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"cintura" poems
Cuando tus manos salen, amor, hacia las mías, qué me traen volando? Por qué se detuvieron en mi boca, de pronto, por qué las reconozco como si entonces, antes, las hubiera tocado, como si antes de ser hubieran recorrido mi frente, mi cintura? Su suavidad venía volando sobre el tiempo, sobre el mar, sobre el humo, sobre la primavera, y cuando tú pusiste tus manos en mi pecho, reconocí esas alas de paloma dorada, reconocí esa greda y ese color de trigo. Los años de mi vida yo caminé buscándolas. Subí las escaleras, crucé los arrecifes, me llevaron los trenes, las aguas me trajeron, y en la piel de las uvas me pareció tocarte. La madera de pronto me trajo tu contacto, la almendra me anunciaba tu suavidad secreta, hasta que se cerraron tus manos en mi pecho y allí como dos alas terminaron su viaje.
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Tus manos
Ves estas manos? Han medido la tierra, han separado los minerales y los cereales, han hecho la paz y la guerra, han derribado las distancias de todos los mares y ríos, y sin embargo cuanto te recorren a ti, pequeña, grano de trigo, alondra, no alcanzan a abarcarte, se cansan alcanzando las palomas gemelas que reposan o vuelan en tu pecho, recorren las distancias de tus piernas, se enrollan en la luz de tu cintura. Para mí eres tesoro más cargado de inmensidad que el mar y su racimos y eres blanca y azul y extensa como la tierra en la vendimia. En ese territorio, de tus pies a tu frente, andando, andando, andando, me pasaré la vida.
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La infinita
Bella, como en la piedra fresca del manantial, el agua abre un ancho relámpago de espuma, así es la sonrisa en tu rostro, bella. Bella, de finas manos y delgados pies como un caballito de plata, andando, flor del mundo, así te veo, bella. Bella, con un nido de cobre enmarañado en tu cabeza, un nido color de miel sombría donde mi corazón arde y reposa, bella. Bella, no te caben los ojos en la cara, no te caben los ojos en la tierra. Hay países, hay ríos en tus ojos, mi patria está en tus ojos, yo camino por ellos, ellos dan luz al mundo por donde yo camino, bella. Bella, tus senos son como dos panes hechos de tierra cereal y luna de oro, bella. Bella, tu cintura la hizo mi brazo como un río cuando pasó mil años por tu dulce cuerpo, bella. Bella, no hay nada como tus caderas, tal vez la tierra tiene en algún sitio oculto la curva y el aroma de tu cuerpo, tal vez en algún sitio, bella. Bella, mi bella, tu voz, tu piel, tus uñas, bella, mi bella, tu ser, tu luz, tu sombra, bella, todo eso es mío, bella, todo eso es mío, mía, cuando andas o reposas, cuando cantas o duermes, cuando sufres o sueñas, siempre, cuando estás cerca o lejos, siempre, eres mía, mi bella, siempre.
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Bella
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Romance sonámbulo
Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña. Con la sombra en la cintura ella sueña en su baranda, verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Verde que te quiero verde. Bajo la luna gitana, las cosas le están mirando y ella no puede mirarlas. Verde que te quiero verde. Grandes estrellas de escarcha, vienen con el pez de sombra que abre el camino del alba. La higuera frota su viento con la lija de sus ramas, y el monte, gato garduño, eriza sus pitas agrias. ¿Pero quién vendrá? ¿Y por dónde...? Ella sigue en su baranda, verde carne, pelo verde, soñando en la mar amarga.Compadre, quiero cambiar mi caballo por su casa, mi montura por su espejo, mi cuchillo por su manta. Compadre, vengo sangrando, desde los montes de Cabra. Si yo pudiera, mocito, ese trato se cerraba. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Compadre, quiero morir decentemente en mi cama. De acero, si puede ser, con las sábanas de holanda. ¿No ves la herida que tengo desde el pecho a la garganta? Trescientas rosas morenas lleva tu pechera blanca. Tu sangre rezuma y huele alrededor de tu faja. Pero yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa. Dejadme subir al menos hasta las altas barandas, dejadme subir, dejadme, hasta las verdes barandas. Barandales de la luna por donde retumba el agua.Ya suben los dos compadres hacia las altas barandas. Dejando un rastro de sangre. Dejando un rastro de lágrimas. Temblaban en los tejados farolillos de hojalata. Mil panderos de cristal, herían la madrugada.Verde que te quiero verde, verde viento, verdes ramas. Los dos compadres subieron. El largo viento, dejaba en la boca un raro gusto de hiel, de menta y de albahaca. ¡Compadre! ¿Dónde está, dime? ¿Dónde está mi niña amarga? ¡Cuántas veces te esperó! ¡Cuántas veces te esperara, cara fresca, ***** pelo, en esta verde baranda!Sobre el rostro del aljibe se mecía la gitana. Verde carne, pelo verde, con ojos de fría plata. Un carámbano de luna la sostiene sobre el agua. La noche su puso íntima como una pequeña plaza. Guardias civiles borrachos, en la puerta golpeaban. Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar. Y el caballo en la montaña.
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Cuando no puedo mirar tu cara miro tus pies. Tus pies de hueso arqueado, tus pequeños pies duros. Yo sé que te sostienen, y que tu dulce peso sobre ellos se levanta. Tu cintura y tus pechos, la duplicada púrpura de tus pezones, la caja de tus ojos que recién han volado, tu ancha boca de fruta, tu cabellera roja, pequeña torre mía. Pero no amo tus pies sino porque anduvieron sobre la tierra y sobre el viento y sobre el agua, hasta que me encontraron.
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Tus pies
Cuando miro la forma de América en el mapa, amor, a ti te veo: las alturas del cobre en tu cabeza, tus pechos, trigo y nieve, tu cintura delgada, veloces ríos que palpitan, dulces colinas y praderas y en el frío del sur tus pies terminan su geografía de oro duplicado. Amor, cuando te toco no sólo han recorrido mis manos tu delicia, sino ramas y tierra, frutas y agua, la primavera que amo, la luna del desierto, el pecho de la paloma salvaje, la suavidad de las piedras gastadas por las aguas del mar o de los ríos y la espesura roja del matorral en donde la sed y el hambre acechan. Y así mi patria extensa me recibe, pequeña América, en tu cuerpo. Aún más, cuando te veo recostada veo en tu piel, en tu color de avena, la nacionalidad de mi cariño. Porque desde tus hombros el cortador de caña de Cuba abrasadora me mira, lleno de sudor oscuro, y desde tu garganta pescadores que tiemblan en las húmedas casas de la orilla me cantan su secreto. Y así a lo largo de tu cuerpo, pequeña América adorada, las tierras y los pueblos interrumpen mis besos y tu belleza entonces no sólo enciende el fuego que arde sin consumirse entre nosotros, sino que con tu amor me está llamando y a través de tu vida me está dando la vida que me falta y al sabor de tu amor se agrega el barro, el beso de la tierra que me aguarda.
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Pequeña américa
La calle se llenó de tomates, mediodía, verano, la luz se parte en dos mitades de tomate, corre por las calles el jugo. En diciembre se desata el tomate, invade las cocinas, entra por los almuerzos, se sienta reposado en los aparadores, entre los vasos, las mantequilleras, los saleros azules. Tiene luz propia, majestad benigna. Debemos, por desgracia, asesinarlo: se hunde el cuchillo en su pulpa viviente, es una roja víscera, un sol fresco, profundo, inagotable, llena las ensaladas de Chile, se casa alegremente con la clara cebolla, y para celebrarlo se deja caer aceite, hijo esencial del olivo, sobre sus hemisferios entreabiertos, agrega la pimienta su fragancia, la sal su magnetismo: son las bodas del día, el perejil levanta banderines, las papas hierven vigorosamente, el asado golpea con su aroma en la puerta, es hora! vamos! y sobre la mesa, en la cintura del verano, el tomate, astro de tierra, estrella repetida y fecunda, nos muestra sus circunvoluciones, sus canales, la insigne plenitud y la abundancia sin hueso, sin coraza, sin escamas ni espinas, nos entrega el regalo de su color fogoso y la totalidad de su frescura.
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Oda al tomate
Pequeña rosa, rosa pequeña, a veces, diminuta y desnuda, parece que en una mano mía cabes, que así voy a cerrarte y a llevarte a mi boca, pero de pronto mis pies tocan tus pies y mi boca tus labios, has crecido, suben tus hombros como dos colinas, tus pechos se pasean por mi pecho, mi brazo alcanza apenas a rodear la delgada línea de luna nueva que tiene tu cintura: en el amor como agua de mar te has desatado: mido apenas los ojos más extensos del cielo y me inclino a tu boca para besar la tierra.
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En ti la tierra
Chicas lindas las de piel clara e imaginación bermellón Chicas lindas con voz cautiva y collar de huesos Chicas lindas de cintura mínima y piernas como alfiles bajo las bastillas de chifón Chicas lindas de labios carnosos, curiosos que se escapan como sueños justo cuando sale el sol Chicas lindas las que se visten de flores, colores o amores... dependiendo del clima y la ocasión Chicas lindas las que prometen y juegan que siempre ganan pero nunca entregan. Las que aman el reflejo que la vida les mostró Las que llevan en los labios el color del corazón pero por dentro huecos que rellenan de adulación Las chicas lindas por las que todos caen y a nadie levantan las que todos desean y todas quieren aunque sea en el fondo llegar a ser Las chicas lindas las que marcan la pauta y te hacen ser La chica fea la de los labios secos, la de la piel morena, la de la vida no plena, y más bien azarosa La chica fea con el alma abundante y el corazón palpitante inevitablemente, comparante La chica fea, a la que nadie sueña y nadie desea.
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May 7, 2014
May 7, 2014 at 4:11 AM UTC
Untitled
Cuántas veces, amor, te amé sin verte y tal vez sin recuerdo, sin reconocer tu mirada, sin mirarte, centaura, en regiones contrarias, en un mediodía quemante: eras sólo el aroma de los cereales que amo. Tal vez te vi, te supuse al pasar levantando una copa en Angol, a la luz de la luna de Junio, o eras tú la cintura de aquella guitarra que toqué en las tinieblas y sonó como el mar desmedido. Te amé sin que yo lo supiera, y busqué tu memoria. En las casas vacías entré con linterna a robar tu retrato. Pero yo ya sabía cómo era. De pronto mientras ibas conmigo te toqué y se detuvo mi vida: frente a mis ojos estabas, reinándome, y reinas. Como hoguera en los bosques el fuego es tu reino.
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Soneto xxii
La tinta verde crea jardines, selvas, prados, follajes donde cantan las letras, palabras que son árboles, frases que son verdes constelaciones. Deja que mis palabras, oh blanca, desciendan y te cubran como una lluvia de hojas a un campo de nieve, como la yedra a la estatua, como la tinta a esta página. Brazos, cintura, cuello, senos, la frente pura como el mar, la nuca de bosque en otoño, los dientes que muerden una brizna de yerba. Tu cuerpo se constela de signos verdes como el cuerpo del árbol de renuevos. No te importe tanta pequeña cicatriz luminosa: mira al cielo y su verde tatuaje de estrellas.
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Escrito con tinta verde
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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Corrida de toros
De sombra, sol y muerte, volandera grana zumbando, el ruedo gira herido por un clarín de sangre azul torera. Abanicos de aplausos, en bandadas, descienden, giradores, del tendido, la ronda a coronar de los espadas. Se hace añicos el aire, y violento, un mar por media luna gris mandado prende fuego a un farol que apaga el viento. ¡Buen caballito de los toros, vuela, sin más jinete de oro y plata, al prado de tu gloria de azúcar y canela! Cinco picas al monte, y cinco olas sus lomos empinados convirtiendo en verbena de sangre y banderolas. Carrusel de claveles y mantillas de luna macarena y sol, bebiendo, de naranja y limón, las banderillas. Blonda negra, partida por dos bandas, de amor injerto en oro la cintura, presidenta del cielo y las barandas, rosa en el palco de la muerte aún viva, libre y por fuera sanguinaria y dura, pero de corza el corazón, cautiva. Brindis, cristiana mora, a ti, volando, cuervo mudo y sin ojos, la montera del áureo espada que en el sol lidiando y en la sombra, vendido, de puntillas, da su junco a la media luna fiera, y a la muerte su gracia, de rodillas. Veloz, rayo de plata en campo de oro nacido de la arena y suspendido, por un estambre, de la gloria, al toro, mar sangriento de picas coronado, en Dolorosa grana convertido, centrar el ruedo manda, traspasado. Feria de cascabel y percalina, muerta la media luna gladiadora, de limón y naranja, remolina de la muerte, girando, y los toreros, bajo una alegoría voladora de palmas, abanicos y sombreros.
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La frescura de lo que recién llega, huele a grama mojada por lluvia de anhelos. Como un “te acuerdas” evoca la duda, realza una emoción y cautiva el corazón. Las miradas provocan orgasmos, si sabes mirar; Los besos enloquecen el alma, y el **** entorpece la decencia. El amor transforma lo banal en perpetuo, la razón en sentimiento. Recuérdame por favor la forma de tu cintura, aunque me queme las manos al sentirla. Embriágame otra vez con tu saliva y tu boca, permíteme una vez más volverte loca. Desnuda mis nervios, desviste los tuyos, y déjalos que juegen al son de nuestros besos. Cuéntame dónde has estado, pero no pronuncies nada. Entrégame tu lujuria, dibújala sobre tu piel. Haz sonar tu voz, sin decir una palabra. Regálame tu vientre, liso y sedoso. Confúndeme, dime que no. Emocióname, dime que si. Baila para mi. Curvas. Baila sobre mi. Cantos.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:08 PM UTC
Reencuentro
La canción que ardiente me sale del alma no es nunca sólo canción desesperada, es más bien una canción enamorada que al cantar, Maluriposa, busca calma. Las palabras que surgen a raudales por el cerco de mis dientes y mi boca son unas formas que parecen muy locas y buscan, Primavera, exorcizar males. Las reflexivas expresiones que tengo y que salen, Preciosa, pensando en ti, intentan, de algún modo, ponerle fin a toda esta enorme invasión de lamentos. Los términos que dicta la fantasía, traídos de imaginación o conciencia son vocablos que llaman a la paciencia y no al enojo, querida Luz del Día. Mas las voces también son ecos de ausencias en las que sin sosiego alma y cuerpo esperan tener un encuentro a la luz de las velas para que alejen fatigas e impaciencias. Voces formadas por amor y deseos para que cuando la linda Mariposa sea atrapada en la prisa de las cosas no olvide que abrazar su cintura quiero. (Jorge Gómez Arias)
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Jul 9, 2012
Jul 9, 2012 at 10:07 AM UTC
BALADA DE FATIGAS Y AFANES
Te quiero porque tienes las partes de la mujer en el lugar preciso y estás completa. No te falta ni un pétalo, ni un olor, ni una sombra. Colocada en tu alma, dispuesta a ser rocío en la yerba del mundo, leche de luna en las oscuras hojas. Quizás me ves, tal vez, acaso un día, en una lámpara apagada, en un rincón del cuarto donde duermes, soy una mancha, un punto en la pared, alguna raya que tus ojos, sin ti, se quedan viendo. Quizás me reconoces como una hora antigua cuando a solas preguntas, te interrogas con el cuerpo cerrado y sin respuesta. Soy una cicatriz que ya no existe, un beso ya lavado por el tiempo, un amor y otro amor que ya enterraste. Pero estás en mis manos y me tienes y en tus manos estoy, brasa, ceniza, para secar tus lágrimas que lloro. ¿En qué lugar, en dónde, a qué deshoras me dirás que te amo? Esto es urgente porque la eternidad se nos acaba. Recoge mi cabeza. Guarda el brazo con que amé tu cintura. No me dejes en medio de tu sangre en esa toalla.
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Autonecrología v
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron tu cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre, valles que sólo mis labios conocen, desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos, cascada petrificada de la nuca, alta meseta de tu vientre, playa sin fin de tu costado. Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto después son los ojos húmedos del perro. Siempre hay abejas en tu pelo. Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos como la espalda del río a la luz del incendio. Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna, el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises la noche de los cuerpos, como la sombra del águila la soledad del páramo. Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano. Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, ***** caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, boca del horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable). Patria de sangre, única tierra que conozco y me conoce, única patria en la que creo, única puerta al infinito.
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Cuerpo a la vista
Y las sombras se abrieron otra vez y mostraron tu cuerpo: tu pelo, otoño espeso, caída de agua solar, tu boca y la blanca disciplina de sus dientes caníbales, prisioneros en llamas tu piel de pan apenas dorado y tus ojos de azúcar quemada, sitios en donde el tiempo no transcurre, valles que sólo mis labios conocen, desfiladero de la luna que asciende a tu garganta entre tus senos, cascada petrificada de la nuca, alta meseta de tu vientre, playa sin fin de tu costado. Tus ojos son los ojos fijos del tigre y un minuto después son los ojos húmedos del perro. Siempre hay abejas en tu pelo. Tu espalda fluye tranquila bajo mis ojos como la espalda del río a la luz del incendio. Aguas dormidas golpean día y noche tu cintura de arcilla y en tus costas, inmensas como los arenales de la luna, el viento sopla por mi boca y su largo quejido cubre con sus dos alas grises la noche de los cuerpos, como la sombra del águila la soledad del páramo. Las uñas de los dedos de tus pies están hechas del cristal del verano. Entre tus piernas hay un pozo de agua dormida, bahía donde el mar de noche se aquieta, ***** caballo de espuma, cueva al pie de la montaña que esconde un tesoro, boca del horno donde se hacen las hostias, sonrientes labios entreabiertos y atroces, nupcias de la luz y la sombra, de lo visible y lo invisible (allí espera la carne su resurrección y el día de la vida perdurable). Patria de sangre, única tierra que conozco y me conoce, única patria en la que creo, única puerta al infinito.
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aveces te siento mas cerca cuando simplemente deslizo mis dedos sobre tu piel. por lo menos, te siento mas humano, como si te pudiera alcanzar el rinconcito de ti que conoce de la ternura. aveces me gustas tosco, feroz, hambriento, porque así comprendo que me necesitas, aunque sea solo en ese momento que nos conocemos de esa forma, de esa manera ansiosa y desesperada. aveces me conformo con solo besar ese lunar, y acomodarme en tus brazos, piel con piel, y huesos enredados, descansando un poco, peleando los dos perezosamente el sueño. (interesante que sin falla después de llorar me de sueño, y después de quererte también) aveces me calma simplemente estar así, tranquilos y respirando igual, tus dedos trazando figuras en mi cintura, sin decir una palabra y dejando escapar aquel o otro suspiro. aveces estoy bien, imaginando que me quieres.
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Feb 22, 2013
Feb 22, 2013 at 2:13 AM UTC
Aveces.
Todo tu cuerpo tiene copa o dulzura destinada a mí Cuando subo la mano encuentro en cada sitio una paloma que me buscaba, como si te hubieran, amor, hecho de arcilla para mis propias manos de alfarero. Tus rodillas, tus senos, tu cintura faltan en mí como en el hueco de una tierra sedienta de la que desprendieron una forma, y juntos somos completos como un solo río, como una sola arena.
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El alfarero
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Canto a españa
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la espesura Con mi liana a la cintura Y mis abóreos timbales. Compañero de mis males, Yo mismo te trasplanté. Surgiste y yo progresé: En los mejores hoteles Te dijeron ¡qué bien hueles! Y yo asentí "¡uí, mesié!". Tú: de porcelana fina, Cigarro puro y cognac. Yo de smoking, yo de frac, Yo recibiendo propina. Tú a la Bolsa, yo a la ruina; Tú subiste, yo bajé... En los muelles te encontré, Vi que te echaban al mar Y ni lo pude evitar Ni a las aguas me arrojé. Y conocimos al Peón Con su "café carretero", Y hablando con el Obrero Recorrimos la nación. Se habló de revolución Entre sorbos de café: Cogí el machete... dudé, ¡Tú me infundiste valor Y a sangre y fuego y sudor Mi libertad conquisté...! Después vimos al Poeta: Lejano, meditabundo, Queriendo arreglar el mundo Con una sola cuarteta. Yo, convertido en peseta, Hasta sus plantas rodé: ¡Qué ojos los que iluminé, Que trilogía formamos Los pobres que limosneamos El Poeta y su café...! Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia, Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor... ¡Vamos hermanos, valor, El café nos pide fe; Y Changó y Ochún y Agué Piden un grito que vibre Por nuestra América Libre, Libre como su café!
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El café
Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia. Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor. Tú viajaste a Nueva York Con visa en Bab-el-Mandeb, Yo mi Trópico crucé De Abisinia a las Antillas. Soy como ustedes semillas. Son un grano de café. En los tiempos coloniales Tú me viste en la espesura Con mi liana a la cintura Y mis abóreos timbales. Compañero de mis males, Yo mismo te trasplanté. Surgiste y yo progresé: En los mejores hoteles Te dijeron ¡qué bien hueles! Y yo asentí "¡uí, mesié!". Tú: de porcelana fina, Cigarro puro y cognac. Yo de smoking, yo de frac, Yo recibiendo propina. Tú a la Bolsa, yo a la ruina; Tú subiste, yo bajé... En los muelles te encontré, Vi que te echaban al mar Y ni lo pude evitar Ni a las aguas me arrojé. Y conocimos al Peón Con su "café carretero", Y hablando con el Obrero Recorrimos la nación. Se habló de revolución Entre sorbos de café: Cogí el machete... dudé, ¡Tú me infundiste valor Y a sangre y fuego y sudor Mi libertad conquisté...! Después vimos al Poeta: Lejano, meditabundo, Queriendo arreglar el mundo Con una sola cuarteta. Yo, convertido en peseta, Hasta sus plantas rodé: ¡Qué ojos los que iluminé, Que trilogía formamos Los pobres que limosneamos El Poeta y su café...! Tengo tu mismo color Y tu misma procedencia, Somos aroma y esencia Y amargo es nuestro sabor... ¡Vamos hermanos, valor, El café nos pide fe; Y Changó y Ochún y Agué Piden un grito que vibre Por nuestra América Libre, Libre como su café!
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Ay hijo, sabes, sabes de dónde vienes? De un lago con gaviotas blancas y hambrientas. Junto al agua de invierno ella y yo levantamos una fogata roja gastándonos los labios de besarnos el alma, echando al fuego todo, quemándonos la vida. Así llegaste al mundo. Pero ella para verme y para verte un día atravesó los mares y yo para abrazar su pequeña cintura toda la tierra anduve, con guerras y montañas, con arenas y espinas. Así llegaste al mundo. De tantos sitios vienes, del agua y de la tierra, del fuego y de la nieve, de tan lejos caminas hacia nosotros dos, desde el amor terrible que nos ha encadenado, que queremos saber cómo eres, qué nos dices, porque tú sabes más del mundo que te dimos. Como una gran tormenta sacudimos nosotros el árbol de la vida hasta las más ocultas fibras de las raíces y apareces ahora cantando en el follaje, en la más alta rama que contigo alcanzamos.
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El hijo
Un cielo de oro y de brasas Un río de plata fina Y Fray Bentos de esperanza, Crece que crece en la orilla. La paz jovial es su rosa De Jericó, en la cintura. Cantan antiguos bambúes Bajo sus claros de luna. Y canta el viento costeño Coplas de islas y peces Mientras el río jocundo Deshila azules y verdes. En la fragua de su ocaso La noche se purifica Tan leve y tan silenciosa Como un racimo de lilas. Fray Bentos lleno de duende ¡Qué buena para mi alma Tu dulce vida perfecta! ¡Qué buena que en tí ha de ser La riqueza de una casa Y de un jardín de rosales Hasta la orilla del agua! Un crepúsculo me diste En añiles y agapantos Como yo nunca había visto Si no en gladiolos y cardos. Quizá Blanes lo soñaba Y Cúneo tal vez un día, Lo vea y ponga en sus cielos De lunas y Tres Marías. Guárdame, ciudad de gracia. Un hueco para mi sueño, En tu playa de bambúes En tu placita de encuentros. Un día yo iré a pedirte Un vaso de agua una tarde de magnolias y duraznos De cielo en oro y jades. ¡No tengo más que un romance Para tu arcángel del aire! ¡Fray Bentos: tómamelo Como si fuera un diamante!
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Romance de fray bentos
No quisiera molestarte, ni incomodarte como estás: Bella, deseable como siempre, y perfecta hasta los pies. No es iniciar en ti mi vida lo que busco, no busco lo impensable. No espero lo improbable; no deseo aquel romance. Trastornado en tu cintura, vuelto loco entre tus pechos. Maravillado ante tus labios, impresionado con tus ojos. Hacerte mía es lo que quiero, comunicar lo que con versos, sólo no puedo. Aprisionado entre el deseo y la barbarie, siento el único motivo; Por infestar tu piel tan blanca, y obscurecer tu inocencia. Por desgarrar tu coquetería, y seducir tu templez. Por impregnar tu olor en mí. Por desvariar pensando en ti. Por inventarte como te vi. Por desnudar tu sencillez, y poseer tu timidez.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:04 PM UTC
Barbaridades
Tengo olor de tierra. Tengo sabor de café y miel en la lengua, Tengo un saxofón, un acordeón y un par de teclas que caminan. Que se mueven despacio, que también saben violentarse, jadeándose entre pasos al ritmo de un guaguancó. Se liberan al ritmo de un son cubano, Se rompen la espalda en una quebradita, pues soy chaparrita. Un Merengue suavecito de mi adorada Quisqueya. Mi patria bella, con sus mulatas, y azúcar en la cintura. Llevo a Puerto Rico en una Salsa o una Bomba y Plena que espante la monotonía, y en una Cumbia Colombiana, me conecto a todos mis paisas. Llevo un gaucho argentino con un Mate, un Gardel y un buen Tango en el corazoncito. Entre doble pasos va saliendo mi espíritu gitano. Voy moviendo el piso al sonido de un Flamenco. y si llegan a sentir una Zamba se transportan mis pies a Brasil y bailo y hablo en portugués. No, yo no tengo patria, llevo la música en el alma. No, yo no soy bailarina. Si, voy viajado el mundo en sonidos de artistas con sueños. Yo soy negra y a puro orgullo, fluye por mi cuerpo el sonido del pueblo, Los tambores de África percutan por mis pies. Yo soy del sonido que alegre mis pies. Yo soy del país que me acoja en su ritmo. Yo soy del mundo, Yo soy música. Yo soy los pies que bailan por la paz, por la justicia, por la igualdad. Yo soy música y no más! LeydisProse 6/9/2017 https://m.facebook.com/LeydisProse/
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Jun 9, 2017
Jun 9, 2017 at 2:10 PM UTC
LLEVO LA MUSICA EN LOS PIES
Sulfato olor endulzado Color verde AZULADO sensación fuera del tiempo Tus manos recorren el viento. Tus ojos color morado. No perderé tu perfume, Tu encuentras mis manos En la mirada de tus labios Kilómetros tras tu sombra. Años por segundos, Palabras para tus oídos Que entregan mis suspiros. Inolvidable es tu color... Te llevo en mi sangre Gotas del olvido. Te recuperare mi alivio. Sombras que nunca olvido La distancia no es mi amigo Te encapsuló en el liso De arándanos cohibidos. Te hablé sin compromisos Sirena invisible Te volví poesía irrompible Te encuentro verde impredecible. Felicidad incontable En vueltas a la luna Pensando en tu cintura He recuperado mi locura.
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Dec 26, 2014
Dec 26, 2014 at 5:59 AM UTC
Sulfato mi alivio