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"carnes" poems
¿Por qué, por qué tiene que ser así? Esto no es correcto, no para mí. No quiero que me digan que pruebe el “Café de Costa Rica”, los “Bombones de Colombia”, las “Arepas de Venezuela”, las “Carnes de Argentina", las “Pastas italianas”, los “Tacos mexicanos”, la “Tortilla española”, la “Comida china” o la “Pizza con el ingrediente especial de Italia”. No quiero que me digan “Esto está hecho en China” ni “¡Wao! Esto no está hecho en China, está hecho en Taiwan”. No quiero que me digan “Mira este documental de África”, “Que hermosa se ve esa foto de la Torre Eiffel” o “Que alto debe estar ese edificio de New York”. No quiero que me cuenten cómo les fue en su viaje a Europa, su jornada en California o sus problemas mientras estuvieron en Canada. No quiero que me relaten las historias aprendidas durante su tiempo en Egipto o los bailes ensayados mientras estaban en Brasil. No quiero que hablen de su críticas respecto a la cutura de India, de Guyana o de Cuba. No quiero que me describan lo exquisita que estuvo la comida en Perú, en Australia o en República Dominicana. No quiero que me muestren la música de Jamaica o la de Rusia. No quiero que me digan  o me enseñen nada, nada más. Quiero yo poder probar los alimentos en su nacionalidad. Quiero sentir el aroma del café en las mañanas durante unas vacaciones en Costa Rica y probar ese toque especial que hace que la pizza en Italia sea diferente a la que acostumbramos a ordenar. Quiero ver cómo hacen los artefactos, estar en China y luego en Taiwan, tener esa experiencia de crear algo. Quiero visitar África y tomar mi propio documental, treparme en ese gigante edificio y apreciar la hermosa vista. Quiero ser yo la que cuente mi experiencia en las calles de Europa, California o Canada. Quiero aprender historias sobre Egipto y sus magníficas esculturas, incluso quiero aprender a darzar como lo hacen en Brasil y cada movimiento perfeccionar. Quiero dar las críticas sobre mis pensamientos hacia dichas culturas, pero con respeto. Quiero describir los suculentos platos y hacer que las personas se los imaginen, de tal manera que hasta en sus paladares puedan sentirlos. Quiero  escuchar la música de Jamaica y la de Rusia y si es en vivo, aún mejor, así podré meditarla e interpretarla. Puede sonar un poco alocado y para muchos sin sentido, pero para mí es más que un simple pensamiento o cualquier capricho, son sueños y metas que a diario me propongo. Para ello hay que trabajar duro, pero desde mi niñez me enseñaron que “el que quiere puede, solo hay que perseverar para triunfar”. Sé que algún día lo voy a alcanzar y todos se sorprenderán, cuando con orgullo les relate sobre lo que un día fue “un simple  deseo internacional ”.
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Apr 4, 2015
Apr 4, 2015 at 12:24 PM UTC
Deseo internacional
¿Por qué, por qué tiene que ser así? Esto no es correcto, no para mí. No quiero que me digan que pruebe el “Café de Costa Rica”, los “Bombones de Colombia”, las “Arepas de Venezuela”, las “Carnes de Argentina", las “Pastas italianas”, los “Tacos mexicanos”, la “Tortilla española”, la “Comida china” o la “Pizza con el ingrediente especial de Italia”. No quiero que me digan “Esto está hecho en China” ni “¡Wao! Esto no está hecho en China, está hecho en Taiwan”. No quiero que me digan “Mira este documental de África”, “Que hermosa se ve esa foto de la Torre Eiffel” o “Que alto debe estar ese edificio de New York”. No quiero que me cuenten cómo les fue en su viaje a Europa, su jornada en California o sus problemas mientras estuvieron en Canada. No quiero que me relaten las historias aprendidas durante su tiempo en Egipto o los bailes ensayados mientras estaban en Brasil. No quiero que hablen de su críticas respecto a la cutura de India, de Guyana o de Cuba. No quiero que me describan lo exquisita que estuvo la comida en Perú, en Australia o en República Dominicana. No quiero que me muestren la música de Jamaica o la de Rusia. No quiero que me digan  o me enseñen nada, nada más. Quiero yo poder probar los alimentos en su nacionalidad. Quiero sentir el aroma del café en las mañanas durante unas vacaciones en Costa Rica y probar ese toque especial que hace que la pizza en Italia sea diferente a la que acostumbramos a ordenar. Quiero ver cómo hacen los artefactos, estar en China y luego en Taiwan, tener esa experiencia de crear algo. Quiero visitar África y tomar mi propio documental, treparme en ese gigante edificio y apreciar la hermosa vista. Quiero ser yo la que cuente mi experiencia en las calles de Europa, California o Canada. Quiero aprender historias sobre Egipto y sus magníficas esculturas, incluso quiero aprender a darzar como lo hacen en Brasil y cada movimiento perfeccionar. Quiero dar las críticas sobre mis pensamientos hacia dichas culturas, pero con respeto. Quiero describir los suculentos platos y hacer que las personas se los imaginen, de tal manera que hasta en sus paladares puedan sentirlos. Quiero  escuchar la música de Jamaica y la de Rusia y si es en vivo, aún mejor, así podré meditarla e interpretarla. Puede sonar un poco alocado y para muchos sin sentido, pero para mí es más que un simple pensamiento o cualquier capricho, son sueños y metas que a diario me propongo. Para ello hay que trabajar duro, pero desde mi niñez me enseñaron que “el que quiere puede, solo hay que perseverar para triunfar”. Sé que algún día lo voy a alcanzar y todos se sorprenderán, cuando con orgullo les relate sobre lo que un día fue “un simple  deseo internacional ”.
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Tú me quieres alba, Me quieres de espumas, Me quieres de nácar. Que sea azucena Sobre todas, casta. De perfume tenue. Corola cerrada. Ni un rayo de luna Filtrado me haya. Ni una margarita Se diga mi hermana. Tú me quieres nívea, Tú me quieres blanca, Tú me quieres alba. Tú que hubiste todas Las copas a mano, De frutos y mieles Los labios morados. Tú que en el banquete Cubierto de pámpanos Dejaste las carnes Festejando a Baco. Tú que en los jardines Negros del Engaño Vestido de rojo Corriste al Estrago. Tú que el esqueleto Conservas intacto No sé todavía Por cuáles milagros, Me pretendes blanca (Dios te lo perdone), Me pretendes casta (Dios te lo perdone), Me pretendes alba. Huye hacia los bosques; Vete a la montaña; Límpiate la boca; Vive en las cabañas; Toca con las manos La tierra mojada; Alimenta el cuerpo Con raíz amarga; Bebe de las rocas; Duerme sobre escarcha; Renueva tejidos Con salitre y agua; Habla con los pájaros Y lévate al alba. Y cuando las carnes Te sean tornadas, Y cuando hayas puesto En ellas el alma Que por las alcobas Se quedó enredada, Entonces, buen hombre, Preténdeme blanca, Preténdeme nívea, Preténdeme casta.
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Tú me quieres blanca
I think it very sad, don't you?- That we grow old but songs never do. I'm listening to Kim Carnes sing of Betty Davis eyes but I can't will myself back to the Dublin Pub where I heard it the first time. We were young and beautiful then. (Vouch for me, I'll vouch for you) I hear they've torn the old place down. That's a **** shame, sad but true
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Mar 27, 2018
Mar 27, 2018 at 5:55 PM UTC
The Songs remain the same
Nuez moscada Unico La seleccion mas natural Nuez moscada molida nuez moscada Modo de empleo Por su aroma y ligero sabor Picante es ideal para sopas Espinacas coliflor patatas Aperativos carnes croquetas Salsas y en reposteria Peso neto 45 gramos Conservar en un lugar fresco y seco Nuez moscada
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May 21, 2015
May 21, 2015 at 8:03 AM UTC
Nuez moscada (nutmeg)
Te ando buscando, amor que nunca llegas, te ando buscando, amor que te mezquinas, me aguzo por saber si me adivinas, me doblo por saber si te me entregas. Las tempestades mías, andariegas, se han aquietado sobre un haz de espinas; sangran mis carnes gotas purpurinas porque a salvarme, oh niño, te me niegas. Mira que estoy de pie sobre los leños, que a veces bastan unos pocos sueños para encender la llama que me pierde. Sálvame, amor, y con tus manos puras trueca este fuego en límpidas dulzuras y haz de mis leños una rama verde.
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El divino amor
Corrido el cortinaje, desde el balcón de enfrente vi su cuarto, el cuarto de la virgen, que mi sueño arrulla en las mañanas con su canto. Jarrones de Sajonia descansaban sobre consola de bruñido mármol; y del sol que moría los postrimeros rayos hacían resaltar en la penumbra las doradas molduras de los cuadros, las lámparas de bronce los ricos muebles de nogal tallado, las cortinas del lecho, y en el muro los brillantes espejos venecianos. Y en un rojo sillón, que parecía a su dueña esperar medio borrado por la naciente sombra, se veía un corsé de blanco raso. Y pensé entonces en las frentes pálidas, y en los risueños labios, en los azules ojos y en los cabellos áureos, en las cinturas breves y en los ebúrneos brazos; en el velo flotante de las novias y de las niñas en los sueños castos, y de las vírgenes carnes sonrosadas y en los púdicos senos de alabastro. ¡Quién fuera su corsé! -me dije entonces-, quién fuera su corsé de blanco raso, para saber si late aún su corazón ingrato.
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Su corsé
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Acuarimántima ii
En libre vuelo, el cielo de mi América hender he visto un cóndor ***** errante. ¿Qué abismo circunscribe? ¿Qué intacta nieve augura? Por las arterias de los ciervos montesinos discurre para el cóndor la sangre enardecida, bajo las pieles lúcidas, entre las carnes bellas. ¡La presa viva!, ¡el pico ensangrentado!, ¡el ala pronta!, ¡el ímpetu del vuelo! y un delirar de cumbres y centellas. Así mi impulso al aura de la vida, y así mi Musa en su ilusión liviana de que brote la carne un lirio místico. Bestia de los demonios poseída, ¡oh carne, es hora ya del don eucarístico! Cintila el cielo en gajos de luceros, y querubes de vuelos melodiosos revuelan de luceros a luceros. Tengo la sensación de que discurro delante de los pórticos sagrados: alguien dice mi nombre a la distancia; brotan dulces jardines los collados y asume mi ternura en su fragancia. Claridad estelar, templo encendido, rima errante por noches de pavura, huerto a la luz de Vésper. En olvido mi ser se muere, mi canción no dura, ¿y fui no más un lúgubre alarido? Carne, bestia, mi Amiga y mi Enemiga: yo soy tú, que por leyes ominosas, cual vano mimbre que meció una espiga te haces nada en el polvo de las cosas... ¿Y la divina Psiquis, la Rosa entre las rosas? ¿Y mis amores que irisé de lágrimas? ¿Y mi ciudad nebúlea tras la ilusión del día? ¿Y mis antorchas que erigí de emblema? ¿Y esta inquietud, y este ímpetu anhelante hacia una ley o una verdad suprema? Pesa sobre tus pétalos, ¡oh Rosa Espiritual! tan lóbrega y cerrada la noche, tan vacía y rencorosa, que en vano el brillo de tu broche efunde. Amor. Deleite. Horror. Pavesas. Nada. ¡Nada, nada por siempre! Y merecía mi Alma, por los dioses engañada, la Verdad, y la ley y la Armonía. ¡Sé digna de este horror y de esta nada, y activa y valerosa, ¡oh alma mía!
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Entre los surcos tu cuerpo moreno es un racimo que a la tierra llega. Torna los ojos, mírate lo senos, son dos semillas ácidas y ciegas. Tu carne es tierra que será madura cuando el otoño te tienda las manos, y el surco que será tu sepultura temblará, temblará, como un humano al recibir tus carnes y tus huesos -rosas de pulpa con rosas de cal: rosas que en el primero de los besos vibraron como un vaso de cristal-. ¿La palabra de qué concepto pleno será tu cuerpo? ¡No lo he de saber! Torna los ojos, mírate los senos, tal vez no alcanzarás a florecer.
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Ventana al camino
Hoy me mira la luna blanca y desmesurada. Es la misma de anoche, la misma de mañana. Pero es otra, que nunca fue tan grande y tan pálida. Tiemblo como las luces tiemblan sobre las aguas. Tiemblo como en los ojos suelen temblar las lágrimas. Tiemblo como en las carnes sabe temblar el alma. ¡Oh! la luna ha movido sus dos labios de plata. ¡Oh! la luna me ha dicho las tres viejas palabras: «Muerte, amor y misterio...» ¡Oh, mis carnes se acaban! Sobre las carnes muertas alma mía se enarca. Alma -gato nocturno- sobre la luna salta. Va por los cielos largos triste y acurrucada. Va por los cielos largos sobre la luna blanca.
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Viaje
Blanca sois, señora mía, más que no el rayo del sol ¿si la dormiré esta noche desarmado y sin pavor? que siete años había, siete, que no me desarmo, no. Más negras tengo mis carnes que un tiznado carbón. -Dormilda, señor, dormilda, desarmado sin temor, que el conde es ido a la caza a los montes de *** -Rabia le mate los perros, y águilas el su halcón, y del monte hasta casa a él arrastre el morón.- Ellos en aquesto estando su marido que llegó: -¿Qué hacéis, la Blanca-niña, hija de padre traidor? -Señor, peino mis cabellos, peinolos con gran dolor, que me dejéis a mi sola y a los montes os vais vos. -Esa palabra, la niña, no era sino traición: ¿cuyo es aquel caballo que allá bajo relinchó? -Señor, era de mi padre, y envióoslo para vos. -¿Cuyas son aquellas armas que están en el corredor? -Señor, eran de mi hermano, y hoy os las envió. -¿ Cuya es aquella lanza, desde aquí la veo yo? -Tomalda, conde, tomalda, matadme con ella vos, que aquesta muerte, buen conde bien os la merezco yo.
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Romance de blanca-niña
En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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Al ponerle en la cruz
En tanto que el hoyo cavan a donde la cruz asienten, en que el Cordero levanten figurado por la sierpe, aquella ropa inconsútil que de Nazareth ausente labró la hermosa María después de su parto alegre, de sus delicadas carnes quitan con manos aleves los camareros que tuvo Cristo al tiempo de su muerte. No bajan a desnudarle los espíritus celestes, sino soldados que luego sobre su ropa echan suertes. Quitáronle la corona, y abriéronse tantas fuentes, que todo el cuerpo divino cubre la sangre que vierten. Al despegarle la ropa las heridas reverdecen, pedazos de carne y sangre salieron entre los pliegues. Alma pegada en tus vicios, si no puedes, o no quieres despegarte tus costumbres, piensa en esta ropa, y puede. A la sangrienta cabeza la dura corona vuelven, que para mayor dolor le coronaron dos veces. Asió la soga un soldado, tirando a Cristo, de suerte que donde va por su gusto quiere que por fuerza llegue. Dio Cristo en la cruz de ojos, arrojado de la gente, que primero que la abrace, quieren también que la bese. ¡Qué cama os está esperando, mi Jesús, bien de mis bienes, para que el cuerpo cansado siquiera a morir se acueste! ¡Oh, qué almohada de rosas las espinas os prometen!; ¡qué corredores dorados los duros clavos crueles! Dormid en ella, mi amor, para que el hombre despierte, aunque más dura se os haga que en Belén entre la nieve. Que en fin aquella tendría abrigo de las paredes, las tocas de vuestra Madre, y el heno de aquellos bueyes. ¡Qué vergüenza le daría al Cordero santo el verse, siendo tan honesto y casto, desnudo entre tanta gente! ¡Ay divina Madre suya!, si agora llegáis a verle en tan miserable estado, ¿quién ha de haber que os consuele? Mirad, Reina de los cielos, si el mismo Señor es éste, cuyas carnes parecían de azucenas y claveles. Mas, ¡ay Madre de piedad!, que sobre la cruz le tienden, para tomar la medida por donde los clavos entren. ¡Oh terrible desatino!, medir al inmenso quieren, pero bien cabrá en la cruz el que cupo en el pesebre. Ya Jesús está de espaldas, y tantas penas padece, que con ser la cruz tan dura, ya por descanso la tiene. Alma de pórfido y mármol, mientras en tus vicios duermes, dura cama tiene Cristo, no te despierte la muerte.
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Ya cabalga Diego Ordóñez,   del real se había salido de dobles piezas armado   y un caballo morcillo; va a reptar los zamoranos   por la muerte de su primo, que mató Vellido Dolfos,   hijo de Dolfos Vellido. -Yo os riepto, los zamoranos,   por traidores fementidos, riepto a todos los muertos   y con ellos a los vivos, riepto hombres y mujeres,   los por nacer y nacidos, riepto a todos los grandes,   a los grandes y a los chicos, a las carnes y pescados   y a las aguas de los ríos. Allí habló Arias Gonzalo,   bien oiréis lo que hubo dicho: ¿Qué culpa tienen los viejos?   ¿qué culpa tienen los niños? ¿qué merecen las mujeres   y los que no son nacidos? ¿por qué rieptas a los muertos,   los ganados y los ríos? Bien sabéis vos, Diego Ordóñez,   muy bien lo tenéis sabido, que aquel que riepta a concejo   debe de lidiar con cinco. Ordóñez le respondió:   -Traidores heis todos sido.
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Romance del reto a los zamoranos
Yo soñé con un beso, con un beso postrero en la lívida boca del Señor solitario que desgarra sus carnes sobre el tosco madero en el nicho más íntimo del vetusto santuario. Cuando invaden las sombras el tranquilo crucero, parpadea la llama de la luz del sagrario, y agitando en el puño su herrumbroso llavero, se dirige a las puertas del recinto el ostiario. Con un beso infinito, cual los besos voraces que se dan los amados en la noche de bodas, enredando sus cuerpos como lianas tenaces... Con un beso que fuera mi palladium bendito para todas las ansias de mi ser, para todas las caricias bermejas que me ofrece el delito.
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El beso fantasma
Pintad un hombre joven... con palabras leales y puras; con palabras de ensueño y de emoción: que haya en la estrofa el ritmo de los golpes cordiales y en la rima el encanto móvil de la ilusión. Destacad su figura, neta, contra el azul del cielo, en la mañana florida, sonreída: que el sol la bañe al sesgo y la deje bruñida, que destelle en los ojos una luz encendida, que haga temblar las carnes un ansia contenida y que el torso, y la frente, y los brazos nervudos, y el cándido mirar, y la ciega esperanza, compendien el radiante misterio de la vida...
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Retrato de un joven
Cuando tú duermas sola y olvidada En un angosto féretro, Y la cruz del Señor sobre tu fosa Vele tu último sueño; Cuando a caer empiecen tus mejillas Y gusanos hambrientos Hiervan entre las cuencas de tus ojos, Que tan hermosos fueron; Será el reposo para ti martirio; Será martirio nuevo, E irá tenaz remordimiento horrible A morderte el cerebro. Y aunque la santa cruz tu sueño ampare, Ese remordimiento Irá a tu fosa, donde duermes sola, A remover tus huesos. Seré el Remordimiento. Iré a buscarte De noche, en el silencio; Como una hiena que del día huye Iré a turbar tu sueño; Y con las uñas cavaré la tierra, Y por la ira ciego La cruz que marque tu postrer morada Arrancaré del suelo. ¡Cómo en tu corazón el odio antiguo He de saciar colérico!... ¡Y con qué gozo clavaré las uñas En tu cárdeno seno! A tus lívidas carnes he de unirme, Y me uniré a tus huesos, Como sombrío espectro de venganza, O aborto del infierno. Y a tus oídos, que en lejanos días Mis quejas desoyeron, Diré palabras que, cual hierro ardiente, Quemarán tu cerebro. Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes En mí cruel veneno?» Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas De tus blondos cabellos? ¿No recuerdas la rubia cabellera Que fue cual manto espléndido, Y tus pupilas negras y profundas Con fulgores de incendio? ¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle, Las formas de tu cuerpo? ¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras, Y tu rostro cuan bello? ¡Y yo te amaba! Y a tus pies me viste Y cerraste tu pecho... ¡Y por una mirada de tus ojos Feliz hubiera muerto!» ¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa Levantaré tu cuerpo, Y en la picota lo pondré desnudo Como infamado reo. Mis versos son picota en que a la burla De los hombres te entrego, Picota en que te entrego a la amargura De indecibles tormentos. Morirás otra vez. Te daré muerte Con un martirio lento, Y tu vergüenza -la venganza mía- ¡Pondré en tu frente como estigma eterno!
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El canto del odio
Cuando tú duermas sola y olvidada En un angosto féretro, Y la cruz del Señor sobre tu fosa Vele tu último sueño; Cuando a caer empiecen tus mejillas Y gusanos hambrientos Hiervan entre las cuencas de tus ojos, Que tan hermosos fueron; Será el reposo para ti martirio; Será martirio nuevo, E irá tenaz remordimiento horrible A morderte el cerebro. Y aunque la santa cruz tu sueño ampare, Ese remordimiento Irá a tu fosa, donde duermes sola, A remover tus huesos. Seré el Remordimiento. Iré a buscarte De noche, en el silencio; Como una hiena que del día huye Iré a turbar tu sueño; Y con las uñas cavaré la tierra, Y por la ira ciego La cruz que marque tu postrer morada Arrancaré del suelo. ¡Cómo en tu corazón el odio antiguo He de saciar colérico!... ¡Y con qué gozo clavaré las uñas En tu cárdeno seno! A tus lívidas carnes he de unirme, Y me uniré a tus huesos, Como sombrío espectro de venganza, O aborto del infierno. Y a tus oídos, que en lejanos días Mis quejas desoyeron, Diré palabras que, cual hierro ardiente, Quemarán tu cerebro. Y cuando tú me digas: «¿Por qué viertes En mí cruel veneno?» Yo te responderé: «¿Ya no te acuerdas De tus blondos cabellos? ¿No recuerdas la rubia cabellera Que fue cual manto espléndido, Y tus pupilas negras y profundas Con fulgores de incendio? ¿Ya olvidaste lo esbelto de tu talle, Las formas de tu cuerpo? ¿Ya no recuerdas tú cuan blanca eras, Y tu rostro cuan bello? ¡Y yo te amaba! Y a tus pies me viste Y cerraste tu pecho... ¡Y por una mirada de tus ojos Feliz hubiera muerto!» ¿Ríes? Escucha. De tu abierta fosa Levantaré tu cuerpo, Y en la picota lo pondré desnudo Como infamado reo. Mis versos son picota en que a la burla De los hombres te entrego, Picota en que te entrego a la amargura De indecibles tormentos. Morirás otra vez. Te daré muerte Con un martirio lento, Y tu vergüenza -la venganza mía- ¡Pondré en tu frente como estigma eterno!
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Cayó una hoja y dos y tres. Por la luna nadaba un pez. El agua duerme una hora y el mar blanco duerme cien. La dama estaba muerta en la rama. La monja cantaba dentro de la toronja. La niña iba por el pino a la piña. Y el pino buscaba la plumilla del trino. Pero el ruiseñor lloraba sus heridas alrededor. Y yo también porque cayó una hoja y dos y tres. Y una cabeza de cristal y un violín de papel y la nieve podría con el mundo si la nieve durmiera un mes, y las ramas luchaban con el mundo una a una, dos a dos, y tres a tres. ¡Oh duro marfil de carnes invisibles! ¡Oh golfo sin hormigas del amanecer! Con el muuu de las ramas, con el ay de las damas, con el croo de las ranas, y el gloo amarillo de la miel. Llegará un torso de sombra coronado de laurel. Será el cielo para el viento duro como una pared y las ramas desgajadas se irán bailando con él. Una a una alrededor de la luna, dos a dos alrededor del sol, y tres a tres para que los marfiles se duerman bien.
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Vals en las ramas
¡Oh, Señor! Dios de los ejércitos, eterno Padre, eterno Rey, por este mundo que creaste con la virtud de tu poder; porque dijiste: la luz sea, y a tu palabra la luz fue; porque coexistes con el Verbo, porque contigo el Verbo es desde los siglos de los siglos y sin mañana y sin ayer, requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis! ¡Oh Jesucristo, por el frío de tu pesebre de Belem, por tus angustias en el Huerto, por el vinagre y por la hiel, por las espinas y las varas con que tus carnes desgarré, y por la cruz en que borraste todas las culpas de Israel; Hijo del Hombre, desolado, trágico Dios, tremendo Juez: requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis! ¡Divino Espíritu, Paráclito, aspiración del gran Iaveh, que unes al Padre con el Hijo, y siendo el Uno sois los Tres; por la paloma de alas níveas, por la inviolada doncellez de aquella Virgen que en su vientre llevó al Mesías Emmanuel; por las ardientes lenguas rojas con que inspiraste ciencia y fe a los discípulos amados de Jesucristo, nuestro bien: requiem aeternam dona eis, Domine, el lux perpetua luceat eis!
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Requiem
encerrado en las cuatro paredes de la caverna de mis ideas, me siento al borde de la cama que sirve de máquina del tiempo. me lleva a sitios que me reconfortan de momento, pero que prefiero no visitar. Pues son memorias de tiempos hermosos que no volverán y los abrazos se trasforman en puñales que atraviesan mis carnes y rompen mis huesos, y luego quedo moribundo y tirado en el piso en este bosque lleno de lobos famélicos que llaman vida. En búsqueda de sembrar nuevos árboles, esperando que florezcan la próxima primavera, y que el otoño no sea tan feroz y les permita conservar algunas flores. Pero un inconveniente tras otro, pues resulta que las semillas están en el pasado, en las viejas plazas que no me gusta visitar por miedo a los fantasmas de quienes yo mismo maté. Aún así me sumerjo, porque la promesa de un nuevo bosque fresco que me de sombra y me conforte es más grande que la amenaza de unas sombras que me temen más de lo que yo les temo a ellas.
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Aug 23, 2018
Aug 23, 2018 at 10:01 PM UTC
Jardinero
Underwear are too tight they bind me every single night I'll awake my nuts at stake soprano just common ache So I'll pray and plead every time she's in neeeeeed Won't be, a woody there never, coming rooooound for her......
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Jul 5, 2018
Jul 5, 2018 at 4:53 PM UTC
*** I'm numb (10w X 4) (Sorry Kim Carnes (sort of))
la vez que a bob chambers lo vieron estaba poniendo lento el día dura la vista claro el corazón le dieron una cama de rosas que fue a tirar al mar entonces del costado se le alzaban como especies de oleajes carnes que se soñaban alas a bob chambers y no pasaron de su piel en esta edad tan carestía ¿ah caramba! ¡ah bob chambers dos en su vehículo terrestre! olvidados yacen ahora bajo sus capas de volar quedándose y tanta pena apenas se soporta pero qué hacer bob esperaba al viento sur "madre vieja tengo en casa" decía y chambers vivía vuelto al sur con la mesa puesta nunca se pusieron de acuerdo sobre este punto cardinal así ocurrió lo que se supo: tirando a un lado y a otro bob chambers se rompió la soledad o perros se comieron su agujero central todo el pueblo lo vio a bob partir a chambers estallar en la mañana lenta nunca hubo espectáculo igual y todos aplaudieron y todos aplaudieron menos la amiga que lloraba por bob el que dejó el amor para mañana menos la amiga que lloraba por chambers el que dejó el amor para la noche lavaron a la amiga con rosas y limón le dejaron los pies en agua fría y nadie habla de bob chambers se la pasan desarmándolo tristes como señores bob chambers no protesta viaja por la muerte montado en un burrito con la mejilla cerca de la luna tan alta y una almohadita para el sol
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Lamento por el vuelo de bob chambers
La tarde, con su bruma clara y azul, se muere Cual palabra amorosa que se disipa lenta, Cual la húmeda y cálida sonrisa de las viudas Que con antiguos éxtasis entre sus carnes sueñan. La ciudad, a lo lejos, se ha callado. En el huerto Pensativo, el silencio, se abre en la sombra trémula, y cantan, tras los árboles, claras frescuras de agua Que esparce el viento; faldas con rumor de hojas secas Sobre la arena pasan; contra el muro el zumbido Se oye de las avispas en la quietud serena; Las rosas deshojadas por dedos soñadores Su alma de miel esparcen, y un alba extraña mezcla, En el confín del cielo y en un etéreo encanto, La luz que huye y la sombra salpicada de estrellas. ¿Qué me importan los soles que han de surgir? ¿El oro, Genio y amor, qué importan, y juventud risueña? Dormir sueño profundo, dejadme en el olvido, Dejadme que en la sombra sueño profundo duerma, Con manos compasivas de mujer en la frente... ¡Y cerrad la ventana sobre la vida abierta!
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La tarde con su bruma...
Oh coração, por onde vais? Por que te causas tanta dor? Isso é tudo por amor? As minhas razões não as conheço Nós apenas carnes somos, os corações A mente, essa, que trate das motivações E se ela não as tiver? Que fazes então Oh meu pobre orgão Já te disse que não sei Não quero saber Nem quero ver Bem dizem que o amor é cego então é ceguês voluntária? Ou será ela necessária? Porque não os dois? Mas deixa-me estar quieto Nesse assunto eu sou analfabeto Mas não tens medo? Olha para o teu passado Não te lembras de como tinhas acabado? Já te disse que sou carne Não me lembro de nada Exepto da minha realidade apaixonada Essa paixão já a vi Mas o que eu questiono É o que acontece em caso de abandono Nesse caso que venha a mente Ela que me cure Ela que me ature
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Feb 8, 2019
Feb 8, 2019 at 8:14 AM UTC
Cego! Mas voluntariamente!
La noche es una copa de mal. Un silbo agudo del guardia la atraviesa, cual vibrante alfiler. Oye, tú, mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste, la onda aún es negra y me hace aún arder? La Tierra tiene bordes de féretro en la sombra. Oye, tú, mujerzuela, no vayas a volver. A carne nada, nada en la copa de sombra que me hace aún doler; mi carne nada en ella, como en un pantanoso corazón de mujer. Ascua astral... He sentido secos roces de arcilla sobre mi loto diáfano caer. Ah, mujer! Por ti existe la carne hecha de instinto. Ah mujer! Por eso ¡oh, ***** cáliz! aun cuando ya te fuiste, me ahogo con el polvo; y piafan en mis carnes más ganas de beber!
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La copa negra
Mi virtud de sentir se acoge a la divisa del barómetro lúbrico, que en su enagua violeta los volubles matices de los climas sujeta con una probidad instantánea y precisa.Mi única virtud es sentirme desollado en el templo y la calle, en la alcoba y el prado. Orean mi bautismo, en alma y carnes vivas, las ráfagas eternas entre las fugitivas.Todo me pide sangre: la mujer y la estrella, la congoja del trueno, la vejez con su báculo, el grifo que vomita su hidráulica querella, y la lámpara, parpadeo del tabernáculo.Todo lo que a mis ojos es limpio y es agudo bebe de mis droláticas arterias el saludo.Mi ángel guardián y mi demonio estrafalario, desgranando granadas fieles, siguen mi pista en las vicisitudes de la bermeja lista que marca, en tierra firme y en mar, mi itinerario.Como aquel que fue herido en la noche agorera y denunció su paso goteando la acera, yo puedo desandar mi camino rubí, hasta el minuto y hasta la casa en que nací místicamente armado contra la laica era.Dejo, sin testamento, su gota a cada clavo teñido con la savia de mi ritual madera; no recojo mi sangre, ni siquiera la lavo.Espiritual al prójimo, mi corazón se inmola para hacer un empréstito sin usuras aciagas a la clorosis virgen y azul de los Gonzagas y a la cárdena quiebra del Marqués de Priola.¿En qué comulgatorio secreto hay que llorar? ¿Qué brújula se imanta de mi sino? ¿Qué par de trenzas destronadas se me ofrecen por hijas? ¿Qué lecho esquinal pide tibieza en su tramonto? Ánima adoratriz: a la hora que elijas para ensalzar tus fieles granadas, estoy pronto.Mas será con el cálculo de una amena medida: que se acaben a un tiempo el arrobo y la vida y que del vino fausto no quedando en la mesa ni la hez de una hez, se derrumbe en la huesa el burlesco legado de una estéril pavesa.
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Ánima adoratriz
Mi virtud de sentir se acoge a la divisa del barómetro lúbrico, que en su enagua violeta los volubles matices de los climas sujeta con una probidad instantánea y precisa.Mi única virtud es sentirme desollado en el templo y la calle, en la alcoba y el prado. Orean mi bautismo, en alma y carnes vivas, las ráfagas eternas entre las fugitivas.Todo me pide sangre: la mujer y la estrella, la congoja del trueno, la vejez con su báculo, el grifo que vomita su hidráulica querella, y la lámpara, parpadeo del tabernáculo.Todo lo que a mis ojos es limpio y es agudo bebe de mis droláticas arterias el saludo.Mi ángel guardián y mi demonio estrafalario, desgranando granadas fieles, siguen mi pista en las vicisitudes de la bermeja lista que marca, en tierra firme y en mar, mi itinerario.Como aquel que fue herido en la noche agorera y denunció su paso goteando la acera, yo puedo desandar mi camino rubí, hasta el minuto y hasta la casa en que nací místicamente armado contra la laica era.Dejo, sin testamento, su gota a cada clavo teñido con la savia de mi ritual madera; no recojo mi sangre, ni siquiera la lavo.Espiritual al prójimo, mi corazón se inmola para hacer un empréstito sin usuras aciagas a la clorosis virgen y azul de los Gonzagas y a la cárdena quiebra del Marqués de Priola.¿En qué comulgatorio secreto hay que llorar? ¿Qué brújula se imanta de mi sino? ¿Qué par de trenzas destronadas se me ofrecen por hijas? ¿Qué lecho esquinal pide tibieza en su tramonto? Ánima adoratriz: a la hora que elijas para ensalzar tus fieles granadas, estoy pronto.Mas será con el cálculo de una amena medida: que se acaben a un tiempo el arrobo y la vida y que del vino fausto no quedando en la mesa ni la hez de una hez, se derrumbe en la huesa el burlesco legado de una estéril pavesa.
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Era escasa la pitanza En el Asilo de locos. Don José Solís, Virrey Entre Virreyes rumboso, Que cuanto daba a los pobres Lo juzgaba siempre poco, De esa escasez supo un día Contrariado y con asombro, Porque al Asilo enviaba Siempre ayuda generoso, Y al instante a su presencia Llamando a su mayordomo, Y entregándole una bolsa Le dijo: «Con este oro Quiero que se dé un almuerzo Mañana mismo a los locos, Pero un almuerzo abundante, Un almuerzo apetitoso, Como esos, según decires, Que acostumbran los canónigos, Y que por eso, rollizos Se les ve subir al coro, Aunque afirman que es la vida Sin pecados, lo que sólo Hace que Dios los conserve Con buena salud y gordos. Siempre de pecados me hablan, Las manos en el redondo Vientre cruzadas, sabiendo Que al cielo ofendemos todos, Unos pecando a escondidas Y no ocultándonos otros». De verse eran las espuertas: Pavos asados al horno, Papas con queso, esponjadas, Y carnes con blancos trozos De cebolla, y con lechugas, Postres variados, bizcochos Hechos por monjas, y dulces... Todo allí servido a rodo. El Virrey pensó: «La dicha Se puede alcanzar con poco». Temprano, al día siguiente, Fue al Asilo. Vienen todos Carilargos... Y él creía Encontrarlos muy dichosos. -«¿Cómo almorzasteis?», pregunta. Y uno, inclinando los ojos Le responde bostezando: -«¿Cómo almorzamos? Nosotros, Señor Virrey, como frailes, Y los frailes como locos».
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El virrey solís y los locos