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"cadencia" poems
Me pides que me orille, hacia el contorno del sitio me estaciono en la sombra, en la cadencia de tus pensamientos en un latido te descubres, se sienten tus ojos como espejos como reflejo de explosiones que a mí, me descubren el juego me tocas la sien con tus manos, calmando ansiedad de veneno respiras de cerca y en tus ojos, dibujas el plan que me descubre que me redime con furia en tu sirviente de instinto con movimientos despacios, recorro el altar de tu cuerpo tu piel dorada es atacada por vientos que se apropian no te importa el invierno, pues tu calor de locura nos llena el espacio de rojos, de suciedades que borran que destierran las reglas que nos impiden ahogarnos enajenar los impulsos con vanidades lascivas tus movimientos que sobran, que satisfacen tu ego a mí no me importa, estás encima de mi cuerpo yo sólo me limito a observarte, a tocarte los espacios aquellos lugares que buscan que los levante del sueño.
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Sep 5, 2012
Sep 5, 2012 at 12:31 AM UTC
Pasajero
Yo te miré a los ojos   cuando era niño y bueno.   Tus manos me rozaron   Y me diste un beso. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)       Y se abrió mi corazón   Como una flor bajo el cielo,   Los pétalos de lujuria   Y los estambres de sueño. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)       En mi cuarto sollozaba   Como el príncipe del cuento   Por Estrellita de oro   Que se fue de los torneos. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)       Yo me alejé de tu lado   Queriéndote sin saberlo.   No sé cómo son tus ojos,   Tus manos ni tus cabellos.   Sólo me queda en la frente   La mariposa del beso. (Los relojes llevan la misma cadencia, Y las noches tienen las mismas estrellas.)
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Madrigal
Sacudimiento extraño que agita las ideas, como huracán que empuja las olas en tropel.Murmullo que en el alma se eleva y va creciendo como volcán que sordo anuncia que va a arder.Deformes siluetas de seres imposibles; paisajes que aparecen como al través de un tul.Colores que fundiéndose remedan en el aire los átomos del iris que nadan en la luz.Ideas sin palabras, palabras sin sentido; cadencias que no tienen ni ritmo ni compás.Memorias y deseos de cosas que no existen; accesos de alegría, impulsos de llorar.Actividad nerviosa que no halla en qué emplearse; sin riendas que le guíen, caballo volador.Locura que el espíritu exalta y desfallece, embriaguez divina del genio creador...                                         Tal es la inspiración.Gigante voz que el caos ordena en el cerebro y entre las sombras hace la luz aparecer.Brillante rienda de oro que poderosa enfrena de la exaltada mente el volador corcel.Hilo de luz que en haces los pensamientos ata; sol que las nubes rompe y toca en el zenít.Inteligente mano que en un collar de perlas consigue las indóciles palabras reunir.Armonioso ritmo que con cadencia y número las fugitivas notas encierra en el compás.Cincel que el bloque muerde la estatua modelando, y la belleza plástica añade a la ideal.Atmósfera en que giran con orden las ideas, cual átomos que agrupa recóndita atracción.Raudal en cuyas ondas su sed la fiebre apaga, oasis que al espíritu devuelve su vigor... Tal es nuestra razón.Con ambas siempre en lucha y de ambas vencedor, tan sólo al genio es dado a un yugo atar las dos.
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Rima iii
Sacudimiento extraño que agita las ideas, como huracán que empuja las olas en tropel.Murmullo que en el alma se eleva y va creciendo como volcán que sordo anuncia que va a arder.Deformes siluetas de seres imposibles; paisajes que aparecen como al través de un tul.Colores que fundiéndose remedan en el aire los átomos del iris que nadan en la luz.Ideas sin palabras, palabras sin sentido; cadencias que no tienen ni ritmo ni compás.Memorias y deseos de cosas que no existen; accesos de alegría, impulsos de llorar.Actividad nerviosa que no halla en qué emplearse; sin riendas que le guíen, caballo volador.Locura que el espíritu exalta y desfallece, embriaguez divina del genio creador...                                         Tal es la inspiración.Gigante voz que el caos ordena en el cerebro y entre las sombras hace la luz aparecer.Brillante rienda de oro que poderosa enfrena de la exaltada mente el volador corcel.Hilo de luz que en haces los pensamientos ata; sol que las nubes rompe y toca en el zenít.Inteligente mano que en un collar de perlas consigue las indóciles palabras reunir.Armonioso ritmo que con cadencia y número las fugitivas notas encierra en el compás.Cincel que el bloque muerde la estatua modelando, y la belleza plástica añade a la ideal.Atmósfera en que giran con orden las ideas, cual átomos que agrupa recóndita atracción.Raudal en cuyas ondas su sed la fiebre apaga, oasis que al espíritu devuelve su vigor... Tal es nuestra razón.Con ambas siempre en lucha y de ambas vencedor, tan sólo al genio es dado a un yugo atar las dos.
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Deshaced ese verso. Quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia y hasta la idea misma. Aventad las palabras, y si después queda algo todavía, eso será la poesía.
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Preceptiva poética
Los mendigos pelean por España mendigando en París, en Roma, en Praga y refrendando así, con mano gótica, rogante, los pies de los Apóstoles, en Londres, en New York, en Méjico. Los pordioseros luchan suplicando infernalmente a Dios por Santander, la lid en que ya nadie es derrotado. A1 sufrimiento antiguo danse, encarnízanse en llorar plomo social al pie del individuo, y atacan a gemidos, los mendigos, matando con tan solo ser mendigos. Ruegos de infantería, en que el arma ruega del metal para arriba, y ruega la ira, más acá de la pólvora iracunda. Tácitos escuadrones que disparan, con cadencia mortal, su mansedumbre, desde un umbral, desde sí mismos, ¡ay! desde sí mismos. Potenciales guerreros sin calcetines al calzar el trueno, satánicos, numéricos, arrastrando sus títulos de fuerza, migaja al cinto, fusil doble calibre: sangre y sangre. ¡El poeta saluda al sufrimiento armado!
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Iv
¿Decís que la rima ya ha muerto, y que es ruido De compás monótono, muy fuerte al oído, Y que rotos ritmos son música interna Para los arcanos del alma moderna? ¿Música? Mas cuándo lo que no es eufónico Por suerte ha dejado de ser inarmónico? Descoyuntamientos y palabrería, No serán ni han sido jamás Poesía. Es a sus dominios áspera la ruta, Y todo el que quiera, su don no disfruta. Y así como el mármol a cincel se labra, Al esfuerzo nacen idea y palabra. Siempre el arte es largo. Poeta o artista No con bagatelas el lauro conquista. Grautier dijo: «Calce la Musa un estrecho Coturno». Y os digo, que el píe que no es hecho A molde no holgado, rehúya la ordalia Del verso, y que lleve más libre sandalia. Dejad a la Musa su veste radiosa: Las trabas del verso no tiene la prosa. ¿Y cuándo el desorden, la no coherencia, Han sido armonía y han sido cadencia? «Son cosas sutiles, son matices trémulos», Decís, «y vosotros que sois nuestros émulos No entendéis».                                     Es cierto. Jamás lo estrambótico Entendemos, menos lo insulso o caótico. ¿Que usáis simbolismos? Lo diáfano es norma: Jamás lo que el hombre retuerce o deforma. ¿Queréis que os comprendan?  Sed siempre muy claros: Que brillen los versos cual mármol de Paros, Y en ellos, la rima cual oro en la jagua, O rosa de fuego temblando en el agua; Y como el poema del BJiin cruza Elsa, Que siga la Musa radiante y excelsa, Dejando cual huella de luz vivos rastros, Y orladas las sienes en polvo de astros. Ícaro, atrevido, vio vano su anhelo.... Si no tenéis alas no intentéis el vuelo. Quedaos en tierra si la fuerza os falta. Es duro el ascenso. La cumbre es muy alta. Poesía es Arte, del Arte la cima, Y la estrofa es alma, y es ritmo y es rima. Verdad que las reglas son difícil aula, Mas falta no hace que entréis a la jaula; Y de Arte y de numen al soplo y al toque Tan sólo ha surgido la estatua del bloque.
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Canto a la rima
¿Decís que la rima ya ha muerto, y que es ruido De compás monótono, muy fuerte al oído, Y que rotos ritmos son música interna Para los arcanos del alma moderna? ¿Música? Mas cuándo lo que no es eufónico Por suerte ha dejado de ser inarmónico? Descoyuntamientos y palabrería, No serán ni han sido jamás Poesía. Es a sus dominios áspera la ruta, Y todo el que quiera, su don no disfruta. Y así como el mármol a cincel se labra, Al esfuerzo nacen idea y palabra. Siempre el arte es largo. Poeta o artista No con bagatelas el lauro conquista. Grautier dijo: «Calce la Musa un estrecho Coturno». Y os digo, que el píe que no es hecho A molde no holgado, rehúya la ordalia Del verso, y que lleve más libre sandalia. Dejad a la Musa su veste radiosa: Las trabas del verso no tiene la prosa. ¿Y cuándo el desorden, la no coherencia, Han sido armonía y han sido cadencia? «Son cosas sutiles, son matices trémulos», Decís, «y vosotros que sois nuestros émulos No entendéis».                                     Es cierto. Jamás lo estrambótico Entendemos, menos lo insulso o caótico. ¿Que usáis simbolismos? Lo diáfano es norma: Jamás lo que el hombre retuerce o deforma. ¿Queréis que os comprendan?  Sed siempre muy claros: Que brillen los versos cual mármol de Paros, Y en ellos, la rima cual oro en la jagua, O rosa de fuego temblando en el agua; Y como el poema del BJiin cruza Elsa, Que siga la Musa radiante y excelsa, Dejando cual huella de luz vivos rastros, Y orladas las sienes en polvo de astros. Ícaro, atrevido, vio vano su anhelo.... Si no tenéis alas no intentéis el vuelo. Quedaos en tierra si la fuerza os falta. Es duro el ascenso. La cumbre es muy alta. Poesía es Arte, del Arte la cima, Y la estrofa es alma, y es ritmo y es rima. Verdad que las reglas son difícil aula, Mas falta no hace que entréis a la jaula; Y de Arte y de numen al soplo y al toque Tan sólo ha surgido la estatua del bloque.
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Aquí gaviota vela, aquí conmigo, luz en canto recién amanecido; dame verde tu aliento rama trino, soñolencia limón bostezo hiedra; embiste mar, embiste mis pupilas y en ritmo azul adéntrate en mis venas, ola tras ola y siempre lejanía, apetencia, voraz de despedida, pero también de rubia resolana, de sol adolescente y marinero, de modorra desnuda, aquí, en la playa. -de espalda femenina y asoleada-, ****** azul remanso, vuelo espuma, horizonte, horizonte, y humareda -algosa cabellera en el recuerdo- junto al fervor devoto de los pinos, azul, ellos también, ya casi cielo, y de cuanto es sustancia y es entrega, milagro permanente, brisa, piedra, cadencia de rompiente en la escollera... y en mí -¡ya para siempre!- hasta la médula.
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Euforia
En este espacio cada uno es capaz de zurcir sus vislumbres y tinieblas árboles me rodean con sus patas de elefante tengo un gong en las sienes memoriosas en un banco como éste cubierto de ramitas mi adolescencia aprendió a dostoievsky y gracias a fernández moreno en chascomús pensó el equivalente de anch'io son'pittore tozudo como la cadencia de un molino latigazo del aire       desairado sé del barro prolijo       los segmentos de cielo las hojas muertas y el gemido o la brisa no es un refugio pero da amparo oasis ecológico con vista a la jornada sin la miseria huésped en los lindes pero con frisos de jactancia y humo siempre me anima su propuesta de verdes y la disfruto como si fuera un insomnio de esos que transitan por los amores de la piel proclive a tantas otras ceremonias también me conforta su condición de isla eco querellante del simulacro organizado por fortuna libre de viejas simetrías ya que sus canteros fingen otra retórica lujo del pobre entre los opulentos galaxia de jubilados y niñeras y seminaristas autoflagelados que salen a respirar con los gorriones siempre acudo a vos en peregrinación plaza san martín de los pastitos elegantes y de las muchachas que aprenden a besar con los ojos cerrados       como en el cine
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Plaza san martín
Jesús, en aquel tiempo, en tarde hermosa, fragante y rumorosa, llegó del lago a la desierta orilla, y junto a sus discípulos sentado, bajo el fresco arbolado, fue ante sus pies amontonando arcilla. Y empezó a modelar mirlas, zorzales, palomas y turpiales y jilgueros con arte peregrino; y los niños al verlo, abandonaron sus juegos y llegaron en torno del artífice divino. Fariseos ceñudos que del templo regresaban: «qué ejemplo das tú», gritaron con acento airado; ¿En sábado trabajas? ¿No comprendes que al Dios del Cielo ofendes? El día del Señor has profanado. Alzó como en un ruego la mirada hacia la turba airada, y en voz humilde y de cadencia suave, voz armoniosa de celeste encanto: ¿Habré pecado tanto? y el pico terminó de un ave. Y luego ante la turba que con ira su indiferencia mira, y que sigue en redor vociferando, tres golpes dio en el suelo. Y al instante. hacia el azul radiante, se lanzaron los pájaros cantando.
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El milagro de los pájaros
Tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas; vas en mí cual la venda va en la herida; en bienestar de placidez me embriagas; la luna lugareña va en tus ojos ¡oh blanda que eres entre todas blanda! y no sé todavía qué esperarán de ti mis esperanzas. Si vas dentro de mí, como una inerme doncella por la zona devastada en que ruge el pecado, y si las fieras atónitas se echan cuando pasas; si has sido menos que una melodía suspirante, que flota sobre el ánima, y más que una pía salutación; si de tu pecho asciende una fragancia de limón, cabalmente refrescante e inicialmente ácida; si mi voto es que vivas dentro de una virginidad perenne aromática, vuélvese un hondo enigma lo que de ti persigue mi esperanza. ¿Qué me está reservado de tu persona etérea? ¿Qué es la arcana promesa de tus ser? Quizá el suspiro de tu propio existir; quizá la vaga anunciación penosa de tu rostro; la cadencia balsámica que eres tú misma, incienso y voz de armónium en la tarde llovida y encalmada... De toda ti me viene la melodiosa dádiva que me brindó la escuela parroquial, en una hora ya lejana, en que unas voces núbiles y lentas ensayaban, en un solfeo cristalino y simple, una lección de Eslava. Y de ti y de la escuela pido el cristal, pido las notas llanas, para invocarte ¡oscura y rabiosa esperanza! con una a colmada de presentes, con una a impregnada del licor de un banquete espiritual: ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda, fragancia casta y ácida!
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¿qué será lo que espero?
Tus otoños me arrullan en coro de quimeras obstinadas; vas en mí cual la venda va en la herida; en bienestar de placidez me embriagas; la luna lugareña va en tus ojos ¡oh blanda que eres entre todas blanda! y no sé todavía qué esperarán de ti mis esperanzas. Si vas dentro de mí, como una inerme doncella por la zona devastada en que ruge el pecado, y si las fieras atónitas se echan cuando pasas; si has sido menos que una melodía suspirante, que flota sobre el ánima, y más que una pía salutación; si de tu pecho asciende una fragancia de limón, cabalmente refrescante e inicialmente ácida; si mi voto es que vivas dentro de una virginidad perenne aromática, vuélvese un hondo enigma lo que de ti persigue mi esperanza. ¿Qué me está reservado de tu persona etérea? ¿Qué es la arcana promesa de tus ser? Quizá el suspiro de tu propio existir; quizá la vaga anunciación penosa de tu rostro; la cadencia balsámica que eres tú misma, incienso y voz de armónium en la tarde llovida y encalmada... De toda ti me viene la melodiosa dádiva que me brindó la escuela parroquial, en una hora ya lejana, en que unas voces núbiles y lentas ensayaban, en un solfeo cristalino y simple, una lección de Eslava. Y de ti y de la escuela pido el cristal, pido las notas llanas, para invocarte ¡oscura y rabiosa esperanza! con una a colmada de presentes, con una a impregnada del licor de un banquete espiritual: ¡ara mansa, ala diáfana, alma blanda, fragancia casta y ácida!
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Cruza callada, y son sus movimientos     silenciosa armonía: suenan sus pasos, y al sonar recuerdan del himno alado la cadencia rítmica.   Los ojos entreabre, aquellos ojos     tan claros como el día; y la tierra y el cielo, cuanto abarcan, arden con nueva luz en sus pupilas.   Ríe, y su carcajada tiene notas     del agua fugitiva; llora, y es cada lágrima un poema     de ternura infinita.Ella tiene la luz, tiene el perfume,     el color y la línea, la forma engendradora de deseos, la expresión, fuente eterna de poesía.   ¿Qué es estúpida? ¡Bah!  Mientras callando     guarde oscuro el enigma, siempre valdrá lo que yo creo que calla más que lo que cualquiera otra me diga.
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Rima xxxiv
Como radiosa evocación lejana, En marfil, cuyo brillo ya amortigua La edad, se ve la miniatura antigua, Entre un círculo oval de viva grana. La diadema en airón que la engalana, De su raza los timbres atestigua, Y aun se percibe bajo luz ambigua Su belleza ideal de sevillana. ¡Noches de la Colonia!... La imagino Ante el Virrey Solís, en reverencia, Con su donaire y su perfil divino, Cuando entre níveas blondas, como espumas, De los minués marcaba la cadencia Con su abanico de carey y plumas.
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Dama colonial
A qué mirar, a qué permanecer seguros de que todo que es así, seguirá siendo... Jamás pudo ser de otra forma, compacto y duro, este -perfecto en su cadencia- mundo. Preferible es no ver. Meter las manos en un oscuro panorama, y no saber qué es esto que aferramos, en un puro afán de incertidumbre, de mentira. Porque la verdad duele. Y lo único que te agradezco ya es que me engañes una vez más...                                   -«Te quiero mucho...»
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A qué mirar, a qué permanecer
Bochorno. En la noche cálida El barco cruje subiendo, Y en el río va cayendo De la luna la luz pálida. Se abanican los palmares En las orillas del río, Y vienen desde el bohío Del leñador los cantares. El ocaso se arrebola Con vaga fosforescencia, Y se escucha la cadencia De un tiple y una bandola. Todo el barco so estremece; Y mientras la noche sueña, Con las chispas de la leña La chimenea florece. Doquiera, calor de horno; Vibra lejos una copla, Y ni una aura fresca sopla De la noche en el bochorno. Entre el verde matorral La luz de cocuyos brilla, Y aduerme, desde la orilla, El rumor del platanal. Deja el barco leves huellas, Y van las chispas subiendo, Y las chispas van cayendo Como una lluvia de estrellas.
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En el alto magdalena
Amo las palabras sonoras Para hacer fúlgidos collares O sortijas deslumbradoras. No me he cuidado de pesares O dolores para con ellos Adornar rimas o cantares. Quisiera en fino metal, sellos Acuñar, o esculpir perfiles O de mujeres rostros bellos. ¡Si los ritmos fueran buriles En la brillantez de oro o plata O en la palidez de marfiles! Sílabas con música grata, Palabras suaves, armoniosas, Con cadencia de serenata, Os busco, cual gemas preciosas En el socavón el minero Busca por vetas tortuosas. Y las escojo con esmero, Luego las manos hundo en ellas Como en las gemas el joyero; Y absorto miro las más bellas, Unas fingen perlas, corales, Otras, diamantes cual estrellas... Amo las voces musicales, La melodía leve y clara, Y así como la rima rara, La cadencia de los finales.
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El orfebre