión ciega? ¿Por qué no vuelves? ¿Por qué te ausentas? ¿Por qué borraste Dichas tan tiernas, Cual borra el viento Sobre la arena Del caminante La débil huella? ¡Viví tan sola! ¡Sola y enferma! Con negros duelos, Con horas negras, Sin más familia Que mis tristezas... ¡Ay! recordando La noche aquella En que dijiste Cosas tan tiernas: Que me adorabas, Que en tu conciencia Era mi imagen La sola reina; Y la casita Con flores nuevas, Con fuentes claras, Y aves parleras; Y aquellos niños De faz serena, Con frentes blancas, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas!
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Besos y lágrimas
Era una noche De primavera, Azul el cielo, La luna en llena, Abajo flores, Arriba estrellas, Mi hogar completo, Yo, muy contenta, Y tú, mi amante, Junto a mi puerta, De pie esperaste La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión ciega, Te di en un beso Mi vida entera. Lo que dijimos Dicho se queda: Amor sin nube, Constancia eterna. Unir las almas, Callar las penas, Y al fin juntarnos Sobre la tierra, Sin romper nunca Nuestras cadenas... Una casita Blanca y modesta, Único adorno De una pradera; Con fuentes claras, Con flores nuevas, Con dulces nidos De aves parleras; Y allí jugando Las horas muertas Dos angelitos Que hermanos fueran: Frente muy blanca, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas! Era una noche De enero, eterna: El aire helado, Las aves yertas, Las fuentes mudas. Las flores secas, Mi nogar muy triste, Mi madre muerta, Y en torno suyo La blanca cera Lanzando débil Su luz siniestra; Y yo, velando Con honda pena, Oí en la torre Sonar muy lentas Las campanadas, Que un tiempo fueran Las escogidas Con dicha inmensa Para cumplirnos La cita aquella; Cita en que hiciste Tantas promesas, Y en que, rendida De pasión trémula, Te di en un beso La vida entera... ¿Por qué olvidaste Mi pasión ciega? ¿Por qué no vuelves? ¿Por qué te ausentas? ¿Por qué borraste Dichas tan tiernas, Cual borra el viento Sobre la arena Del caminante La débil huella? ¡Viví tan sola! ¡Sola y enferma! Con negros duelos, Con horas negras, Sin más familia Que mis tristezas... ¡Ay! recordando La noche aquella En que dijiste Cosas tan tiernas: Que me adorabas, Que en tu conciencia Era mi imagen La sola reina; Y la casita Con flores nuevas, Con fuentes claras, Y aves parleras; Y aquellos niños De faz serena, Con frentes blancas, Rubias cabezas, Labios de rosa, Pupilas negras... -Calla y no sigas, Que me atormentas. Alma del alma, ¡Qué bien te acuerdas!
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Yo he visto perlas claras de inimitable encanto, de esas que no se tocan por temor a romperlas; pero sólo en tu cuello pudieron valer tanto las burbujas de nieve de tu collar de perlas. Y más, aquella noche de amor satisfecho, del amor que eterniza lo fugaz de las cosas, cuando fuiste un camino que comenzó en mi lecho y el rubor te cubría como un manto de rosas. Yo acaricié tus perlas sin desprender su broche, y las vi como nadie nunca más podrá verlas, pues te tuve en mis brazos, al fin, aquella noche, vestida solamente con tu collar de perlas.
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La dama de las perlas
Lucidez instantánea, pensativo Bordeando el abismo, con señales claras Vislumbrando, pretéritos inciertos De oraciones sin sentido. Terriblemente hueco; ridículo Apología sobre dioses, y obsesiones acartonadas Creyente, siempre fiel creyente De nada, del todo. De mucho. Aspiraciones bucólicas, Sobre tiempos cada vez más fríos Sobre eras cada vez más rotas, Eras más complejas. Éxodo de estrellas; Degradación del argumento. Descompuesto, inerte, cada vez más muerto                                                                                              ...en el hueco.
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Jul 17, 2017
Jul 17, 2017 at 7:25 PM UTC
El Hueco. I
Não dá pra reviver coisas mortas, Eu não consigo pensar na hipótese De te ter de volta... É impossível esquecer tanta mágoa, Não dá pra pensar que, Logo agora, Algo Você me valha. São sonhos impossíveis, Desejos em vão, Eu te disse: vem! Mas deixa teu coração. Pois, a minha nobre alma, Não comporta nada, Além de vazio, **** e outras claras madrugadas.
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Oct 27, 2015
Oct 27, 2015 at 9:08 AM UTC
Untitled
Mi corazón oprimido Siente junto a la alborada El dolor de sus amores Y el sueño de las distancias. La luz de la aurora lleva Semilleros de nostalgias Y la tristeza sin ojos De la médula del alma. La gran tumba de la noche Su ***** velo levanta Para ocultar con el día La inmensa cumbre estrellada.   ¡Qué haré yo sobre estos campos Cogiendo nidos y ramas Rodeado de la aurora Y llena de noche el alma! ¡Qué haré si tienes tus ojos Muertos a las luces claras Y no ha de sentir mi carne El calor de tus miradas! ¿Por qué te perdí por siempre En aquella tarde clara? Hoy mi pecho está reseco Como una estrella apagada.
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Alba
Aquel que ha sentido una vez en sus manos temblar la alegría no podrá morir nunca.Yo lo veo muy claro en mi noche completa. Me costó muchos siglos de muerte poder comprenderlo, muchos siglos de olvido y de sombra constante, muchos siglos de darle mi cuerpo extinguido a la yerba que encima de mí balancea su fresca verdura. Ahora el aire, allá arriba, más alto que el suelo que pisan los vivos será azul. Temblará estremecido, rompiéndose, desgarrado su vidrio oloroso por claras campanas, por el curvo volar de gorriones, por las flores doradas y blancas de esencias frutales. (Yo una vez hice un ramo con ellas. Puede ser que después arrojara las flores al agua, puede ser que le diera las flores a un niño pequeño, que llenara de flores alguna cabeza que ya no recuerdo, que a mi madre llevara las flores; yo querría poner primavera en sus manos).¡Será ya primavera allá arriba! Pero yo que he sentido una vez en mis manos temblar la alegría no podré morir nunca. Pero yo que he tocado  una vez las agudas agujas del pino no podré morir nunca. Morirán los que nunca jamás sorprendieron aquel vago pasar de la loca alegría. Pero yo que he tenido su tibia hermosura en mis manos no podré morir nunca.Aunque muera mi cuerpo, y no quede memoria de mí.
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El muerto
Eternidad, belleza sola, ¡si yo pudiese, en tu corazón único, cantarte igual que tú me cantas en el mío las tardes claras de alegría en paz! ¡Si en tus éstasis últimos, tú me sintieras dentro embriagándote toda, como me embriagas todo tú! ¡Si yo fuese, inefable, como tú en mi instantánea primavera, olor, frescura, música, revuelo en la infinita primavera pura de tu interior totalidad sin fin!
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Eternidad
La tarde, con su bruma clara y azul, se muere Cual palabra amorosa que se disipa lenta, Cual la húmeda y cálida sonrisa de las viudas Que con antiguos éxtasis entre sus carnes sueñan. La ciudad, a lo lejos, se ha callado. En el huerto Pensativo, el silencio, se abre en la sombra trémula, y cantan, tras los árboles, claras frescuras de agua Que esparce el viento; faldas con rumor de hojas secas Sobre la arena pasan; contra el muro el zumbido Se oye de las avispas en la quietud serena; Las rosas deshojadas por dedos soñadores Su alma de miel esparcen, y un alba extraña mezcla, En el confín del cielo y en un etéreo encanto, La luz que huye y la sombra salpicada de estrellas. ¿Qué me importan los soles que han de surgir? ¿El oro, Genio y amor, qué importan, y juventud risueña? Dormir sueño profundo, dejadme en el olvido, Dejadme que en la sombra sueño profundo duerma, Con manos compasivas de mujer en la frente... ¡Y cerrad la ventana sobre la vida abierta!
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La tarde con su bruma...
Serenidad, tú para el muerto, que yo estoy vivo y pido lucha. Otros habrá que te deseen: ésos no saben lo que buscan. Si se durmieran nuestras almas, si las tuviéramos maduras para mirar inconmovibles, para aceptar sin amargura, para no ver la vida en torno apasionadamente nunca, duros y fríos, como piedra que sopla el viento y no la muda... Almas claras. Ojos despiertos. Oídos llenos de la música del dolor. Los dedos felices, aunque los hieran las agudas espinas. Todo el sabor agrio de la vida, en la lengua.                               «Nunca podrás mojar tu pie en el río en que ayer lo mojaste. Busca la eternidad, vive en la alta contemplación de su figura». Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Serenidad que se nos vende por librarnos de la tortura, por llenarnos de sueño el alma y rodeárnosla de bruma. Serenidad, tú para el muerto. El hombre es hombre, y no le asusta saber que el viento que hoy le canta no volverá a cantarle nunca. Serenidad, no te me entregues ni te des nunca, aunque te pida de rodillas que me libertes de mi angustia. Será que vivo sin saberlo o que deserto de la lucha. Tú no me escuches, no me eleves hasta tu cumbre de luz única. Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Yo también me hago un poco libro, me duermo el alma... Antología poética                           Luz difusa. La madrugada se desgaja agria y azul, como una fruta. Cantan los pinos a lo lejos. Un niño llora. Las desnudas mujeres y hombres silenciosos salen despacio de las últimas sombras. Los pájaros me esperan. Se alzan las olas. (Me preguntan por qué). Campanas... (Ayer niebla, hoy claro sol y luego lluvia...) ¿Por qué? Las hojas se estremecen... Voy inundándome de música
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Serenidad
Serenidad, tú para el muerto, que yo estoy vivo y pido lucha. Otros habrá que te deseen: ésos no saben lo que buscan. Si se durmieran nuestras almas, si las tuviéramos maduras para mirar inconmovibles, para aceptar sin amargura, para no ver la vida en torno apasionadamente nunca, duros y fríos, como piedra que sopla el viento y no la muda... Almas claras. Ojos despiertos. Oídos llenos de la música del dolor. Los dedos felices, aunque los hieran las agudas espinas. Todo el sabor agrio de la vida, en la lengua.                               «Nunca podrás mojar tu pie en el río en que ayer lo mojaste. Busca la eternidad, vive en la alta contemplación de su figura». Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Serenidad que se nos vende por librarnos de la tortura, por llenarnos de sueño el alma y rodeárnosla de bruma. Serenidad, tú para el muerto. El hombre es hombre, y no le asusta saber que el viento que hoy le canta no volverá a cantarle nunca. Serenidad, no te me entregues ni te des nunca, aunque te pida de rodillas que me libertes de mi angustia. Será que vivo sin saberlo o que deserto de la lucha. Tú no me escuches, no me eleves hasta tu cumbre de luz única. Palabrería de los libros de la que deja el alma turbia. Yo también me hago un poco libro, me duermo el alma... Antología poética                           Luz difusa. La madrugada se desgaja agria y azul, como una fruta. Cantan los pinos a lo lejos. Un niño llora. Las desnudas mujeres y hombres silenciosos salen despacio de las últimas sombras. Los pájaros me esperan. Se alzan las olas. (Me preguntan por qué). Campanas... (Ayer niebla, hoy claro sol y luego lluvia...) ¿Por qué? Las hojas se estremecen... Voy inundándome de música
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Como un ala negra tendí mis cabellos             sobre tus rodillas. Cerrando los ojos su olor aspiraste             diciéndome luego: -¿Duermes sobre piedras cubiertas de musgos? ¿Con ramas de sauces te atas las trenzas? ¿Tu almohada es de trébol? ¿Las tienes tan negras porque acaso en ellas exprimiste un zumo retinto y espeso de moras silvestres? ¡Qué fresca y extraña fragancia te envuelve! Hueles a arroyuelos, a tierra y a selvas. ¿Qué perfume usas? Y riendo le dije:             -¡Ninguno, ninguno! Te amo y soy joven, huelo a primavera. Este olor que sientes es de carne firme, de mejillas claras y de sangre nueva. ¡Te quiero y soy joven, por eso es que tengo las mismas fragancias de la primavera!
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Como la primavera
Dijo sus secretos el faisán de oro: -En el gabinete mi blanco tesoro, de sus claras risas el divino coro,las bellas figuras de los gobelinos, los cristales llenos de aromados vinos, las rosas francesas en los vasos chinos.(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia donde en el retiro de la dulce estancia esas frescas rosas dieron su fragancia.)La cena esperaba. Quitadas las vendas, iban mil amores de flechas tremendas en aquella noche de Carnestolendas.La careta negra se quitó la niña, y tras el preludio de una alegre riña apuró mi boca vino de su viña.Vino de la viña de la boca loca, que hace arder el beso, que el mordisco invoca. ¡Oh los blancos dientes de la loca boca!En su boca ardiente yo bebí los vinos, y, pinzas rosadas, sus dedos divinos me dieron las fresas y los langostinos.Yo la vestimenta de Pierrot tenía, y aunque me alegraba y aunque me reía, moraba en mi alma la melancolía.La carnavalesca noche luminosa dio a mi triste espíritu la mujer hermosa, sus ojos de fuego, sus labios de rosa.Y en el gabinete del café galante ella se encontraba con su nuevo amante, peregrino pálido de un país distante.Llegaban los ecos de vagos cantares y se despedían de sus azahares miles de purezas en los bulevares.Y cuando el champaña me cantó su canto, por una ventana vi que un ***** manto de nube, de Febo cubría el encanto.Y dije a la amada un día: -¿No viste de pronto ponerse la noche tan triste? ¿Acaso la Reina de luz ya no existe?Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro: -«¡Pierrot, ten por cierto que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»
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El faisán
Dijo sus secretos el faisán de oro: -En el gabinete mi blanco tesoro, de sus claras risas el divino coro,las bellas figuras de los gobelinos, los cristales llenos de aromados vinos, las rosas francesas en los vasos chinos.(Las rosas francesas, porque fue allá en Francia donde en el retiro de la dulce estancia esas frescas rosas dieron su fragancia.)La cena esperaba. Quitadas las vendas, iban mil amores de flechas tremendas en aquella noche de Carnestolendas.La careta negra se quitó la niña, y tras el preludio de una alegre riña apuró mi boca vino de su viña.Vino de la viña de la boca loca, que hace arder el beso, que el mordisco invoca. ¡Oh los blancos dientes de la loca boca!En su boca ardiente yo bebí los vinos, y, pinzas rosadas, sus dedos divinos me dieron las fresas y los langostinos.Yo la vestimenta de Pierrot tenía, y aunque me alegraba y aunque me reía, moraba en mi alma la melancolía.La carnavalesca noche luminosa dio a mi triste espíritu la mujer hermosa, sus ojos de fuego, sus labios de rosa.Y en el gabinete del café galante ella se encontraba con su nuevo amante, peregrino pálido de un país distante.Llegaban los ecos de vagos cantares y se despedían de sus azahares miles de purezas en los bulevares.Y cuando el champaña me cantó su canto, por una ventana vi que un ***** manto de nube, de Febo cubría el encanto.Y dije a la amada un día: -¿No viste de pronto ponerse la noche tan triste? ¿Acaso la Reina de luz ya no existe?Ella me miraba. Y el faisán cubierto de plumas de oro: -«¡Pierrot, ten por cierto que tu fiel amada, que la Luna ha muerto!»
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Aborrezco este oficio algunas veces: espía de palabras, busco, busco el término huidizo, la expresión inestable que signifique, exacta, lo que eres. Inmóvil en la nada, al margen de la vida (hundido en un denso silencio sólo roto por el batir oscuro de mi sangre), busco, busco aquellas palabras que no existen -quizá sirvan: delicia de tu cuello…- que te acosan y mueren sin rozarte, cuando lo que quisiera es llegar a tu cuello con mi boca -...o acaso: increíble sonrisa que he besado-, subir hasta tu boca con mis labios, sujetar con mis manos tu cabeza y ver allá en el fondo de tus ojos, instantes antes de cerrar los míos, paz verde y luz dormida, claras sombras                       -tal vez fuera mejor decir: humo en la tarde, borrosa música que llueve del otoño, niebla que cae despacio sobre un valle- avanzando hacia mí, girando, penetrándome hasta anegar mi pecho y levantar mi corazón salvado, ileso, en vilo sobre la leve espuma de la dicha.
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Las palabras inútiles
Te quiero, sí, te quiero. ¿Me has oído? Estoy loco por ti, loco perdido. Y hablo, y hablo, mas siempre, muy sincero, Sólo es para decirte que te quiero. ¡Te quiero! ¿Me has oído? ¡Dilo pronto! ¿y te ríes? ¿Acaso me ves aire de tonto? Pero ¿qué hacer entonces para que tú comprendas, Para que mis palabras sean claras, sin vendas?... Siempre lo que se dice parece tontería, Porque cuanto decimos suena a cosa vacía Busco, y busco algún modo, pero ¡tiempo perdido! Pues nunca a las palabras los besos han suplido. Algo el pecho me oprime cual si un sollozo fuera; Quiero explicarme, pero no encuentro la manera; Sólo llega a las almas lo que saber decimos, Y al través de palabras más o menos vivimos. Necesito palabras, y quiero, en ansia ardiente, y entre análisis frío, pesarlas en la mente. Es fuerza que te diga, que sepas lo que siento, Todo esto que confuso bulle en mi pensamiento; Mas ¿Cómo? Si lograra… si lograra en mi inquieta Tortura, hallar hermosas palabras de poeta, Mucho más te diría que esto que aquí sentado, Cerca de ti, te digo con labio balbuciente, Y que cien y mil veces repito emocionado: «¡Tú, siempre, amada mía!... Siempre tú, solamente».
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Expansiones
Siento un acre placer en tenderme en la tierra, Con el sol matutino tibia como una cama. Bajo mi cuerpo, ¡cuánta vida su vientre encierra! ¡Quién sabe qué diamante esconde aquí su llama! ¡Quién sabe qué tesoro, dentro de una miriada, Surgirá de este mismo lugar donde reposo, Si será el oro vivo de una era sembrada, O la viva esmeralda de algún árbol frondoso! ¡Quién sabe qué estupenda y dorada simiente Ha de brotar ahora bajo mi cuerpo ardiente! Futuro pebetero que esparcirá a los vientos, En las noches de estío, claras y rumorosas, El calor de mi carne hecho aroma de rosas, Fragancia de azucenas y olor de pensamientos.
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Panteísmo