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"catedral" poems
Yo quiero ser la otra: La que escondes de noche, La de paseos en coche, La de cosas prohibidas, Quiero ser la querida: Por siempre tu derroche, Cómplice en tus huidas, La que lame tus heridas Y sabe mirarte a los ojos (Cuando ni tú mismo te reconoces,) Jamás ser la oficial, Ni la de la silla presidencial, Ni la santísima catedral, Yo: Yo quiero ser templo escondido, En medio de la sombra del suplicio, A donde llegas hambriento y cansado A ofrecer tu sacrificio, Tu amor Sin derechos, ni beneficios... Caemos lentamente al precipicio, Donde dicen que de allá uno jamás vuelve, Una sombra roja nos envuelve, Dicen que ahí es donde los pecados se absuelven, Ahí, donde te conocí, En ese bar de mala muerte, De la mano de aquel con el alma rota... Yo quiero ser la otra.
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Oct 3, 2016
Oct 3, 2016 at 4:11 AM UTC
La Otra
Esta sal del salero yo la vi en los salares. Sé que no van a creerme, pero canta, canta la sal, la piel de los salares, canta con una boca ahogada por la tierra. Me estremecí en aquellas soledades cuando escuché la voz de la sal en el desierto. Cerca de Antofagasta toda la pampa salitrosa suena: es una voz quebrada, un lastimero canto. Luego en sus cavidades la sal gema, montaña de una luz enterrada, catedral transparente, cristal del mar, olvido de las olas. Y luego en cada mesa de ese mundo, sal, tu substancia ágil espolvoreando la luz vital sobre los alimentos. Preservadora de las antiguas bodegas del navío, descubridora fuiste en el océano, materia adelantada en los desconocidos, entreabiertos senderos de la espuma. Polvo del mar, la lengua de ti recibe un beso de la noche marina: el gusto funde en cada sazonado manjar tu oceanía y así la mínima, la minúscula ola del salero nos enseña no sólo su doméstica blancura, sino el sabor central del infinito.
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Oda a la sal
A nobreza de tua família, teus descendentes! Fernando era teu nome, Deus te chamou... Junto a água pura Deus te abençoou, Os peixes estavam contentes, Tua catedral resplandecente, Santo do amor eterno e confiante. A tua voz sagrada, Em Pádua a vi idolatrada. Teu túmulo que me fez chorar com amor, Meu santo amigo, eterno confessor. Contigo aprendi a ser humano e amigo, Me deleito a orar contigo. Rezo a Deus e busco tua sabedoria infinita, Pois Deus a todos beatifica.. Victor Marques
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Dec 14, 2009
Dec 14, 2009 at 8:11 AM UTC
Santo António de Lisboa e Padova
Deus, Nossa Senhora e Santo António Acredito em Deus com amor, convicção, Rezo com a fé do coração. Na estrada da vida e da sorte, Deus nos dá a vida e a morte…. Virgem Maria, eterna Mãe e companhia, Me iluminas com luz resplandecente, Durante a noite e o dia, Hoje, amanhã e sempre. Santo António, de Padova , Lisboa saudosista, Dos doutores Deus te abençoo, Amor do Teu Deus te santificou, Doutor celestial meu predilecto, És meu Santo com afecto…. Tua linda catedral, Te toquei com encanto divinal, És santo com doce ternura, Tudo por ti tem cura… Victor Marques
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Aug 30, 2010
Aug 30, 2010 at 9:21 AM UTC
Deus, Nossa Senhora e Santo António
De aquellos azahares desatados por la luz de la luna, de aquel olor de amor exasperado, hundido en la fragancia, salió del limonero el amarillo, desde su planetario bajaron a la tierra los limones. Tierna mercadería! Se llenaron las costas, los mercados, de luz, de oro silvestre, y abrimos dos mitades de milagro, ácido congelado que corría desde los hemisferios de una estrella, y el licor más profundo de la naturaleza, intransferible, vivo, irreductible, nació de la frescura del limón, de su casa fragante, de su ácida, secreta simetría. En el limón cortaron los cuchillos una pequeña catedral, el ábside escondido abrió a la luz los ácidos vitrales y en gotas resbalaron los topacios, los altares, la fresca arquitectura. Así, cuando tu mano empuña el hemisferio del cortado limón sobre tu plato, un universo de oro derramaste, una copa amarilla con milagros, uno de los pezones olorosos del pecho de la tierra, el rayo de la luz que se hizo fruta, el fuego diminuto de un planeta.
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Oda al limón
Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche, ya tras del cementerio se fue el sol; aquí se está llorando a mil pupilas: no vuelvas; ya murió mi corazón. Silencio. Aquí ya todo está vestido de dolor riguroso; y arde apenas, como un mal kerosene, esta pasión. Primavera vendrá. Cantarás «Eva» desde un minuto horizontal, desde un hornillo en que arderán los nardos de Eros. ¡Forja allí tu perdón para el poeta, que ha de dolerme aún, como clavo que cierra un ataúd! Mas... una noche de lirismo, tu buen seno, tu mar rojo se azotará con olas de quince años, al ver lejos, aviado con recuerdos mi corsario bajel, mi ingratitud. Después, tu manzanar, tu labio dándose, y que se aja por mí por la vez última, y que muere sangriento de amar mucho, como un croquis pagano de Jesús. Amada! Y cantarás; y ha de vibrar el femenino en mi alma, como en una enlutada catedral.
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Yeso
Con mi razón apenas, con mis dedos, con lentas aguas lentas inundadas, caigo al imperio de los nomeolvides, a una tenaz atmósfera de luto, a una olvidada sala decaída, a un racimo de tréboles amargos.Caigo en la sombra, en medio de destruidas cosas, y miro arañas, y apaciento bosques de secretas maderas inconclusas, y ando entre húmedas fibras arrancadas al vivo ser de substancia y silencio.Dulce materia, oh rosa de alas secas, en mi hundimiento tus pétalos subo con pies pesados de roja fatiga, y en tu catedral dura me arrodillo golpeándome los labios con un ángel.Es que soy yo ante tu color de mundo, ante tus pálidas espadas muertas, ante tus corazones reunidos, ante tu silenciosa multitud. Soy yo ante tu ola de olores muriendo, envueltos en otoño y resistencia: soy yo emprendiendo un viaje funerario entre sus cicatrices amarillas:soy yo con mis lamentos sin origen, sin alimentos, desvelado, solo, entrando oscurecidos corredores, llegando a tu materia misteriosa. Veo moverse tus corrientes secas, veo crecer manos interrumpidas, oigo tus vegetales oceánicos crujir de noche y furia sacudidos, y siento morir hojas hacia adentro, incorporando materiales verdes a tu inmovilidad desamparada.Poros, vetas, círculos de dulzura, peso, temperatura silenciosa, flechas pegadas a tu alma caída, seres dormidos en tu boca espesa, polvo de dulce pulpa consumida, ceniza llena de apagadas almas, venid a mí, a mi sueño sin medida, caed en mi alcoba en que la noche cae y cae sin cesar como agua rota, y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme, a vuestros materiales sometidos, a vuestras muertas palomas neutrales, y hagamos fuego, y silencio, y sonido, y ardamos, y callemos, y campanas.
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Entrada a la madera
Con mi razón apenas, con mis dedos, con lentas aguas lentas inundadas, caigo al imperio de los nomeolvides, a una tenaz atmósfera de luto, a una olvidada sala decaída, a un racimo de tréboles amargos.Caigo en la sombra, en medio de destruidas cosas, y miro arañas, y apaciento bosques de secretas maderas inconclusas, y ando entre húmedas fibras arrancadas al vivo ser de substancia y silencio.Dulce materia, oh rosa de alas secas, en mi hundimiento tus pétalos subo con pies pesados de roja fatiga, y en tu catedral dura me arrodillo golpeándome los labios con un ángel.Es que soy yo ante tu color de mundo, ante tus pálidas espadas muertas, ante tus corazones reunidos, ante tu silenciosa multitud. Soy yo ante tu ola de olores muriendo, envueltos en otoño y resistencia: soy yo emprendiendo un viaje funerario entre sus cicatrices amarillas:soy yo con mis lamentos sin origen, sin alimentos, desvelado, solo, entrando oscurecidos corredores, llegando a tu materia misteriosa. Veo moverse tus corrientes secas, veo crecer manos interrumpidas, oigo tus vegetales oceánicos crujir de noche y furia sacudidos, y siento morir hojas hacia adentro, incorporando materiales verdes a tu inmovilidad desamparada.Poros, vetas, círculos de dulzura, peso, temperatura silenciosa, flechas pegadas a tu alma caída, seres dormidos en tu boca espesa, polvo de dulce pulpa consumida, ceniza llena de apagadas almas, venid a mí, a mi sueño sin medida, caed en mi alcoba en que la noche cae y cae sin cesar como agua rota, y a vuestra vida, a vuestra muerte asidme, a vuestros materiales sometidos, a vuestras muertas palomas neutrales, y hagamos fuego, y silencio, y sonido, y ardamos, y callemos, y campanas.
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He de encomiar en verso sincerista la capital bizarra de mi Estado, que es un cielo cruel y una tierra colorada. Una frialdad unánime en el ambiente, y unas recatadas señoritas con rostro de manzana, ilustraciones prófugas De las cajas de pasas. Católicos de Pedro el Ermitaño y jacobinos de época terciaria. (Y se odian los unos a los otros con buena fe.)                       Una típica montaña que, fingiendo un corcel que se encabrita, al dorso lleva una capilla, alzada al Patrocinio de la Virgen.                                       Altas y bajas del terreno, que son siempre una broma pesada. Y una Catedral, y una campana mayor que cuando suena, simultánea con el primer clarín del primer gallo, en las avemarías, me da lástima que no la escuche el Papa. Porque la cristiandad entonces clama cual si fuese su queja mas urgida la vibración metálica, y al concurrir ese clamor concéntrico del bronce, en el ánima del ánima, se siente que las aguas del bautismo nos corren por los huesos y otra vez nos penetran y nos lavan.
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La bizarra capital de mi estado...
The heat, The scorching rays Of sand Under the sun, But far more Was in the air Than simple dust Floating around. For under that heat, From the royal palace To the basin Of the mountain hike To the beaches And rocks To the botellon And the catedral To the fiesta on The first night To Santa Anna On the penultimate To that last day In Guadix And the last night In Madrid To the plane ride Back And still, Here, As well, It shall never Stop.
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Aug 28, 2015
Aug 28, 2015 at 3:15 PM UTC
Memories
Cuando yo era el niñodiós, era Moguer, este pueblo, una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro. Cada casa era palacio y catedral cada templo; estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo; y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro, alegres como las nubes, como los vientos, lijeros, creyendo que el horizonte era la raya del término. Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo después del primer faltar, me pareció un cementerio. Las casas no eran palacios ni catedrales los templos, y en todas partes reinaban la soledad y el silencio. Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto, con Concha la Mandadera, toda de ***** con ***** que, bajo el tórrido sol y por la calle de Enmedio, iba tirando doblada del niñodiós y su perro: el niño todo metido en hondo ensimismamiento, el perro considerándolo con aprobación y esmero. ¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niñodiós huyendo? ¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero! ¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo; ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero, morir siendo el niñodiós en mi Moguer, este pueblo!
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Cuando yo era el niñodiós
Hay ciudades que son capitales de gloria y otras que son ciudadelas del asco hay ciudades que son capitales de audacia y otras que apenas son escombreras del miedo pero aun sin llegar a esos extremos en unas y otras hay rasgos comunes el puerto / la avenida principal / callejón de burdeles / la catedral severa monumentos donde dejan sus flores ex tiranos y sus máscaras de odio hay suburbios que ocultan la otra cara la miserable la mendiga metrópolis de atmósfera viciada y otras que apenas tienen un smog espiritual ciudades con sus mafias barrasbravas y sectas y otras con angelitos ya pasados de moda pero aun sin llegar a esos extremos ostentan atributos compartidos por ejemplo el deber de estar alegres durante el carnaval de fecha fija y mostrarse llorosas y agobiadas el día de difuntos o en su víspera o estar enamoradas y tiernísimas el st.valentine's day que trajeron del norte hay ciudades que osan defenderse de la hipocresía y el consumismo y otras que se entregan indefensas al consumismo y la hipocresía ciertamente ninguna ciudad es tan infame ni tan espléndida o deslumbrante tal vez una y otra sean de fábula pensadas desde cierta soledad ominosa pero aun en las franjas de quimera en los puntos que nacen del desvelo hay ciudades para vivir / y otras en las que no querría ni caerme muerto
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Tantas ciudades
Una espiga es todo el trigo Una pluma un pájaro vivo y cantando Un hombre de carne es un hombre de sueño La verdad no se parte El trueno proclama los hechos del relámpago Una mujer soñada encarna siempre en una forma amada El árbol dormido pronuncia verdes oráculos El agua habla sin cesar y nunca se repite En la balanza de unos párpados el sueño no pesa En la balanza de una lengua que delira Una lengua de mujer que dice sí a la vida El ave del paraíso abre las alas Como la marejada verde de marzo en el campo Entre los años de sequía te abres paso Nuestras miradas se cruzan se entrelazan Tejen un transparente vestido de fuego Una yedra dorada que te cubre Alta y desnuda sonríes como la catedral el día del incendio Con el mismo gesto de la lluvia en el trópico lo has arrasado todo Los días harapientos caen a nuestros pies No hay nada sino dos seres desnudos y abrazados Un surtidor en el centro de la pieza Manantiales que duermen con los ojos abiertos Jardines de agua flores de agua piedras preciosas de agua Verdes monarquías La noche de jade gira lentamente sobre sí misma
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Refranes
Es día de mercado. Gentío vocinglero. El toque de las doce suena en la Catedral. Todos la frente inclinan, en la mano el sombrero, Y hay silencio en la plaza y en la Calle Real. Luego, desde la Audiencia, la voz del pregonero Grita que castigado con pena capital Será todo cismático, blasfemo o hechicero. «Yo el Rey», dice la Cédula, dada en el Escorial. La siesta. Se oye el agua por el caño. Modorra. Monserrate, entre brumas, lentamente se borra. La tarde. Bellas damas se ven en un balcón. Y bendiciendo al pueblo, la Plaza Mayor cruza, En su mula retinta, de pradera andaluza, El Arzobispo, en lento paseo a Fontibón.
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Día en santa fe