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"brillar" poems
Fue preciso que el sol se ocultara sangriento, que se fueran las nubes, que se calmara el viento. que se pusiese el cielo tranquilo como un raso para que aquella gota de luz se abriese paso. Era apenas un punto en el cielo amatista, casi menos que un punto, creación de vista. Tuvo aún que esperar apretada en capullo a que se hiciese toda la sombra en torno suyo. Entonces se agrandó, se abrió como una flor, una férvida plata cuajóse en su interior y embriagada de luz empezó a parpadear... No tenía otra cosa que hacer más que brillar.
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Una estrella
Acomoda tus miradas de sirena en el orden que quieras Golondrina de mi barrio. Sacudes al pueblo con tu ausencia, y a mí me desesperas. Destello de luz. Luciérnaga mentirosa que me abandona de noche. Se esconden tus besos tras tu vuelo ebrio Y te mientes para creer que sigo estando ciego Arrójame el silencio entre nuestras bocas si tu quieres Mujer de los labios bonitos El adoquín bajo tus piernas se fragmenta sin el Sol Te robas la luz para brillar como estrella que se quema Y te vuelves cenizas.
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Feb 16, 2013
Feb 16, 2013 at 4:00 PM UTC
Poema II
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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Canto a españa
Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Aún brilla tu entraña como una moneda de plata cubierta de polvo. Clavel encendido de sueños de fuego. He visto brillar tus estrellas, quebrarse tu luna en las aguas, andar a tus hombres descalzos, hiriendo sus pies con tus piedras ardientes.¿En dónde buscar tu latido: en tus ríos que se llevan al mar, en sus aguas, murallas y torres de muertas ciudades? ¿En tus playas, con nieblas o sol, circundando de luz tu cintura? ¿En tus gentes errantes que pudren sus vidas por darles dulzor a tus frutos?Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera talar con mis manos tus bosques, sembrar de ceniza tus tierras resecas, arrojar a una hoguera tus viejas hazañas, dormir con tu sueño y erguirme después, con la aurora, ya libre del peso que pone en mi espalda la sombra fatal de tu ruina.Oh España, qué vieja y qué seca te veo. Quisiera asistir a tu sueño completo, mirarte sin pena, lo mismo que a luna remota, hachazo de luz que no hiende los troncos ni pone la llaga en la piedra.Qué tristes he visto a tus hombres. Los veo pasar a mi lado, mamar en tu pecho la leche, comer de tus manos el pan, y sentarse después a soñar bajo un álamo, dorar con el fuego que abrasa sus vidas, tu dura corteza. Les pides que pongan sus almas de fiesta. No sabes que visten de duelo, que llevan a cuestas el peso de tu acabamiento, que ven impasibles llegar a la muerte tocando sus graves guitarras. Oh España, qué triste pareces. Quisiera asistir a tu muerte total, a tu sueño completo, saber que te hundías de pronto en las aguas, igual que un navío maldito.Y sobre la noche marina, borrada tu estela, España, ni en ti pensarías. Ni en mí. Ya extranjero de tierras y días. Ya libre y feliz, como viento que no halla ni rosa, ni mar, ni molino. Sin memoria, ni historia, ni edad, ni recuerdos, ni pena......en vez de mirarte, oh España, clavel encendido de sueños de llama, cobre de dura corteza que guarda en su entraña caliente la vieja moneda de plata, cubierta de olvido, de polvo y cansancio...
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En la tranquila casa donde la tía vive Todo evoca el recuerdo del tiempo que pasó: La sirvienta ya cana y el patio con su aljibe, Y los cuadros y espejos que un siglo deslustró. El salón aun conserva los tapices de antaño, Do ninfas y pastores van danzando un minué: Y en sus ojos parece brillar el fuego extraño De amores de otro tiempo, tiempo feliz que fue. Del clavicordio antiguo, que en un rincón reposa, A veces un suspiro se alza y huye al azar, Como un eco de tiempos lejanos, cuando hermosa Tocaba ella romanzas de Glück y de Mozart. Un armario de sándalo luce en la oscura estancia... ¡Cuántas reliquias guarda, tesoros de su amor! Cartas, retratos, pomos que respiran fragancia... ¡Parece que de un siglo se aspirara el olor! Entre aquellos recuerdos de ternura infinita Que hay entre las gavetas, vese un libro, y en él Hace ya sesenta años duerme una flor marchita... Es el libro Zaíra, y es la flor un clavel. Con el libro, en los días del estío radiante, A la ventana se hace rodar en su sillón, ¿Es el sol lo que anima y enciende su semblante?... ¿Por qué con fuerza siente latir el corazón? Sobre el clavel marchito la blanca frente inclina, Pues teme que al tocarlo se pueda deshojar, Y en su mente un recuerdo canta canción divina, Mientras las ayes cantan en el vetusto alar. Piensa cuando el fragante clavel recién cortado, En las hojas del libro guardó un amigo fiel, Y humedecen sus lágrimas el libro siempre amado En donde sesenta años ha dormido el clavel.
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La tía abuela
En la tranquila casa donde la tía vive Todo evoca el recuerdo del tiempo que pasó: La sirvienta ya cana y el patio con su aljibe, Y los cuadros y espejos que un siglo deslustró. El salón aun conserva los tapices de antaño, Do ninfas y pastores van danzando un minué: Y en sus ojos parece brillar el fuego extraño De amores de otro tiempo, tiempo feliz que fue. Del clavicordio antiguo, que en un rincón reposa, A veces un suspiro se alza y huye al azar, Como un eco de tiempos lejanos, cuando hermosa Tocaba ella romanzas de Glück y de Mozart. Un armario de sándalo luce en la oscura estancia... ¡Cuántas reliquias guarda, tesoros de su amor! Cartas, retratos, pomos que respiran fragancia... ¡Parece que de un siglo se aspirara el olor! Entre aquellos recuerdos de ternura infinita Que hay entre las gavetas, vese un libro, y en él Hace ya sesenta años duerme una flor marchita... Es el libro Zaíra, y es la flor un clavel. Con el libro, en los días del estío radiante, A la ventana se hace rodar en su sillón, ¿Es el sol lo que anima y enciende su semblante?... ¿Por qué con fuerza siente latir el corazón? Sobre el clavel marchito la blanca frente inclina, Pues teme que al tocarlo se pueda deshojar, Y en su mente un recuerdo canta canción divina, Mientras las ayes cantan en el vetusto alar. Piensa cuando el fragante clavel recién cortado, En las hojas del libro guardó un amigo fiel, Y humedecen sus lágrimas el libro siempre amado En donde sesenta años ha dormido el clavel.
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El agua se desborda, las cosas estan mas cerca de lo que suelen aparentar. Waves Crashing Against Giant Glass Windows The waters washing away the lies Nobody lies to Yemaya Nobody lies to Yemaya We sit so peacefully while chaos strikes Some of us in shock while others run Nobody lies to Yemaya Nobody lies to Yemaya Los barcos de guerra se preparan en el mar La luna misma ya no quiere brillar Dicen los viejos que es tiempo de cambiar Porque al final nadie le miente a Yemaya.
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Jan 24, 2014
Jan 24, 2014 at 10:01 PM UTC
The waters
Soy yo, y ¿Que más da? Me miró al espejo y odio mi aspecto, Bueno, quien soy mejor dicho Y por la clase d persona que me he convertido Rompo el espejo por miedo, Miedo a saber que de verdad soy así Huyó del reflejo, de las miradas de todos, Basta, yo se quién soy y quién fui ¿Se pueden callar? Solo quiero respirar y volar Llora y reír Cantar y brillar Sin embargo el pasado me ha de abrazar Y yo he de mirar Ver en qué me convertí Y ver cómo me marchite
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Aug 23, 2025
Aug 23, 2025 at 7:43 PM UTC
What Remains in Me
Vengo a expresar mi desazón suprema y a perpetuarla en la virtud del canto. Yo soy Maín, el héroe del poema, que vio, desde los círculos del día, regir el mundo una embriaguez y un llanto. ¡Armonía! ¡Oh profunda, oh abscóndita Armonía! Y velaré mi arduo pensamiento sotto il velame degli versi strani, fastuoso, de pompas seculares; perfecta en sí la estrofa del lamento y a impulso de los ritmos estelares. Columpia el mar su cauda nacarina, e imbuida en la clámide del río pasa en la bruma fúlgida la carne de la ondina. Grana el campo nutricio, fluyen mieles, una deidad inflama las horas con su llama y loa el día azul un coro de donceles. Romero: ¿no rebosa el corazón por la noche de sombras evocadas, por la tierra de arrugas trabajadas, del Tiempo y el Espacio la múltiple emoción? Brilla en las lejanías invioladas vaga ciudad, e! viento da en los juncos, los juncos gimen bajo el viento rudo... Romero, ¡que se vierta el corazón! y la ternura y la tristeza mía canten en el crepúsculo: ¡Armonía! Yo, Rey del reino estéril de las lágrimas, yo, Rey del reino vacuo de las rimas, con mis canciones ebrias que un son nocturno hechiza y con mis voces pávidas, anuncio las cavernas del Enigma. En mis siete dolores primarios se resume, como en alejandrino paradigma, la escala del dolor que el mal asume. Tenebrosa, recóndita Armonía... Mi numen, fuerte, no es aquel tan puro como el cerrado corazón de un monte; pero sobre sus ruinas de inocencias haré brillar, ebrio del dolor puro, una gota de luz del corazón del monte.
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Acuarimántima i
Vengo a expresar mi desazón suprema y a perpetuarla en la virtud del canto. Yo soy Maín, el héroe del poema, que vio, desde los círculos del día, regir el mundo una embriaguez y un llanto. ¡Armonía! ¡Oh profunda, oh abscóndita Armonía! Y velaré mi arduo pensamiento sotto il velame degli versi strani, fastuoso, de pompas seculares; perfecta en sí la estrofa del lamento y a impulso de los ritmos estelares. Columpia el mar su cauda nacarina, e imbuida en la clámide del río pasa en la bruma fúlgida la carne de la ondina. Grana el campo nutricio, fluyen mieles, una deidad inflama las horas con su llama y loa el día azul un coro de donceles. Romero: ¿no rebosa el corazón por la noche de sombras evocadas, por la tierra de arrugas trabajadas, del Tiempo y el Espacio la múltiple emoción? Brilla en las lejanías invioladas vaga ciudad, e! viento da en los juncos, los juncos gimen bajo el viento rudo... Romero, ¡que se vierta el corazón! y la ternura y la tristeza mía canten en el crepúsculo: ¡Armonía! Yo, Rey del reino estéril de las lágrimas, yo, Rey del reino vacuo de las rimas, con mis canciones ebrias que un son nocturno hechiza y con mis voces pávidas, anuncio las cavernas del Enigma. En mis siete dolores primarios se resume, como en alejandrino paradigma, la escala del dolor que el mal asume. Tenebrosa, recóndita Armonía... Mi numen, fuerte, no es aquel tan puro como el cerrado corazón de un monte; pero sobre sus ruinas de inocencias haré brillar, ebrio del dolor puro, una gota de luz del corazón del monte.
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Nunca debí dejaros dispersar a los vientos, discípulos queridos que me brindó el azar. Yo debí cada curso separar unos cuantos, llevarlos de la mano y atarlos en un haz. Cada año regalome cuatro o cinco cabezas en que estaba la estrella dando destellos ya. Frontales que avanzaban como otras tantas proas, manojos de cabellos arados hacia atrás. Estaba en vuestros ojos, indolente, el ensueño, el verso entre los labios de juvenil coral; aún más que los promedios y las lecciones diarias, al lado del pupitre gustábais recitar. Estéis en donde estéis mi pensamiento os sigue, mi memoria, agua fresca, es de ello capaz, ora tornéis al fondo de vuestras heredades o baile en vuestras sienes la borla doctoral. Ya sé que nada puede la vida rencorosa, que lo que ha de brillar por fuerza ha de brillar, el tallo tembloroso surgir sobre las hierbas, la copa redondearse, los pájaros llegar. Pero yo debí uniros a todos en mi pecho, daros una bandera, cambiar una señal, y, hechos una cuña de rosas y diamantes, hender las multitudes negras de la ciudad.
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Palabras a mis alumnos
Cuando en la noche te envuelven las alas de tul del sueño y tus tendidas pestañas semejan arcos de ébano, por escuchar los latidos de tu corazón inquieto y reclinar tu dormida cabeza sobre mi pecho,         diera, alma mía,         cuanto posea:         ¡la luz, el aire         y el pensamiento!   Cuando se clavan tus ojos en un invisible objeto y tus labios ilumina de una sonrisa el reflejo, por leer sobre tu frente el callado pensamiento que pasa como la nube del mar sobre el ancho espejo,         diera, alma mía,         cuanto deseo:         ¡la fama, el oro,         la gloria, el genio!   Cuando enmudece tu lengua y se apresura tu aliento y tus mejillas se encienden y entornas tus ojos negros, por ver entre sus pestañas brillar con húmedo fuego la ardiente chispa que brota del volcán de los deseos,         diera, alma mía,         por cuanto espero,         la fe, el espíritu,         la tierra, el cielo.
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Rima xxv
Los dioses moriran, lo dijo un viejo sabio, con un tono de agravio y un poco de ansiedad los dioses moriran, porque no hay sacrificio, y solo por beneficio se mueve en sociedad los dioses moriran, y sus conocimientos, sus treintamil ascentos y su conformidad los dioses moriran, un tanto por olvido, el otro por descuido de la ingrata humanidad, los dioses moriran, que dioses tan humanos, quizas algo mundanos, y un poco de maldad los dioses moriran, entre piedras del rio, escencia de rocio y fragancia floral los dioses moriran, cantaran los ateos, suplicandole al cielo que vuelvan a brillar, las estrellas del cielo, el sol y su cautelo, la luna y su desvelo, las corrientes del mar, lo alto de la montana, el verde de las plantas, pero sera muy tarde los dioses moriran.
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Jun 15, 2015
Jun 15, 2015 at 6:09 PM UTC
los dioses moriran
Por tus ojos verdes yo me perdería, sirena de aquellas que Ulises, sagaz, amaba y temía. Por tus ojos verdes yo me perdería. Por tus ojos verdes en lo que, fugaz, brillar suele, a veces, la melancolía; por tus ojos verdes tan llenos de paz, misteriosos como la esperanza mía; por tus ojos verdes, conjuro eficaz, yo me salvaría.
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Madrigal
La pasión con que te adoro es la espléndida pureza de las flores del altar, es el lánguido desmayo que domina a los amantes cuando sienten la cabeza de la virgen desposada en su pecho descansar; la pasión con que te adoro es tan blanca como rayo de la luna, que se mira en la vidriera atravesar. Son tan puros mis amores cual las ansias ignoradas con que besan a la espuma los nenúfares del río al brillar entre el boscaje las luciérnagas doradas; las ternuras que te guardo no se han muerto con el frío: son las únicas ternuras que han quedado inmaculadas en el fondo cenagoso de mi espíritu sombrío. Al sentir que vuela a ti mi fe última de niño te consagro la sublime floración de mi cariño porque brillas con fulgores de divina refulgencia en las sombras impalpables que han envuelto mi existencia cual destello cintilante de las luces de algún astro o cual nítida blancura de una estatua de alabastro. He mirado indiferente el amor de otras mujeres porque sólo tú no dejas el hastío de los placeres, porque sólo a tu mirada temblorosa de pasión se arrodillan las más puras ilusiones de mi infancia, y quisiera saturar el marchito corazón de tu alma de querube con la púdica fragancia. De mi alma contemplé la blancura ya perdida, y al buscar amores castos por la senda del camino sólo tú le respondiste al doliente peregrino, pues mi espíritu manchado de tu espíritu es hermano, y embalsama tu pureza los dolores de mi vida cual perfuma la azucena el ambiente del pantano. Fe levantas, sueño de oro, en mi alma que te espera, cual se aleja en las mañanas de los días la primavera, cuando trinan las calandrias en las verdes enramadas la plegaria gemebunda de los bronces del santuario, cual la hostia se levanta en las ondas azuladas de los círculos ligeros que despide el incensario.
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Pureza
La pasión con que te adoro es la espléndida pureza de las flores del altar, es el lánguido desmayo que domina a los amantes cuando sienten la cabeza de la virgen desposada en su pecho descansar; la pasión con que te adoro es tan blanca como rayo de la luna, que se mira en la vidriera atravesar. Son tan puros mis amores cual las ansias ignoradas con que besan a la espuma los nenúfares del río al brillar entre el boscaje las luciérnagas doradas; las ternuras que te guardo no se han muerto con el frío: son las únicas ternuras que han quedado inmaculadas en el fondo cenagoso de mi espíritu sombrío. Al sentir que vuela a ti mi fe última de niño te consagro la sublime floración de mi cariño porque brillas con fulgores de divina refulgencia en las sombras impalpables que han envuelto mi existencia cual destello cintilante de las luces de algún astro o cual nítida blancura de una estatua de alabastro. He mirado indiferente el amor de otras mujeres porque sólo tú no dejas el hastío de los placeres, porque sólo a tu mirada temblorosa de pasión se arrodillan las más puras ilusiones de mi infancia, y quisiera saturar el marchito corazón de tu alma de querube con la púdica fragancia. De mi alma contemplé la blancura ya perdida, y al buscar amores castos por la senda del camino sólo tú le respondiste al doliente peregrino, pues mi espíritu manchado de tu espíritu es hermano, y embalsama tu pureza los dolores de mi vida cual perfuma la azucena el ambiente del pantano. Fe levantas, sueño de oro, en mi alma que te espera, cual se aleja en las mañanas de los días la primavera, cuando trinan las calandrias en las verdes enramadas la plegaria gemebunda de los bronces del santuario, cual la hostia se levanta en las ondas azuladas de los círculos ligeros que despide el incensario.
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La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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Nocturno provincial
La ciudad, silenciosa, En sueño profundo reposa. Parpadean los luceros En la bóveda tranquila; En los viejos reverberos Gas indigente vacila. Entre negros nubarrones La luna empieza a brillar, y hace en rejas y balcones Las vidrieras fulgurar. La noche en los castaños de la plaza suspira, La noche en donde un resto de fulgor flota y gira; Todo es quietud y sueño bajo el boscaje umbrío... ¡Alma!, ponte de codos en el puente, y aspira La frescura que sube, la frescura del río. Tan grande es el silencio, que siento miedo y frío... Sólo en la calle se oyen mis pasos... Está llena De silencio mi  alma... La media noche suena. Sobre los altos muros del convento Mueve las ramas susurrando el viento. Huérfanas... Colegialas parlanchinas... Cintas azules en las esclavinas... Jardín fragante de las Ursulinas. Por la verja del parque abandonado Pasa el aura con trémulo suspiro; y una estrella, con brillo opalizado, Parpadea al través del emparrado, Como una lamparilla de zafiro. ¡Oh los techos de pizarra, negros y altos campanarios, Vírgenes que en hondo sueño reclinasteis la cabeza, Cuellos que lleváis pendientes azules escapularios, Oh los cuerpos sin pecado sobre lechos de pureza! Aquí la hora que pasa de igual hora va seguida, y en paz la inocencia duerme sobre el umbral de la vida . A la incierta Claridad De la luna, más desierta y más triste, en esta calma, Mira el alma La plaza de la ciudad. Una ventana brilla sobre una oscura casa; En la alcoba una lámpara riega su claridad, y a la luz que tamiza velo de nívea gasa, Furtiva, por instantes, se ve que pasa y pasa De una mujer la sombra, con íntima ansiedad. Los brazos levanta al cielo Por la ventana entreabierta. Es un alma que solloza, es un alma en hondo duelo, Que deja caer sus lágrimas sobre una esperanza muerta. ¡Oh secretos ardores en noches provinciales, Almas que se consumen, almas no comprendidas!.. ¡Oh senos devorados por deseos carnales! ¡Oh desoladas súplicas, jamás de nadie oídas! ¡Yo os evoco en las sombras, amantes ignoradas, Cuya carne se agosta, bajo contraria suerte, Que en solitarias noches lloráis desesperadas, y para amar nacidas, y de amor devoradas, Iréis a dormir vírgenes en brazos de la muerte!... y el alma pensativa. En esta noche azul de primavera, Fija está en la vidriera Dónde pasa la sombra fugitiva. La cortina al viento vaga. y la lámpara se apaga. En las tinieblas no hay luz que irradie. Se hunde la luna...                             Suena la una y en la calle triste, nadie                 nadie... nadie.
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¡Qué hermoso es ver el día coronado de fuego levantarse, y, a su beso de lumbre, brillar las olas y encenderse el aire! ¡Qué hermoso es tras la lluvia del triste otoño en la azulada tarde, de las húmedas flores el perfume aspirar hasta saciarse! ¡Qué hermoso es cuando en copos la blanca nieve silenciosa cae, de las inquietas llamas ver las rojizas lenguas agitarse! Qué hermoso es cuando hay sueño, dormir bien... y roncar como un sochantre y comer... y engordar...  ¡y qué desgracia que esto sólo no baste!.
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Rima lxvii
Amo tu delicioso alejandrino como el de Hugo, espíritu de España; éste vale una copa de champaña como aquél vale «un vaso de bon vino».Mas a uno y otro pájaro divino la primitiva cárcel es extraña; el barrote maltrata, el grillo daña, que vuelo y libertad son su destino.Así procuro que en la luz resalte tu antiguo verso, cuyas alas doro y hago brillar con mi moderno esmalte;tiene la libertad con el decoro y vuelve, como al puño el gerifalte, trayendo del azul rimas de oro.
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Las ánforas de epicuro
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Hay un muerto en el cementerio más lejano que se queja tres años porque tiene un paisaje seco en la rodilla; y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase. No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas. Pero no hay olvido, ni sueño: carne viva. Los besos atan las bocas en una maraña de venas recientes y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros. Un día los caballos vivirán en las tabernas y las hormigas furiosas atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas. Otro día veremos la resurrección de las mariposas disecadas y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero, a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato, hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan, donde espera la dentadura del oso, donde espera la mano momificada del niño y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul. No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Pero si alguien cierra los ojos, ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo! Haya un panorama de ojos abiertos y amargas llagas encendidas. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. Ya lo he dicho. No duerme nadie. Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes, abrid los escotillones para que vea bajo la luna las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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Ciudad sin sueño (nocturno del brooklyn bridge)
No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Las criaturas de la luna huelen y rondan sus cabañas. Vendrán las iguanas vivas a morder a los hombres que no sueñan y el que huye con el corazón roto encontrará por las esquinas al increíble cocodrilo quieto bajo la tierna protesta de los astros. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Hay un muerto en el cementerio más lejano que se queja tres años porque tiene un paisaje seco en la rodilla; y el niño que enterraron esta mañana lloraba tanto que hubo necesidad de llamar a los perros para que callase. No es sueño la vida. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! Nos caemos por las escaleras para comer la tierra húmeda o subimos al filo de la nieve con el coro de las dalias muertas. Pero no hay olvido, ni sueño: carne viva. Los besos atan las bocas en una maraña de venas recientes y al que le duele su dolor le dolerá sin descanso y al que teme la muerte la llevará sobre sus hombros. Un día los caballos vivirán en las tabernas y las hormigas furiosas atacarán los cielos amarillos que se refugian en los ojos de las vacas. Otro día veremos la resurrección de las mariposas disecadas y aún andando por un paisaje de esponjas grises y barcos mudos veremos brillar nuestro anillo y manar rosas de nuestra lengua. ¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta! A los que guardan todavía huellas de zarpa y aguacero, a aquel muchacho que llora porque no sabe la invención del puente o a aquel muerto que ya no tiene más que la cabeza y un zapato, hay que llevarlos al muro donde iguanas y sierpes esperan, donde espera la dentadura del oso, donde espera la mano momificada del niño y la piel del camello se eriza con un violento escalofrío azul. No duerme nadie por el cielo. Nadie, nadie. No duerme nadie. Pero si alguien cierra los ojos, ¡azotadlo, hijos míos, azotadlo! Haya un panorama de ojos abiertos y amargas llagas encendidas. No duerme nadie por el mundo. Nadie, nadie. Ya lo he dicho. No duerme nadie. Pero si alguien tiene por la noche exceso de musgo en las sienes, abrid los escotillones para que vea bajo la luna las copas falsas, el veneno y la calavera de los teatros.
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Α  †  Ω Un gran vuelo de cuervos mancha el azul celeste. Un soplo milenario trae amagos de peste. Se asesinan los hombres en el extremo Este. !Ha nacido el apocalíptico Anticristo? Se han sabido presagios y prodigios se han visto y parece inminente el retorno de Cristo. La tierra está preñada de dolor tan profundo que el soñador imperial, meditabundo, sufre con las angustias del corazón del mundo. Verdugos de ideales afligieron la tierra: en un pozo de sombra la humanidad se encierra con los rudos molosos del odio y de la guerra. ¡Oh, Señor Jesucristo! ¿Por qué tardas, qué esperas para tender tu mano de la luz sobre las fieras y hacer brillar al sol tus divinas banderas? Surge de pronto y vierte la esencia de la vida sobre tanta alma loca, triste o emperdernida que, amante de tinieblas, tu dulce aurora olvida. Vén, Señor, para hacer la gloria de ti mismo. Vén con temblor de estrellas y horror de cataclismo, vén a traer amor y paz sobre el abismo. Y tu caballo blanco, que miró el visionario, pase. Y suene el divino clarín extraordinario. Mi corazón será brasa de tu incensario.                                               Rubén Darío  (1867-1916)
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Mar 3, 2017
Mar 3, 2017 at 3:18 PM UTC
Canto de esperanza
He visto a la luna brillar Con tanta intensidad Aún cuando la oscuridad La ha querido opacar.
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Sep 16, 2015
Sep 16, 2015 at 12:36 PM UTC
Luna
Me siento dichosa de amarte y que no lo sepas... De tenerte en mis sueños y ser por eso, feliz como nadie en este mundo. Tengo la fortaleza para esperar hasta el próximo abrazo, en unos meses, en unos años y así, renovar mi amor por vos. Deseo que vivas intensamente cada día a pesar de la nostalgia que emana de tu piel.Porque cuando seamos mayores voy a estar ahí para cuidarte y seguir escuchando tu maravillosa voz. Porque cuando seamos mayores, voy a sentir, que sigue derritiendo mi cuerpo, tu triste brillar...
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Feb 26, 2016
Feb 26, 2016 at 8:05 AM UTC
Para Raly
Quisiera decirte cuán estúpido me haces sentir Quisiera decirte cuán alegre me hace leer tus palabras Quisiera decirte que no siempre las comprendí Quisiera decirte que las recuerdo, en ellas pienso por las mañanas Sueño con tu rostro, aunque no tenga muchos recuedos ya Sueño con tu canto, aunque apenas por unos minutos te oí hablar Sueño con abrazarte, aunque ni a tu lado me acerqué Sueño con caminar contigo, aunque sé que no podré Quisiera ver tu mundo y explorar cada uno de tus sueños Ayudarte a cumplirlos, que en mis ojos veas lo que en el mundo no ves Quisiera escuchar tus penas y ser tu mejor consuelo Regresarte la esperanza que cruelmente te arrebató el ayer Quisiera que cada lágrima que derrames no sea en vano Que en sus caídas dibujen líneas para nuevas vidas Quisiera que árboles de luz crezcan del suelo que han tocado Que sus frutos fortalezcan tu corazón, cansado de mentiras Sueño con ver tus ojos brillar de felicidad La cual yo también quiero encontrar Sueño con verte correr hasta la infinidad Ver tus pies senderos pintar Sueño con que tus sueños sean conmigo Invadirlos y que veas lo que puedo crear contigo Sueño que me ayudes a recuperar Mi tan deteriorada creatividad Porque en ti quiero confiar Aunque tenga miedo de volver... De volver a ver una puerta ante mis ojos cerrarse Dejando vacíos que nunca podrán llenarse Sueño que mis palabras sean reales Sólo a ti te sueño, despierto y escribiendo...
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Mar 12, 2018
Mar 12, 2018 at 10:38 PM UTC
Despierto y escribiendo
El lobo solamente se quedó mirándola. La Luna no tenía una palabra más que decir, buscó y encontró una excusa para poderse ir. Por su mente no pasó el momento en que la perdió. Él recorrió todo bosque buscándola. Ella quería buscar la luz del Sol. La noche azul perdía todo color y luz. La obscuridad pronto al lobo consumió. Era obscuridad, sus ojos no veían más que el reflejo de la Luna Él la anhelaba tener. Y el lobo aulló. Era causalidad: “Nadie la verá como yo”. Quería verla por siempre ahí, él la anhelaba tener. Y el lobo aulló. Estrellas intentaban darle brillos opacos. Eran lo único que lo protegían de morir. Y ella libremente paseaba en la noche. Allí, el pobre se quedaba aullando. Ella parecía encontrar al Sol cada día, más brillante cada vez que lo ve. El se desarrollaba en la obscuridad y la soledad lo empezaba a poseer. Se quedó mirando a la Luna crecer, quería ser el Sol y morir por verla brillar, aunque fuera solamente una última vez. No podía más. Y el lobo dejó de aullar.
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Apr 13, 2018
Apr 13, 2018 at 6:24 PM UTC
Aullido
No vales la pena, ya no eres mi estrella mi luna Ya no soy tu sol, quien te calienta Ahora sólo somos polvo y tal vez un recuerdo Aunque ninguna otra estrella me entienda Como lo hicieron tus ojos aquel febrero. No vales la pena, ya no eres vida mi muerte Ya no soy tu muerte mi vida Ahora sólo somos polvo y arena Aunque alguna vez juramos Brillar para el otro como lo hacen las estrellas.
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Sep 17, 2017
Sep 17, 2017 at 3:08 AM UTC
No la vales
La noche de verano que amante nos cubría De ti era digna: ¡el cielo tantos astros tenía! ¡Tan diáfano en las sombras era su azul turquí, Tan gratos sus rumores en el boscaje umbrío, y tanta la dulzura que bajaba en rocío                         Sobre ti y sobre mí! Tus manos en las mías, mi espíritu de hinojos, Te admiraba en silencio, porque en tus bellos ojos Cuanto es amor y dicha veía yo irradiar. y sin nada decirnos en esa dulce calma, El ensueño que en tu alma comenzaba, en mí alma                         Venía a terminar. y a Dios en lo más íntimo del alma bendecía Porque a ti y a la noche dio secreta armonía, y porque una infinita ternura puso en mí, y os hizo. a ti y la noche, tan puras y tan bellas, y a la callada noche dio encantos y dio estrellas,                         y la hermosura a ti. A Dios, en nuestras almas, con un amor profundo Bendigamos contritos; hizo tu alma y el mundo, y es él quien a mi pecho dio anhelos y dio amor. Es él quien en su fondo todo misterio encierra; Es él quien brillar hace tus ojos en la tierra,                         y al astro da fulgor. Es él quien hizo siempre del amor faro y guía; El, quien hizo la noche más hermosa que el día, y al amor dio la fuerza de vencer al dolor. Es Dios quien en tu cuerpo, don de su mano pura, Como en celeste copa derramó la hermosura,                         y en mi alma, el amor. Déjate amar, bien mío. Sólo vive quien ama; El amor es la vida, lo que la mente inflama, Lo que deplora el hombre su vida al declinar. Sin él, nada es completo, y a él todo se eslabona. La belleza es la frente, y el amor la corona:                         ¡Déjate coronar! Lo que llena el espíritu batallador del hombre No ha sido nunca el oro, ni aún el mismo renombre, Polvo vil que traemos de la lucha feral; Ni la ambición que siempre va tras quimera vana, y roe lentamente cuanto en la vida humana                         Es anhelo ideal. Lo que basta es el cambio risueño de miradas, Los ahogados suspiros, las manos enlazadas, El beso, licor de éxtasis, aroma de ilusión; Todo lo que adivina la mente en otra mente, y todas las canciones que surgen de la ardiente                         Lira del corazón. No hay nada bajo el cielo sin una ley secreta; Todo tiene su abrigo, su retiro y su meta Do el instinto nos fija: su barca, el pescador; El águila, las cumbres do en clara luz se baña, El lago azul, el cisne; y el ave, la montaña...                         Las almas, el amor.
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Noche de verano
La noche de verano que amante nos cubría De ti era digna: ¡el cielo tantos astros tenía! ¡Tan diáfano en las sombras era su azul turquí, Tan gratos sus rumores en el boscaje umbrío, y tanta la dulzura que bajaba en rocío                         Sobre ti y sobre mí! Tus manos en las mías, mi espíritu de hinojos, Te admiraba en silencio, porque en tus bellos ojos Cuanto es amor y dicha veía yo irradiar. y sin nada decirnos en esa dulce calma, El ensueño que en tu alma comenzaba, en mí alma                         Venía a terminar. y a Dios en lo más íntimo del alma bendecía Porque a ti y a la noche dio secreta armonía, y porque una infinita ternura puso en mí, y os hizo. a ti y la noche, tan puras y tan bellas, y a la callada noche dio encantos y dio estrellas,                         y la hermosura a ti. A Dios, en nuestras almas, con un amor profundo Bendigamos contritos; hizo tu alma y el mundo, y es él quien a mi pecho dio anhelos y dio amor. Es él quien en su fondo todo misterio encierra; Es él quien brillar hace tus ojos en la tierra,                         y al astro da fulgor. Es él quien hizo siempre del amor faro y guía; El, quien hizo la noche más hermosa que el día, y al amor dio la fuerza de vencer al dolor. Es Dios quien en tu cuerpo, don de su mano pura, Como en celeste copa derramó la hermosura,                         y en mi alma, el amor. Déjate amar, bien mío. Sólo vive quien ama; El amor es la vida, lo que la mente inflama, Lo que deplora el hombre su vida al declinar. Sin él, nada es completo, y a él todo se eslabona. La belleza es la frente, y el amor la corona:                         ¡Déjate coronar! Lo que llena el espíritu batallador del hombre No ha sido nunca el oro, ni aún el mismo renombre, Polvo vil que traemos de la lucha feral; Ni la ambición que siempre va tras quimera vana, y roe lentamente cuanto en la vida humana                         Es anhelo ideal. Lo que basta es el cambio risueño de miradas, Los ahogados suspiros, las manos enlazadas, El beso, licor de éxtasis, aroma de ilusión; Todo lo que adivina la mente en otra mente, y todas las canciones que surgen de la ardiente                         Lira del corazón. No hay nada bajo el cielo sin una ley secreta; Todo tiene su abrigo, su retiro y su meta Do el instinto nos fija: su barca, el pescador; El águila, las cumbres do en clara luz se baña, El lago azul, el cisne; y el ave, la montaña...                         Las almas, el amor.
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Una noche cualquiera, mientras se asomaba por el balcón, la luz de la luna atravesaba su ***** y azul corazón. Ella recitaba sus poemas secretos, en cada fonema su voz estaba al borde de quebrar. Despreciable rasgo humano, solo observa las lineas de sus lagrimas brillar.
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Jan 5, 2018
Jan 5, 2018 at 9:04 AM UTC
Otra noche solitaria.