Hello Poetry
Submit your work and get some sparkles! Create free account
"brillos" poems
EL AGUA. Alba circulatoria deposita en boca fresadora incontroladas gotas trazándose en el radio corporal y flores comestibles en acueducto curvo disparan las aguas como fuente dividida a la desembocadura de la boca que sonora diamantada graba en caricias de regadío y sumerge en hábitat de lago la reunión química que eres. Desandada en los abrigos inunda labial esqueje, en el sol del secano, espiga cerrándose que expande granada con el humo breve en camino recortado ajardinado hasta observatorio umbilical. Solar verde con fondo marítimo y el sol crudo penetra efectuando fotosíntesis de lupa en las gotas. Cadena floral circunvala el artificio de la leche protectora y pule suavidad sentada. En un hilo laberíntico se construye flor de los algodones nuevos y vuelve el agua al juego de los brillos a flote, a fondo anclada en peso emerge cerámica náutica que removiendo visualiza celosía de la seda y transparencia de ala delta ante el beso de diluvio indudable. *SafeCreative.org Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 John Desde*
0
Jun 8, 2013
Jun 8, 2013 at 2:16 PM UTC
El AGUA.
Noche estrellada en aceptable uso, con pálidos reflejos y opacidad lustrosa, vieja chistera inútil en los tiempos que corren como escuálidos galgos sobre el mundo, definitivamente eres un lujo que ha pasado de moda. Tras la fría superficie de las calles de luna, el alcanfor del sueño conserva en el almario de la ciudad oscura a los que duermen y no te verán nunca. Yo, sin embargo, te llevo en la cabeza, vieja noche de copa, y cuando vuelvo a casa sorteando imprevisibles gatos y farolas, te levanto en un gesto final ceremonioso dedicado a tus brillos y a mi sombra, y te dejo colgada allá en lo alto -¡hasta mañana, noche!-, negra, deshabitada, misteriosa.
0
1.1k
Oda a la noche
En la terraza la niña mira a la luna y se hace el amor. ¿Quién brilla para quién? Ella canta canciones oscuras al universo que tiembla.
0
739
Brillos
¡Qué pareja tan hermosa esta nuestra, Contemplado! La mirada de mis ojos, y tú, que te estoy mirando. Todo lo que ignoro yo te lo tienes olvidado; y ese cantar que me buscan las horas, sin encontrarlo, de la mañana a la noche, con blanquísimo estribillo, tus olas lo van cantando. Porque estás hecho de siglos me curaste de arrebatos; se aprende a mirar en ti por tus medidas sin cálculo -dos, nada más: día y noche- gozosamente despacio. No quieres tú que te busquen los ojos apresurados, los que te dicen hermoso y luego pasan de largo. No ven. A ti hay que mirarte como te miran los astros, a sus azules mirandas serenamente asomados. Tú, Lazarillo de ojos, llévate a estos míos; guíalos, por la aurora, con espumas, con nubes, por los ocasos; tú solo sabes trazar los caminos de tus ámbitos. Con las señas de la playa, avísales de la tierra, de su sombra, de su engaño. A tu resplandor me entrego, igual que el ciego a la mano; se siente tu claridad hasta en los ojos cerrados, -presencia que no se ve-, acariciando los párpados. Por tanta luz tú no puedes conducir a nada malo. Con mi vista, que te mira, poco te doy, mucho gano. Sale de mis ojos, pobre, se me marcha por tus campos, coge azules, brillos, olas, alegrías, las dádivas de tu espacio. Cuando vuelve, vuelve toda encendida de regalos. Reina se siente; las dichas con que tú la has coronado. ¡De lo claro que lo enseñas qué sencillo es el milagro! Si bien se guarda en los ojos, nunca pasa, lo pasado. ¿Conservar un amor entre unos brazos? No. En el aire de los ojos, entre el vivir y el recuerdo, suelto, flotando, se tiene mejor guardado. Aves de vuelo se vuelan, tarde o temprano. Los ojos son los seguros; de allí no se van los pájaros. Lo que se ha mirado así, día y día, enamorándolo, nunca se pierde, porque ya está enamorado. Míralo aunque se haya ido. Visto o no visto, contémplalo. El mirar no tiene fin: si ojos hoy se me cerraron cuando te raptó la noche, mañana se me abrirán, cuando el alba te rescate, otros ojos más amantes, para seguirte mirando.
0
765
Variación v
¡Qué pareja tan hermosa esta nuestra, Contemplado! La mirada de mis ojos, y tú, que te estoy mirando. Todo lo que ignoro yo te lo tienes olvidado; y ese cantar que me buscan las horas, sin encontrarlo, de la mañana a la noche, con blanquísimo estribillo, tus olas lo van cantando. Porque estás hecho de siglos me curaste de arrebatos; se aprende a mirar en ti por tus medidas sin cálculo -dos, nada más: día y noche- gozosamente despacio. No quieres tú que te busquen los ojos apresurados, los que te dicen hermoso y luego pasan de largo. No ven. A ti hay que mirarte como te miran los astros, a sus azules mirandas serenamente asomados. Tú, Lazarillo de ojos, llévate a estos míos; guíalos, por la aurora, con espumas, con nubes, por los ocasos; tú solo sabes trazar los caminos de tus ámbitos. Con las señas de la playa, avísales de la tierra, de su sombra, de su engaño. A tu resplandor me entrego, igual que el ciego a la mano; se siente tu claridad hasta en los ojos cerrados, -presencia que no se ve-, acariciando los párpados. Por tanta luz tú no puedes conducir a nada malo. Con mi vista, que te mira, poco te doy, mucho gano. Sale de mis ojos, pobre, se me marcha por tus campos, coge azules, brillos, olas, alegrías, las dádivas de tu espacio. Cuando vuelve, vuelve toda encendida de regalos. Reina se siente; las dichas con que tú la has coronado. ¡De lo claro que lo enseñas qué sencillo es el milagro! Si bien se guarda en los ojos, nunca pasa, lo pasado. ¿Conservar un amor entre unos brazos? No. En el aire de los ojos, entre el vivir y el recuerdo, suelto, flotando, se tiene mejor guardado. Aves de vuelo se vuelan, tarde o temprano. Los ojos son los seguros; de allí no se van los pájaros. Lo que se ha mirado así, día y día, enamorándolo, nunca se pierde, porque ya está enamorado. Míralo aunque se haya ido. Visto o no visto, contémplalo. El mirar no tiene fin: si ojos hoy se me cerraron cuando te raptó la noche, mañana se me abrirán, cuando el alba te rescate, otros ojos más amantes, para seguirte mirando.
Continue reading...
80
El lobo solamente se quedó mirándola. La Luna no tenía una palabra más que decir, buscó y encontró una excusa para poderse ir. Por su mente no pasó el momento en que la perdió. Él recorrió todo bosque buscándola. Ella quería buscar la luz del Sol. La noche azul perdía todo color y luz. La obscuridad pronto al lobo consumió. Era obscuridad, sus ojos no veían más que el reflejo de la Luna Él la anhelaba tener. Y el lobo aulló. Era causalidad: “Nadie la verá como yo”. Quería verla por siempre ahí, él la anhelaba tener. Y el lobo aulló. Estrellas intentaban darle brillos opacos. Eran lo único que lo protegían de morir. Y ella libremente paseaba en la noche. Allí, el pobre se quedaba aullando. Ella parecía encontrar al Sol cada día, más brillante cada vez que lo ve. El se desarrollaba en la obscuridad y la soledad lo empezaba a poseer. Se quedó mirando a la Luna crecer, quería ser el Sol y morir por verla brillar, aunque fuera solamente una última vez. No podía más. Y el lobo dejó de aullar.
0
Apr 13, 2018
Apr 13, 2018 at 6:24 PM UTC
Aullido
Ojos apagados de brillos efímeros De labios carmesí entre el delirio más ínfimo, De brillos angelicales; ropajes monárquicos Besos cardinales, de encuentros íntimos. Hija del rey, diosa de diosas; linaje élfico Cantares de coloquios, en runas remotas De lenguas perdidas, de zares absurdos Mi madrigal por nombre, lleva el suyo. En la ciénaga hueca, de las laderas altas Bajo la falda de las montañas, dónde la luz es baja. Sobre rocas, sobre ruina, sobre ti Cantan en tierras lejanas, de la reina y sobre mí. Oh, sin el rey que canto ama. Porque acá sólo hay delito, ¡Ay! ¡Sin ese rey, que tanto aclaman! Porque este amor es finito. Un errante peregrino; ambulante de compañía Señor de nada que se e haya perdido, Pero de extraña joyería La reina cabellos de oro, y un mercader vendido.
0
Jul 14, 2017
Jul 14, 2017 at 4:13 AM UTC
Cantares.
Del país del sueño, tinieblas, brillos, donde crecen plantas, flores extrañas, entre los escombros de los castillos, junto a las laderas de las montañas; donde los pastores en sus cabañas rezan, cuando al fuego dormita el can, y donde las sombras antiguas van por cuevas de lobos y raposas, ha traído cosas muy misteriosas don Ramón María del Valle-Inclán. Cosas misteriosas, trágicas, raras, de cuentos oscuros de los antaños, de amores terribles, crímenes, daños, como entre vapores de solfataras, caras sanguinarias, pálidas caras, gritos ululantes de pena y afán, infaustos hechizos, aves que van bajo la amenaza del gerifalte, dice en versos ricos de oro y esmalte don Ramón María del Valle-Inclán. Sus aprobaciones diera el gran Will, y sus alabanzas el gran Miguel, a quien ya nos cuenta cuentos de abril o poemas llenos de sangre y hiel. Para él la palma con el laurel que en manos de España listas están, pues mil nobles lenguas diciendo van que han sido ganadas en buena lid por el otro manco que hay en Madrid, don Ramón María del Valle-Inclán. Señor, que en Galicia tuviste cuna, mis dos manos estas flores te dan, amadas de Apolo y de la Luna, cuya sacra influencia siempre nos una, don Ramón María del Valle-Inclán.
0
597
Balada laudatoria a don ramón del valle-inclán
Ya la provincia toda reconcentra a sus sanas hijas en las caducas avenidas, y Rut y Rebeca proclaman la novedad campestre de sus nucas. Las pobres desterradas de Morelia y Toluca, de Durango y San Luis, aroman la Metrópoli como granos de anís. La parvada maltrecha de alondras, cae aquí con el esfuerzo fragante de las gotas de un arbusto batido por el cierzo. Improvisan su tienda para medir, cuadrantes pesarosos, la ruina de su paz y de su hacienda. Ellas, las que soñaban perdidas en los vastos aposentos, duermen en hospedajes avarientos. Propietarios de huertos y de huertas copiosas, regatean las frutas y las rosas. Con sus modas pasadas y sus luengos zarcillos y su mirar somero, inmútanse a los brillos de los escaparates de un joyero. Y después, a evocar la sandía tropa de pavos, y su susto manifiesto cuando bajaban por aquel recuesto... ¡Oh siestas regalonas, melindre ante la jícara que humea, soponcio ante la recua intempestiva que tumba las macetas de las pardas casonas; lotería de nueces, y Tenorio que flecha el historiado postigo de las rejas antañonas! Paso junto a las lentas fugitivas: no saben en su desgarbo airoso y en su activo quietismo, la derretida y pura compensación que logra su ostracismo sobre mi pecho, para ellas holgadamente hospitalario, aprensivo y munificente. Yo os acojo, anónimas y lentas desterradas, como si a mí viniese la lúcida familia de las hadas, porque oléis al opíparo destino y al exaltado fuero de los calabazates que sazona el resol del Adviento, en la cornisa recoleta y poltrona.
0
646
Las desterradas
Ya la provincia toda reconcentra a sus sanas hijas en las caducas avenidas, y Rut y Rebeca proclaman la novedad campestre de sus nucas. Las pobres desterradas de Morelia y Toluca, de Durango y San Luis, aroman la Metrópoli como granos de anís. La parvada maltrecha de alondras, cae aquí con el esfuerzo fragante de las gotas de un arbusto batido por el cierzo. Improvisan su tienda para medir, cuadrantes pesarosos, la ruina de su paz y de su hacienda. Ellas, las que soñaban perdidas en los vastos aposentos, duermen en hospedajes avarientos. Propietarios de huertos y de huertas copiosas, regatean las frutas y las rosas. Con sus modas pasadas y sus luengos zarcillos y su mirar somero, inmútanse a los brillos de los escaparates de un joyero. Y después, a evocar la sandía tropa de pavos, y su susto manifiesto cuando bajaban por aquel recuesto... ¡Oh siestas regalonas, melindre ante la jícara que humea, soponcio ante la recua intempestiva que tumba las macetas de las pardas casonas; lotería de nueces, y Tenorio que flecha el historiado postigo de las rejas antañonas! Paso junto a las lentas fugitivas: no saben en su desgarbo airoso y en su activo quietismo, la derretida y pura compensación que logra su ostracismo sobre mi pecho, para ellas holgadamente hospitalario, aprensivo y munificente. Yo os acojo, anónimas y lentas desterradas, como si a mí viniese la lúcida familia de las hadas, porque oléis al opíparo destino y al exaltado fuero de los calabazates que sazona el resol del Adviento, en la cornisa recoleta y poltrona.
Continue reading...
48
stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano "oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral no preocupado por esta finitud no sacudido por triste condición furiosa" le decía "oh caballito cantor de la humedad o pedazo esmeralda" le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos más allá de cualquiera condición "oye mío" le decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz" decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo como amaba a las rosas tempranas esa mujer de ****** pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler" decía stanley hook y se tocaba la garganta como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris gris la memoria feo el corazón "oye sapo" decía mostrándole el suelo "los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se hablan" decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular los brillos del silencio popular que se ponía como un sol esa noche naturalmente stanley hook se murió antes les dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo seguía con el jueves todo esto es verdad: hay quien vive como si fuera inmortal otros se cuidan como si valieran la pena y el sapo de stanley hook se quedó solo
0
584
Lamento por el sapo de stanley hook
stanley hook llegó a Melody Spring un jueves de noche con un sapo en la mano "oh sapo" le decía "sapito mío íntimo mortal y moral y coral no preocupado por esta finitud no sacudido por triste condición furiosa" le decía "oh caballito cantor de la humedad o pedazo esmeralda" le decía stanley hook al sapo que llevaba en la mano y todos comprendieron que él amaba al sapo que llevaba en la mano más allá de accidentes geográficos sociológicos demográficos climáticos más allá de cualquiera condición "oye mío" le decía "hay muerte y vida día y noche sombra y luz" decía stanley hook "y sin embargo te amo sapo como amaba a las rosas tempranas esa mujer de ****** pero más y tu olor es más bello porque te puedo oler" decía stanley hook y se tocaba la garganta como raspándose el crepúsculo que entraba y avanzaba y le ponía el pecho gris gris la memoria feo el corazón "oye sapo" decía mostrándole el suelo "los parientes de abajo también están divididos ni siquiera se hablan" decía stanley hook "qué bárbara tristeza" decía ante el asombro popular los brillos del silencio popular que se ponía como un sol esa noche naturalmente stanley hook se murió antes les dio terribles puñetazos a las paredes de su cuarto en representación de sí mismo mientras el sapo sólo el sapo todo el sapo seguía con el jueves todo esto es verdad: hay quien vive como si fuera inmortal otros se cuidan como si valieran la pena y el sapo de stanley hook se quedó solo
Continue reading...
29
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego.   Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de media noche el sol de Mediodía.   Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama sobre el polo y el trópico la Paz; y el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna, cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna, y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava.   Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga; por el *** simbólico y la Cruz, gracias, sire.   ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial aliente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!   ¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto su puerta abra al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:   y que sonría, oh rey Óscar, por un instante; y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre!
0
586
Iii
Así, sire, en el aire de la Francia nos llega la paloma de plata de Suecia y de Noruega, que trae en vez de olivo una rosa de fuego.   Un búcaro latino, un noble vaso griego recibirá el regalo del país de la nieve. Que a los reinos boreales el patrio viento lleve otra rosa de sangre y de luz españolas; pues sobre la sublime hermandad de las olas, al brotar tu palabra, un saludo le envía al sol de media noche el sol de Mediodía.   Si Segismundo siente pesar, Hamlet se inquieta. El Norte ama las palmas; y se junta el poeta del fiord con el del carmen, porque el mismo oriflama es de azur. Su divina cornucopia derrama sobre el polo y el trópico la Paz; y el orbe gira en un ritmo uniforme por una propia lira: el Amor. Allá surge Sigurd que al Cid se aúna, cerca de Dulcinea brilla el rayo de luna, y la musa de Bécquer del ensueño es esclava bajo un celeste palio de luz escandinava.   Sire de ojos azules, gracias: por los laureles de cien bravos vestidos de honor; por los claveles de la tierra andaluza y la Alhambra del moro; por la sangre solar de una raza de oro; por la arrnadura antigua y el yelmo de la gesta; por las lanzas que fueron una vasta floresta de gloria y que pasaron Pirineos y Andes; por Lepanto y Otumba; por el Perú, por Flandes; por Isabel que cree, por Cristóbal que sueña y Velázquez que pinta y Cortés que domeña; por el país sagrado en que Herakles afianza sus macizas columnas de fuerza y esperanza, mientras Pan trae el ritmo con la egregia siringa que no hay trueno que apague ni tempestad que extinga; por el *** simbólico y la Cruz, gracias, sire.   ¡Mientras el mundo aliente, mientras la esfera gire, mientras la onda cordial aliente un ensueño, mientras haya una viva pasión, un noble empeño, un buscado imposible, una imposible hazaña, una América oculta que hallar, vivirá España!   ¡Y pues tras la tormenta vienes de peregrino real, a la morada que entristeció el destino, la morada que viste luto su puerta abra al púrpureo y ardiente vibrar de tu palabra:   y que sonría, oh rey Óscar, por un instante; y tiemble en la flor áurea el más puro brillante para quien sobre brillos de corona y de nombre, con labios de monarca lanza un grito de hombre!
Continue reading...
43
El viento que entra en la cocina sacude el cartelón con el rostro de alguna actriz del cine mudo. Mary Pickford tal vez. Es bella, sus ojos brillan suavemente y con la boca construyen una semisonrisa tiernísima, callada También nosotros, aquí, somos actores mudos. Tenemos brillos suaves, ternuras sucias de sangre seca como niños, mucho silencio alrededor. La platea prefiere el film sonoro. ¿Quién hizo esta película? De este lado de la pantalla, el nuestro, se oyen muertos soltando vida de a poquito como un crujir de sueños, los torturados gritan, crepita gente en la prisión, bajo el estruendo de las botas militares la injusticia es un rugido infernal. Del otro lado, parece que ven pasar fantasmas pálidos y ningún piano los anuncia. Te amo, Mary Pickford, sé que ahora me amás. Entra el viento y sacude nuestros amores de papel.
0
454
Xviii
johnny petsum lloraba por las tardes en el w.c. de la "Coronation Inc Corp" pero poco lloraba atento al gran señor de la cadena el gran señor no era el capataz o dueño o accionista montado en un burro de fuego el gran señor era un sonido hosco duro vivo patrón en la cadena que andaba y andaba mientras uno ponía el tornillo otro la tuerca y todos el alma el cuerpo la memoria el horror de olvidar el día -no la noche- en que los bellos muchachos servían sus amores y tres aves chiquitas cantaban por el amor por dolor por la ceguera ¡ah johnny petsum! habrá navío que te lleve a dormir alzó las velas para volver a la ciudad allí johnny petsum mató al carcelero del rosal al que envenena las pechugas de ave al que ensuciaba boca a boca los aires del río antes de irse a la muera escribió carta "¿de qué llorás niña blanca?" decía y es cierto nunca supo de qué con la ceguera de johnny petsum hicieron un asado con su amor y dolor hicieron un asado la niña blanca lloraba debajo de sus besos no dados justamente de los que un día nacieron altos brillos ya tarde johnny oh menos para las aves chiquitas menos para las aves menos mal que cantaban cantaban ya ciegas mucho ciegas
0
405
Lamento por la niña blanca de johnny petsum
En su caballo de ligero vidrio pasa la lluvia de este fin de invierno y yo siento sus cascos en el sueño en que de miedo y soledad me ovillo. Como me faltan los oscuros brillos de su presencia, se me vuelve eterno todo minuto del contado infierno de saber que está lejos y está herido. Mi amigo el viento juega con espadas y no quiere escucharme las palabras mitad de ruegos y mitad de llanto. ¡Quién me le dice. ¡quién! que estoy temblando! En alta fiebre él duerme acaso, y cuando abra los ojos no verá mi espanto.
0
362
Alta noche