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"ciegan" poems
La fuente trueca su cantata. Se mueven todos los caminos... Mar de la aurora, mar de plata, ¡qué nuevo estás entre los pinos! Viento del sur ¿vienes sonoro de granas? Ciegan los caminos... Mar de la siesta, mar de oro, ¡qué loco estás sobre los pinos! Dice el verdón no sé qué cosa. Mi alma se va por los caminos... Mar de la tarde, mar de rosa, ¡qué dulce estás bajo los pinos!
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El mar lejano
La fuente aleja su cantata despiertan todos los caminos... Mar de la aurora, mar de plata, ¡qué limpio estás entre los pinos! Viento del sur ¿vienes sonoro de soles? Ciegan los caminos... Mar de la siesta, mar de oro, ¡qué alegre estás sobre los pinos! Dice el verdón no sé qué cosa. Mi alma se va por los caminos... Mar de la tarde, mar de rosa, ¡qué dulce estás entre los pinos!
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Balada del mar lejano
¿No sientes por dentro el peso del vacío? ¿No sientes las espadas que atraviesan tu carne ? ¿No es cada vez más de noche ? ¿No hace cada vez más frío? Es momento de cuestionar si la felicidad es más profunda, o si, tal vez, hoy solo contamos con más calmantes, más drogas, más distracciones que nos ciegan ante la cruda realidad. Hay que preguntarse si la felicidad es más profunda o es solo que hoy tenemos más calmantes, mas drogas,mas distracciones que nos ciegan ante la realidad . Habría que preguntarse si, al declarar que el dolor y la muerte no existen, no será que simplemente los vemos menos , porque los hemos arrinconado en hospitales, cárceles, suburbios, en esos terceros mundos de los que oímos, pero nunca vemos. . No enmascares el dolor del mundo No ocultes este valle de lágrimas No ignores el podrido océano del mal moral , La carne limpia de los fariseos no ocultan el putrefacto hedor de la falsa ética Si Dios nos abriera los ojos al mundo invisible, al mundo que nos negamos a ver, caeríamos muertos, pues es repugnante lo abominable que puede llegar a ser el ser humano, el egoísmo , la hipocresía, mediocridad, violencia , angustia, dolor y sufrimiento. No, no estás vacío; estás lleno de parásitos. No, no sientes esa espada, porque eres tú quien la clava. No, no ves la noche, porque te niegas a mirar. Pero sí, puedes sentir ese frío, porque en verdad, estás muerto , devorado por los parásitos
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Oct 17, 2024
Oct 17, 2024 at 11:54 AM UTC
Parásitos del ser
Un quieto resplandor me inunda y ciega, un deslumbrado círculo vacío, porque a la misma luz su luz la niega. Cierro los ojos y a mi sombra fío esta inasible gloria, este minuto, y a su voraz eternidad me alío. Dentro de mí palpita, flor y fruto, la aprisionada luz, ruina quemante, vivo carbón, pues lo encendido enluto. Ya entraña temblorosa su diamante, en mí se funde el día calcinado, brasa interior, coral agonizante. En mi párpado late, traspasado, el resplandor del mundo y sus espinas me ciegan, paraíso clausurado. Sombras del mundo, cálidas rüinas, sueñan bajo mi piel y su latido anega, sordo, mis desiertas minas. Lento y tenaz, el día sumergido es una sombra trémula y caliente, un ***** mar que avanza sin sonido, ojo que gira ciego y que presiente formas que ya no ve y a las que llega por mi tacto, disuelto en mi corriente. Cuerpo adentro la sangre nos anega y ya no hay cuerpo más, sino un deshielo, una onda, vibración que se disgrega. Medianoche del cuerpo, toda cielo, bosque de pulsaciones y espesura, nocturno mediodía del subsuelo, ¿este caer en una entraña obscura es de la misma luz del mediodía que erige lo que toca en escultura? -El cuerpo es infinito y melodía.
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Mediodía
Mirad: el arco de la vida traza el iris sobre el campo que verdea. Buscad vuestros amores, doncellitas, donde brota la fuente de la piedra. En donde el agua ríe y sueña y pasa, allí el romance del amor se cuenta. ¿No han de mirar un día, en vuestros brazos, atónitos, el sol de primavera, ojos que vienen a la luz cerrados, y que al partirse de la vida ciegan? ¿No beberán un día en vuestros senos los que mañana labrarán la tierra? ¡Oh, celebrad este domingo claro, madrecitas en flor, vuestras entrañas nuevas!. Gozad esta sonrisa de vuestra ruda madre. Ya sus hermosos nidos habitan las cigüeñas, y escriben en las torres sus blancos garabatos. Como esmeraldas lucen los musgos de las peñas. Entre los robles muerden los negros toros la menuda hierba, y el pastor que apacienta los merinos su pardo sayo en la montaña deja.
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Pascua de resurrección